Dedicado a: ¡Don Segundo! Por la cantidad de veces que se ha portado tan requetebién conmigo, por ser tan gracioso y majete y tenerme tan consentida xD. ¡Y porque ya va siendo hora de que le dedique algo, leñe! Lamento que no sea de la calidad que tú mereces, solo espero que lo disfrutes y me hagas saber tu opinión. ¡Va por ti Padrino!
Historias de amor bajo el muérdago.
By: Deraka.
Beso cuarto: Cuestión de narices
Realmente aquello parecía un campo de minas. Con la única diferencia de que esta vez se encontraban colgadas del techo en lugar de hallarse bajo tierra, aunque no por ello resultaban menos peligrosas. Usuff se vio obligado a pasar por la habitación haciendo mil contorsiones para evitar quedar debajo de aquellas cosas mientras maldecía interiormente la "brillante" idea del cocinero de abordo. Para él toda aquella pantomima podía resultar todo lo romántica que quisiera pero, honestamente, para el resto de los tripulantes no suponía más que un engorro.
-¡Por el amor de Dios! - Usuff tuvo que girar a cabeza ante el tremendo panorama que acababa de encontrar.- Esas cosas hacedlas fuera.
-Mira que eres tonto, Usuff.- Luffy le echó la lengua.- Precisamente fuera no se puede hacer porque no hay muérdago colgando. Anda Chopper ven aquí y dame un beso muamuamua…- el renito rió ante los morros de su amigo aunque sin dejar que estos se posasen en él. Usuff tuvo que rectificar mentalmente, no todos los tripulantes lo veían como un engorro: algunos simplemente se tomaban todo aquello de los besos bajo el muérdago como un simple juego o algo para tomarse a cachondeo. Era el caso, como no, de Luffy, que andaba todo el día de aquí para allá besuqueando a todo incauto que se cruzase por su camino. De hecho, en una ocasión pilló por banda a un Zoro que caminaba despistado y el espectáculo fue digno de verse ya que, a pesar de la resistencia por parte del espadachín, Luffy se empeñó en darle uno con lengua ¡y vaya si lo consiguió! Usuff se compadeció del peliverde, ¡aquello le iba a dejar un trauma de por vida, fijo! Y sin embargo Luffy simplemente se había echado unas buenas risas y había ido a buscar una nueva víctima. Desde entonces el ex cazador de piratas evitaba penetrar en el interior del barco salvo que fuese absolutamente necesario.
En cuanto a Robin, suertuda ella, ahí por donde pasaba podía hacerlo sin peligro de que le reclamasen besos ya que sus útiles manos iban apartando cualquier molesta ramita que la amenazase.
No obstante, para gente corriente y moliente como era Usuff, que no veía aquello más que como una absoluta cursilada, el transitar por los camarotes, pasillos o comedor del barco esos últimos días se había vuelto poco más que una misión imposible. No es que no quisiera besar a nadie (bueno, a nadie que fuese alguno de sus compañeros masculinos) es más, interiormente deseaba que se diese la maravillosa casualidad de encontrarse con "cierta" persona bajo el mismo ramito. Pero el gran bucanero se conocía lo suficientemente bien y sabía que cualquiera de sus reacciones llegado el caso sería demasiado vergonzosa para él, y quizás más aún para ella.
Con todo esto no era, pues, raro ver al narigudo atacado de los nervios durante esos días.
-¡Luffy! ¿Se puede saber dónde has puesto mi caja de herramientas? - preguntó exasperado al capitán.
-Uhm… creo que vi un tornillo por la cubierta el otro día…- caviló el moreno en voz alta, aumentando el cabreo de su camarada.
-¿Y dónde se supone que estaban el resto? ¿No te he dicho mil veces que no cojas mi caja sin permiso? No es ningún juguete.
-Jo, es que ese día me aburría muchísimo y Sanji ya no me quería en su cocina.
-Por qué no me extraña…- Usuff meneó la cabeza llegando a la conclusión de que Luffy no tenía ni idea del paradero de la susodicha caja. Se dio la vuelta para salir del cuarto y seguir buscando cuando se encontró casi de bruces con la morena de abordo. Afortunadamente ninguna ramita traicionera se hallaba sobre ellos.
-¡Oh! Perdona Usuff… fui yo quien cogió la caja de herramientas hará un par de días… se había roto una de las baldas de mi estantería y tenía que arreglarla.
-¿Y porqué no me pediste a mí que lo hiciera?
-Porque como siempre estás diciendo que no eres el carpintero del barco pensé que te molestaría…- contestó, sonriendo, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Huelga decir que Usuff se quedó sin palabras que replicar a la astuta arqueóloga.
-Uhm…. Bueno, vale. No importa con tal de que me la devuelvas sana y salva.- ella sonrió.
