Summary del capítulo: Tiene catorce años cuando se da cuenta de dos cosas. Uno, él es muy, muy bueno en el patinaje artístico, y decide que es algo que hará de manera competitiva, y por el resto de su vida.

Dos, Viktor se da cuenta de que tal vez ni siquiera tiene un alma gemela.


Unwritten | Capítulo 4


A los diez, Viktor no está interesado en mucho más allá de la amplia expansión de la pista de patinaje y de las caricaturas que llega a ver en la televisión de su sala de estar el sábado temprano por la mañana. Ahora, sin embargo, puede recordar vagas memorias de conversaciones entre tías, o las risillas de sus primos y compañeros, todos en relación a una cosa: sus almas gemelas.

Era una cosa interesante —él estaría hablando animadamente con un amigo, sólo para que éste lo cortara y ondeara una mano, que de pronto se llenaba con palabras garabateadas de manera insegura, frente a su cara. —¡Mira! Ella está escribiendo mi nombre… ¡es lo que hace cuando quiere tener mi atención!

—Claro —diría Viktor lleno de ánimo, aún un poco confundido de por qué eso sería lo suficientemente importante para interrumpir una conversación—. Eso es genial.

Una profesora estaría escribiendo en la pizarra, discutiendo un concepto matemático, cuando Viktor capturaría la más pequeña de las notas deslizándose a la existencia en el dorso de su mano derecha.

—Ah —dice ella cuando Viktor le pregunta tranquilamente después de que la clase ha acabado—, es un recordatorio de mi esposa para que compre leche antes de ir a casa.

Viktor incluso se da cuenta de que su madre le escribe notas a su padre, y viceversa, aun cuando están en el mismo cuarto. Raro, Viktor piensa algunos días mientras flota a través de la pista. Pero interesante. Los otros patinadores, tanto los que tenían clases o los que patinaban por gusto, todos pararon a mirarlo, algo que reconoce con otro spin desenvuelto. Viktor se ufana un poco en su interior ante los siguientes oohs y aahs de sus espectadores, y el tema de las almas gemelas es desechado de su cabeza.

Tiene catorce años cuando se da cuenta de dos cosas. Uno, él es muy, muy bueno en el patinaje artístico, y decide que es algo que hará de manera competitiva, y por el resto de su vida.

Dos, Viktor se da cuenta de que tal vez ni siquiera tiene un alma gemela.

Recuerda sentarse al lado de sus compañeros en la escuela primaria y observar distraídamente mientras las manos de ellos se llenaban de colores, incluso cuando estaban simplemente sentados e inmóviles. Las manos de Viktor estaban casi cubiertas con marcadores y pintura, y ahora se daba cuenta de que no podría haber distinguido sus marcas de las de su alma gemela —si hubieran estado allí, en primer lugar.

Pero ahora, parecía como si las almas gemelas fueran todo de lo que la gente podía hablar, un pequeño pinchazo de intranquilidad comienza a florecer en el pecho de Viktor.

Viktor comienza a escribir —en sus manos, por todos sus brazos. Soltando caracteres rusos describiendo sus pensamientos del día, cosas que necesitaba recordar, e incluso algunas ideas para coreografías.

Y aun así, su escritura continuaba siendo lo único que veía en su piel, y Viktor crecía más y más frustrado hasta el día de hoy.

Es alrededor de esta edad en la que cae en cuenta de la atracción que tiene de personas de todo tipo. Viktor levantaría sus ojos de su tarea, sólo para conectar miradas con una niña que rápidamente se pondría colorada o huiría. Más de una vez, Viktor se encontraría rechazando confesiones de ambos, mujeres y hombres.

—¿No tienes un alma gemela? —Viktor se encuentra a sí mismo preguntando en múltiples ocasiones, inocentemente ladeando su cabeza. La otra persona se avergonzaría, escondiendo culpablemente ambas manos detrás de su espalda antes de tartamudear una excusa y correr a toda velocidad.

Una vez, Viktor recibe un «no» como respuesta a su pregunta, y su alegre sonrisa casi se caería por su sorpresa.

—¿En serio? —pregunta Viktor, ojos ensanchados. Su piel de pronto se siente híper sensible, muy consciente de la tinta de sus brazos que él mismo había colocado allí.

—En serio —responde la chica, mirándolo de manera determinada a sus ojos—. No creo en eso. Claro, las personas pueden estar con sus almas gemelas… pero dado que yo no tengo una, creo que se me ha dado la libertad de elegir. —Ella titubea entonces, antes de morder su labio y finalmente hacer la pregunta que el mismo Viktor se ha hecho durante bastante tiempo—. ¿Tienes un alma gemela?

