No tengo perdón de Dios, lo sé, lo sé D:

Dije que no tardaría en subir los capis...y tarde mucho para subir este e.e pero es que la uni me había tenido algo apuradilla. Así que les pido una gran disculpa, y les cuelgo el capi :3

¡Disfrútenlo!


AL OESTE

Lo que más le molestaba era que ella no hiciera nada para detenerlo. Sesshomaru cerró los ojos y presiono con fuerza el mango de Bakusaiga.

Entonces Rin se separó de Kohaku con fuerza, empujándolo con una fuerza que nunca antes había demostrado, y que hizo que el exterminador casi cayera de bruces al suelo.

-¡No vuelvas a hacer eso nunca!-grito Rin, su rostro era una máscara de rabia.

-Rin…yo…yo lo siento…-Kohaku tartamudeaba mientras buscaba las palabras correctas para disculparse. Pero Rin no parecía dispuesta a escucharlo, ella respiraba agitadamente, como si intentara reprimir alguna acción desagradable.

Rin no sabía exactamente por qué, pero habían nacido en ella unas ganas incontrolables de abofetear a Kohaku, claro, además de que se sentía tremendamente humillada, y por alguien a quien consideraba su amigo. Eso era suficiente para querer abofetearle, aunque siendo ella una chica tan pacifica, tan amable, lo normal seria sólo gritarle un poco, no quererlo matar.

-¡¿Cómo pudiste hacerlo?!-volvió a gritar-¡Kohaku tu eres un…!-se cortó cuando en lo profundo de sus entrañas nació un dolor terrible, una punzada que le atravesó el cuerpo, le entumió las piernas y la hizo caer de rodillas frente al exterminador. El aire escapo de sus pulmones, levanto sólo un poco la mirada y vio como Kohaku le llamaba con una mueca de preocupación exagerada, pero es que ella realmente sentía como si miles de estacas se clavaran en su cuerpo.

Sesshomaru había pasado completamente de su rabia inicial cuando vio a Rin caer al piso de pronto, como si alguien le hubiera golpeado de imprevisto. Y hubo algo que lo detuvo por un instante antes de volar, literalmente, hasta ella, y había sido el aura que había desprendido el cuerpo de la humana cuando se había separado del mocoso. Y un segundo después él estaba frente a ella, ignorando la expresión de miedo que había surcado el rostro de Kohaku cuando apareció. Sólo se fijó en Rin, en los ojos de Rin, viéndolo con un poco de miedo también, pero no miedo a él, sino a lo que le pasaba y que él no entendía.

-Rin-la llamo casi fríamente, pero Rin sólo veía los labios del daiyokai moverse, formando palabras que ella no comprendía-Rin, reacciona ¡Rin!

Antes de que las sombras velaran sus ojos, Rin fue consciente de que alguien la había tomado en brazos, sintió el viento en su cara, y sobre ella, la fuerza de una mirada dorada que la veía con algo de temor.

-¿La amas?

La pregunta floto en el ambiente, más parecida a palabras de pena que a una pregunta. Él miro por encima de su hombro, guardándose para sí mismo un suspiro.

-Lo hago-dijo.

Sango se acercó a su hermano, pasándole un brazo por la espalda, casi de manera consoladora, pero él ya sabía que algo como eso podía pasar. Sólo que había estado guardando la esperanza, no tan en el fondo de su alma, que las cosas podían ser diferentes, que realmente le correspondiera. Pero no, y algunas situaciones no se podían cambiar.

Y tampoco se esperaba que todo terminara así: Con un Sesshomaru furibundo cargando a una Rin inconsciente en brazos a la casa de la anciana Kaede, y que esta última pegara el grito en el cielo, como si todas las desgracias fueran a caer sobre ellos. Claro, que con la mueca que el mononoke tenía en la cara cuando deposito a Rin sobre el futon, tampoco se podía pensara otra cosa.

-Ella se pondrá bien, Kohaku-pero no servía de nada si Sango lo decía como intentando creérselo ella también.

-Fue tan de repente. Ella sólo cayó frente a mí.

