Había decidido ir por ella, pero Hiashi y la Hokage lo impidieron; alegando que debía de quedarse por su cargo de capitán ANBU, y a la vez para defender a la aldea.

Se sentía atado de pies y manos, esa sensación no le agradaba, le gustaba tener el control en la situación; pero que no lo dejaran tomar sus propias decisiones y que no pudiera llevarlas a cabo, era algo que lo frustraba excesivamente.

Aunque él fuera a Suna para buscarla ¿Qué le diría? Lo más normal sería pedirle perdón, el problema era que nunca lo había hecho. Ni siquiera trató de disculparse con su prima luego de casi despedazarle el corazón con un toque de Juken; le pareció suficiente cambiar su trato para con ella y parecía que a Hinata eso le bastaba, pero Ten-Ten era muy opuesta a su prima.

Pedirle disculpas sería un paso muy difícil para él, a la vez no estaba seguro si ella las aceptaría.

Los meses fueron pasando al igual que sus misiones. Pasaba la mayoría parte del tiempo encerrado en su habitación, recordando con amargura los momentos pasados.

No era el mismo de siempre, sus ojos que antes demostraba orgullo ahora solo se mostraban vacíos para las personas.

El tiempo trajo consigo la resignación de la separación que había causado, y se escudo en su eterno hermetismo.

Luego de un año sin tener noticias de ella, fue a una misión con su antiguo compañero. Se encontraba esperándolo en la entrada de la aldea cuando la bestia verde apareció corriendo.

Lee se disculpó por la tardanza y comenzó a caminar; sin darse cuenta en su mochila salio volando un sobre que fue a parar a las pies del genio. Neji se agachó para recogerlo, pero antes de dárselo notó quien era el remitente.

Ten-Ten Hyuuga

Abrió los ojos sorprendido, Ten-Ten le escribía a su compañero y, él que era su esposo no recibía ninguna carta… Arrugó el sobre con fuerza, sabía que no tenía por que quejarse, ella estaba en todo su derecho a no hacerlo pero… ¿Por qué le enfurecía tanto que Lee se mantuviera contacto con ella?

— ¿Pasa algo, Neji? — Preguntó Lee al tiempo que lo miraba extrañado, el rostro molesto de Neji no presagiaba nada bueno.

La voz de su compañero lo hizo salir de sus pensamientos, lo miró acusadoramente mientras que Lee lo seguía observando como bicho raro.

— ¿Desde hace cuanto tiempo has estado comunicándote con Ten-Ten? — Reclamó el genio.

Esa pregunta tomó por sorpresa a Lee, se fijó en el papel arrugado que su compañero tenía en la mano, inmediatamente se dio cuenta de su descuido.

—Am… este yo no em hace am —dijo de forma incoherente sintiendo sus rodillas temblar, esta acción hizo en Neji se impacientara. De forma fría exigió de nuevo una respuesta.

—Simplemente dímelo.

—Desde que se fue, me envía una carta cada semana —contestó apenado.

Neji apretó los puños con rabia pero su rostro permanecía inalterable, apresuró el paso dejando atrás a su compañero, todavía llevaba la carta en la mano.

— ¡Neji, espera! — Gritó Lee persiguiéndolo.

Deseaba saber que era lo que ella le decía en ese pedazo de papel, pero no quería quebrantar la intimidad que había entre Lee y Ten-Ten.

"Yo, ya no tengo derecho sobre ella… jamás lo tuve"

Con ese pensamiento comenzó a relajar sus músculos, dicha acción hizo que el sobre cayera al suelo. Era cierto, él ya no tenía derecho sobre ella pero esperaba al pasar los dos años que quedaban, cuando ella regresara podría arreglar lo que había deshecho.

Lee miró el sobre maltratado que estaba en el piso del polvoriento camino, tomándolo lo sopló para limpiarlo y lo guardó en su bolsillo. Observó la espalda de su compañero desde lejos, sabía que había cambiado desde la partida de su amiga pero lo conocía, Neji jamás lo admitiría.

Luego de esa misión no volvió a tocar el tema con Lee, fue la única vez que él se mostró afectado de esa manera.

Las estaciones pasaron y con ellos la desesperanza para dar paso a la ansiedad, ya el tiempo que al principio se le hacía eterno comenzaba a acabarse. En su pecho solo se hallaba el puro nerviosismo y la incertidumbre de lo que pasaría más adelante, ¿Qué haría cuando la viera? ¿Cómo se encontraría ella después de mucho tiempo? ¿Ella lo había perdonado?

