-Al diablo con Beowulf-, me dije, mirando a la pantalla de la computadora. -El hombre mata a Grendel. ¡Ya entendimos!-, Exclamé, cerrándola y tomándome el resto de mi café frío. -Ya entendimos.
Tenía un bloqueo mental. Ni siquiera era divertido.
-¿Bella?- Alice murmuró adormilada, entrando en la sala de estar en su pijama de franela de color rosa y sus zapatillas de conejo. Se frotó los ojos con cansancio. -¿Todavía estás despierta?
Me froté la cara con la mano. -Por desgracia.
-Vete a dormir,- Alice murmuró, balanceándose ligeramente en su lugar sin gracia antes de dar media vuelta y dirigirse a su habitación. Caminó derecho hasta chocar contra la pared junto a su puerta. -¡Ah, rayos.- Observé toqueteaba alrededor de la manija, y luego se volvió y se tambaleó hacia atrás en su habitación.
Suspiré, estando de acuerdo con ella. Me tropecé en mi habitación, y al llegar a apagar la lámpara, el parpadeo de la pantalla de mi teléfono celular me llamó la atención. Curiosa, lo abrí y vi una cosita cuadrada que decía: "1 nuevo mensaje de texto".
Buenas noches,
Bella. Dulces sueños. ;) Jacob
A pesar de que no había nadie, me sonrojé cuando apagué la lámpara y me instalé cómodamente en mi cama. Un par de semanas habían pasado, y Jacob y yo en realidad nos habíamos acercado más. En realidad me empezó a llamar "Bells", que me hacía sentir como su mejor amiga. Y fiel a su palabra, llegaba casi todas las noches para cenar, siempre solicitando que yo fuera su camarera. Yo sabía que nuestra amistad no era exactamente una "amistad" y probablemente algo más (sobre todo para Jacob), pero era bueno tener un amigo que a) era un hombre y b) no se me acosaba.
Soñé con Edward esa noche, como de costumbre, pero esta vez, Jacob apareció en el sueño. Edward y yo estábamos sentados en una de playa en la puesta de sol, disfrutando de los sonidos de las olas oceánicas chocando contra las costas arenosas. De repente, oí la voz de Jacob.
-Bella-, dijo, haciendome gemir y alejarme de los labios de Edward. Diablos. Estaba realmente obsesionada. Tal vez no debería ser tan dura con Mike ...
–¿Jacob?–le pregunté, sorprendida.
Él sonrió. –¡Bella!
Mi ceño se frunció, y mire a Edward, pero no estaba allí. –¿Edward?– Jadeé mirando a mi alrededor, buscándolo. La playa estaba desierta, salvo por Jacob y yo. –¡Edward!–, Grité, jadeando de nuevo. Tal vez había algo totalmente equivocado con mi cerebro. –¿Adónde fue?
–Bella– Jacob llamó, ignorándome mientras trataba de abrazarme. –Bella.
–¿Dónde está Edward?–, Grité, empujando sus manos. –Déjame en paz. ¡Vete! ¡Edward! –, Grité. Luego miré a Jacob. –¡Lo mataste, ¿no?!
–¿Qué?– Jacob me miró con una expresión perpleja. –Yo no…
–¡Eres un asesino!
–Maldita sea, Bella,– dijo Jacob mientras yo gritaba el nombre de Edward. Su voz de repente sonó como campanillas. –Realmente eres obstinada, incluso cuando duermes.
Alejé sus manos de nuevo. –¿Qué le pasó a tu voz?
–Nada.
La cara de Jacob se transformó en Alice, y mis ojos se abrieron de golpe para ver una Alice conmocionado y Rosalie riéndose. Ambas estaban vestidas con sus pijamas y se veían con un poco de sueño, pero de lo contrario sus rostros eran divertidos.
–Bueno,– Rosalie dijo, sonriendo, –Interesante sueño, ¿supongo?
Gemí y le lancé una almohada, que ella esquivó cuidadosamente.
–Hablando en sueños de nuevo,– Alice regañó juguetonamente. –Apenas podía dormir y tu hablando y todo. Y lo triste es que estoy del otro lado de la habitación– Sacudió la cabeza, suspirando. –De todos modos, ¿quieres hablarme de este chico Jacob?– Alice preguntó, moviendo las cejas sugestivamente.
