Disclaimers en el capítulo 2
Este viene un poquito más largo que los otros, espero lo disfruten y desde ya muchas gracias a todos los que comentan y siguen la historia, repito, es necesario al menos para mí saber que hay alguien disfrutando de lo que escribo así que cualquier crítica siempre es bien recibida para seguir mejorando.
Capítulo 4
La mañana estaba exquisita, pequeños rayos de sol entraban por la ventana y hacía que el ambiente fuera muy cálido y acogedor. Regina se acurrucaba entre sus sábanas disfrutando su cama, un aire agradable se pintaba en su rostro mientras despertaba lentamente. Dio un par de giros hasta que abrió sus ojos completamente, mientras trataba de fijar la vista, volteó hacia su mesa de noche mirando la hora que era. Cuando se percató en qué situación estaba se levantó de un brinco cambiando bruscamente su rostro al recordar que Emma aún estaba en su casa y probablemente ya la estarían buscando como locos.
—¡Mierda, mierda, mierda! Es tardísimo –se dijo a si misma susurrando.
Sin siquiera asearse, cogió algo de ropa y se vistió rápidamente. Se miró al espejo, se peinó un poco y bajó las escaleras casi corriendo.
—¡Emma! ¡Emma despierta! –gritó mientras bajaba.
Regina se dirigió primero a la cocina en busca de un pequeño presente que le haría a Henry, y que le daría algunos puntos a favor después de dejar en su casa a Emma. Rápidamente colocó el encargo en la mesa y se fue hacia el sillón donde había dejado a Emma en la madrugada para encontrarla en la misma posición, ni siquiera se había movido, estaba tal cual la había dejado. Trató de sentarla, pero Emma era peso muerto.
—Emma, por favor, despierta ¡Maldita sea! –le dijo en un tono ascendente mientras la sacudía violentamente.
Al ver que no respondía se preguntó si acaso se le había pasado la mano con el hechizo, pero no, estaba segura que lo había hecho bien y no le había regalado ningún sueño eterno, la magia que ahora tenía no era tan estable como la que solía tener pero su experiencia no la traicionaría.
Así la dejó en el sillón y se fue a la cocina para luego volver con un vaso de agua fría, caminó por la sala pensando en qué explicación le daría a Mary Margaret cuando viera que era ella quien iba a dejarla a su casa, y lo peor era que tendría que explicar su inconciencia.
No se le ocurría nada, al menos nada que le pudieran creer, tomó un par de sorbos del vaso y volvió al sillón, luego de gritarle un par de veces más no pudo evitar enojarse y le lanzó el agua en la cara, quedándose con una de sus manos apoyada en la cadera esperando si había reacción, pero nada. Como última opción, tuvo que darle un par de cachetadas hasta que por fin Emma abrió uno de sus ojos.
—Mírame, ¡Emma! Mírame y concéntrate –le dijo casi en tono de súplica.
—Señora alcaldesa, ¿Qué hace en mi casa? –le dijo desorientada medio balbuceando.
—Emma, estamos en mi casa, ¿recuerdas? –le decía mientras sostenía su cabeza con las dos manos.
—Ahhhhh sí, ahora recuerdo –volviendo a desplomarse.
Regina rodó sus ojos y siguió insistiendo, al menos estaba medio consciente y lograría que le hiciera caso a sus instrucciones. Cuando pudo ponerla de pie, volvió a gritarle para que abriera sus ojos y asumió que podría al menos caminar. Tomó la bolsa con el regalo de Henry y la llevó como pudo hasta la puerta, cogió las llaves de la casa, la de su automóvil y salieron.
A medio camino Emma se paró en seco y quedó mirando a la morena.
—Regina… ¿Qué hora es?
—Ya es casi mediodía –le dijo mientras trataba de que siguiera caminado.
—Estoy perdida, ¿Qué voy a decir cuando llegue a casa en estas condiciones? –le dijo ya media espabilada.
—¿Problemas de adolescencia Emma? Por supuesto que le diremos la verdad, que llegues con resaca a tu casa, no, espera, aún ebria a tu casa es tu problema, no el mío, ¡ya estas grandecita para dar explicaciones por Dios! No quiero más problemas con tu familia, menos con Henry, y mentirles me traería más.
Regina sabía que Emma se encontraba así debido al hechizo, y que el efecto del alcohol probablemente ya se había ido, pero era muy conveniente para ella que pensara que aún estaba ebria.
