Capitulo 4

Debió haber supuesto que no sería fácil arrastrar por la calle el cuerpo de un hombre completamente borracho y herido. Terry no hacía más que tambalearse para un lado y para el otro, y a Candy comenzaba a dolerle la cintura. Después de caminar unas pocas cuadras, llegaron a su casa. Candy abrió con dificultad la puerta, y casi inmediatamente, Holly corrió hacia ella, abriendo desmesuradamente sus ojos al ver a aquel hombre extraño para ella.

- ¿Quién es él, mami? – Le preguntó.

- Un amigo – Mintió Candy, mientras depositaba a Terry sobre un viejo sofá. Holly se acercó y lo miró fijamente.

Candy jamás llevaba hombres a su casa, incluso no tenía sexo desde que su hija había nacido. Por eso no le extrañaba que Holly sintiera curiosidad ante la presencia de Terry.

En ese momento, Jaz salió por la puerta de la cocina.

- ¡¿Pero qué demonios? – Exclamó, olvidando que no debía decir aquellas palabras frente a la niña – Lo siento – Se disculpo ante la mirada de Candy - ¿Qué ha pasado?

- Lo han asaltado.

- Oh... ¿Necesitas ayuda?

- No, gracias. Supongo que puedo arreglármelas sola.

- Bien... en ese caso... - Candy tomó su bolso y sacó unos billetes para pagarla a Jaz – Vendré mañana a la hora de siempre.

Jaz se fue, y Candy se dedicó exclusivamente a Terry. Era consciente de que él no se merecía aquellas atenciones después de todo lo que le había dicho, pero no fue capaz de dejarlo solo en la calle.

- ¿Está muy mal? – Le preguntó Holly.

- No – Contestó Candy, después de examinarlo detenidamente – Son solo unas heridas superficiales.

- ¿Y por qué no abre los ojos?

- Porque está dormido – No creyó conveniente decirle que estaba borracho. No quería ese ejemplo para su hija.

- Ahhhh

Holly se quedo quieta mirando como su madre curaba las heridas de aquel hombre. Y de vez en cuando, la ayudaba alcanzándole las vendas y el alcohol.

- Listo – Dijo Candy al fin.

- Aún no despierta.

- No lo hará sino hasta mañana.

- Eso significa que pasará la noche aquí.

- Si – Candy no había pensado en ello cuando decidió llevar a Terry a su casa, pero Holly tenía razón. No le quedaba más remedio que dejarlo pasar la noche en su casa. Esperaba que la familia de él no reportara su desaparición.

- Pero no puede dormir en el sofá. Mañana le dolerá la espalda, y no podrá recuperarse de sus heridas.

- Es cierto – Dijo Candy pensativa. No tenían muchas habitaciones en esa casa, así que solo quedaba una opción – Hoy dormirás conmigo, Holly. Le dejaremos tu habitación a Terry.

Afortunadamente, Holly no puso reparos en cederle su habitación a Terry por esa noche. Candy trasladó con un poco de dificultad a Terry hasta la habitación, y después de dejarlo bien instalado, fue hacia el baño para tomar una ducha relajante.

ooo

Despertó con el cantar de los pájaros, y un molesto rayito de sol que se filtraba en la habitación para apuntar directamente en su rostro. La cabeza le dolía profundamente, y no podía recordar lo que había sucedido la noche anterior. Abrió los ojos y profirió un grito de sorpresa al ver a alguien que se encontraba inclinado sobre él, mirándolo fijamente.

- No te asustes - le dijo una vocecilla de niña. Su vista aún era borrosa, y no podía distinguirla bien, pero estaba seguro que no la conocía.

- ¿Quién... quién eres tú?

- ¡Holly! – Otra voz se escuchó dentro de la habitación. Esta vez era la voz de una mujer – Te he dicho que no entraras aquí. Ve a cambiarte de ropa, el desayuno estará listo dentro de unos minutos.

- Si, mamá – Contestó ella. Y acto seguido, salió de la habitación.

- ¿Cómo te sientes? – Le preguntó la mujer.

Terry intentó agudizar la vista para verla mejor. Ahora la reconocía, era la mujer del prostíbulo.

- Mu duele todo – Dijo él.

- No me extraña.

