Este cap está ubicado cuando Marigold tiene 5 años.

La luz entraba por la ventana de la habitación, estaba cálido pero la ventana estaba abierta por lo que no hacía mucho calor, había entrado con anterioridad una vez cuando aquella mujer estaba enferma, Marigold sabía que esa rubia mujer de ojos café la quería y se preocupaba por ella pero no estaba segura de sí podía llamarla madre, muchos pensaban que por ser una niña pequeña no podía oír o entender lo que los adultos decían, la niñera había comentado en una ocasión que ella era un acto de caridad de Lady Edith pero que a pesar de lo mucho que la amaba ella no era su madre. Aquella habitación tenía un aroma a azafrán al igual que "ella", adoraba ese olor la hacía sentirse segura, entro y cerró la puerta, recorrió la habitación tranquilamente se detuvo frente al closet de roble que había, abrió sus puertas para ver los innumerables vestidos de seda brillante guardados en él, los suaves abrigos de piel que froto contra su rostro, alguno de los zapatos, elevo los ojos para visibilizar unas cuantas cajas que estaban fuera de su alcance pero que con la silla de la esquina podía alcanzar, la acerco, se subió a ella y saco con mucho cuidado una caja, la puso en el suelo para abrirla, en ella había un sombrero azul rey con un listón celeste decorado con una piedra azul, lo tomo y se lo puso, claramente le quedaba grande, se acercó a otro mueble, abrió los cajones, encontró más ropa pero lo que llamo su atención fueron los pañuelos, los guantes y bolsos de mano, tomo un pañuelo de seda francesa de color rosa con un diseño de flores y un par de guantes de gamuza color crema, se paseó por la habitación con esas cosas puestas, paso varios minutos frente al espejo de cuerpo entero hasta que su atención se desvió completamente hacia el tocador. Se sentó con entusiasmo, sobre el tocador habían cuatro botellas de perfumes, tomo cada una de ellas, los probo y se colocó el de azafrán, casi vació el frasco, abrió uno de los cajones y encontró los joyeros, tomo el más grande, lo abrió y se encontró con los collares y gargantillas, en otro estaban los anillos y en otro las pulseras, pero le robo su atención las diademas de diamantes, se quitó los guantes y el sombrero para colocarse un collar de perlas que le dio tres vuelta, se colocó todas las pulseras que sus brazos pudieron aguantar y en cada dedo un anillo que bailaba en él, tomo una de las diademas con brillantes que dibujaba un girasol, en otro cajón se topó con el maquillaje, saco los labiales y se pintó con uno color rojo (que parecía nuevo), el rubor y las sombras de ojos se esparcieron por su rostro, Marigold tomo el delineador y se pintó con el bajo los ojos mientras se miraba en el espejo. Cuando termino empezó a observar las joyas y cantar, como cualquier niña estaba encantada con las cosas bonitas y brillantes, no se percató de los pasos que venían del pasillo ni del ruido de la perilla cuando se giraba para abrir la puerta. Edith entro en su habitación tranquilamente a quitarse su abrigo y el sombrero cuando se quedó de pie en la puerta observando a la niña que no se había dado cuenta aun de su presencia, cerró la puerta con extremo cuidado para no asustar a la pequeña, se acercó con sigilo hasta el tocador escuchando a su hijita cantar.

-¿Qué estás haciendo querida?-le pregunto en voz alta, haciendo que la niña saltara en la silla donde se encontraba debido al susto.

Marigold miro con algo de sorpresa y miedo, había sido atrapada, se había escapado un rato del cuarto de los niños mientras la niñera había ido al baño y George dormía junto a la ventana. Lo único que se le ocurrió hacer fue sonreír con todos sus dientes, Edith le devolvió la sonrisa con el mismo entusiasmo.

-Creo que debemos limpiarte la cara-le propuso, mientras dejaba los guantes y el abrigo sobre la cama.

Tomo un pañuelo blanco y aplico una solución desmaquillaste*, froto la cara de Marigold para retirar el labial de las mejillas y el delineador que se extendía por su nariz, el rubor y las sombras también se fueron.

-Estas joyas un día serán tuyas, pero cuando seas mayor-dijo guardando los anillos-pero puedes quedarte con este si tú quieres-mientras le colocaba una cadenita de oro con un brillante naranjo de adorno.- ¿Te gusta?

-Sí, gracias Lady Edith-Marigold respondió muy contenta por el obsequio, pero no noto la tristeza que se asomó en los ojos de su benefactora al llamarla "lady"

-Sabes me puedes llamar tía, después de todo soy tu protectora-dijo pero en realidad quería que su pequeña la llamara mamá

-Está bien-

-Un día serás mayor y usaras hermosos vestidos que combinaran con tus sombreros y joyas, estudiaras y serás una señorita con muchas virtudes, luego te enamoraras, te casaras y tendrás hijos, serás muy feliz mi pequeña-le decía mientras peinaba su cabello y trataba de arreglarlo.

-Tía Edith ¿Cuándo crezca, estarás ahí conmigo? –pregunto un poco preocupada por la respuesta, pues no quería separarse de ella

-Claro que sí, mientras viva siempre estaré contigo ¿y sabes porque?-respondió mientras se ponía en frente de la niña tomando sus manitos

-¿Por qué?-su curiosidad despertó una vez más

-Bueno porque te quiero con mi vida y no hay nada más importante que tú-termina diciendo dándole un beso sobre su frente.