—Entonces vamos en mi escarabajo, de seguro no me dejaran volver por él más tarde, sabiendo que está aquí en tu casa.
—Ok, dame las llaves entonces –le dijo mientras estiraba la palma de la mano para recibirlas.
Regina no pudo evitar reírse al ver cómo Emma trataba de buscar sus llaves en los bolsillos del pantalón, pantalón que no traía, al parecer Emma aún no se enteraba que había llegado a casa de Regina en pijamas.
—Parece que las he perdido –le dijo acongojada.
—Muy bien Emma, la que te espera en casa por cómo estás, déjame revisar tu chaqueta –le dijo mientras se reía y revisaba en los bolsillos y sacaba las llaves.
Llegaron al automóvil y Regina la sentó como pudo en el lado del copiloto, dio la vuelta y se subió para conducir ella, puso la bolsa que traía atrás y prendió el motor. Le costó un poco sacarlo, no estaba acostumbrada a conducir ese tipo de vehículos así que tuvo que arreglárselas.
Durante el camino Regina tuvo que golpear en el hombro a Emma varias veces para evitar que volviera a quedarse dormida, pero si seguía golpeándola le dejaría el hombro inutilizable y la culparían de haberla golpeado así que montó una conversación con la rubia para mantenerla alerta.
—Dime que estás bien y que puedes recordar lo que hablamos anoche, no quiero llegar a tu casa y que luego digas que no sabes qué pasó –le dijo mientras iba concentrada en el camino.
—Sí lo recuerdo –haciendo una mueca de dolor mientras se tomaba la cabeza y se acomodaba en el asiento –¡Hey! Nunca te había visto sin maquillaje, eres igual de bella –le dijo asombrada.
—Emma concéntrate –dijo mientras se miraba en el espejo retrovisor comprobando que su rostro se encontrara digno, por así decir.
—Ok, si lo recuerdo bien, pero hay algo que me da vueltas en la cabeza y no me cuadra.
Regina giró la mirada hacia ella con cara de preocupación pensando que quizás recordara que la había hechizado.
—¿A qué te refieres?
—Lo que me contaste de Mary Margaret, me tiene confundida, es que no puedo creerlo.
—Yo no sé qué tiene de malo Emma, de donde nosotros venimos, un beso en la boca significa lealtad y admiración, y podía no tener una connotación sexual como aquí, eres tú la que está viendo todo con otros ojos. Era mi hija Emma, es normal que me amara.
—Pero te traicionó, y por culpa de eso llegamos a esto ¿Aún la odias? ¿Y qué pasa con Henry, lo odias por lo de la otra noche?
—No metamos a Henry en esto, el no sería capaz de traicionarme aunque me odie con todo su ser, lo sé, lo crie muy bien desde que era un bebé. Ahora bien, ya estamos llegando, si aún tienes dudas, por qué no mejor le preguntas a tu madre si es que estaba enamorada de mí, eso sólo te lo puede responder ella –le dijo con una pequeña sonrisa, sabiendo que esa pregunta causaría estragos en la casa de los Charming.
Apenas doblaron la calle se dieron cuenta como David y Mary Margaret estaban afuera de la casa mirando hacia todos lados, probablemente esperando verla llegar o buscando su escarabajo estacionado por ahí cerca. Henry salió corriendo desde la puerta apuntando hacia ellas, allí se quedaron los tres esperando a que estacionara, pero la sorpresa fue preocupante cuando se dieron cuenta de que era Regina quien conducía.
Regina estacionó, y se dio la vuelta para sacar a Emma rápidamente, si tenía suerte no le preguntarían nada y saldría jabonada de esta.
—¿Podrían siquiera ayudarme a sostenerla? No se encuentra bien, necesita descansar –dijo Regina, mientras se percataba que todo el vecindario se encontraba mirando la situación.
—¿Qué le hiciste a Emma? –le dijo Henry acercándose a las dos.
—Henry ¿No deberías estar en la escuela? Entra a la casa, luego Emma te explicará –le dijo Regina, no esperaba que el niño estuviera ahí también.
—Hazle caso a tu madre, entra nosotros ya vamos –le dijo Emma.
—Espero que tengas una buena explicación –le dijo David a Regina mientras la ayudaba a sostenerla y entraban a la casa.
