Disclaimer: los personajes son la mayoría de JKR, para el que no lo sepa.

Capítulo 4. ¿Narco qué?

Remus sacó as pizzas del horno tras mandar a Ada a darse una ducha de agua caliente, aunque la niña se negó al principio diciendo que ellos eran sus invitados.

Los chicos pusieron la mesa y sacaron la bebida de la nevera. Coca-Cola.

Sirius se terminó el plato y miró a Ada, la niña ni siquiera había mordido un trozo de la pizza.

- Has de comer, John dijo que tenías que comer- le cortó un trozo y esperó.

Ada dejó la pizza y alejó el plato, se le había ido el apetito. Empezaba a notarse adormilada. Un sopor irremediable caía sobre sus párpados.

Remus le retiró el plato de delante y la niña apoyó la cabeza en la mesa.

Una lechuza entró por la ventana de la cocina y se quedó delante de la niña.

- Que alguien coja la carta, es la lechuza de John- ni siquiera levantó la cabeza de la mesa.

- ¿Cómo sabes que es la lechuza de tu tío?

- No tenemos otra lechuza en casa, y la que vino del colegio era parda. Copito es grisácea y la de Remus no la he visto.

Remus sonrió, sacando la frase de contexto.

- Ni la vas a ver- respondió el licántropo con suficiencia.

- Ni ganas que tengo- respondió la niña pensando en el repelús que le daban esos animales de ojos saltones- Mínimo un halcón.

James y Sirius se miraban sin entender el hilo de la conversación.

- Un halcón también es pequeño en comparación- llevaba dos años con Sirius y algo de esa chulería se le había pegado, pero sólo en círculos muy cerrados.

- ¿De qué hablas?- Ada levantó la cabeza.

Remus sonrió y ella se sonrojó, cayendo en el giro que había dado esa charla.

Sirius quitó la nota del animal y se lo entregó a la niña.

La niña desdobló la carta y leyó con atención.

"Ada, mañana no podré acompañarte a la estación. Mándame una carta y me dices en que casa has caído. Estudia y no te metas en líos. John"

- ¿Ada?- Sirius la balanceó ante la perplejidad de la niña.

- No vendrá- James levantó tanto las cejas que se le escondieron bajo el flequillo- Tiene cosas más importantes que hacer que acompañarme a la estación en primer año.

Se recostó sobre la mesa y se durmió. Sirius le acarició la cabeza, al menos su madre lo había acompañado el primer año antes de caer en Gryffindor.

- Déjala, Sirius. Más vale que duerma- le avisó su amigo Remus- Cuando murió mi madre me pasé una semana sin comer y casi dos días sin dormir. Ella, al menos, duerme.

-Caerá enferma si no come. Mírala, está muy flaca.

Remus miró a la niña y negó con la cabeza.

- Es la constitución de las gimnastas, parecen un palo de escoba andante- aseguró el muchacho- Tienen que estar así de delgadas para poder alcanzar altura en los saltos.

- ¿Saltos?- se sorprendieron los otros dos.

Remus afirmó con la cabeza, algo en lo que él dominaba y sus amigos eran auténticos ignorantes para variar. Esos chicos sólo entendían de acción, bromas y castigos.

- Sí, cuanto más ligeras son más piruetas pueden hacer en el aire.

- ¿Vuelan?

- A veces lo parece, pero no son capaces de volar como nosotros con las escobas. Son muy ágiles, ellas más que ellos, y tienen muchísimo equilibrio.

- No debe ser la misma gimnasia, Ada tropieza en las escaleras- recordó Sirius.

- Porque no se fija- aseguró el muchacho de ojos dorados- Me juego el cuello a que es capaz de hacer un mortal de espaldas en medio del salón y caer en pie.

- ¿Qué es un mortal?- preguntó James.

- Una voltereta en el aire- sentenció Sirius- Debió ser lo que hizo en el nogal.

- No- Remus negaba con la cabeza- Un mortal no tiene apoyo, es literalmente una voltereta en el aire.

- ¿Por qué has hablado de tu madre?- Sirius lo miraba con los ojos entrecerrados.

El chico cogió la nota y se la pasó.

- Es bastante impersonal, no pega con ninguna de las dos caras de su tío.

- Claro como lo conoces tanto- se quejó James, sin saber a donde quería ir a llegar su amigo.

- Creo que la abuela de Ada ha fallecido, tengo un presentimiento- aseguró el rubio de ojos dorados.

- ¿Qué has cogido?- preguntó James, ¿Qué presentimiento?

- Runas y Aritmancia- Sirius abrió la boca para replicar- Es mi vida.

- Pero íbamos a pertenecer juntos siempre, quedamos en que cogeríamos Cuidado de Criaturas Mágicas y Adivinación, no Runas Antiguas.

- No sé de qué te quejas James, tú has cogido Cuidado y Estudios Muggles- le replicó el licántropo.

- ¿Has cogido Estudios Muggles? Entonces coincido contigo en Criaturas Mágicas y con Remus en nada.

- Sirius- le recordó Remus- Tenemos ocho asignaturas en común.

- Vaya amigos, quedamos en algo y os lo saltáis a la torera- se quejó el chico de ojos grises cruzándose de brazos- Menos mal que Peter estará conmigo.

- Peter ha cogido Aritmancia y Runas, como yo, nunca se le han dado demasiado bien los bichos. Y sus padres no le permitirían coger estudios Muggles, no con su hermana squib. Además, no sé si al final aprobó Pociones de Primero, igual está con Ada en clase.

Una segunda nota se posó delante de la niña.

Ada entreabrió los ojos y sujetó el papel, con un ligero temblor.

- Es del Ministerio- afirmó la niña- Seguro que es de uno de los compañeros de mi tío, algo debe haber pasado.

- Ada, tu tío ¿Qué es?- preguntó James sujetándole las manos temblorosas.

- Medimago y auror.

- ¿Medimago y auror?- preguntó Remus dejándose caer sobre la silla que enfrentaba a la niña- ¿Cómo? Parece joven y son las carreras más difíciles.

- Nada más terminar Hogwarts se metió a Auror con unos compañeros, algunas veces vienen a casa a jugar a las cartas. Pero algo cambió en él, cuando mis padres murieron el estaba trabajando de Medimago en un hospital mágico. Los médicos a los que me llevaba mi madre no sabían qué tenía, fue él quién me diagnosticó la Narcolepsia.

- ¿Narco qué?- preguntaron los tres chicos a la vez.

- Narcolepsia, en algunos momentos mi cerebro se desconecta y caigo en sueño profundo.

- ¿Te duermes sin más?- James apenas respiraba.

Ada asintió con la cabeza.

- Por eso John os pidió que os quedaseis. De normal no pasa nada, pero si estoy haciendo algo raro puedo hacerme daño. ¿Veis?- la niña se apartó el pelo de la nuca y mostró una cicatriz- Esta me la hice en la barra de equilibrio, a mitad de una competición, por eso me dejé la gimnasia. Bueno, fue una de las razones. Mis padres murieron y yo me desplacé a vivir aquí con John.

- ¿Y no hay nada para evitarlo?- Sirius se mostraba preocupado- Quiero decir, por ejemplo, imagina que te quedas dormida en medio de una clase de vuelo. ¿Tienes las mismas asignaturas que todos?

- Sí, el director le dijo a John que no había de qué preocuparse, que la enfermera del colegio me daría un revitalizante cada mañana, algo como una poción para evitar que mi cerebro se desconectase.

- ¿Y por qué no te la tomas en verano?

- Me olvidé de tomarla esta mañana.

- ¿Cómo puedes olvidar tomarte algo que puede salvarte la vida?- se exasperó Sirius.

- Sabe a rayos- se defendió Ada.

- Entonces no lo olvidaste, quisiste olvidarlo- la regañó Remus.