Antes de que pudiera responder, Rosalie habló por mí.
–Él es el hombre que ha estado viniendo al restaurante, mucho más a menudo últimamente,– dijo ella, haciendo caso omiso de mi expresión de advertencia. –Todo por culpa de Bella–, dijo, acariciando mi espalda de todo corazón.
La miré fijamente, pero Alice frunció el ceño. –Pensé que te gustaba Edward.
Rosalie y yo le respondimos al mismo tiempo.
–¡Sí me gusta!
–¡Lo olvidó!
Entrecerré los ojos. –No me gusta Jacob.
–Él claramente te quiere.
–No,– Espeté, pero sabía que no era del todo cierto. Quiero decir, el tipo no era muy sutil.
Rosalie levantó mi teléfono celular. –Quince de mensajes de texto no leídos,– dijo, agitando el dispositivo en el aire. Después de hacer clic en unos cuantos botones, leyó de la pantalla. –«¡Eh, ven conmigo a cenar el viernes. Podemos pasar el rato y ver algunas películas. Jacob. Oh, mira, aquí hay otro. «Que duermas bien esta noche, Bella. No puedo esperar a verte maña…
Agarré el teléfono de su mano, my rostro un oscuro carmesí mientras apretaba el aparato contra mi pecho protectivamente.
Rosalie sonrió. –¡Te gusta!
–Nuh uh!– Le contesté. –Siempre me sonrojo en cosas como esta. Además, Jacob es sólo un amigo.
–Pero le gustas. Y ese es sólo uno de los muchos –. Miró a mi teléfono celular, refiriéndose a los mensajes.
Miré a Alice, que parecía absorta en sus pensamientos. Tenía el ceño ligeramente fruncido, y cuando se lo mencioné más tarde, ella se encogió de hombros. Algo no estaba bien, al menos para Alice. Y cuando Alice está preocupada por algo, es un asunto muy importante.
-T-w-i-l-i-g-h-t -
Me reí, mis zapatos golpeteando contra el pavimento del estacionamiento. –Eso es tan cierto.
Jacob me sonrió. –Es bueno que no seas rubia–, dijo, empujando mi hombro jugando. –Lo juro, las de pelo café son mucho mejores.
–¡Hey!– Le dije, golpeándolo el hombro. –Mi amiga Rose es rubia y ella es una de las personas más inteligentes que conozco. No está bien discriminarlas.
Pero me reía tan fuerte que no parecía seria en absoluto.
Jacob sonrió suavemente, su ojos negros carbón brillaron en la oscuridad de la noche. Luego me guardó un mechón de pelo castaño detrás de la oreja, y mi estómago me advirtió que me mantuviera alejada. Se me hizo un poco incómodo lo cerca que estábamos. Por supuesto, yo confiaba en Jacob. Éramos amigos. Pero yo no le gustaba - de verdad. Yo no. No de esa manera. ¿Verdad?
–No puede ser más lista que tú–, dijo Jacob, levantando una ceja. –Creo que eres muy inteligente, Bells.
Me sonrojé y desvié la mirada, mordiéndome el labio. –Gracias.
Se rió con voz ronca y me acompañó a mi coche. Era una buena camioneta Chevrolet color rojo de los años 60, y aunque no podía superar las 70 millas por hora, ella era mi bebé. Y me gustaba mi bebé.
Jacob soltó un grito, mirando a mi camioneta. –Buen auto–, dijo, absolutamente absorto en sus características.
–¿De verdad?–, Le pregunté. Gracias. Quiero decir, Todos se enloquecen al ver mi auto. O camioneta.
Se rió y se arrodilló, examinando de los faros delanteros.
–Coche antiguo, ¿eh?
–Sí–, respondí. –No puede moverse muy rápido. Pero bueno, me gusta.
Jacob se rió. –Cásate con ella por mí.
–Estoy trabajando en ello–, le contesté, saludándolo con dos dedos.
Los dos resoplamos.
–¿Te gustan los coches o qué?– Le pregunté mientras él caminaba hacia la parte trasera de la camioneta. Dejé mi bolso en el asiento del acompañante y fui alrededor, mirando lo que estaba haciendo.
Jacob asintió. –Por supuesto. Soy mecánico–, dijo, sonriendo. –Los coches son mi cosa favorita.
