Hola mi hermosa gente n.n Más de un mes sin actualizar! Debería darme vergüenza X'D Soy una decepción para el clan D: jaja! bueno, difícilmente me da tiempo, ya saben, el llamado de las responsabilidades escolares, cotidianas, bla bla y bla! pero como los amo con todo mi ser no lo abandonaré. Espero no decepcionar con éste capitulo, di lo mejor de mi XD

Sin mas, disfrútenlo.


Príncipe Perdido

Capítulo 4

El jovencito deslizaba con su delgado dedo cada una de las cuerdas, no estaba muy seguro de lo que hacía, pero le gustaba el delicado sonido que estas emitían.

-Milo ¿Qué haces? - El príncipe se giró al otro chico que apenas y se veía la diferencia de edad- Eso es una lira ¿verdad? – Milo retiró el dedo del artefacto y le observó con más detenimiento esta vez.

Hacia unos minutos que buscaba a su padre y esperaba que le diera permiso a él y a sus otros amigos del castillo salir al pueblo, aunque sea un poco. Claro con la seguridad y vigilancia que el rey decretara.

-No lo sé, lo encontré aquí- Ambos chicos se encontraban dentro de la habitación del rey esperando encontrarlo, pero cuando Milo divisó ese instrumento dorado reposando justo debajo de la gran ventana logró capturar toda su atención- ¿Sabes qué es esto Camus? – El joven príncipe levantó el objeto mostrándolo. El otro por su parte se acercó estirando la mano y tocó algunas cuerdas haciendo sonar una sencilla melodía que impresionó a Milo. Camus al notarlo sonrió emocionado por causar tal efecto en él.

-Es una lira Milo ¿No las conocías? - Milo como respuesta negó con la cabeza frenéticamente, deseaba poder hacer eso.

- ¿En dónde aprendiste a hacer eso? - Camus con la anonadada mirada de Milo le arrebató el instrumento haciendo sonar la misma tonada repetidamente haciendo que el otro se maraville todavía más.

-Mi mamá cuando vivía tenía una y siempre la tocaba para mí- El chico mayor seguía tocando- Con lo poco que pudo enseñarme jamás lo olvidé ¿Te gusta? - Milo escuchó y con la mirada no perdía ningún movimiento de los rosados dedos rozar las cuerdas. Deseaba poder tocarla y al escucharla un calor en el pecho aparecía.

Camus no obtuvo respuesta después de un rato, no lo recriminaba pues sabía que cuando Milo se encantaba con algo hasta mudo se quedaba contemplando eso que lo había cautivado. Con los años que pudo permanecer ahí supo conocerlo muy bien.

En ningún momento dejó la lira repitiendo una y otra vez esa tonada hasta que Milo por fin lo hizo parar con su mano.

- ¿Puedo? – Camus lo observó un momento y pudo ver un pequeño brillo en sus celestes ojos. En eso recordó en las muy contadas veces en las que Milo estuvo cerca de un instrumento o en siquiera en alguna tonada musical. Por la excesiva seguridad por parte del rey el príncipe pocas ocasiones podía presenciar este tipo de cosas, el mayor se entristeció un poco al pensar en eso.

Milo sostuvo el curioso artefacto de música con su brazo derecho y con la otra tiró una cuerda tratando de recordar lo que había hecho su amigo hacia unos momentos. Lo hacía con inseguridad y pena, pues estar frente a Camus que notablemente lo hacía mucho mejor él y además de tener esos sentimientos extraños de querer hacer todo perfecto delante sus ojos.

Por parte del acompañante, se había quedado con un toque de impresión escuchar que en realidad no lo hacía tan mal, había memorizada cada movimiento cuando él la tocó.

-Milo ¿Quieres que te enseñe? – Al escuchar tal propuesta Milo se alegró con los ojos esperanzados.

- ¿De verdad me enseñarías? – Camus asintió.

-Aunque, poco me enseñó mi madre, pero creo que si practicamos podemos perfeccionarlo ¿Qué dices? Sería muy divertido hacerlo juntos- Mencionar eso ultimo el mayor se sonrojó provocando de la misma manera al príncipe.

Ya no era de extrañarse verse en esos momentos en las que el exterior desaparece y sus miradas se fusionan con el color carmesí en sus mejillas, poco a poco al crecer sienten esa emoción y la tranquilidad de verse. El enamoramiento de ambos chicos nacía a medida de cada momento que pasaban juntos.