—Tienen olor a alcohol ¡Las dos! –dijo Mary Margaret mientras se les acercaba a ambas oliendo la ropa.
—Se bebió toda mi botella de sidra –dijo mientras levantaba la mano que le quedaba libre, mientras sentaban a Emma en una silla.
—¿Qué le hiciste? ¿Cómo dejaste que bebiera tanto? ¿Y por qué estaba en tu casa?
—¿La dejé beber tanto? Vamos que no soy su abuela, ni su niñera, simplemente bebimos mientras teníamos una charla calmada de adultos –le dijo mientras cruzaba sus brazos.
—Eres su abuelastra Regina, y además ella, la madre de Henry ¿Qué dirá la gente ahora que la vio llegar en esas condiciones?
—Bueno, si ese es tu gran problema, le diremos a la gente que Emma es sonámbula, y que ese estado en que llegó era de confusión ¿te parece?
—No confío en ti Regina, que charlen está bien, pero hace no más de dos días la estabas maldiciendo y ahora qué ¿Son amigas? ¿De qué hablaron?
—Cosas de otro mundo, pero nada que ni tú ni yo ya no sepamos –le dijo Regina mientras hacia una mueca haciéndole entender que Henry estaba escuchando y era poco prudente seguir la conversación. Luego se dirigió a Emma –y señorita Swan, no creerá que hoy no trabajará, le doy tiempo para que se recupere hasta las seis de la tarde, tiene que tenerme esos papeles que me tiene pendiente desde la semana pasada, iré por ellos más tarde.
Mary Margaret se le quedó mirando con los ojos abiertos, luego cambió la mirada hacia Emma. Necesitaba explicaciones.
—Henry acompaña a tu madre afuera… ¡Vamos no te quedes mirándome así! – le insistió Emma al ver que no tenía intenciones de hacerlo.
Regina caminó hacia la puerta mientras le hacia una seña a Henry para que la acompañara. Cuando llegaron afuera Regina se acercó al automóvil de Emma, sacó la bolsa con el paquete que contenía y se lo dio mientras se agachaba para quedar a su altura.
—Supongo que a pesar de que me odias, extrañas mis comidas, te he traído lasaña, es de ayer, y no es tan buena como cuando está salida recién del horno, pero es algo que quería traerte –le dijo tiernamente.
A Henry no se le pudo esconder su sonrisa, y tímidamente le dio su aprobación asintiendo con la cabeza.
—No te odio, es sólo que en mi mente las cosas iban a ser distintas luego de que la maldición se rompiera. No lo dije en serio, sólo tenía rabia.
—¿Y qué es lo diferente a lo que imaginaste Henry?, yo sigo amándote como antes –le dijo mientras ordenaba uno de sus mechones de cabello.
—Seriamos todos felices, incluyéndote a ti, tendría una enorme familia, y en ella a dos madres a las cuales amar –mientras bajaba la mirada.
Regina tomó su mentón y le depositó un beso en la frente. Se volteó y emprendió camino con una lágrima en su mejilla.
—Te amo mamá –le dijo Henry
Regina se devolvió corriendo y lo abrazó
—Yo también cariño… yo también.
Se despegó del abrazo y finalmente se fue. Pero ahí quedó Henry, desilusionado al no escuchar de su madre que intentaría hacer las cosas bien y no a la manera de ella.
Regina salió de la alcaldía por algo de comer, ya era tarde y luego tendría que ir a buscar el trabajo que le había encargado a Emma, mientras caminaba por la calzada saludaba a los transeúntes que tímidamente le devolvían el saludo y algunos ni caso le hacían, incluso así iba sonriente, podría estar siendo linchada pero al contrario, parecía que ya se estaban acostumbrando otra vez a ella y su autoridad en el pueblo. Cuando llegó a una esquina, se le unió en paso el Sr. Gold que venía de la otra calle.
—Alcaldesa Mills, buenas tardes ¿Paseando por el pueblo? –le dijo mientras inclinaba su cabeza en señal de saludo.
—Buenas tardes Sr. Gold, parece que usted también salió de su escondite y decidió mostrarse al pueblo, ¿No tiene miedo a que tomen represalias contra usted? –le dijo mientras seguían caminando.
—No tengo de qué temer, ni ellos deberían temerme a mí, al fin y al cabo, aquí soy un simple mortal sin poderes… Aunque no podría decir lo mismo de usted Señora Mills –le dijo con una mirada inquisidora.
