Esta historia es un fic inspirado en los personajes de Twilight la saga, por lo tanto el 90% de los personajes pertenece a la gran Stephenie Meyer. El 10% restante pertenece a ~hebringsmeback en conjunto con Camile W. Addams además de las ideas contenidas dentro de la historia. El hurto o plagio de este material es considerado delito según los parámetros de los pequeños derechos de autor que poseemos como las desquiciadas escritoras que somos.
N/A: ¡Ustedes si que saben hacerme feliz! Agradezco enormemente cada review y hablando muy seriamente, créanme, no lo esperaba. Para las personas que están interesadas en seguir la novela constantemente, hace un par de minutos actualicé mi perfil de usuario, publicando allí los días de actualización de la historia. Cualquier duda o sugerencia (como mencioné allí) será oportunamente recibida y respondida.
Ahora a lo que importa. Les dejo el capítulo tres de la historia, donde sucederán una serie de sucesos que harán que Bella se ofusque pero también ría a carcajadas con Edward. ¡Bien! Ya no mas palabras y ¡al capítulo!
{Bella}
Me quedé mirando nuestras manos juntas, mientras aun repasaba en mi mente sus palabras. El tenía razón, ahora ya no éramos dos completos extraños. Solté su mano y lo miré. Un leve sonrojo se estampó en mis mejillas.
"Esta bien, vamos". Pareció feliz y extraño al momento de ponerse a mi lado.
Como el no sabia a donde ir y a mi no me gustan las cosas caras, decidí que el mejor lugar para nuestra cena, sería el pollo Kentucky. Como amaba ese pollo krispy. Mejor que esa asquerosa comida plástico que venden en McDonald's. De sola recordarla me daba escalofríos. Edward al parecer lo notó.
"¿Tienes frio… tú?" Preguntó confundido, sin saber como llamarme. Entonces recordé que aún no me había presentado. ¡Tonta, Bella!
"Es Bella". Le dije con una sonrisa en mis labios ¿desde cuando me había vuelto tan… sonriente?
"¿Tienes frío, Bella?" retomó su pregunta, preocupado. Había una pequeña brisa y junto a mi pañuelo me las podía apañar bien. Edward ya había comenzado a sacarse su chaqueta de jeans, que caballero.
"¡Oh no!, nada de eso, solo he recordado algo… un poco asqueroso" dije haciendo una mueca ante el desagradable recuerdo. El asintió, sonrió y volvió a colocarse su chaqueta. Un pequeño sentimiento de desilusión me invadió, pero lo alejé lo más que pude. Porque el era solo un conocido. Y solo hacía esto para no sentirse culpable.
Llegamos al local y Edward me miró sorprendido, quizás no esperaba que yo lo llevara ahí, o quizás lo vio como un lugar muy… ¿infantil?, ¡pero vamos!, ¿quien en su sano criterio encontraría que el lugar donde venden las mejores alitas de pollo es infantil?
"¿Kentucky Fried Chicken?" preguntó un entusiasta Edward "¿Es que me estuviste googleando o algo parecido?" dijo con un tono de diversión y a la vez con un deje de verdad. ¿Enserio el creía eso?
"¡NO!" no pude evitar que mi voz saliera un poco chillona, desesperada, no quería que el me creyera una loca o una fan obsesionada, creo que Edward notó mi preocupación ya que enseguida agregó:
"Solo era una broma Bella, ¡Dios! Debí ser actor" se rió… y fue la mejor risa que he escuchado en mi vida. Cuando pude recuperar mi compostura y mi cerebro volvió a funcionar bien, me puse de la forma más seria que conocía y le dije:
"Si, debiste, porque lo de la fotografía no se te da muy bien" enarcó una ceja y pequeña sonrisa inundó sus labios.
"Eres buena" agrego regalándome un pequeño guiño, mientras me habría la puerta como un antiguo caballero.
