Aclaraciones: Los personajes no me pertenecen, son obra de la fabulosa JK Rowling, yo solo juego un poco con ellos.

Advertencias: Lenguaje vulgar, probablemente algo de Ooc, (aunque trataré de ser fiel a la personalidad de cada personaje), tensión sexual y un hurón sexy que viene a arruinarlo todo(?)

Summary: Harry y Ron empiezan a creer que algo anda mal con su mejor amiga. Actúa raro, no la ven ya casi en el comedor, ha empezado a cubrir su cuerpo con más prendas durante el día y ahora tiene una extraña alergia al sol. Ambos tienen la ligera sospecha de que algo sucedió durante las cortas vacaciones de Navidad.

Hermione siempre tiene la misma pesadilla, despierta envuelta en oscuridad, sintiendo el frío tacto de un desconocido, pero solo recuerda sus pulmones llenos de agua y un líquido carmesí calentar su garganta.

Adrik, un antiguo y poderoso guerrero vampiro perdió lo más importante de su vida el día que le arrebataron a su novia, la mujer que el destino había elegido para él.

Con una sed de venganza, Adrik busca la forma de traerla de vuelta, sin imaginar que después de tres largos siglos finalmente ella volvería a él, convertida en la tierna mortal, Hermione Granger.

Ahora lo único que queda en su lista es acabar con el mago que le quitó la vida a su novia, el despiadado Cornelius Malfoy...aunque ahora luce más joven de cómo lo recordaba.

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Dos veces ella

By: Allie-Laufeyson

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Capítulo 3: Algunos cambios

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Tonks miraba con curiosidad los coches, las señales de tránsito y las bicis estacionadas en las calles del bonito barrio residencial muggle en Hampstead Garden Suburb. Hermione no quería decírselo directamente, pero estaba llamando la atención, no solo por la forma poco disimulada en que veía a su alrededor, si no porque llevaba una vestimenta, a ojos de sus vecinos, un tanto rara.

—Entonces… ¿los coches no vuelan? —Le preguntó.

La Gryffindor sonrió.

—No, lamentablemente.

—Eso no es divertido. —La bruja hizo una graciosa mueca.

—Oye… uh, ¿sabes? No es necesario que me acompañes hasta la puerta, puedo caminar sola desde aquí, está a tan solo una cuadra de distancia y no me gustaría que llegaras tarde a casa por mi culpa. El Ministro y tú ya han hecho mucho por mí.

—¿Estás segura? —Tonks parecía pensárselo un poco. Hermione solo asintió.

—Vamos, no tienes nada de qué preocuparte. Estoy fuera de peligro estando en mi viejo vecindario. —La de cabello violeta la vio por unos segundos antes de aceptar.

—Muy bien, pero ya sabes lo que dijo el sanador, si te sientes mal no dudes en enviar una lechuza, vendré por ti lo más pronto posible, ¿de acuerdo?

—Serás la primera en saberlo.

Sorpresivamente, se acercó a la castaña y la abrazó como una madre abraza a su hija antes de separarse. Tantas emociones en un solo gesto. Sabía que Tonks había estado preocupada por ella todo ese tiempo y se lo hacía saber de ese modo. No se necesitaban palabras para transmitir la alegría que sentía de tenerla con vida.

—Cuídate, ¿sí? —Se separó lentamente de ella y le colocó un mechón de cabello detrás del hombro. —Espero tener noticias tuyas pronto.

—Por supuesto. —Respondió. —Y por favor, no le cuentes a Harry o Ron de lo que hablamos, no quiero tener que preocuparlos…

La bruja le dedicó una sonrisa.

—Tienes mi palabra.

Ambas se despidieron y Hermione siguió su camino. La verdad era que necesitaba pensar un momento las cosas. Desde que despertó no se sentía como ella misma y eso era algo que no podía hablar abiertamente con Tonks o Kingsley, ni mucho menos con sus mejores amigos.