Regina paró en seco y lo enfrentó.
—¿A qué te refieres con eso Gold? –le dijo violentamente
—Puedo oler la magia a kilómetros, a mí no me engañas Regina –le decía mientras la tomaba del brazo invitándola a seguir caminando.
—No hueles nada, simplemente lo descubriste igual que yo, probando, seguramente también la tienes ahora –le dijo con una sonrisa sarcástica.
—Algo queda en mí, pero ni se le parece a lo que era en nuestro mundo, a diferencia de ti, mis poderes vienen de entidades superiores que no están en este mundo, y yo no te entrené con esos poderes, tu magia proviene directamente de ti Regina.
—Así que no tienes poderes… interesante.
—Yo no dije eso… pero bien, ¿A qué se debe tanta alegría en el rostro? Cuéntame ¿cuál es tu plan?
Regina metió sus manos en los bolsillos del abrigo, se encogió de hombros y respiró profundo.
—Ya sabes, el amor te hace débil, mientras Storybrooke me ame no necesitaré nada más, aunque ahora estoy trabajando en cierta persona que me facilitará las cosas. ¿Desea acompañarme un café Sr Gold? –deteniéndose en el bar de Granny.
—Perfecto, me encantaría –mientras le ofrecía el brazo para entrar.
Gold le abrió la puerta para que entrara Regina primero, la gente ahí se percató de la presencia de ellos pero no hizo el escándalo que armó Regina la primera vez. Sin embargo la Señora Lucas no tendría la misma reacción.
—¡Muy Bien! ¡Sólo esto me faltaba, los dos engendros de Belcebú en mi bar! –exclamaba con los brazos en alto en signo de rendición mientras se retiraba a la cocina.
Regina y Gold se miraron sorprendidos y rieron al mismo tiempo.
—Tienen que disculparla, ya saben, la gente se vuelve difícil y terca cuando se hace mayor, tomen asiento les tomo el pedido en seguida –les dijo Ruby con una sonrisa.
Así es como se sentaron en una mesa y hablaron de cosas banales para no levantar sospechas, recibieron su pedido, charlaron y rieron como si fueran grandes amigos. El caso era que si Regina se vio descubierta por Gold no le quedaba más que tenerlo como aliado, no le contaría todo pero haría que confiara en ella, tal cual como lo estaba haciendo con todos en el pueblo, su plan tendría un pequeño cambio que fue inesperado y no estaba al alcance de sus manos, así que lo aceptó sin siquiera enojarse por ello.
Gold se despidió de Regina con un beso en la mejilla y la dejó ahí terminando su comida, pasó por la caja y le pagó a Ruby por los dos, luego de hacerle un gesto a Regina como última despedida, se fue por la puerta tranquilamente.
Ya bastante avanzada la tarde, y con los últimos rayos de sol, casi oscureciendo se encontraba Emma tomando su chocolate apoyada en su escarabajo mientras veía al Dr. House en la televisión que estaba prendida en uno de esos locales de venta de electrónica cerca del bar de Granny. Luego de un rato se percató que no estaba sola, Regina la observaba con los brazos cruzados como pidiendo una explicación.
—¿No debería estar trabajando en esos presupuestos de la comisaría que le encargué Señorita Swan?
—Ya están casi listos, sólo salí un rato a estirar las piernas –le dijo sin sacar la mirada de la televisión.
Regina se quedó mirando el programa que mostraba la vitrina y luego se volteó hacia Emma.
—Si no supiera que la única familia que usted tiene está aquí en Storybrooke juraría que la Dra. Cameron es su hermana gemela, se parecen demasiado ¿No lo cree?
Emma no pudo evitar reírse
—Así que también sigue la serie señora alcaldesa ¿Yo parecida a ella? No lo creo, nunca podría enamorarme de mi jefe, y menos si me tratara así de mal ¡Oh mire, House le estornudo en la cara! – le dijo haciendo una mueca de asco.
—¿Está segura de que nunca podría enamorarse de un jefe perverso? –le dijo mientras se le acercaba invadiendo su espacio con una sonrisa pícara.
—No…. No lo creo –le dijo con timidez pero devolviendo la sonrisa que Regina le había ofrecido.