Viktor hace una pausa antes de contestar, golpeando ligeramente sus dedos desde donde los descansa en su cadera. —Sí —dice finalmente, ignorando la sensación de ardor en su pecho—. Tengo una. Lo siento.

Los ojos de la chica se llenan de lágrimas, y por un largo momento, Viktor cree que romperá en llanto —pero luego se aleja, una destello férreo apareciendo en sus ojos.

—Estás mintiendo. Te he observado. Tú solamente escribes, y nada más aparece en tu piel. —Frota furiosamente sus ojos—. Te terminarás cansando de esperar. Créeme.

—No sé de qué estás hablando —responde Viktor con una sonrisa ligera—. Lo lamento.

Ella se aleja con una última anhelante, pero funesta, mirada a la escritura en los brazos de Viktor, y Viktor está de pie en el pasillo, sintiéndose claramente inestable.

Tengo una. La tengo.

Convertirse en un joven de dieciséis años marca el comienzo de algunos de los mejores años en la vida de Viktor, y algunos de los más difíciles. A los dieciséis, ha flotado a la cima de los rankings en el mundo del patinaje artístico, constantemente siendo aclamado por su talento y su desenvoltura.

Viktor también se encuentra dedicándole más y más horas al entrenamiento, silenciosamente decidiendo que él siempre sorprendería. Siempre inspiraría.

Como sea, es también a la edad de dieciséis en la que Viktor se da cuenta de que, si tiene un alma gemela, la quiere. Para por completo —Viktor quiere tener un alma gemela.

Su anhelo y deseo de «alguien sólo para él» se filtra en algunas de sus presentaciones, con los jurados y críticos alabándolas como algunas de sus mejores hasta el momento. Viktor meramente acepta los elogios con su automática sonrisa cordial, no le da importancia a la crítica de Yakov, y vuelve a garabatear determinadamente en su brazo.

La mañana después de una de sus competencias, Viktor holgazanea en su cama y mira la inmaculada extensión de su piel, estirando y flexionando sus dedos.

Una vez más, piensa Viktor casi perezosamente —cerca de la desesperanza, incluso. Su mano derecha llega para preocupadamente arrastrarse por la longitud de su cabello, agitando inquita el final de su cola de caballo entre sus dedos. Sólo un último intento.

Viktor lentamente dibuja la primera línea, y otra paralela a ésa. El tablero de tres líneas se ve solitario en su mano, y Viktor exhala, sintiéndose singularmente nervioso.

Una X entra en un cuadrado, y Viktor espera.

Y espera.

Viktor se sienta contra la cabecera de la cama, apretando la pluma en su puño y dejando que el plástico se clave en la palma de su mano. —Sé que estás ahí —susurra, sintiendo su garganta estrechándose—. que existes.

Remarca la X, lo suficientemente cuidadoso para no dejar que la pluma se hunda en su piel. Viktor se detiene, aguantando la respiración, y dejándola salir cuando unos pocos segundos pasan y nada más aparece.

Nadie, piensa Viktor, mirando fijamente su mano casi con desgracia. Lucha para levantar su habitual alegría, pero es como si hubiera un peso sentado sobre él, y sólo puede continuar aceptando en silencio el hecho de que se debe rendir. Nadie ha estado en el otro lado para t…

Un círculo aparece.

Viktor casi avienta el bolígrafo por su cuarto en su deleite, y salta desde su cama en un arco de éxtasis que lo lleva de un lado a otro de su habitación. En un homenaje a sus habilidades de patinaje, gira en su lugar en calcetines mientras cubre la totalidad de su mano izquierda con corazones toscamente dibujados.

No puede evitarlo —Viktor está emocionado, e incluso aunque sabe que probablemente debería estar enojado, no lo está, y lo único que puede esperar es que cada uno de los corazones de tinta transmita el amor y el cariño que ha tenido encerrados todos estos años.

Cuando Viktor siente que ha transmitido suficiente de su interminable amor en forma de tinta (y siente que sus niveles de mareo están alcanzando peligrosas alturas), colapsa devuelta en su cama, y escribe otra X con una mano temblorosa.

El alma gemela de Viktor —su alma gemela— dibuja un pequeño corazón tímido cerca de su círculo. En un instante, Viktor se levanta de su cama y corre por los pasillos, apenas notando cuando casi choca contra alguien —¿su madre?— en un esfuerzo por llegar al baño. Incluso antes de que la puerta se cierre de golpe detrás de él, Viktor ya está fregando la tinta hasta que su piel está gris con su residuo.