–Qué bien.
–Estoy reconstruyendo un Volkswagen Rabbit en casa.
–Oh. Eso suena incredible–, le dije, jalando mi chaqueta más fuerte sobre mí mientras una brisa fresca se extendió por la noche. –¿Dónde vives?
–En el centro de Chicago–, respondió con indiferencia, golpeando la puerta del conductor con la mano y, a continuación, comprobando los neumáticos. –Es un vehículo muy robusto.
–Sé que es robusto, Jake. También sé cuando un coche se cae en pedazos.
Se echó a reír. –Tengo que asegurarme de que llegues a casa segura, ¿verdad? Sería una pérdida ver tu cara bonita en ruinas–, bromeó.
Levanté mi puño para que lo viera. –Y sería un desperdicio para ver tu cara bonita reorganizada.
Se echó a reír libremente, nada inhibido por mi tono de amenaza.
–Claro–, respondió con arrogancia. –No tengo mi cara solo para regalarla.– Movió las cejas, y yo me reí, levantándome hacia el lado del conductor.
–Bueno, me tengo que ir –, le dije, mirando alrededor del estacionamiento casi vacío del restaurante. – Probablemente Alice se está volviendo loca ya que no estoy en casa todavía.
Jacob sonrió con gusto hacia mí y se apoyó en la puerta abierta del conductor.
–¡Para!– Le grité, a toda prisa empujándolo lejos de ella. –Podría caerse.
Jacob sonrió. –Yo podría reemplazarla ... ya sabes, ponerla de nuevo.
Entrecerré los ojos. –Touché.
Se rió, e inmediatamente su puso serio. –Así que, Bella,– comenzó, y tuve la sensación de malestar en el estómago a lo que iba a decir a continuación. –Me preguntaba ... ¿podemos salir alguna vez? Tal vez este sábado.
–¿Este sábado?– Le pregunté con cautela, deteniéndome. Yo estaba aterrada. Jacob era más como un amigo para mí. Me refiero, claro, era divertido y siempre nos la pasamos muy bien juntos. Pero, ¿como una novia para él? Err ... no.
Él asintió con la cabeza, sus ojos color negro carbón brillante y esperanzados. Lo odiaba. -Sí. ¿Tal vez como a las seis? Puedo pasar por ti y podemos salir a cenar o algo así.
Me mordí el labio y jugué con mi manga de la camisa con aire de culpabilidad, con la esperanza de que la oscuridad de la noche lo escondiera. –Lo siento, no puedo–, le mentí, sus ojos se volvieron duros de inmediato. –Alice ...–Piensa. Piensa. Piensa. –... me va a llevar al spa. Así que voy a estar fuera el fin de semana.
–Oh–, fue su respuesta, la luz en sus ojos muriendo de inmediato.
–Lo siento,– me disculpé, sin mirarlo.
–¡Oh, no hay problema–, respondió rápidamente ... muy rápidamente. Su voz era más triste que antes. –Supongo que podríamos salir otro día.
–Claro–, le contesté, jugando con la manga de nuevo y en silencio prometiendo que podríamos salir. Sólo que no como una pareja. –Tal vez otro día.
Me sonrió débilmente. –Está bien. Buenas noches, Bells. Maneja con cuidado.
Me obligué a sonreíle. Pobre tipo. –Gracias, Jake. Tú también.
Se apartó para que yo pudiera cerrar la puerta del conductor, y él se quedó allí, viendo como encendía el motor y lentamente salir a una calle un poco atestada. Por el rabillo del ojo, vi un auto viejo de los 50 aparcado en uno de los espacios – el coche de Jacob. Y en algún lugar del lote, había un brillanto Volvo plateado...
-N-e-w-M-o-o-n -
–Oye, Bella,– dijo Rosalie, chasqueando los dedos frente a mí. –Mírame a mí. Quédate conmigo, muchacha.
–¿Eh, qué?– Le pregunté, regresando a la realidad. –Oh, hola, Rose.
Rosalie suspiró e hizo un gesto hacia el restaurante lleno. –¿No ves que tan lleno está el lugar? Tienes que trabajar más rápido, B. Deja de distraerte.
