Las venenosas de Slytherin
-Ahí vienen.
-¿Quiénes?
-Las venenosas.
Los murmullos siempre se alcanzaban a escuchar cada vez que pasaba un grupo de cinco chicas; y una niña de primer año.
A las dos semanas, las tres estudiantes que habían llegado de México, ya eran conocidas por todo el colegio, y, por extensión las dos otras chicas que compartían cuarto con ellas. Les llamaban "las venenosas", talvez por el hecho de que eran de Slytherin, cuyo animal representativo era una serpiente. Cada vez que las venenosas caminaban por algún corredor de Hogwarts, los demás estudiantes se hacían a un lado formando una valla y cuchicheaban. Regina y Azucena guiñaban el ojo y hasta mandaban besos y sonreían pícaramente a cualquier muchacho atractivo que veían, Sybella sólo sonreía con coquetería, al igual que Lenore. De todas las venenosas, Bárbara Mondragón era la más distante, caminando con esa sensualidad que la caracterizaba, pero ese aire reservado y una mirada altiva en sus soberbios ojos color verde grisáceo.
Regina había entrado al equipo de Quidditch de Slytherin como golpeadora, por lo cual había días en los que le tocaba entrenamiento junto con Sybella. Bárbara, por otro lado, prefería ver la forma de acercarse más a Snape y de eludir al "Chúntaro", quien siempre trataba de asediarla. La casa Gryffindor había perdido ya demasiados puntos en tan solo dos semanas por causa de Brayan, lo cual aunado a la costumbre del mexicano a hacer piropos ofensivos y sus intentos de tocar o "arrimarles el camarón" a las muchachas, muchas veces sin importar que ellas tuvieran novio, le había ganado muchísimos enemigos.
-¿Qué toca hoy, Bárbara? –preguntó Sybella a su amiga mientras se sentaban en el comedor a desayunar.
-Ahorita nos toca "Cuidado de las criaturas mágicas", con el profe Hagrid –respondió Bárbara-. Después toca con Binns.
-¡Qué flojera! –Exclamó Sybella con cara de fastidio- Odio esa materia. Aunque desde que el "Chúntaro" está, al menos rompe con el aburrimiento con sus tonterías.
-Odio decirlo –dijo Bárbara-, pero tienes razón. Las pendejadas de ese naco hacen más divertida la clase. Mientras no me lance uno de sus piropos.
-Triste, pero cierto –dijo Regina lanzando un suspiro-. El naquito dice cada pendejada, que hace divertida casi todas las clases. Como el día que gritó en plena clase de encantamientos: "¡Lo tiene en la manga del suéteeeeer!" cuando Flitwick desapareció ese florero.
-Y encima le pidió al profe que se levantara la manga del suéter para comprobar –mencionó Azucena riendo.
Hermione Granger pasó cerca de ellas y las saludó. Las chicas respondieron el saludo. La chica se fue a la mesa de Gryffindor.
-Por cierto –dijo Zuce-. Ayer Hermione me dijo que estábamos invitadas a tomar el te con el profe Hagrid. Dice que Hagrid está muy soprendido por el hecho de que seamos de Slytherin y no seamos mal pedo…
-Yo creo que casi todo el mundo –mencionó Bárbara.
-Es que desgraciadamente nuestra casa tiene muy mala fama –dijo Sybella-. Mucha gente cree que por el hecho de estar en Slytherin ya somos los lamebotas de Malfoy, o futuros mortífagos.
-Se dice "Huele pedos", Sybella –corrigió Bárbara.
El desayuno apareció ante ellas y las chicas comenzaron a comer.
-Cambiando de tema, Bárbara –dijo Sybella mientras untaba Margarina a un pan tostado-; ¿Cómo vas con Snape?
-Pues al menos se que no le caigo mal –dijo Bárbara.
-¡Claro que no le caes mal! –Exclamó Regina- Hace poco escuché una plática entre el Profesor Lupin y el dire.
-¿Y eso qué tiene que ver? –inquirió Sybella.
-Lupin dijo que escuchó que Snape había mencionado que sus tres alumnas preferidas éramos Bárbara Azucena y yo, especialmente Bárbara –contó Regina mientras seguía comiendo su cereal-. De hecho, Dumbledore remarcó que no le extrañaba que Snape tuviera una cierta inclinación hacia Bárbara ya que se parecía mucho a una tal Lily…
Sybella miró a Bárbara y sonrió.
-Entonces no vas nada mal, Bárbara –dijo.
-Pues yo supe que el que sí anda tras de Bárbara es Neville Longbottom –dijo Zuce mientras bebía jugo de calabaza.
-¿Neville? –dijo la ojiverde sorprendida.
-Yo ya me había dado cuenta –comentó Sybella-. Siempre se le queda viendo a Bárbara en clase con cara de enamorado. El otro día que Snape lo regañó por estar distraído, fue por que no le quitaba los ojos de encima a Bárbara.
-¡Pobre Neville! -Dijo Bárbara-, si de por sí el profe Snape le vive cagando el palo a Neville, imaginen si supiera que a quien yo quiero es precisamente al profe al que mas teme.
Después de desayunar, tomaron clase con Hagrid, quien les enseñó cómo acercarse a un hipogrifo. La clase hubiera sido muy tranquila si no fuera porque el creído de Draco Malfoy cometió la estupidez de no seguir las instrucciones de Hagrid y terminó con un brazo roto. Lo peor de todo, es que Hagrid se metió en un problema debido a este incidente, ya que, como buen "hijo de papi" que era Malfoy, fue a llorarle a su papá.
Las cosas mejoraron durante la clase de Historia de la Magia.
La clase era impartida por un fantasma llamado Cuthbert Binns, ya muy viejo, quien hablaba de manera monótona dictando nombres y fechas. Ese día estaban repasando acerca de la inutilidad de la quema de brujos durante la edad media. Algunos alumnos estaban distraídos mandándose recaditos dibujando, o escribiendo alguna otra cosa… Otros, como Sybella ya estaban cabeceando cuando repentinamente se escuchó con toda nitidez la voz del "Chúntaro".
-¡Pst! ¡Profe Binns! –dijo el mexicano- ¿Y hasta cuando piensan explicar qué es un alegrije y qué es un rebujo?
Los alumnos que llenaban el salón de clase dejaron de respirar, los que estaban cabeceando, se reanimaron. Las tres mexicanas estallaron en carcajadas.
-¿De qué estás hablando? –preguntó el profesor Binns.
-A lo que este obtuso se refiere –dijo Bárbara entre risas-, es a una telenovela que transmiten en México por televisión que se llama "Alegrijes y Rebujos". Ahí es donde aparece el tal Don Darvelio, a quien tanto dice este tipo que se parece el director Dumbledore. La novela trata de magia y brujos…
-¿Telenovela? –inquirió uno de los chicos.
-Son muy populares en México –Explicó Regina-. Son programas de televisión donde…
-¡Ejem! –Carraspeó Binns- ¿Me permitiría continuar con mi clase, señorita Bladó?
-¡Sorry, profe! –dijo Regina encogiéndose de hombros.
La clase siguió normalmente. Cuando salieron Bárbara se apresuró sola hacia el baño de chicas mientras Regina, Sybella y Zuce platicaban algo sobre hechizos para cambiar la apariencia. No le preguntaron a dónde iba, ya que para empezar, ya lo hacía desde hace un buen tiempo, y aparte, Zuce y Regina sabían muy bien lo que ella hacía cuando entraba sola a ese lugar junto con su gato Melquíades.
Bárbara entró y lanzó una fría mirada a Myrtle, quien ya sabía que cuando Bárbara la miraba así, significaba que necesitaba que la dejaran a solas. El fantasma de Myrtle desapareció al entrar en una tubería.
-Ya puedes cambiar a tu forma humana, Melquíades –dijo Bárbara tranquilamente.
El gato se transformó en un indio de baja estatura, todo vestido de negro, moreno. Tenía una mirada extraña, que aunada a sus ojos de un celeste demasiado pálido, causaba una mezcla de miedo y desconfianza a cualquiera, menos a Bárbara. Melquíades se quitó su sombrero y avanzó hacia la joven.
-A sus órdenes, mi doña –dijo. La forma en que hablaba era muy parecida a la de Snape, pausada, susurrante… con sigilo.
-Creo que ya es momento de que me ayudes –dijo Bárbara.
-¿Qué se le ofrece, mi doña? –dijo Melquiades.
-¿Has visto a mi profesor de pociones?
-Sí que lo he visto –respondió el indio- Ese profesorcito es quien le ha robado el alma ¿No es así, mi doña?
-Sí, Melquíades –dijo Bárbara-. Ese es el hombre que quiero para mí. Escúchame bien, brujeador: quiero que sigas a ese hombre esta noche, quiero saber donde pasa las noches, pero no dejes que te vea.
El animago sonrió y sacó de su morral una cerbatana y le mostró un pequeño dardo rosa.
-Este dardo contiene una poción de amor de lo más poderosa –dijo Melquíades, su sonrisa era astuta, y si, el indio era de lo más astuto, y tenía una mirada extraña, macabra, pero su lealtad hacia la familia Mondragón, en especial hacia Bárbara era tan grande como su astucia-. Con esto mi doña, el profesorcito no tendrá ojos para nadie mas…
-¡No! –Exclamó Bárbara- ¡Eso no! El va a ser mío a la buena, sin pociones ni nada. Si el va a amarme, que sea por que el lo eligió, por que el vió algo en mí. Además los efectos de cualquier poción de amor se desvanecen de un momento a otro, en cambio, al hacerlo del otro modo, es más difícil que pasen los efectos. Además, tú sabes que me gusta el reto, no voy a sentir la misma emoción si sé que todo es efecto de una poción. Aparte es el maestro de pociones, el se puede tomar un antídoto o algo…
Melquíades sonrió y guardó la cerbatana y los dardos.
-Como usted diga, mi doña –dijo mirando a Bárbara-. Usted dígame si cambia de opinión.
-Bien, lo que quiero, Melquíades, es que sigas al profesor Snape hasta el lugar donde vaya a dormir. No quiero que lo pierdas de vista y quiero que recuerdes muy bien el camino –indicó Bárbara-. Si puedes trazar un mapa, hazlo. Pero necesito que recuerdes el camino. Será difícil que entres a la casa después de eso, no podemos arriesgarnos a que te vean en tu forma humana. Si así lo prefieres, puedes dormir en algún otro lugar del castillo y mañana te reúnes conmigo en la puerta del gran comedor ¿De acuerdo?
-Sus deseos son órdenes, mi doña –Respondió Melquíades antes de regresar a su forma felina.
