Los personajes de Ranma no son de mi propiedad. Escribo con fines de entretenimiento y AVISO que esta historia tiene gore, lemon con contenido explícito. Está ambientado en un Universo Alterno y los personajes no tienen sus personalidades originales. Clasificación M.

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04

Akane arrancó el coche y encendió el radio donde ya se anunciaba la tragedia que había vivido la familia Ishikawa, incluso sugirieron que se trataba de un asesino serial que estaba desatando el terror en la ciudad.

Ranma estaba sumergido en sus pensamientos que no ponía atención a lo que decían en el radio, su mente estaba en el momento en que Akane lo hizo disfrutar tanto que incluso olvido sus votos de fidelidad que le juró a Ukyo en el altar hace pocos meses. Se llevó las manos a la cabeza, revolviendo su cabello con desesperación, pensando en lo que iba a ser ahora.

El auto se detuvo repentinamente, haciendo que el agente casi chocara con el tablero, haciéndolo ver a Akane, ella se bajó sin decir nada, la siguió con la mirada cuando ella pasaba frente al cofre y se dirigió a la farmacia, unos minutos después salió con una bolsa y regresó al vehículo.

—Toma —le arrojó la pequeña bolsa.

Ranma abrió la bolsa encontrando una botella de agua oxigenada y un paquete de algodón.

—¿Para qué…? —no terminó de formular la pregunta por qué Akane le señalaba la mejilla y él comprendió que se trataba del arañón que ella le dio hace rato, de tanto pensar que lo había olvidado por completo, ahora estaba abrumado, ¿cómo le explicaría a su esposa lo del arañón y el golpe en la mejilla? Además, su pantalón se había ensuciado con sus propios fluidos, de inmediato se avergonzó y le daban ganas de bajarse del coche e irse, aceptar la propuesta de Akane de renunciar al trabajo y buscar algo menos estresante y peligroso. Por reflejo vio a su compañera, claramente sabía que al referirse por peligroso, ella era el sinónimo de ésa palabra.

—Hamasaki quiere vernos en la oficina y pronto —le avisó Akane, sacándolo de sus pensamientos.

Ranma asintió, su pantalón le incomodaba, era la prueba más fehaciente de su condenado delito y quería deshacerse de él a como diera lugar.

—Tengo que cambiarme —le dijo Ranma con voz tenue.

—¿Por qué? —Interrogó Akane que no se molestó en mirarlo.

—Porque se manchó de… bueno, tú sabes —le lanzó una mirada acusadora, en realidad ella era la responsable de ésa mancha.

Akane entonces volteó a mirarlo fugazmente a donde se suponía que estaba ésa mancha.

—Ni se te nota —contestó muy tranquila.

—En serio quiero cambiarme, además, huelo a… —se sentía un enajenado religioso que sólo mencionar la palabra sexo parecía que se lo iba a tragar el infierno.

—Está bien, iremos a mi departamento, queda cerca de aquí, creo que ahí tengo un pantalón que puede quedarte —accedió Akane soltando un suspiro de resignación, en la siguiente esquina dio vuelta a la derecha.

Saotome sintió que un escalofrío helado le recorrió por la columna vertebral erizándole la piel, ir al departamento de ésa peligrosa mujer no era una buena idea, pero tampoco podía llegar a su casa y que su esposa Ukyo viera aquella pecaminosa mancha que delataría sin tapujos lo que ha pasado. Tragó saliva duramente, se dio valor, sabía que podía controlarse, la culpa no lo dejaba en paz así que ése era motivo para no volver a caer en la seducción de Akane.

Unos diez minutos aproximadamente duró el recorrido en auto hasta que llegaron al edificio donde Akane tenía su departamento, estacionó el vehículo. Pasaron el lobby y se encaminaron hacia el ascensor vacío, Ranma internamente rezaba por que subiera otra persona, quien fuese, pero no quería estar solo con Akane.

—¿Sigues tenso después del pequeño "masaje"? —le preguntó Akane mirándolo con diversión mezclada con maldad.

—¿Qué? No, no, para nada —contestó apresurado Ranma.

—¿Necesitas otro? —estaba divertida por la reacción de Ranma.

—No, Akane, estoy bien —dijo Ranma con más valor.

—Por mí no hay ningún problema —Akane lo tenía arrinconado en la esquina, mirándolo con deseo al tiempo que entre abría la boca.