Sin duda, algo le pasaba y tenía que averiguarlo pronto. Empezaría partiendo desde el anillo. El medimago dijo que ya lo llevaba puesto cuando llegó a San Mungo. «Una Sanguinaria».

No había leído de tal cosa en los libros u oído rumores acerca de eso, se dijo a sí misma que buscaría información tan pronto le fuera posible, de momento solo quería disfrutar de estas fechas con su familia.

No se sorprendió de ver todavía las luces encendidas cuando llegó a casa. Se tragó sus nervios y llamó a la puerta, casi de inmediato escuchó un leve tintineo, como el de un cascabel del otro lado y no pudo evitar sonreír, debía ser Crookshanks. Al parecer su madre finalmente logró ponerle un collar.

Sintió cómo arañaba con sus garritas la puerta y maullaba para que alguien le hiciera caso.

—¡Voy! —Escuchó una voz femenina.

Hermione fue recibida por una sonriente mujer, quien poco a poco cambiaba su expresión a una de sorpresa. Se llevó una mano a la boca y ahogó un jadeo.

—¡Robert, rápido, mira quién está aquí! —Casi de inmediato apareció su padre. Ella les regaló una tímida sonrisa.

—¡Nuestra Hermione realmente ha vuelto! —Exclamó el hombre y la envolvió en un afectuoso abrazo. —Cielos, por un momento tu madre y yo pensamos que no vendrías para Navidad.

—¿Y perderme de abrir los regalos? ¡No lo creo! —Bromeó. —No saben cómo los eché de menos.

—Nosotros también, cariño. —Dijo su madre, luego vio su ropa e hizo un gesto de desaprobación. —¿Solo has venido con eso puesto? ¡Mi niña, no me sorprendería que pesques un resfrío! —Frotó sus manos por los hombros de su hija. —¡Pero pasa, pasa que te estás congelando afuera!

Sus padres la condujeron a la sala para que se calentara un poco cerca a la chimenea.

—¿Te apetece algún bocadillo? —Preguntó la mujer.

—Estoy bien, hace poco acabo de comer. Gracias. —Hermione se sentó en un cojín redondo en el suelo y acercó sus manos al fuego para darse calor.

—Debes estar exhausta por el largo viaje hasta aquí, ¿por qué no descansas, pequeña? —La castaña se giró para ver a su padre.

—Tienes razón, ha sido un largo viaje, estoy destruida. —Mintió.

La señora Granger se adelantó y exclamó.

—¡Entonces iré a preparar tu recámara! No sé cómo estará, pero ese gato tuyo ha hecho su nido ahí, parece que te ha echado de menos desde que tu amigo Harry lo trajo. —Sonrió. —Es un agradable muchacho, deberías invitarlo a cenar uno de estos días.

Hermione fingió una sonrisa y vio a su madre desaparecer escaleras arriba, seguida de Crookshanks. Tal vez el pobre trataba de impedir que deshicieran su obra de arte.

Se encogió en su asiento y dejó escapar un suspiro, al fin estaba en casa y estaba feliz de darse un respiro del mundo mágico. No quería tener que lidiar de momento con mortífagos, debía sentirse aliviada por eso, pero ¿por qué le seguía dando vueltas al asunto?

Podía jurar que en su batalla con Dolohov nadie más los había seguido. Estaba muy débil, y por un momento creyó que él la mataría, aunque prefirió dejarla a su suerte en ese lago.

La castaña pasó inconscientemente una mano por su vientre, ahí, en donde se suponía que debería estar la evidencia de lo ocurrido aquella noche. Si cerraba los ojos y se concentraba, aún podía sentir como su carne era cortada por ese hechizo.

Observó una vez más el fuego, como si fuera la cosa más interesante del mundo hasta que la voz de su padre la sacó de sus pensamientos.

—Tendremos una barbacoa, tus tíos y primos vienen mañana, y tus abuelos llegarán después, por lo visto tuvieron problemas encontrando vuelos disponibles. Ya sabes cómo son estas fechas. —Hermione solo asintió. La sala repentinamente se llenó de un silencio incómodo. —¿Sucede algo, princesa?