Kohaku guardo silencio cuando la anciana Kaede y Kagome salían de la recamara de Rin. Lo primero que ambas mujeres hicieron fue mirar a Sesshomaru. El youkai había estado todo ese tiempo recargado en la puerta de entrada a la cabaña, como vigilando que nadie sospechoso se acercara. Era la primera vez que lo veían después de tres años, incluso cuando sabían que Rin había decidido volver con él(o que él había decidido volver por ella, ambas cosas eran válidas) no dejaba de ser una sorpresa el tenerlo ahí. Kagome se detuvo, y parecía querer tomar valor antes de decir algo:

-Cuñado-Sesshomaru entorno los parpados con claro fastidio; Kagome se aclaró la garganta-Rin está bien. Ha dejado de quejarse, y no tiene fiebre, despertó sólo un instante y volvió a dormir.

Como si esas palabras fueran suficientes, Sesshomaru comenzó a alejarse de la cabaña, con rumbo al bosque.

-¡Es increíble!-se quejó Kohaku-Él sólo…sólo se está yendo, como si todo estuviera genial.

-Kohaku, basta-la anciana Kaede soltó un largo suspiro, antes de entrar nuevamente a la habitación de Rin.

No. No eran suficientes. Incluso si le hubieran presentado a una Rin brillante, no habría sido suficiente. Pero tampoco creía ser capaz de seguir en la misma maldita sala que el estúpido de Kohaku sin arrancarle la cabeza, y mucho menos se sentía capaz de escuchar como si nada las palabras que proferían, como si él no estuviera presente, como si él no estuviera escuchando las fastidiosas y asquerosas miradas que el exterminador lanzaba al cuarto donde descansaba Rin.

¿La amaba? Eso había preguntado Sango al inepto de Kohaku, y la respuesta había sido afirmativa. Casi como si se lo restregara en la cara, y él era un daiyoukai, no tenía por qué soportar situaciones como esas. Se detuvo frente a un gran árbol, y tomo asiento ahí, fingiendo una tranquilidad que no sentía. Sabía que algo no iba bien, lo había visto, Rin simplemente se había desplomado en el suelo. Inevitablemente pensó en la efímera vida de los seres humanos, brillantes como la llama de una vela, ligeros como un suspiro, y con la misma facilidad de extinción que estos. Pero el aura de la muerte no había estado ahí, no había estado en Rin cuando lo miro con los ojos velados, ni cuando la tomo en brazos, ni cuando sintió su frágil cuerpo encajando perfectamente con el suyo, incluso cuando ya había perdido el conocimiento. Era como si el cuerpo humano de ella hubiera sido moldeado a la medida para él, como si el hueco entre el pecho y los brazos de él hubiera sido creado para llevarla a ella ahí. Como si fuera la pieza faltante desde el inicio y hasta ahora la hubiera encontrado.

Sesshomaru cerró los ojos, pensando que debía dejar de pensar. Pensar en simplezas, en trivialidades, concentrarse sólo en cómo debía reaccionar ahora; si Rin estaba mal no podía forzarla a un viaje largo, sin rumbo fijo, pero tampoco la quería dejar ahí, menos después de la desagradable visión que había tenido. Rin era humana, pero los humanos eran incapaces de cuidar de ella. De entre tantos pensamientos llego uno, el de un lugar entre montañas, un lugar con placentero clima, con paisajes dignos de admirar. Paisajes inexplorados por los ojos de su humana. Claro, un lugar digno. Un lugar para ella.

El palacio del oeste.