—Termina tu chocolate, te espero en la comisaría, necesito esos papeles para la rendición de cuentas de mañana –le dijo cambiando totalmente su rostro mientras cruzaba la calle.
Emma no podía creerlo ¿Había coqueteado con la alcaldesa? Algo le decía que esto no era producto de la borrachera de anoche pero parecía tan irreal que no acababa de convencerse. Terminó de beber el último sorbo de su chocolate y se fue a la comisaría.
Cuando entró Regina se encontraba sentada en su escrito con la cabeza metida en los papeles faltantes que se suponía ella debía terminar, puso su chaqueta en una silla y se acercó al escritorio.
—No tiene que hacer eso, sólo quedan unos pocos, puedo con ello –le dijo con insistencia.
—Está bien Emma, toma estos restantes y terminemos luego esto, me los quiero llevar ahora –le dijo mientras le pasaba un pequeño fajo de papeles.
Emma abrió uno de los cajones para dejar las llaves de su escarabajo cuando se percató que en el llavero había una llave extra que no reconocía, recién de daba cuenta de que las llevaba ahí. Se le quedó mirando con atención tratando de recordar de donde eran pero nada se le venía a la mente.
—¿Reconoce esta llave Señora alcaldesa? Hasta donde recuerdo ayer no las llevaba –le dijo con cara de confusión.
Regina hizo una mueca con la boca y negó con la cabeza lentamente.
—Ni idea, quizás las pusiste ahí y no recuerdas, yo las guardaría, seguramente no recuerdas debido a lo de anoche.
Regina sabía perfectamente de dónde eran esas llaves, ella misma las había colocado en el llavero esa mañana cuando Emma se las pasó, eran las llaves de su casa. Emma sabría ocuparlas cuando ella la invocara en las noches si quería que entrara sin que ella apareciera recibiéndola, y si alguien la veía entrar podría inventar una excusa creíble quedando impune. Aun no sabía para qué Emma podría ir a su casa pero ya se le ocurriría, tenía hasta el más mínimo detalle en sus manos.
Emma guardó las llaves y no le tomó más importancia al asunto, tomó los papeles que Regina le dio y se fue al escritorio del frente. Luego de un rato, ya habiendo terminado el trabajo no pudo evitar quedarse prendida de la imagen de Regina que en ese momento estaba de pie buscando unos archivos en uno de los estantes. Hasta hace algunos días, consideraba que Regina era una persona bastante atractiva, tanto física como intelectualmente le llamaba la atención, pero ahora pensando en lo que le había contado de Mary Margaret besándola no podía evitar imaginar cómo sería un beso de Regina, sólo por curiosidad y tal vez un poco de morbo, no le molestaría probarlo.
Emma seguía divagando en su mente con una de sus manos sosteniendo su cabeza, admirando el cuerpo de la morena, se quedó pegada en las piernas de ésta y como lucían con esa falda que le llegaba a la rodilla, imaginando como serían totalmente descubiertas, en lo bien que le quedaban esos tacones que la hacían ver estilizada y sensual al andar. En eso estaba cuando se dio cuenta de que Regina la miraba con una pequeña sonrisa en su rostro.
—¿Qué ocurre Sheriff? Parece que se le ha perdido algo –le dijo Regina arreglando uno de sus cabellos.
—Ahhhh no… ehmmm sólo estaba recordando ciertas cosas que hablamos anoche y me quedé viendo un punto muerto –le dijo mientras nerviosamente arreglaba los papeles que ya había terminado.
—No me digas que aún le das vueltas a lo de Mary Margaret, supéralo, no hay nada más de lo que te conté. Supongo que no le preguntaste nada aun a tu madre ¿verdad?
—No he tenido el tiempo ni el ánimo de preguntárselo, pero pensaba recién que, ¿por qué no? Es decir, a los quince años una está confundida todo el tiempo, y quieres probar cosas distintas y a veces ni siquiera sabes en que parada te dejará el autobús, y a veces todos los recorridos sirven y…
Emma fue apagando su voz cuando Regina lentamente se le iba acercando al escritorio donde ella estaba, sabía que estaba hablando sólo tonterías y que en vez de arreglar la situación la había empeorado con lo que estaba diciendo.
Regina se paró en el borde del escritorio sentándose en él, dejando ver un poco más de sus piernas, cruzándolas sensualmente.
—Pero usted no es una quinceañera Señorita Swan, y por lo que estoy entendiendo, y por su mirada, se muere por probar –le dijo mientras coquetamente subía un poco más su falda.