-Milo, Camus…- Un tercero llamó despertándolos de su ensoñación asustándolos un poco- ¿De dónde sacaron eso?

El rey junto con otros dos chicos que venían detrás suyo los miraron esperando alguna respuesta, pero pues para Zaphiri eso ya había quedado muy a segundo plano. Miraba entre los brazos de su hijo la lira que de solo verla llegaban gratos y dolorosos recuerdos a su mente.

-Mi rey- Camus hizo una ligera reverencia por respeto al noble aun sin notar que toda la atención del rey estaba en ese instrumento.

-Los estuvimos buscan…- El joven de cabello castaño claro que estaba detrás del rey habló, pero fue interrumpido abruptamente por Zaphiri.

-Hijo ¿De dónde salió esa lira? – Milo lo miró confundido por el rostro espantado por su padre, que un poco nervioso dudo en responder.

-Pu-pues lo encontré justo aquí en la ventana- En eso el hombre se aproximó a él y tomó lo que una vez creyó jamás volver a ver. Con el tiempo dejó de tomarle importancia y se fue perdiendo por cualquier lado del palacio, pero ¿Debajo de la ventana? Después de trece años de la muerte de su amada reina siguió durmiendo en esa elegante habitación y en cualquier momento pudo haber notado la lira ahí.

Zaphiri acarició por un momento las cuerdas y varias escenas pasadas de su vida aparecieron sin aviso previo golpeándolo en toda su sensibilidad ¿Qué significaba esto? ¿Acaso su reina quiso darle alguna señal? O ¿Será Lesath, que en los pocos días de su vida pudo escuchar esa lira entonar? Se volteó a su hijo con el rostro preocupado y le tendió lo que alguna vez le llegó a pertenecer a la dama de Antares.

-Este hermoso instrumento era de tu madre Milo, con ella tocaba hermosas melodías y muchas fueron dedicadas a tu hermano- El príncipe impresionado la miró- Esto quizá sea una señal Milo. Tómala, ella querrá que la toques, aunque siento mucho no poder enseñarte, jamás supe manejarla.

Camus de inmediato se abrió paso en frente del rey.

-Mi señor, tengo un poco de conocimiento en como tocar la lira, mi madre alguna vez llegó a enseñarme y si me lo permite, me gustaría ser yo quien le muestre como tocar… por favor- Zaphiri enternecido palmeo su cabeza, ya era consciente del gran cariño que traían él y su hijo, era obvia la súplica.

-Me harías un gran favor Camus- Claro el rey aceptó sin problemas, ese artefacto llevaba mucho consigo sin ser notado y era la herencia de Milo.

Trece años habían pasado desde ese entonces y aun así es difícil superarlo, pero con su pequeño príncipe a su lado, nada lo aflige para seguir adelante.


En las afueras de Antares

- ¡Ya han pasado varios días y Kardia no se digna a vernos al menos una sola vez! – Manigoldo miraba hacia la ventana dirección hacia donde estaba el castillo, aunque a duras penas se veía la silueta de esta, pareciera que en verdad veía a su hermano a lo lejos- Seguramente debe estar divirtiéndose con todos esos lujos. Ese idiota...-

Sage que a su lado trabajaba en una estatuilla de una mujer; observó a su hijo meditando un poco sobre lo dicho. Era obvio por qué sacaba el tema de repente.

- Ya lo extrañas, ¿verdad? – Manigoldo se sonrojó viéndose descubierto- Yo también lo extraño. Debe tener mucho qué hacer, pero pronto un día de estos vendrá, no te preocupes-

Sage conocía muy bien a sus hijos y esa era la manera de decir de Manigoldo que extrañaba a su hermano. Nunca había sido tan cariñoso en su forma de ser, pero como hermano mayor sentía preocupación y quería saber de Kardia.

Como padre también lo sentía así y aunque no lo dijera también quería verlo.

- N-no es que lo extrañe, solo que con tanto lujo a su alcance es más que seguro que ese tonto ya se haya olvidado de nosotros- Manigoldo con un dejo de tristeza lo pensó en voz alta. Kardia nunca fue una persona materialista ni nada por el estilo, pero haber crecido en una familia humilde en una casa vieja y algo descuidada nunca supo lo que era vivir en todas esas comodidades que solo los nobles podían gozar.

