Dean se bebió de un trago la cerveza que dos minutos antes le había dado Bobby. Necesitaba algo que le aclarara las ideas, algo que le devolviera la cordura a todo lo que había pasado en su vida las últimas horas. Sam estaba de vuelta, aunque Dean no sabía como, había regresado de una eternidad junto a Lucifer y Michael.

Creía que podía soportarlo todo, que después de haber perdido a su padre, después de haber muerto y después de haber pasado cuarenta años en el infierno, el cazador estaba seguro que podría seguir adelante pese a cualquier cosa; pero ahora se daba cuenta que no era así.

No se sentía capaz de asimilar algo como aquello una vez más. Tener a Sam de vuelta era más de lo que podía soportar, no después de un año junto a Lisa, después de haber decidido dejar para siempre su vida de cazador, aquello no podía estar ocurriendo de verdad.

"¿Estás bien?"

Dean se dio la vuelta y miró a a Bobby, el veterano cazador lo observaba atentamente, esperando averiguar por su rostro lo que estaba pasando por su cabeza; pues estaba seguro que Dean no le iba a decir la verdad.

"Has pasado por mucho, es normal que estés mal."

"No estoy mal, Bobby, no estoy de ninguna manera." Bebió el último trago de la cerveza y la dejó en la encimera. "Ese es el problema, que no estoy de ninguna manera, no se que sentir, no se pensar… lo cierto es que ahora no se nada."

Bobby colocó su mano sobre el hombro de su joven amigo. Deseaba poder decirle tantas cosas. En ese momento hubiera dicho cualquier cosa por hacerle sentir mejor; pero por mucho que lo intentaba no había palabras posibles para lo que estaba pasando Dean.

"¿Has visto a tu hermano?" Dean levantó la mirada sorprendido. "Tu hermano ha estado metido allí abajo durante un años; tan sólo dios sabe, donde quiera que esté, por lo que ha pasado y ahora te necesita a ti más que a nadie en el mundo."

"Eso sería si se acordara de mi, pero por lo que se, por lo que dijo Cass, Sam decidió olvidar todo, olvidarme a mi y toda nuestra vida, para volver a la vida. No parece que ahora tenga mucha necesidad de verme."

Se dio la vuelta de nuevo y fue hasta el salón, se desplomó en el sofá y se cubrió el rostro con ambas manos. Odiaba sus palabras, odiaba lo que sabía, que Sam no le conocía, que ese no era su hermano y que el Sam que él conocía, había desaparecido y dejado paso a un completo extraño que no sabía nada de hermanos. Quería llorar, dejarse llevar por primera vez en un año, volver a aquel día y pedirle a Castiel que no le salvara, que le dejara morir de una vez por todas. Al menos así evitaría tener que ver lo que estaba ocurriendo ahora, ver como su vida se caía a pedazos sin poder hacer nada al respecto.

"Dean."

"Cass por favor, no es el mejor momento para tus sermones, ni siquiera se si quiero tenerte cerca, porque últimamente no haces más que dar las peores noticias posibles."

"Vengo a hablarte de Sam."

"¿Ves? Siempre vienes a hablarme de lo que no quiero hablar." Se sentó en el sofá y comenzó a juguetear con el arma, de la que no se había separado desde hacía horas. Al menos eso era lo único que todavía tenía sentido en su vida. Castiel lo miró en silencio, con la misma expresión estática y tranquila de siempre. "Vale, muy bien, tu ganas, ¿Qué es lo que tienes que decirme sobre Sam?"

"Tienes que verlo, Sam te necesita."

Dean se echó a reír, aunque por más que lo intentaba no consiguió apartar la tristeza que gobernaba todo su cuerpo y el agotamiento que ya parecía formar parte de su propio ser. Apretó los puños con fuerza, tanta que se hizo daño al clavarse las uñas.

"Sam no necesita de mi, en realidad, nunca lo ha necesitado. Si no lo hubiera arrastrado a esta vida de mierda, si le hubiera dejado seguir estudiando…"

"Tu hermano quería venganza y si tu no le hubieras dicho que te acompañara, sabes muy bien que hubiera encontrado a Azazel por si mismo. Si no hubiera sido por ti, ahora Sam estaría muerto." Dean bajó la mirada y se mordió el labio, una parte de él sabía que eso era completamente cierto, pero otra, demasiado grande como para no escucharla en su interior. "Tu le sacaste de la casa de tus padres, Sam habría muerto esa noche de no haber sido por ti."

"No se que es peor, haber tenido el recuerdo de ese bebé entonces o saber que arruiné el resto de su vida, hasta terminar por verlo así, perdido, muerto… ni siquiera se si ese Sam va a querer conocerme."

Castiel lo contempló en silencio durante un momento, se trataba de su mejor amigo, el único ser humano al que realmente creía comprender y por más que lo intentaba, no podía hacer absolutamente nada para ayudarle como debía. Si al menos encontrara las palabras correctas, pero no estaban, no había palabras que hicieran sentir bien a Dean.

"Voy a hablar con el otro humano." Dijo por el ángel. "Esperaba que quisieras acompañarme y saber que hacía con tu hermano."

"Supongo que esa idea es mejor que enfrentarme a un hermano que no sabe quien soy. No sabría que decirle. No estoy en mi momento más elocuente."

Con paso lento, pero todo lo firme que pudo, Dean siguió a Castiel hasta la habitación del sótano en la que Bobby había colocado al muchacho. Castiel lo había dejado incosciente tras la petición de Dean, después de lo ocurrido en una sola noche, el cazador necesitaba un poco de tranquilidad.

Lo habían dejado atado a la cama y hasta hacía cinco minutos no se había despertado. Al llegar abajo, escucharon su voz, alta y fuerte.

