Título original: Rude Awakenings.

Autora Original: NatiFcs28.

Fecha original: 15 de septiembre de 2005.

Idioma original: inglés.

Disclaimer: no me pertenece absolutamente nada de lo que sigue.


Rude Awakenings

4. Al fin

(Rude Awakenings - Finally, por NatiFcs28 )

— Estoy cansado de esperar — le dijo James a Remus. — ¡Estamos en navidad! ¿Qué mejor momento que ahora, cuando todas las malditas chicas de esta escuela están esperando a que alguien les dé un beso bajo el muérdago? ¡Es el momento más romántico del año!

Remus le sonrió.

— Cálmate, colega.

— ¡No!

— En serio, relájate — Remus lanzó una pelota al aire y la atrapó. — Está bien. Invítala a salir. Puede que sea el momento.

James se detuvo.

— ¿Lo dices en serio?

— En serio.

James se rascó la barbilla.

— ¿Y si me rechaza?

Remus le lanzó su almohada.

— ¡Vete a la mierda! ¡Estoy aburrido de oírte lloriquear!

James le sonrió y cogió su placa de Premio Anual.

— Me voy a buscarla. Tal vez vayamos a cenar antes de ponernos con las tareas.


Lily estaba en la cama mirando al techo.

Lo amaba. Por Merlín, ¡cuánto lo amaba!

Quería demostrarle lo mucho que lo amaba, pero ¿cómo se demuestra una emoción tan fuerte como esa?

— Lily — murmuró James. — Estás pensativa otra vez.

— Lo sé — le sonrió con cariño en la oscuridad. Su mano encontró la de ella sobre la colcha.

— ¿En qué piensas?

— En cuánto te amo.

Casi podía ver a James sonriendo arrogantemente en la oscuridad.

— Bonitos pensamientos, pero es hora de dormir, Lils. Últimamente apenas duermes.

Lily suspiró.

— Amor, siento lo de antes.

— ¿Por qué? Lily, enserio que no estoy enfadado porque no te apeteciese…

— No es que no me apeteciese. Es que no me sentía bien.

— Y no pasa nada — repitió James con retintín. La atrajo hacia él. — Por si no te habías dado cuenta, te quiero por más cosas que por el sexo, aunque desde luego eso hace que mi vida sea mucho mejor.

Lily le sonrió. Quería demostrarle lo mucho que lo amaba… Y creía saber cómo hacerlo…

— Mis hormonas están un tanto revolucionadas últimamente — le explicó. — Pero ahora sí me apetece.

James rió.

— Lils, son casi las tres de la mañana, y mañana nos tenemos que despertar temprano.

— Pero es que no puedo dormir.

— ¿Y por qué no, amor?

— Tengo demasiadas cosas en la cabeza — susurró, acurrucándose en el hueco de su brazo. — Hoy me he enterado de algo.

— ¿Algo bueno o malo?

— Ambos, en realidad. Es algo bueno para cualquier otra persona en el mundo… pero es malo para mí.

— Lily, ¿qué es lo que pasa? — preguntó James, preocupado.

— Estoy embarazada.

Por un momento, el mundo a su alrededor se detuvo. El-que-no-debe-ser-nombrado dejó de existir, la oscuridad no los rodeaba, su mundo no estaba en peligro y no eran más que James y Lily de nuevo. Solo eso y nada más.

— ¿S-soy el padre? — balbuceó James. Estaba seguro de que, si hubiese estado de pie, se habría caído.

Lily resopló.

— Joder, ¿quién si no?

— No, ya, claro, por supuesto. Yo solo… Ah — por una vez en la vida, James Potter se quedó sin habla. — Pero siempre hacemos el hechizo…

— Eso no es cierto — terció Lily. — La semana que pasamos en Gales fue muy confusa, ¿no? Recuerdo siete momentos concretos en los que no usamos el hechizo estado allí.

James hizo los cálculos en su cabeza.

— Maldita sea, Lils — ella sintió que su mano le rozaba el estómago. — Vamos a tener un bebé.

Lily se sintió al instante culpable por haber etiquetado de "mala" esa noticia. Parecía enormemente emocionado y feliz ante la mera idea de tener un bebé con ella.