- Se supone que no estaba en peligro. Estoy en casa. Y cuando John está en casa siempre tengo un ojo encima. Además mi abuela viene muchos días a cuidarme.

- Hasta que se enteró que eras una bruja, por eso no ha venido hoy- por fin James entendía la situación.

- No esa abuela no, Ángela Swan está en el hospital recuperándose de un infarto, mi abuela materna, Estela Grabe.

- ¿Grabe?- los chicos se llevaron las manos a la boca, ¿Tendría relación con el Grabe que ellos conocían?

- Sí, mi tatarabuelo tuvo dos hijos magos, Robert y Phineas, Robert rechazó su legado mágico y se casó con Carlota Steen, Inquisidora, ayudante de Robert Hitchens II, el padre de mi tatarabuelo, cuando Bob Hitchens se casó con Isla no sabía que era una bruja, él no creía en la magia ni la hechicería, cuando su hijo Rob negó su legado le lanzó una maldición.

- Los muggles no pueden lanzar maldiciones- aseguró Remus.

- Déjame que te lo cuente y luego opinas, ¿si?- le cortó Ada impaciente.

- Isla Black quedó exiliada de su familia por casarse con un muggle, Phineas sin embargo se casó con Margaret Yaxley, bruja, Phineas disfrutaba la magia, al igual que John. Toda mi familia tanto por parte de mi padre como de mi madre han sido de Slytherin.

- Espera un momento, me he perdido. ¿Tus padres procedían de la misma familia y eran ambos squibs?

- Se podría decir así, toda mi familia procede de la unión en matrimonio de Isla Black con Bob Hitchens.

Sirius se llevó las manos a la cabeza y comenzó a negar, primero despacio y cada vez más fuerte.

- ¡Piensan que eres la reencarnación de Isla!- señalaba a la niña con el dedo- Por eso mi padre no te quiere en casa, has vivido como un muggle toda tu infancia y en cambio te pareces a tía Elladora. Pero sin embargo entre el día de tu nacimiento y el fallecimiento de Isla hay un lapsus de nueve años.

- Sí, por eso pienso que están como un cencerro, sin embargo John opina como ellos. Dice que esos nueve años es la clave de todo, de hecho, son exactamente nueve años, Isla Black falleció el 1 de Septiembre de 1963 a las doce y un minuto, justo en el momento que di mi primer llanto.

- ¿Por qué te apellidas Steen y no Hitchens?

- Porque mi bisabuelo rompió de tal manera con su familia que rechazó hasta su apellido y tomó el de su mujer, para que no los relacionasen.

- ¿Se casó con una mujer no bruja?- preguntó Remus.

- Eso parece, pero aún así uno de sus hijos nació con magia- les dijo Ada.

- Tú tío abuelo- aventuró James.

La niña sonrió y negó con la cabeza.

- Por parte de mi padre no tengo ningún tío abuelo, nació Ada Steen I, pero murió en el parto. Mi abuelo se casó con Ángela Swan- los chicos prestaban atención y ella aclaró- la que está en el hospital por el infarto. Tuvieron tres hijos, trillizos, Marcus, Ada y August, dos con magia y mi padre sin ella.

Remus intentaba memorizar cada detalle, muchos números en su cabeza, los números eran importantes. Salió de la cocina y buscó un papel y una pluma, comenzó a garabatear.

Isla Black- Bob Hitchens

Robert H-Steen- Carlota, Phineas III- Margaret Yaxley

Ada Steen I, Robert Steen- Angela Swan, Rob Hitchens- Estela Grabe

Marcus, Ada II, August- Mamá Ada, John

Hermano de Ada, Ada

Le mostró el papel a Ada y cabeceó.

- ¿Me dejo algo?

- Sí, Rob Hitchens tuvo dos hijos, Robert Alphard que murió poco después que su abuela y John Steven, que murió el año pasado. Mi madre se llamaba Flora, no mamá de Ada- bromeó la niña- Mi hermano se llamaba Percival, pero no era hijo de papá. Mi tío abuelo tuvo una hija con Cassiopeia Black, llamada Lyra Hitchens, que murió dos años antes que mis padres. Ada Steen II, murió el día de mi nacimiento con 27 años. Mi tío Marcus está casado con Gabriela Johnson y tienen un hijo, George Steen, siete años mayor que yo. El curso pasado terminó en Drumstrug.

- Drumstrang- la corrigió Remus.

- Durmstrang- corrigió Sirius a su amigo y a la niña, con las veces que lo había amenazado su madre con enviarlo allí como para no conocerlo.

- De acuerdo, si te fijas eres la novena en descendencia mágica, contando a tu hermano Percival.

- Si no es de su padre no lo puedes contar en esa rama- le dijo Sirius, pensando que su madre también estaba como un cencerro si pensaba que su amiga Ada era la reencarnación de Isla.

- Robert, Carlota, Ada I, Robert August, Marcus, Ada II, Gabriela- iba punteando cada nombre con la pluma- George y tú, si no contamos a tu hermano.

- No sabemos si Carlota y Gabriela son brujas- renegó Sirius.

- ¿No te suena el apellido Johnson? ¿Quizás cierto Guardián de Gryffindor de sexto? Pueden ser familia perfectamente- Ada miraba a Remus con el ceño fruncido, al igual que Sirius.

- Carlota era bruja, me lo dijo Walburga- sentenció la niña- George dice que su madre también lo es. Pero no se si se refiere a sus poderes mágicos o al genio que tiene.

- Vale, por parte de su padre puede ser la novena y coincide con los años de diferencia entre su nacimiento y la muerte de Isla, y ¿Por parte de su madre?

- Es mucho más sencillo, todos han sido magos menos su madre. Phineas III, Margaret, Robert Alphard, Estela Grabe, John Steven, Cassiopeia Black, su tío John, Lyra Hitchens y ella.

- ¿Y mi hermano Percival?- preguntó apuntando con el dedo "Hermano de Ada".

- Si no es de tu padre no tiene que entrar, es sólo la unión de August y Flora.

- Porque tú lo digas, haces como ellos, cuadras los números según te convenga- replicó la niña poniéndose en pie indignada.

Los chicos se pusieron en pie.

- Me voy a dormir, estoy harta de oír tonterías- y sin más se los dejó en la cocina.

Remus se volvió a sentar con el papel en la mano. El árbol genealógico de la niña.

- Creo que no le ha sentado muy bien eso de que su hermano no tenga nada que ver con ella- dijo James recuperando su sitio.

- Es la verdad, a efectos mágicos genéticos no tiene nada que ver, en ese caso Sirius sería más hermano que él. Su madre era squib, por lo que los genes entre ellos no tenían nada que ver.

- Bueno, salieron del mismo sitio- aseguró Sirius- Sí serían hermanos.

- No- sentenció Remus- los parió la misma madre, pero su magia no tenía nada que ver.

- No conocemos la magia de ninguno de los dos, Ada no ha sido seleccionada y Percival murió en segundo. Ni siquiera sabemos a que casa pertenecía.

- No llegó a ser seleccionado, murieron cuando le iban a contar la noticia a su abuela Estela, cuando recibió la carta- les contó Sirius.

- Estupendo, así no se pueden sacar relaciones.

- Ella es la tercera Ada en la familia, la primera murió en su nacimiento, la segunda con 27 años, ¿Creéis que nuestra Ada morirá joven también?- bromeó James, quitándole hierro al asunto- Quizás es parte de la maldición.

Sirius lo miró con los ojos entrecerrados y los puños apretados. Remus siguió la broma.

- Pues como no se tome la poción de Madame Pomfrey por culpa de su enfermedad tiene muchas papeletas.

- No tiene gracia- Sirius se levantó, cruzó el salón y se tumbó sobre el sofá.

Remus abrió la nota y leyó el contenido.