-No te preocupes, está tal cual la cogí, en nuestro cuarto. Puedes ir a buscarla.- y con esto la chica se marchó, seguramente a hundir la nariz en algún libro o a tratar de convencer a cierto espadachín de que entrase en el barco, esperando que ambos terminasen bajo alguno de los miles de ramilletes que colgaban del techo.
Usuff enfiló por el pasillo hasta la habitación de las chicas mientras cavilaba: no había visto a Nami en toda la mañana, salvo en un breve lapso de tiempo en el que había ido a comprobar el rumbo. El moreno podría asegurar que la pelirroja se hallaría ahora enfrascada en la elaboración de un nuevo mapa. Tal vez lo mejor en ese caso sería no molestarla, pero daba la casualidad de que Usuff necesitaba su caja de herramientas con urgencia, al menos con la suficiente como para estar dispuesto a enfrentarse al mal humor de la pelirroja. De este modo, casi sin darse cuenta de ello, nuestro bravo bucanero se encontró llamando tímidamente a la puerta de la habitación con los nudillos.
Toc Toc
-¿Sí?- se oyó la voz de Nami desde el otro lado, no parecía sonar muy irritada.
-Esto… soy Usuff.- tragó saliva antes de continuar.- He venido a por una cosa…
Antes de poder terminar la frase, se oyó el sonido de una silla arrastrándose, un par de pasos y acto seguido la puerta abriéndose. El moreno pestañeó incapaz de seguir hablando.
Nami se hallaba al otro lado, observándolo interrogante. Realmente se notaba que había estado en la habitación todo el tiempo y sin hacer caso a otra cosa que no fuesen sus mapas: tenía puestas las gafas y el pelo amarrado en una coleta floja, que dejaba escapar algunos mechones rojizos que enmarcaban desordenadamente su rostro. Vestía unos simples shorts y una camiseta que, raro en ella, le iba muy holgada y no dejaba de resbalársele por un hombro, por lo que la chica tenía que colocárselo constantemente.
-¿Y bien?- preguntó la navegante quitándose las gafas y mirándolo con sus enormes ojos color café.
-Er….. – el moreno tardó en reaccionar ante lo que veía. A pesar de no estar ni la mitad de arreglada, ese aspecto de chica trabajando en sus papeles le daba a Nami un aire muy distinto. Más dulce.
-Eo…- la pelirroja pasó su mano por delante de los ojos del carpintero, buscando alguna reacción en él.- ¿Para qué habías venido? ¿Está ya la comida?, ¿Ha cambiado el rumbo?, ¿Alguna tormenta a la vista?
-¡Ah! N-no, nada de eso. Perdona que te moleste.
-No tiene importancia.- vaya, aquello sí que lo dejó asombrado. ¿Desde cuando Nami no le daba importancia alguna a las interrupciones en su trabajo? Ella que armaba un pollo histórico por el mero hecho de que se oyese una voz más alta que otra mientras dibujaba.
-Estoy buscando mi caja de herramientas… Robin me dijo que hace poco me la cogió y… bueno, no sé… ¿Está por ahí?- Usuff desvió la mirada mientras se rascaba la nuca. Nami se giró hacia su habitación para buscar la susodicha caja.
-Es esta ¿verdad? – en efecto, en un rincón reposaba la gran caja gris donde el narigudo guardaba todo su instrumental. Nami se agachó para cogerla, mo obstante...- Ufff… pues sí que pesa.
-Espera, ya la cojo yo. Con permiso.- Usuff entró en la habitación, no sin cierto reparo, e intentando no fijarse demasiado en el aspecto de ésta para no parecer descortés, y se acercó hasta donde estaba la pelirroja agachada y medio levantando la pesada caja.- Déjamela a mí, pesa mucho.- y fue en ese momento, al ponerse junto a ella, cuando su mirada se dirigió (inconscientemente todo hay que decirlo) del rostro esforzado de su compañera a la camiseta que llevaba y que, en la posición en la que estaba, dejaba ver sin tener que esforzarse demasiado el canalillo y ropa interior que llevaba la navegante.
Usuff notó como se le subían los colores de repente, apartó la vista bruscamente y agarró con fuerza la caja, levantándola. ¡Necesitaba salir de ahí cuanto antes!
-Uhm… vale, ¡muchas gracias! Yo ya no te molesto más ¿eh? Venga ¡nos vemos!- y, casi sin dar opción a la pelirroja de hablar, salió cerrando la puerta con más fuerza de la que pretendía. La expresión de Nami era de un desconcierto absoluto.
-¿Pero qué mosca le ha picado a éste?