— Lo sé — susurró, rozando sus labios. — Yo solo desearía que no fuese ahora, con quién-tú-sabes…

— ¡Me importa una mierda ese desgraciado! — exclamó James, dando un bote en la cama y acercándola a su cuerpo. — ¡Vamos a traer una vida al mundo, Lils! Oh, Lils... — Sus labios encontraron el pulso en el cuello de la chica y chupó suavemente. Un escalofrío la recorrió y colocó los brazos alrededor de su cuello. — Nunca me has parecido tan hermosa como me lo pareces ahora mismo.

Los ojos de Lily se humedecieron.

— Quería demostrarte cuánto te quiero. No podía pensar en otra cosa. Tenías tantas ganas de tener un bebé, James… No te voy a mentir: creo que una parte de mí no quería usar el hechizo, y olvidé mencionarlo a propósito en Gales.

Él no le respondió. Sus manos estaban demasiado ocupadas apartándole la camisa grande con la que dormía y sus labios estaban centrados en buscar los de ella. Nunca la había tratado con tanto cariño.

Poco a poco, con respeto, casi como si temiese hacerle daño, la tumbó en el centro de la cama y se acercó a ella. Entonces, empezó a adorarla.

A Lily siempre le había encantado el hecho de que a James le diese placer el proporcionárselo a ella. Estaba dispuesto a tomar medidas extremas para asegurarse de que ella obtenía lo que necesitaba.

Sus labios calientes y húmedos se arrastraron desde la base de su garganta hasta sus pechos desnudos. La barba ya le había empezado a crecer y le rascó la piel alrededor de sus pezones puntiagudos. Chupó uno de ellos y, después, el otro con más fuerza todavía.

Lily se agarró con fuerza a las sábanas mientras él seguía descendiendo, dejando suaves besos en su estómago.

Cuando llegó a la altura de sus bragas rosas de algodón, se las apartó con los dientes, sin sentir ni un poco de vergüenza al rozar sus rizos pelirrojos con la cara. Cuando las deslizó hasta la parte superior de los muslos, se las terminó de quitar de un tirón con la mano. Sus manos se perdieron entonces entre la cara interna de los muslos, girando alrededor de su parte más íntima al tiempo que seguía dándole besos en las piernas.

La lengua de James se movía dentro y fuera, dentro y fuera, dentro y fuera repetidamente al tiempo que el aliento de Lily se volvía más agónico y empezaba a perder el control. Emitió un sonido anhelante y James captó el mensaje.

Pasó la lengua con ternura por su centro, sintiendo cómo crecía la presión. Las caderas de Lily se apretaron contra él, pero sus manos la mantuvieron en su sitio mientras seguía torturándola dulcemente. Mordisqueó, lamió, enrolló e hizo todo lo que se pasó por la cabeza hasta conseguir que, por fin, Lily llegase el clímax, agarrándose a su pelo alborotado.

Las olas de placer la sacudieron durante varios segundos, en tanto que él seguía jugando con su pequeño capullo, drenando cada gramo de placer que tenía en el cuerpo.

— Merlín, James — gimió Lily sin aliento, tumbada en la cama, exhausta. — ¿Es que estás tratando de matarme?

Sintió más que oyó la risa que retumbó en su pecho mientras que él dejaba un último beso en su pecho antes de volver a tumbarse y arrastrarla hacia él.

Lily extendió los brazos y los enrolló a su alrededor, acercándose más a James.

— Te amo, Lils — dijo con voz ronca. Su voz hizo un gallo, pero decidió no comentar nada. — Quiero a nuestro bebé, pero a ti te amo, Lil.

Por fin más recuperada del orgasmo, le acarició la espalda suavemente.

— Vamos a dormir, amor. Estás cansado.

— No estoy tan cansado — repuso James inmediatamente, recolocándose a la altura de su entrada.

Lily rió y se colocó para acogerlo.

— Muy bien, entonces — dijo en voz baja con una sutil sonrisa.

Con un solo golpe, se adentró en ella. Estaba caliente, y húmeda, y suave, y deliciosa… James gimió. Nunca se cansaba de esa sensación: solo mejoraba con el tiempo.