- Tenemos que avisarlo, su abuela ha fallecido- Remus le pasó la nota a su amigo James- Vienen hacia aquí con John.

- ¿Qué abuela? ¿Ángela o Estela?

- Ángela- sentenció Remus- Vienen a celebrarlo.

A media tarde la casa se llenó de gente, familiares de Ada y de su abuela, amigos, vecinos y conocidos.

Se empaparon de las viejas historias de la familia, como cada velatorio.

Hasta que salió a relucir el tema de Hogwarts, entonces comprendieron el miedo de Ada.

Todos los miraban como si fueran bichos raros, nadie de los había estudiado en ese colegio, el director era demasiado permisivo, las chicas habían estudiado en Beauxbatons y los hombres en Durmstrang, ellos aseguraban que eran compañeros de su sobrina y sobrina-nieta, pero les faltó cogerlos por las solapas y echarlos a patadas a la calle. Entonces la parte de su madre los defendió hasta que se enteraron que eran de la casa de Gryffindor y se unieron a la otra parte de la familia. Los chicos se tuvieron que atrincherar en el cuarto de la niña.

Ella seguía durmiendo, ignorando lo que ocurría a su alrededor.

Cuando el velatorio terminó los chicos tenían unas ojeras impresionantes, habían hecho guardia ante la puerta para que ninguno de aquellos magos pudiese entrar en el cuarto.

Nunca habían pasado toda una noche en vela, y allí estaban dando bostezos interminables, agotados por el esfuerzo de no dormirse y cabeceando al instante siguiente.

Escucharon los portazos de la gente y se relajaron al oír las bocinas de sus coches.

Estaban a salvo. Los cuatro se tumbaron sobre la cama de Ada, apartándola a ella a una esquina y se durmieron hasta bien entrada la noche.

Ada se levantó cerca de las cinco de la madrugada, por el sonido insistente del timbre de la casa. Bajó despacio los escalones, no quería caer, aún estaba adormilada y se preguntó porque estaban todas las sillas de la casa por en medio, aparte de pisadas por todo el salón y restos de comida sobre las alfombras.

Su tío era una de las pocas personas que mantenía las alfombras puestas durante todo el año. Suponía que por dejadez.

Cuando abrió la puerta se encontró a su vecino sonriente, acompañado de dos chicos más: James y Remus.

Y como una oleada le vinieron todos los recuerdos a la vez.

Cerró la puerta de un portazo, dejándose a los chicos bastante descolocados, segundos después la volvió a abrir.

- No es un sueño, ¿verdad?- preguntó con voz débil.

Los chicos negaron con la cabeza a la vez, ellos más bien recordaban la noche como una pesadilla. No entendían la postura de esos magos.

- Entonces realmente estoy maldita- se separó de la puerta y les dejó pasar- ¿Y Peter?

- Dormido.

- ¿Y vosotros?- interrogó con la mirada.

- Yo le mandé una lechuza a mi madre diciéndole que dormía en casa de Sirius- le dijo James- Mi padre me llevará el baúl a la estación.

- Mi padre sabe que estoy en casa de James- aseguró Remus- su padre pasará a por el mío para despedirnos en la estación.

Ada miró a Sirius. El chico seguía sonriendo.

- ¿Y tú?

- Pues mi padre me castigó, pero no pienso hacerle caso a esa cosa- acertó a decir observando el estropicio del lugar- Tú familia son unos guarros.

- ¿Mi familia?- la chica no daba crédito a las palabras de su vecino- ¿Cuándo has conocido a mi familia?

El chico la miró divertido.

- No lo has negado. Eso está bien. Significa que opinas lo mismo.

-¡Alto!- levantó la mano delante de la cara del chico.

Sirius se detuvo, la chica iba con la misma ropa de ayer, seguramente se acababa de despertar.

- ¿Te acabas de levantar?- preguntó curioso- ¿De verdad no te enteraste de nada?

La niña lo miraba confundida, hasta que la cruda realidad la golpeó.

El reloj del salón daba las cinco de la madrugada y a esa hora su abuela hacía rato que se encontraba en casa. Pequeños destellos recorrieron su cerebro, imágenes inconexas del día anterior, algunos gritos del salón, voces de sus familiares, el ataúd con su abuela en el interior, su familia repudiándola, recordaba la escena que le había montado el Bogart, ella no había estado en el velatorio de su abuela, en el real y la funeraria ya había trasladado el cadáver. Los chicos iban a recogerla para llevarla al entierro, se lo había pedido John vía lechuza. Por eso iban de gala, con las mejores túnicas que tenían.

El baúl de Ada aún estaba junto con el resto de cosas en la habitación de sus padres en el primer piso, allí donde lo había colocado John.

- ¿Por qué vais vestidos así?- y señaló las túnicas.

- Son túnicas de gala- le explicó Sirius, le había prestado una a Remus. Una que sacó a escondidas de la casa de sus padres- Son para ir al cementerio.

Ada suspiró, después del entierro tendría que recoger sus cosas para irse a un orfanato. Si su abuela había muerto, el resto de su familia ya sabría que la causante había sido ella, y la repudiarían. Ni siquiera su primo, al que ella quería como un hermano, volvería a dirigirle la palabra. Estaba maldita. Portaba el gen de la bruja.

Ella era la primera mujer descendiente de Bob Hitchens, todos habían sido varones, pero el apellido se lo cambió su bisabuelo, por el de su mujer, Carlota Steen, y desde entonces había pasado el apellido Steen y no Hitchens.

No sabía que iba a ocurrir con la casa, había pertenecido a Isla Black, era muy antigua.

Tenía jardín trasero y piscina, además de un arenero en donde Ada había jugado de niña.

La parte delantera de la casa estaba acorde con las fincas de enfrente, de ladrillo blanco y balcones de hierro forjado.

Ada asintió con la cabeza y subió al piso de arriba. Debía darse una ducha e intentar arreglarse el pelo.

Apenas tardó diez minutos en bajar con un vestido amarillo y una rebequita blanca. El pelo peinado con raya al lado y sus pendientes de bolita azul. Sandalias de suela de goma, también en blanco neutro.

Las piernas, muy a su pesar iban llenas de cardenales. Y el largo de la falda no los tapaba.

Sirius subió las escaleras y se quedó a su lado.

- Te falta algo- avisó el muchacho pasando por su lado, camino del cuarto de sus padres.

Ada lo siguió con la mirada y vio como abría el baúl y sacaba una túnica pequeña.

Se la colocó a la niña y le besó la frente.

- Esto es parte del atuendo de una bruja, acostúmbrate a llevarlo- le cogió la mano y evitó que rodase por las escaleras.

Los chicos la miraban de reojo, la niña volvía a llorar en silencio.

Salieron a la calle y James levantó la varita.

Un autobús apareció de la nada tras un impactante chirrido de frenos. Ada no salía de su asombro.

- Es que tu aún no estás preparada para la red flu, además no se la dirección del cementerio. Benny seguro que nos deja en la puerta- Sirius elevó a la niña de la cintura hasta el primer escalón- Tranquila, los muggles no nos pueden ver.

Y eso no era lo que más le preocupaba en aquellos momentos, a punto de dar con sus huesos en un orfanato.

- Gracias, nunca os olvidaré- habló decidida.

- Sí lo harás, cuando entres a Hogwarts te olvidarás de nosotros, cuando hagas amigos de tu curso no querrás estar con nosotros- ese era James, intentando sonreír ante la batalla de sentimientos.

- James, no iré a Hogwarts- el chico la miró sin entender, pensando que ese asunto ya estaba solucionado- Me van a enviar a un orfanato, mi familia no quiere ocuparse de una niña maldita.

- Primero- James puntualizó- No estás maldita.