Bárbara acarició a su gato y salió del baño con el animal en brazos. A unos metros, se encontraban Regina y Sybella conversando con un muchacho exactamente igual a ella, sólo que este llevaba el cabello corto (no mucho) y su uniforme correspondía a la casa Ravenclaw.
-Ya llegué –dijo Bárbara y miró al muchacho- ¡Hola Ciel!
Ciel Xelor era el hermano gemelo de Sybella, quien estudiaba en Ravenclaw y era idéntico a su hermana.
-Hola, Bárbara –respondió el muchacho.
-¿Y Azucena? –preguntó la chica de los ojos verdes.
-No sé, hace rato que desapareció, mucho antes de que Ciel llegara –respondió Regina-. Ya sabes que tiene esa maña.
Ciel miró a las chicas extrañado.
-Díganme una cosa –dijo el muchacho-. Azucena es la chica del cabello morado, ¿verdad?
-Sí –respondió Sybella-. Es la que tiene una serpiente.
Bárbara esbozó una sonrisa pícara.
-¿Te gusta? –preguntó.
-No, bueno, sí es atractiva pero… -dijo el muchacho y entonces se sonrojó- Es que ella me agarró el trasero hace rato.
Las tres chicas se miraron sorprendidas y luego soltaron una carcajada. Ciel las miraba sin entender.
-Bueno, será mejor que me vaya, tengo qué hacer un trabajo y me están esperando Cho y Marietta –dijo el muchacho y se fue.
Bárbara y sus amigas caminaron por el corredor hasta que vieron a Azucena. Las muchachas se acercaron a ella algo extrañadas.
-¿Qué haces? –preguntó Sybella.
En ese momento, vieron que pasó un muchacho muy atractivo con el uniforme de Hufflepuff. Azucena sonrió y se acercó sigilosamente al chico y le agarró el trasero. El muchacho se sobresaltó y volteó a mirar a Azucena quien le guiñó un ojo con coquetería, el muchacho le lanzó una sonrisa pícara y siguió su camino. Luego, la chica se volvió hacia sus amigas.
-Oye, se ve divertido –dijo Regina-. ¡Voy a intentarlo!
-Inténtenlo, de verdad es muy divertido –confirmó Azucena-. No hay nada más divertido que agarrarle las nalgas a un chico lindo. Además es muy terapéutico hacerlo entre clases o antes de un examen para quitarse el estrés. Y a ellos no les desagrada mucho –agregó guiñando un ojo.
En ese momento, pasó un muchacho muy apuesto, llevaba el uniforme de Gryffindor. Regina se adelantó y le agarró una nalga. El muchacho volteó sobresaltado y ella le mandó un beso soplado. El chico se sonrojó y sonrió. Regina regresó con sus amigas.
-¡Oigan, sí que es divertido! -exclamó Regina.
-Oigan –dijo Sybella- ¿Qué ese chico no es el capitán del equipo de Gryffindor?
-¡Siiii! Tuve suerte –respondió Regina- Desde hace días le tengo echado el ojo.
-¿Qué pasaría si le agarraras las nalgas a Malfoy? –se preguntó Azucena.
-Iría de chismoso con Snape –dijo Sybella con desdén.
-¡Pst! Bella, ¡Mira! -dijo Regina- Ahí viene Sebastian Michaels. ¡A que no le agarras las nachas!
-Ay no, qué pena –dijo ella sonrojada.
-Vamos, es divertido –dijo Azucena- si te da pena, tú hazte la que no hizo nada y Regina y yo hacemos como que fuimos nosotras. Ándale ya viene cerca.
Sybella agarró valor y se acercó sigilosamente al muchacho, extendió su mano, y le agarró un glúteo. El muchacho volteó sorprendido y solo vio a tres chicas que le guiñaban el ojo y a Sybella sonrojada volteando hacia otro lado. El muchacho sonrió y siguió su camino.
-¿Ves Sybella? –Dijo Regina a la chica quien estaba roja como un tomate- ¡Es muy divertido! ¿Están duritas, verdad?
-Cierto –dijo Sybella-. Ambas cosas…
Bárbara solo las miraba mientras reía; Sybella, Azucena y Regina la miraron y se acercaron a ella. Las dos últimas comenzaron a jalonearle la túnica.
-¡Inténtalo Bárbara, te va a gustar! –decía Regina.
-Sí, ¡Vamos! –Decía Azucena- Sybella ya lo hizo, y ella es la más tímida con los chavos…
-¿Cómo creen? –Dijo Bárbara entre risas- No tengo interés en agarrarle las nalgas a los chavos.
-¿Cómo puedes decir eso teniendo a tantos chicos ingleses guapos a tu disposición? –Dijo Regina.
-No –dijo Bárbara-. Yo no voy a hacerlo.
-Pero… -dijo Azucena.
-¡Dije que no y San se acabó! –exclamó Bárbara.
-Mira nada mas quien viene ahí, Barbarita… -dijo Sybella.
Bárbara Mondragón volteó y vio que por el pasillo venía el mismísimo profesor Severus Snape, con su capa negra ondeando tras el, su cabello negro, su nariz aguileña y su piel pálida. Bárbara lo seguía con la mirada y una vez que el profesor pasó de largo, la chica miró a todos lados, se acercó al profesor y con las dos manos agarró el trasero de Snape, y no solo eso, si no que les dio un ligero apretoncito. El profesor se sobresaltó y volteó. Bárbara sonreía.
-¡Hola profe! –dijo.
Snape alzó la ceja izquierda.
-Señorita Mondragón –dijo con su voz suave y pausada- No me diga que usted fue la que… ¿Se puede saber qué es lo que está haciendo?
-Eeeeeehhh yoooo…. –dijo Bárbara nerviosa.
-Queríamos avisarle, profe –intervino Regina rápidamente con cara de tristeza- Pero no llegamos a tiempo…
-¿De qué hablan, señoritas? –Inquirió Snape visiblemente molesto- ¿Se puede saber de qué querían avisarme?
-¿Me va a decir que no lo sintió, profe? –Dijo Regina- La pinche china esa de Ravenclaw… ¿Cómo se llama, Bárbara?
Regina le dio un pequeño codazo a Bárbara sacándola de su trance.
-¡Cho! ¡Sí! ¡Fue Cho, profe! ¡Yo la ví con estos ojos que se han de comer los gusanos! –dijo Bárbara señalando sus dos ojos.
Severus Snape esbozó una sonrisa torcida mientras la miraba con desconfianza, se dio la media vuelta y se fue sin decir nada.
-¿Creen que se haya enojado? –dijo Bárbara algo angustiada.
-¡Naaaaaaaah! –dijo Azucena despreocupada.
-¿Además, a quien le importa que se haya enojado? –Dijo Regina- ¡Pudiste agarrarle las nalgas a Snape!
-Además se las agarraste con las dos manos, pinche golosa –dijo Azucena sonriendo.
-¡Dios mío! –exclamaba Sybella sin poder creer lo que había visto.
Sybella aún estaba sorprendida por lo que acababa de atestiguar. La joven miró a su amiga y entonces se volvió hacia el lugar donde el profesor había estado.
- Espero que realmente estén duras y buenas, por que la verdad aun no entiendo que te gusta de el –comentó.
-¿Y cómo las tiene? –Preguntó Regina- ¡Merezco saberlo ya que nunca podré agarrárselas, Bárbara!
-Como diría nuestro muy fastidioso compañero el Chúntaro: ¡Sabrooooooosaaaaaaaas!
Más tarde, tocó la clase de Defensa contra las Artes Oscuras con el profesor Remus Lupin. Los alumnos entraron al salón de clases y comenzaron a sacar pergaminos plumas y los libros de texto. Los alumnos hablaban alegremente cuando el profesor Lupin llegó y puso su desvencijado maletín sobre la mesa. Un armario estaba justo en frente de los pupitres.
-Buen día –dijo Lupin-. El favor de guardar libros, plumas y pergaminos, que la clase de hoy será práctica.
La clase intercambió miradas curiosas. Bárbara se volvió hacia Regina.
-¿Qué iremos a hacer? –dijo
-Ni idea –respondió Regina.
El profesor se acercó al viejo armario y este comenzó a temblar. Algunos alumnos se asustaron.
-No se preocupen –dijo tranquilamente el profesor al ver que algunos alumnos retrocedían-. Dentro de ese armario hay un boggart. A estas criaturas les gustan los lugares cerrados y oscuros, como los roperos, los huecos debajo de la cama, las alacenas… Una vez me tocó ver uno que estaba metido en un reloj de pared. La primera pregunta que debemos hacernos es ¿Qué es un Boggart?
Hermione levantó la mano.
-Es un ser que cambia de forma –dijo-. Agarra la forma de aquello a lo que le tenemos más miedo.
-Ni yo lo habría explicado mejor -dijo Lupin, Hermione estaba felíz.
-Bueno –dijo Bárbara señalando a Hermione-, es que nadie tiene tanto léxico como esta mujer…
-Bien. El boggart que está ahí dentro –prosiguió Lupin señalando el armario- aún no ha tomado forma. Aún no sabe cual es el mayor miedo de la persona al otro lado. Nadie conoce la verdadera forma de un boggart, pero cuando lo dejemos salir, este tomará la forma de aquello a lo que más tememos -el profesor se volvió hacia Harry- ¿Sabes por qué, Harry?
Harry meditó la pregunta y entonces dijo:
-¿Por que somos muchos y no sabe por qué forma decidirse?
-Exacto –dijo Lupin-. Lo mejor que puedes hacer cuando vas a enfrentarte a un Boggart, es hacerlo acompañado para despistarlo. ¿En qué debería convertirse un boggart, en una babosa carnívora o en un cadáver decapitado? Una vez me tocó ver que una babosa carnívora quería asustar a dos personas a la vez, y se convirtió en media babosa. No daba nada de miedo. Ahora, el hechizo para asustar a un boggart es muy sencillo pero requiere de gran concentración y fuerza mental. Lo más eficaz para derrotar a un boggart es la risa. Lo que debemos hacer es provocar que tome una forma que nos parezca chistosa… A ver, muchachos, repitan conmigo ¡Riddikulo!
-¡Riddíkulo! –dijeron todos al mismo tiempo.
-Otra vez, pero con más fuerza –dijo Lupin.
-¡RIDDIKULO! –gritaron.
-Bien, muy bien, pero como podrán imaginarse, la sola palabra no basta –dijo Lupin-. Neville, necesito que me ayudes con lo que sigue.
El muchacho se acercó nervioso al profesor. El armario volvió a temblar y el muchacho miró a sus compañeros como si rogara que lo ayudaran.