Entramos al pequeño local, era agradable ya que no había mucha gente, aunque las pocas adolescentes que se encontraban dentro quedaron viendo a Edward con una cara de babosas que sentí por un leve segundo la necesidad de gruñirles y apartarlas. Pero mi sentido común me dijo que eso no sería correcto.
Pedimos nuestra comida y nos fuimos a sentar a una mesa que se encontraba cerca. Edward retiró la silla para que yo pudiera sentarme muy caballerosamente.
Ambos nos quedamos en silencio, yo jugaba con mis delgados dedos, mientras que Edward pasaba una mano por su cabello, '¿Nervioso?'
Traté de buscar dentro de mi cabeza algo inteligente que decir para romper el silencio pero nada coherente rondaba mi mente en esos instantes. Entonces, cuando algo finalmente había nacido en mi mente y había abierto mi boca para hablar apareció una chica alta, rubia, delgada y por sobre todo, guapa. Ella, al parecer ignorando mi presencia –o tratando de hacerlo- se apoyó sobre la mesa en la cual teníamos nuestras órdenes y cruzándose de piernas se volteó completamente a Edward, dándome la espalda.
"Hola guapo" habló, arruinando toda su belleza con una aguda y chillona voz.
"Hola." Contestó Edward, en un tono completamente diferente al que había estado empleando conmigo al conversar. Su voz era dura y fría. Incluso, sería capaz de decir que estaba un tanto molesto. "¿Te podemos ayudar en algo?" Preguntó él pasados algunos segundos, en los cuales, la chica no dejó de observarlo de una manera poco decorosa. Ella, dio un respingo al escuchar la pregunta.
"Pensé que estabas solo y decidí que podría hacerte compañía." Respondió en un tono muy insinuante e ignorando mí presencia una vez más. Esto no me estaba agradando. Para nada.
"Bien, agradezco tu… gentileza pero, no estoy solo".
"Oh." Por primera vez la chica con voz de gato en celos se volteó a verme, lo que no mejoró demasiado mi humor. Me observó de pies a cabeza para luego sonreír malignamente y volverse otra vez a Edward. "Tienes una hermana menor, que adorable."
¡¿Qué?!
"Ella no es mi hermana." Negó él, frunciendo el ceño. Yo ya estaba ofendida, tenía dieciséis años y ya no lucía como una niña de diez ¿o si?
"Por supuesto que no." Me auto incluí en la conversación inconscientemente. Algo no andaba bien conmigo hoy, definitivamente, no.
La rubia oxigenada se volteó a mi, incrédula. ¿Es que yo no tenía derecho a defenderme? La miré directamente a los ojos y le sonreí con sorna.
Edward posó una de sus manos en su cuello y aclaró su garganta para captar la atención de la rubia otra vez.
"Muy bien, ya todo aclarado; ¿Nos podrías dejar solos… por favor? Estamos en algo importante" Buscó mi mirada "¿no es así, amor?"
Mis ojos se abrieron, imposiblemente grandes, ¿Edward me había llamado… amor? De acuerdo, este estaba siendo el día mas extraño de toda mi extraña vida. Pero lo mas extraño aún, fue mi reacción.
"Definitivamente, cielo." Le seguí el juego, ¡Dios mío, le estaba siguiendo el juego!
Edward me lanzó una mirada agradecida para luego, deslizar su mano sobre la mía y acariciarla, suavemente. La chica dejó caer su mandíbula pesadamente. Su expresión fue algo impagable.
Ambos, -Edward y yo- sonreímos el uno al otro al ver a la gata en celos levantarse torpemente de la mesa y alejarse echando humos, de vuelta a su mesa. Lo siguiente fue inevitable; Edward y yo nos largamos a reír a mandíbula batiente al momento que calculamos que la chica ya se había alejado lo suficiente. Esta, había sido, claramente una de las situaciones mas bizarras y divertidas de mi vida. No lo olvidaría nunca.
Pasados los minutos, nuestras risas se fueron calmando hasta culminar solo en pequeñas sonrisas del uno hacia el otro, entonces, nos percatamos de que aun teníamos nuestras manos unidas. Con un notorio sonrojo en sus mejillas –y en las mías también- Edward separó velozmente su mano de la mía sin decir palabra alguna. No es que fuese necesario de todos modos.