- Segundo- Sirius empujó a la niña hasta el interior del autobús para que pudiesen subir sus amigos- Tú familia la tendrás en Hogwarts, tus compañeros de casa se convertirán en tu familia.

- Tercero- Remus matizó- ¿Cómo has podido dormir cuatro horas seguidas de un tirón y no te han despertado los ronquidos de Sirius o de James?

Los aludidos lo miraron con odio y la niña estalló en carcajadas.

- Es que mi padre roncaba, estoy acostumbrada.

- ¡Yo no ronco!- se quejó Sirius.

- Sí lo haces, cuando respiras por la boca- le rebatió Remus.

Ada miró a James y éste levantó las cejas.

- Debes tener un sueño muy profundo- le aseguró el chico- Yo si ronco.

- No he oído nada- se disculpó la niña, tampoco quería decir que no fueran hombres. Su padre solía decirle que los hombres de verdad roncaban al dormir- Lo siento.

- ¿Qué lo sientes? Mejor para ti- le revolvió el pelo y fue a sentare al lado de su amigo Remus.

Sirius le guardaba un sitio a la niña, acababa de pagar los billetes y le entregó el suyo cuando Ada se sentó a su lado.

- Ada- la niña miraba por la ventana opuesta con lágrimas sobre su mejilla- No vas a ir a un orfanato. John se ha encargado de buscar a alguien que te cuide, cuando él no está en casa y no haya colegio. Hablé con él esta mañana.

¿John?, la cara de la niña mostraba tal desconcierto que Sirius se vió en la obligación de abrazarla.

- El Ministerio está de acuerdo con él. Será mucho mejor si no te alejan de las raíces familiares.

- Sirius, son esas raíces las que me rechazan, yo me quedaría con cualquiera de ellos.

- ¿Qué sabes de la familia de tu madre?

La niña negó con la cabeza.

- Tu madre fue una squib- sentenció el muchacho, Ada lo miraba asombrada- Pero el resto son todos magos e hijos de magos casados con magos. Para honor de tu bisabuelo paterno tu padre nació squib, para horror de tu bisabuelo materno tu madre nació squib, esa es la única maldición a la que te enfrentas.

- Esa y la del nueve- puntualizó Remus.

- ¿Y mi madre conocía la magia?- la niña no salía de su asombro.

- Supongo, pero sería mejor que hablaras con tu tío- James se metió en la conversación.

- ¿Mi tío?- Ada quería morirse, esos chicos conocían mejor a su familia que ella misma- ¿Qué tío?

Sirius se reclinó sobre Remus y preguntó.

- ¿A esta que le pasa? ¿De verdad no recuerda nada?

- Quizás sean efectos de su enfermedad o tal vez el estrés. Igual su cerebro se ha bloqueado.

- Espero que sea en conexión, no querría cargarla hasta la estación.

El autobús se detuvo con un brusco frenazo y Benny indicó que habían llegado al cementerio.

Los jóvenes se apearon y se encaminaron al interior.

Un montón de cruces de madera blanca reposaban en el suelo, siguieron andando por el camino central hasta llegar a los panteones.

Un montón de gente se reunía delante de uno, todos con chaquetas negras, las mujeres con pamelas con velo, vestidos completamente negros y zapatos de tacón de aguja.

Ada los miraba de reojo, eran tan estirados que les daba asco que perteneciesen a su misma familia.

Un hombre apuesto, de pelo rubio dorado y ojos azules como el cielo se acercó hasta el quinteto de túnicas. Él también llevaba una.

- ¿Cómo te encuentras Ada?- le preguntó inclinándose para quedar a su altura.

- Estoy bien, gracias- no recordaba a ese hombre.

- Chicos- saludó el mago- Está todo solucionado. Esta mañana hablé con el Wizengamot, ya han tomado una decisión. Si Ada rechaza su herencia Steen y coge la de sus tatarabuelos no habrá forma de que me quiten su custodia, al ser familiar directo.

Ada se alejó de ellos, el cura acababa de llegar a la tumba.

Ella quería estar en primera fila, su abuela se había convertido en su madre durante algunos años.

- ¡Ada!- susurró Remus al ver las miradas de odio sobre la niña.

Ada también las notaba, pero nadie le quitaría su derecho de despedirse de su abuela.

Los magos contemplaron dos figuras que posaron sus manos sobre los hombros de la niña.

John se mordió el labio, la última vez que vió a su hermana de esa manera estaba viva, y ahora junto a la niña se alzaba ella, tan bella como siempre. Él la recordaba igual, su hermana era diez años mayor, cuando sus padres descubrieron que no era maga se les vino el mundo a los pies, pero la criaron como si fuera lo más normal del mundo. Cuando él cumplió los once años le llegó la carta de Hogwarts y su hermana le regaló una escoba voladora, a través de un vecino mago que la llevó al callejón Diagon. Entonces Flora tenía veintiún años y se acababa de diplomar en Magisterio. Quería enseñar a los niños a soñar, allí conoció a su marido y a raíz de casarse con August Steen se distanció de su familia.

Cuando John se graduó en Hogwarts recibió el último regalo de su vida, una carta de su hermana que le pedía que en caso de que a ella le ocurriese algo se encargase de la niña, y le mandó una foto de una niña regordeta de sonrojadas mejillas y bonitos ojos azules, como los de su hermano.

Intentó conocer a su sobrina, pero la señora Steen, que había sido maestra suya en Primaria le cerró la puerta en las narices.

Él estudió medimagia, pues el Ministerio no entendía su empecinamiento con desenterrar las vidas pasadas en una de las cámaras.

Después del rechazo de su maestra, a la cual le tenía demasiado cariño como para enfadarse con ella, dejó la carta en el interior de su baúl y se olvidó de ella.

- ¿A qué es guapa?- el hombre no podía apartar la vista de la larga cabellera negra de su hermana.

- ¿Quién?- Sirius tragó con fuerza, no tenía ni idea que las dos personas que custodiaban a la niña eran sus difuntos padres.

- Mi hermana. Ada sacó más de la familia Hitchens, demasiado flaca, el pelo encrespado, rubio dorado y los ojos azules, como los míos. Mi hermana es más Black, ni siquiera Hitchens, ella es la que más se parece a Isla, es perfecta.

Sirius miró a sus amigos. Remus entendió el mensaje.

- John, tu hermana y su marido murieron en un accidente de coche hace unos años, por eso Ada vive contigo- explicó el joven.

Ada se inclinó sobre el cuerpo de su abuela y se despidió de ella con un beso, sabía que no a volvería a ver. Parecía en paz consigo misma.

August se inclinó sobre su hija y le dio un beso, le rozó la mejilla y se despidió con la mano.

Su madre, Flora Steen, seguía a su lado.

- Ada, quiero que conozcas a alguien- le habló el fantasma.

La niña asintió con la cabeza, su familia la miraba contrariada, ya sabían que la niña había heredado el gen de la bruja, y esa túnica se lo aseguraba.

Ada giró y acompañó a su madre hasta los chicos.

- Chicos, esta es mi madre, Flora Steen- les presentó la niña, sabía que los magos podían ver fantasmas, se lo habían demostrado con el carruaje del callejón.

- Encantados, señora- corearon los tres a la vez.

- Hitchens de soltera- recalcó John.

- Hola John- las palabras sonaron como una brisa- Esta es tu sobrina Ada. Te dije que si me pasaba algo a mí te ocupases de ella.

- ¿Por qué?- preguntó la niña con los ojos enternecidos.

- Ada, cariño, hay cosas que sólo los adultos entienden. Me costó casi el divorcio poder ponerte Ada de nombre, sabía que heredarías el gen de Isla, porque también yo lo llevaba. Cuando el día de tu nacimiento me enseñaron una preciosa niña escribí a mi hermano para que te educase en el mundo mágico, pero no obtuve respuesta.

- Flora, fui a tu casa, y la señora Steen me tiró a patadas.