Ella se separó con una sonrisa burlona plasmada en su rostro, las puertas del elevador se abrieron. Ranma se sintió momentáneamente aliviado, miró por los pasillos y no había nadie, de nuevo esperaba que pasaran los vecinos de Akane por ahí.

Siguió a Akane que caminaba moviendo las caderas de forma provocativa, lo sabía, ella seguía intentando seducirlo con su sensual contoneo, no pudo apartar la vista de su bien formado trasero por unos segundos, hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo fue cuando viró la mirada a una puerta.

Akane se detuvo en la puerta número treinta y nueve, sacó sus llaves del bolsillo del pantalón y abrió, Ranma dudó en entrar a ése lugar.

—Entra —Akane lo tomó de la muñeca y lo jaló hacia dentro.

Miró el departamento, era espacioso, a su izquierda se encontraba la sala y el televisor, al fondo la cocina y el comedor con solo dos sillas, había un sillón frente a una gran ventana que daba a la calle.

—El baño está por allá —apuntó Akane que se fue a la cocina y prendió la cafetera, al ver que el chico no se movía ella mismo lo orientó—. Puedes bañarte tranquilamente, mientras iré a buscar el pantalón —le avisó.

Ranma suspiró lleno de alivio de que ella no hubiera intentado nada con él, se preguntó si realmente tendría la voluntad de detenerla. De cualquier modo, cerró el baño con seguro.

Se dio un buen baño con agua fría, algo le decía que era la mejor forma de borrar lo sucedido, mientras el agua caía sobre su cuerpo, se quedó mirando su parte íntima pensando en la traición cometida. Tocaron a la puerta, era Akane quien le dijo que dejaría el pantalón colgado en la perilla.

Al salir del baño se encaminó a la sala, Akane estaba tomando café, sin dejar de mirarlo por el borde de la taza.

—Justo a tu medida —observó Akane que dejó la taza en la mesa, avanzando hacia él—. No recuerdo de quien era…

Ranma abrió los ojos como platos, sorprendido al descubrir que su compañera tenía muchos encuentros amorosos en su departamento, por un momento sintió asco y se convenció a sí mismo, que él no sería el próximo en la lista de la chica.

—Como sea, te queda, sí tu esposa pregunta dile que manchaste el otro con sangre y tuviste que cambiarte en la oficina, que uno de tus compañeros te lo prestó —sugirió muy tranquila pero con los ojos chispeando de diversión perversa—, o puedes decirle la verdad.

Ranma frunció el cejo, Akane se estaba divirtiendo con su consternación, pero sólo dejó escapar un suspiro.

—Me voy. Tomaré taxi —avisó Ranma, no tenía intención de agradecerle por prestarle el pantalón, porque después de todo fue culpa de ella que se manchara.

No esperó a recibir una respuesta burda por parte de su compañera, se dirigió a la puerta para marcharse y a paso rápido se encaminó por el pasillo hasta tomar el elevador. Estando dentro del ascensor empezó a respirar hondamente, ni siquiera tenía el valor de ver a Akane a los ojos después de eso, recordó como sus más bajos instintos le hicieron pedirle más, ante ello se avergonzó muchísimo que la piel de la cara y las orejas empezaron a arderle.

—¡¿Dónde carajos está Tendo?! —gritó Hamasaki que sacaba fuego por los ojos, notablemente enfurecido por la ausencia de la agente.

Ranma estaba frente a él sin saber bien qué responder.

—Ella me dijo que se encontraba contigo, y sólo te apareces tú —lo señaló acusadoramente, estaba tan enojado que no reparó en el golpe ni el arañón que Ranma tenía en la cara.

—Eh, bueno, ella me llevó a mi casa y cuando salí no la encontré, asumí que ella había venido para acá —mintió Ranma, sabiendo que Akane se había quedado en su departamento.

—Esa Tendo qué se cree —Hamasaki se sentó todavía con la furia enmarcada en su boca.

—Señor —Fujima entró a la oficina del capitán—. La gemela que ha sobrevivido se encuentra en terapia intensiva, bajo observación, los doctores han informado que sí hay posibilidades de que ella sobreviva —informó.

Hamasaki soltó un gran suspiro que no sabía si interpretarlo de alivio o pesar.

