Muy bien, entes que nada, dedicaré este capítulo a ¡Fátima!... Mi amiga, mi hermana, mi amante, mi elfo doméstico, mi mascota, mi pelotuda favorita xD…Ay, ya, te amo, wacha xD…

Ahora, si… ¡Volví, criaturas de arroba satanás depredador masivo 666!... Bueh, la cosa es que mi querida abuela me llevó a una especie de reunión cristiana y entre todas las viejas de la iglesia, llegaron a la conclusión de que le rindo culto a satanás y me iré al infierno si no me arrepiento pronto (bueno, lo dijeron de otra manera más amable)… ¡Y todo porque me negué a tomar un rosario, alegando que yo solo estaba ahí para acompañar a mi abuelita! (Te amo abuela)… O sea, no jodan, a poco ni que les hubiera insultado…

¿Vieron así cuando solo quieres hablar cagadas? Bueno, así…

Leonard kenway: Bueno… ¡Son hermanos! Es ley molestarse entre hermanos hasta que uno de ellos (usualmente el mayor) ponga orden… En momentos así, me alegro de ser la mayor.

pabillidge90: Aaaw, Po sigue en su poni… tiene un alma pura aún (¿

geraldCullenBlack: ¡¿24 horas?! Pff, si no te molesto en dos horas es porque estoy en mi lecho de muerte, intubada y a dos palabras de mi encuentro con San Pedro… o la otra vida, lo que sea… (Esas viejas me sermonearon feo. ¡Ayudame, Gerald!)

¡Viva el chori!... (Ah, me siento la Cristi)

Oh, amore mío, ya verás cuando llegue la noche… Tranquila, una buena dama no tiene memoria (¿

Te debo treinta.

Pff, si yo soy un ángel… ¡POR ASLAAAAAAAAAAAN!

Si hubiera más como él, habría mas mujeres acusadas de violadoras… Ay, no. Peor es que es una ternura, como un niño, pero con los beneficios de un adulto (¿ (Eso sonó horripilantemente pedófilo)… JAJAJAJAJAJ, bueno hasta aquí, que si no hago un testamento para ti… Y luego mi otra novia me pega (¿

Guest: ¡¿Aregentina?!... ¡Aaaaayyy! ¿De dónde eres?... ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!...

Nalaks: ¡Oye, oye, oye!... Deja a Elmo… Hummm, por detrás… Emmmm, Bardo es cuando dos personas (o más) pelean, más bien cuando discuten, diciéndose cosas para enojarse, pero no llegan a pelear en sí… ya sea porque no pueden o son muy cagones como para irse a los puños…

OMG. Adoro México.

Si, el cap era algo corto.

¡ESCUCHEN, MAL INTENTOS DE DIVAS! (si, tu y Gerald)… ¡Mido 1, 65! Y fácilmente les pateo el culo, así que no jodan…

¡BARDOOOOOOOOO!

IECS: Po es maduro, pero concervando la inocencia del niño… Sus hermanos son maduros, pero con toda la estupidez (¿estupidez es una palabra?) de los pendejos adolescentes. (Soy adolescente, estoy en eso… Ah, re, ok,no)

F: Lo sé, mi amor, lo sé, te prometí el capítulo anoche… Peor me dolía el culo (eso sonó mal) subirlo, así que lo dejé para hoy… ¡Y de paso te hago una dedicatoria!... Porque tú, elfo doméstico libre, eres la mejor pelotuda de todas…

Pues deberías leer la categoría M… No creo que te traumes, pero quedarás impresionada xD… Hummm, te voy a corromper (¿ (Quitale el Cor) AJAJAJAJAJAJAJAJJAA

No re vimo, washa… pasa el porro, loka… (Ah, re, me siento turra)

Ay, nena, Po es un inocente aún… Y cualquier cambio que veamos, se lo atribuiremos a Tigresa xD Sus hermanos… son hermanos, lo quieren como solo estos saben hacerlo…