-¡Buuffff, al fiiiin!- el moreno se dejó caer en su sitio preferido mientras comenzaba a sacar todos sus cachivaches, todavía no se había recuperado del todo de la impresión de ver así a su compañera. Una parte de él trataba de alejarla, inútilmente, de su mente. No obstante, a esas alturas ya no podía negar el hecho de que Nami le atraía de una forma que jamás pensó que ocurriría. Podía ser borde, arisca y caprichosa. Codiciosa y egoísta. Competitiva y tremendamente manipuladora. Pero, cuando dejaba ver su lado más humano, se mostraba como alguien dulce, honesta y comprensiva; dispuesta a sacrificarlo todo por ayudar a alguno de sus camaradas. Seguramente todo lo sufrido durante su infancia la había forzado a adoptar un carácter tan retorcido como el que dejaba ver la mayor parte del día. No obstante, después de tanto tiempo juntos, Usuff había conseguido desenmascarar la imagen que la chica pretendía mostrar, descubriendo una Nami tan diferente, y a la vez tan encantadora, que no había podido evitar caer rendido ante ella.
Se pasó una mano por la cara y bufó, dejando salir su frustración. Nami era maravillosa, con razón traía a Sanji loquito, y con él a cualquier chico que se propusiese. Pero aquello precisamente era lo que más rabia le daba, ya que él jamás podría competir con ninguno de sus camaradas (y, para qué negarlo, tampoco con ningún otro hombre de los que se habían cruzado hasta ahora.). No tenía el carácter alegre y despreocupado de su capitán, sino que corría a esconderse a la mínima amenaza. Su pelo era todo lo contrario al rubio y sedoso de Sanji, negro y ensortijado, indomable. No poseía los músculos o la habilidad de Zoro, sus artes en el combate eran más bien mediocres. Por no resultar ni siquiera resultaba "lindo" a la vista, como pasaba con el cocinero de abordo. Lo único que tenía eran sus piernas para correr lejos del peligro, su inservible habilidad para decir mentiras que no impresionaban a nadie, y aquella nariz exageradamente larga. ¡Por todos los piratas!, ¿Cómo podía siquiera pasársele por la cabeza que Nami fuese a reparar en alguien tan insignificante como él?
Se levantó apesadumbrado y salió al pasillo, ignorando todo el muérdago que colgaba sobre él, las ganas de trabajar en sus nuevos inventos se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Cabizbajo, se dirigió a la puerta que daba a cubierta, necesitaba sentir el aire fresco y salado sobre su cara, quizás ello le haría olvidarse de la frustración que sentía.
Tan absorto iba en sus pensamientos, que no reparó en los pasos que se acercaban hacia él hasta que oyó una voz, de sobra conocida, pronunciando su nombre.
-¡Usuff!- el susodicho dio un respingo mientras se daba la vuelta de inmediato.
-Al fin te encuentro.- la pelirroja se paró enfrente de él.
-¿Me… buscabas?- Usuff tragó saliva intentando por todos los medios disimular la emoción que le producía ver de nuevo a Nami.
-Sí.- contestó, y de inmediato le tendió lo que llevaba en la mano.- Te dejaste el martillo en la habitación. Al parecer Robin lo había dejado fuera de la caja de herramientas.
-Ah…- el artillero sintió en el acto como si un globo se deshinchase en su interior. "Pues claro, idiota." le dijo una irritante vocecita en su interior "¿Te crees que te buscaba simplemente porque tenía ganas de verte?".- Vaya… muchas gracias, Nami.- cogió el martillo, más decepcionado si cabe, e hizo ademán de volverse para salir al exterior.
-¡Eh! Espera.- el chico se volvió de nuevo, aunque no tan esperanzado como la vez anterior.- Te noto un poco raro hoy. ¿Pasa algo?
-No…- contestó algo desganado.- En absoluto. – "La que está rara eres tú. ¿Por qué no me gritaste cuando fui a tu habitación?, ¿Por qué me tuviste que ayudar a coger la caja y por qué vienes ahora a devolverme el martillo?, ¿Por qué eres tan encantadora y te preocupas por mí, dándome falsas esperanzas?".
-Pues quién lo diría.- por tercera vez, Usuff intentó escabullirse de la presencia de la muchacha, y nuevamente ésta se lo impidió.- Oye… - esbozó una leve sonrisa.- ¿No te olvidas de algo?
-¿Eh?- parpadeó varias veces, sin comprender.- Uhm… gracias.
-Ya me las has dado.
-Esto… perdón por las molestias.
-No ha sido nada.
-Euh… La comida aún no está lista.
-¡No es eso, merluzo!- ahí volvía el agrio carácter de la Nami que conocía, aunque esta vez bastante justificado la verdad. Al ver que su camarada seguía con la misma cara, levantó su índice hacia el techo, señalando algo bajo lo que se encontraban.
Ese momento para Usuff pasó a cámara lenta, irguió poco a poco su cabeza hacia el techo hasta que su mirada topó con un verde ramillete perfectamente identificable.
