La idea era arriesgada, pero valía la pena intentarlo, Plagg lo sabía y por eso no se detuvo antes de contarle a Tikki y Wayzz su plan.
La verdad es que había temido recibir una negativa de alguno de los dos, los demás kwamis iban a aceptar sin rechistar, pero aquellos dos eran demasiado cautelosos con las normas y las peticiones de sus portadores, a deferencia suya, que siempre encontraba el modo de salirse con la suya.
Justo como lo hacía ahora mientras removía la ropa de su portador, buscando los utensilios necesarios para su obra maestra.
¿Quién decía que Tikki era la única que podía crear cosas?
Claro que tuvo que ver algunos vídeos en Internet para hacerlo, ya que Adrien no tenía aguja e hilo por ningún lado. Además de cortar los botones que necesitaba de uno de los sueteres que su muchacho nunca había utilizado. Bueno, no desde que estaba con él.
Y aunque era reducido el tiempo que estaba solo en la habitación (como cuando Adrien se cambiaba de ropa o se duchaba), logró terminar su pequeño proyecto.
—¡Te llamarás Plaggcetín! —Le dijo a su gemelo cuando terminó de pegarle un brazo —Ahora, ¡ayúdame a quitarme esto! —Imploró mostrándole sus manitas que se encontraban unidas por culpa del pegamento.
Aunque al final, no fue necesaria su ayuda, solo fue necesaria un poco de fuerza.
—Bien, esto es lo que haremos —Empezó a explicar al cerciorarse de que su portador tardaría su tiempo en la ducha —En unos días tenemos una misión ultrasecreta en la que tienes un importante papel, ¡tienes que actuar como yo! No te preocupes, sé que suena difícil imitar a un ser tan fabuloso como yo, pero solo tendrás que hacerte el dormido para que Adrien no sospeche que me he ido. ¿Lo entendiste? ¡Bien! Ahora, ¡escóndete! —Plagg escondió al títere entre la cama y la pared, donde nadie podría verlo.
Ahora solo tenía que esperar.
Escena extra:
Adrien pensó que después de todo el embrollo con el calcetín, este sería desechado. ¡Qué equivocado estaba! Porque Plagg había empezado a llevarlo a todos lados; cuando veía televisión, se escondía en el basurero junto al escritorio e incluso a la hora de ir a dormir.
—¡Es mi gemelo! —Le dijo el pequeño gato negro mientras lo abrazaba.
—¡Pero ya huele a queso!
—Igual que tus calcetines —Contestó el kwami mientras le daba la espalda, indignado.
Y si bien, le parecía tierno ver a Plagg de aquí para allá con el pequeño peluche, no tardó en notar sus verdades intenciones.
—Adrien, necesito más queso.
—Pero tienes media rueda de camembert, Plagg.
—No es suficiente. ¡Plaggcetín también tiene hambre!
Esa tenía que ser una broma, ¿no?
No lo era.
Lo sabía por el modo en el que el pequeño gato lo veía con las orejitas bajas.
Pero que kwami más mañoso tenía.
Gracias por leer, votar y comentar.
El nombre de Plaggcetín le pertenece a JuuMLB (en wattpad) que con su fabulosidad me ha ayudado a elegir el nombre. Pasen a leerla. :3
Al principio quería tener una segunda parte, de cómo Adrien empezaba a entrar en crisis porque no tenía modo de salir de su pesadilla. Pero ya que fue muy incomodo para mí ver esa escena porque #claustrofobia dije: no, no quiero darle más vueltas a eso.
Los kwamis, son mañonos. Lo dije en otro fanfic y lo digo ahora. Fin. (?)