Lo primero que sus ojos vieron al abrirse fue el techo de madera. La desorientación del momento la hizo parpadear repetidas veces, y después pensó en algo color ámbar. Miro a su izquierda y reconoció la ventana, incluso la brisa que entraba por ella. Intento no hacer caso a la ilusión de lo que podía ver a su derecha, y con lentitud miro a esa dirección: la anciana Kaede estaba reclinada contra la pared, con los ojos cerrados y las manos en su regazo. Rin sintió como la decepción se instalaba en su pecho, por un momento había creído que alguien más estaría ahí, vigilando su sueño. Recordaba que había sido lo último que sus ojos vieran antes de cerrarse, y casi juraría que él lucia preocupado, aunque luego, obligándose a ser realista, pensó que no era posible, era más probable que su amo pensara que ella seguía siendo una carga, que sólo valía para hacerlo pasar malos ratos, obligándolo a aparecerse en una aldea humana. Quizás ahora ya no querría llevarla con él. Inevitablemente se sintió triste. Ella no quería quedarse más en la aldea, la sola idea le sentaba fatal, y si quería irse, lo primero que tenía que hacer era levantarse del futon. Y así lo hizo, pensó que tal vez el dolor regresaría, pero no, ni un mareo siquiera, se hizo presente cuando estuvo de pie.

Al contrario, se sentía de maravilla, como si hubiera descansando profundamente después de un largo día de trabajo. El viento que se colaba por la ventana trajo consigo el olor del bosque, olor a madera, a frescura y algo de frialdad. Un aroma que le ponía los cabellos de punta de manera agradable, al recordar quien olía de esa manera, pero era imposible que ella lo supiera así…

-¡¿Qué estás haciendo aquí?!

El grito de Inuyasha le sonó tan cercano, como si lo tuviera a su lado, y sin pararse a pensar mucho en eso, corrió a la puerta, segura de que era una equivocación. Cuando salió de la cabaña esperaba encontrarse a Inuyasha peleando con Sesshomaru, pero no. Inuyasha no estaba ahí, y ella seguía escuchando su voz. Camino apresuradamente y entonces los vio, casi a entradas de la aldea, lejos de la cabaña, Inuyasha de pie, con colmillo de acero en la mano, frente a un estoico Sesshomaru, que parecía no percatarse de la presencia del hanyo.

-¡Te hice una pregunta, engendro!-profirió Inuyasha, tan impetuoso como siempre.

-No tengo que darte explicaciones-se limitó a contestar Sesshomaru.

-Por si no te has dado cuenta, imbécil, no estás en tus territorios-farfullo Inuyasha.

-Tampoco en los tuyos.

Ante el sarcasmo de Sesshomaru, Inuyasha apunto su espada hacía él.

-Mejor lárgate de aquí, si no quieres recibir una paliza.

-¿Y quién me la dará? ¿Tú?-la mano de Sesshomaru viajo con lentitud a Bakusaiga-Por favor, Inuyasha, no me hagas reír. Yo no me voy sin lo que es mío.

Inuyasha comprendía a lo que se refería, sabía que no tenía motivos para pelear con Sesshomaru, aunque tampoco los necesitaba. Aunque le reventaba el hecho de que se refiriera a Rin como algo más de su propiedad. Y para él eso era suficiente para iniciar una pelea, lo que había pasado de no aparecer Rin.

-¿Señor Sesshomaru?-la pregunta, más que por verlo, era por saber que él estaba ahí, incluso desde antes de haberle visto-¿Qué hacen?-dijo después, cómo para dar fundamento a su pregunta.

Pero Sesshomaru sólo le dirigió una mirada escrutadora, tal vez para comprobar que ella estaba bien, pero Rin de todas formas comprendió que debía despedirse de algunas personas.

Aquellos que se habían convertido en sus amigos la miraron con detenimiento; Rin se estaba despidiendo de los hijos de Miroku y Sango, las gemelas Naoko y Naomi, y el pequeño Komori.

-¿Vendrás a vernos?-pregunto el niño. Por un momento Rin regreso en el tiempo, al día en que Komori nació, la felicidad que había experimentado al ver el rostro sonrojado del pequeño, y con eso en mente le regalo una sonrisa al Komori del presente.

-Por supuesto.

-Rin ¿Realmente quieres irte?-la voz de la anciana Kaede sonó por encima de ella, Rin dejo de ver a Komori y puso atención a lo que la sacerdotisa decía-Sabía que llegaría este momento, pero…

-Yo siempre quise esto ¿lo recuerda? Me he encariñado con ustedes, les tengo…les estoy muy agradecida por todo lo que han hecho por mí. Realmente son personas maravillosas, abuela Kaede, pero…pero yo sólo tengo un lugar en el que quiero estar, y es a su lado, donde quiera que vaya.