Entonces Terry miró a su alrededor. Era un cuarto pequeño, las paredes estaban pintadas con motivos infantiles, y sentía la cama demasiado pequeña para su cuerpo.

- ¿Dónde estoy?

- En mi casa. No recuerdas lo que sucedió anoche ¿Verdad?

Terry hiso memoria. Recordaba haber peleado con Susana, y conducido hacia aquel asqueroso burdel en busca de aquella mujer, pedir unas cuantas cervezas, y el resto ya se volvía más confuso. Pero si estaba en aquella casa, con esa mujer, eso quería decir que...

- Tú y yo... ¿Nos hemos acostado?

- ¡Por Dios, No! – Exclamó ella.

- Recuerdo que fui a buscarte para eso.

- Lo sé – Contestó avergonzada – Estabas muy borracho. Intestaste llevarme por la fuerza, pero yo te detuve.

- Lo siento – Nunca se había comportado de esa manera con una mujer, imagino que debería estar demasiado borracho como para hacer algo por el estilo.

- Creíste que era una prostituta.

- ¿No lo eres?

- ¡No!

- En verdad lo siento – Volvió a repetir. Se sentía un completo idiota – Prefiero no enterarme nada más de lo ocurrido ayer.

- Supongo que querrás saber lo que ocurrió con tu auto y tu billetera.

- ¿Qué? – Preguntó, palpándose los bolsillos de los pantalones y notando que estaban vacios, a excepción de la cajita de pendientes que había comprado para Susana.

- Te asaltaron.

- ¡Mierda!

- ¡No podemos decir esa palabra! – Gritó Holly, asomando su rubia cabecita por la puerta.

- ¡Dije que fueras a vestirte! – La retó Candy.

- ¡Ya voy!

- ¿Quién es ella? – Le preguntó Terry.

- Holly, mi hija.

- Si... creo que mencionaste que tenías unas hija – Dijo él, pensando en aquella tarde que se habían encontrado por accidente en el centro comercial.

- ¿Qué es lo que tienes en la mano? – Preguntó ella al ver la pequeña cajita entre sus dedos.

- Eh... Oh, son los pendientes que compre a mi prometida.

- ¿No se los has entregado?

- De hecho... sí lo hice.

- ¿Y porque aún los tienes?
- Porque debo cambiarlos.

- No le han gustado – Afirmo Candy – Te dije que debías comprarle los más pequeños.

- Le he comprado los más pequeños – Dijo Terry en tono de reproche – Me dijo que los cambiara por unos más grandes.

- Oh... lo siento mucho – Pesó que lo mejor sería no continuar con ese tema. Era evidente que algo andaba mal en esa pareja, o caso contrarío, Terry no hubiera ido en su busca – Preparé Hotcakes ¿Quieres desayunar antes de irte a tu casa? Tus heridas están mucho mejor, no creo que tengas problemas.

- Si – Contestó él, aún confundido.

- Bien... ven a la cocina cuando estés listo. Si quieres pasar por el baño, es la puerta que está aquí al lado. No tendrás inconvenientes para encontrarlo.

Candy salió de la habitación, y Terry se tomó unos minutos para poner su mente en orden. Lo habían asaltado, y ya no disponía de su dinero, tarjetas de crédito, documentos, ni siquiera su auto. Tendría que dar muchas explicaciones una vez que llegara a casa.

Volvió a recorrer la pequeña habitación con la mirada. Sin duda se trataba de un lugar humilde. No había niños en su familia, pero muchas veces había visitado a los mellizos de Stear. La habitación que compartían era, por lo menos, cinco veces más grande, y estaba repleta de juguetes. Esta solo tenía unos cuantos osos de peluche bastante viejos. No había un televisor, ni una consola de videojuegos, pero tampoco había lugar para ellos. Se puso de pie con un poco de dificultad y salió del cuarto. Se dio cuenta que el resto de la casa no era mucho mejor que aquella pequeña habitación. A las paredes les hacía falta una mano de pintura, y los espacios eran muy estrechos. Pero al menos, todo parecía estar limpio y ordenado. Terry siempre creyó que las mujeres que trabajaban en la noche vivían rodeadas de lujos. Pero Candy había llegado para destruir su teoría.

Entró al baño y se aseó un poco, para luego salir en busca de la cocina que Candy le había mencionado. No le costó mucho trabajo encontrarla, pues las risas de la niña lo iban guiando por la pequeña casa.