–Lo siento,– me disculpé. –Es que la escuela ha sido muy estresante, y el profesor Haswell ha decidido ser un asco y nos da un montón de ensayos de cincuenta libros diferentes y estuve toda la noche tratando de…
–Mira,– Rosalie interrumpió. –Yo sé que estás estresada. Pero, por favor, sólo cocentrate ahora.– Envió una mirada nerviosa a los clientes acercándose. –Edward llegará muy pronto, así que el lugar está, obviamente, lleno. Las órdenes deben ser tomadas y entregadas,– me recordó.
Suspiré y asentí. –De acuerdo.
Rosalie sonrió con simpatía antes de alejarse.
Suspiré, cogí la pluma y la libreta, y con una sonrisa forzada, me acerqué a una mesa cercana.
–Usted debe ser uno de los clientes que vienen a ver a Edward Cullen,– dije, media hora más tarde.
Jacob frunció el ceño. –Esa no es forma de tratar a un cliente, Bells–, dijo, levantando una ceja. …Además, me gustaría ordenar algo ahora.
Puse los ojos en blanco, riendo. –No voy a preguntar cuánto dinero desperdicias aquí. Vas a terminarte todo en el menú, además de todas las bebidas alcohólicas para fin mes.
Se encogió de hombros. –Vale la pena totalmente–, dijo en voz baja, más para sí mismo. –De todos modos, sorpréndeme con lo que sea.
–¿Cualquier cosa?
Jacob se encogió de hombros, sonriendo. –Claro.
Entrecerré los ojos. –No estoy segura de que estoy autorizada a hacer eso.
Jacob suspiró, mirando el menú. –Bien, una popó–, dijo infantilmente. Yo no podía dejar de reír, y Jacob esbozó una sonrisa. –Muy bien, veamos. Hmm ... – Se golpeó la barbilla, pensativo.
–Date prisa–, le dije, golpeando el pie con impaciencia mientras miraba nerviosamente el restaurante lleno. –Hay más gente aquí, sabes.
–En serio–, dijo Jacob con indiferencia, apenas levantando la vista de su menú. –Qué bien.
Gemí, pisando fuertemente. –Jake, en serio.
Me sonrió, enseñándome una fila de dientes perfectos. –Macarrones con queso, por favor.
Arqueé una ceja hacia él, pero tomé el menú que levantaba. –Muy bien.
Jacob me miró. –No me mires así. Los macarrones con queso son muy sabrosos.
–Yo nunca dije que no lo fueran–, murmuré.
Jacob sonrió y me dio su Coca-Cola medio vacía. –Vuélvala a llenar, por favor.
Me reí y tomé su vaso. –Estoy en ello.
–Mas te vale.
Puse los ojos en blanco, riéndome, mientras me alejaba. Rosalie levantó una ceja desde el otro lado del restaurante, pero negué con la cabeza y se rió. Rosalie sonrió y se volvió hacia los clientes con los que estaba hablando.
Cerramos hasta las diez de nuevo, esperando a que la última persona se fuera. Estaba prácticamente vacío tan pronto como pusimos el anuncio de "cerrado", y recurrí a limpieza de última hora, mientras que Victoria, mi jefa y gerente del restaurante, terminó algo en su oficina. Éramos buenas amigas, por lo que confiaba en mí, y yo confiaba en ella.
Edward aún estaba en su piano, que fue extraño ya que por lo general se levantaba y desaparecía de inmediato. Quiero decir, el tipo había estado haciendo durante dos años consecutivos. Suspiré, mientras lavaba una mesa, pensando en cómo se vería cuando sonreía. Yo nunca lo había visto sonreír, ni hablar. Bueno, él era callado, después de todo.
Lo mire de nuevo, y estaba apoyado contra el lado del piano de cola, con el ceño fruncido hacia algo en su Blackberry. Tenía los labios apretados en una línea, con la mano cerrada en un puño a su lado.
El aire parecía bastante difícil para mí, pero Edward no parecía darse cuenta. Estaba demasiado ocupado mirando a su teléfono para incluso saber que yo estaba en la habitación.
Y yo estaba demasiado ocupada comiéndomelo con los ojos ni siquiera me di cuenta de donde estaba caminando. Antes de darme cuenta, mi pie quedo atrapado en la pata de una silla. Excepto que esta vez, no había nadie sentado en la silla. Me tropecé antes de caer ligeramente a lado de la mesa. Dije una blasfemia bastante fuerte cuando caí – la cara primero - y la silla se volcó justo encima de mí. Un dolor punzante se disparó a través de mi muñeca izquierda.