Minutos después, ambos habían llegado al clímax y yacían exhaustos, tratando de volver al mundo real. Él empezó a apartarse, pero Lily lo detuvo.

— Quédate, por favor. Me gusta cómo me haces sentir — murmuró Lily, adormilada y con los ojos ya cerrados.

— ¿Pero y si te hago daño, Lils?

No recibió respuesta. Lily ya estaba en medio de un sueño profundo, con un gesto relajado y satisfecho en la cara. James bufó divertido y, agarrándola, los hizo girar para que ella quedase en la parte superior.

Siempre caía rendida después del sexo. ¿Cómo no?

Miró a su esposa y no pudo evitar sentir un profundo amor por ella. Era absolutamente perfecta y no había nada que pudiese hacer que eso cambiase. Hasta sus fallos le parecían perfectos.

Sin embargo, tenía que afrontar los hechos. Un mago oscuro estaba tratando de llegar al poder y estaban por llegar momentos muy difíciles. Su hijo probablemente llegaría en un momento de miedo e incertidumbre y no había nada que él pudiese hacer para cambiar eso. Podía tratar de proteger a su familia, pero no había nada que pudiese garantizar su seguridad.

Se sentía impotente y lo odiaba. Lo odiaba incluso más de lo que odiaba a ese maldito chalado tenebroso.

— Deja de darle vueltas — susurró Lily cogiéndolo de la mano. — Duerme un poco.

Se rió suavemente y la obedeció, entrando en un sueño lleno de miedos, oscuras figuras encapuchadas y destellos verdes cegadores.


En esta ocasión, Lily se despertó lentamente. Sabía que el sueño había terminado y que nadie la había despertado antes. Era la primera vez que lograba llegar hasta el final y se sentía febril.

— Lily, tienes que salirte de esto — se dijo con severidad. En ese momento, oyó unos pasos que bajaban las escaleras, algo extraño pensando que todo el mundo estaba en Hogsmeade. Se volvió y se encontró con James Potter bajando de su habitación.

— Hola — dijo Lily.

— Hola — repitió James, parándose frente a ella. — ¿Quieres ir a dar un paseo, Lily?

— Claro — aceptó la mano que le tendía y salieron juntos de la sala común, dirección a lo que Lily asumió que serían los jardines.

— He querido hablar contigo desde hace uno días sobre algo importante… — empezó James cuando llegaron al exterior. Giraron a la izquierda para ir hacia la parte trasera del castillo.

— ¿Sí? ¿Sobre nuestros deberes como Premios Anuales? — preguntó Lily.

— No. Sobre los sueños, en realidad.

Lily casi sufrió una taquicardia, pero logró mantener la calma.

— ¿Sueños, James? ¿Estás teniendo pesadillas?

— No, yo no, sino tú.

Lily dejó de caminar y se giró para mirarlo.

— ¿De qué estás hablando?

— Sé que estás teniendo sueños conmigo.

Un rubor se extendió por toda su cara y supo que era imposible negarlo.

— Está bien. Sí, estoy teniendo algunos… sueños perturbadores contigo, es cierto.

— ¿Perturbadores?

Lily sabía que estaba esforzándose por no sonreír. Daba igual: de todas formas, era como si ya se estuviese riendo a carcajadas.

— Sí, perturbadores. ¿Qué pasa, que eres demasiado guapo como para poder aceptar que alguien tenga malos sueños contigo? — espetó Lily mientras seguían caminando. — ¿O es que te acojona pensar que puedas aparecer en mis sueños desnudo?

— Mi desnudez no es relevante, Lily — sonrió James. — Lo que me importa es lo que hago en esos sueños, sea con o sin ropa de por medio.

Lily volvió a ruborizarse.

— Vale, como quieras, el caso es que esos sueños me están agobiando.

— ¿Por qué? ¿Son proféticos?

— ¡Dios, espero que no! — exclamó, histérica. Se detuvo una vez más y casi chocó con él. Evitó tocar cualquier parte de su cuerpo. — No son proféticos — dijo con más aplomo y mayor convicción. — No lo son en absoluto.

— Los sueños son algo divertido. Suelen expresar tus más anhelados, profundos y oscuros deseos.