- Seguro que te presentaste con túnica, ella odiaba la magia.

- ¡Tú también!- Ada la acusó con el dedo- ¡Siempre hablabas de los magos como si fuesen bichos raros! ¡Incluso celebrabas Halloween con la hoguera en el jardín! Representando la quema de una bruja.

John y los chicos levantaron las cejas a más no poder. Nunca habían escuchado algo tan descabellado, por suerte la Inquisición había desaparecido.

- Sólo era una representación, pensaba hablarte de Hogwarts cuando fueses un poco mayor, pero ahora que te veo te has hecho mayor, has recibido la carta de Hogwarts y yo no se en que he gastado el tiempo.

Ada tragó con fuerza, era hora de disculparse. Hacía tres años que su madre vagaba por la mansión.

- Lo siento- Ada lloró en silencio- No debería haberte dicho que veía fantasmas ni debería haber impuesto que pasásemos a recoger mi ropa del gimnasio cuando íbamos hacia casa de la abuel. Moristeis por mi culpa.

Flora sonrió y negó con la cabeza.

- No pequeña, si morimos es porque alcanzamos la perfección, tanto tu padre como yo. Ada, creo saber porqué me he quedado, había algo que no había hecho- miró a John y éste asintió- Ahora si me despido, pequeña, no nos volveremos a ver espero que en mucho tiempo. No sufras, cuando nos volvamos a ver espero que hayas disfrutado en el mundo de la magia, tu mundo.

Y sin más el fantasma de Flora Steen desapareció.

John se quedó observando a su sobrina, no era tan fea después de todo, lloraba como su madre, cristalinas lágrimas sobre el rostro aterciopelado. La piel blanca y fina si la había sacado de la familia Black.

- Es hora de irnos, Ada- avisó el mago adulto.

Ada se volvió una vez más hacia el panteón y asintió con la cabeza.

Sus amigos la abrazaron con fuerza y se despidieron con una mano.

- Nos vemos en King a las diez y media. No llegues tarde- Sirius llevaba la voz cantante.

Los otros se despedían con los brazos en alto, armando más jaleo del que a nadie le hubiese gustado.

- Tienes buenos amigos- comentó el mago- la familia es importante, pero los amigos más. Cuídalos y ellos te cuidarán a ti.

La niña paseaba con la cabeza gacha, apenas sí escuchaba lo que John le decía.

Caminaron despacio entre las tumbas, dejando que la brisa alejase el dolor.

- Ada, he pedido tu adopción- John sentía un nudo en la boca del estómago.

- ¿Te la han concedido?- la niña no mostraba sentimientos en su voz.

- Bueno, hay algunos cabos sueltos, pero es muy probable que lo hagan. Soy familiar tuyo directo y tengo un trabajo estable en el mundo mágico.

El hombre movía su varita en el aire, sacando pequeñas mariposas blancas que revoloteaban sobre la cabeza de la niña.

- ¿Qué falta?- ella no quería terminar en un orfanato, le daba lo mismo vivir con un auténtico desconocido. Porque John, por más tío suyo que fuese, era un auténtico desconocido. Sobretodo con sus constantes cambios de humor.

El mago se detuvo, guardó su varita en el bolsillo de la túnica y clavó una rodilla en el suelo. La cara de la niña tenía un brillo especial, era como si estuviese bajo un encantamiento. El mago pasó por alto el detalle y habló decidido.

- Me has de aceptar como tu padre.

- Yo ya tuve un padre, no quiero otro distinto.

- Estoy dispuesto a casarme con Cassiopeia Black y ella adoptarte como hija.

- ¿Con quién?- preguntó sorprendida.

- Cassiopeia Black, tía de tu amigo Sirius. Adoptaría su apellido y tu serías Ada Black.

- No quiero ser Ada Black, soy Ada Steen. Además, sería tía abuela. Esa mujer es demasiado mayor para ti.

- Hitchens- corrigió el hombre a su disgusto- Ahora eres Ada Hitchens. Pero si todo sigue adelante durante este curso te convertirás en Ada Black.

El hombre sonrió y afirmó con la cabeza. Ada no sólo tenía que lidiar con la familia de su padre por no enviarla a Bauxbatons, si no con su tío que se quería casar con una mujer que nació a principios de siglo.

- Ada, sólo la reencarnación de Isla tiene derecho a vivir en la mansión, la casa en sí tiene un hechizo muy poderoso. Yo puedo vivir allí porque cuido de ti.

- ¿Desde cuando sabes eso?- se interesó la niña.

- Desde esta mañana, tuve que acercarme al registro civil a por los papeles de tu adopción. Luego estuve en el Wizengamot, allí me explicaron que por tu seguridad lo mejor sería que yo te adoptase o al menos pidiese tu custodia.

- Tío- el hombre le sonrió, era la primera vez que lo llamaban así- no es por ser descortés, pero yo ya tuve padres y no quiero tener otros. Con la custodia será más que suficiente.

- Como prefieras, es indistinto, la adopción crea un lazo más fuerte en el mundo muggle, pero si no quieres que te adopte me conformo con poder cumplir el encargo de mi hermana. Aunque me gustaría que pensases lo de Cassiopeia- le aseguró el hombre- ¿Quieres que nos acerquemos ahora por el Ministerio? Cuanto antes lo hagamos mejor.

La niña aceptó con la cabeza, a ella también le gustaba tener las cosas arregladas.

- Cógete a mi y no te sueltes- le avisó el hombre rodeando la cintura de la niña a la vez que la elevaba del suelo para colocar su cabeza a la misma altura.

La niña se agarró fuertemente del cuello de su tío cuando notó como un gancho invisible traba desde su ombligo. Todo comenzó a dar vueltas a su alrededor y se acordó que llevaba dos días sin comer.

Se aparecieron a la entrada del Ministerio, delante de una fuente con figuras de niños en mármol.

- Supongo que es la primera vez que te apareces, ¿me equivoco?

John miraba la cabeza de la niña y notaba sus manos aferradas a su espalda, recordaba perfectamente bien cada aparición que había experimentado. La primera fue tan mala que vomitó toda la comida, fue en Hogwarts y sus compañeros de casa se burlaron de él.

Pero siguió intentándolo hasta que llegó el día del examen y aprobó con matrícula. La única matrícula de todos sus estudios en Hogwarts.

- Peor que los polvos flu- acertó a decir Ada.

- ¿Ya has probado los polvos flu?

La niña cabeceó afirmativamente sobre el hombro de su tío, este estaba tan a gusto con la niña en brazos que comenzó a caminar.

- ¿Tienes el baúl listo?- otro cabeceo afirmativo- ¿Todo?

- Creo que sí, rollos de pergamino, tinta mágica, plumas, el baúl, dos uniformes y dos túnicas, con una nueva tela. Los libros, el caldero y la varita.

John sonrió, no se había comprado una mascota.

- ¿Cuándo es tu cumpleaños?- preguntó el hombre, más que nada para controlar el estado de la niña.

- El uno de septiembre- estaba perfectamente bien, su voz se lo aseguraba.

- ¿En serio?- bromeó el hombre.

La niña se separó de él y lo miró directamente a los ojos. El hombre reía con la mirada.

- Ya lo sabías- se molestó Ada- En el registro debe estar mi fecha de nacimiento.

- Y tu primer brote de magia- le habló con sinceridad- El doce de enero de 1970. Un poco tarde, he de reconocer, luego se han dado muchos más, ni siquiera recuerdo las fechas, algunos días incluso cinco. Tendrías que haber visto la cara de Lucía.

Ada ladeó la cabeza y John se dio cuenta que no le había hablado de su amiga Lucía.

- Es una amiga del colegio, estudió en una casa distinta a la mía, ella era Gryffindor. Me acompañó esta mañana al Ministerio y al Wizengamot, fue ella quien presentó tu caso y gracias a ella puedo tener tu tutela irrevocable.