Suficiente, piensa impacientemente, y su bolígrafo vuela contra su piel.

¡Siempre, siempre te he querido conocer! ¡Estoy tan feliz de que existes! Viktor dibuja un corazón con un pequeño meneo, aguantando su respiración mientras esperaba por una respuesta.

Toma un par de segundos, pero caracteres lentamente fluyen hacia la existencia en su mano, y las cejas de Viktor zarpan hasta el nacimiento de su cabello por su sorpresa.

Escribe su sorpresa y la secunda con un rápido dibujo de la bandera de Japón. ¿Japonés?

Una patata aparece debajo de ella —oh, esperen. Viktor pausa para llevar su mano más cerca a sus ojos, y sonríe con entretención. Oh. Pulgares arriba.

Viktor prontamente decide de que podría ser de Marte por todo lo que le importa, y él lo seguiría amando. Lo dice también, incluso si sabe que no entiende, y graba otros pocos corazones para buena medida.

—No me extraña que no haya dicho nada en todos estos años. —Viktor respira. Corre a toda velocidad fuera del baño, y no tarda en recibir una palmada de reprimenda en la cabeza de parte de su madre, ya que casi se estrella contra ella de nuevo.

Continúa hasta su cuarto, altamente despreocupado, punteando su mano con corazones en el camino.


Sin embargo, Viktor rápidamente descubre que tener un alma gemela no significa inmediatamente… bueno, «El Fin».

Es casi una lucha constante para que su alma gemela escriba lo que sea, aunque graciosamente acepta cada oportunidad que tiene para intercambiar incluso la más pequeña de las frases con él. Su corazón se dispara la primera vez que lo saluda en un ruso cuidadosamente redactado, y él mismo busca ansiosamente diferentes métodos para aprender japonés. Muchos de los momentos antes de las presentaciones en los que Viktor se mentaliza, consistían en vocabulario japonés filtrándose hacia sus oídos a través de pequeños audífonos, y en dibujar los caracteres que conoce en el aire mientras practica su coreografía en los pasillos del estadio.

—Te amo —enuncia Viktor con ligereza, y Yakov le dispara una ceja alzada mientras baila—. Te. Amo.

Si su audiencia pensaba que no podían estar más anonadados con sus habilidades de lo que ya estaban, se demostró su error por la forma en la que el nuevo afán de Viktor se tradujo en todos y cada uno de sus movimientos.

De todos modos, Viktor aún debe decirse a sí mismo que sea paciente después de un par de intentos fallidos de entrar en contacto con su alma gemela más allá de la tinta en la comunicación por piel. Suspira ante la desamparada visión de un lo siento en su mano, y responde de vuelta con un animadamente redondeado OK en inglés. Y luego, ¡te amo!, en japonés.

Viktor se molesta cuando no consigue una respuesta, imaginando que puede sentir la timidez del otro filtrándose a través de su piel. Había trabajado duro para que la frase fuera correcta, después de todo.


—No —dice Viktor, sacando la palabra hasta que llena el espacio vacío alrededor de él con su negatividad. Suspiró internamente—. «No

Rápidamente se vuelve hacia su perro por consuelo, y Makkachin gimotea, cola meneando.

Él había estado esperando… Viktor hunde su cabeza más hondo en el pelaje de Makkachin por un segundo más. Los años habían estado salpicados con intercambios entre él y su alma gemela, y mientras Viktor celebraba todas y cada una de esas ocasiones, él había estado esperando finalmente conocerlo cara a cara. Para que el amor verdadero devolviera la magia a sus presentaciones, para inspirarse e inspirar de vuelta…

Viktor está en medio de una contemplación de broma (y medio en serio) sobre si vale la pena o no invertir en una de esas compañías de apariencia sombría que había visto que supuestamente, de alguna manera te guiaban hacia tu alma gemela, cuando su teléfono suena alegremente en el silencio.

Viktor lo jala, listo para mensajear. En vez de eso, encuentra un mensaje de Yakov con un link a un video y nada más, y cuando hace clic en él, el título lo sobresalta.

Viktor no está segura de qué espera cuando presiona el botón de play —pero en cuanto el video termina, está cien por ciento seguro de que sabe lo que quiere.

Katsuki Yuuri ha picado su interés, y Viktor piensa que finalmente ha decidido cuál será su «próximo paso».

¡Qué interesante!

(E ignora el hecho de que Yuuri se encuentra actualmente en Japón, donde Viktor creía firmemente que la otra mitad de su corazón residía).


Katsuki Yuuri, aun así, resulta ser muy interesante.

