Bueno queridas lectoras ¡Les he traído otro capitulo! espero que lo disfruten, saludos a las que me leen, y a las que dejan sus review ¡No saben como las quiero! He decidido continuar con la historia gracias a la motivación que me transmiten, veré si actualizo nuevamente mañana o pasado mañana, dispongo de tiempo puesto a que estoy de vacaciones así que, ¡A disfrutar mientras pueda! y, en este caso, disfrutar seria escribir. ¡Hasta la próxima!
Amando lentamente
CAPITULO IV
-¡Oh, Albert! ¡Basta!- Decía Candy mientras corría para alejarse de Albert. –Mi madre me regañará ¡Mira mi vestido!
-No te preocupes por eso, es lo de menos ¡No parare de perseguirte hasta que consiga atraparte!
-Creo que comenzará a llover, mira el cielo.
-¿Y? quizás sea mejor así ¿No crees?
-¡Pero, qué dices!- Exclamó Candy mientras que Albert consiguió atraparla.
-¡Ahora eres mía! ¡No te soltaré!- Dijo Albert mientras le hacía cosquillas.
-¡Suéltame! ¡Llamaré a mis padres!- Dijo Candy en todo divertido.
-¿Ah, sí? ¿Y qué me harán mis futuros suegros?
-¡Lo más probable es que nos casen más rápido! ¿Tú quieres eso?
-No me molestaría en lo absoluto, me encanta esa idea ¡Llama a tus padres!
-¿Estas muy divertido, señor Andrew?
-Como no lo imaginas, futura señora Andrew–. Se miraron fijamente por unos segundos, acercándose lentamente para otro beso cuando, sin previo aviso, Candy resbaló, llevándose consigo a Albert.
-¡Candy! ¡Qué haces! ¡Deberías tener más cuidado! ¿Estás bien, pequeña?
-Sí, pero nuestras ropas no, hemos caído a un charco de lodo, por si no te has fijado.
-¡Oh, rayos! No me había fijado, estaba más preocupado por ti.
-Ven, vamos a cambiarnos.
-Candy, si no te has dado cuenta, no traje ropa conmigo.
-Lo sé, pero siempre has dejado ropa aquí, de cuando te quedabas con tus padres.
-¡Quizás esa ropa ni me quede! ¡Era un adolescente aún la última vez que vine!
-¡Te aseguro que sí! Ven, antes que nos llamen a cenar-. Finalizó Candy dirigiéndose entre risas a la habitación de huéspedes donde había ropa de Albert. –Mira, ¡tienes hasta de donde elegir!
-¿Es una broma? ¡Aquí no me entra ni una pierna!
-¡Oh, vamos! ¡Claro que sí! ¡Solo han pasado 7 años!
-Sí, cuando tenía Dieciséis años y era totalmente delgado.
-Había olvidado que me llevas unos años.
-¡Y eso no impidió que te amara con tanta intensidad!
-Bueno-. Levemente sonrojada, continuó - Cámbiate, te espero.
-Deberías hacer lo mismo.
-Quiero ver como quedas, apúrate-. Y sin decir más Albert se dirigió al baño a arreglarse, notó que el pantalón le había quedado bastante apretado pero logro disimularlo con una camisa un poco ancha que tenía. Viéndose listo, salió a la habitación.
-Voltéate-. Ordenó Candy.
-Está bien-. Respondió Albert mientras se daba vuelta. ¿En que estará pensando Candy?- Se preguntó Albert.
Siendo incapaz de contener la risa, Candy, rio a carcajadas, tan fuerte como sus pulmones le permitían.
-¿Que sucede? ¿Por qué te ríes así?
-Es que, se han roto tus pantalones, obviamente, no cabes ahí, le diré a tus padres que manden por ropa limpia a tu mansión, mientras tanto, ponte esto –Le dio un albornoz y continuó hablando-. Sabía que no te quedaría pero ¡No pude contenerme! ¡He visto al gran William Albert Andrew con los pantalones rotos! ¡Y con calzoncillos de ositos!