- ¿Es tú novia?- preguntó inocentemente.

- No, te lo he dicho, es una amiga- parecía molesto.

- Pero te gusta, ¿cierto?- Ada había sacado su rama "Quiero enterarme de todo, si no, no haber abierto la boca"

- Me gusta y me cae muy bien, pero ni es mi novia ni lo será en la vida.

- ¿Por qué?

- Porque ella se juró no salir con un Slytherin- bajó a la niña al suelo y siguió andando.

Ada lo siguió a la carrera.

- Sirius y James dicen que quedaré en Slytherin- quería entablar conversación.

- Es posible- contestó John con desdén.

- Peter dice que quedaré en Hufflepuff- el hombre negó con la cabeza.

- Remus dice que quedaré en Gryffindor, como ellos. Que soy demasiado temeraria- agregó para captar la atención del hombre.

Pero John abría la puerta con cuidado y cogía a Ada del brazo para arrastrarla hacia el interior, controlando que nadie los vigilase.

Una vez en el hall le soltó el brazo.

- No toques nada- le avisó el mago.

John se acercó hasta el mostrador y pidió una vista con Lucía García.

El hombre de detrás del mostrador le pidió la varita y la pasó por algo parecido a un scanner muggle. Ada miraba con atención.

- También necesito la varita de la niña.

- Ella no tiene edad para llevar varita, empieza este curso Hogwarts y su baúl está ya en la estación- aseguró el tío de Ada, el hombre lo creyó y los dejó pasar entregándoles dos insignias con su retrato y una palabra: "Visitante".

Ada se quedó mirando la foto de su chapa, tenía cierto aire, pero no era ella. La chica de la foto tenía los ojos azules, el pelo liso y rubio dorado, no castaño y enmarañado como ella.

- ¿Quién se supone que es esta? ¿Por qué mi foto no se parece a mí como la tuya a ti? ¿Dónde vamos, tío?- la niña disparaba preguntas sin dejar tiempo a responder, pero seguía los pasos de su tío.

-Ada, cierra el pico- le pidió el hombre.

El tono le sentó fatal y la niña se quedó muda.

John empujó una puerta al final del corredor y posó su vista en la chica que había frente a una mesa tras una montaña de papeles.

- Pensaba que la jornada de auror empezaba a las ocho y media de la mañana- bromeó el hombre- ¿Acaso pagan las horas extras?

La chica que había tras el escritorio levantó la cara y se quitó las gafas para contemplar la persona que la había interrumpido. Llevaba hora y media dándole vueltas al asunto de la custodia de Ada Steen, el Asistente social acababa de abandonar su despacho, asegurándole que la custodia se la darían a John Hitchens, que nadie de la familia Steen había reclamado la custodia y que ya no había tiempo para reclamarla.

- John, idiota, la vista es en cincuenta minutos, ¿Dónde te habías metido?

El hombre sonrió y le lanzó un beso al aire.

- He traído a Ada, quiero que la conozcas.

Se apartó de la puerta despejando el campo de visión, Ada debía estar a su espalda.

Lucía se levantó de su escritorio y salió por la puerta, no había nadie.

- ¿Bromeas?- metió la cabeza asida al marco de la puerta.

- Ella es Ada, pero lleva un hechizo. Flora conseguiría que alguien ocultase su rostro.

- John. No hay nadie- recalcó la mujer- ¿Cuándo la perdiste de vista?

El hombre se rascó la mejilla, ¿Cuándo había visto a Ada por última vez?

- Venía detrás de mi, te lo juro- el hombre levantó las manos, esa bruja en concreto tenía muy malas pulgas cuando lograba enfadarla.

A ella la conoció por mediación de un amigo, estuvo enrollándose con ella y por suerte terminaron bien, seguían siendo amigos. Pocas veces le había ocurrido eso en la vida, las muggles solían ser mucho más rencorosas. Algunas incluso le habían dejado de hablar, y eso que pertenecían al mismo hospital. Lo que no sabía John es que Lucía seguía enamorada de él, y eso que ya hacía once años que habían terminado.

- Vale- la mujer asintió con la cabeza- te creo.

Debía hacerlo, una niña llegaba corriendo hacia ellos, perseguida por dos aurores recién salidos de la Academia, los que solían hacer el turno de noche vigilando el Ministerio.

Lucía salió de su despacho y los magos frenaron en seco, cuadrándose ante la mujer.

La niña esquivó el cuerpo y patinó hasta el interior del despacho, sobre su propia túnica.

- ¿De donde vienen?- preguntó con superioridad.

- Del Departamento de Criaturas Mágicas, nos la encontramos vagando por allí y comenzó a correr sin previo aviso- le aseguró uno de los Cadetes.

- Gracias por acercarla, chicos. Les presento a John Hitchens, el futuro tutor de Ada Steen.

Los hombres asintieron con la cabeza, no les sonaba ninguno de los dos nombres, en cambio todo el mundo conocía la valentía de Lucía García. Con veintiocho años ya disponía de despacho propio, todo un logro para una Gryffindor. Había sido condecorada en dos ocasiones por trazar la estrategia de varias importantes redadas y era una persona capaz de lograr cualquier cosa que se proponía, eso lo había demostrado infinidad de veces.

Corrían rumores por el Ministerio que era la cabecilla de las bromas en el Ministerio, pero nadie podía probarlo, y nadie se atrevía a acusarla. Mucho menos siendo el ojito derecho de Alastor Moody, el auror capaz de reventarte la cabeza de un soplido.

Compañero de curso y de casa de la susodicha cuando estudiaban en Hogwarts.

- Pueden retirarse- la mujer cruzó el umbral y cerró al puerta del despacho.

Se quedó apoyada sobre su espalda y cuando dejó de oír los pasos comenzó a reír.

- John, dices que tu hermana le pidió a alguien que le colocase un hechizo a la niña, ¿verdad?- preguntó la mujer estudiando a la niña que seguía en el suelo.

- Sí, si miras su foto de visitante sabrás que tengo razón.

- ¿Y no se te ocurre nadie?- interrogó la mujer- Alguien excelente en duelos y chapucero en hechizos, por ejemplo. Alguien que conociese a tu hermana.

John seguía rascándose la mejilla y negó con la cabeza, no conocía a nadie así.

- Creo saber quién colocó ese hechizo. ¿Qué tal Moody?- la mujer miró la foto de la niña y pensó que sería mejor que la niña recuperase su apariencia, a los del Wizengamot no le gustaban las mentiras, y un hechizo sobre el rostro de una niña era cruel- Ada, soy Lucía, debo revertir el hechizo si queremos ganar el caso, el abogado de la familia Steen se acogerá a cualquier irregularidad para que no puedas obtener tu herencia legítima. En ningún momento ha pedido tu custodia, pero es capaz de negársela a John sólo para fastidiar.

La niña se encogió de hombros y aceptó con la cabeza.

Lucía agitó la varita en el aire y el pelo de Ada creció hasta sus hombros, cayendo lacio sobre ellos.

John se sorprendió, sus ojos habían cambiado de color, ya no eran azules claros como los de él, con pequeñas piquitas doradas. Unos ojos curiosos, parecidos a los de los gatos.

El resto seguía siendo idéntico. Ada seguía seria y con las mejillas encendidas, aún saliendo a la carrera cincuenta metros antes que los dos hombres habían estado a punto de alcanzarla.

- Bueno, ya está. Sigues siendo Ada Steen, pero algo más arreglada- le revolvió el pelo y se acercó hasta su amigo y le sonrió- John, la casa le pertenece a Ada. Llevaba en ello toda la noche hasta que apareciste. Quería avisarte, pero la lechuza no te encontró. La herencia es muy grande, la señora Steen era asquerosamente rica.