— ¡Déjate de aliteraciones, James! No seas bobo. ¡Mi deseo más oscuro y profundo no es follar contigo, por las barbas de Merlín!

Él soltó una carcajada.

— Vale, puede que no sea un deseo tan profundo, ¿no?

Lily tuvo la tentación de darle una bofetada.

— Está bien, está bien — dijo James. — Voy a ser serio. Bueno, técnicamente…

Lily lo conocía lo suficiente como para saber lo que iba a decir a continuación, por lo que lo interrumpió:

— No te atrevas a hacer uno de tus juegos de palabras con "serio" y "Sirius" o te prometo que te voy a dar una patada en las pelotas, Potter. Son desagradables y no tienen ninguna gracia.

— No entiendo por qué dices que son desagradables, pero espero que no creas de verdad que mis pelotas son graciosas — dijo, aparentando indignación. — No, de verdad, me lo voy a tomar en serio. Lo he sabido durante meses, ¿sabes?

— ¿Qué has sabido exactamente? — dijo Lily con brusquedad, olvidando todo lo demás.

— Lo de tus sueños, claro.

Sus cejas se arquearon hasta tocar casi el nacimiento del pelo.

— Remus te lo dijo, ¿a que sí?

— Se supone que ahora debería decir que no.

— Qué gran amigo.

— Lo cierto es que ya me lo imaginaba, la verdad — dio un paso hacia ella. — Quiero hablar contigo acerca de esto, Lily.

— No hay nada de qué hablar. Han comenzado a desvanecerse — dijo testarudamente, cruzándose de brazos. Antes de que pudiera dar un paso atrás, James la acercó a él, rodeándola con los brazos.

— Pero mis sentimientos no se van a desvanecer.

Lily suspiró hondamente, perdiendo todo el aplomo.

— James, solo es un cuelgue de instituto, se te pasará. No puedo perder el tiempo con un novio con los E.X.T.A.S.I.S. a la vuelta de la esquina. De hecho, ya he empezado a estudiar — dijo en voz baja. — Además, nunca funcionaría: somos demasiado diferentes.

— No tanto como tú te crees.

Lo miró a la cara un minuto antes de responder.

— No, supongo que no somos tan diferentes. No es que no me sienta atraída por ti, es solo que no tengo puto tiempo para novios, o citas, o para socializar. Si hubiese sucedido el año pasado, probablemente te habría dicho que sí, pero no: es ahora. Y no tengo tiempo.

— No es tan complicado, Lily — susurró James, inclinándose hacia ella. — No tienes que sacarte un título oficial al terminar el curso. Ni siquiera tenemos que tener citas o pasar más tiempo juntos. Solo dime que quieres esto. Puedo esperar si es necesario.

Lily se sentía a un tiempo impotente y agradablemente protegida entre sus brazos. No había nada que le pudiese pedir en ese momento a lo que se pudiese negar.

— Sí que lo quiero.

Sus labios se acercaron más y, en ese momento, lo único que podría haber pasado entre ambos habría sido un trozo de pergamino.

— Eso es más que suficiente.

Los labios de James se abalanzaron sobre los de ella, y Lily los abrió instintivamente a él. Fue la mejor sensación del mundo. Sus sueños nunca habían sido así de buenos.

— Mmmm… — murmuró Lily cuando se separaron. — Yo… Emm…

— Nada. No digas nada. Cuando estés lista, estaré aquí esperando — le dijo, en un tono bajo y grave. — Pero, hasta entonces, no veo qué habría de malo en que nuestras bocas empiecen a conocerse.

— Ya… — fue todo lo que pudo decir Lily antes de que James la acercase de nuevo a él para besarla, esta vez con más deseo, desesperación y hambre.

Se sentía bien, pero no podía quitarse de la cabeza el hecho de que todavía no podía confiar completamente en él.

Le había pedido decenas de veces que saliese con él, y siempre lo había rechazado. Entonces, ¿cuál era la diferencia en esta ocasión? ¿De veras había cambiado y ya no era ese cabeza hueca, idiota y engreído al que se había enfrentado durante casi todos los años que habían pasado en Hogwarts?