-Muy bien, Neville –dijo Lupin- Necesito que me digas ¿Qué es lo que mas te asusta en el mundo? –Neville quiso decir algo pero no se oyó nada- Perdona, no entendí lo que dijiste.
-El profesor Snape –murmuró.
La mayoría se rió, el mismo Neville se sonrió a modo de disculpa.
-El profesor Snape, si –dijo lupin sonriendo y murmuró-. Y a todos… Neville, tengo entendido que vives con tu abuela, ¿No?
Neville asintió.
-¡Vaya! –Le comentó Azucena a Sybella- Al parecer no eres la única que le tiene miedo al profe…
-No –replicó Sybella-, mas bien ustedes son las únicas personas que no le tienen miedo al murcielagote ese, ustedes y el Chúntaro.
Lupin le dijo algo al oído a Neville y luego fue al armario.
-Si a Neville le sale bien, el Boggart dirigirá su atención a cualquiera de ustedes por turno. Ahora quiero que ustedes se tomen unos momentos para pensar en lo que les da mas miedo y cómo convertirlo en algo cómico.
El profesor les dio unos minutos
-¿Están preparados? –preguntó Lupin después de un tiempo.
Todos se arremangaron las mangas y asintieron.
-Bien, ahora todos vamos a hacernos hacia atrás para que Neville tenga mas espacio –indicó Lupin-. Después de Neville llamaré al siguiente para que pase adelante. Ahora, Neville a la cuenta de tres, vas a alzar tu varita.
El chúntaro estalló en carcajadas. Lupin lo miró sin molestarse.
-A la cuenta de tres, Neville, vas a levantar tu varita y dirás ¡Riddíkulo! Concentrándote en lo que te dije. –concluyó el profesor
Todos se retiraron, algunos pegándose a las paredes.
-Uno, dos ¡Tres!
Lupin hizo un movimiento con su varita y el armario se abrió. Del armario salió el profesor Snape, con su nariz aguileña, su gesto intimidante. Le lanzó a Neville una mirada amenazadora. Bárbara inconscientemente intentó ir hacia el boggart-Snape pero Regina la tomó de la túnica para detenerla
-Recuerda que es un boggart, Bárbara… -dijo la ojiazul- Encuanto te acerques, va a transformarse en algo horrible…
Neville se hizo hacia atrás levantando su varita. Snape estaba a punto de agarrarlo de la túnica cuando…
-¡Ri… Riddikulo! –dijo Neville
De pronto se oyó el sonido como de un látigo y Snape tropezó, traía un vestido verde con ribetes de encaje con una piel de zorro alrededor del cuello, en la cabeza llevaba un sombrero grande y estrafalario rematado con un buitre disecado y en la mano un enorme bolso rojo. Se oyó una carcajada general.
-¡Chaaaale con la tigresaaaaaa! –Gritó el Chúntaro-. ¿Dónde dejó al pato Zambrano?
Bárbara estaba doblada de la risa, no podía evitarlo.
-¡No mames! –Dijo Regina entre risas- ¡Neta que con esa ropa tu amorcito sí que se parece a la Irma Serrano!
-Nomás le falta el maquillaje –comentó Azucena.
-No debería reírme –comentó Bárbara tratando inútilmente de contener la risa- ¡Pero se ve demasiado cómico!
Sybella no podía articular palabra ya que se desternillaba de risa.
El boggart se detuvo confuso y Lupin gritó:
-Sybella, ¡Adelante!
Sybella avanzó y Snape se transformó en una cucaracha gigante con la cara del profesor de pociones. A la chica de cabello castaño se le erizaron los cabellos al verlo cuando el animal se acercó. Entonces, la chica levantó su varita con su mano temblorosa y dijo:
-¡Riddikulo!
La alimaña con cara de Snape se convirtió en una pequeña luciérnaga. Lupin llamó a:
-¡Azucena, sigues!
La chica pasó adelante y el boggart se transformó en un payaso, con un traje colorido y grandes pompones anaranjados que lo adornaban. La cara pintada de blanco y su nariz roja de pelota una calva rematada por dos mechones anaranjados. Parecía una mezcla de Bozo y Ronald McDonald. El payaso avanzó hacia Azucena.
-¡Riddikulo! –Gritó ella alzando su varita.
El payaso dio un tropezón y los anchos pantalones se cayeron dejando ver unos calzoncillos de bolitas rojas.
-¡Brayan, te toca! –dijo Lupin.
El muchacho pasó adelante y entonces el boggart se convirtió en un cadáver con las cuencas vacías y la piel apergaminada, la ropa hecha jirones, unas tristes mechas de cabello le coronaban la nuca, en algunas áreas faltaba la piel. La criatura caminaba arrastrando sus pies hacia el muchacho. El Chúntaro alzó su varita y gritó:
-¡Riddikulo!
La momia se resbaló y por la caída algunos de sus miembros terminaron desparramados por todo el lugar.
-¡Bárbara, Adelante! –dijo Lupin.
Bárbara pasó al frente con decisión, el boggart se transformó en un sol con cara de bebé que reía. Bárbara retrocedió asustada… la risa infantil del sol parecía erizarle el cabello. Sybella observaba la escena sin entender por qué le temía Bárbara a algo así.
-¿Qué es eso? –le preguntó a Regina.
-¿Nunca has visto a los telettubbies? –Exclamó Regina- Es un bobo programa infantil que pasan en la televisión. Ese sol con cara de bebé sale ahí…
-Y de verdad que da miedo –confirmó Azucena-. Solo imagínate Bella, que te levantas en la mañana, vas al baño a hacer pipí, y al mirar por la ventana te encuentras con ese sol y se te queda viendo un rato viendo y se ríe… ¡Es escalofriante!
Bárbara parecía estar paralizada de miedo. Sybella observaba la escena.
-¡Tu puedes, Bárbara! –Gritó Regina- ¡Acábalo! Sólo es un pinche Boggart…
Bárbara miró a sus amigas y tomó valor.
-A Bárbara Mondragón ningún boggart, por horripilante que sea la va a vencer –murmuró Bárbara.
La joven se plantó frente al Boggart y levantó su varita con decisión
-¡Riddikulo! –gritó Bárbara.
Inmediatamente el sol con cara de bebé se convirtió en una pelota de playa. Lupin llamó a Regina. La chica se plantó frente al Boggart que se transformó en Brad Pitt… acompañado de Angelina Jolie.
La joven de los ojos azules dio un grito de terror y retrocedió.
-¡NOOOOOOOOOOOO BRAAAAAD! –Vociferaba Regina- ¿QUE TIENE ESA VIEJA QUE NO TENGA YO?
-¡Calma Regina! –Dijo Bárbara- ¡Recuerda que es un pinche boggart!
-Regina inclinó la cabeza y cerró los ojos; apretó con fuerza los puños y levantó su varita.
-¡Riddikulo! –dijo.
Angelina Jolie se transformó en "La chupitos"
Después de Regina siguieron Parvati Patil, Pansy Parkinson, Ron Weasley, Tony Corleone y todos los demás del grupo. Una vez terminada la clase, las tres chicas iban platicando sobre lo divertida que había sido.
-Por un momento pensé que cuando pasaste el Boggart tomaría de nuevo la forma de Snape, Bella-comentó Azucena.
-Snape me da mucho miedo –respondió Sybella-. Pero más que a Snape, les tengo horror a las cucarachas…
-Barbarita también les tiene pavor a las cucarachas, pero el sol con cara de bebé da un miedo mas feo -dijo Regina-. Pero todas sabemos que ella piensa muy diferente de ti con respecto al profe Snape… ¡Rayos! No sé si pueda verlo igual después de lo de Neville… Lo peor es que nos toca ahorita con el.
-¡Maldición! –Espetó Azucena- ¡No podré ver a Snape sin imaginármelo con ese sombrero!
-¡Se veía lindo! –exclamó Bárbara con una sonrisita.
-¿Cuál lindo? –Dijo Sybella- No se si me daba mas miedo o risa el ver a Snape así…
Al entrar al calabozo donde se daba la clase de pociones, Sybella se fue a su lugar en la esquina más alejada del escritorio del profesor. Bárbara, como siempre se sentó lo más cerca posible del escritorio del profesor acompañada por sus dos amigas. Tal y como habían vaticinado, muchos de los alumnos esbozaban una sonrisa al ver al profesor sin embargo, la clase estuvo tranquila hasta que el "Chúntaro" abrió la boca…
Todo comenzó con Neville Longbottom, quien reía discretamente al recordar al profesor Snape con el atuendo de su abuela. Snape los había puesto a todos por parejas para hacer una poción herbovitalizante. Neville posó su vista en Bárbara, quien revolvía la poción mientras Regina buscaba otros ingredientes. Bárbara levantó la vista y su mirada se cruzó con la de Neville. La muchacha sonrió con amabilidad y el muchacho se sonrojó. El Chúntaro vió la escena y se molestó. Y no era para menos, Barbarita, quien jamás le había dedicado ni siquiera una sonrisa, le estaba sonriendo al menso de Neville.
-Este menso me quiere bajar a mi Barbarita –Pensó el Chúntaro-. ¡Pero ni madres que me dejo!
Entonces con toda claridad se escuchó la voz del Chúntaro…
-¡Pst! ¡Profe "Esneic"! –Dijo el moreno en tono burlón y mirando de reojo- A que ni sabe qué pasó en clase con el profesor Lupin…
-Lo que ocurra en una clase que no sea la mía me tiene sin cuidado –dijo Snape fríamente-, Perez…
De súbito todos voltearon a mirar al Chúntaro alarmados. Algunos se veían sumamente nerviosos, mientras Malfoy y sus amigos sonreían con malicia. Severus Snape habría ignorado al Chúntaro, si no hubiera sido por la reacción de todos los alumnos de la clase.
-¡Cállate, Chúntaro! –susurró alguien.
Snape miró al muchacho. Y entonces miró a la clase
-Al parecer nadie parece querer que yo sepa lo que ocurrió en cierta clase –dijo con su voz pausada y sonrió con ironía-. Repentinamente siento curiosidad por lo que el joven Pérez trata de decirme… ¿Podría decirme, Joven Pérez?
-¡Uuuuuuyy profe…! Pus aquí el "Nevíl" que le tiene miedo a usté. Y por su culpa, todos lo vimos vestido de vieja…
-Lo que dice este… tipo es verdad, profesor –intervino Malfoy-. Longbottom lo ridiculizó frente a todos al mostrárnoslo vestido como su abuela… Con la venia del profesor Lupin, claro está.
-¿Podrías callarte, Malfoy? –dijo Hermione visiblemente molesta mientras se levantaba.