El viejo notó con facilidad su semblante triste. Manigoldo y Kardia fueron tan inseparables desde pequeños, y ahora que el menor de la familia se había ido, Manigoldo llegaba a sentirse olvidado.

-Manigoldo…- Sage quería decirle que Kardia jamás haría tal cosa, pero fue interrumpido.

-Bueno, tal vez y exagero- Se sintió estúpido de pensar así de dramático- Se fue para ayudarnos con la plata y si es así ¿Por qué coña no viene? –Pero ¡Apenas y fue hace unos días! Eran simples excusas para ver a Kardia - ¿Y si vamos? Si Kardia no tiene el tiempo de venir aquí sería bueno que nosotros vayamos y lo visitáramos ¿No lo crees así viejo? - La enorme sonrisa del joven no se hizo esperar, eso quería decir que sería un hecho, no una sugerencia. Sage no estaba seguro de eso.

-No lo sé, podría ser imprudente llegar así nada más al castillo…- Solo rodó los ojos a la preocupación de su padre.

-No seas paranoico mi viejito, si Karda está ahí seguro nos reciben- No era mala idea en realidad, como su familia era natural que se angustiaran aun estando en una gran fortaleza llena de seguridad infalible. Era su pequeño después de todo y deseaban verlo.

Con una imagen en mente de un sencillo Kardia trabajando para el rey de Antares era lo que esperaban ver ¿Qué sorpresa se llevarían? ¿Qué diría el supuesto príncipe si lo vieran en su situación?


En el castillo de Antares

- ¡Una gran boda se llevará a cabo! - Exclamó el rey Zaphiri dentro del palacio. Kardia a su lado solo lo miraba asombrado por la gran emoción del hombre ¡Sí que era importante ese supuesto matrimonio! - Nuestro querido rey de Bluegrad; Degel, vino desde muy lejos a conocer su futuro prometido, claro estamos hablando de mi querido hijo Milo, príncipe de Antares- El entusiasmado rey abrazó con un brazo al mencionado- Y con eso todos nuestros problemas se terminarán, con la fortuna de Degel el reinó se salvará… ¡Asegúrate de apuntar eso ultimo! – Señaló hacia Shura que apuntaba lo más rápido que podía en el delicado papel.

Era de suma importancia comunicar al reino entero de lo que pasaba dentro, esa boda definiría su futuro. Por eso Shura sería el encargado de hacérselo saber a cada habitante en el centro del pueblo.

Ahí mismo también estaban los demás, Degel era escoltado como siempre por su fiel súbdito Shaka.

Dentro había un ambiente un tanto tenso por parte de los jóvenes. Kardia miraba atentamente a Degel desde su posición, algo en él le parecía ¿familiar? No lo sabía en realidad, pero esa postura recta y rostro serio se le hacía conocido. Para Degel era algo parecido, solo que él ya sabía de donde lo conocía o eso era lo que creía. Se asombraba por lo mucho que había crecido ese niño.

Para los otros, Mu y Aioria se maravillaban un poco con la presencia de más personas externas ahí, principalmente del chico rubio. Tampoco estaban muy acostumbrados a convivir con otros y menos de otros reinos, Shaka era terriblemente observado por estos dos y el rubor en sus mejillas empezaban en aparecer.

Shura simplemente era atormentado con la exigencia de Zaphiri, su trabajo era un poco duro a veces y más con esos chicos que consideraba inoportunos y escandalosos con métodos nada favorables para él, especialmente hablando de Aioria.

-Señor, ya no tengo espacio para más, creo que ya es suficiente- Shura le mostraba su escrito y Zaphiri río, de verdad que estaba emocionado.

-¡Me parece bien! Creo que me dejé llevar- Kardia ni siquiera quería hablar, se sentía nervioso y hasta incomodo - Milo ¿Por qué no llevas a Degel por los jardines? Seguro querrán hablar - ¿Qué? ¿lo dejaría solo con él? Kardia con la mirada le decía que no, pero Zaphiri lo ignoró.

- ¡Para mí sería un placer! – Kardia fue empujado hacia Degel y estático solo lo miró a los ojos. Al no decir nada el noble pensó en que quizá el príncipe no se sentía dispuesto- ¿No tienes problema con eso Milo? - Aun no se acostumbraba a que le llamaran así, pero reaccionó rápido.

