Capítulo 3: Liberación

Scott me observó de nuevo mientras me escondía de un potente aliento de fuego tras unas rocas de la torre. Sería de gran importancia, y lo sabía. Si algo se le daba bien a parte del arco era obtener información, y sobre todo si era de una mujer, pero ahora no tenía tiempo, debía concentrarse en esquivar esas ráfagas de fuego.

─ ¡Demonio, por aquí! ─ Gritó Ralof detrás de una casa, lo que llamó la atención no solo de Lokir y él mismo, sino también mía. Si Ralof y yo nos enfrentábamos, sus planes para ambos se verían hechos trizas. En ese momento me lancé al ataque girando mi espada cristal para darle más fuerza y con un hechizó helado en la izquierda, mientras que Ralof tenía en la derecha un hacha de hierro lista para golpear y en la otra un escudo imperial ligero. Salté para dar un fuerte golpe y el otro cargó su arma para lo mismo pero ambos fuimos bloqueados por las espadas de Scott que, a una velocidad sobrehumana, se interpuso.

─ ¡Este no es momento de pelear entre nosotros, malditos idiotas! ─ Se levantó y nos empujó con sus armas a los dos haciéndonos caer al suelo. ─ ¡Hay un maldito dragón con ganas de enviarnos a Sovngarde o a donde quiera que vayan los elfos ahí fuera! ─ Me miró. ─ ¡No es momento de luchar entre nosotros! ─ Entonces me ayudó a levantarme tendiéndome la mano, la cual, por entonces, acepté con timidez.

─ ¡No pienso luchar al lado de una asquerosa altmer! ─ Gritó Ralof

─ ¡Ni yo junto a un cerdo inferior! ─ Repliqué, y tengo que destacar que era algo más alta que Ralof. Scott puso sus espadas en el cuello de cada uno.

─Tenéis tres opciones: uno, nos ayudamos para salir de aquí juntitos; dos, morimos en las fauces de un dragón que quiere devorarnos, o la última, por inútiles os mato a ambos y escapo yo solito. ¿Qué decidís?

─ Creo que me gusta la primera. ─ Ofrecí.

─ Por primera vez en mi vida estoy de acuerdo con un elfo. ─ Correspondió el capa.

─ Bien, me alegro de haber llegado a un trato. ─ Apartó las hojas de las yugulares. ─ ¡Lokir! ─ Miró al pelirrojo que estaba por detrás. ─ Coge el hacha del verdugo y vámonos.

─ ¿Cómo voy a poder con semejante hacha? ─Respondió el ladrón mirando con incredulidad.

─ Si no lo haces no tendrás arma alguna y serás objetivo fácil. Cógela y defiéndete. ─ Ordenó sin titubear, a lo que el chico obedeció temeroso.

Los cuatro seguimos una ruta fija llegando a un fuerte. A punto de entrar, un soldado de la legión nos interrumpió. El de las listas no nos dejaba pasar.

─ ¡Maldita sea Hadvar! ¡Apártate! ─ Rugió Ralof.

─ No lo haré, no pienso dejar que unos prisioneros escapen. ─ Se interpuso entre nosotros y la puerta. ─ ¡Ralof, maldito traidor! ¡Entrégate!

─ Aparta humano, soy Alenadii, sargento de los Thalmor y te exijo─ No me dio tiempo a continuar pues una daga de hierro ya atravesaba el cuello del chaval.

─ El que calla otorga. ─ Avanzó a paso rápido abriendo la puerta. ─ Continuemos. ─ Nadie dijo nada, simplemente obedecimos dejando el cadáver de Hadvar a merced de las rapaces y las llamas draconianas.

Llegamos a una habitación de la cual solo se podía salir con una llave, pero Scott la tenía pues se la había quitado a la legado al momento de su muerte. Una vez Ralof tiró el escudo y cogió el hacha de otro soldado muerto continuamos. Avanzamos por las escaleras aniquilando todo imperial que encontrásemos siendo los más destacables un interrogador y su guardia, los cuales mataron a dos rebeldes para ser seguidamente atravesados por la garganta por dos flechas de hierro. Alcanzamos una parte de la fortaleza más ancha con puentes e incluso una tubería por donde entraba agua y luz solar. La batalla se había vuelto de larga y corta distancia pero los roles de cada uno ya estaba asignados. Ahora, con más enemigos, Scott y yo snos encargabamos de ataques a distancia, mientras que Lokir y Ralof cargaban con armas cuerpo a cuerpo. En caso de necesidad tanto el asesino como el rubio podían cambiar de rol e incluso yo misma podía atacaba a corta distancia con su espada de cristal.

─ ¡Maldita sea Lokir, ataca y deja de esconderte! ─ Reclamaba Ralof esquivando el espadazo de un legionario.

─ ¡Es que esta hacha pesa mucho! ─ En esto llegó el enmascarado levantando al chaval a la fuerza y haciendo coger el hacha de otra forma.

─ No sé si es que eres demasiado inteligente o simplemente retrasado, pero el filo del hacha va hacia arriba. Deja de escaquearte de la batalla, porque puedes perfectamente con el arma. ─ De un empujón lo mandó contra un soldado del que se defendió automáticamente de una estocada poniendo el palo del arma de por medio. Le dio una patada y una vez estuvo en el suelo partió su escudo y parte del hombre con el hacha. ─ ¿Ves? No era tan difícil, Lokir. ─ Mientras veía como gritaba y se defendía de otro soldado.