—Pero qué clase de vida va a llevar después de todo esto, ¿cómo va a sobrellevar el trauma causado por ésos malditos asesinos de sangre fría? —dijo con pesar, en ése momento se veía acabado, rendido, cansado de toda ésa basura.

Ranma entendía el pesar de su capitán, él también estaba apesadumbrado por todo eso.

—La abuela de las niñas, falleció camino al hospital, su cansado corazón no soportó la impresión —comunicó Fujima quien bajó la cabeza en signo de pésame.

Acto seguido, tanto Ranma como el Capitán imitaron el gesto de Fujima.

Hamasaki les ordenó retirarse para que se fueran a investigar acerca de la familia, también que si se encontraban con Akane en el camino que le dijeran que él quería hablar con ella.

Akane miraba la escena del crimen, la piel de la víctima todavía estaba colgada en la pared, mientras los forenses hacían su trabajo.

—En serio que ya me estoy cansando de esto, creo que estoy demasiado vieja —dijo una de las investigadora que se dirigió a ella—. ¿Tienes idea de lo que siento cuando tengo que recoger cuerpos de niñas como ellas? —Le preguntó, mirándola fijamente a los ojos, Akane negó con la cabeza—. Que un día de éstos, puedo estar recogiendo el cuerpo de mi hija —instintivamente los ojos avellanas de la mujer se inundaron de lágrimas—. Es muy doloroso para mí.

—Me lo imagino —respondió Akane pero viró la mirada—. Capturaré al malnacido que está haciendo esto, para ello necesito el apoyo de todos ustedes.

La mujer asintió y regresó a su trabajo.

Los ojos de Akane se posaron en un baúl rosa pastel con pegatinas de corazones, pastelitos y flores dándole un tinte infantil e inocente, seguramente las niñas guardaban sus juguetes después de jugar, pero ahora tenía un toque siniestro y cruel, pues las manchas hemáticas lo salpicaban, cubriendo las pegatinas, del borde de donde se cerraba estaba chorreado de sangre seca.

—Ahí está el resto del cuerpo de la pequeña —habló la investigadora que abrió el baúl y dejó ver el cuerpo desollado dentro del mueble, pero la cabeza no estaba.

Para Akane fue suficiente, pidió con la mano que bajara la tapa. Estaba ante unos asesinos masoquistas y sanguinarios que deberían estar ardiendo en el infierno.

Dejó a los forenses en su trabajo, ella mientras empezó a recorrer el resto de la casa en busca de pistas. Era una casa pequeña, de tres habitaciones, la de la madre, la abuela y la de las gemelas, un baño completo en el segundo piso, en el primero se encontraba la cocina, el comedor, la sala, un medio baño, y el patio trasero que era pequeño, donde tendía la ropa, todavía se encontraba los uniformes escolares de las niñas tendidos, pero la blusa blanca tenía una pequeña mancha de sangre, la falda era negra pero pudo identificar una mancha más grande. Corrió hacia uno de los oficiales y le pidió que quitara ése uniforme con cuidado porque era una prueba, igual le ordenó quitar la demás ropa, a lo mejor encontraban más pruebas en la tela, le pidió que las llevara de inmediato al departamento de pruebas y que las examinaran.

Visualizó una imagen de los asesinos huyendo de la escena del crimen, manchando la ropa con el sudor tal vez, últimamente hacía mucho calor y era sofocante de repente, más cuando tuvieron que hacer toda aquella masacre, con la adrenalina palpitándole en las venas por no ser descubiertos.

—Deben de usar calzado de suela suave y silenciosa —se dijo Akane, era una explicación por la cual no hacían ruido—. Más suave que el oso de felpa de las niñas.

Seguía pensando en una hipótesis, quería que su imaginación sacara el rostro de ésos malditos asesinos y capturarlos, pero antes, hacerles sufrir en carne propia lo que ellos le hicieron a sus víctimas, no tenía ningún problema en sacarle los ojos y rebanarles un buen trozo de carne mientras que todavía estuvieran vivos.

Llegó a la barda que limitaba la propiedad de las Ishikawa, observó la casa de los vecinos.

—Nadie vio ni escuchó nada —soltó con pesar.

—Aquí estás, Tendo, el Capitán está que echa fuego por la boca porque no te apareciste junto a Saotome —habló Tadashi—. Te hemos estado marcando a tu celular.