Y tan divertido. Viktor piensa entretenido, viendo a su futuro alumno golpearse de nuevo justo en la pared detrás de él. ¡Qué lindo!

De hecho, conocer a Yuuri es mucho más interesante de lo que probablemente debería ser, y Viktor se encuentra a sí mismo embelesado la primera vez que ve a Yuuri patinando, justo después de la llegada de Yurio.

(Hablando de eso —Yurio. Viktor se reprende ligeramente por su propio olvido, pero ah, ¿qué puede hacer al respecto? Después de todo, ¡ellos habían terminado divirtiéndose un poco con todo eso!).

Es la misma atmósfera que Viktor ha visto en el video, pero verla por sí mismo, en persona… es completamente diferente. Viktor no está seguro de qué espera cuando pregunta: —¿En quién pensabas?

¿Qué era lo que estaba esperando? ¿Que Yuuri le sonriera ampliamente y dijera «¡Oh, sólo en mi muy maravilloso y talentoso ídolo, Viktor Nikiforov!»?

Estaba pensando en mi alma gemela. —Las palabras de Yuuri hacían eco en su mente ahora, y Viktor suspira, frotando su mano izquierda desnuda. Qué envidia.

Viktor se congela, sus dedos estrechándose contra su muñeca izquierda. Es decir… yo hago lo mismo. Por supuesto. Su pasión es sólo… Él titubea, alisando su flequillo fuera de su rostro, perdiendo el peso de un largo mechón en su cabeza. Es sólo… interesante.

Pero molestar a Yuuri, observar a Yuuri, quedando sorprendido de una manera encantadora ante su determinación de utilizar tazón de chuletas de cerdo, entre todas las cosas, como su inspiración para Eros…

Aunque solamente han pasado unas pocas semanas, estar alrededor de Yuuri había crecido para ser más y más adictivo, y Viktor no podía evitar sino sentir como si una parte distinta de él se le estuviera yendo de las manos. Alguna parte de él se siente atraída por Yuuri —y otra pieza tiene un poco de miedo por sí mismo ante lo que podría suceder si continúa aprendiendo más y más sobre el hombre por el que dejó todo para entrenarlo.

Es principalmente por eso que Viktor se impulsa para intentar y pedirle una vez más a su alma gemela que se reúna con él, sintiéndose tocar tierra mientras el bolígrafo palpa su piel. Estas eran frases que él había practicado una y otra vez, en cuadernos, en panfletos, incluso en servilletas de restaurantes. Viktor incluso tenía la imagen exacta de lo que le gustaría escribir en algún lugar de su teléfono, pero recuerda las exactas palabras y caracteres de memoria. En Japón por negocios. Preguntar una vez. Está bien si «no»… La mano de Viktor se crispa un poco cuando escribe esa parte —un «no» no está bien, pero se tragará la amarga pastilla del rechazo por su alma gemela si así debe hacerlo. De nuevo. ¿Quieres reunirte conmigo?

Viktor ya se ha resignado a ser rechazado una vez más, y está tranquilamente disponiéndose a amar a su alma gemela sin importar qué, cuando se da cuenta de que su alma gemela ya ha respondido.

Su corazón brinca ante el entusiastamente garabateado ¡sí! escrito en desordenado ruso, pero a Viktor realmente no le podría importar menos la imagen —su alma gemela podría haber dibujado nuevamente ese pulgar hacia arriba que parecía patata y Viktor seguiría estando por sobre la luna.

Viktor cierra sus ojos y presiona sus labios contra la tinta por una fracción de segundo antes de escribir un último mensaje a su amor. Estoy tan feliz.


Estoy tan arruinado.

Viktor gime en voz alta, solo en su habitación en la Yu-Topia de los Katsuki excepto Makkachin, que ladra a su dueño con preocupación. Es la mañana tras la catástrofe de una llamada de atención por la tarde, y Viktor no ha visto a Yuuri desde la cena de la noche anterior–que, Viktor notó, había estado callado, más que de costumbre, optando por mirar sus manos en lugar del humeante tazón de chuleta de cerdo frente a él. Lo cual era extraño, porque ¿no era el tazón de chuleta de cerdo la única razón de Yuuri por su actuación el día anterior? Pero Viktor tuvo que admitir que podría sentirse identificado–había estado demasiado absorto en la espera de cualquier señal de su alma gemela para prestar atención a su entorno, y había comido su propio tazón en un tiempo récord antes de volar a su habitación .

—Ah, Makkachin, ¿qué he hecho? —Viktor se lamenta, abrazando al perro alrededor de su cuello y hundiendo la nariz en la suave piel allí—. ¡Me odia! Años insistiendo para reunirnos, llega el día, ¿y qué hago? ¡Lo abandono!