-¡Oh, vamos! ¡Son los más cómodos que tengo!
-Es mejor que me retire, iré a avisar a tus padres y luego me cambiaré ¡Que gracioso! ¡Contigo paso los mejores momentos!
-¡Ríete de mis desgracias, insensible!- Dijo Albert mientras fingía indignación y viendo salir a Candy de la habitación, dijo para sí mismo –Cada vez, te amo más, mi pequeña.
Mientras tanto, Candy caminaba rápidamente por los pasillos –No quiero que me vean correr, no soportaría otro regaño-. Se dirigió al salón principal donde se encontraban sus padres y los de Albert. –Señores Andrew, como pueden ver Albert y yo hemos tenido un accidente y ambos estamos sucios, Albert no tiene ropa limpia aquí así que veo conveniente que ordenen a un sirviente traerle ropa limpia, yo iré a bañarme mientras tanto- Al ver la reacción de los presentes, vio que necesitaba aclarar el accidente acontecido. –He resbalado, íbamos tomados de las manos así que lo he llevado conmigo al suelo, justo sobre un gran charco de lodo.
-¿Agarrados de las manos?- Preguntó incrédulo Frederick.
-Eh, sí, paseábamos por el jardín, bueno ¡Me iré a arreglar! ¡Nos vemos en la cena!- Concluyó Candy totalmente nerviosa yéndose a su habitación.
-Iré a avisarle a algún sirviente que manden ropa para William, con permiso- Decía Priscilla mientras se retiraba del salón.
-Esos jóvenes, ¡Hacen que se me pongan los pelos de punta!- Decía divertido William.
-¿Cómo han podido resbalarse?- Trató de indagar Selene.
-No me sorprendería que Candy lo haya hecho apropósito, siempre le ha gustado hacer bromas, sin importarle que ella quede involucrada también- Dijo Frederick.
-Son tal para cual, William también hace bromas ¡Pobre de mí Rosemary! Desde que él tenía 6 años le ha aguantado cada una de sus pequeñas trampas, desde picante en su comida hasta llenarla de lodo cada vez que estaban en el jardín leyendo algo, al menos, esta vez ¡Ha visto que no es gracioso estar lleno de lodo!- Espetó el señor William, viendo llegar nuevamente a Priscilla.
-Todo solucionado, en unos 20 minutos estará aquí el carruaje con ropa para William, es una suerte que vivamos cerca-. Comentó Priscilla.
-¡Efectivamente! Tantos recuerdos de nuestras familias juntas desde hace 10 años-. Afirmaba con un gesto de tristeza Selene.
-¡Y los que pasamos juntos en nuestra juventud! ¿Recuerdan nuestros veranos en Escocia?- Dijo William evocando recuerdos.
-¡Como olvidar que Priscilla y tú se escondían tras los arbustos para darse besos!- Continuó Frederick viendo como Priscilla se sonrojaba.
-¡Oh, vamos! ¡No éramos los únicos!- Exclamó Priscilla.
-Concuerdo contigo, querida, hicimos muchas cosas en nuestra juventud-Finalizó William. Hablaron sobre cosas ocurridas en su juventud hasta que vieron a Candy y Albert entrando al salón.
-¡Bien! Ya que estamos listos, ordenare que sirvan la cena, vayamos al comedor- Añadió Selene. Las dos familias se dirigieron al comedor y, mientras comían hablaban sobre el casamiento.
-La fiesta de compromiso es en 1 mes y la boda en 6 meses-. Informó Frederick.
-¡¿Tan pronto?!- Exclamaron al unísono Candy y Albert totalmente sorprendidos, si bien era cierto que sabían que tendrían que casarse en un tiempo, nunca se imaginaron que sería tan pronto.
-Sí, ya hemos hablado al respecto y estamos de acuerdo-. Continuó Frederick.