-Señorita Granger, siéntese –ordenó Snape mirándola molesto-. Nadie le pidió su opinión. Cinco puntos menos para Gryffindor.
Bárbara miró al Chúntaro furiosa.
-Pinche Chúntaro caga palos –murmuró Bárbara. Snape se volvió hacia ella.
-¿Cómo dijo, señorita Mondragón? –Inquirió el profesor mirándola con severidad.
-Lo que oyó, profesor –respondió ella sin miedo-. Que Chúntaro es un caga palos.
-¿Qué quiere decir con caga… palos, señorita? –le preguntó Snape con sus ojos negros fijos en los verde grisáceo de Bárbara.
-Caga palos es una persona insoportable, profesor –Respondió Bárbara muy seria-. Una persona insufrible, que solo vive para molestar, fastidiar y hacerle la vida imposible a cualquier persona o a una persona en específico.
-¿Y eso qué tiene que ver con… defecar sobre un palo? -indagó Snape sin apartar sus ojos de los de ella.
Bárbara miró hacia los lados algo nerviosa y tratando de disimular una sonrisa.
-Estoy esperando su respuesta… señorita –insistió el profesor.
-Bueno… es que… ¿Cómo explicárselo?
-¿Me va a decir que no sabe ni lo que acaba de decir Mondragón? –Inquirió el profesor de pociones sin apartar su mirada de ella- Usted dice una frase cuyo significado ignora… Me sorprende.
-Claro que lo sé profesor –exclamó la joven-. Sólo que no encuentro las palabras con qué explicarlo…
-Yo se lo puedo explicar profesor… -dijo Regina
-¡Cállese, Bladó! –bramó el profesor con brusquedad y se volvió hacia Bárbara - ¿Me decía… señorita?
-Está bien, profe, pero… solo a usted –dijo Bárbara sonrojada- Acérquese.
Severus Snape se acercó a ella.
-No debería, señorita, pero ya que veo que batalla y realmente me interesa su respuesta, voy a complacerla solo por esta vez –dijo con su voz calmada.
Bárbara le dijo algo al profesor Snape en el oído. Quienes estuvieron presentes, describieron la reacción del profesor de pociones como de desmedida sorpresa, asco, disgusto y hasta incredulidad. Primero abrió sus ojos cada vez mas, luego se alejó lentamente mirando a la muchacha sin dar crédito a lo que había escuchado. Luego cerró los ojos, respiró profundamente los abrió de nuevo, se llevó las manos a la cara llevando hacia atrás su cabellera negra y fue a sentarse a su escritorio. Entonces miró a Bárbara.
-No quiero volver a escuchar esa frase en este salón de clases, señorita Mondragón –dijo Snape mirándola molesto-. Es algo repugnante y vulgar. Por esta vez sólo voy a hacerle una advertencia, pero si repite de nuevo esa palabra en mi presencia, tendrá consecuencias graves para usted y su casa. Para mañana quiero un pergamino acerca de cómo preparar una poción reestablecedora.
Mas tarde las venenosas se dirigían a la cabaña de Hagrid a tomar el te. Lenore iba acompañada por James Marcus, su novio.
-Owww… ¿Por qué no es el profe Snape el que nos invita el te? –dijo Bárbara.
-Claro, Barbarita… como si el profe Snape nos fuera a decir: ¡Vengan a mi oficina a tomar te y galletitas! –Dijo Regina- ¿Qué más quisiéramos, Barby?
-¿Y creen que el profe Hagrid haga buen te? –preguntó Azucena.
-Pues con que haya buenas galletas, lo demás sale sobrando –respondió Regina.
-Hagrid es muy amable –dijo Sybella-. El cuida a mi mascota Ximo.
-¿Ximo? – Inquirió Bárbara.
-Es un zorrito bebé –respondió la joven de ojos grises-. Hagrid cuida de el y yo vengo a visitarlo por las tardes.
Al llegar a la cabaña de Hagrid, este les abrió la puerta y las saludó amablemente.
-Buenas tardes, profesor Hagrid –saludó Bárbara amablemente.
-Oh, por favor chicas –dijo Hagrid-. No estamos en clase, no tienen que tratarme con tanto…
-¿Quihubole, mi Hagrid? –dijo Regina tomando la enorme mando de Hagrid entre las suyas sacudiéndola frenéticamente sin dejarlo terminar la frase- ¿Como has estado? ¡Vénganos ese te!
Hagrid la miró algo sorprendido.
-¡Qué confianza! –murmuró.
En la mesa se encontraban Ron, Harry y Hermione que al ver a las muchachas las saludaron amablemente, alegres de que aceptaran la invitación de su amigo. Las chicas se sentaron.
-Pensamos que ya no vendrían –dijo Hermione- ¿Por qué tardaron tanto?
-Aquí el amorcito de Bárbara nos retrasó –comentó Regina mientras Hagrid le servía te.
-Sí, por unas palabritas casi nos castigan –dijo Azucena.
-¿Castigar? –preguntó Ron frunciendo el entrecejo.
-¿Te gusta un profesor? –preguntó Hermione sorprendida.
Hagrid seguía sirviendo el te tranquilamente.
-Pues no hay mucho de donde elegir –dijo tranquilamente-. No creo que sea el profesor Flitwick…
-¡NO, NI MADRES! –Dijo Bárbara.
-Me cayó bien en la película de Star Wars, pero… -dijo Regina-. De ahí a algo más ya es mucho…
-Además –dijo Azucena con malicia-, el ya tiene con quien salir. O mas bien donde meterse…
-Y con quien meterse –repuso Regina.
-Por favor no mencionen eso… quiero olvidarlo –dijo Bárbara cerrando los ojos.
Hagrid se sentó en la mesa después de haber servido el te y las galletas. James saboreaba una galletita de chocolate que Lenore le daba en la boca. Regina miraba a los dos niños.
-¡Que lindos se ven! –dijo la ojiazul al ver a la pequeña pelirroja dándole galletitas a comer en la boca a su callado novio-Apuesto a que Barbarita desearía estar así con su… maestrito.
-¿Y quien es el profesor que te gusta, Bárbara? –Preguntó Hagrid- Ya está claro que no es Flitwick… Dudo mucho que se trate de mí… Lockhart hace tiempo que se fue… -Entonces agregó con una sonrisita de complicidad- ¿Se trata del profesor Lupin, verdad?
Bárbara negó frunciendo el entre cejo.
-Entonces el único que queda es el profesor Snape, pero no creo que… –dijo Hagrid y entonces miró como la ojiverde se sonrojaba.
Hagrid la miró con los ojos muy abiertos.
-¿¡TE GUSTA EL PROFESOR SNAPE!? –Exclamó sorprendido mientras Harry, Ron y Hermione escupían el te de la impresión de saber que una alumna estaba enamorada del profesor más temido de Hogwarts.
-Esa misma reacción tuve yo cuando lo supe –comentó Sybella quien acariciaba al pequeño zorrito que dormía en su regazo.
Los tres Gryffindor miraron boquiabiertos a la joven de ojos verdes y cabello oscuro. Hagrid sonrió.
-Debe de ser una broma…
-No lo es, Hagrid, créeme –dijo Sybella.
-¿Por qué todo el mundo tiene esa reacción? –Preguntó Regina.
Harry se acercó a Regina.
-Te diré por qué –susurró Harry-, el profesor Snape es amargado, desagradable, pesado, odioso, sádico… ¿Cómo es posible que alguien se enamore de una persona así?
-¡Pero el profesor Snape es lindo! –dijeron las tres mexicanas al unísono.
-Reconozco que el buen Severus tiene un carácter un poco difícil –añadió Bárbara-. Pero no pueden negar que es sexy… esa cabellera negra, esa piel tan pálida, esos ojos tan profundos… me hierve la sangre de sólo pensar en el.
-Cabello negro, vestimenta negra, ojos negros… ¡Por Dios! Es tan versátil ese hombre –Repuso Regina.
La pequeña Lenore miró a Hagrid.
-Oye Hagrid –Dijo la pequeña pelirroja- Tu que lo sabes todo de criaturas mágicas y monstruos… ¿Alguna vez has visto un Pitt?
Bárbara y Regina escupieron el te mientras las demás las miraban sin entender el por qué de la reacción.
-No sé de qué me hablas, pequeña –dijo Hagrid algo avergonzado.
-Oh bueno –dijo Regina-. Es que el Pitt es una criatura extremadamente difícil de encontrar… Pocas personas saben de su existencia… Y regresando al tema –añadió nerviosa-, ¿Por qué todo el mundo tiene esa reacción cuando Bárbara menciona que está enamorada del profe Severus?
-Sí –replicó Azucena-. ¡El profesor Snape es lindo!
-Ustedes tienen un muy extraño concepto de lo que es lindo –comentó Hermione.
El callado James miró a Bárbara con sus penetrantes ojos celestes.
-Yo soy muy bueno en pociones –dijo el niño-. Si quieres, puedo ver la forma de hablarle bien de ti al profesor Snape y así ayudarte…
Lenore se abalanzó a abrazar a su novio tumbándolo de la silla.
-¡Ay James, qué lindo eres! –Dijo la niña- ¡Por eso te quiero!
La velada terminó poco antes del anochecer, los muchachos se despidieron de Hagrid y fueron hacia el castillo. Los Gryffindor se fueron hacia otro lado ya que tenían que buscar a la profesora McGonagall.
Las cuatro chicas de Slytherin platicaban alegremente mientras los dos Slytherins de primero iban mas adelante tomados de la mano, cuando se les unió Sebastian Michaels quien fue al lado de Sybella.
-Hola Sybella, -dijo el chico- Regina, Azucena, Bárbara, pequeña Lenore y Jimbo
-¡Quihubo, Sebas! –saludó Regina.
Hola –saludaron todos.
Sybella se sonrojó cuando Sebastian se acercó a ella.
-Oigan, ¿Ya supieron la nueva que me contó Jody Pearson? –dijo el muchacho con una sonrisa maliciosa.
-No –respondieron todos.
-Pues me estaba contando que iba rumbo a la oficina de McGonagall junto con su hermanito Mike, de primero a dejar un trabajo –comentaba el muchacho.
-¿Michael Pearson? –Dijo el pequeño de ojos celestes- Lo conozco, va a nuestra clase. ¿Verdad, Lenore?
La niña asintió con la cabeza.
-Pues bueno –dijo Sebastian-, el caso es que Mike iba a dejarle un trabajo a McGonagall y Jody lo acompañó. Mike abrió la puerta y entonces vieron a McGonagall y a Flitwick correteando entre risitas alrededor del escritorio de McGonnagall… Como dos noviecitos.
