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Allí estaban. Luego de tres días de viaje, durante los cuales sorprendentemente Carl la pasó mejor que Anna. Casi todos los pueblerinos y las gentes de las ciudades donde acudieron para tomar los trenes, la miraron con malos ojos. ¿Y por qué? Solo por usar pantalones. Como odiaba ese tipo de gente y ese tipo de miradas, por lo que había persuadido a Carl y a Gabriel de ir más rápido. "Debemos llegar pronto", les había dicho.

El nombre del muelle era Rijeka y Anna dio una carrera para observar el mar.

"Es más bonito de lo que pensaba".

No, no solo era bonito, era bello, de una belleza sobrecogedora. Ella respiró el aire y a su nariz llego el olor a sal oceánica. No era exquisito, pero sí exótico. Aparte, desde esa parte del muelle tenía la vista perfecta de las tumultuosas aguas, de las aves marinas de las rocas sobresalientes y del cielo, tranquilo, aunque encapotado.

¿Vivirían siempre allí esas aves? ¿Qué comerían? ¿Dónde y cuándo tendrían a sus pichones? ¿El cielo sería como el de Vaseria en Invierno alguna vez? ¿Acaso el cambio de tiempo, de uno soleado a uno lluvioso y ventoso, opacaría la belleza subyugante del mar? Esas y muchas otras preguntas se formulaban y se acumulaban; solo para que otras más se formulasen.

Tenía que preguntarle a alguien, a alguien que conociera el mar.

Un hombre, un anciano, mejor dicho, sostenía la mirada al mar. Llevaba un viejo uniforme de marinero y la pipa en la mano izquierda.

— Discúlpeme, pero... usted parece saber mucho del mar y de las navíos y de los viajes...—

El anciano le dedicó una mirada divertida y abrió la conversación.

— ¿Qué es lo que desea saber del mar, señorita?

Anna agradeció, en silencio, que él hubiera iniciado con la charla ya que nunca había sido muy buena para platicar. Revisó su listado mental y pregunto por lo que era lo más importante.

— No, no. El mar siempre será hermoso. Tiene sus días – admitió—.Pero sigue siendo hermoso. Quizás divinamente hermoso, en días soleados; quizás en días lluviosos y con espectaculares tormentas, terriblemente hermoso. No, nada ni nadie le va a quitar eso.

Anna realizó otras preguntas más que fueron respondidas, hasta que Gabriel le hizo un gesto con la mano. La fila, por fin, se estaba acortando.

— Gracias, señor— Anna tomó sus maletas, que contenían mayormente mudas de ropa. Sus armas y las de Gabriel estaban en otro sector del barco: el de la carga.

— De nada, señorita – respondió el anciano.

Pero cuando llegó, las miradas de gran parte de la fila le disgustaron y le hicieron olvidar su buen humor.

— ¿De qué has estado hablando con ese anciano? – preguntó Gabriel.

— Del mar— respondió dócilmente.

"Marimacha. ¡No mires, cariño!". Y con eso su buen humor se esfumó.

Y llegó hasta su límite cuando la fila comenzó a retrasarse debido a "cierto caballero". ¡Qué caballero ni que ocho cuartos! ¡Quienquiera que fuese no tenía el derecho de retrasar el abordaje de los demás pasajeros!

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En tres días, Vlad había logrado dominar su cuerpo, otra vez, conseguir un pasaporte falso; había sacado dinero de una cuenta bancaria y un pasaje para viajar en el primer barco con destino a Italia. Consiguió libros, mapas, cartas y otros instrumentos que iban a serle de utilidad en su búsqueda. Obtuvo una buena dotación de sangre y se decidió a cortarse el pelo cada noche; era horrible mordérselo cuando estaba nervioso o ansioso.

Sí, todo aquello le había tomado tres días, dormir poco y nada y forzarse hasta sus límites, pero allí estaba; como Máximus Wagner, un hombre de negocios que viajaba a Roma por trabajo y por placer. Y en ese momento tenía la mente atiborrada de fechas, cálculos, imprevistos, lugares a donde debía ir para...

Una mano le tocó el hombro, se volteó por educación, y casi grita. ¿Qué demonios hacía Gabriel allí?

— Retrasa la fila, señor...— indicó Anna al pálido y guapo hombre.

— Lo... lo siento, señorita. Lamento todos los pormenores que le he causado a usted y a los demás. Es que tenía la cabeza en otro lado y...lo siento— tomó sus maletas, dio su pasaporte y su boleto al guardia y subió rápidamente con sus maletas.