- ¡No, no! En lo absoluto- Se quedó tanto tiempo mirándolo que no notó en lo sospechoso que podría verse la situación, tenía que decir algo bueno para excusarse- Es solo que me he quedado maravillado por tales ojos que posee rey Degel, son tan fríos que los hace hermosos- ¡Vaya! Eso salió tan natural que hasta él mismo se sorprendió y no era el único, todos lo miraron extrañados. Bueno, su trabajo era el de ser un príncipe y ser halagador en algunas ocasiones con su falso prometido era importante en cierto punto.

Degel sonrió apenado y su blanca piel se tornó rojiza, Kardia solo dejó salir su reluciente sonrisa maliciosa.

-Me sorprende en lo halagador que puedes ser príncipe Milo- El mayor se dio cuenta de la reacción que quería causar el príncipe. De alguna forma quería contraatacar-Pues no te quedas atrás, tus ojos traviesos hacen que mis sentidos se apaguen y sienta mi vida depender de tu mirada- ¡Wow! Quería ganarle en su propio juego. Ya verá a la marcha.

Zaphiri no podría estar más complacido, Kardia estaba haciendo un buen trabajo después de todo, se le notaban los nervios o solo el rey de Antares los veía, pero parecía que podía manejarlos. Confiaba en que poco a poco podrá relajarse más a la presencia de Degel. Ligeramente le preocupaba el joven pintor.

- Me gustará saber qué más le agrada de mi persona Degel- Kardia ofreció su mano y sin dudarlo el mayor la posó encima- ¿Le parece si vamos afuera? - Tal vez no sea tan malo seguir con este papel, con poco Kardia ya se divertía. El rey de Bluegrad era una persona interesante.

- Te habías tardado en pedírmelo Milo- Miradas retadoras chocaban entre ambos. Fueron directo al exterior.

El lugar se quedó silencioso, nadie esperaba que ambso tuvieran esa clase de actitudes retadoras. Shaka también lo estaba, nunca Degel se había visto de esa forma.

-Me sorprende la faceta que puede adoptar ese tipo- Susurró Shura por lo bajo siendo escuchado por Mu, Aioria y Zaphiri.

-Señor Zaphiri…- Shaka llamó al rey haciendo una reverencia- Yo siendo el acompañante del rey de Bluegrad, soy encargado de guiarlo a su habitación y en este momento debo llevar sus pertenencias. Por favor sería tan amable de decirme en donde se encuentra-.

Antes de que el rey pudiera responder fue interrumpido abruptamente por dos voces.

- ¡Yo le ayudo! - Al unísono exclamaron Mu y Aioria, lo que le molestó a Zaphiri e inquietando a Shura.

- ¡Chicos, saben que odio que me interrumpan! – Detestaba estar a segundo plano y que su autoridad no fuera respetada. Ya sabía por qué la reacción de ambos jóvenes, así que lo dejó pasar- ¿Serian tan amables de ayudar al joven? Ya saben la ruta-.

-No es necesario…- Habló el de cabellos dorados.

-No te preocupes- Suspiró resignado a las hormonas de sus muchachos- entre más ayuda tengas mejor - Zaphiri le guiñó un ojo dando a entender que estaba bien. El fiel súbdito de Bluegrad solo atino a asentir, tanta atención le incomodaba.

- ¿Aioria? - A Shura por alguna razón no le había gustado tal reacción del castaño. Él no suele ser tan atento.

-Por favor Shaka es por aquí, Aioria ve por las cosas del rey Degel haya en los carruajes- Mu tomaba la mano del rubio llevándolo al fondo, pero fue interrumpido por el de pelo castaño.

- ¿Por qué yo? ¡Tu mejor ve! yo seré quien guíe a nuestro invitado- Dijo Aioria tomando su otra mano libre.

-Yo puedo solo, no se preocupen- Quería convencer, pero fue ignorado.

- ¡No Aioria! Tu eres el de los caballos y carruajes, corre y te esperamos en la habitación- Cualquier cosa era buena para persuadir al chico de los establos.

- ¡Es cierto, capaz y se pierden! Llegas a ser muy desorientado que hasta me sorprendes Aioria- Intervino Shura jalando al susodicho- Yo iré contigo a por las pertenencias- Algo dentro del pelinegro se removía y le molestaba.