-Tan seria que se ve la profesora McGonagall –comentó Sybella.
-Ay, eso no es nada nuevo –dijo Bárbara-. Nosotras los vimos ayer.
-¿De verdad? –exclamaron Sebastian y Sybella al mismo tiempo.
Regina comenzó a contar con pelos y señales lo que ella y Bárbara habían visto. El incidente había ocurrido el día anterior, habían salido de la clase de McGonagall rumbo a la clase de pociones cuando de pronto, Regina a medio camino recordó que había dejado su varita en el salón de transformaciones. Por lo cual le pidió a Bárbara que la acompañara al aula para ir por su varita mientras Azucena y Sybella se adelantaban a la mazmorra donde Snape daba clase. Las dos chicas llegaron al salón de clases. Regina abrió la puerta y al ver la escena, la cerró violentamente.
-¿Qué te pasa, Regina? –Preguntó Bárbara.
–Creo que ví algo que no vi –respondió la ojiazul.
-No puede ser tan malo –dijo la enamorada del profesor Snape mientras abría la puerta, al ver el interior del salón solo alcanzó a exclamar- ¡OH POR DIOS!
Bárbara cerró la puerta violentamente y miró a su amiga.
-No mames, Regina –dijo impresionada-. Flitwick y McGonagall se estaban… ¡Eeeeewwwww!
-Se estaban besuqueando –dijo la chica de cabello negro.
Se miraron la una a la otra. De repente, la voz de Severus Snape surgió justo detrás de ellas.
-¿Por qué no están aún en el salón?
Las dos chicas voltearon a ver al profesor de pociones.
-Tuvimos que regresarnos por que Regina olvidó su varita en el salón de McGonagall profesor.
-Pero eso no importa ya que en su clase no la necesitaré –dijo Regina rápidamente mientras se colocaba detrás del profesor Snape y comenzaba a empujarlo -. De cualquier manera, puedo mandar a mi lechuza por ella luego…
-Si, profe, no hay tiempo qué perder, hay que ir a clase –dijo Bárbara quien lo llevaba jalándolo de la mano-. Vamos, vamos profesor Snape que se nos hace tarde a los tres…
Sebastian, Azucena y Sybella miraron a las dos chicas sin poder creer lo que les habían contado.
-Ahora entiendo por qué llegaron con esa cara de espanto a clase –dijo Sybella.
-Qué bueno que no las acompañé –dijo Azucena.
-¿Y qué pasó con tu varita? –le preguntó Sebastian a Regina.
-Ah, mandé a Woodstock por ella –respondió la chica sin darle importancia.
-Oigan, hay qué adelantarnos –dijo James-. Ya va a ser hora de la cena.
-¡Pues el que llegue al último es un Squib! –dijo Bárbara y todos echaron a correr hacia el castillo.
* * *
Después de la cena, las cinco chicas se encontraban en la sala común de Slytherin cuando de pronto el rostro de Eustaquia apareció entre las llamas.
-¡Felíz cumpleaños, Barbarita! –exclamó la anciana entusiasmada
-¡Vieja! –Exclamó la muchacha en un arrebato de alegría- Si estuvieras aquí te daría un abrazo… ¡Momento! ¿Hoy es mi cumpleaños?
-¿No te acuerdas, muchacha? –dijo Eustaquia con una sonrisita burlona- ¡Vaya que te pegó con tubo, Barbarita!
-¿De qué hablas, vieja?
-Ya me dijo Reginita que estás enamorada –decía la anciana con una gran sonrisa.
Bárbara miró a Regina con el ceño fruncido.
-¿Qué? Tenía que saberlo –Replicó Regina, quien se adelantó hacia la chimenea ¿Cómo has estado viejita?
-Muy bien –respondió la nana de Bárbara-. Un poquito triste por no estar con mi muchacha, pero ahora que se que se ha enamorado, estoy muy contenta –Eustaquia volvió a dirigirse a la ojiverde- Y dime, Barbarita… ¿Es guapo?
Bárbara se sonrojó violentamente y se acercó a la chimenea.
-¡Es el hombre mas sexy que he visto! Pero no puedo hablar de eso aquí –dijo Bárbara-, puede oir alguien que no deba. Mejor te presento a mis nuevas amigas, ¿Sale?
-Está bien, Barbarita, de cualquier manera, este fin de semana voy a estar en Hogsmeade para darte personalmente tu regalo de cumpleaños. Los regalos de tus papás están sobre tu cama.
-¡Qué bien! –Exclamó la chica- ¡Ya quiero que sea el fin de semana! Mientras, te presento de una vez a mis amigas nuevas. ¡Azucena, Bella, Lenore, vengan!
La chica se acercó a la chimenea.
-Ella es Azucena Montemayor, vieja –dijo Bárbara -. Ella también es mexicana, sólo que ella es de Monterrey.
-¡Hola! –Saludó la chica- Mucho gusto, Bárbara nos ha hablado mucho de usted.
-Igualmente, muchacha –repuso Eustaquia con una sonrisa.
-Esta pequeña se llama Lenore Addams –dijo acercando a la pelirroja a la chimenea-. Comparte cuarto con nosotras y aparte tiene novio de su misma edad.
-Qué niña tan bonita –comentó Eustaquia con una sonrisa-. Mira que Barbarita acaba de cumplir los 16 años hoy y ni siquiera ha puesto los ojos en un muchacho… Hasta ahorita.
La niña se sonrojó.
Sybella se acercó a la chimenea a saludar a Eustaquia.
-Ella es Sybella Xelor –indicó Bárbara-. También comparte cuarto con nosotras. Ella le tiene miedo al que me gusta.
-Es un placer conocerla –dijo Sybella sonrojada-. Y si usted viera de quien se ha enamorado Barbarita, también le tendría miedo…
Eustaquia sonrió y miró a Bárbara.
-Aquí están tus papás que quieren hablarte, Barbarita –dijo la anciana-. Te veo este fin de semana, yo te mando una lechuza para que sepas donde estoy. Me saludas al buen Melquíades.
-Lo haré –respondió la muchacha.
En la chimenea apareció el rostro de Alchemy, la madre de Bárbara. Parecía radiante de felicidad.
-¿Cómo está mi muchacha ahora que cumple dieciséis años? –dijo Alchemy con una gran sonrisa
-Bien, de hecho se me había olvidado que hoy era mi cumple –respondió la chica-. Con tanto trabajo en la escuela hasta se me olvidó en qué día vivo.
-Ya supe que quedaste en Slytherin ¿Eh? –Dijo la madre de la chica alegremente- ¡Esa es mi muchacha! Sabía que serías toda una Slytherin. Tu papá es el que no está muy contento con eso, apostó con Andrés y hasta con Juan Primito a que te quedabas en Gryffindor. Y pues perdió… Pero bueno, eso a nadie le importa… después de todo, recuperó ese dinero al apostar a que te enamorarías al llegar a Hogwarts…
-¿Por qué todos se meten en mi vida amorosa? –exclamó Bárbara algo irritada.
-Bueno, hija, es que nunca habías mostrado interés en ningún muchacho, ni siquiera en algún artista o cantante –afirmo Alchemy-. Muchos de nosotros ya pensábamos que eras asexual o lesbiana… Pero bueno, mejor dime… ¿Quién es el afortunado? ¿Y qué hizo para llamar tu atención?
-Luego les cuento, si les doy muchos datos se me puede cebar –dijo la muchacha-. Mejor pásame a mi papá.
-Está bien –dijo la mujer-. Hernán, ahí te habla tu hija.
El padre de Bárbara apareció por la chimenea.
-¿Cómo estás, niña Slytherin? –Dijo Hernán torciendo un poco el gesto- ¿Cómo te la estás pasando en tu cumpleaños?
-¿Pues no oíste que se me había olvidado, papá? –replicó la muchacha.
-Así te ha de traer ese muchacho,, Barbarita –comentó el señor-. Y dime, ¿Conoces al hijo de alguien a quien yo conozca? ¿O algún conocido da clases o algo? A ver… Digamos… ¿No hay algun compañero o compañera tuya que se apellide Malfoy?
-Sí –comentó Bárbara-. Hay un chavo que se apellida así, se llama Draco Malfoy.
-No es ese el que te gusta, ¿verdad? –preguntó el señor Mondragón algo preocupado.
-¡Claro que no, papá! –Exclamó la ojiverde- De hecho me cae bien gordo… ¡Es super mamón! Además, parece Barbie del mercado rodante…
Hernan se rió.
-Hijo de Lucius tenía que ser –comentó- Por lo que me dices, se ha de parecer mucho… ese pinche Lucius… bien mamón que era ese cabrón. El fue novio de tu madre, yo se la bajé… Y nunca me lo perdonó. Creo que se casó con una tal Narcisa Black ¿No?
-No se, papá, no conozco a los papás de Malfoy –dijo Bárbara entre risas-. Lo que si es que le hicimos una maldad, le dijimos joto y le hicimos creer que así llamamos a los "sangre pura" en México. Así que el muy wey se lo creyó.
Hernán estalló en carcajadas
-Y de seguro se anda paseando por toda la escuela diciendo que es joto, ¿No? –Dijo entre risas el padre de Bárbara- Con eso me alegraste el día, hijita. A ver… ¿Quien más? ¡Ah, ya sé! ¿De casualidad no conoces al famoso Harry Potter?
-Sí, es amigo de una amiga mía de Gryffindor –replicó la joven mexicana-. Lo he tratado, es agradable… Y no, papá, el no es el que me gusta.
-Si, ya se –respondió Hernán-. Tú entraste a Slytherin por que te gustó alguien de ahí… Lástima, yo conocí a los papás de Harry, estaban en Gryffindor unos años mas chicos que nosotros, pero eran agradables. Lily era muy parecida a tu mamá, de hecho a menudo le preguntaban si eran hermanas. James Potter y su pandilla eran bien desmadrosos. Ahí el que medio ponía el orden era Remus Lupin…
-¿Remus Lupin? –Dijo Sybella entusiasmada- ¡Así se llama el profesor de defensa contra las Artes Oscuras!
-Vaya… ¿Así que Lupin les da clase? Qué bien –dijo Hernán tratando de recordar- A ver… ¿De quien más? ¡Ah, ya se! Este wey… No recuerdo su nombre, era de esa misma generación… mas chico que nosotros, era de Slytherin… le decían "Quejicus". Era muy inteligente, y le encantaban las artes oscuras como a tu mamá. ¡Pinche huerco! En primer año el chamaquito ya sabía más maldiciones que la mitad de los que ya iban de salida. Era una cuerda para las artes oscuras y las pociones, pero era bien wey cuando se trataba de montar una escoba, y estaba bien pendejo pa' l quidditch. James y su pandilla lo agarraban de su puerquito siempre. Vivían cagándole el palo. A veces se pasaban de mamones con el pobre de Quejicus… No me extrañaría que ese pobre cabrón se hubiera vuelto mortífago…
-¿Pero cual era el nombre, papá? –preguntó Bárbara.