—Lo dejé en el auto creo —contestó Akane de no estar muy segura que así haya sido—. He estado aquí bastante tiempo, buscando pruebas.

—Bueno, pues que bien que hagas tu trabajo, pero Hamasaki te dio una orden y creo que lo mejor es que vayas a verlo antes de que quiera lincharte. Yo me quedaré a ver que averiguo con los vecinos de la familia Ishikawa.

Akane gesticuló fastidio, pero terminó accediendo.

Los gritos de Hamasaki resonaron en toda la oficina, hasta los cristales vibraron con fuerza. Akane estaba frente al escritorio de su jefe, mirándolo sin amedrentarse.

—No te mandas sola, Akane, cuando te digo que te quiero aquí en cinco minutos, es que te quiero aquí en tres, ¿entiendes? —respiraba irregularmente—. Además dejas a tu compañero abandonado y te largas a no sé dónde, olvidando tus responsabilidades, tú tienes que estar con él en todo momento, el caso es de todos, tenemos a un par de asesinos sueltos que están causando el pánico en la ciudad y no han sido capturados.

Akane se limitaba a escucharlo sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Aunque no te guste, Saotome y tú son pareja, ¿sabes por qué te lo puse? Por qué él es un muchacho más consciente, sensato, de carácter, más apegado a las reglas y qué sabe obedecer a su superior, es lo que tú necesitas que te controlen aunque sea un poco —indicó Hamasaki que se dirigió a ella y quedó parado frente a la agente.

—Claro, cómo usted no puede controlarme —replicó Akane en tono burlón.

Una fuerte bofetada le borró la pequeña sonrisa de suficiencia que tenía. Sus ojos estaban abiertos por la impresión, se tocó la parte afectada y miró a su jefe que todavía tenía la mano tendida.

—Te suspenderé por unos días, creo que te caerá bien para que hagas consciencia de tu actitud y de aprender a respetar a todos tus compañeros y el tiempo de los demás —habló Hamasaki más tranquilo pero no se atrevió a ver a Akane.

Akane tragó su saliva, sintiéndola espesa al pasar por su garganta.

—El lunes puedes volver, pero no antes —advirtió—. Ahora vete —le meneó la mano, despachándola de su oficina.

La agente no dijo nada, se dio la media vuelta, pero antes de salir de la oficina de su jefe le dedicó una mirada llena de rencor. Cerró la puerta sin azotarla.

—Demonios, Akane, me sacas de mis casillas… pero necesitas que te den una reprimenda de vez en cuando para que no hagas tu santa voluntad —dijo Hamasaki una vez que estuvo solo, se recargó sobre su sillón y miró al techo.

—Maldito hijo de perra —murmuró Akane mientras recogía algunas cosas de su escritorio.

—Tendo, la doctora Sayuri me dijo que quiere verte —le habló Usawa, una joven como de veintiocho años, delgada, piel blanca y un rostro angelical, su cabello castaño cobrizo ondulado que le llegaba a media espalda resaltaba sus facciones, sus ojos grises parecían diamantes brillantes, era bonita, aunque muy reservada y tranquila, su vestimenta era un traje sastre, falda hasta las rodillas, medias negras y zapatos de piso.

—Hasta el lunes, que si quiere tratar algo, que lo haga con el estúpido de Saotome, yo estoy suspendida por unos días gracias a ése idiota —dijo amargamente, terminando de agarrar sus cosas y se fue sin despedirse de nadie.

Ranma y Fujima habían llegado a la escena del crimen, donde se encontraron con Tadashi, quien gustoso los guió hacia el patio trasero.

—Tendo mandó que se llevaran toda la ropa tendida a examinarla en busca de pruebas, ojala que nos revele algo —Tadashi se veía cansado, con ojeras enmarcadas en sus ojos—. Necesito un trago con urgencia.

—No eres el único, amigo —Fujima le dio unas palmadas en el hombro—. Esta investigación es la más difícil a la que nos hemos enfrentado, sin duda Saotome fue recibido por la puerta grande, eh —mostró una sonrisa amarga, el tiempo no ameritaba a sonreír con alegría.

—¿Qué opinas, Saotome? —Preguntó Tadashi sin dejar de mirarlo.

—Es un caso muy escalofriante —respondió el aludido.

—No, nos referíamos a ir por el trago, ¿recuerdas que quedó pendiente? —esta vez Fujima si sonrío divertido—. Creo que nos lo merecemos, pero después de la jornada.