—Yo… no papá, nada. —Robert frunció ligeramente el ceño al escuchar su apagado tono de voz, pero no dijo nada. Él sabía que su hija se lo contaría tarde o temprano, pero por el momento era mejor no insistir, así que decidió cambiar el ambiente.

—Sé que no somos magos como tú o tus amigos, pero te aseguro que estas fiestas con la familia serán mágicas. —Recalcó con gracia eso último. La castaña, que parecía más animada, dejó escapar una risita.

—Ya lo creo, y muy mágicas cuando el tío Max termine ebrio y empiece a hacer alguna tontería. —Su padre le dedicó una sonrisa de complicidad.

—Ese es el espíritu Navideño.

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Después de la pequeña charla con su padre sobre los demás planes familiares y tras desearle buenas noches, alegando que en realidad necesitaba recuperar fuerzas si quería estar en buenas condiciones para lo que se venía, se dirigió a su recámara. Vio a su madre acomodando las últimas almohadas antes de voltearse. Se acercó a ella y besó su frente.

—Si necesitas algo no dudes en pedírmelo. Descansa, linda. —Hermione le dio un último abrazo y se arrojó a la cama. Frotó con frustración su rostro.

Escuchó el maullido de Crookshanks saliendo de su armario. La puerta estaba parcialmente abierta y podía ver claramente una bola de pelos.

—Así que es ahí donde te escondes, ¿eh? —Sonrió. —Ven aquí. —Lo llamó desde su cama; sin embargo, no se acercó. Pensó que algo andaba mal, normalmente él acudía a su llamado, pero el gato solo se la quedó viendo al tiempo que mecía su cola de un lado a otro. Crookshanks parecía analizarla, tratando de averiguar que era lo extraño en ella.

En ese momento, Hermione no le dio mucha importancia, tal vez solo estaba resentido de que su madre lo haya mandado al clóset. Sí, tal vez era eso.

Se dijo que no le vendría mal un baño para relajarse, así quizás le llegara más rápido las ganas de dormir.

Dejó su varita y el anillo en su mesita de noche, e ignorando la intensa mirada que le dedicaba su gato, fue a tomar unas toallas de la repisa, junto con ropa interior limpia y una bata para después meterse al baño.

Hermione dejó corriendo el agua caliente hasta que la tina se llenara. Encontró una de las botellitas aromáticas para hacer burbujas y lo esparció en la bañera.

Se desvistió lentamente frente al espejo y examinó vagamente su cuerpo. Delgada, pechos de un tamaño normal, caderas anchas y su mejor atributo intacto, su bonito trasero firme. Al menos en el exterior se veía igual. Pensó.

Cerró la llave y se metió en la tina, dejando escapar un suspiro de alivio. El agua caliente estaba haciendo su efecto. Se relajó rápidamente y recostó su cabeza en el borde, cerró los ojos y trató de dejarse llevar por la agradable sensación al que estaba siendo sometido su cuerpo.

No supo cuánto tiempo estuvo así y pronto empezó a quedarse dormida.

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Posó sus ojos por el jardín de rosas, no recordaba haber estado allí antes y aún así dejó que sus pies la llevaran sin rumbo fijo. Solo quería descubrir en dónde estaba, o mejor aún, por qué estaba ahí y qué demonios hacía vestida de esa forma, porque no había pasado por alto el hecho de que estaba llevando un curioso vestido corte princesa color celeste con encaje. Las tiras bajas de su vestido dejaban ver la suave piel de sus hombros y su rizos caían con gracia. No traía su atolondrada melena de siempre. Raro. ¿Había entrado en una especie de realidad alterna?

Repasó nuevamente el sitio y se dio por vencida, todo era un laberinto. Los arbustos estaban cortados de forma recta, las estatuas y piletas colocadas correctamente, sin alterar la armonía del lugar. Parecía que estuviera en el jardín de la Reina Roja en el País de las Maravillas, solo le faltaba el conejo blanco para ser Alicia.