Gimiendo, me mordí el labio y me volteé sobre mi espalda, intentando no llorar. Mi muñeca latía, y mientras yo la examinaba, pude ver lo hinchada que estaba. Otro viaje al doctor. Fantástico.
–¡Oh, Dios mío, Bella!–, Exclamó Victoria, apareciendo de repente a mi lado. Su pelo rojo y naranja de fuego enroscado alrededor de su rostro, acentuando sus rasgos magníficos. –¿Estás bien?
Suspirando, hice una mueca cuando levanté la muñeca hinchada. Yo ni siquiera la toque, por que tuve miedo de que estuviera demasiado dañada para ser incluso tocada.
–Oh, Dios mío–, dijo Victoria, rápidamente levantando la silla y poniéndola en su lugar. Me miró con sus ojos de color verde pálido. –Vamos al hospital.
–No, estoy bien–, le dije rápidamente. Por mucho que lo necesitaba, los hospitales me daban mucho miedo. No me gustaban, sobre todo cuando las enfermeras caminaban mirando a todos con orgullo y los médicos pasaban su tiempo picando con las agujas en el brazo.
–No, no lo estás, Bella,– dijo Victoria con un tono de desaprobación. Ella me ayudó a levantarme del suelo, y miró de reojo al piano para encontrar que estaba vacío. La luz del escenario estaba apagada, y Edward se había ido. Simplemente fuera de vista.
Victoria cogió su bolso y el mío, y después de rápidamente cerrar el lugar, se apresuró a salir a la noche fría. Tomé torpemente las llaves de mi bolso y abrí las puertas del coche. Victoria se metió en el lado del conductor de mi camioneta, pero vacilé.
–De esta manera puedes irte a casa después–, me informó Victoria, sosteniendo su mano para tomar las llaves.
–Realmente no creo que ir a un hospital en mi camioneta sea una buena idea–, le dije nerviosa, de pie junto a ella en el lado del conductor con la esperanza de detenerla. –Además, yo sóla puedo poner una bolsa de hielo sobre ella y estará perfectamente b…
–Absolutamente no–, dijo Victoria, entrecerrando sus ojos. –Podría estar rota."
–Pero no lo está–, le repliqué, haciendo una mueca cuando Victoria suavemente tocó la muñeca hinchada.
–¿Puedes moverla?
–Duele demasiado.
– El hueso está dañado.
-¡Uf!- Gemí, pisando infantilmente. -No me gustan los hos…
-Sólo entra al maldito auto-, espetó una voz, que sonaba muy molesta. Victoria y yo volteamos para encontrar a Edward Cullen (el Edward Cullen) de pie, con un cigarrillo, viéndose absolutamente aburrido.
Victoria parecía normal, pero yo no podía dejar de abrir los ojos. Esto era lo más cerca que había estado de Edward Cullen en la historia. Bueno, salvo la vez que derramé spaghetti sobre él. Me di cuenta que estaba viéndolo como un juguete, así que bajé rápidamente la mirada al suelo, sonrojándome.
-Edward- Victoria lo regañó. -Cuida tu lenguaje.
Se encogió de hombros, echando humo. Luego se volvió hacia mí, todavía con el cigarrillo entre los dedos. Sus ojos verdes ardían en la oscuridad de la noche, y por un segundo perfecto, me olvidé de mi muñeca.
-Debes ver a un médico-, dijo, y no parecía como si a él realmente le importase. Sus ojos verdes traspasaron mis ojos marrones. -No es bueno caminar con una muñeca rota.
Estaba demasiado aturdida como para hablar. Su voz era como terciopelo. Era tan suave y masculina y profunda. Yo no estaba segura si era intencional o simplemente natural, pero su voz era seductora, casi como un ronroneo de seda.
-Err ... ¿qué?- Dije sin convicción, aún maravillada por su voz aterciopelada.
Edward suspiró. -No camines con la muñeca rota.
-No está rota.
-¿Estás segura de eso?- Levantó una ceja arqueada perfectamente hacia mí.
Me mordí el labio y no contesté, bajando los ojos al suelo. Una brisa fría sopló a través del aire, y me hizo temblar.
