Al final decidí no extender la historia anterior a esta, no por qué no quiera sino porque creo está bien, tal como es.
Mañana regresaré de vuelta a la universidad y como saben, es posible que tarde... aun más en actualizar alguna historia. Pero descuiden, por más tiempo que me tome hacerlo terminaré con todas ellas.
Por ejemplo, esta última llamó mi atención y voy a expandirla en un capítulo extra.
Gracias por un verano excelente a todos mis lectores, de verdad me ayudaron a tener confianza en mis habilidades, incluso si se trataba de ficción de fans, para fans.
Nos leemos pronto.
Tonto Jake y su tonta suerte…
¿Por qué soy yo el que debe hacer esto y no él? Puede que yo tenga mala suerte con las monedas, pero es su trabajo como presidente de la clase el hacer este tipo de cosas.
Aunque no puedo culpar del todo a Jake, la Profesora Bonnibel también tiene la culpa. Ella y su política de "Apoyar a tus compañeros de clase en todo momento" me ha puesto las manos atadas en esta ocasión.
Se me pidió llevarle los apuntes de hoy a la famosa Marceline Abadeer. Digo famosa debido a su reputación como la estrella musical de la localidad.
No es que me desagrade. De hecho, no sé qué pensar de ella ya que nunca la he tratado como una amiga, o por lo menos como una conocida.
Uno de los rasgos más distintos de su persona, además de su extraordinaria belleza, es el hecho de que es muy distante, y es en extremo raro que llegue a comunicarse con alguien fuera de su zona de confort.
En clases rara vez participa; pero mantiene notas altas, y en el receso suele pasar el tiempo en el salón de música practicando o comiendo algo con el Profesor de Historia, Simon Petrikov. No es que me agraden los chismes pero no puedo evitar escucharlos de parte de mi hermana Fionna.
Quien diariamente me atosiga con rumores y demás sinsentido cuando termina la escuela.
Hasta el día de hoy sigo pensando que mis padres le agregaron unas letras a mí nombre y se lo pusieron a ella sólo para fastidiarme.
Mientras pensaba en la más reciente información sobre la vida escolar que escuché de mi hermana, me di cuenta de que ya había llegado a la residencia Abadeer. Lo cual hizo que recordara una anécdota que Fionna escuchó del vigésimo séptimo amigo que le dijo a otro amigo de ella.
La casa Abadeer se sitúa en la parte más lujosa de la ciudad. Es una casa que es considerada una mansión por su gran tamaño pero a la que aún se le refiere por un término más modesto. Tiene un estilo gótico que desentona con lo rustico del resto del pueblo. Sin embargo, es una de las estructuras más hermosas que hayas presenciado en tu vida… y si no tienes cuidado podrías no vivir para ver el resto que hay en la lista.
La residencia no sólo tiene fama por su belleza, también están los bizarros acontecimientos que ocurren a sus alrededores. Avistamientos de espectros de ultratumba, monstruos deformes que vagan por la propiedad, y creaturas con formas indescriptibles, son solo pequeñas muestras de lo que espera en aquella mansión rodeada por una atmósfera que induce pesadez en quien ose acercarse.
Las desapariciones que ocurren en los alrededores son suficientes para alejar ojos curiosos del lugar pero aun así es imposible saber el número exacto de personas que hacen caso omiso de estas advertencias.
Nadie sabe lo que ocurre en esa casa… y tampoco nadie quiere averiguarlo.
No creo en ese tipo de cosas pero al ver la casa puedo entender cómo es que empezó la leyenda urbana. Si el día no estuviera nublado, ni tampoco hubiera cuervos sobre ése árbol entonces no me estaría recordando ese relato.
Como era de esperarse, la puerta rechinó fuertemente en el primer intento de abrirla. El ave de ultratumba que graznó en mi dirección no me impidió llegar a la puerta en el primer intento.
Mis rodillas temblaron un poco y mi corazón a duras penas quería cooperar pero de alguna forma pude tocar sutilmente la puerta. No quise pensar en que mi toquido fue muy débil y que debía hacerlo de una forma más decente pues ya quería irme de aquel tétrico lugar.
Volví a tocar la puerta con más fuerza, lo cual se puede resumir en que inadvertidamente la golpee ocasionando que se abriera con otro seco rechinar. Divisé el interior de la casa solo para ser recibido con escasas fuentes de luz que daban un aspecto aún más lúgubre a la atmosfera.
"¡Hola!" traté de llamar la atención de quien estuviera ahí. No me sorprendió no haber escuchado una respuesta. Sin embargo, repetí mi acción dos veces más hasta que decidí entrar.
Mis pasos no eran apresurados y aun así formaban un eco innecesario en todo el lugar. La casa era en verdad espaciosa y la acción de dejar en la mesa de sala los libros y demás apuntes se convirtió en un tour no autorizado por la mansión.
El primer piso me sorprendió con recuadros con apariencia costosa de autores de los que seguramente nunca había escuchado. Aunque no ayudaba mucho que todos tuvieran una solitaria 'M' como firma.
Cada pasillo estaba repleto de cuadros de ese estilo y el primer camino que tomé me llevo a la cocina mejor equipada que pude imaginar. Seguramente ahí podrían cocinarse manjares exóticos y delicias que nunca podría pagar en mi vida. Seguramente Jake adoraría este sitio.
El siguiente camino de cuadros me llevó a una sala de música. Que a diferencia de la cocina, parecía ser usada con mucha frecuencia. Los instrumentos estaban fuera de su sitio y había partituras regadas por todo el piso.