Inesperadamente, una voz masculina la detuvo de su inspección, se giró sobre sus talones y observó a un apuesto hombre rubio acercarse a ella. Se llevó una gran sorpresa al ver su atuendo, lucía caro, pero sobre todo anticuado, para lo que estaban acostumbrados a usar las personas comúnmente, aunque no se encontraba en posición de decir eso cuando ella también llevaba ropa que sería catalogada de "antigua".

Debía al menos reconocer que el extraño se veía elegante.

El hombre le dedicó una sonrisa y por algún desconocido motivo, sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo. Se sintió pequeña ante él.

Emmaline, ¿jugando a esconderte nuevamente? —El tono cariñoso con el que él se refirió a ella hizo que Hermione lo viera con cierta duda. ¿Quién rayos era Emmaline? «Tú, idiota». Le dijo una vocecita en su cabeza.

Ella solo se limitó a sonreír tímidamente.

Yo… solo quise dar un paseo. —Mierda, no se le ocurrió nada mejor.

Claro. —Sonó divertido. —Creí que dijiste que querías ir a montar a caballo.

La castaña mordió su labio, gesto que no pasó desapercibido por el joven.

Quería preguntarle su nombre, pero sonaría muy estúpido y levantaría sospechas, ya que supuestamente él parecía conocerla bien. Carajo.

Hacía un bonito día y me pareció buena idea caminar un rato antes de ir a cabalgar.

De acuerdo. —Dijo, no obstante, ella sabía que él no se había creído su mentira del todo. —Entonces, ¿estás lista para cabalgar? —Una de las puntas de su labio se elevó. Hermione tragó saliva y cometió el grave error de ver directamente hacia sus ojos, eran verdes y tenían un brillo coqueto. Sus mejillas volvieron a teñirse y el hombre se percató de su reacción, lo que hizo que su sonrisa se ensanchara. —Aunque… probablemente prefieras tomar el almuerzo. —La castaña balbuceó, pero al darse cuenta que no diría nada coherente, solo se limitó a asentir. El joven le extendió el brazo y ella entendió enseguida, tomándolo. Ambos caminaron en un agradable silencio hasta la entrada trasera de una bellísima mansión de estilo victoriano. Oh, cielos, ¿a quién engañaba? ¡Eso parecía un castillo!

Hermione vio a una muchacha caminar deprisa hasta ellos e hizo una inclinación.

Señorita Novak, joven Belakov, ¿les gustaría comer ahora o después de su paseo a caballo? —Preguntó cortésmente.

Almorzaremos ahora y en el jardín, si no es mucha molestia. —Respondió el rubio.

En lo absoluto. —La doncella se retiró con una nueva reverencia. La castaña se quedó pensando un momento. «Así que Belakov». Al fin podría referirse apropiadamente a su acompañante.

Ella lo siguió en silencio hasta una mesita, él retiro su silla y Hermione le agradeció el gesto.

Agachó su vista cuando sintió cómo el hombre se fijaba en ella. Maldición, estaba actuando muy rara, se dijo.

No pasó mucho tiempo cuando llegó la misma doncella, acompañada de otras dos jóvenes más, quienes se encargaron de colocar perfectamente todos los platillos. Cuando acabaron, se despidieron con una reverencia, dejándolos solos de nuevo.

Buen provecho, Emma. —Hermione vio con curiosidad cómo el rubio se dedicaba únicamente a beber una taza de té.

¿No… No vas a comer?

El rubio elevó una ceja, su pregunta pareció sorprenderlo.

No puedo hacerlo.

¿Por qué?

Dejó su taza a un lado y alargó su brazo para tomar su mano. —Sabes la respuesta.

¿Qué se supone que significaba eso?

De acuerdo, si ella "sabía" la razón, volvería a preguntarle una vez más de forma sutil.

