ATENCIÓN: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, no a mí por desgracia

La Charla

Me desperté agitada. Con lágrimas en los ojos que no me permitían ver nada más que tinieblas. Mi mente se trababa con cualquier pensamiento racional que intentara entrar en mi cerebro. ¿Cómo era posible que de un sueño que prometía ser muy bueno saliera algo causante de lo que me atormentaba justo ahora?

Me dolía el pecho por la fuerza de los jadeos, porque el aire no lograba entrar con firmeza en mis pulmones. Sin más, empecé a sollozar, esto era tonto ¿Por qué estaba pasando esto? ¿Qué me ocurría? Quizás sí estaba loca ya, y esta era la el tope que una persona podría tolerar.

Con el paso de los minutos me empecé a calmar. Una vez pasado el ataque o lo que fuera que me había pasado, mi mente empezó a pedir explicaciones. Explicaciones que yo no sabía y que no entendería por más que torturara mi mente en sacarlas.

El sueño. Mi mente apuntó y empecé a recordarlo.

Yo estaba en una casa grande, lujosa. Era de noche y desde un gran ventanal se veía la luna llena. Las pocas velas que había proyectaban sombras que podrían intimidar a cualquiera, alrededor del salón en el que me encontraba. Entre esas sombras estaba el rostro que causaba mi exaltación: Edward Cullen.

Me sonrió, sus dientes, los colmillos sobresaliendo de su boca, por una rara razón lo noté normal y no me extrañé de eso. Se acercó y me extendió su mano. La tomé sin vacilación y sonreí. Él tomó una decisión y yo tengo que tomar otra ¿Qué elegiré? Ese pensamiento recorrió mi recuerdo. ¡Lo pensé en el mismo sueño! ¿Por qué? ¿Por qué pensé eso? ¿Es que era un sueño profético? Por lo general, en mis sueños soy incapaz de pensar, hago todo por instinto o costumbre.

El ambiente se llenó de una música que avivaba mis oídos y empezamos a bailar. Él se acerco y tomó mi rostro entre su placentera mano, ladeó nuestros rostros, colocó su mano, que anteriormente se encontraba en mi cintura, al otro lado de mi rostro y estaba a punto de besarme cuando todo cambió.

Yo me encontraba en una calle del siglo pasado, no reconocía el lugar y la arquitectura era diferente de mi pueblo. Había una oscuridad que carcomía casi tanto como el frío que se sentía, había un alboroto, una muchedumbre, a lo lejos, que tenía antorchas en las manos y signos de expresiones hostiles.

Corrí hacia el lado contrario, adentrándome más y más en la negrura hasta que se empezó a aclarar un poco la noche. En el lado derecho de la calle había un farol con una pequeña vela. Vi una sombra que causó que volteara la cara hacia el callejón, mis piernas temblaban y se notaba en mi vestido.

Dí unos pasos inseguros hacia la callejuela tratando de ser lo más silenciosa posible. A media luz se alcanzaba a ver algo que me dejó helada.

El joven Cullen se encontraba enfrente mío con su cara relajada, ojos cerrados y en su boca se encontraba el cuello de un hombre de complexión mediana, piel morena clara y negros cabellos ondulados.

El hombre se encontraba de espaldas a mí y cuando Edward lo soltó con un suspiro, su piel se tornaba cada vez más pálida conforme los segundos pasaban. Mi mente rehuyó la explicación de la escena vista y me enfoqué en el muchacho de pelo cobrizo. Sus labios y parte de su barbilla estaban cubiertos por sangre. Mi corazón empezó a bombear cada vez más rápido.

Su cabeza volteó hacia donde provenía un sollozo, más allá en la negrura y se escuchó su voz grave:

-Ya vete, estás a salvo

Y desde la oscuridad salió la mitad de una cara femenina. Las sombras cubrían la otra mitad y parte de su rizado y rubio cabello.

-¡Qué has hecho! ¡Eres un monstruo! ¡Monstruo! ¡Aléjate de mí, creatura!

Monstruo. La palabra salió de mis labios antes de que pudiera evitarlo en forma de un susurro.

Y, como si hubiera gritado su nombre, el chico Cullen movió su cabeza en mi dirección y observé sus profundos ojos negros.

Vaya sí que tengo una mente muy extraña. Pensé para mí mientras me levantaba de la cama. Con tanta agitación el sueño se había esfumado y era algo tarde para volver a dormirme pero demasiado temprano para andar deambulando por los corredores a esas horas.

Como no tenía nada qué hacer me puse a leer un libro de Shakespeare, "Romeo y Julieta", mi favorito. Mientras hojeaba mi acto predilecto, la muerte de los amantes, recordé cuando era pequeña y pensaba que Romeo del libro era como Romeo Andrew y yo como Julieta. Reí para mis adentros mientras sacudía mi cabeza.

Pasaron varios minutos hasta que me levanté, dejando mi lectura en la mesa de mi habitación y caminé directo al baño. Tenía que limpiarme la cara y los brazos antes de salir.

Momentos después oí entrar a Rosalie al cuarto.

-Señorita Bella ¿ya se ha levantado?

Rodé los ojos. ¿Acaso me veía en la cama?

-Sí, Rosalie. Estoy en el baño.-Dije al tiempo que la veía entrar en el mismo.

-Señorita Bella, su madre ya se ha levantado y me ha hecho saber que quiere hablar antes que su padre con usted.

