-Edward no estarás hablando en serio, ¡no podéis mataros!, lo que dije antes es mentira, no por favor, Alice suéltame, ¿qué haces? Jacob, no lo hagas, por mi. – Y lo miré con cara suplicante, no podían luchar, no.

-Bella, lo siento, pero te quiero, te quiero conmigo no con él. Y él ya no está dispuesto a dejarte ir así que… - Jacob, no podía hablar en serio.

-Bella…-Edward vio el sufrimiento en mis ojos y se acercó a mí.

-No lo hagáis, por favor. – Y para cuando acabé de hablar Alice ya me había metido en el coche y había cerrado la puerta.

Mientras el coche se alejaba no dejé de chillarle a Alice que parara, pero no me hizo caso alguno.

-¿Cómo puedes dejar que tu hermano pelee contra un Licántropo Alice? ¿Qué quieres? ¿Qué muera? Para el coche Alice, o da media vuelta pero no me alejes de ellos, van a matarse.

-Bella, cállate de una vez, nadie va a resultar herido porque Edward no va a luchar. Solo va a hablar con él, le va a pedir que se aleje.

-¿Pero estas loca? Jacob no va a escucharle Alice. Lo atacará y ya has oído a Edward, "será en defensa propia". –estaba cada vez más angustiada.

Alice aparcó en Volvo en el garaje de los Cullen y me cogió por un brazo para llevarme a la sala.

-Aquí tienes – Me dio un vaso de agua.

-Alice, ¿Qué puedo hacer para que dejen de hacer esto?

-Ya se cansaran, no van a matarse porque ninguno de los dos quiere hacerte daño.-Alice hablaba muy segura de sus palabras.

-Pero yo no puedo estar con uno sin hacer sufrir al otro, y voy a escoger a tu hermano, así que no quiero hacerle daño a Jacob…-Pero entonces me acordé de la tal Natalie, ya podían darle morcillas a Jacob…

-Las dos sabemos que ese chucho es un tipo fuerte, que lo superará Bells.

-Ya lo creo – Ya no me importaba nada más que Edward, Jake ya podía irse con su Natalie, pensé el nombre con asco y puse una mueca.

-Bella, ¿y esa cara? ¿Qué te pasa?

-No, nada. Estaba pensando en que Jacob ya ha encontrado a otra… así que, que le den.

-Bella, ¿Eso son celos?-Me miró extrañada.

-¿Qué dices Alice? – Me levanté enfadada dispuesta a irme, pero ella se me adelanto.

-¿Donde te crees que vas?

-¡Wow! ¡Cómo en las pelis! Pues me voy a mi casa porque estoy agotada, no he comido nada y quiero echar un sueñecito. ¿Okey?

-No Bella, si quieres comer yo te hago la comida, si quieres dormir, arriba tienes camas, pero no te irás de aquí.

-Pe-pero… ¿Por qué? – Dios mío…

-Bella, sé que estas nerviosa por lo que está pasando, pero Edward me ha pedido que estés aquí hasta que el vuelva.

-¿Te va a regalar otro Porshe? – Dije riéndome, la verdad es que no sé cómo tenía ganas siquiera.

-No, ¡pero me encantaría!

Entonces, entró Edward en la habitación seguido de Jacob pisándole los talones con una la nariz arrugada y una mueca de asco.

-Sí, chucho, no te preocupes – Dijo Edward, contestando a una pregunta que no había sido formulada… en voz alta al menos.

-Bella – Continuó – Jacob quiere que sepas que si no me ha matado ha sido por ti, porque no quiere herirte.

-Oh, muchas gracias. Eres mi héroe Jacob… - Le dije con sarcasmo y con una cara de asco.

-Bella, hemos llegado a un acuerdo tu chupóptero y yo.

-Prosigue. – Estaba muy nerviosa.

-Dejaremos que tú elijas. – Continuó Edward, él también estaba nervioso.

-Vale, pues bien fácil. Desde el principio he elegido a Edward y así va a ser. Vete con tu querida Natalie Jacob, y no vuelvas.

-Como desees…-Jacob se largó apenado.

-De momento piensa dejarlo correr, pero no se ha rendido, volverá a intentarlo – Dijo Edward en cuando Jacob se largó.

-¿Cómo has conseguido que cediera?

-Le he dicho que tú estabas sufriendo y que no quería verte así, que estábamos comportándonos como críos y que si seguíamos así lo único que conseguiríamos seria hacerte enfadar mas y que nos mandaras a los dos a freír espárragos, así que después de un rato discutiéndolo hemos decidido esto. –Edward habló con la voz calmada pero me miraba ansioso.

-Te he echado de menos.

Y me besó tiernamente, pero con cuidado como siempre, se apartó cuando creía que había arriesgado suficiente la vida por un día, y me sonrío con esa sonrisa torcida que me volvía loca.

-¿Cómo está tu mano?-No había pensado en ella, así que cuando lo hice me recorrió los nudillos una punzada de dolor

-Uf. Me duele.

-La próxima vez que lo haga, le mataré.

-Y yo te dejaré hacerlo.