Y… bueh… ¡Chelita!... (Me tentaré mil siglos con esto)

nina23: Bao es una creación mía… y el nombre se lo puse porque… porque me pareció bonito y ya xD

Pandita-Ojos azules-SNCR: Te doy a Po… Déjame, que a Tai me lo agarro yo xD

: Pobre, pobre Po…

fanatico z: Houston, tenemos un problema, cambio… *Se escucha estática(¿*… ¿Qué sucede? cambio... *Silencio*… Al individuo Po se le rompió el condón, cambio… AHRE, TENÍA QUE PONERLO JAJAJAJAJJAJAJAJAJa…

Y bueno, continuemos… No hay que ser frutero (¿ para saber que nada más rico que una fruta correctamente madura… ¡Y los hermanos de Po lo saben!...

¡A LEER, NENITAS!


Capítulo 4; Cuanto más madura la fruta…

Tigresa observó a su madre y arqueó una ceja, escéptica.

—¿En serio me estás preguntando que cómo la estoy pasando?

La mujer sonrió anchamente, radiante, y asintió. La sonrisa se le esfumó al ver a su hija apurar el paso, deteniéndose en algunos puestos, observando desinteresadamente los productos que les ofrecían al pasar.

No, no quería maquillaje, ni un kimono nuevo. ¿Es que en aquel lugar nadie vendía tofu o algún libro interesante? No es que no tuviera qué leer, solo que no quería molestar a Po cada vez que precisara de algún libro.

Sonrió al pensar en el menor de los hermanos. Él era… no era como los otros. Era amable.

—Vamos, Tigresa, pon un poco de voluntad.

—Claro —La felina no volteó, pero esbozó una sarcástica sonrisa— Si tan solo pudiera darme un baño sin que uno de ellos entrara. ¡¿Es que no les enseñan a los hombres a tocar la puerta?!

—Eso fue un accidente —Recordó Akame— Y no sé de qué te quejas. Noqueaste al pobre.

—Se lo tenía merecido.

—¿Y qué me dices de los gemelos? No creo que se hayan golpeado con "una puerta".

—Me provocaron.

—A ti todos te provocan, Tigresa —Renegó— No podrías actuar un poco más… ¿femenina?

Tigresa volteó a ver a su madre, arqueando una ceja. No respondió y Akame no espero a que lo hiciera. Conocía a su hija lo suficiente como para saber que aquella mirada de hielo era la respuesta a todas las preguntas hechas y que aún no había hecho.

Claro, pero Tigresa olvidaba que aquella mirada no surtía efecto en su propia madre.

—Hagamos un trato —Propuso Akame.

—No. Eres una tramposa.

—¿Y desde cuando le hablas así a tu propia madre?

—Desde que me sacó del Palacio de Jade para convivir con una manada de machos con graves problemas de testosterona y complejos muy serios hacia su persona —Respondió, con voz neutra— ¿Sabes? A esos les haría bien un poco de ejercicio.

Akame rio, divertida por la ocurrencia de su hija.

—No son perros, hija.

—No, son hombres —Replicó Tigresa— Que es parecido.

La madre negó con la cabeza. A veces, sentía que aquella actitud era su culpa. Tigresa había crecido sin una figura patera y no creía que en el Palacio de Jade hubiera aprendido mucho sobre convivir con el sexo opuesto.

—Anda, ¿Trato o no?

Tigresa miró de reojo a su progenitora, recelosa.

—Bien.

—Bao tiene que hacer un viaje de una semana y yo le acompañaré.

—¿Y?

—Compórtate y te dejaré elegir; o vives con nosotros, o vuelves al Palacio de Jade.

—¡¿Y por qué no le dicen que se comporten ellos?!

Los pandas voltearon a ver, curiosos, al oír el grito de Tigresa. Akame sonrió, un tanto avergonzada, y se acercó para colocar sus manos en los hombros de su hija.

—Shh… No grites —Le reprendió— Bao hará lo propio con sus hijos.

Tigresa simplemente rodó los ojos. Aquella sería la semana más difícil de toda su vida.