Quedaban 4 arqueros, pero cargando el mismo número de flechas de hierro en el arco los mató a todos de disparos en el corazón mientras que le cortaba la cabeza a un legionario y Ralof ejecutaba a otro que intentaba matar a Lokir. Avanzamos sin mediar palabra hacia la salida pasando por un puente que se destruyó tras pasar, entrando en ese momento a una cueva. Al final de esta había un oso al que el asesino mató de un único proyectil que atravesó su cráneo desde el lado y al fin se toparon con la salida. Una vez logramos cer la luz del Sol, contemplamos como el dragón se marchaba volando. Había pasado lo peor y ya conseguimos relajarnos.

─ Bien, me voy. ─ Exclamó Ralof. ─ Demonio, piensa en la propuesta de Ulfric seriamente, tus capacidades nos vendían muy bien en esta guerra. Y pásate por Cauce Boscoso, seguro que puedes obtener provisiones ahí ─ Seguidamente se fue.

─ Bueno, agradezco la ayuda, humano, pero he de irme, mis superiores querrán un informe. ─ Pretendía marcharme, no quería quedarme cerca de un hombre tan intimidante, pero fui detenida por el brazo de Scott, que era algo más alto que yo.

─ Me temo que no puedes irte. ─ Respondió serio.

─ ¿Por qué, humano? ¿Acaso estás tratando de secuestrarme? ─ Me mostraba amenazadora. Hacía ver con mis ambarinos ojos que atacaría, pero en realidad estaba aterrada. La sensación de mirar su ojo es indescriptible, pero la única palabra que me viene a la mente al recordar eso es "muerte". Cuando me caí y me tendió la mano lo comprobé por primera vez. Mi cuerpo no respondía y lo único que paso por mi cabeza en segundos fueron cientos de formas de morir a sus manos.

─ No lo comprendes. ─ Me soltó. ─ Todos vieron cómo te ibas con un asesino, un ladrón y un capa de la tormenta, todos ellos prisioneros fugados. Pensarán, o mejor dicho, piensan que nos ayudaste a escapar, y todos te vieron. ─ Avanzó hasta ponerse delante mía. Acercó si rostro hasta tal punto que podía oir su respiración chocar contra su máscara. ─ Eres una traidora al Dominio, a Estivalia y a todos los altmer. No querrán verte más por ahí. O tal vez si quieran para poder ejecutarte. ─ Me di la vuelta, logré comprenderlo. Me tendió una trampa. Desde el principio lo tenía planeado. Estaba en blanco, me quité mi casco de cristal y deje caer mi pelo rubio oscuro hasta mis omoplatos, que era el mayor tamaño que dejaba el ejército Thalmor. ─ Estabas acabada desde un principio. ─ Suspiró. ─ Pero te ayudaré, a ti y a Lokir. ─ Miró al pelirrojo mientras se alejaba de mi persona. ─ Venid conmigo y ayudadme con mi batalla. Ayudadme a cruzar mi túnel donde al final hay una montaña de oro y gloria. Sed mi equipo, mis soldados especiales. Sed parte de mi ejército de liberación. Sed mis seguidores. ─ Se acercó otra vez a mí y acarició mi mejilla delicadamente. Entonces dijo unas palabras que me han marcado durante toda mi vida. ─ Se mía.


Alenadii: Es una altmer, como bien sabéis, pero es un OC propio. Es decir, su personalidad es mía, pero he de decir que su diseño lo saqué de Google Imágenes. Siempre se ha oído que los elfos son la representación de la belleza y que sus mujeres son, sin duda alguna, dignas de babear cual bebe en Babia. Por esto mismo me resultó tan decepcionante que fueran tan feos en Skyrim y me gustó que en el TESO los hicieran un poco más guapos. De todas formas, no conseguía hacerme una imagen mental de ella por lo que busque "altmer" en el buscador de Google Imágenes. Es una foto que seguro que destaca, pero lo volveré a decir: es rubia y con ojos amarillos, pero en esa foto aparece con pintura de guerra roja alrededor de los ojos y tres lunares rojos, obviamente pintados, en la frente (siendo un poco más detallado, pertenece a un usuario de deviantart que se llama theshadowfake). Esa pintura de guerra la obvié, pues la de mi fic no la lleva, pero sin duda hace gala de la belleza elfa. Si pulsáis la foto, en imágenes relacionadas aparece una donde no se la ve con tanta oscuridad. Es sin duda una verdadera hermosura XD. La personalidad se la puse yo mismo: sería y letal en el fragor de la batalla, pero a la vez tímida con desconocidos, como intenté hacer notar con Scott. Su odio a las otras razas también es típico de la suya propia, pero es más abierta y menos arrogante que el resto de su gente. Quise introducir un personaje tímido, siempre me han gustado, pero a veces creo que no pega con su raza. ¿Un Thalmor tímido y no muy arrogante? Eso es muy raro de ver, pero tenéis que reconocer que la hace adorable (al menos para mí). Por cierto, no confundáis a un Thalmor con un altmer: mientras que unos son la propia raza, los otros son los seres de esta especie que gobiernan el Dominio. Por eso prefiero decir que los Thalmor son arrogantes y los altmer orgullosos.


Editado: 20/05/17