-Bien, lo entiendo-. Dijo Candy no muy convencida, mirando a Albert esperando ver cualquier reacción, pero no logró ver nada, él estaba totalmente tranquilo ante la información dada. La cena transcurrió un poco tensa luego de haberse anunciado la fecha de la boda. Llegando así la hora de que los Andrew partieran a su Mansión. Viendo partir el carruaje de los mismos, quedaron Selene y Candy.
-Se ven muy bellos juntos, querida-. Dijo Selene a su hija.
-Estoy un poco confundida, madre.
-¿Por qué?
-Todo esto es nuevo para mí, se suponía que era mi mejor amigo y ahora…
-¿Y ahora?
-Lo quiero- Dijo Candy y, guardando un breve silencio, continuó- Lo quiero más de lo que podría haber imaginado alguna vez.
-Son buenas noticias, hija.
-Lo sé, así como sé que será un buen esposo ¿Puedo hacerte una pregunta, madre?
-Por supuesto, cariño.
-¿Por qué han decidido casarnos tan pronto?
-Oh, cariño, no sé si quieras saberlo, ha sido decisión de tu padre mayormente.
-No me dejes con la duda, madre.
-Bien, los hemos visto besándose en el jardín, tu padre pensó que, en cuanto menor sea el tiempo para que se casen, sería lo mejor.
-¿Por qué?, es decir, ¿Qué tiene de malo un beso?
-En que podría convertirse en algo más, cariño.
-Oh, ahora comprendo.
-No te lo tomes a mal, querida, tu padre sólo está un poco celoso.
-Realmente, no lo dudo, iré a mi habitación, hasta mañana, madre, buenas noches.
-Buenas noches, hija.
Y sin decir más, Candy se dirigió a su habitación, no sin antes ordenar a los sirvientes que le preparasen la bañera. –Tengo tanto en que pensar- Se decía a sí misma y, viendo que ya su baño estaba listo, se preparó para meterse en la bañera, con agua tibia y pétalos de rosa. –El momento más relajante del día, sin duda-. Luego de un rato, decidió salir cuando ya su agua se empezaba a poner fría –Lo que menos necesito ahora es enfermarme-. Se vistió y se fue a dormir. Al día siguiente, se arregló para desayunar con sus padres.
-Luces muy bien, querida, buenos días-. Dijo Selene
-Bueno, quizás sea el efecto enamorarse-. Dijo Candy.
-¿Enamorarse? ¿De quién?- Preguntó celoso Frederick.
-¡Oh, mi dulce padre! Cada vez quiero más a Albert.
-¡Eso es una buena noticia!- Dijo emocionada Selene.
-Si, como no-. Añadió sarcástico Frederick. Luego de desayunar, Candy recibió la visita de Annie.
-¡Luces radiante, Candy!
-¡Tú también, Annie!
-¿Quieres ir a comprar algunos vestidos? Sabes que no soy muy buena eligiendo las telas como tu… ¡Necesito ayuda siempre!
-¡Por supuesto! ¿Cuántos mandaras a hacer?
-Tengo pensados unos 2 o 3.
-¡Esta bien, Vamos!- Ambas salieron en uno de los carruajes de la familia Mackintosh junto a Gretel, quien ahora era la dama de compañía de Candy a petición de Selene. Pasaron unos minutos hasta que llegaron a la tienda de Marie, una modista francesa.
-¡Oh! ¡Mis mejores clientas! ¡Pasen queridas! ¿Qué desean probarse? ¿O prefieren que haga un vestido a su medida?- Exclamó con entusiasmo Marie.
-¡Hola, Marie! Bien, por mi parte quiero que me hagas 3 vestidos a mi medida.
-¡Llegas justo a tiempo! ¡Estás de suerte! ¡Justo hoy me han llegado estas telas directamente de Paris! Ven, ¡Míralas! ¡Están preciosas!-. Candy viendo las telas quedó anonadada por la belleza de las mismas.
-¡Oh, son preciosas!