-No me acuerdo –insistió Hernán-. Tu mamá ha de saber, ella de repente se juntaba con el. Cuando vuelva le pregunto. Era un huerquito flaquillo y narizón.
-Ni idea, Papá –dijo.
-Bueno, de cualquier manera, hijita muchas felicidades –dijo Hernán- Espero que te gusten tus regalos, van a servirte mucho durante tu estancia en Hogwarts, sobre todo si te quieres escabullir por un bocadillo durante la noche, como acostumbras –agregó guiñándole un ojo a su hija.
-Gracias papi –dijo Bárbara- Ahí me despides de todos. Bye
-Ahí nos vidrios mi'ja –dijo Hernán y desapareció entre las llamas.
Sybella miró a la cumpleañera.
-¿De verdad olvidaste tu cumpleaños? –le dijo-. No puedo creerlo, así te ha de traer Snape, Barby.
-Sí, ¿verdad? –Comentó Bárbara- ¿Qué les parece si subimos al dormitorio para ver qué me mandaron?
-¡Sí! –contestaron todas.
Las cinco chicas subieron al dormitorio y efectivamente, por un lado de la cama de Bárbara se encontraba un sólido baúl de cedro labrado con figuras de estrellas, lunas y soles. Junto a el venía una nota:
Bárbara:
Tu papá y yo te deseamos lo mejor en tu cumpleaños,
Este cofre evanescente (Una versión compacta del armario evanescente) es mi regalo de cumpleaños para ti. Cuando quieras o necesites que te mandemos algo o tengas antojo de comida mexicana deja un recado dentro, de modo que lo leamos y te mandemos lo que necesites por medio de este mueble. Dentro contiene el regalo de tu papá.
Con todo nuestro amor:
Tu mamá: Alchemy Morningside de Mondragón.
¡MUCHAS FELICIDADES!
Bárbara miró a sus amigas y procedió a abrir el cofre; el cual contenía varias bolsas de frituras, tres botellas de refresco de sabor de dos litros, un pastel, dos docenas de tamales en hoja de plátano y un paquete envuelto en regalo. Bárbara sacó el paquete y lo abrió, dentro había una capa.
-¡Oh, por Dios! -Exclamó Sybella- Es una capa de invisibilidad…
-¡No chingues! –dijo Bárbara emocionada y mirando el reverso de la capa- ¡Es cierto! ¡Con madre!
Regina se acercó para ver la capa.
-¡No mames! –Exclamó- Se mamó tu papá con esta…
-Son rarísimas –afirmó Bárbara-. Le ha de haber costado una fortuna…
-De hecho –corroboró Sybella-. La única persona que conozco que tiene una aparte de Bárbara es Harry Potter.
La cumpleañera guardó la capa invisible bajo su almohada y comenzó a repartir tamales y frituras entre sus amigas. Sirvió refresco en unos vasos desechables y comenzaron a comer. Regina miró a Bárbara con los ojos muy abiertos.
-¿Tienes idea de lo que podemos hacer con esa capa, Bárbara? –le preguntó
-Siiiiii -respondió Bárbara con una sonrisa.
-¡Podemos espiar a los chicos en el baño! –exclamó Azucena.
-¡Y podremos tomarles fotos en rines y venderlas a muy buen precio! –Exclamó Regina emocionada – ¡Nos haremos ricas!
-En realidad yo pensaba en que podría espiar al profesor Snape -dijo Bárbara sonrojada.
-¡Pinche Bárbara! –dijo Regina- Luego luego a acosar sexualmente al pobre e inocente profesor Snape
-¡Ay no! –Dijo Sybella- A mí se me hace que el profesor Snape ni siquiera se baña ¿No han visto como tiene el cabello? ¡Viejo cochino!
-¡No le digas así a mi novio, Bella! –amonestó Bárbara al tiempo que le daba un almohadazo.
-No es cochino –dijo Regina-. Lo que pasa es que el profesor Snape quiere esperar a que Bárbara lo bañe…
-¿No será al revés? -Dijo la chica de ojos grises con una sonrisita pícara- ¡La que quiere bañar a Snape es Bárbara!
-¡A huevo! –dijo la cumpleañera.
-Pero a la hora de tallarle la espalda, a Bárbara se le van a ir las manos mas abajo –canturreaba Azucena mientras le picaba las costillas a la ojiverde con el dedo.
-No, las nachas ya se las agarré, -aclaró la chica-. Ahora quiero ver qué tan dotado está de… otra parte…
Lenore escupió el refresco de la impresión y miró a Bárbara con los ojos muy abiertos.
-¿Que le agarraste el trasero al profesor Snape? –inquirió la niña sorprendida -¿Y no se enojó?
-Pues parece que sí –dijo Regina-, pero como le echamos la culpa a Cho, no nos dijo nada.
-Pero qué ricas nalgas se carga el buen Severus –comentó Bárbara-. Hasta se me antojó darles una buena mordida…
-¡Pinche Bárbara marrana! –exclamó Regina entre risas mientras le arrojaba una almohada.
-Oigan, recuerden que aún es horario familiar –dijo Sybella señalando con los ojos a Lenore.
Las cinco chicas reían y bromeaban mientras la luna reflejaba su suave luz plateada sobre el lago. La pequeña Lenore recibía un ataque de cosquillas por parte de sus amigas mayores mientras en otro lugar del castillo, Harry, Ron y otros Gryffindor golpeaban al Chúntaro, mientras Argus Filch hacía su ronda nocturna por los corredores de Hogwarts, mientras en la oficina del director, Albus Dumbledore le daba las buenas noches Fawkes, su fénix, y el profesor Severus Snape soñaba con unos ojos color verde grisáceo, muy diferente al verde brillante de los ojos de Lily Evans, con los cuales el soñaba desde su infancia.
* * *
Llegó el sábado, y con el, la salida de fin de semana a Hogsmeade y la visita a Eustaquia, la cual Bárbara esperaba con ansias, se moría por contarle a su nana todas las peripecias que le habían ocurrido a ella y a sus amigas en Hogwarts desde que llegaron. Deseaba hablarle del Profesor Dumbledore, de las clases que llevaba, los nuevos amigos que había hecho, pero en especial, se moría por hablarle de su profesor de pociones.
La lechuza con la carta donde Eustaquia le decía a Bárbara donde se verían llegó el viernes en la mañana diciéndole que el punto de reunión sería en 'Las tres escobas" una taberna localizada en la aldea.
Bárbara llevaba su capa invisible en el bolso por si se ofrecía, Regina, Sybella y Azucena la acompañaban; Melquíades también iba con ella. La pequeña Lenore, por ser de primero, no tenía permitido visitar Hogsmeade, sin embargo, la niña se quedó en el castillo con James, quien había encontrado la manera de hacer un dinero extra organizando carreras de sanguijuelas y vendiendo las entradas.
Las cuatro chicas llegaron a 'Las tres escobas", donde Eustaquia las esperaba sentada en una mesa. Llevaba puesta una capa color azul petróleo sobre una sencilla blusa blanca y una falda gris. Al verla, Bárbara se apresuró hacia la anciana para abrazarla.
-¡Vieja! –Chilló la muchacha en un arrebato de alegría al abrazarla- ¡Te extrañé! ¡Tengo tanto qué contarte!
-Yo sé, Barbarita… Para eso vine, para que me cuentes todo –dijo Eustaquia entusiasmada.
-¿Y a mí no vas a saludarme, vieja? –dijo Regina en tono de reclamo.
-Claro que sí, Reginita –dijo la vieja mientras la abrazaba.
-Mira, vieja: Aquí trajimos a Sybella y a Azucena, para que las conozcas –dijo Bárbara.
Las dos muchachas saludaron a Eustaquia de mano y beso en la mejilla.
-¿Y donde está la pequeña? –preguntó la nana.
-No pudo venir –respondió Bárbara-. A los de primer y segundo año no les dan permiso de salir al pueblo. Pero te manda muchos saludos.
Las muchachas subieron a una salita privada en el segundo piso de la taberna y pidieron una cerveza de mantequilla que les fue llevada a la habitación. Las chicas se pusieron cómodas y comenzaron a conversar con Eustaquia sobre las clases y sus contratiempos, pasando por las ocurrencias del Chúntaro. Pero a Eustaquia no le interesaba tanto eso… ella quería ir a lo que tanto le interesaba.
-Te veo cambiada, Barbarita –dijo la anciana con una mirada burlona en sus ojos cafés-. Como que se te ve otra mirada…
Bárbara se sonrojó.
-¿Quién es el afortunado? –Insistió Eustaquia- ¿Quién es el muchacho que te trae así?
-Pues… no es ningún muchacho, en realidad… de hecho es mayor que yo. Bastante mayor que yo
-¿Quién es? –inquirió Eustaquia cada vez más intrigada.
-Es mi profesor de pociones, y el jefe de mi casa –respondió Bárbara bajando la mirada, como esperando un regaño-. Casi me dobla la edad.
-Pero no te preocupes, Eustaquia –intervino Regina-. Ya investigué, y el profe es soltero.
Eustaquia miró a Bárbara preocupada
-¿Y no será joto, mi'jita? –inquirió. Las cuatro muchachas negaron con la cabeza.
-Mas bien es el carácter que tiene –dijo Regina-. Es medio especialón.
-Es muy serio –repuso Azucena mientras le daba un sorbo a su cerveza de mantequilla-. Callado y muy estricto. Muchos le tienen miedo.
-Yo soy una de esos que le tiene miedo –dijo Sybella-. Entre mas lejos esté de el, mejor. ¿Cómo ve, Eustaquia? Su muchacha está enamorada de un profesor que le dobla la edad.
-Pues es mejor así –resolvió la vieja Eustaquia-. ¿Para qué quiero que se enamore de un muchachito baboso que no podría sacarla de un apuro en un momento dado y solo la metería en un lío? En cambio, al ser un hombre mayor, y con un trabajo fijo como profesor, puede responder en un momento dado y tiene algo que ofrecerle a mi muchachita… Pero díganme: ¿Cómo se llama?
-Su nombre es Severus Snape –dijo Bárbara lanzando un suspiro.
-¿Severus Snape? –Dijo Eustaquia- Escuché a tus papás hace días mencionar ese nombre… pero no supe de qué se trataba… ¿Cómo es?