Ya en el tercer año, un día oscuro se comenzó a dispersar por toda la aldea, con melancolía recordaba la última vez que la había visto. Dichosa tormenta que se había desatado a la vez extraños sentimientos de arrepentimiento despertados.

Pero ese día sería diferente, un mal presentimiento se manifestaba enrollándose en su estómago; un mensajero llego con un recado: la Godaime lo esperaba en su despacho.

Momentos después se hallaba enfrente de Tsunade, quien miraba un papel con pesar, enseguida observó a Neji con el semblante afligido.

El suspenso que sintió el genio al sentir la mirada color avellana de Tsunade; inconscientemente la preocupación lo envolvió, el ceño en su rostro se formo y apretando la quijada de pura inquietud, pensando lo peor se atrevió a preguntar.

— ¿Ha sucedido algo, Tsunade-sama?

Tsunade no dijo nada simplemente le extendió un papel, lo comenzó a leer lentamente al tiempo que abría los ojos de la impresión, no era lo que el temía… sino era algo que nunca imaginó.

— Esto no puede ser cierto… ¡Debe de haber un error! — gritó Neji al momento que miraba a la Hokage, implorando por dentro de su alma que tal vez era una mala broma o una equivocación de alguien incompetente.

Para su desgracia Tsunade se limitó a negar con la cabeza, perdió toda su displicencia y su actitud al ver ese movimiento, su mirada gris se posó en el suelo.

Impotencia, incredulidad, ira, dolor, todos esas emociones insoportables estallaron en su pecho causándole una sacudida. Solo sintió eso cuando su sufrió la muerte de su padre, y ahora esto…

— Iré por su cuerpo — murmuró dándose la vuelta saliendo de la habitación.

Tsunade asintió frustrada, solo esperaba que el clan Hyuuga no se opusiera a esa decisión.

Caminaba como un autómata por las calles de Konoha, a su alrededor bullicios de niños y de personas se revelaban ajenos al sufrimiento de cierto Ninja.

Cómo los envidiaba… ¡que demonios, los odiaba terriblemente! Cómo deseaba que aguantaran un pedazo del mutismo infierno en el cual se estaba quemando. Apuró el paso como si mil demonios lo empujaran, llevándose de encuentro a quien estuviera enfrente.

Comenzaron a caer gotas a la vez numerosos relámpagos y truenos ensordecedores se extendían en el cielo gris. Las personas corrieron en busca de refugio, pero él permanecía indiferente, dejando que el agua empapara sus ropas y su cabello.

Llegó a la mansión, se dirigió a su habitación dejando atrás un rastro de agua por los pasillos.

Tomó su mochila para comenzar a llenarla de ropa y sus accesorios personales, una silueta se mostró en el marco de la puerta.

— ¿Te han encomendado otra misión, Neji?

Sin interrumpir lo que estaba haciendo negó con la cabeza, no quería hablar si lo hacía podría perder su seriedad y dejar salir los lamentos que le estaban royendo el alma.

— ¿Por qué estas empacando?

Respiró cansado, al mismo tiempo en que se detenía en la acción anterior, miró por el hombro a la figura de corta estatura, ¿Podría hablar de ello sin derrumbarse como un niño pequeño? Se limito mejor a extender el papel con el informe.

Hanabi lo tomó suavemente pero a medida que la leía dio un respingo donde estaba parada, obviamente la noticia era sorprendente. Bajó la mirada totalmente incrédula a lo que había leído.

Neji siguió en la labor de empacar, inesperadamente sintió un calor en el hombro y una presión sin hacerle daño. Miro a la dueña de esa mano encontrándose con el rostro de Hanabi, estaba seria pero sus ojos parecían transmitirle consuelo sin necesidad de palabras.

Desvío su rostro al momento en que sus ojos comenzaban a humedecerse, al ver esto Hanabi se dio la vuelta dejándolo sólo en la habitación.

No tenía ninguna intención de pedirle permiso a su clan, se iría sin avisarles. No le importaba ya la imagen que daría, ¿Qué más daba? No importaba nada.

"Después de todo lo que he hecho por ti… ¿Eso es lo que me consideras?"

Apretó los dientes cayendo de rodillas abatido, le debía tanto a esa mujer y pensar que ya no la vería más… era algo que dolía, algo que quemaba y ardía. Fue tan injusto con ella anteponiendo las estúpidas reglas solo para hacerlos miserables a ambos; perdió su tiempo con el odio y la frustración culpándola a ella por no complacer a su clan.

Se daba cuenta que ella había sido más que una amiga.

Se fue de la mansión poco antes del amanecer, el clima seguía gris y en el ambiente se podía percibir el olor a tierra mojada.