-Muy bien, Rosalie. Ayúdame ha colocarme este vestido, es imposible para mí.

-Claro, señorita Bella.

Me cambié y salí al pasillo con Rosalie siguiéndome. Llegué a la sala y vi a mi madre tomando un té.

-Me han dicho que quiere hablarme.

-Así es, siéntate-dijo

Así lo hice y me empecé a preocupar: esto se salía de lo usual.

-¿Pasa algo?

Renée se miraba dudosa pera de pronto vi que la decisión llegaba a sus ojos.

-Isabella, hija, tu padre ya no es joven y si algo le pasara nadie podría cuidarte y encargarse de la casa. Debes de entender que él no quiere dejarte desprotegida y hace todo esto para asegurarse que vas a estar bien, con un techo y comida, y relativamente feliz aunque no estés muy contenta con la elección.

Sus ojos mostraban un lado triste que nunca permitía que nadie viera y eso me conmovió.

-Lo sé, mamá-Y me lancé a sus brazos como en la infancia.

-Querida, yo también me casé con alguien que no amaba pero lo llegué a hacer con el tiempo. Y heme aquí con mi hija y mi esposo. Tengo todo lo que siempre quise.

-Pero, mamá, quizás yo no tenga esa suerte.

-Créeme, hija, es posible. Tu padre habló un poco conmigo en la noche y me dijo algo muy interesante.

-Y, ¿Qué es?- pregunté con mucha curiosidad.

-Lo sabrás cuando hables con él.

Me sonrió de una manera que me pareció muy sospechosa. Después fuimos a desayunar.

Las "reuniones" de mi padre siempre lo dejaban exhausto.

Algunas horas pasaron cuando lo vimos bajar por las escaleras. Estaba muy presentable-como cualquier otro día-. Su cara, afeitada y con loción; su pelo pulcramente peinado y acomodado hacia atrás.

-Buenos días- hizo una pausa mientras me miraba detenidamente- puedes pasar a mi despacho ahora.

Asentí aunque no me lo haya preguntado y lo seguí.

-Como ya habrás escuchado quiero hablarte de un tema delicado.

-¿De qué se trata?- pregunté con desconfianza.

-De un esposo para ti. Tuve una charla con Romeo anoche y me habló de una propuesta muy atrayente.

-¿Podría ser algo más específico?- pedí con algo de impaciencia.

-Le comenté de tu repulsión al matrimonio con alguien desconocido y él dijo algo que estuve considerando. Tu no te quieres casar con alguien desconocido, pero Romeo no es desconocido.

Me miró expectante hasta que la comprensión llegó a mi cabeza y casi hizo que tirara la silla en la que estaba.

-¡No puedo creer esto! El casarme se reducía a alguien con quien estuviera enamorada no a alguien que conozca- me detuve unos segundos y en un tono más bajo pregunté- ¿Tanto así está desesperado para que me una en matrimonio?

-Hija, no se trata de eso-su tono me resultó más irritante, era el tono que se usa cuando un niño tenía un berrinche-¿Qué tal si te das un tiempo para que te corteje? A lo mejor ahora estás enfadada pero en algunas pocas semanas te gusta la idea y su boda se festeje en paz.

Bajé la mirada para que no viera la incredulidad que claramente marcaba mi rostro y le pregunté al nivel de susurro

-Y, ¿de qué se trata?

-No quiero que todo se pierda si muero. Tendré la seguridad que la casa se quedara en buenas manos con alguien a cargo y tú con ella.

¿La casa? Me lo imaginaba, esto no se trataba de mí, se trataba de las posesiones. Mi madre estaba equivocada. Estuve tentada a decírselo pero me callé.

-Padre y qué si he visto a un caballero interesante. Conocí a uno en la fiesta.

-Pues entonces, Isabella, tendrás dos meses para el cortejo. Si se acaba el tiempo y no hay avances no habrá más que te cases con Romeo.

Suspiré e hice algo que sorprendió hasta a mí misma.

-De acuerdo, padre. Si no me necesita, me retiro.

Y con eso salí de la habitación hecha un manojo de nervios. ¡Andrew! Lo quería matar ¿Cómo le había dicho eso a Charlie? ¡Lo conocía! ¡Conocía como reaccionaría! Había estado muchos años cerca de él y sabía como se pondría comportar. Andrew me había traicionado. Clavado el puñal cuando había vuelto la espalda.

Quizás estaba un poco dramática pero nuestra amistad tenía años, sí, es cierto que ya no nos habíamos puesto en contacto estos últimos tiempos pero nos conocíamos y conocíamos nuestras familias.

Él sabía bien que mi padre aceptaría de inmediato con su proposición, él sabía que era un avaro, envidioso, trabajador y ocioso cuando quería, él sabía que mi padre quería que su única hija estuviera casada con alguien en buena posición. Y cómo no iba a poder él reunir ese requisito siendo el hijo de un rico comerciante de Chicago y Nueva York. Nada mejor para padres comerciantes que sus hijos se casen con otros hijos de comerciantes. El ejemplo: mi padre. Cuando pensaba que las cosas iban para bien, todo se me cae encima.


hee... NO ESTABA MUERTA!!! NI ANDABA DE PARRANDA!!!

culpa de la escuela!!!!!! ;) pero ya estoy aqui y no me voy

les agradezco los que me tienen paciencia y ... bexox XP

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