Belakov…

Princesa, pensé que habíamos dejado claro que podíamos empezar a tener más confianza entre nosotros como para llamarnos por nuestros nombres. —Hermione jugó con el dobladillo de su vestido por debajo de la mesa.

Es solo que aún no me acostumbro, perdóname…

Vamos, no es tan difícil decirlo. —Bromeó. —Adrik solo tiene cinco letras. —Ella dio un respingo. ¡Por fin conocía su nombre!

Y con ello le vino un repentino mareo, todo a su alrededor se volvía borroso, el hombre frente a ella la observó con clara preocupación y después llegó el malestar en sus pulmones.

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Hermione abrió lo ojos bajo el agua, se levantó rápidamente y tomó una gran bocanada de oxígeno. ¡Merlín, estaba a punto de ahogarse otra vez!

Colocó una mano en su pecho y trató de regular su respiración. El agua estaba completamente fría y sin importarle ese detalle, se enjuagó casi con violencia el resto de jabón y terminó de lavarse el cabello antes de salir apurada y enfundarse en su bata. Tenía que calmarse.

Se secó como pudo el cabello y se acostó en su cama. Volteó solo por curiosidad a ver a Crookshanks, pero notó a su gato durmiendo bajo uno de sus suéteres.

Hasta ahora, todo lo que había soñado podía ser descrito como: Raro.

Ese sueño, o fuera lo que sea, se sintió bastante real. Desde el lugar hasta él. Adrik.

La castaña apretó su cara contra la almohada. Al diablo con dormir, estaba más que despierta en ese momento.

Se apoyó en sus codos y verificó el reloj en su velador. 01:23 a.m.

Sus padres a esta hora estarían más que dormidos. Se acomodó mejor la bata y bajó hasta la cocina. Quizás algo de leche caliente podría ayudarle a conciliar el sueño.

Pero cuando Hermione abrió la puerta de la refrigeradora, dos cosas le vinieron a la mente. La primera, que no le apetecía la leche porque algo más había captado su atención, y la segunda, que nunca había visto tanta carne en su vida. Luego recordó a su padre mencionar la barbacoa y todo cobró sentido.

Por extraño que sonara, volvió a experimentar ese cosquilleo en las encías, por arriba de los caninos, el mismo que sufrió en San Mungo. La sensación se iba haciendo más intensa a medida que veía el líquido rojo alrededor de la carne cruda, tan parecida a…

Se escuchó el ladrido del perro del vecino y Hermione tragó grueso, no pudo contenerse para lo que iba a hacer después.

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Dormir no se había sentido tan bien antes, se estiró bajó las mantas con una gran sonrisa. Se sentía radiante, para la oscuridad en la que estaba su habitación. Hoy iba a ser un gran día, tal vez iría a dar una vuelta al centro, compraría su café favorito en Starbucks y pasearía por las tiendas, se detendría en alguna librería y-… ¡AHHH! —Dejó escapar un grito de horror. Había pasado justo delante del espejo al lado de su armario y la imagen de frente la perturbó.

Qué mierda. —Hermione abría y cerraba la boca. Tenía que ser una broma, una de muy mal gusto.

Su cabello… su revuelta y -casi siempre- rebelde melena había desaparecido, en su lugar, hermosos rizos sueltos y brillantes caían por su espalda. Se veía incluso más largo, aunque si observaba mejor, juraría que podía apreciar unas cuántas mechas doradas, haciéndolo ver más claro.

Sus ojos marrones eran ahora más de un tono miel, con suaves pinceladas ámbar en la iris.

Dejó escapar un jadeo de incredulidad. Bajó su vista a su silueta y se dio cuenta que su cuerpo… lucía distinto.

Sin pensarlo dos veces, se arrancó la bata, quedando únicamente en braguitas. Se tapó la boca con ambas manos.