-¡Lo mejor de lo mejor para mis clientes favoritas! Ahora, ¿Qué desea usted señorita Annie?
-Bueno, yo quisiera probarme el vestido que está allí- Dijo Annie señalando hacia una esquina, un vestido de color blanco con un toque de negro.
-¡Justo ese lo he terminado hace 2 días! ¡Mi obra más reciente! Ven, pruébatelo si quieres, Clarisse te ayudará en lo que yo le tomo las medidas a la Señorita Candy nuevamente, veo que ha engordado un poco.
-¡¿Qué dices, Marie?!- Exclamo Candy.
-Lo siento, es sólo que tenía cerca de 1 mes sin verte y te noto distinta.
-Tranquila, tómame las medidas que necesites.
-Claro, ¿De qué color quieres tus vestidos?
-¡Sorpréndeme! Aunque, eso sí, que no sean tan extravagantes, sabes que me gusta lo simple.
-¡Como lo desee, señorita Candy!-. Finalizó Marie, terminando de tomarle las medidas a Candy.
-¿Cómo me veo?- Dijo Annie.
-¡Oh, Annie! ¡Ese vestido es perfecto para ti!
-¿Eso crees, Candy?
-¡Claro que sí! Deberías llevarlo.
-Lo hare, iré a cambiarme nuevamente, ¿Ya han tomado tus medidas?
-¡Si!
-Y, ¿Si engordaste?
-¡Muy graciosa, Annie Britter!
-Como no lo imaginas, Candice Mackintosh.- Añadió Annie guiñándole un ojo a Candy y guiándose a los vestidores.
Candy se quedó esperando a Annie para retirarse a su mansión cuando oyó la voz chillona de Elisa Legan en la puerta de la tienda, poco después cuando Elisa fijarse que Candy estaba allí, se aproximó hecha una fiera.
-¿Cómo hiciste para engatusar a mi William?- Dijo enfada Elisa.
-¿Mi? ¿Desde cuándo?
-¡Desde siempre! ¡Desde que yo tenía 7 años! ¡Sabias que era mío y me lo robaste!
-Nunca te he robado nada, él siempre ha sido mío, lo sabes.
-¡Nunca ha sido tuyo!
-Claro que sí ¿Por qué crees que vamos a casarnos?-. Al oír lo que acababa de decir Candy, Elisa palideció, ella sabía que William estaba enamorado de Candy, se había enterado hace poco, pero nunca le informaron que se casarían, Candy, al ver que había logrado su objetivo, continuó. –Tu familia está invitada a nuestra fiesta de compromiso en un mes, te informo desde antes, desde luego la invitación llegara pronto a manos de tus padres, ¡Me hará tan feliz tu presencia! ¡No dudes en asistir, querida!- Y sin más, Candy se retiró junto a Annie, que acababa de pagar su vestido.
-¿Qué ha sido eso, Candy?- Preguntó Annie.
-¡Esa bruja! ¡Me saca de mis casillas! De saber que me la encontraría aquí, quizás hubiese pensado dos veces el venir, sin embargo, al ver su cara cuando le dije que mi Albert y yo nos casaremos, ¡Ha valido la pena!
-¿Mi? ¿Alguien está profundamente enamorada de un rubio?
-¿Quizás?
-¿Aún no aclaras tus sentimientos?
-Es un poco difícil, Annie, pero le quiero cada día más.
-Bueno, entiendo eso, es bueno ¡No hay nada más hermoso que casarse con quien se ama! ¿No crees?
-Vas muy rápido, quiero esperar a ver qué sucede a medida que pasa el tiempo, ahora, deja de preguntar tanto y vamos al carruaje, antes de que Gretel sospeche cosas que no son y, para variar quiero ir a comer algún dulce.
-¡Oh! Vamos entonces a la pastelería que queda cerca de las oficinas Andrew, ¡Son los mejores!
-Bueno, ¡Vamos!- Y sin más se subieron al carruaje para dirigirse a la pastelería.