-Es alto, muy pálido, tiene el cabello negro, lacio y le llega a los hombros… ojos negros, tiene una mirada fría, pero al mismo tiempo melancólica… nariz aguileña. Viste siempre de negro, camina siempre muy erguido, se mueve con mucha seguridad… y la forma en la que habla… esa voz tan calmada pausada, baja, susurrante. Pero su mirada… me cautivó…
Regina le hizo una señal a Azucena y Sybella para que la acompañaran al baño. Las muchachas le hicieron caso y bajaron dejando a Bárbara hablando a solas con su nana.
-¿Y cómo fue que llamó tu atención, Barbarita? –Preguntó la mujer- Por que tu has visto muchos muchachos muy guapos y como si no existieran y de pronto resulta que te enamoraste de un profesor… Cuando Reginita me contó que estabas enamorada en su carta, nadie podía creerlo.
-Bueno –dijo Bárbara mientras evocaba el momento en que vió por vez primera a Severus Snape-, fue lo que algunos llaman amor a primera vista. La profesora McGonagall nos llevaba hacia una habitación antes de la ceremonia de selección de casas. Íbamos Regina, Azucena, el imbécil del Chúntaro y yo siguiendo a la profesora por un corredor, cuando lo ví. El profesor caminaba hacia el lugar de donde veníamos nosotros, de manera que nos cruzamos en el camino. Desde que lo ví de lejos, me pareció sumamente atractivo, con ese aire sombrío, su capa negra ondeando al viento con cada paso que daba, esa cabellera negra… En ese momento, vieja, nuestras miradas se cruzaron… Sus ojos… esos ojos tan negros… podrían perderme eternamente en la hermosa oscuridad de esos ojos…
Bárbara se levantó del sofá donde estaba sentada y avanzó hacia una ventana para mirar el ir y venir de la gente que caminaba por las calles de Hogsmeade. Bárbara pudo reconocer a los gemelos Weasley que entraban en la tienda de bromas de Zonko. Eustaquia se levantó y se acercó a Bárbara.
-¿Y qué sentiste en ese momento?
-El me miró de una manera tan extraña… -respondió Bárbara mirando por la ventana con la vista perdida en las nubes- que me sentí desnuda del alma… Como si Severus Snape pudiera anular mi voluntad.
La expresión de Eustaquia se le iluminó de alegría.
-Te sentiste mujer –dijo la vieja emocionada- ¡Eso es bueno, Barbarita! Ese tal Severus Snape te hizo sentir mujer por primera vez en tu vida.
La joven se volvió hacia su nana mirándola con sus ojos color verde grisáceo.
-¿Y eso qué tiene de bueno? –Dijo la muchacha, su mirada parecía asustada- Las mujeres son débiles, lloronas… siempre esperando al hombre que les resuelva la vida, que las rescate…
-No deberías verlo de esa manera, Bárbara –dijo Eustaquia-. Desde el momento en que sentiste eso… Tengo que ver en persona a ese profesor. No puedo quedarme con la pura descripción…
Melquíades, quien había tomado su forma humana avanzó hacia Eustaquia.
-Yo ya he visto al profesorcito, vieja –dijo-. Es justo como lo describe mi doña. Pero es medio estirado, lo he estado vigilando por las noches.
En ese momento, las amigas de Bárbara entraron de nuevo. Sybella y Azucena miraron a Melquíades.
-Bu-buenas tardes –dijo la chica de cabello castaño al indio.
-Buenas tardes –respondió el.
-Me parece muy conocido –comentó Azucena mientras miraba fijamente al hombre-. ¿Lo he visto antes?
-Uuuuy, muchas veces, niña –dijo Eustaquia.
Regina y Bárbara se miraron entre sí. Entonces Bárbara se acercó a las otras dos chicas.
-Les digo quien es si ustedes juran guardar el secreto –dijo Bárbara.
Zuce y Sybella se miraron entre sí y entonces se volvieron hacia su amiga.
-Lo juramos –dijeron ambas.
Bárbara sonrió y se colocó junto al indio.
-El es Melquíades, mi gato –dijo- en realidad es un animago. Mis papás lo enviaron para que me cuidara y me protegiera, además de ayudarme en lo que le pidiera.
-Como un guarda espaldas –murmuró Azucena-. Entiendo.
Sybella se quedó pensando. Muchas cosas comenzaban a tener sentido, como el hecho de que Bárbara a veces pedía que la dejaran sola con su gato en el baño de Myrtle, o el hecho de que el gato saliera de la habitación o simplemente volteara hacia otro lado cuando alguien comenzaba a cambiarse de ropa o se desvistiera, o incluso el hecho de que había encontrado varias veces a Bárbara, e incluso a Regina conversando con el gato como si se tratara de un ser humano, y el hecho de que el gato parecía entender a la perfección todo lo que decía su dueña, y obedecía cada indicación de Bárbara.
-Siempre pensé que era un gato demasiado inteligente –comentó Sybella-. Ahora entiendo por qué.
-Pero nadie debe saberlo –dijo Regina-. Bárbara podría meterse en serios problemas por meter a un animago en Hogwarts.
-Si, no te preocupes –dijo Azucena.
-Por mí tampoco –corroboró Sybella-. ¿Pero qué les parece si vamos a Honeydukes por unos ricos dulces?
-¡Vamos! –Dijo Eustaquia- El papá de Barbarita me encargó unos dulces de ahí.
El grupo salió de la taberna y se dirigió a echar un vistazo a las tiendas. Compraron unos cuantos dulces para los papás de Bárbara y otros cuantos para los de Regina.
-¿No quieres algo para ti, brujeador? –le preguntó Bárbara a Melquíades.
-No mi doña, gracias –contestó el animago sonrojado.
-Bueno, entonces te compro una paletita de las que no se acaban –dijo Bárbara con una sonrisa mientras buscaba en las paletas- ¿De qué sabor quieres?
Melquíades se sonrojó y miró hacia otro lado. Sybella observó la escena.
-Del que usted quiera, mi doña –dijo.
Bárbara tomó una paleta en cuyo envoltorio se leía "Sabor naranja" y se la dio al Brujeador.
-Ten, Melquíades –dijo la chica al darle la paleta-. Te escogí una de naranja, por que se que es la que mas te gusta.
El animago sonrió.
Salían de la tienda de dulces cuando Eustaquia le entregó una pequeña libreta; la cubierta estaba forrada de brocado de seda en rojo con dragones dorados bordados.
-Este es tu regalo, Barbarita –le dijo mientras le entregaba la libreta a la joven- Es un cuaderno "Xiao". Se lo compré a un brujo chino.
-¿Es uno de esos cuadernos en los que lo que dibujas, ocurre? –inquirió Sybella.
-Así es –dijo la nana orgullosa-. Esto le puede ayudar a mi muchacha con su amorcito.
-Pero hasta donde yo se –dijo Bárbara-. No puedes manipular los sentimientos y pensamientos de las personas con ello, solo manipulas los hechos para que conduzcan a lo que dibujaste ahí.
-Pues sí –dijo Eustaquia-, pero sirve para dar un empujoncito, por ejemplo, producir un acercamiento, un encuentro, y ya lo demás depende de ti, Barbarita.
-Hagamos una prueba –dijo Bárbara-. ¿Qué quisieran que ocurriera?
-¡Hay qué hacerle una travesura a Malfoy! –dijo Regina.
-¡Sí! –Exclamó Bella- ¡Eso sería muy divertido!
Bárbara comenzó a dibujar a Malfoy bailando y quitándose la ropa en plena calle con un montón de transeúntes observando y riendo. Mientras un perro lo orinaba. Después dibujó a Draco Malfoy persiguiendo a ese mismo perro que se llevaba su ropa.
-Ahora solo esperen –dijo Sybella con una sonrisita maliciosa.
En ese momento, Draco Malfoy salió de una de las tiendas acompañado por Crabbe y Goyle, y al verlas decidió ir con ellas.
-Miren a quien tenemos aquí –dijo arrastrando las palabras como de costumbre-, las tres venenosas de Slytherin y su amiga, la "sangre sucia".
-Para empezar, Barbie pirata del mercado rodante, Bella también es una venenosa –dijo Regina molesta-. Y deja de llamarla de esa manera, si no quieres que venga... la paloma y te mire.
-¿La paloma? –dijo el frunciendo la nariz-. ¿Y qué va a hacerme una paloma?
Las muchachas se miraron entre sí algo asustadas, como si la paloma fuera un temible mago peor que el mismísimo Voldemort.
-La paloma, Malfoy, la paloma… ¿A poco no sabes de la paloma? –dijo Bárbara.
-Es obvio que no –respondió Draco cruzado de brazos.
Las tres mexicanas se miraron entre sí preocupadas y miraron a Malfoy con un gesto lastimero
-No quieres saber lo que va a pasar cuando la paloma te mire, Malfoy –murmuró Regina- terribles cosas ocurrirán.
-Te va mirar –dijo Bárbara en tono misterioso-. Y una vez que te mire…
-Te va a picar la cara –continuó Azucena.
-Y se va a cagar en tu cabello –concluyó Regina- Y entonces, una terrible maldición caerá sobre tu familia. Tu papá ira a Azkaban, y tu te convertirás en un emo…
-¡Por favor! –exclamó el rubio restándole importancia.
-Ríete todo lo que quieras –dijo Bárbara-. Pero si un día al despertar encuentras a una paloma parada en la cabecera de tu cama, no vayas a llorar.
Malfoy miró a sus dos amigos y se rió con ellos. Sybella observó que de una rama se desprendía un hilito de donde bajaba una araña no muy pequeña y se posaba sobre el hombro del rubio. La araña caminó hacia el cuello del chico y se le metió dentro de la ropa. Draco sintió el cosquilleo y comenzó a gritar.
-¿Qué es eso? –Dijo asustado- ¡Algo se ha metido dentro de mi ropa!
El chico comenzó sacudirse la ropa y a quitársela mientras brincoteaba por toda la calle mientras la gente lo miraba azorada. Bárbara y sus amigas estaban doblándose de la risa cuando Malfoy quedó en calzoncillos. En ese momento, un perro negro se acercó y lo orinó. Entonces el animal tomó la ropa de Malfoy y se fue corriendo. Malfoy lo siguió.
-¡Regresa acá, perro sarnoso! –vociferaba Malfoy mientras perseguía al perro por todo Hogsmeade. Crabbe y Goyle se fueron tras el.
Sybella reía mientras se sujetaba el estómago, que le dolía de tanto reír. Bárbara se balanceaba de un lado al otro de la risa mientras Regina y Zuce reían abrazadas y Melquíades reía discretamente. Eustaquia miraba hacia donde Malfoy se había ido con algo de compasión.