Continúa…

Aquella misma tarde, Akame y Bao partieron en su viaje.

Intentaron de todo para que sus hijos aceptaran comportarse, incluso amenazándolos con darles un par de zurras si no lo hacía, pero decidieron que tendrían que confiar en el buen juicio de ellos. Después de todo, no estaban tratando con niños, eran adultos y sabían lo que debían y no debían hacer… Aunque Bao tuvo sus dudas al ver las sonrisas de Rashidi y los gemelos. A ellos si los zurró por adelantado.

Los primeros días, la casa era un silencio total.

Po se la pasaba leyendo. Rashidi andaba por la aldea, perdiendo el tiempo, como era costumbre en él. Yo y Huo no salían de su cuarto, excepto por las tardes, que iban a entrenar con la vara Bo. Tigresa, por su parte, todas las noches buscaba vendas entre sus cosas y se las colocaba en sus manos, antes de salir.

Caminaba durante media hora, hasta alejarse lo suficiente. Había un bosque allí, con árboles de gruesos troncos y de apariencia sólida.

Se paraba delante del árbol que le parecía mejor y tomaba aire, llenando sus pulmones… antes de echar el primer puñetazo. Repetía eso una y otra vez, cada vez más fuerte, en ocasiones combinándolo con patadas. Las vendas llegaban a desgarrarse y sus nudillos quedaban expuestos, pero eso no la detenía. Era algo que hacía desde pequeña.

Cuando era cachorra, tenía demasiada fuerza, pero no resistencia. No aguantaba mucho los golpes, ni las heridas. Eso la hizo sentirse débil. Entonces, comenzó a golpear los árboles de hierro del palacio, todas las noches, mientras los demás dormían. Fue demasiado duro al principio y más de una vez se quebró algún dedo, pero jamás se detuvo. Ahora, prácticamente no sentía nada en sus manos.

El ligero crujir de una rama seca le llamó la atención. Se detuvo y miró a su alrededor.

A simple vista no había nadie, pero su fino olfato detectó un aroma extraño en el aire. Le tomó unos cuantos segundos identificar de quien era.

—¿Po?

El menor de los pandas apareció de detrás de algunos árboles. Se veía avergonzado.

—Oh, Tigresa, yo…

—¿Por qué me seguías?

Po pareció encogerse en su lugar. Boqueó varias veces y se llevó la mano a la nuca, nervioso. No dijo nada.

Tigresa tenía paciencia de sobra, por lo que, mientras esperaba una respuesta, comenzó a desenrollar las vendas de su mano izquierda. La tela estaba casi deshecha y sus nudillos sangraban, pero no era nada a lo que no se hubiera acostumbrado. Hacía mucho tiempo que aquellas heridas ya no le dolían.

Los ojos del panda saltaron al ver tan graves heridas. Casi por acto reflejo, avanzó hacia ella e intentó sujetarle las manos, pero Tigresa le ignoró, apartándolo para seguir con las vendas de su mano derecha.

—¿Acaso estás loca? —Inquirió él, sin poder evitarlo.

Tigresa rio con cierta amargura.

—Dime, Po ¿Has entrenado Kung Fu alguna vez?

—Sí, cuando era pequeño, con mis hermanos.

—¿Alguna vez has intentado golpear un tronco con puas del tamaño de tus dedos?

Po no respondió.

Tigresa levantó la mirada; esta era fría y dura, lo cual lastimó un poco al panda.

—¿Estás enfadada porque te seguí?

—Oh, no, claro que no —Ella negó— Después de todo, me acostumbré a la falta de privacidad desde que Rashidi entró al baño cuando me estaba cambiando.

—Oh.

—Venga, es tarde. Vamos.

Tigresa tomó las vendas y caminó de vuelta a la casa. Po no habló en todo el camino.