Makkachin lame con preocupación el rostro de Viktor, lloriqueando cada vez más. Viktor se esfuerza por mantener la voz baja, muy consciente del hecho de que su alumno, el hombre que se suponía estaba entrenando, el hombre con el que pasaba la noche acurrucándose, podía caminar cerca o en la habitación de Viktor en cualquier momento. Justo a tiempo para un inusual colapso de Nikiforov, Viktor piensa con resentimiento, tirando suavemente de Makkachin cerca. El caniche olfatea el rostro de Viktor como para medir si realmente su dueño finalmente acabó con su teatro.

Con toda honestidad, Viktor no había querido pasar la noche. No había sido hasta entrado su parloteo de corte militar Viktor notó que Yuuri se había dormido justo allí, sin duda durmiendo de la emoción y el agotamiento del día. Había llegado demasiado tarde —Viktor había ido tranquilamente cerca de la medianoche después de ver las luces de Yuuri aún encendidas, con la intención de reprender a su alumno por no dormir, y había sido completamente y totalmente distraído al minuto en que había visto el rostro ruborizado de Yuuri.

En alguna parte en medio de todo el cabello revoltoso, Viktor recuerda una parte de él sintiendo como se acababa de meter en problemas, y lo siguiente que supo, que peinaba el cabello de Yuuri como un adolescente que experimentaba su primer combate de amor juvenil.

Yo estoy enamorado, Viktor piensa grandiosamente, sacudiendo su pelo lejos de su cara, ¡de mi alma gemela!

Los ojos de Yuuri, entrecerrados por la risa, brillan en su mente, y Makkachin ladra a su dueño incrédulo cuando Viktor se extiende en el suelo, con las orejas rojas.

—Hmm —Viktor le dice a su perro, al sofá y a la lámpara ridículamente cara en el rincón de la habitación—. Complicado.

Makkachin suspira como si estuviera de acuerdo, dejándose caer al lado de Viktor y mirando a fondo con los juegos dramáticos de su dueño.

—Makkachin —Viktor dice repentinamente—. ¡Una pluma!

Makkachin abre la boca y bosteza directamente en la cara de Viktor.

—Hmm —Viktor dice de nuevo, su boca sumergiéndose en una mueca—. Grosero.

Él termina teniendo que conseguir uno por su cuenta, y bajando a Makkachin, que le da un buen mordisco en el hombro.

—Lo siento —Viktor recita desde atrás de la cabeza de su perro, sonriendo amablemente— por dejarte solo en el lugar en el que acordamos, solo, donde esperabas, solo…

Viktor se permite una palabrota en Ruso antes de golpear la pluma en el suelo junto a él. —¿Al menos conozco la palabra solo en japonés?

Viktor cierra los ojos. ¿Cómo pudo haberse metido en este lío? Tiene veintisiete. Años y años de victorias sobre victorias, y él elige algo diferente y entonces…

Yuuri. Viktor suspira, recordando la sensación del cabello de Yuuri en sus manos y el sonido de la risa del otro hombre. Yuuri no se había reído así delante de Viktor antes de aquella noche, ¿verdad? Viktor trata de recordar, pero todo lo que aparece es la cara constantemente sobresaltada y enrojecida de Yuuri.

Bien. Tal vez me he burlado de él demasiado, piensa Viktor, sintiéndose un poco mal. ¡Pero es tan adorable!

Por otra parte, Viktor realmente no tuvo intención de quedarse toda la noche. Pero incluso después de que Yuuri se hubiese dormido… la boca de Viktor se retuerce en partes iguales de frustración infantil y vergüenza. ¡En serio! Para haberse dejado caer al lado de Yuuri y solo verlo dormir… La cara de Viktor se suaviza en una sonrisa torpe. No había recordado haber estado tan tranquilo en mucho tiempo. El rostro de Viktor se arruga de nuevo. ¿Tal vez la cara de Yuuri tenía un efecto calmante equivalente a la sensación de uno viendo a un pez de colores nadando en su pecera…?

Un ladrido bajo es toda la advertencia que recibe antes de que Makkachin muerda en su mano —fuerte.

¡Makkachin! —Viktor jadea, traicionado. Él se sienta, mirando fijamente a su poodle sin ningún tipo de sorpresa—. ¡No hay comida Premium de perro para ti!

Makkachin jadea y se inclina hacia adelante para lamer la mano izquierda de Viktor, y Viktor casi lo arrebata cuando ve la tinta, su corazón saltando en su garganta.