- ¡Pero Shuuura…! - Chilló el castaño siendo jalado.

- ¡Cállate gato inflado! - Al menos así podía desquitar su molestia cualquiera que fuera la razón.

En los jardines

Unos minutos habían pasado y Kardia no dejaba de mirarlo ¿Qué era eso que lo dejaba hipnotizado? Era una sensación de haberlo reconocido de algún lado y después de ver esos ojos retadores le llamaba más la atención. Degel caminaba tranquilo a su lado y le sonreía de vez en cuando. Sabía que le observaba y no le molestaba, solo que un pequeño calor se le subía al rostro.

-Ha pasado mucho tiempo ¿No lo crees Milo? - El supuesto príncipe despertó de la ensoñación y tardó en captar un poco sus palabras. Le costaba acostumbrarse a ese nombre.

- ¿De qué hablas? - Estaba perdido ante eso. El rey río ligeramente por lo bajo.

- Digo que hacía mucho que no te veía, me sorprende en lo mucho que has crecido- Kardia empalideció un poco ¿Milo y Degel ya se conocían? Ese detalle en ningún momento se lo mencionaron.

-P-pues yo…- Nervioso pasó su mano por detrás del cuello. Si se conocían cómo es que no notó que no era Milo ¡Esos idiotas! Pensó- ¡Sí claro! ¡Uff! Fue hace mucho-.

Degel se sorprendió por un momento. El príncipe era muy pequeño en ese entonces para que pudiese reconocerlo.

-Eh… No te culparía si no me reconoces, eras muy pequeño Milo. No es necesario que quedes bien conmigo– Kardia se palmeó la frente mentalmente. Ahora entendía.

- ¡No, Claro! Aunque cueste creerlo, sentía que ya te había visto antes- Eso lo dijo con un toque de sinceridad, aunque lo considere estúpido. Insistía en que había algo en ese hombre que sentía ya había visto antes.

- ¿En verdad? - El hecho de que el príncipe de Antares le reconociera le alegró, estaba dando un buen inicio su reencuentro según su punto de vista. Conocer más sobre su futuro marido le parecía excitante.

Para Kardia solo le parecía curioso, no se sentía tan mal en su presencia.

El silencio se apoderó por unos segundos y Degel lo aprovechó para arribar a un tema del cual ya llevaba pensando desde que comenzó el viaje.

-Tu padre se veía muy feliz- Mencionó Degel captando la atención de Kardia iniciando con algo sencillo- Me alegra saber que tú también hayas estado de acuerdo Milo, tu sabes, el compromiso- ¿De acuerdo? ¡Lo obligaron! ¿Qué persona cuerda estaría de acuerdo con ese montón de tontos? Obviamente él no, puesto que le pagarían.

-Todo sea por el bien del reino- Dijo el falso príncipe citando a Zaphiri. En eso paró en seco Degel, sabía perfectamente que todo era arreglado y le afectaba de sobremanera. Estaba obligando a un joven a casarse.

- ¿El rey Zaphiri te mencionó por qué accedí a esto? – Ahora que lo pensaba no, jamás se lo mencionó. Con su rostro confundido le dio a entender a Degel que no. Éste suspiró- Hace unos cuantos años que mi padre, es decir, el antiguo rey de Bluegrad; Krest- "Krest" ese nombre…- Su última voluntad era que yo llegase a casarme. No sé cómo es que pasó, pero de inmediato pensé en ti, quería casarme con Milo, el príncipe de Antares- Kardia reaccionó triste en lo que dijo – Por eso le ofrecí a Zaphiri mi fortuna para salvarlos de la crisis y por eso quisiera Milo, que dejaras de verlo así- Espera ¿Qué? ¿No se trataba precisamente de eso? ¡Él pensaba en Milo más allá de un arreglo matrimonial! - Vine aquí para casarme contigo, sé que todo fue arreglado tanto por convencías personales como por nuestros reinos- El rey se acercó rozando su mano con la del menor- Déjame ganarme tu confianza y quizá así pueda ganarme tu amor- ¿Qu-Qué? Los nervios hicieron aparición ¿Por qué hacía más calor de repente? – Sé que vamos muy rápido, pero evitemos tomar este compromiso como algo superficial, después de todo…- ¡Eso no era parte del plan! Y como si Degel hubiera leído su mente respondió de una manera que no esperó- El amor no sigue un plan…-

No sabía cómo responder. En su corta nunca había tenido la oportunidad de enamorarse o saberse en un momento tan comprometedor. Pensó en Milo, ese pequeño era quien debería estar lidiando con eso. Tenía miedo, pero ¿De qué exactamente?