Sus ojos se ensancharon más de lo normal, aquello no podía estar pasando. ¡Era demasiado embarazoso! Maldijo una y mil veces al estúpido cocinero y a su mala suerte mientras trataba de decir algo coherente sin conseguirlo.
-Ah… esto… yo…- balbuceó inseguro ante la divertida mirada de Nami. – Esto es una tontería. – dijo al fin. Ella levantó las cejas en señal de sorpresa.- Quiero decir… que no quiero que por una simple plantucha te veas obligada a hacer algo que no quieres.
-¿Algo que no quiero? ¿Como qué?- preguntó ella haciéndose la inocente.
-P-pues… está muy claro ¿no?- sintió su cara arder de vergüenza.
-No, preferiría que me lo aclarases.
-¡Pues qué va a ser!- estalló.- Está claro que no quieres besarme. ¿Quién querría besarme, con esta nariz tan horrible que tengo? Deja de cachondearte de mí de una vez y no me hagas decir cosas tan obvias.
Unos segundos después de que el moreno hubiese descargado por fin su frustración, sintiéndose al menos un poquito más liberado, escuchó la risa de su amiga que se fue convirtiendo en una leve carcajada.
-Desde luego… tienes una imaginación de miedo.- comentó sin parar de reír.- ¿Desde cuándo una nariz va a suponer un impedimento para besarte?.
Aquella frase fue como un dardo acertando en la diana, que hizo que Usuff se pusiera más rojo si cabe. ¿Estaba tratando de decirle acaso…?
La chica dio un paso acortando la distancia entre ellos, para enorme asombro del artillero.
-Ah… Nami…- sentía que dijera lo que dijera, estaba de más. Y por lo visto ella también lo sintió así, porque con un leve "shhh…" lo mandó callar mientras tomaba su cara con sus manos y la inclinaba un poco. Lo siguiente que notó fueron unos suaves y carnosos labios posarse sobre los suyos en el que era el primer beso de su vida, con la chica de la que se había enamorado, y bajo una de las tantas ramitas de muérdago que había colgadas bajo el techo.
Y tal como empezó, terminó. Nami le sonrió mientras él sentía que todas las funciones de su cuerpo habían quedado paralizadas.
-¿Ves como la nariz no era ningún problema? – le dio un golpecito juguetón con su dedo índice.- Avísame cuando esté la comida.
Y sin nada más que decir, se dio la vuelta y caminó hacia su habitación, dejando tras de sí a un confundido, pero muy feliz, Usuff. Una sonrisa se fue formando poco a poco en sus labios. Ahora estaba más que seguro de que aquella chica era maravillosa: manipuladora, pícara, entrañable… y con unos labios que sabían a mandarina.
-¡¡YOOoooshhh!!- su mano empuñó fuertemente el martillo. - ¡A trabajar!
Y no muy lejos de allí, con la puerta de la cocina entreabierta, cierto rubiales enamoradizo que había observado toda la escena, mordía melodramáticamente se delantal rosa mientras regueros de lágrimas caían por sus mejillas.
-Nami-saaannnn…… Mañana mismo quito toda esa porquería del techo…
OWARI
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
NA:
¡Vuelve Diciembre! Vuelve la Navidad, el turrón, el árbol, los anuncios de juguete por un tubo, el gordo de la lotería, el frío y…. ¡¡el muérdago!!
Ha pasado casi un año desde que comencé con esta recopilación de one-shots, casi un año habéis tenido que esperar por el capítulo cuatro. ¡Lo siento mucho! pero al ser una pareja tan rara se me atragantó en muchas ocasiones, aún ahora que lo he terminado me parece que tanto Nami como Usuff están muy OOC. Hubiese querido enfocarlo con más humor y menos profundidad, pero sin darme cuenta cada vez me iba poniendo más y más melosa hasta que salió esto que acabáis de leer. Espero que a pesar de todo os haya gustado (en especial a la persona a la que va dedicado ;) ) y volváis a darle una oportunidad a esta serie de one-shots. Esta vez trataré de publicar más de tres antes de que se terminen las navidades n.nU.
Aprovecho para dar las gracias a todos los que pusieron un review (incluso sin ser navidad xD) y también a los que puntuaron los anteriores fics. Espero que sigáis puntuándolos incluyendo a este! En el siguiente capítulo pondré el ranking de puntos y posiciones.
Para que vayáis abriendo boca el siguiente one-shot tendrá como protagonista a una pareja (hetero) de las que más gustan por aquí.
Gracias por haber leído hasta aquí y por correr a pulsar ese botoncito maravilloso que pone "submit review" xD. ¡Nos vemos en el quinto capítulo!
Deraka.
5 de Diciembre de 2006
0:05