—No importa, tienes todos los dulces que quieras —Viktor enmienda distraído, los ojos ya escaneando las palabras allí. Se tarda un poco, porque esta vez todas las palabras rusas han sido trazadas desordenadamente en algo parecido a una frase completa, y el corazón de Viktor sufre por la alma gemela que nunca ha conocido.

Lo siento, no fui. No pude llegar allí. Por favor, no me odies.

Viktor estrecha los ojos, completamente confundido. ¿No ha sido capaz de hacerlo? En un instante, Viktor siente como si hubiera caído un peso de su pecho, y responde ansiosamente lo mejor que puede.

¡No! No pude ir tampoco. ¡No te odio!

Una larga pausa, y luego: ¿En serio? Estoy tan aliviado…

Yo también. Viktor se muerde el labio, golpeando su pluma sobre su rodilla. Su mano ya se ha llenado de un puñado de letras rusas y japonesas de su breve intercambio, y todavía se esfuerza por encontrar palabras en los dos idiomas que mejor pueda transmitir lo que quiere decir. Viktor es tan elocuente en ruso, y no es del todo malo, ya sea hablando japonés o inglés, si lo que sus fans dicen es cierto. Pero nunca antes tuvo que luchar para transmitir un simple mensaje a través de la escritura. Hay tanto que Viktor podría decir, tanto podría haber descubierto ahora… si sólo el lenguaje no hubiera sido una barrera tan difícil de superar.

Viktor golpea su pluma contra sus labios pensativamente. Aunque… ¿realmente quería saber más sobre él? Viktor no puede negar que hay algo de verdad en todo–en todos los años que había estado en contacto con su alma gemela, Viktor nunca había tratado seriamente de conocerlo más allá de su ubicación. Pero su nombre… Viktor frunce el ceño. Todo un misterio. Sí, él quería desesperadamente conocerlo desde hace tiempo, pero no había forma de darse cuenta de que disfrutaba incondicionalmente de la idea de un alma gemela, el misterio que lo rodeaba y el sufrimiento. Viktor se endereza en una posición de piernas cruzadas, alisando el pelo agitadamente. ¿Alguna vez había pensado en lo que vendría después de la reunión? La chica de sus días de escuela secundaria aparece en su mente después de años de tratar de ignorar sus palabras, y Viktor siente la más pequeña corriente de malestar correr a través de él.

—Vamos a conocernos, vamos a conocernos —Viktor murmura para sí mismo, frunciendo el ceño—. «Vamos a conocernos», estoy diciendo, pero ni siquiera sé qué pasa después de eso.

¿Estaría dispuesto a mudarse a Rusia? A Viktor le gusta Japón, pero… ¿estaría dispuesto a quedarse con alguien a quien básicamente acaba de conocer?

Ahora, Yuuri, sin embargo. Viktor se quedaría por Yuuri.

Viktor maldice su cerebro con bastante fuerza.

Por supuesto Viktor se quedaría por Yuuri. ¡Porque soy su entrenador! Viktor piensa, con orgullo. Va a ganar el Grand Prix con mi ayuda y experiencia.

No conoce a Yuuri desde hace mucho tiempo, pero Viktor puede decir que hay algo ahí debajo de la timidez y la ansiedad. Había algo especial en Yuuri, y Viktor estaba deseando ver su crecimiento como patinador.

Pero primero… Viktor mira hacia su mano para ver que nada nuevo había sido añadido a la conversación. Su alma gemela estaba obviamente esperando una respuesta, y Viktor suspira antes de escribir firmemente, Vamos a intentarlo de nuevo.

—¡Vicchan! ¡Desayuno! —La mamá Katsuki llama a través de la puerta, y Viktor se inclina para abrirla, una sonrisa genial ya en su lugar.

—¡Buenos días! —exclama, sonriendo cada vez más cuando la madre de Yuuri le devuelve la mirada—. ¡Parece que me desperté justo a tiempo!

—¡Sí, sí! —responde Mamá Katsuki, mientras Viktor y Makkachin se apresuran a bajar las escaleras—. Yuuri ya empezó a comer, ¡estoy segura de que está emocionado de comenzar su primer día de entrenamiento oficial!

Viktor tararea de acuerdo, sintiendo que su corazón se acelera al ver a Yuuri silenciosamente comiendo su desayuno, con los ojos abiertos. Aún tranquilo, en realidad. Viktor agacha la cabeza, sintiéndose un poco confundido. ¿No Yuuri consiguió su tazón de chuleta de cerdo anoche en la celebración? ¿No debería al menos parecer un poco más feliz?