—Cariño, ¿todo está bien ahí adentro? —Fue la voz de su madre al otro lado de puerta, esperando una respuesta, mas su cerebro seguía desconectado, tratando de asimilar la situación. —¿Hermione? —Preguntó nuevamente.

La castaña pareció reaccionar en esos escasos segundos al oír el maullido de Crookshanks debajo de su cama. ¿En qué momento se escondió ahí? No lo supo.

—Eh, s-sí… mamá, solo dame unos… segundos.

—Está bien, tómate tu tiempo, iré a preparar el desayuno. —La castaña no volvió a responderle, estaba interesada en ciertas partes de su anatomía recién descubiertas.

Hermione jamás se consideró una gran belleza, pero tampoco era que fuera particularmente fea, la pubertad se encargó de hacer algunas mejoras en ella, por muy mínimas que hubieran sido.

Sabía que había cientos de chicas mucho más atractivas en Hogwarts, y en comparación con sus compañeras, pues… ella gozaba de salud. Sí, patético.

No pudo evitar alzar sus pechos, los sentía más pesados, más grandes.

¿Esto es mío? —Y no era lo único, precisamente nuevo, en toda esa revisión. Contempló su vientre plano, una estrecha cintura, unas redondeadas caderas, muy femeninas, y sus piernas desnudas, deliciosamente torneadas y perfectas para llamar la atención de cualquier hombre. ¡Su trasero incluso se veía mejor que antes! Mierda.

Sacudió la cabeza, iba a descubrir qué estaba pasando, pero por lo pronto, buscaría algo qué ponerse e ir donde su madre, no quería dejarla esperando.

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La señora Granger estaba recogiendo las últimas tostadas cuando su hija apareció con el suéter más ancho que había visto en su vida y una expresión malhumorada en su rostro, soltando de vez en cuando uno que otro gruñido. La escena era graciosa, pero la mujer evitó reírse.

—Alguien se levantó con el pie izquierdo. —Bromeó. La castaña volvió a gruñir y sacó de la nevera un cartón de leche.

—Tú también lo estarías si no te quedara la mayoría de tu ropa. —Refunfuñó. Su madre pestañeó varias veces.

—¿Cómo dices? —Oyó un suspiro de frustración.

—¡No me queda casi nada! Apenas y puedo entrar en estos pantalones, y este es el único suéter que me cubre bien. —Luego, con las mejillas arreboladas, susurró. —Ni siquiera estoy llevando un sujetador debajo de esta cosa. —Cuando vio la intención de su madre de querer responderle, ella se le adelantó. —Y me niego a usar magia para hacerlas una talla más grande.

—No iba a sugerirte eso. —Untó mantequilla en las tostadas, conteniendo su tono de alegría por lo que estaba a punto de proponerle. —Podemos ir de compras, solo llamaría a Chelsea y-…

—¡Oh, no-no! —Exclamó casi al instante, debió ver venir eso.

Su madre es una famosa publicista, había trabajado para grandes firmas de moda como Gucci y Dior, actualmente se dedicaba a supervisar una editorial del mismo rubro, por lo que sí, su mamá tenía sus contactos en cuánto se refería a ropa. Ella estaría más que dispuesta a ayudarla con su "problemilla".

—Tonterías, ¡está decidido! Iremos después del desayuno, haré unas llamadas para que sepan que estoy de camino. —Sonó claramente entusiasmada. —No sabes cómo me agradan estas salidas de madre e hija. —Dio pequeños saltitos.

Hermione agachó la cabeza en derrota, pero intentaría utilizar su última carta.

—¿No crees que las tiendas estarán repletas ahora? Navidad está casi cerca…

—Por eso dije que haría unas llamadas. —Le guiñó un ojo, divertida. —Tengo cierta… preferencia en los sitios a los que iremos hoy. —Le ofreció un plato con tostadas. —Ten, quiero que comas bien porque hoy será un día agotador. —La castaña hizo un tierno mohín. —Por cierto, ¿te hiciste algo en el cabello? ¡Se ve genial! ¡Me agrada!