Vagamente noté que Edward suspiró otra vez y luego tiró el cigarrillo, ganándose una mirada de desaprobación de Victoria.
-Ya voy, voy a hacerlo-, murmuró irritado, sonando como un niño pequeño. Yo no podía dejar de reír por lo infantil que sonaba. Su cabeza miró en mi dirección, con las cejas levantadas. Entonces, se acercó, y para mi sorpresa, me tomó suavemente la muñeca. Las yemas de sus dedos eran frías pasando a través de mi piel, y se sentía más agradable de lo que debería ser.
-Hmm ...- tarareó pensativo, su voz apenas un murmullo tranquilo. -No está rota-, suspiró, suavemente localizando mi pulso (que probablemente iba realmente rápido). Me relajé visiblemente, pero Edward me volteó a ver. -Está fracturada.
Murmuré algo ininteligible y totalmente inatractivo bajo mi respiración.
Decidiendo ignorarme, Edward miró a Victoria. -Vikki, ve a buscar una bolsa de hielo.- Me sorprendió su uso casual de su apodo. Quiero decir, ni siquiera yo podía llamarla así.
Ella desapareció, y Edward usó el tiempo para examinar mi muñeca.
Al notar la mirada inquisitiva de mi cara, murmuró: –Mi padre es médico.
–Oh–, fue mi inteligente respuesta.
Victoria volvió con cubitos de hielo y los puso en una bolsa con un paño delgado envuelto alrededor de ella. –Lo mejor que pude conseguir.
–Está bien,– Edward murmuró mientras suavemente lo colocaba en mi muñeca. Lo ayudé a detenerlo allí, y mis dedos rozaron los suyos. Traté de no sentirme herida cuando él inmediatamente retiró su mano después de que la toque. –Vamos a ir al hospital–, dijo, viéndose claramente incómodo con la proximidad.
Quería lanzarme de un edificio. –Yo realmente…
Él me interrumpió con una mirada amenazadora. –Te vas a meter a mi Volvo, te guste o no–, casi gruñó. De inmediato retrocedí, asintiendo con la cabeza en silencio. Luego miró a Victoria, con una expresión mucho más suave. –Lleva su camioneta a su casa. Yo la llevo a su casa después.
¿Qué? Grité en mi mente. ¿Cómo diablos ... qué diablos ...?
–Dile a Alice que llegaré a casa tarde, por favor,– le dije a Victoria. Esto es tan raro. Algo está mal conmigo. ¿Estoy soñando? Victoria asintió con la cabeza, y murmuré un tranquilo –gracias.
Antes de darme cuenta, estaba siguiendo a Edward Cullen (por última vez, ¡el Edward Cullen!) a su coche. Su Volvo, para ser exacta. Era el mismo, brillante, Volvo plateado que había visto esa noche con Jacob.
Edward suspiró en voz baja, murmurando algo que no pude oír. Abrió las puertas del coche y abrió la puerta del lado del pasajero para mí.
–Gracias–, murmuré, sintiendo la sangre fluyendo a mis mejillas.
Edward asintió en silencio, mientras se deslizaba en el asiento delantero, mirando a su alrededor en su impecable interior de cuero negro. No solo era el olor a nuevo, parecía nuevo. Este tipo era rico – todos lo podían ver a simple vista por su coche.
Cerró la puerta, y en una fracción de segundo, estaba en el lado del conductor, poniendo la llave en la ignición.
El motor estaba encendido, pero no manejó. Todavía no.
Edward me miró, sus llamativos ojos verde esmeralda curiosos pero vigilados, mientras analizaba mi expresión. La tenue luz del farol iluminó un lado de su cara lo suficiente como para hacerlo lucir como una modelo en una sesión de fotos.
–Para que sepas–, murmuró suavemente, –No dejo que cualquier suba a mi Volvo.
Yo no estaba segura de si veía mi rubor o no.
–¿Entendido?–Me preguntó con firmeza, sus ojos verdes parecían resaltar, incluso en la oscuridad.
–Muy bien.
Él suspiró y asintió con cautela. –Bueno. Y ponte el cinturón de seguridad. Estás en un largo viaje ... señorita Swan .
Miró mi etiqueta de nombre por un momento, y luego movió sus ojos hasta encontrarse con los míos, con una pequeña sonrisa en sus labios.