El mayor se dio cuenta de su tensión. Fue demasiado directo tal vez, se arrepentía de haberlo dicho tan rápido.

Y como si el mismísimo destino se apiadara de él, Shura llegó interrumpiendo la conversación.

-Rey Degel, príncipe Milo. Perdón, pero la cena esta lista- El viento se hacía más fresco y el sol, aunque poco empezaba a ocultarse.

Solo asintieron y siguieron por detrás al pelinegro.

A pesar de los años desde la última vez, Degel ya sentía que lo adoraba.


Las risas de ambos chicos sonaban dentro del concurrido lugar. La noche ya estaba presente y la nube de entusiasmo cubría a los enamorados.

-Me siento tan feliz, agradezco tanto que llegaras a mi vida Camus- El príncipe sostenía con su mano derecha la mejilla del chico- Me alegro de que hayas dejado de preocuparte- Camus rio abrazándolo.

-No tendría sentido seguir inquieto, contigo me siento tranquilo y con este plan nada ni nadie nos separara. No quiero que este viaje jamás termine- Dijo Camus besándole el rostro, Milo se quedó pensando por unos segundos.

- Yo tampoco, aunque admito que me gustaría saber qué estarán haciendo. Seguro el rey Degel ya habrá llegado al castillo- El mayor se encogió de hombros.

- No veo como lograrían lidiar con eso ¿Y sabes qué? No me importa en estos momentos. No hablemos de eso Milo- Caminaban tomados de la mano, el mercado ambulante iluminaba su paso. Ya estaban cerca de donde se hospedaban. Todo andaba de maravilla y no había nada de qué preocuparse.

Unos pasos no tan alejados coordinaban con los suyos, sigiloso se escondía para no hacerse notar.

Si tan solo supieran que desde hace días que alguien les perseguía desde la distancia.


La alegre madre sostenía con amor ese pequeño entre sus brazos, acobijada en su cómodo lecho y la tenue luz de la vela a un lado. Todo era cálido y se sentía en una seguridad inmensa, a su lado su esposo solo contemplaba la hermosa escena,

- ¿No es hermoso? – La bella dama mecía al niño y éste dejaba salir pequeños gemidos de su boca que hacia sonreír a la feliz pareja- Mi niño llegará a ser el mejor rey que haya existido en Antares- El padre asintió estando de acuerdo, era el más orgulloso.

- Nuestro pequeño es perfecto mi amor, será un excelente rey- Cuando dijo eso, un gimoteo llamó su atención, pudo ver unas cuantas lagrimas caer en el manto del bebé. Era la mujer quien lloraba- Mi reina ¿Qué suce…?-

-Zaphiri, por favor, no dejes que nada le pase- El hombre se quedó pálido – Mi Lesath apenas es un bebe, él no sabe nada. Te ruego que lo protejas ¡No tiene la culpa de nada, es un inocente! - Lloraba con más fuerza y desconsoladamente. Zaphiri quería preguntar por qué decía eso ¿A qué venian esas palabras? pero fue interrumpido por una voz que no quería oír.

-Hola hermano- El hermano menor del rey se hizo presente, volteó y vio la malicia en su rostro. Se empezaba a asustar.

- ¡No! ¡Lesath-! – Volteó al grito de su amada y no pudo ver nada, su mujer y su hijo desaparecieron de repente.

- ¡Zaphiri! - Lo llamó su hermano y lo que vio fue a su hijo entre los brazos del otro hombre.

- ¡No! - El padre empezó a correr hacia su familiar, pero la luz de la vela se apagó y se sentía vacío en una desolada oscuridad. No había nada, solo percibía el eco del bebe llorando.

Ese terrible llanto lo atormentaba, eran tan fuertes y llenos de sufrimiento que sentía que sus propios oídos sangrarían. La desesperación apresaba su pecho y las lágrimas no tardaron en salir. Corría y corría dentro de ese enorme y espacioso palacio solitario. La resonancia se hacía cada vez más clara y los gemidos del bebe se hacían más fuertes.