Vio sus tostadas y rápidamente sintió sus tripas retorcerse de asco. Para su salvación, su padre entraba a la cocina y saludó con un tierno beso a su esposa.

Hermione aprovechó que su madre estaba de espaldas preparando café, para tenderle el platito con tostadas al hombre, justo después de regalarle una gran sonrisa, seguido de un buenos días. Robert besó su frente y se sentó a la mesa, luego de hacerle un cumplido por sus nuevos "lentes de contacto".

Obviamente no iba a decirle que hoy mismo sus ojos decidieron cambiar de color. La creerían loca de remate.

—¿Alguien ha visto el diario? —Preguntó de pronto ella.

—Oh, es cierto, lo olvidé, debe estar en la entrada. ¿Podrías ir a verlo, por favor?—Dijo la mujer. La castaña asintió.

Cuando ella llegó a la entrada, algo terrible pasó.

Ni siquiera había dado un paso fuera de la casa, tan solo había estirado su brazo para coger el periódico cuando experimentó un insoportable dolor. Se mordió la lengua para no gritar, sus padres aún estaban en la cocina.

Vio con espanto cómo empezaba a salir humo de su mano y a brotarle heridas. ¡Podía oler la carne quemándose de su propia piel!

«Merlín, cómo duele».

Finalmente reaccionó y alejó bruscamente la mano, resguardándose en la sombra, y para su sorpresa, -o tal vez horror-, su mano empezó a regenerarse lentamente, eliminando cualquier evidencia.

La castaña giró la muñeca varias veces, para comprobar que, en efecto, su mano estaba como nueva. Como si nunca hubiera pasado nada.

Oyó los pasos de su madre acercándose y recordó el armario de escobas bajo las escaleras, tomó una y con el mango jaló el periódico hasta el interior de la casa, se agachó y guardó a tiempo la escoba cuando vio a su madre hablando por el móvil. Casi se alegró de que la mujer parecía estar teniendo una interesante charla como para prestarle atención.

¿Qué había sido eso?

—Lo lamento tanto por tus niños… —La joven se volteó al escuchar la preocupada voz de su madre. —Sí, tendremos cuidado, muchas gracias por avisarnos.

Hermione se olvidó por un momento de lo ocurrido y le preguntó:

—¿Pasó algo malo, mamá?

—Me acaba de llamar la vecina, la señora Perkins, dice que algo atacó a su perro. —La castaña abrió los ojos y un extraño sentimiento se alojó en su pecho. —Esta mañana lo encontraron muerto, creen que pudo haber sido otro animal. Han llamado a la policía.

La castaña no podía creer lo que oía.

—¿D-De verdad?

—Sí, la policía descartó que haya podido ser un simple delincuente tratando de entrar a robar, por la manera en la que se ensañaron con el pobre perro. —Las dos escucharon el sonido de un cascabel, era su gato bajando las escaleras. La mujer se acercó, haciéndole mimos y lo tomó en sus brazos. —Por seguridad, no dejaremos que Crookshanks salga de esta casa hasta que capturen al animal salvaje. —Explicó. —En fin, cambiemos de tema, ¿qué hay hoy en las noticias?

La Gryffindor padeció una especie de déjà vu, sabía que tenía que ver con un escalofriante sueño que tuvo, al que no le tomó importancia.

¿Pero de qué iba? Ah, sí.

Ella bajando a la cocina en la madrugada, ella observando dentro de la nevera, ella escuchando un ladrido, ella saliendo de casa, ella saltando la cerca, impulsada por una vocecita susurrándole "hazlo", ella… con el perro.

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N/A: Chan chan chan (?) Ok, es necesario hacer que se expliquen estos cambios en Hermione, aunque ella no entienda qué está pasando en realidad.

La pregunta es: ¿Podrá salir de compras a plena luz del día? ¿Qué piensan ustedes?

PD: Draco aparecerá en el próximo capítulo :')

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¿Me regalan un review? :)