-Creo que yo comprendo eso-Kagome se acercó a ella. Había escuchado parte de la conversación, y realmente sentía que las palabras de Rin eran ciertas, porque ella también se había sentido así en algún momento.

-¡Oh, es verdad!-Rin abrió mucho los ojos, como si de pronto hubiera descubierto algo que nadie más supiera-Yo te prometo estar aquí, para cuando…

-Shh-murmuro Kagome-todavía falta para eso. Y sé que estarás aquí llegado el momento. Esta noche pensaba decirlo.

-Lo prometo.

La paciencia no era exactamente una de sus grandes cualidades, menos si se trataba de tenerla en una aldea de humanos, donde además se encontraba su hermano. Sesshomaru cerro sólo un poco los ojos, y después se aseguró de lanzar una mirada que su protegida entendiera. Rin hizo un leve asentimiento, casi imperceptible, y después la vio acercarse al monje y a su mujer.

-Cuídense mucho, por favor.

-No se preocupe, señorita Rin-dijo Miroku-Junto a Inuyasha me encargare de que todo en la aldea vaya bien.

-Y si no es así, yo me encargare de ello-Sango le guiño un ojo a Rin.

Rin pensaba despedirse de Inuyasha, pero no sabía exactamente a donde se había metido el hanyu. Hasta que Kagome le hizo una señal indicándole una dirección. Rin le agradeció con una sonrisa y corrió hasta allá.

-Inuyasha-el aludido volvió la cabeza.

-¿Ya te vas?-dijo por toda respuesta. Rin asintió.

-¿Estas segura? Todavía te puedes arrepentir. Si quieres golpeo a ese tonto en lo que tú…

-No es necesario-rio ella.

-Bueno, pero si te arrepientes a medio camino tendrás que correr muy rápido para poder llegar hasta acá.

-No me arrepentiré.

-Pues yo espero que lo hagas-le dijo el hanyo, aunque no parecía muy convencido-Ya sabes, siempre contaras con nosotros. Siempre estaré dispuesto a darle una paliza a Sesshomaru.

-Pues yo espero que no sea necesario.

Inuyasha frunció el ceño.

-¿Estás pensando que la paliza la recibiré yo, verdad? ¡Pues no será así, niñita!

Pero antes de que Rin pudiera refutar, la anciana Kaede y Kagome la llamarón. Rin se despidió rápidamente de Inuyasha, prometiendo que tendría cuidado, y corrió al encuentro de las sacerdotisas.

-Escucha, Rin-dijo Kaede-Para ser una sacerdotisa es necesario un entrenamiento y una gran fuerza de voluntad. Eso tú lo tienes-y extendió un bonito arco de madera, junto a un carcaj relleno de flechas.

-¿Es…para…para mí?

-¡Claro!-dijo Kagome-Los necesitaras, sabemos que tendrás quien te proteja, pero también sabemos que quieres demostrarle de lo que eres capaz.

Rin sintió cuando los ojos se le llenaron de lágrimas, a pesar de todo los iba a extrañar. Habían confiado en ella, le había enseñado muchas cosas…

-Rin-volvió a decir Kagome-Esto no sirve sólo para purificar demonios, es más que una simple arma.

Rin no entendió muy bien el significado de esas palabras, pero sabía que llegado el momento lo haría. Tenía tiempo, pensó, y no quería preocuparse por otras cosas. Sólo mirar hacia adelante y disfrutar cada uno de los días que venían. Así que cuando se hubo despedido de todos, se dirigió a donde la esperaba Sesshomaru. Él seguía con una expresión rígida, de esas que no dicen nada, pero parecen decirlo todo, una expresión que ella sabía descifrar perfectamente. Sesshomaru comenzó a caminar y ella a seguirlo, volvió por última vez la mirada, sólo para comprobar que la figura de sus amigos se iba haciendo cada vez más pequeñita, hasta que ya no pudo verlos más.