Emma no pudo evitar el impulso de tocarla ante tal insinuación, lentamente puso su mano en una de las piernas de Regina, acariciándola con cuidado mientras miraba el rostro de Regina buscando su aprobación. Aun sentada se atrevió a tocar un poco más arriba, fue subiendo de a poco cuando de pronto la morena bruscamente tomó su mano haciéndola que se levantara del escritorio quedando frente a ella muy cerca de su boca.
—¿Le gustaría probar mis labios Señorita Swan? ¿Es eso lo que busca? –le dijo con esa voz ronca y sensual con un toque de maldad que sabía que a Emma le estaba gustando.
La rubia sentía la respiración de Regina en su boca y cómo su mirada penetraba en la de ella, nunca se había sentido así, tan excitada, menos con una mujer, ¡y qué mujer!, una que la odiaba terriblemente. Parecía que sus piernas no podrían sostenerla más, estaba totalmente a merced de la morena, ya no pensaba más que en esos labios y en esa cicatriz que le daba más sensualidad a su boca.
Regina la trataba de atraer más moviendo bruscamente la mano que le tenía agarrada, y en ese movimiento fue cuando Emma no pudo evitarlo y la besó profundamente, cerrando sus ojos, sintiendo como sus lenguas se entrelazaban y jugaban en sus bocas.
Las piernas cruzadas de Regina evitaban un contacto físico más profundo, así que las separó para darle lugar al cuerpo de Emma, con la mano que le quedaba libre metió uno de sus dedos agarrando el pantalón de la rubia atrayéndola más a ella, haciendo un movimiento de pelvis lento y sensual para excitarla aún más. Emma hubiese querido tener las dos manos libres pero Regina no la soltaba y la tenía firmemente agarrada, a esas alturas su entrepierna estaba tan húmeda que pedía a gritos ser calmada, los movimientos de la morena no ayudaban en nada, todo lo contrario, aumentaban más su humedad y su desesperación. Siguieron besándose con total pasión, sus ropas ya estaban desordenadas, y en ese desorden Emma aprovechó para meter su mano por la espalda de Regina, la atraía hacia ella como queriendo unir sus cuerpos y ser sólo uno, luego siguió acariciándola moviendo su mano hacia su pecho lentamente cuando en eso la morena la apartó bruscamente, soltándola de su agarre.
—¡Basta! Suficiente –le dijo mientras se bajaba del escritorio y ordenaba un poco su ropa –Espero que esto haya calmado su curiosidad Señorita Swan, nos vemos mañana en la junta vecinal y espero que llegue a tiempo.
Regina fue rápidamente al otro escritorio recogió los papeles que le faltaban y se dispuso a salir, sin siquiera voltear a mirar a Emma, la que todavía seguía perpleja al dejarla así. Cuando Regina cerró la puerta, recién ahí cayó en cuenta de lo que había hecho, estaba totalmente confundida de lo que le estaba pasando, se sentó bruscamente y se quedó ahí esperando a calmarse para ordenar bien las ideas.
Ruby caminaba por la calle sonriente mientras contemplaba la noche que ya había caído en el pueblo cuando se topó con Regina saliendo de la comisaría, se le acercó para saludarla nuevamente.
—Señora Mills, tan tarde por estos lugares –le dijo mientras se acercaba un poco más –Creo que tiene su labial un poco corrido.
—Ah sí, probablemente se salió debido a las deliciosas donuts que comí en la comisaría –se excusó mientras limpiaba su boca.
—Deliciosa noche como para caminar ¿no es verdad alcaldesa? La luna llena, las estrellas.
—Espera un momento, ¿Tú no deberías estar encadenada esta noche? –le dijo un poco asustada
—Lo de encadenarme lo dejo para ocasiones especiales un tanto privadas –le dijo alzando las cejas mientras se reía –No señora Mills, puedo controlar eso ahora, de hecho me dirijo al bosque a correr un rato con unos amigos, y ahí vienen ¿Quiere que la dejemos de paso en su casa? –le preguntó mientras apuntaba a un deportivo descapotable que venía por la avenida.
Regina se lo pensó pero ya que no tenía su Mercedes bien le vendría que le dieran un aventón hasta su casa.
—Ok, vamos, estoy de ánimo – le dijo sonriendo.