Yuuri se sobresalta cuando Viktor se desliza en una posición sentada a través de la mesa, pero sonríe cuando Makkachin se inclina hacia él para colocar una suave cabeza en su hombro.

—Buenos días, Yuuri… Espero que hayas dormido lo suficiente. —Viktor sonríe suavemente cuando las mejillas de Yuuri tiñen de color rosa claro. Sigue siendo tierno. Y demasiado fácil para molestarlo, pero Viktor hace una pausa y se regaña internamente. Tal vez con moderación, entonces, se enmienda alegremente.

—Buenos días. Lo hice —responde Yuuri, sonriendo débilmente—. Creo que soy un poco lento, pero prometo que estaré bien tan pronto como comencemos. —Su mano izquierda sube a rascarse en su cabeza con vergüenza, y Viktor se congela—. Estoy un poco cansado, ¡pero he estado esperando ser entrenado por ti, Viktor! Así que…

Yuuri podría haber estado repentinamente lanzando palabras del Himno Nacional Ruso, y Viktor no lo habría registrado en absoluto porque…

Qué. Viktor parpadea, duro, sus ojos siguiendo la mano de Yuuri mientras se posa de nuevo para desaparecer detrás de la mesa.

¿Qué…?

—Yuuri —dice Viktor firmemente, manteniendo su voz cuidadosamente alegre—. Pareces tener un mensaje de tu alma gemela.

—¿Qué…? —Yuuri se pone rojo cuando mira hacia su mano y se da cuenta de lo que quiere decir Viktor—. ¡Oh, n-no, ya lo he visto! Lo siento por enseñarlo descaradamente, no estoy tratando de mostrarlo o algo así, es sólo que estábamos hablando, y yo quería mantener sus mensajes durante todo el tiempo que pueda…

Viktor sonríe, sintiendo los músculos de su mejilla empezar ¿a doler? —No me importa. Todo depende de cómo te sientas al respecto… he conocido a personas que son más bien privadas, pero no me molesta demasiado si alguien da un vistazo de vez en cuando.

—O-oh, no me importa tampoco. —Yuuri está de acuerdo, agitando las dos manos en el aire, y la sonrisa de Viktor se queda pegada en su cara, incluso mientras sus ojos siguen con hambre los destellos de tinta que ve—. Quiero decir, en realidad no tenemos demasiadas conversaciones debido a la barrera del idioma, así que..

¿Hmm? —La voz de Viktor suena como si hubiera subido unas dos octavas más de lo normal, pero en su desasosiego, Yuuri apenas parece notarlo.

—Es bastante interesante, quiero decir, tuvimos algunos… malentendidos… recientemente —dice Yuuri, tranquilizándose—, o algo así… Pero aun así, he aprendido algo de su idioma, y ha sido interesante.

—Interesante —repite Viktor. Makkachin se coloca alrededor de la mesa para sentarse contra el lado de Viktor, y Viktor entierra cuidadosamente su mano izquierda en la piel de Makkachin mientras regresa a Yuuri, que se ve increíble y adorablemente avergonzado—. Sí. Parece ser así. No pude evitar notar que era ruso en tu mano…

—¡Oh-oh, sí! —dice Yuuri—. ¿Cuáles son las probabilidades, verdad? Él vive en Rusia. ¡Tal vez tú o Yurio lo hayan conocido antes que yo! —Ríe nerviosamente—. Sólo bromeo…

—Posiblemente —Viktor responde. ¿Su sonrisa todavía está en su cara? No lo sabe. Todo lo que él sabe es que sus esperanzas se han elevado de repente tan rápido que Viktor se sorprende de que no han dejado un agujero visible en el techo sobre ellos—. Está bien si te molesta, así que puedes decir que no, pero ¿puedo ver? Sólo tengo curiosidad por saber cómo se comunican ustedes dos.

El rostro de Yuuri se convierte en una alarmante sombra de rojo, y él visiblemente vacila, con los ojos mirando a Viktor y volviendo a su mano.

Viktor desesperadamente necesita saber. Sin embargo, se obliga a asegurarse de que su sonrisa es suave mientras espera, y eventualmente Yuuri le da una sonrisa tímida, y lentamente le presenta a Viktor su mano izquierda, y el entrenador de Yuuri se inclina hacia delante para mirar fijamente la piel entintada.

—Tenemos problemas para comunicarnos, porque escribir es mucho más difícil que hablar —dice Yuuri, y Viktor piensa que sí. Sí lo es—. Así que eso significa que realmente no sé mucho acerca de él. —Frunce el ceño, pareciendo un poco triste—. En absoluto. Pero he aprendido algo de ruso, así que esa es mi letra en ruso, justo ahí. Lo siento si no se ve muy bien, tuve como que confiar en un diccionario comprado en la tienda…

Viktor quiere arrojarse a través de la mesa y encerrar a Yuuri en un abrazo, tanto como él quiere golpear ambas cabezas juntas, porque realmente. En serio. ¿Cómo podrían haber sido tan ciegos?