Llegó hasta la cocina, para encontrar a Candy y a su hija sentadas a la mesa, comiendo hotcakes y charlando amenamente.

- Terry – Al verlo, Holly se levantó de su silla y fue hacia él – Mamá hiso hotcakes, tienes que probarlos – Lo agarró de la mano y lo llevó hacia la mesa, haciéndolo sentar en una silla vacía.

Holly se encargó de servirle sus hotcakes a Terry.

- Gracias – Le dijo él.

- ¿Quieres café? – Le preguntó Candy.

- Si, por favor.

Terry se sintió extraño sentado en aquel lugar con Candy y su hija. Los desayunos en su familia siempre habían sido completamente diferentes. En primer lugar, su madre siempre había insistido en que las comidas eran sagradas, y todos deberían estar vestidos impecablemente. En esta mesa, ambas llevaban puestos unos jeans y camiseta, aún estaban en pantuflas. A Terry le pareció muy tierno verlas a las dos vestidas del mismo modo. Se vio a si mismo sentado en la mesa con ellas dos, y a su mente vinieron imágenes de aquellas películas que su madre solía ver. Siempre había querido experimentar lo que se sentía pertenecer a una familia de clase media, sus amigos solían reírse de él cuando les contaba aquellos pensamientos.

Se permitió sonreír un par de veces ante los inocentes comentarios de Holly. A Terry no le costó demasiado trabajo darse cuenta de que esa chiquilla era especial. Candy podría bailar semidesnuda en un bar de mala muerte, pero no podía negarse que era una excelente madre.

- ¿Tu qué haces, Terry? – Le preguntó la pequeña, mientras se llevaba a la boca una porción demasiado grande de hotcakes.

- ¿Qué hago?

- Se refiere a tu trabajo – Le aclaro Candy.

- Yo... pues, soy abogado.

- ¿Y eso que significa?

- Significa que Terry defiende a las personas que tienen problemas.

- ¿Cómo Superman?

- Algo así.

Terry solo se limito a sonreír. Omitió decir que trabajaba en la empresa de su familia, y que nunca había tomado un caso, solo se dedicaba a tareas administrativas. Aunque de niño había soñado con ser abogado penal, y defender a las personas, como Holly creía que él hacía.

- Creo que es hora de irme – Dijo Terry, mirando la hora en un reloj con forma de gato colgado en la pared.

- De acuerdo – Candy se puso de pie y salió de la cocina, volviendo segundos después con su bolso, del cual sacó unos cuantos dólares – Supongo que los necesitaras.

- No es necesario – En verdad si los necesitaba para si quería tomar un taxi, pero no era capaz de pedirle dinero prestado a una mujer, y mucho menos a Candy, quien en verdad lo necesitaba.

- Vamos, no seas tímido... acéptalo.

- Bien – Terry tomó los billetes que Candy le estaba ofreciendo – Pero te lo devolveré.

- Como quieras – Ella se encogió de hombros – No me moriré de hambre por prestarte unos cuantos dólares.

Terry estaba a punto de irse cuando una manito lo jaló por la camisa.

- ¡Terry, espera! – Era Holly.

- ¿Qué sucede, pequeña? – Se agachó para quedar a su altura.

- Olvidas esto – Le extendió la cajita abierta con los pendientes que Susana había rechazado. Probablemente los había olvidado en la habitación de la niña. Tomó la cajita en sus manos y volvió a dársela a Holly.

- Quédatelos – Le dijo con una sonrisa – Te los regalo.

Los ojos de Holly brillaron de felicidad. Nunca antes había recibido un regalo tan bonito, y tan costoso.

- Oh, no. No podemos aceptarlo – Intervino Candy, intentando quitarle la cajita a su hija, pero esta se resistía.

- Déjaselo – Le dijo Terry – Holly me prestó su habitación anoche, es lo menos que puedo hacer por ella – Pero Candy aún no estaba muy convencida – De todas formas iba a devolverlos.

- De acuerdo – Terminó por aceptar Candy – Puedes conservarlos.

- ¿Y puedo perforarme las orejas? – Preguntó Holly con entusiasmo.

- ¡Definitivamente, no!

- ¿Pero entonces, como los usaré?

