Esta historia es de Krazyk85, yo sólo traduzco.
Aclaración: Los personajes y lugares reconocibles son propiedad de Stephenie Meyer. El argumento y demás ingredientes de esta obra, son de la autora.
.
Chop and Change
Outtake cuatro
La tarjeta
Hermosa loca dormía sobre su estómago a un lado de la cama. La miré por veinte minutos, debatiendo si despertarla o no o ir por mi cuenta. Sería un riesgo llevarla. Ella no sabía una mierda sobre robar tiendas, y su presencia me pondría nervioso. ¿Y si algún cabrón valiente saca un arma y le dispara?
Ya ha pasado antes. Rose casi perdió su puta vida de esa manera, pero el arma del tipo se atascó. Emmett estaba tan jodidamente enojado; él simplemente disparó al propietario en la cabeza. Después de eso, nunca volvieron a robar juntos… bueno, se detuvieron por completo. Ellos lidiaban con las drogas que le daba. Era más seguro.
Así que, ¿cómo mierda iba yo a lidiar con algo así? El hecho que estuviera aquí analizando mis opciones me decía que estaba perdiendo mi cabeza.
¡Mierda!
Pasando mis manos por mi cabello, apreté mis dientes.
El sol todavía no salía. Necesitaba tomar una maldita decisión. Todavía había mucho por hacer. Había una tienda en la carretera, la vi cuando llegamos anoche. Estaba escondida del camino. Me gustaba eso. Lo hacía más sencillo.
Pero aún así, las apariencias engañan y no quería arriesgarme hasta estar seguro.
Bella se movió en la cama y levanté mi cabeza, mis ojos estaban borrosos y cansados. Si se despertaba ahora, sabía que iba a insistir en ir y yo no sería capaz de decir que no.
Mierda.
Sí… no podía dejar que venga conmigo esta vez. Necesitaba más tiempo para analizar el lugar, asegurarme que estuviera a salvo antes de que la lleve. Además, necesitaba prepararla. La única cosa que ella hizo fue tomar un rollo de cinta y robar un Lamborghini, no fue una tarea fácil, pero no es tan precario como pegar una pistola en la cara de alguien y exigir dinero.
Resuelto, me levanté de la silla y metí mi arma en mi cintura; metí la mascara de esquí en mi bolsillo y tomé una funda de almohada. No era exactamente MacGyver, pero tenía que funcionar.
Inclinándome, la cama crujió y movió bajo mi peso, besé la loca hermosa en la mejilla. Ella se removió, murmurando algo sobre mí y se dio la vuelta, enterrando su cabeza bajo la almohada.
—Feliz cumpleaños, loca —susurré—. Ya vuelvo.
.
—Así que, ¿qué mierda, Edward? ¿Simplemente se mantendrán lejos? —preguntó Emmett, su voz resonó por el auricular del teléfono.
Me encontraba caminando por los pasillos de la tienda, examinando al dueño y los clientes que venían. No había cámaras. Realmente era triste, rogaba jodidamente ser robado. El viejo detrás del mostrador estaba durmiendo por el amor de Dios.
—No sé cuales son mis planes. Realmente no pensé tanto en el futuro —dije, distraído. Estaba demasiado absorto en conseguir una tarjeta a Bella. Mierda, ni siquiera sabía que regalarle. Las tarjetas eran un maldito desperdicio de dinero, pero a las chicas parece gustarle.
No sabía si darle algo ñoño y poco sincero o optar por algo que significara algo para los dos…
—¿No has pensado en el futuro? —Resopló Emmett, trayéndome de vuelta a la conversación—. Mierda, tío, ese debe ser un coño supremo. Esa chica está comiéndote el cerebro.
—Mierda, Em, no hables así de ella —siseé.
—De acuerdo, nada de faltar el respeto, tío, ¿de acuerdo? —pausó y luego espetó—. ¿La amas?
Reí.
—Eso es jodidamente obvio.
—Sí, esa fue una pregunta estúpida. Solo estoy jodidamente hambriento. Rose se está tardando mucho en prepararse —dijo, y luego gritó fuerte, casi reventándome el tímpano—. ¡Vamos a Taco Bell, mujer, no a Red Lobster! ¡Apura tu culo!