—Claro, entonces vamos a continuar —accedió Ranma.

—¿Y ése rasguño? —señaló Fujima el rostro de Saotome.

—Creo que hice enfadar a Tendo —respondió el aludido con simpleza. Tadashi soltó un chiflido y Fujima abrió los ojos como platos.

—No me imagino que le habrás dicho como para que se pusiera como fiera, ella es muy serena —comentó Tadashi con un dejo de sarcasmo en su voz.

Ranma sonrió de medio lado.

Un trago, un buen trago le ayudaría a olvidar un rato lo que había pasado en el día, le resultó el más largo de su vida. Dejó escapar un suspiro. Fujima y Tadashi le resultaban unas personas amigables, además desde el primer día le dieron una cálida bienvenida, a diferencia de su compañera Tendo, ¿por qué diablos pensaba en ella? Si la odiaba, le guardaba un profundo rencor y después de lo que pasó en la mañana, deseaba no verla por un buen tiempo, ojala no se cruzara con ella en lo que quedaba del día.

Era cerca de las diez de la noche, los agentes estaban cansados, regresaron a la oficina para entregar el informe, Hamasaki parecía esperarlos, hablaron un poco con él respecto al caso, la pequeña victima que había sido ingresada al hospital seguía en la misma condición, la madre naturalmente estaba devastada; lo que había quedado del cuerpo de la gemela ya había sido llevado al departamento de forense donde le hacían el estudio correspondiente para determinar hora de muerte y el motivo. El día fue eterno y pesado, Hamasaki comprendió que sus hombres necesitaban descansar, así que les permitió que llegaran una hora más tarde el día siguiente.

—El capitán también está cansado, meceré unas buenas vacaciones —habló Fujima, iba en el asiento del copiloto, Tadashi conducía y Ranma iba en el asiento trasero—. Es un hombre honorable y consciente, sabe que éste caso merece toda nuestra atención y todavía nos da un tiempo de descanso.

—Los casos menos escandalosos por decirlo así, se los ha asignado a los agentes con menos experiencia —dijo Tadashi, se detuvo en el alto y miró a Ranma—, por cierto, tú no tienes mucha experiencia, ¿cómo es que te ascendieron tan pronto? —le preguntó.

—Fui el encargado de dos operaciones muy peligrosas para atrapar a dos jefes de la mafia, uno ni siquiera era de aquí y fue llevado a Estados Unidos donde era buscando por la FBI —respondió Ranma con orgullo—. También tuve casos pequeños pero que fueron resueltos con éxito, mi antiguo jefe me dijo que yo era su elemento más valioso…

—Mira que modesto —se burló amistosamente Fujima, haciendo que Ranma sonriera.

—Bueno, dijeron que mis habilidades serían de más ayuda aquí, donde se enfrentaban con casos muy difíciles y heme aquí, sentado en su coche en la parte de atrás, platicando con dos grandes agentes —los señaló.

—Creo que si desde un principio te hubieran dicho que Akane sería tu pareja y teniendo un poco de conocimiento sobre ella nunca hubieras aceptado el ascenso —bromeó entonces Tadashi, arrancando el vehículo.

La sonrisa se borró por arte de magia, no quería si quiera escuchar el nombre de ésa bruja.

—Oh, Tadashi, ya déjalo, pobre, todo lo que le toca, vamos a olvidar por un rato lo que somos y vamos a disfrutar de ése trago —protestó Fujima.

—Tienes razón —aceptó el otro.

Los tres entraron a un agradable bar, se sentaron en los altos bancos frente a la barra de bebidas, allí pidieron sus respectivos tragos. Platicaron amenamente de cosas comunes y triviales, fue donde Ranma se enteró que Tadashi tenía dos hijos, un bebé de casi un año y una niña de cuatro, que su mundo giraba alrededor de ellos, de su esposa, aunque no parecía muy cariñoso cuando de ella hablaba; Fujima era un soltero sin compromiso, dedicado más al arte, le gustaba pintar mientras escuchaba música clásica a todo volumen, inspirándose en su obra de arte.

—Pinta horrible, por eso es que trabaja aquí, porque si trabajara como pintor se muere de hambre —comentó Tadashi soltando una gran carcajada, seguido de inmediato por Fujima.