Suspiro aliviada. Iba a lado de él, no la había dejado en la aldea, no la había abandonado con el pretexto de lo que fuera que le hubiera pasado esa mañana, y eso la tranquilizaba, aunque en el fondo aguardaba el miedo de lo que podía ser. Nunca había sentido un dolor como aquel, como si dos monstruos pelearan dentro de ella, como si la golpearan desde adentro. Sacudió la cabeza, lo mejor era concentrarse sólo en el momento. No sabía que venía, no sabía que iba a pasar. Sabía que la vida humana era efímera, pero incluso si ese dolor avisaba que su muerte estaba cerca, sería una gran dicha morir a lado de él.

-Señor Sesshomaru…

-Creo haberle dicho a Jaken que te acompañara.

La había interrumpido tan de repente que Rin no se fijó que él se había detenido. Su cara y pecho golpeo contra la espalda del mononoke, el golpe la hizo tambalearse, y hubiera caído si el rápido brazo de Sesshomaru no la hubiera tomado de la cintura. Ella se quedó sin respiración, sintiendo como la garra del daiyokai presionaba la tela de su kimono, con una fuerza mínima. Rin levanto la mirada, y se encontró con el rostro de Sesshomaru inclinado hacia adelante, muy cerca del de ella. Sintió que sus mejillas le ardían, y sabía que se había sonrojado, porque un inquisidor gesto paso velozmente por el rostro de Sesshomaru, haciéndolo enarcar una ceja, y después la soltó.

No de forma ruda, pero tampoco con grandes contemplaciones. Rin frunció los labios.

-Le dije que volvería sola, él quiso acompañarme, pero yo me negué.

-No había motivo para desobedecer mis órdenes-refuto él.

-Ya, bueno, tampoco para seguirlas-en cuanto termino de hablar, se dio cuenta de que había sido un gran error. Sesshomaru la miro con enojo, y ella se obligó a sostener esa ruda mirada. Nunca la había mirado tan…así, de hecho nunca le había mirado siquiera con desaprobación. Las cosas cambiaban, pensó.

-Deberías cuidar lo que dices-lo dijo tan claro, que a Rin hasta le pareció una amenaza. Sesshomaru era consiente que entre ellos había una gran tensión, como una liga que se estiraba y se estiraba con cada palabra.

Rin se aclaró la garganta, y adopto una mirada sumisa que no le agradaba, pero que era mejor para relajar un poco el momento.

-Lo siento-dijo.

Sesshomaru comenzó a caminar nuevamente, intentando ignorar la nueva cara de la humana. Primero valiente y agresiva, luego sumisa y escurridiza. Los años hacían grandes y significativos cambios en esos seres, los transformaba en algo que no eran, o simplemente asentaba más lo que ya desde pequeños estaban destinados a ser. Pero con ella era mucho más complejo, porque de alguna manera, parecía que algo estaba empujando lo que había sido Rin.

-Señor Sesshomaru-volvió a decir ella, rompiendo el silencio que tan pesadamente se había instalado entre ellos-¿Hay algún destino? ¿Vamos a algún lugar en especial?

Una leve ventisca comenzaba a correr, y el cielo era ya un manto cubierto por diferentes colores, el sol comenzaba a esconderse en el horizonte, los grillos cantaban, y el delicioso aroma a vainilla se deslizaba juguetonamente por todos sus sentidos. Aroma a vainilla, a inocencia, a tranquilidad y fuerza, pensó casi sin pensar. Era una esencia deliciosa, tentadora y prohibida…pero tan persuasiva. No intento siquiera ignorarla, dejo que siguiera ahí, paseando entre su nariz y su boca. Y entonces, cuando le dio total permiso de entrar, también respondió.

-Al oeste.


¡Y aquí termina!

¿Qué les pareció? ¿Esperaban que Sessho asesinara a Kohaku por atrevido? Yo también ._. pero no se desanimen, que tal vez la venganza de llegara.

Y luego Rin, eso que le pasa a ella...Bueno, espero que les gustara el cap, disculpen por la tardanza, pero ahora si intentare actualizar más seguido :3

¡Los adoro 3!