La oscuridad lo envolvía más por cada segundo que lamentaba el hombre.

- ¡Lesath! - Lo buscaba y trataba de seguir el sonido de ese llanto ¿En dónde estará? Su pequeño sufría y él no podía hacer nada- ¡Lesath! – Llamaba, pero pareciera que no era escuchado por nadie, ni siquiera por quien buscaba. - ¡Lesaaaaath! - Su grito desgarrador lo hizo caer de rodillas.

- ¡Padre! – Por detrás alguien le habló y una luz calurosa cubría su espalda. Desde el helado suelo una mano lo sujeto del hombro, aun desorientado se volteó hacia ese preocupado llamado- Padre ¿Estas bien? ¡Padre! – Sus ojos irritados y cansados se abrieron en par en par, se trataba de un joven de cabello azulado y ojos azules, muy parecidos a los de su reina.

- ¿Hijo? - El rey de solo verlo toda preocupación y desesperación se desvanecía.

-Si padre, soy yo- Las lágrimas brotaban de nuevo. Su pequeño estaba bien, estaba frente a él. No tardó en abrazarlo con fuerza.

- Mi querido hijo ¡Eres tú y estas bien! - El padre sostenía al joven y éste le correspondía con la misma efusividad.

-Claro que si padre ¿Por qué no lo estaría? Ahora que estoy aquí nada malo pasará, jamás me iré- Que más dichoso encuentro. El padre temblaba de la emoción no pudiendo contener todo ese sentimiento cargado de alivio y añoro.

-No vuelvas a separarte de mí nunca más Kardia, mi hijo perdido…-

"Kardia, mi hijo perdido"

Sus ojos grises se abrieron de repente y el fuerte latido de su corazón lo hizo despertar por completo. Se reincorporó del colchón y notó que estaba sudando frío con unas cuantas lágrimas en sus mejillas. Desde la llegada del artista en el castillo, ha tenido ciertos sentimientos extraños y sus sueños son la prueba de ello ¿Por qué su mente lo haría pensar en Kardia como Lesath? Ese joven tenía a su propia familia y sería imposible verlo como una posibilidad de ser… ¡Ni siquiera quería pensarlo! Pero, por alguna razón quería llegar a especular en una posibilidad errada, en la que Kardia fuera el príncipe perdido de Antares.

-Kardia, Lesath - Todo esto de reemplazar a Milo le llegaba a afectar, teniendo cerca a otro muchacho parecido a él le hacía pensar en ese pasado.

Con su mano sostuvo su frente con los ojos cerrados, estaba irritado y la tristeza ya estaba presente. Lesath murió y no debe dejar que eso le siga afectando. Recordará siempre a su pequeño, pero ahora tiene muchas otras cosas en las cuales pensar y Milo estaba en la mayoría de ellas.

Milo y Camus…

-Espero estén bien…- Lo dijo al aire mirando hacia el exterior, aún no había amanecido y podía ver las estrellas y la luna iluminando su habitación. A pesar de todo, se sentía preocupado por esos dos.

No importaba nada de lo que habían hecho, su hijo y ese niño seguían siendo importantes para Zaphiri.

Se retiró de su lecho y abrió la enorme ventana, había algo en el viento que le hacía sentir inseguro ¿Qué será ese presentimiento?


Me salió mas corto de lo habitual D: Prometo que el siguiente será mas chido y todo.

Espero les haya gustado n.n en serio que espero no haberla jodido XD Y también espero actualizar mas rápido, trabajar y estudiar jode mi existencia y mi tiempo jaja! pero pues así es la vida.

La parte de Manigoldo admito que me inspiré un poco en mi hermano mayor, siendo tan serio y hasta rudo, pero cariñoso en su forma de ser :3 se me hace una personalidad tierna o ustedes qué opinan?

Y podría ser que en la conversación de Degel y Kardia recuerde un poco en South Park, en el capitulo del Yaoi XD solo en una pequeña frase pronunciada por Degel. Es algo que quería citar ya que se me hizo lindo jaja! no me juzguen! D: Para los que siguen la caricatura sabrán de qué parte hablo.

(El CraigxTweek es canon! X'D)

jaja rayos! me desvié, bueno, esperen pronto la actualización c: Esperaré impaciente sus bellos comentarios.

BESOS Y ABRAZOS