—Pintar es una de mis pasiones, no lo hago por el dinero, cuando tengo vacaciones no dudo en ir a los museos a admirar las obras de arte. Antes de morir quiero ir al famosísimo museo Louvre, a lo mejor ahí encuentro al amor de mi vida, una francesita no me caería nada mal, eh —guiñó el ojo, logrando hacer que sus amigos soltaran una carcajada.

Unas jóvenes mujeres que estaban en una mesa no muy lejana a ellos, alzaron su copa para brindar, los tres imitaron el gesto.

—Seguro que le gustas a ésas chicas, Saotome —señaló Fujima moviendo la cabeza en dirección a ellas.

—Por favor, díganme Ranma, estamos aquí como amigos, ¿no? —Pidió el chico, sentía confianza con sus compañeros que no era necesario las formalidades—. Y bueno, no las culpo, tienen buen gusto.

Tadashi le puso una mano en el hombro para recargarse mientras reía.

—Son bonitas —admiró Fujima que volvió a brindar con ellas—, pero francamente, a pesar de su carácter de los mil demonios, Tendo es bellísima.

—Es cierto, eh, nuestra compañera está como quiere, aquel día cuando se metió a nadar con ése diminuto bikini y oh dios mío… —Tadashi levantó la mano muy sugerente—, me tuve que bañar con agua helada.

Fujima empezó a reírse, Ranma también se reía pero de forma forzada.

—¿Y qué dices de ésa fiesta nocturna a la que nos invitó el mismo delegado de Tokio? ¿Te acuerdas? —señaló Fujima.

—Ni me digas, eh, que voy a llegar a desahogarme con mi esposa —dijo Tadashi haciendo una seña obscena con la mano—, cómo olvidar aquel vestido azul con tremendo escote y entallando perfectamente aquel cuerpo de diosa que posee, fue el centro de atención del lugar, incluso el hijo del delegado prácticamente se le declaró.

—Cómo olvidarlo, ése mismo tipo la demandó porque ella lo mandó al hospital —añadió Fujima con tono divertido—. Es que el tipo quiso aprovecharse de ella, y es que el pobre muchacho se veía más delicado que una muñeca de porcelana, a Tendo no le bastó más que dos golpes dejarlo en el suelo, completamente privado.

Ranma lo sabía muy bien lo fiera que ella era, sí él teniendo un excelente entrenamiento le costó controlarla, ahora ése joven, seguro que lo hubiera hecho papilla en un minuto.

—Lo que son las cosas, el delegado estaba furioso por lo que Akane le hizo a su hijo y quería que la corrieran de la unidad, pero Hamasaki sólo la suspendió por un mes, pero a los dos meses, fue la misma Akane quien salvó al hijo del delegado cuando fue secuestrado, y desde entonces le guardan mucho respeto y están eternamente agradecidos con ella —Tadashi hablaba de Akane como si fuera su más grande admirador.

Ranma ya estaba incomodo, lo que menos quería era acordarse de Akane y sus compañeros no dejaban hablar de ella, y menos de ésa forma que le hacía recordar su desliz de la mañana.

—Disculpen, me tengo que ir, mi esposa debe estar preocupada porque no he llegado y ni siquiera le he hablado —Ranma se puso de pie.

—Espera, acabémonos la botella, háblale a tu esposa que llegaras un poco tarde —pidió Fujima levantando la botella.

—Lo siento, amigos, pero debo irme, comprendan, llevo pocos meses como casado y no quiero que mi esposa en un futuro me reclame lo de ésta noche, Koushiro, tú lo sabes muy bien —se dirigió a Tadashi quien se puso blanco.

—Te comprendo, amigo, las mujeres tienen excelente memoria para estos casos y te lo van a sacar tarde o temprano —admitió el aludido que encogió los hombros—. Bueno, descansa, nos vemos mañana.

—Por supuesto, brinden por mí —les dijo antes de marcharse.

Todo era Akane en su cabeza, que si Akane esto que si Akane lo otro, a pesar de lo malgeniada y frívola, era una excelente agente, aunque según había escuchado, no hacía las cosas como se lo decían, si no como ella quería y eso hacía meterla en problemas con el capitán. Suspiró hondo. Akane en bikini, con aquel vestido azul, su imaginación voló y era como verla frente a él, coqueteándole descaradamente, luego recordó lo del coche en la madrugada, los besos, las caricias, su mano entre su pantalón, el momento en que se desahogó y sintió maravillas, hizo reacción en su cuerpo en ése momento.