- Lucía, me da igual su dinero- aseguró el mago con una mueca de disgusto.

- Yo lo sé, porque te conozco, pero su abogado alegará que sólo quieres la custodia por el dinero y la casa. Supongo que gastará Hogwarts como una excusa, lo primero que harás será mandarla a un internado durante todo el curso escolar, de Septiembre a Junio.

- Pero Ada tiene que ir a Hogwarts, debe aprender a controlar su magia.

- John te digo las armas que va a gastar, no mi opinión. Desde luego que Ada debe ir a Hogwarts.

La niña se levantó del suelo y se acercó a la pareja.

- ¿Puedo hablar?- preguntó cortando la conversación de los adultos.

Lucía la miró de arriba abajo, no tenía pinta de maga por más que llevase una túnica puesta. No había visto una maga con más pinta de muggle en su vida. No tenía el brillo especial de los niños magos cuando recibían su primera carta del colegio.

- Ada, por favor, no interrumpas- la regañó su tío. Demasiadas cosas tenía que pensar a la vez.

Lucía lo miró y volvió la vista hacia Ada. La niña tenía los ojos entrecerrados y los puños apretados.

- Sí, sería bueno conocer tu opinión. Podrías hablar ante el consejo y convencer al abogado de la familia Steen que ellos te repudian, su estrategia se volvería contra él- Lucía le sonrió a la niña.

- No quiero ir a un orfanato, me da lo mismo vivir con él- y señaló a John- No quiero el dinero de mi abuela, y seguir en la mansión me trae sin cuidado. En esta vida todas las personas que me rodeaban me han mentido en alguna ocasión.

- Suele pasar, los muggles son propensos a variar los hechos en propio beneficio, en eso se parecen mucho a los Slytherin- aseguró la mujer.

- ¡Eh!- protestó John- Eso duele, Lu.

- Pero es la verdad- le devolvió la mujer con veneno reservado- ¿A qué te refieres con vivir con un desconocido?

- Vivir con John, cuando recibí la carta, se mostró tal y como era realmente. Ahora sé que quiere mi custodia porque se lo pidió mi madre, no por otra razón.

- ¿Es eso cierto, John? ¿Te lo pidió tu hermana?- la mujer no cabía en su asombro, y su amigo no le había dicho nada- ¿Te das cuenta que si la escuchaste firmaste un contrato? Ya no es que quieras, es que estás obligado a aceptar su custodia. Sería fantástico que te lo hubiese pedido por carta, nos ahorraríamos muchas vistas.

John se quedó en completo silencio, ¿Dónde andaría la carta de su hermana?

Una bombilla se encendió en su cerebro y sonrió.

- ¿Tu chimenea está conectada a la red flu?- el mago parecía nervioso.

- Sí, ¿Por qué?- preguntó la mujer.

- Mientras yo te traigo la carta que me envió mi hermana te agradecería que mandases a alguien a por- se acercó hasta Lucía y le susurró- Una lechuza, hoy es su cumpleaños y no le he podido comprar nada.

- John, ¿Te lo dijo por carta?- Lucía aceptó con la cabeza, el mago asintió con la cabeza- Adoro a tu hermana.

- Está muerta- afirmó Ada- Lleva tres años muerta.

Lucía miró de nuevo a Ada, su rostro no mostraba ningún sentimiento y su voz era demasiado fría. Se notaba que la sangre Slytherin corría por sus venas.

- ¿Sabes que el colegio se divide en cuatro casas?- la mujer rebuscaba por su escritorio los impresos para pedir la conexión de una chimenea a la red flu.

- Eso me explicaron John y James- era imposible que la niña no tuviese sentimientos, pero su tono de voz se lo demostraba.

- ¿Y a qué casa crees que irá él?- la mujer no sabía quién era ese tal Sirius.

- Él pertenece a Gryffindor, como Sirius, Remus y Peter. Me acompañaron al callejón Diagon a por los útiles del colegio. Este año cursan tercero. Y han hecho apuestas por mí.

- ¿Apuestas?- la niña asintió con la cabeza.

- Sí, James y Sirius creen que quedaré en Slytherin, Peter en Hufflepuff y Remus piensa que seré de Gryffindor- aseguró Ada algo más emocionada.

- ¿Y Ravenclaw? Recuerdo que tu madre salió con un chico de Ravenclaw.

- ¿Mi madre salió con un mago?- se sorprendió la niña.

Lucía asintió con la cabeza divertida, al menos el tono de la niña demostraba asombro. No era un bloque de hielo como se había figurado.

- Sí, fue así como pudo comprarle la escoba a tu tío John, fue él quien la llevó al callejón Diagon. Quiso darle una sorpresa. Se lo podría haber pedido a tus abuelos, pero Flora siempre fue demasiado independiente. Tus abuelos no querían que se casase con tu padre.

- ¿Por qué?- Ada se interesó en la conversación.

- Porque sabían que Ángela Swan rechazaba la magia y que eso distanciaría a su hija de ellos. Nunca le echaron en cara que fuese una squib, le enseñaron el mundo en el que vivían y la animaron a casarse con un mago, aunque ella no tuviese magia, era muy probable que sus hijos la heredasen.

- Y así ocurrió- terminó la niña con una sonrisa fugaz.

- Tu madre se casó con tu padre porque se quedó embarazada.

- Pensaba que había nacido cinco años después de la boda de mis padres.

- Y así fue- aseguró la bruja, rellenando un pergamino directo a la tienda de mascotas del callejón.

- Pues no lo entiendo- la niña negaba con la cabeza.

- Tú hermano murió en extrañas circunstancias, era un niño precioso. Se parecía a tu madre, él llevaba los genes Black por dentro y por fuera.

- ¿Murió en extrañas circunstancias?

- ¿Recuerdas el novio de Ravenclaw?- la niña afirmó con la cabeza- Pues no fue el único mago en la vida de tu madre. También salió con uno de Slytherin, dos de Hufflepuff y tres de Gryffindor.

- ¿Antes de conocer a papá?- la niña hacía cálculos mentales.

- No exactamente- se sorprendió Lucía hablando directamente a la niña. ¿Demasiada información?

- ¿Qué quieres decir con eso? Mis padres estaban felizmente casados- Ada apretaba los puños. Y golpeó la mesa de la bruja.

- Lo siento Ada, pensaba que te lo habían dicho. Que ya sabías y conocías a tu madre. Las visitas al hospital no eran por tus fantasmas, tu madre nunca se lo dijo a tu padre, le hizo creer que tenías anemia, tu aspecto delgaducho acompañaba bastante y los desmayos también.

- No te entiendo- la niña negaba con la cabeza- ¿Quieres decir que no soy hija de mi padre?

- No, sé a ciencia cierta que eres hija de August Steen, sino no tendría sentido llevar tu caso, lo tendría perdido de antemano. En el mundo mágico hay muchas maneras de ver las cosas, casi tantas como en el mundo muggle.

Ada se había perdido por completo, nunca había podido seguir las conversaciones con doble sentido, sus padres eran asiduos a ellas.

- Ada, al igual que Moody te echó un hechizo, tu padre también fue hechizado, por eso tu madre se quedó embarazada de ti. Sabía que con él nacería Ada Steen, la reencarnación de Isla Black, sus genes de Slytherin despertaron cuando se quedó embarazada de ti, debías ser la única descendiente de los Steen.

- Estáis locos. Soy Ada Steen, no la reencarnación de nadie- la mujer asintió con pesar. Era una de sus teorías, pero no se lo podía contar. Era demasiado cruel, una teoría así podía provocar el rechazo de la niña hacia la magia- Yo no lo recuerdo, pero mi profesor de ciencias dice que hasta los cinco años no conservamos recuerdos en el futuro.