Caminó por mucho tiempo dándose pequeños descansos, viajando inclusive de noche.

Al fin llegó a Suna, podía sentir el aire caliente rozándole el rostro. Los murmullos de gentes aumentaban cada vez que se acercaba, respiró profundamente, se sentía exhausto, el dolor de cabeza le era insoportable. Las personas lo miraban sorprendidas, tal vez por sus ropas sucias y mal cuidadas, más Neji no les prestó atención.

Tenía que buscar el cuerpo de Ten-Ten y darle su correspondiente sepultura, por lo menos sabía que ella amaba Konoha; las veces que habían entrenado al terminar a ella le gustaba acostarse en la rama de un árbol y escuchar con ojos cerrados el silencio que podría brindar en ese lugar.

Sonrío tristemente, esos recuerdos los extrañaba aún.

Una risa comenzó a despertar sus sentidos, raramente le resultaba conocida. Buscó con sus ojos grises la dueña de esa calida voz, le resultaba contagiosa y llena de alegría.

Inesperadamente distinguió una cabellera castaña con unos moños, cerró con fuerza los párpados, tal vez el cansancio le estaba creando alucinaciones, la mente le estaba jugando una mala pasada… simplemente era imposible.

La risa seguía sonando, abrió los ojos de nuevo. Fijo la vista donde estaba esa mujer temiendo que se desvaneciera, y se diera cuenta que era un sueño pero ella seguía ahí, se dejó llevar, se acercó lentamente donde estaba la figura femenina, quien estaba limpiando la mejilla de un niño.

Pronto su sombra abarco a la mujer, al sentir esto ella se dio la vuelta instintivamente para enfrentar que era lo que le estaba tapando los rayos del sol.

Simplemente era imposible, como era que le habían dicho que estaba muerta y ahora estaba ahí frente a él; mirándolo con esos ojos cafés. Distintas respuestas se le vinieron a la mente tal vez era la insolación o el cerebro se le había cocido demasiado por el calor.

— N-Neji…

Esa voz lo saco de su debate interno, ella lo miraba con la misma incredulidad en su rostro. Le había llamado por su nombre, ¡era Ten-Ten! ¿Pero como era posible? ¿Cómo es que ella estaba ahí mirándolo? ¿Por qué?

Aunque tenía numerosas dudas solo consiguió asimilar la última para que saliera de su garganta.

— ¿Por qué?...

Inesperadamente sintió una presión en su pecho y unos brazos que abarcaban sus hombros y su cuello. Ten-Ten lo estaba abrazando.

—Me alegra verte… hace tiempo que no nos vemos —diciendo esto se separó de él con una risa nerviosa, luego lo miró de arriba para abajo —. Te ves terrible… vamos, te llevaré donde puedas asearte y para que puedas recibir un buen descanso.

Diciendo esto lo tomó de la mano a la vez hacía lo mismo con el niño quien estaba con ella, un pequeño de unos tres años cabello oscuro y ojos verdes. Neji se dejó llevar, todavía no había podido asimilar lo que acababa de pasar, tres años sin verse, tanta distancia que los separaba y a la vez excesivas diferencias acumuladas entre ellos; pero ahí estaba ella como si nada había pasado haciendo que todo ese tiempo acaecido fuera un mal sueño, algo que jamás sucedió.

Todo era tan confuso, tan irreal, sentía que estaba apunto de volverse loco.

Las tres figuras desaparecieron en el interior de un edificio dejando atrás el bullicio de gente y el pesado sol del mediodía.

Unos metros lejos en el interior de otro edificio se encontraba un hombre vestido de negro, respirando agitadamente cargando un bultito en sus brazos. Si Ten-Ten no le hubiera hecho señas para que se alejara, probablemente el secreto que difícilmente trataba de ocultar hubiera quedado al descubierto.

Se sintió observado por unos ojitos grises quienes lo miraban interrogantes.

—Creo que tu madre está ocupada —dijo con una sonrisa tratando de ocultar su preocupación —. ¿Qué te parece si vamos donde Temari?

Diciendo esto, salió de la tienda donde estaba oculto y se encaminó hacia su destino.


Los personajes de Naruto no me pertenecen
ñam ñam... las asuste ¿verdad? MUAJAJAJAJAJAJA xDD ya, ya no se enojen conmigo. Sé que la actitud de Ten-Ten al final es bastante fuera de lugar por que despues de la gran pelea que tuvieron antes, ¿como va a estar tan tranquila y lo saluda como si nada?, bien esta actitud la voy a cubrir en el próximo capitulo. Besos y abrazos.