- No lo harás. Eres muy pequeña para usar pendientes. Tal vez cuando seas más grande.

- Bien... – La niña hiso un puchero y estaba a punto de retirarse, cuando Candy la detuvo.

- ¿No olvidas algo?

- Oh, sí – Holly sorprendió a Terry al colgarse de su cuello y darle un ruidoso beso en la mejilla – Gracias por los pendientes, Terry.

- No hay porque – Dijo él, casi sin voz. Era la primera vez que un niño lo trataba de esa manera. Casi nunca pasaba tiempo con los mellizos de Stear, más que para saludarlos en sus cumpleaños. Pero al recibir el beso de Holly, por primera vez, sintió un irrefrenable deseo de ser padre.

Holly se fue y Terry se quedo a solas con Candy.

- Es una niña maravillosa – Le dijo.

- Lo sé – Candy estaba orgullosa de su hija.

- No es que quiera entrometerme en tu vida, pero...

- Se lo que quieres preguntar.

- ¿Ah sí?

- Sí. Quieres saber quién es el padre.

- Bueno, pues...

- Él ya no forma parte de nuestras vidas – Fue lo único que le dijo.

- ¿Esta muerto?

- No, claro que no – Candy bajó la vista – No se quiso hacer cargo de su hija, eso es todo.

- Bien... – Terry notó la renuencia de la rubia de hablar sobre el tema. Probablemente se tratase de algo muy doloroso para ella – Es hora de que me vaya. Gracias por el dinero.

Se despidió de Candy y fue a tomar un taxi a la esquina.

Al llegar a su apartamento, se sintió vacio. En ese poco tiempo que había pasado con Candy y Holly, se había dado cuenta cuan miserable era su vida. Vivía rodeado de personas a las cuales solo les importaba el estado de su cuenta bancaria, su novia lo rechazaba siempre que podían estar juntos a solas, y odiaba su trabajo. Ya no quedaba nada de aquel joven idealista que había sido años atrás.

Tomó el teléfono para ver si tenía mensajes, pero no había nada. Él había estado a punto de morir atacado por una banda de delincuentes, y nadie de su familia o amigos lo habría notado.

ooo

- ¿A dónde vamos hoy, señorita Susana?

- Al centro comercial.

Bruce Erwin la estaba esperando dentro del Mercedes Benz cuando Susana subió. Últimamente, sus salidas se habían más frecuentes. Cualquier escusa era buena para ver a su chofer, para admirarlo de cerca, por más que supiera que entre ellos nada podía haber.

El teléfono móvil de Bruce sonó, y él contestó. Susana supo inmediatamente que se trataba de su novia por la forma en que él le hablaba. Tuvo ganas de gritarle, y decirle que no era profesional atender su móvil dentro de su horario de trabajo, pero en vez de eso, solo se limito a apretar fuertemente los dientes y contener las lágrimas que pugnaban por salir.

- Lo siento, señorita – Se disculpo Bruce, una vez que hubo terminado su conversación – Era Shirley. Sé que no está bien, pero... era urgente.

- Me imagino – Dijo ella con ironía. Probable no podía esperar unas cuantas horas para decirle que lo amaba.

- Si... Hoy tenía cita con el obstetra – Sonrió ampliamente – Al parecer todo está bien con el bebé.

- ¿El bebé?

- Si. Creí que le había contado que mi novia está embarazada. Seremos padres dentro de siete meses.

Susana no dijo nada. La rabia que sentía en su interior era algo nuevo en ella. No pudo evitar sentir un odio extremo hacia esa tal Shirley, y al bebé que estaba esperando. Sabía que estaba mal, pero deseaba con todas sus fuerzas que ese bebé no naciera.

Continuará...


Bueno, antes que nada, quiero pedir perdón por un error que cometí en el capitulo anterior. Gracias Nathy por recordarme que Neil había aparecido al principio del fic como amigo "pirata" de Terry. Pero en este capítulo ya lo solucioné. Espero que disculpen mi desorden, es que con tres historias a veces se me confunden las cosas, y para las que me pedían saber quién es el padre de Holly, acá dejo un pequeño adelanto, aunque la historia es mucho más larga.

Mil gracias por todos los reviews =)

Y espero que les guste este capítulo.

Besossssssssssssssss