Ukyo su amada esposa estaba en la casa esperándolo. La noche anterior la dejó con ganas de hacer el amor ¿seguiría con ganas?

Rápido se bajó del taxi sin esperar el cambio, prácticamente se fue corriendo hacia el edificio donde estaba su departamento. Le demostraría a su esposa lo mucho que la amaba y cuán arrepentido se encontraba por haberle sido parcialmente infiel. Nadie más que Ukyo podía levantar ésa gran pasión que estaba dentro de él. NADIE.

Akane agitaba con desesperación su pierna derecha que la tenía encima de la izquierda, sentada, observando la ciudad iluminada por la electricidad, todo tan rutinario, una ambulancia pasó chillando para que le abrieran paso. Se levantó de su sillón y caminó a la sala donde encendió el televisor, había un drama donde la chica besaba dulcemente al chico y le decía lo mucho que lo amaba, ante eso chasqueó la lengua y de inmediato cambió el canal, hasta encontrar el noticiero. Había encontrado el cuerpo de una joven en un hotel ubicado cerca de donde ella vivía; describieron que había sido ahorcada y que ya habían atrapado al asesino, quien presumía ser novio de la chica y que ella lo había engañado.

Soltó un gran suspiro de cansancio, trataba de apartar de su mente el coraje que sentía hacia Ranma, pero éste sólo se incrementaba.

—Cuando lo vea le voy a patear las… —farfulló apretando con fuerza el control remoto.

Cerró los ojos y trató de mantener la calma, poco le faltaba para salirse de su departamento e ir a buscarlo para cumplir su amenaza de dejarlo estéril.

Dirigió una vista rápida a su mesa donde había dejado las cosas que se trajo de la oficina, ahí estaba un sobre amarillo grande. Sacó las fotos, hizo espacio en la mesa al tirar todo al suelo sin ninguna consideración y colocar aquellas fotografías para que ninguna se encimara sobre la otra. Las observó a detalle, escudriñando cada milímetro de ellas, entonces empezó a colocarlas cronológicamente, ayudándola a tener un recuerdo más nítido de la escena del crimen donde había sido golpeadas brutalmente las gemelas y donde una perdió la vida.

—Algún fallo debes tener, maldito —Akane se dio la media vuelta y fue a buscar una lupa en uno de los cajones cerca del sillón.

Una hora después, tensa por la posición poco cómoda en la que estuvo decidió darse una ducha con agua tibia para relajar los músculos y regresar a la investigación.

El vapor cegó el espejo por lo que tuvo que pasar su mano para lograr ver su reflejo, se estaba poniendo crema alrededor de los ojos cuando a la mente se le vino una posible explicación a los hechos. Volvió a dirigirse a la mesa.

—Lástima que las paredes no hablan… —Akane alzó la vista para ver las suyas.

Le habían enviado la cabeza de la niña a la empleada del hotel que había encontrado la masacre en una de las habitaciones, eso significaba que la habían observado y que tenían datos de ella; ningún empleado se opuso a las pruebas correspondientes porque todos ellos estaban muy seguros de su inocencia, y los clientes también cooperaron todo lo necesario, muchos de ellos eran turistas que ya habían regresado a su país natal o habían viajado a otros destinos. Aun así, no había pruebas de los asesinos.

El asunto resultaba muy complejo, daba vueltas a lo mismo y no llegaba a ningún lado. Debía de investigar de nuevo ésa habitación donde fue el asesinato y ver lo que fue ignorado.

Volvió a sentir la ira levantándose dentro de su cuerpo al recordar que estaba suspendida, y no era tanto ése hecho, sino el estúpido motivo por el cual se encontraba fuera de la unidad temporalmente. El simple hecho de no haber esperado a su compañero.

—Malditos, los dos, mil veces malditos, idiotas —murmuró, dando un golpe con el puño en la mesa, fue tan fuerte que las fotografías brincaron y se desacomodaron.

No tenía caso amargarse más, estaba cansada y lo mejor era dormir hasta cansarse, de todas formas mañana no debía ir a trabajar.