Mientras caminaba con cuidado para no hacer enojar a quien estuviera leyendo el material musical del suelo pude ver de lejos el comedor principal.
Noté que las velas resaltaban el sitio con un ominoso sentimiento de vacío. Todas las sillas dejaban claro que las visitas no eran frecuentas y que quien estuviera en la cabeza de la mesa había comido recientemente, o bebido al parecer.
Lo único que había era un cáliz de un metal precioso cuyo contenido ahora estaba en el estómago de alguien más y, fuera lo que fuera, algo me decía que era mejor no indagar sobre el contenido de la copa.
Nada me llamó la atención en el resto de los cuartos así que di por terminada la visita al tercer piso. Los libros y apuntes comenzaron a pesar, por ello los puse en la primera mesa que encontré.
Ahora la tarea estaba técnicamente completa. Podría irme y decir que hice lo que tenía que hacer. No tenía motivo para aventurarme al segundo piso y aun así ya estaba por terminar de escalar a la alfombrada escalera.
Sin contar los baños, la mayoría de los cuartos estaban cerrados y si forzaba las cerraduras entonces de verdad sería un allamiento de morada.
Sigo diciéndome que el haber entrado como lo hice no cuenta como crimen.
Uno de los cuartos que no estaban fuera de mi alcance me invitaba con la luz frívola que seguramente venía de una o dos velas. En ese momento no pensé que algo, o alguien, estuviera jugando conmigo.
Mi sola presencia me ponía en peligro, nunca pensaría que el peligro sería de muerte.
Titubeando, empujé suavemente la puerta esperando por un chirrido que jamás llegó. Como lo supuse, fui recibido por el tenue fulgor de velas estratégicamente colocadas en una habitación. Adornada con un estilo no muy alejado de la fachada frontal de la mansión.
El cuarto era espacioso y lleno de muchos lujos en forma de inmuebles pero esto no fue lo que llamó mi atención. Un peculiar bajo formado con el cuerpo de un hacha descansaba al lado de un amplificador.
Y aunque el avistamiento era lo suficiente como para dejar a alguien divagando por minutos, esto fue ignorado una vez que vi las luces del amplificador indicándome que acababa de ser usado.
La sangre se me heló en el momento que escuché el pomo de una segunda puerta que ignoré al entrar. El movimiento del agua corriendo fue opacado por un siseo antinatural proveniente de esa segunda puerta.
No quise girar para enfrentarme a aquello que envió una advertencia en mi dirección, pero debía hacerlo. Por algún sentimiento de pena o por simple curiosidad, me di la vuelta y encaré a la bestia.
Me encontré con un par de orbes de color carmesí que se enfocaban en mi persona y más allá, ocultos por hilo tras hilo de un largo cabello azabache y una fila de dientes puntiagudos que me amenazaron con un destino obvio si es que llegaba a acercarme.
Estaría paralizado del miedo, sino fuera porque el cuerpo de la chica que poseía todos esos tenebrosos atributos estaba empapado y cubierto por una solitaria toalla que abrazaba cada curva de su cuerpo.
Los sentimientos de terror y vergüenza luchaban por el dominio de mi cuerpo, y mientras lo hacía decidí explicar mi visita con mi particular don para las palabras.
"Tú-Tú-Tú-Tú debes s-ser Marceline, ¿cierto?" lo que recibí fue un gruñido gutural y una vista que gradualmente empeoraba con un rostro que se deformaba en formas que no podía ni imaginar.
Sin embargo continué hablando.
"…Yo-Yo soy Finn, un compañero de clase, Jake me envió para… para… para traerte la tarea y evitar que te atrases". De nuevo no recibí respuesta alguna y aunque estaba presenciando un espectáculo sobrenatural, del cual nadie quisiera formar parte, seguí hablando e ignorando el deseo de mis piernas de saltar por la ventana.
"Dejé los escritos en una mesa… espero que no te moleste que viera tu casa, es que es demasiado espaciosa y-y-y-y-y hermosa… tal vez pueda recompensártelo en un futuro, mientras tanto creo que una disculpa sea suficiente".
Cuando acabé de decir lo que tenía que decir, la vista casi placentera que tenía enfrente fue cambiada de manera brusca por una mezcla de un murciélago, un pulpo y una de mis pesadillas, y todas ellas rugieron hacia mi persona. Me cubrió una ligera capa de saliva color arcoíris que me impidió aún más el movimiento debido al miedo.
Casi de inmediato retiré el exceso de baba de mis ojos justo a tiempo para ver al mismo monstruo corriendo torpemente en mi dirección. Sin siquiera pensarlo, seguí el plan de hace unos momento y atravesé la ventana del segundo piso.
La adrenalina impidió que sintiera el golpe, y la preocupación ayudaron a prepararme para el impacto que estaba por recibir por parte del suelo.
Cerré los ojos y me desplomé con la espalda encarando al césped.
No me importaba sufrir la muerte a los dieciséis años, lo que me importaba era que no tendría que volver a tratar con un ser de tan horrenda apariencia y posibles malos sentimientos.
Y como están leyendo esto, ya saben que de haber ocurrido ese escenario yo estaría disfrutando de los placeres de la vida espiritual y no las excentricidades del personaje conocido como Marceline Abadeer.
Sólo quise remarcar cómo fue que la conocí. Es muy distinto cuando llegas a conocer de primera mano a alguien como ella.