No era su intención entrometerse. Tan solo la había visto salir de la casa y le dio curiosidad a donde iba. Planeaba irse en cuanto le vio comenzar a golpear aquel árbol, pero simplemente no pudo. La escuchó quejarse en voz alta, pero ella no se detenía. Por un lado, pensó que era de tontos ¡se estaba lastimando a su misma!, pero pronto se sintió un tanto admirado por tal acción. Como si no le doliera, ella seguía, sin mermar la fuerza ni la velocidad de los golpes, como si no tuviera los nudillos ensangrentados.

El camino de regreso se tornó tenso, al menos para Po. Odiaba el silencio. Estaba acostumbrado al ruido, a charlar y a las risas de sus hermanos. La única vez que recordaba a todos en silencio, fue cuando tenía un poco más de un año de vida; cuando su madre había muerto.

Miró de reojo a Tigresa y luego a sus manos heridas.

—¿No te duele?

—No.

—¿Cómo…?

—Llevo muchos años haciendo esto.

—¿Cuántos?

—No recuerdo… ¿Quince, dieciséis años?

Po arrugó el entrecejo, repentinamente intrigado por algo.

—¿Cuántos años tienes, Tigresa?

—Diecinueve. ¿Y tú, panda?

Fue entonces que las mejillas del panda se tiñeron de un suave rosa.

—Dieciséis —Murmuró.

Tigresa no respondió, tan solo asintió.

Tonto, tonto, tonto... ¡Tigresa era incluso mayor que Rashidi! Jamás en su vida se sintió tan avergonzado como en ese momento. Le gustaba una chica mayor. Apenas si podía hablar con las chicas de su edad, ¡y él pretendía una mayor! Por algún motivo, la risa de los gemelos llenó su mente. Oh, si ellos supiera. Le harían la vida imposible.

Entraron en silencio a la casa, cuidando de no hacer ni el mínimo ruido.

—Bueno… —Tigresa se detuvo junto a la puerta de su cuarto— Buenas noches, panda.

A Po le pareció verla sonreír, pero ella rápidamente había volteado, por lo que pudo habérselo imaginado.

Volteó y entró a su cuarto… Rashidi, Yu y Huo le esperaban. Los tres con anchas y burlonas sonrisas en sus rostros. Pero Po no estaba de humor para aquello. Les empujó, pasando por en medio, y se dejó caer en su cama, hundiendo el rostro en la almohada.

—Te hemos atrapado, pícaro —Habló Rashidi.

—Así que… Con Tigresa ¿Eh? —Yu arqueó una ceja.

—Oigan —Llamó Huo— Tal vez nuestro hermanito no sea tan pequeño como pensamos.

Po gruñó, frustrado, y dobló la almohada junto a su cabeza para taparse las orejas.

—Cállense —Masculló.

—Oh, vamos, no te enojes.

—Solo bromeábamos.

Po ignoró a los gemelos. La cama cedió ante el peso de alguno de sus hermanos.

—Sabemos que te gusta Tigresa, tonto —Habló Rashidi— Y no te acusamos, en mi opinión, está más buena que cerveza fría en el verano.

—Tu calla, te tiraste a la madre.

—¡Oye! No sé de qué me hablas —Rashidi sonrió, fanfarrón.

Po suspiró. No tenía ánimos para escuchar a sus hermanos y sus inoportunos comentarios. Solo había una manera de hacerlos callar;

—Bien, me gusta —Se sentó en la cama, con la almohada en su regazo— Pero no tengo oportunidad; es mayor que yo. De hecho, es mayor a todos nosotros.

Silencio. Los hermanos se miraron entre sí, pensativos… hasta que los gemelos esbozaron anchas y traviesas sonrisas.

—¡Buena esa, niño! —Exclamó Yu.

Yu juntó sus manos a la altura del pecho, dándose aires sabios.

—Cuanto más maduro el fruto, más sabroso es el jugo.

¡Plaf!... La almohada que Po sostenía impactó con fuerza en el rostro de su hermano.

Continuará…


Y bueh, hasta aquí todo… Ahora, veamos si Yu despierta o queda inconsciente… ¡Chaito! (Sí, Fátima, te lo copie) xD