Cuando el deportivo paró los chicos que adentro venían aullaron al mismo tiempo al verlas.
—Quien es la humana Ruby ¿Tenemos compañía? –dijo uno mientras casi comía con la mirada a Regina.
—Sólo la dejaremos en su casa, luego seguimos nosotros en el bosque muchachos.
—Bien preciosa, ¡Bienvenida a bordo! –y con un solo brazo la metió adentro del descapotable.
—¡Wow! Ten cuidado con mis documentos –le dijo mientras se reía por la situación y notaba como el automóvil arrancaba bruscamente.
—Pero amiga, aquí nadie se sube si no aúlla a la luna –dijo uno mientras la rodeaba con uno de sus brazos con una mirada sexy.
—¿Quieres que yo qué? – le dijo riéndose ante tal petición alocada.
—¡Vamos Regina! ¡Aúlla conmigo, hagámoslo juntas! –le dijo Ruby emocionada.
Regina jamás había hecho cosas así, se sentía como una adolescente, y lo raro era que tenía el ánimo de soportar las ocurrencias de ellos y no le molestaba para nada. Entonces se paró y se agarró del asiento delantero sintiendo cómo el aire desordenaba su cabello mientras Ruby hacia lo mismo afirmándose mutuamente para no perder el equilibrio. Todos empezaron a animarlas.
—¡Aúlla! ¡Aúlla! ¡Aúlla! ¡Aúlla! –vitoreaban los demás.
—Ok Ruby aquí voy –dijo gritó sonriendo mientras miraba la hermosa luna que se dibujaba en el cielo.
Regina y Ruby aullaron fuertemente mientras los demás chicos las aplaudían y gritaban, la morena se volvió a sentar sin poder contener la risa por lo que acababa de hacer.
—Muy bien, así se hace Regina –le gritaba Rubí en forma eufórica.
Llegaron a la casa de Regina a la velocidad de la luz, estacionaron y Regina bajó muy entretenida.
—Cuando quieras volver a hacerlo me dices y te traemos, dicen que aullar calma la falta de sexo –le dijo Ruby riéndose escandalosamente.
—¡Hey pequeña atrevida! ¡No vuelvas a insinuar eso! –le dijo levantando la mano en forma de reprimenda pero muy divertida.
—¡Adiós preciosa! –le gritaron los chicos mientras arrancaban el automóvil.
Regina caminó por el sendero que llevaba a la puerta de su casa cuando de pronto cayó en cuenta de lo que Ruby le había dicho al final ¿Podría haberse percatado de lo que pasó en la comisaría? Esperaba que su olfato lobuno estuviera un poco averiado, porque sí, había quedado muy excitada después de lo que le había hecho a Emma y no podía negar que le hubiese gustado haber seguido. De todas formas, se haría la desentendida del comentario, no quería levantar sospechas.
Luego de darse un largo baño de tina, compensando el día extraño y atareado que había tenido, la falta de sueño y aseo personal, se puso su camisón de seda y se dirigió a la ventana, haciendo un movimiento con sus manos abrió las cortinas de par en par con su magia dejando que la luz de la luna la iluminara por completo.
Ya había avanzado bastante la noche y probablemente Emma estaría ya durmiendo en su habitación, ahora que Regina sabía que la rubia tenía fijaciones con ella lo hacía todo más fácil, así que por ahora la dejaría tranquila y no haría uso de su hechizo para confundirla.
—Sólo por hoy Emma Swan, sólo por hoy te dejaré descansar –susurró vilmente.
Así la morena se metió a su cama y se dispuso a dormir. No le llevó mucho tiempo quedarse dormida, porque estaba realmente exhausta. Lo que Regina no tomó en cuenta es que el propio encuentro fogoso que había ocurrido en la comisaría le jugaría una mala pasada, porque en ese mismo momento estaba teniendo el sueño más húmedo que hubiese podido imaginar, sueño que por lo demás sería transportado a los sueños de Emma al haber dejado que la luz de la luna la acunara esa noche.
Entonces, espero que les haya gustado esta entrega y sí, el próximo capítulo empieza caliente caliente!
Quizás si a alguno le interesa, la escena del beso en el escritorio tiene una canción en la cual me inspiré, si quieren escucharla es Tu Boca de Andrés Cabas (sexy sexy). Saludos a todos y gracias por seguir el fanfic. Besos!