Pinché el puente de mi nariz, tratando de aguantar el puto dolor de cabeza. De pie en esta maldita tienda, escuchando a Emmett quejarse de Rose y toda su mierda sin sentido no era como quería pasar la mañana del cumpleaños de mi novia.
—¿Puedes concentrarte por un minuto, Emmett? ¿Por favor? —espeté.
—Mira, Edward, tienes que hacer algo. El puto de Cayo ha estado preguntando por ti.
—Que se joda, tío. Él no… —pausé, mirando al viejo detrás del mostrador, todavía dormido, pero ahora comenzó a roncar. Mi conversación seguía inadvertida—, me necesita para contrabandear drogas, ¿de acuerdo? Tiene a Jazz y a ti.
—Ni siquiera es por eso, Eddie… lo jodiste, ¿recuerdas? Debes venir a casa, tío, y lidiar con esto.
El último viaje a México fue un estúpido fracaso. Fue la primera vez que había estado lejos de Bella después de estar día a día inundado de su esencia, y al segundo que no estaba, casi pierdo mi maldita cabeza.
Me volví loco. Eso fue lo que comenzó todo, y Emmett y Jasper estaban jodidamente hartos de mí. Estaba agitado y les gritaba. Fui un idiota peor de lo usual. Es por eso que terminamos el viaje antes. No podía concentrarme. Mi mente siempre estaba en Arizona, dónde estaba Bella, durmiendo en mi cama. Yo simplemente quería ir a casa. Pero en el proceso, lo jodí a Cayo y no fui a verlo como habíamos acordado. Fui un idiota por eso, pero pensé que podía verlo cuando él viniera a Tucson la semana siguiente. Entonces pasó esa mierda con Bella y el Lamborghini y todo se vino abajo.
Estaba enterrado en la mierda.
—No vamos a volver —dije.
—¡Mierda, Edward! ¿Por qué siempre corres, tío? Si no es por un matrimonio arreglado o de la ley, es por Cayo.
Gruñí, no necesitaba escuchar esta conversación otra vez. Él estuvo más que dispuesto a empacar nuestra mierda en el día de mi boda e irnos a Arizona, pero ¿ahora qué? ¿Me echaba en cara lo que hice? Como un jodido hipócrita.
—Escucha, hijo de puta, me tengo que ir. Mantenme informado si todo empeora por allí —dije, terminando la llamada sin esperar a que respondiera. Dos segundos después, mi teléfono vibró, y supe que me iba a acosar todo el día ahora.
Jodidamente perfecto.
—¿Necesita ayuda, señor? —preguntó una voz ronca.
Miré hacia el señor mayor, quién se había movido de su lugar detrás del mostrador y ahora estaba mirándome. Él tenía ojos azules lechosos.
—Eh, no —dije, aclarándome la garganta—. Es el cumpleaños de mi chica hoy y simplemente estoy escogiendo una tarjeta para ella.
Él asintió, sonriendo.
—Si sé algo sobre mujeres, hijo, es que tienes que ir con algo de allí. —Se acercó y me apuntó a mi pecho con su dedo.
Entrecerré mis ojos, porque no quería reír.
—Creo que lo tengo.
—Bueno, es solo un consejo de un anciano —dijo, guiñándome el ojo—. Estaré en frente para cuando estés listo.
Me dejó solo, y me dio un poco de calma para aclarar mi cabeza y elegir una tarjeta para Bella. No me llevó mucho cuando la vi por primera vez, pero mientras más la leía, más sentía que significaba algo para nosotros. Como una broma privada. Dios sabe que si le llevaba una de esas tarjetas ñoñas y románticas, ella adivinaría la intención.
No, esto era la mejor opción.
Caminando hacia el frente, pagué por la tarjeta con un billete de cinco dólares y le dije al dueño que se quede con el cambio. Era un gesto irónico, considerando lo que estaba por hacer. Saliendo de la tienda, me fui a un lado del edificio y firmé la tarjeta. La guardé en la cintura de mis pantalones y esperé quince minutos. Durante ese tiempo, observé el frente, sacando mi arma y poniéndome la mascara de esquí. Ningún cliente vino a la tienda. Ningún coche pasó por la carretera. Todo estaba tranquilo.
Eran las nueve y media de la mañana cuando volví a entrar a la tienda y le robé.