"¡Vamos sacadme de aquí! Puedo ayudarnos, bueno al menos eso es lo que me dijo Michael. ¡Dean! ¡Castiel! Tengo que proteger a Sam, ¡Michael me dio órdenes!"

Dean abrió la rendija de la puerta y miró. No era más que un chiquillo, no podía tener más de veinte años. Se removía sin parar el aquella improvisada cama de hierros que pronto empezaría a hacerle daño en todo su cuerpo. Pero parecía no importarle, no paraba de moverse, de agitarse, como si estuviera sufriendo algún tipo de ataque.

"¿Qué crees que deberías hacer con él?"

"Dean, ese eres tu ¿verdad? Por favor, quieres ayudar a tu hermano y yo también, es lo único que quiero hacer, ese todo lo que Michael me pidió al dejarle salir. Es mi trabajo, igual que siempre ha sido el tuyo."

"Este niñato ya me está cansando."

"Dean, espera."

Dean abrió la puerta de golpe, sin dejar que Castiel dijera nada. Ya sabía que era una mala idea, una terrible idea en realidad, pero tenía que sacar todo lo que llevaba doce meses guardando en su interior. Tal vez pagarlo con el chico era la mejor forma de hacerlo.

Fue hasta la cama y sujetó al chico del cuello; lo apretó contra la cama con tanta fuerza que le hizo toser, cuando todavía no se había recuperado de la última vez que le había atacado.

"¿Dime de una puñetera vez quien eres?"

"Dean, por favor…" Protestó el chico y se estremeció al sentir que poco a poco se iba quedando sin aire. No había vuelto a la vida para morir así sin más, tenía mucho por hacer y no quería romper la promesa hecha a Michael. "Dean."

"Dean para, si le matas no sabremos quien es y que es lo que tiene que ver con Sam."

"Debería matarle, a él y a todo lo que tiene que ver con Michael y los malditos ángeles. Lo siento Cass."

"No importa, lo entiendo."

"Dean no lo entiendes, por favor. Mira se que tienes muchas preguntas."

El chico trató de levantarse, como si no se acordara que estaba atado a la cama. Estaba nervioso, estaba seguro que si le daba una oportunidad, Dean le mataría sin dudarlo. Y no es que se lo pudiera reprochar, pues al fin y al cabo él también sabía lo que significaba perder a un ser querido, sentir ese dolor, ese terrible vació que no había posibilidad de rellenar y que casi había conseguido enterrar en el fondo de su mente.

"Yo también tengo muchas preguntas, te lo juro, pero tengo un trabajo que hacer y no está terminado. Van a volver a por Sam, lo se… no puedo explicarte nada de esto ahora, pero te prometo que tendrás tus respuestas."

"¿De que coño estás hablando? ¿Quién va a venir a por Sam?"

Dean cerró el puño, como si fuera a golpearle en la cara, pero no lo hizo, se detuvo al ver el terror en el rostro del muchacho; por un momento le recordó a Sam cuando era un crío, cuando se asustaba, cuando le necesitaba, cuando todo lo que había en la vida de Dean era su hermanito pequeño.

"Suéltame por favor, sólo quiero hacer el bien, si no Michael no me hubiera dejado salir.

"¿Salir de donde?" El chico volvió la mirada hacia la pared. No había esperado tener que contarle aquella parte de su existencia a Dean, ya sabía que no le iba a gustar lo que tenía que decirle y en el peor de los casos podría matarle nada más saberlo. "¡Habla!"

"Del infierno ¿de acuerdo?" Dean miró a Castiel rápidamente, tal y como el muchacho había pensado, Dean quería acabar con él en ese mismo momento. "Estaba en el infierno, igual que tu."

- o -

Bobby entró en el dormitorio. Pese a lo que había dicho Dean, el veterano cazador no podía dejar a Sam a solas. El chico estaba durmiendo, llevaba inconsciente más de tres horas y Bobby comenzaba a temer que no se despertara nunca. Pero para su sorpresa, Sam se removió en la cama y murmuró algo en voz baja, aunque no lo pudo comprender. Tan sólo lo miró desde la puerta, esperando.

Con un terrible dolor de cabeza, Sam abrió los ojos. Aquella era diferente a la primera en la que había estado. Se incorporó un poco, apoyándose en sus propios brazos, le dolía todo y tan sólo respirar ya era terriblemente doloroso.

"¿Cómo te encuentras?"

"¿Quién eres?" Dijo Sam mientras trataba de levantarse. No lo consiguió y cayó de nuevo a la cama, protestando de dolor. "¿Quién eres y que hago aquí?"

"Sam tranquilízate o te vas a hacer daño. Estás muy débil y necesitas descansar unas cuantas horas." Bobby entró en el dormitorio, pero Sam se puso más tenso todavía, su cuerpo dolorido quería salir corriendo, pero por más que lo intentaba; no había forma de moverse.

"¿Sam? No soy… no soy Sam." Dijo sin estar seguro de sus propias palabras. "¿Quién eres tu?"

"Por lo que se, no te acuerdas de mi, soy Bobby hace años que somos amigos y tu…"

"¿Eres uno de los tipos que me atacó? No se porque todo el mundo quiere matarme, así que me gustaría que el mundo me dejara tranquilo." Sam comenzó a sentirse mal, la cabeza comenzó a darle a vueltas y tuvo que volver a tumbarse. Se tapó los ojos, quería volver a la vida normal; aunque no supiera lo que realmente era una vida normal.

"¿Qué tal si vuelves a dormir un poco?"

"Supongo que no tengo muchas opciones."

Sam cerró loso ojos y suspiró, tenía demasiadas preguntas; pero tan sólo le costó unos segundos quedarse otra vez dormido.