Ranma abrió la puerta y buscó con la mirada a su esposa quien se encontraba en la sala viendo la televisión, al verlo de inmediato se puso de pie y caminó hacia él para rodearlo en un cariñoso abrazo, el cual Ranma se dejó ir, ella se separó notablemente sorprendida por el golpe y arañón que tenía en el rostro, pero no le dio tiempo para que preguntara, la besó con frenesí, aprisionando sus labios con los suyos, saboreando el dulce sabor a fresa del lipstick que ella usaba para darle un poco de brillo a sus labios. Lo mejor fue cuando Ukyo también empezó a responder a ése apasionado beso y las manos de ella ya estaban sobre su pecho acariciándolo, entonces él se quitó el estorboso saco, y luego prácticamente arrancándose la camisa mientras la guiaba hacia la recamara. Ya no aguantaba el condenado calor que lo estaba aprisionando por dentro. Se separó un instante de Ukyo sólo para quitarse el cinturón, los zapatos y ésos pantalones que odiaba. Tenía que demostrarse así mismo que Ukyo era la única mujer que lograba hacer de él el hombre apasionado, que la razón por la cual su masculinidad se mostraba en su máximo esplendor. Ukyo y nadie más que ella. El recuerdo de los apasionados y ardientes besos de Akane, jugueteando con su lengua, sus caricias con ésas manos calientes que le erizaron la piel, le martillaban el cerebro. Vio a Ukyo quien se estaba despojando de la ropa, dispuesta a disfrutar del amor carnal, pero era demasiado lenta para su gusto, él mismo la ayudó a quitarse aquella falda y el brassier, lanzándose a sus senos con desesperación, besándolos y succionando, haciendo que ella de inmediato gimiera de placer, aquello le despertó más el instinto animal. Estaba desesperado, no esperó a que su esposa estuviera lista para el encuentro íntimo, entró en ella, la escuchó dar un pequeño grito de dolor mezclado con sorpresa.

—Ranma… —jadeó Ukyo, parecía desconcertada por lo brusco que él había sido.

—Shhh… estoy necesitado de ti —le dijo con voz ronca mientras seguía con su ritmo y luego la besó intensamente, robándole el aliento.

El acto los llevó al orgasmo en pocos minutos, Ranma dejó caer su cuerpo sobre Ukyo, quedando su cabeza sobre el seno izquierdo, los dos respiraban entrecortadamente, el sudor recorría sus cuerpos desnudos, entonces Ukyo le empezó a acariciar la cabeza a su esposo, dulcemente.

—Ranma, estuvo increíble —le dijo suavemente.

Él levantó la cabeza para verla, estaba avergonzado.

—Perdón —balbuceó sin atreverse a mirarla a los ojos, levantándose como si la cama le picara.

—¿Por qué? —Interrogó ella, levantándose un poco y quedar sentada apoyando su espalda en la cabecera, se notaba algo extraña por la disculpa de su marido.

—Por… —Ranma recordó a Akane y eso le hizo sentirse el peor marido del mundo, apretó las sabanas con fuerza—, por haber sido tan brusco contigo, creo que debí esperarte.

No esperó a que Ukyo le respondiera, se terminó de levantar y se dirigió al baño.

El agua caía fría en su espectacular cuerpo, su cabello suelto que le llegaba un poco más debajo de los hombros le escurría agua, pero él se encontraba en un estado de abandono, mirando el agua irse por la coladera. Algo no había ido bien mientras hacia el amor con su esposa, de hecho no podía llamarlo como tal. Simplemente fue un arrebato de sus más bajos instintos, uno que Akane le despertó en la madrugada y que le estaba costando más de lo que pensó. Creyó que al estar con su esposa lo olvidaría, pero no fue así, pasó todo lo contrario, el recuerdo fue tan vívido que cuando estaba al punto del clímax, la imagen de su esposa fue borrada y remplazada por Akane. Se agarró la cabeza con ambas manos, presionándosela, enojado consigo mismo de ser tan débil y haber caído en los encantos de ésa venenosa mujer. La odiaba, pero ahora, también la deseaba.

Un cordial saludo a todos, agradezco sus visitas a la historia, sus comentarios, que me hayan dado la confianza por agregarla a favoritos y ponerla en su lista de follow. Gracias.

Si hay alguien que le parezca ofensivo le pido de la forma más amable que si tiene algo que decir lo haga de buena manera y no insultando a nadie. Gracias.

Hasta la próxima actualización.