-Pobre muchachito –dijo- ¿Por qué le hacen eso?
-¿Cuál pobre, vieja? –Dijo Bárbara tratando de no ahogarse de la risa- Si bien que se lo merece, es bien mamón. Se la pasa llamando "sangre sucia" a cualquier mestizo o nacido de muggles. Es bien sangrón.
-Si tu lo dices… ¿Sabes? Me gustaría ver al profesorcito ese que tanto te gusta Barbarita -dijo Eustaquia-, para conocerlo.
-Podríamos infiltrar a Eustaquia a Hogwarts con tu capa invisible –sugirió Azucena.
-Eso no es problema –dijo Bárbara-. Aquí la traigo. El pedo es cuando tenga que salir…
-¡Le podemos pedir a Hagrid que nos ayude! –exclamó Sybella.
Bárbara se dirigió a su nana.
-¿Te gustaría entrar a Hogwarts por un rato solo para que veas al profe Snape? –le preguntó.
-Pero muchacha, ¿Y si me descubren?
-¡Tengo una idea! –Dijo Regina- para no meternos en tantos problemas, que Eustaquia diga que viene de parte de los papás de Bárbara y que hable con el de lo que se le ocurra. Siendo Snape el jefe de la casa, tiene qué responder por los alumnos de esta, ¿No es cierto?
-¿Y qué debería decirle Eustaquia de parte de mis papás? –inquirió la ojiverde.
-Podría decirle que necesita atenciones especiales –dijo Azucena-. Que en las noches se pone triste, y que necesita apapachos nocturnos de parte de su maestro consentido, y que si eso no ocurre, Bárbara se convierte en una psicópata asesina… Así, matas dos pájaros de un tiro: Eustaquia le dará el visto bueno al profe, y Snape sentirá que es su obligación irte a apapachar por las noches y lo hará…
-¡Eso es estúpido! –replicó Sybella
-Lo sé… -dijo Azucena- Pero no vas a negar que sería muy divertido que Snape se la creyera.
-¡Ya se! –Dijo Bárbara- Dile que simplemente querías conocer a la persona que se hace cargo de mí, hazle preguntas sobre mi desempeño en clase, mi comportamiento, etcétera.
-Esa es buena idea –dijo Sybella.
Las venenosas fueron a Hogwarts acompañadas por Eustaquia y Melquíades, quien había recuperado su forma de gato. McGonagall, quien era la encargada de supervisar la salida ese fin de semana, les preguntó acerca de Eustaquia, ellas le dijeron lo que habían acordado antes decir; que los padres de Bárbara la habían enviado para hablar personalmente con la persona que se hacía cargo de la joven. McGonagall aceptó mandar llamar a Snape debido a que Eustaquia le había causado una muy buena impresión debido a su sencillez y amabilidad.
Snape acudió a donde se encontraban Bárbara y las demás acompañadas por Eustaquia, quien al ver al jefe de la casa Slytherin quedó impactada. Eustaquia siempre pensó que la niña a quien cuidaba se enamoraría de alguien diferente; alguien alegre, risueño, guapo… Y no era que Snape le pareciera feo, más bien le parecía una persona muy sombría, sin embargo, inmediatamente comprendió el por qué le había gustado a su niña, Severus Snape era una persona que a primera vista impactaba, ya fuera de una forma desagradable o todo lo contrario, el hombre impactaba por que impactaba, con esa cabellera negra, lacia, su mirada penetrante, y esa aura de misterio que lo envolvía.
-Profesor Snape, -dijo Bárbara algo nerviosa-. Mi nana Eustaquia quiere hablar con usted… mis papás la enviaron por que querían saber quien se hacía cargo de mí.
Snape se volvió hacia la anciana.
-Buenas tardes, profesor –dijo la mujer un poco intimidada por la presencia de Severus Snape- Mi nombre es Eustaquia Sandoval, vengo de parte de los padres de Barbarita.
-Mucho gusto en conocerla –dijo Snape en tono cordial- Si gusta pasar a mi oficina…
-Oh, no es necesario –respondió la anciana-, ya soy vieja y este lugar es enorme…
-Como diga, -respondió el hombre-¿Podría decirme que la trae por… aquí?
-Bueno profesor… ocurre que los padres de Barbarita asistieron aquí mismo cuando eran estudiantes, y conocen el lugar y a casi todos sus maestros con algunas obvias excepciones, como usted, que es muy joven. La mamá de Barbarita estuvo en Slytherin, y como usted sabe, el jefe anterior de Slytherin, el profesor Slughorn se retiró hace tiempo, y…
-Quiere saber quien es el jefe de Slytherin ahora –dijo Snape -, supongo…
-Así es –corroboró Eustaquia-, y también estaban interesados en saber cómo se desenvolvía la niña en la escuela, como usted sabe, nuestras costumbres son muy diferentes…
Snape la miraba pensativo.
-¿Cuál es el nombre de soltera de la madre de Bárbara? –indagó Snape
-Alchemy Morningside –respondió Eustaquia.
-Creo que la recuerdo –dijo-. Ella es unos años mayor que yo, y fue prefecta cuando yo entré. Sí la conocí. Yo estudié en Hogwarts y estuve también en Slytherin. Actualmente imparto la materia de Pociones y yo soy el jefe de la casa. Mire, le aconsejaría que hablara con el profesor Dumbledore el…
-Oh, yo quiero hablar con usted, profesor Snape -interrumpió la mujer-. Después de todo es usted quien tiene mas contacto con mi Barbarita. ¿Qué me puede decir de ella?
Snape miró a Bárbara y entonces a Eustaquia.
-La señorita Mondragón es una estudiante muy talentosa, en lo que a pociones se refiere, de hecho mencionó que usted le enseñó algo –dijo el hombre de cabellera negra-. Sin embargo, la señorita es un tanto… alborotadora fuera de clase.
-¿Pero en la clase se porta bien, verdad? –preguntó Eustaquia lanzándole una mirada severa.
-Sí, al menos en mi clase, es muy bien portada, y es una de las mejores alumnas que he tenido, a pesar de que por momentos pareciera que está en las nubes –dijo mirando a la muchacha, quien se puso colorada-. El único problema que he tenido hasta ahora con ella, fue que hace unos días le llamé la atención por haber dicho una frase muy vulgar en clase. Pero fuera de eso, es una muy buena estudiante.
-Me alegro –suspiró Eustaquia-. Es buena niña mi muchacha. Y muy talentosa… debería oirla cantar, profesor. Canta precioso…
-¡Ay vieja! –Dijo Bárbara con su rostro colorado- Qué cosas dices…
-¡Ay, pues si es la verdad! –replicó Eustaquia y se volvió hacia Snape- A Barbarita le gustaba mucho cantar… siempre llenaba la casa de alegría con su voz…
Snape observó a Bárbara, que se puso colorada, Regina, Azucena y Sybella se reían discretamente, cosa que lo divirtió.
-Pero bueno, profesor –dijo Eustaquia al fin-. Supongo que le he quitado ya mucho tiempo, al menos se que mi Barbarita está en excelentes manos, eso es lo que mi muchachita necesita… un hombre responsable que la guíe.
Eustaquia se acercó al profesor.
-Cuídemela mucho, protéjala –dijo la anciana tomando la mano de Snape entre las suyas-. Estamos dejando en sus manos la joya mas preciada para nosotros.
-Cuidaré de ella –aceptó Snape, quien parecía algo abochornado por la situación.
Sybella observaba la escena divertida, Snape se veía muy nervioso.
-Mírela, profesor –dijo Eustaquia mirando a la muchacha-, ¿No es hermosa, mi muchachita? Su cara tan bonita y unos ojos muy hermosos… ¿A poco no tiene unos ojos bellísimos?
Snape miró a la chica y se ruborizó, claro que la encontraba bonita… mucho muy bonita.
-Y debería verla en traje de baño, profesor –insistió Eustaquia- Tiene una cinturita…
-Vieja, ven –dijo Regina-, quiero presentarte a mis novios…
La mujer sonrió.
-Si me permite profesor –dijo-. Muchas gracias por su tiempo. Ahí le encargo a mi muchachita, cuídemela mucho y no la haga llorar. Te espero allá, Barbarita.
Eustaquia se alejó junto con las demás chicas dejando a Bárbara y al profesor. Snape se acercó a la chica.
-Señorita Mondragón –dijo Snape mirando a la anciana que se alejaba junto con Regina y las otras hacia donde estaban los gemelos Weasley-, ¿Por qué su… nana, me habló como si yo fuera a casarme… con usted?
-No tengo idea, profesor –dijo Bárbara- No tengo la más mínima idea…
Alumna y profesor se miraron sonrojados, y Snape sonrió levemente. La chica se ruborizó aún más y sonrió, se miraron uno a otro unos segundos.
-Tengo… tengo que ir a despedirme de mi nana –dijo la chica escabulléndose de la mirada del profesor.
-Adios… -susurró Snape mirándola mientras se alejaba- Bárbara…
Cuando Bárbara llegó con sus amigas, notó que los gemelos Weasley estaban tan rojos como su cabello al igual que Regina.
-¿Qué pasó? –preguntó Bárbara algo extrañada.
-Nada, nada –dijo Regina- Creo que ya es tiempo de que vayamos a dejar a Eustaquia.
-Vamos –dijeron las demás.
Las chicas acompañaban a Eustaquia hacia la puerta principal de Hogwarts.
-Ay, Barbarita, ya se por qué te gustó –dijo Eustaquia mirando a la chica con una sonrisa-. El señor Severus es un hombre muy interesante. Y le gustas…
-¿Qué te hace pensar eso? –inquirió Bárbara.
-La forma en que te mira, mi' jita, siempre se sonroja.
-Ay, vieja, yo creo que es mas por lo que dices que por mí misma…
-No, mi'jita, yo se lo que digo, el está enamorado de ti –afirmo la anciana-. Se le nota en los ojos… Más sabe el diablo por viejo que por diablo….
-Lo que digas, vieja –dijo Bárbara con una sonrisa.
Al llegar a la puerta de Hogwarts, las muchachas se despidieron de la anciana quien partió acompañada por Melquíades rumbo a Hogsmeade.
¿Y qué piensas acerca de el, vieja? –preguntó Melquíades, quien había asumido su forma humana para acompañar a la mujer.
-Con que haga feliz a mi Bárbara estoy contenta –afirmó-. Por que si no… entre tu y yo, le va a ir muy mal a ese hombre.
-No se preocupe, vieja –respondió el indio-, conmigo solo basta… nadie le hace daño a mi doña.