- Ada, deja el tema- le pidió la mujer- John me matará como se entere que te he hablado de esto.

- ¿Por qué? Es la historia de mi familia. Últimamente sólo tiene la ide de volver a ser un Black- protestó la niña.

La mujer silbó y una lechuza entró volando por la ventana, cogió con el pico la solicitud que había rellenado Lucía y volvió a emprender el vuelo.

Su tío John apareció por la chimenea con una carta en la mano, agitándola emocionado.

- ¡La encontré! Ahora ya no pueden separarla de mí- abrazó a su sobrina y besó la mejilla de la bruja adulta- Si me lo hubieses dicho antes me hubiese ahorrado muchas guardias.

La cabeza de la niña daba vueltas, los magos del Wizengamot eran octogenarios por lo menos. Todos vestían túnicas de brillantes colores.

John dejó la carta sobre el atril de la presidencia acompañándola de una reverencia.

Ada se fijaba en la cara de los magos, había el mismo número de mujeres que de hombres, al contrario que en la cámara de los Lores de Londres, en la que sólo habían un par de mujeres. El mundo muggle era mucho más sexista en los altos cargos, mucho más en la política.

El hombre se puso en pie y cerró el caso, el abogado de los Steen ni siquiera rebatió la decisión de la sala.

- John Hitchens obtiene la custodia de Ada Steen hasta su mayoría de edad, por derecho y obligación administrará todos sus bienes hasta los diecisiete años. La casa es herencia propia por las dos partes familiares, tanto de madre como de padre. Se le obliga a educar a la niña bajo los ideales de la magia, sabiendo de su desconocimiento inicial, este consejo decide que estudie Historia de la Magia durante toda su estadía en el Colegio- John asintió con la cabeza, su peor asignatura después de Transformaciones era Historia de la Magia, nunca había obtenido más de un Aceptable- El dinero se repartirá entre todos los hijos de la mujer, por partes iguales. Ada obtendrá la parte proporcional de su padre August Steen. La herencia asciende en este caso a un millar de galeones.

Lucía saltó y se enganchó al cuello de John, llorando de felicidad. Habían conseguido la custodia, la casa y la parte proporcional de la herencia con una carta de Flora Steen. Su primer novio le debió enseñar muchas cosas de las leyes del mundo mágico.

Ada se levantó de la silla y salió de la sala, nadie de su familia se había presentado, sólo un frío abogado, también mago. ¿Lo sabrían los Steen? ¿Por qué John le había pedido a Lucía algo en susurros? ¿Acaso esa carta que escribió su madre decía algo más? ¿Qué hubiese pasado si John no se hubiese querido ocupar de su custodia?

- John, háblale del pequeño Percival- le rogó la auror- Ni siquiera sabe cómo murió.

- ¿Le has hablado de Percival?- la mujer asintió con la cabeza con los ojos enrojecidos- ¿Por qué? Ni siquiera era hermano completo, sólo medio hermano, sólo que August no lo sabía.

- Ella tampoco sabe eso, sigue convencida que sus padres murieron por su culpa, por hablarle de los fantasmas. Creo que ya se como murió la señora Steen- la bruja sonrió derramando pequeñas lágrimas.

El mago la agarró del brazo con rudeza y la arrastró fuera de la sala. El golpe en la pared de mármol alertó a varios magos y a una niña pequeña, que contemplaba la escena con precaución. Separada unos metros de la pareja. Había soltado la muñeca de la bruja y la amenazaba con un dedo, la auror retrocedió asustada, el mago tenía la otra mano en el bolsillo de la túnica.

- Nunca, ¿me oyes?- los ojos del mago destilaban rencor- Nunca vuelvas a sugerir nada como eso. Y los fantasmas no pueden hacernos nada, porque ya están muertos, así que ni se te ocurra pensar que Flora tuvo algo que ver con la muerte de Ángela. Aunque no fuera hijo de August lo era de ella y lloró más que nadie su muerte.

- No lo entiendes, te cierras en banda por un amor irracional- Lucía sacó valor de sus entrañas.

- ¿Irracional? Era su hermano, ¿A eso lo llamas tu amor irracional?- el hombre elevó la voz más de lo que quería.

Ada podía seguir la conversación perfectamente, tampoco estaba tan alejada.

- Hola- un hombre con el típico cuerpo de jugador de rugby se quedó saludando a Ada.

La niña no respondió al saludo, estaba interesada en la conversación de los adultos que había frente a ella, sin darse cuenta que ella los contemplaba.

- ¡Hitchens!- gritó el auror de gran tamaño- Toca un pelo de esa dama y me olvido que eres mi mejor amigo.

John golpeó la pared de nuevo con fuerza, descargando la rabia sobre el alabastro.

- Alastor- arrastró la s del nombre, sonando como un auténtico siseo de serpiente.

El hombre le sonrió a la niña y se acercó a la pareja.

- Te he dicho un montón de veces que no te metas con Flora Steen, mucho menos delante de su adorable hermanito- le regañó a la auror- Mañana tenemos partida, ¿Vendrás?

El mago cabeceó hacia la niña.

- ¿Y que hago con ella?

Alastor Moody se fijó en los rasgos de la niña, se parecía bastante a Flora, pero también le recordaba al pequeño Percival, sólo que con los ojos de John.

- ¿Cuándo fuiste papá y no nos avisaste? Pensaba que sería el padrino de la primera niña que tuvieses.

- No es mi hija, imbécil, es Ada Steen- recalcó John- la hija de Flora. Mi sobrina. ¿No te acuerdas?

Alastor se fijó en la niña y negó con la cabeza, no la había visto en su vida.

- Curioso, la señorita García me había convencido que mi hermana te pidió que le colocases un hechizo encima, para que no se pareciese a Isla Black.

- Isla Black era morena como su padre, su hermana Elladora era la única rubia de los tres hermanos, tienes los retratos en los árboles genealógicos. Isla y Sirius I, eran morenos, Elladora era rubia platino. Sólo Sirius sacó los ojos grises y se encargó de transmitirlos generación tras generación casando a su descendencia con sangres pura, Black con Black.

- No todos siguieron ese camino- aseguró el medimago- en la familia también aparecen otros apellidos, Lestrange, Nott, Potter, Weasley, Peweret.

Ada escuchaba cada apellido, dos los conocía, Black y Potter, debían ser familiares, por el comportamiento en los chicos todo hacía pensar que lo eran, el comentario de Evans la sacó de dudas: "Si tienes que seguir a alguno, intenta copiar a Lupin".

- Bueno, podéis venir a casa a jugar- afirmó Alastor- Ella puede acostarse en mi cama.

- No, ahora he de ser responsable- aseguró John- He de cuidar de ella.

- ¿Y qué tal si vamos a jugar a tu casa?

- Alastor, él va a vivir en casa de Ada- anunció su compañera de carrera.

- ¿En serio?- el auror le hizo señas a la niña para que se acercase y Ada obedeció- ¿Está hermosa brujita me invitaría a mí y a unos amigos con su tío para jugar a las cartas en su casa?

- ¿Perdón?- Ada no se había enterado de nada, demasiada palabra junta.

- ¡Alastor!- se desesperó Lucía.

- ¿Qué? Tú también estás invitada- se defendió el auror.

Lucía negó con la cabeza y miró a John, que había perdido el poco color de la cara.

- ¿Estás bien John?- le susurró la mujer.

El mago negó con la cabeza, acababa de recordar unas palabras de Flora y no podía compartirlas con Lucía, la auror que llevaba el caso de la muerte de su sobrino. Un caso heredado de un auror desaparecido.

- ¿Quieres que te acompañe a casa?- preguntó la mujer.

- Ada empieza este curso Hogwarts, tengo que ir a casa a por su baúl. Nos vemos- cogió el brazo de la niña y la sacó del Ministerio.

Empezaba a clarear.