—Yo.. creo que tu ruso se ve bien —dice Viktor, con los ojos aún pegados a las palabras, tanto suyas como de Yuuri, una transcripción exacta de la conversación en la mano izquierda de Viktor. Su mano se flexiona en el pelaje de Makkachin conscientemente.

—¡Gracias! —Yuuri sonríe, y Viktor sonríe de regreso.

Yuuri es mío, es todo lo que Viktor puede pensar. Mío, mío, mío.

—Increíble —dice Viktor en su lugar. Presiona un dedo contra sus labios en pensativo (su mano derecha, naturalmente, su izquierda permanece escondida en el pelaje de Makkachin) y chasquea los dedos con decisión, haciendo Yuuri saltar.

—Qué increíble historia de amor. ¡No es de extrañar que tu eros fuera tan convincente durante los Hot Springs on Ice!

Yuuri visiblemente se pone pálido con eso, y Viktor siente un pequeño pinchazo de confusión, antes de que sea arrastrado por su propia decisión. —Bien. Creo que es hora de prepararse para el entrenamiento —dice Viktor alegremente. Recoge a Makkachin como una muñeca de trapo, asegurándose de que las patas del caniche cubran con cuidado cualquier vistazo de su mano entintada.

—¿No vas a comer?

—Oh, estoy muy satisfecho —Viktor responde, caminando hacia la puerta, Makkachin colgando alegremente en sus brazos—. Te daré un tiempo para estar listo antes de comenzar nuestro calentamiento, ¿sí? ¡Nos encontraremos en la puerta dentro de una hora!

—B-bien —Yuuri responde tímidamente, y entonces Viktor está fuera de la puerta, tan profundamente en sus propios pensamientos que apenas se da cuenta a dónde iba.

¿Viktor todavía iba a tomar en serio su entrenamiento? Se burla por dentro. Por supuesto. Pero, ¿eran las acusaciones de Yakov de que Viktor era un hombre egoísta completamente falsas?

Una vez que él cierra la puerta de su habitación, Viktor coloca a Makkachin abajo y mira fijamente abajo en el dorso de su mano izquierda. No. No es tan falso.

Viktor sonríe, con los ojos caídos, y presiona el dorso de su mano contra sus labios una vez más.

Incluso si Yuuri sólo pensaba en Viktor como su ídolo, aún tenía que tener a Viktor en mente la mayoría del tiempo, especialmente ahora que Yuuri lo veía todos los días. Él estaba seguro de ello. Sin embargo… Viktor no creía que le gustaba compartir un espacio mental con la vaga idea de Yuuri de otra persona como su alma gemela.

Con toda la vacilación y la inseguridad levantada de sus hombros, Viktor se siente tan ligero como un pájaro, toda confianza anterior restaurada.

—Yuuri —dice Viktor, dejándose caer suavemente sobre su cama y levantando su mano en el aire—. Puedes esperar un poco más, ¿verdad?

Viktor decide solemnemente que la única vez que Yuuri va a descubrir de su conexión será después de todo lo que pueda pensar fuera Viktor, y sólo Viktor.

Se ríe de repente, y Makkachin se coloca en la cama al lado de su dueño, inclinando la cabeza con curiosidad. Viktor acaricia a su perro en la cabeza, sintiéndose absolutamente exaltado. ¡No puedo esperar!


N!T:

Aah, las cosas se han puesto buenísimas. En lo personal, me encanta cuando la historia se centra en Yuuri (un narrador en el que no puedes confiar, sencillamente) y después se cuenta el otro lado de la historia. Victor —para mí es Victor, pero para efectos de traducción es Viktor porque así lo escribía la autora— es un pastelito enamoradísimo de nuestro querido Yuuri, y Yuuri es sencillamente demasiado precioso para este mundo cruel. La historia va en picada —Victor es un ser ridículo y maligno xD

Nuevamente, ¡gracias por su inmenso apoyo! Los reviews, los follows y favoritos son una gran motivación para seguir. ¡Ahora estamos a punto de llegar al clímax de esta historia! :D Queda poco para el final, lamentablemente. Adoraría ver —leer— sus reacciones sobre el capítulo, ¡coméntenlas en los reviews! Fangirleemos juntas, ¿vale~?

¡Saludos y hasta la próxima! (L)