"Eso fue… divertido."
"De todas maneras." Concordé comiendo una papa.
"Te lo agradezco" Dijo mientras metía un pedazo de alita dentro de su boca; casi escupí la bebida que estaba bebiendo.
"¿Hablas enserio? Soy yo quién debe agradecer, me haz regalado un momento inolvidable. Ha sido lo mas divertido que me ha pasado en días." Sonrió y asintió.
"Pero de cualquier forma, te lo agradezco." Suspiré y asentí mirando mi bandeja no muy de acuerdo con el pero me resigné.
Diez minutos mas tarde ya habíamos terminado de comer y discutido al momento de pagar. Por supuesto, él ganó la discusión, excusándose en que ya había hecho demasiado por él en la tarde y el solo me había dado disgustos. Como sea, decidí que no sería malo ceder alguna vez.
Como el chico caballeroso que Edward había demostrado ser, volvió a abrir la puerta del local para mí, esta vez, para salir.
"Y, ¿te ocurre muy seguido?" Comenté de la nada mientras caminábamos por la avenida, completamente iluminada por faroles redondos posicionados cada cierta cantidad de metros.
"¿El qué?" cuestionó verdaderamente confundido.
"Eso" Indiqué moviendo mis manos de un lado a otro en el aire, sin ningún sentido "deslumbrar a las chicas". Agregué finalmente un poco avergonzada.
"¿Deslumbro a las chicas?" Preguntó divertido alzando una de sus perfectas cejas.
"Creo que debí mantener mi boca cerrada." Suspiré hablando bajito. Edward rió, sacudiendo la cabeza y metiendo sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón. Encantador.
"¿Me vas a responder?"
"Pensé que el tema había quedado cerrado"
"Oh, no. Vamos dime, ¿deslumbro a las chicas?" Volvió a reír.
"De verdad no sé que es lo que te causa tanta gracia." Le dije frunciendo el ceño. Entornó sus ojos.
"No cambies el tema, Bella."
"No he cambiado nada." Me miró fijamente. "Ugh, está bien. Creo que si, pero, no te creas demasiado, eh. Es solo una apreciación, nada más." Le deje bien en claro. No pretendía subirle el ego al chico.
"¿Te deslumbro a ti?" Inquirió pasando por alto mi comentario. ¿Enserio le interesaba si me deslumbraba a mí?
"Claro que no." Le respondí, no muy segura. "Ya te dije que era solo una apreciación."
"Pero si es una apreciación, quiere decir que lo piensas. Crees que si deslumbro a las chicas y por lo tanto, a ti también." Concluyó sonriendo abiertamente.
"¿Te habían dicho lo molesto que eres?"
"Un par de veces". Aseguró sonriendo abiertamente.
"Eres insufrible, Edward Cullen." Me quejé dejando ver mi molestia, lo que solo lo hizo volver a reír, ¿acaso Edward era un estúpido que no dejaba de deslumbrar a toda hora con su melodiosa risa? ¡Oh-oh!
"Eres simpática. Me agradas ¿sabes?"
"¿Qué?" pregunté sacudiendo la cabeza, no tenía idea de lo que había dicho.
"Que… me agradas, mucho."
"Oh."
Exactamente una 'O' se había formado en mi boca. Una perfecta y gorda 'o' de sorpresa. Edward agachó su cabeza y pegó la vista al suelo, acción que yo también realicé al instante de sentir mis mejillas hervir.
La conversación que hasta hace un momento había estado fluyendo, de un segundo a otro colapsó, y el silencio volvió a reinar. No tenía ni la más mínima idea de que decir o como actuar, ni siquiera sabía hacia donde íbamos.
Tratando de hacer mi mejor esfuerzo y poder despejar mi mente alcé mi rostro y me percaté de hacia donde nos dirigíamos. Mis pies, inconscientemente, me dirigían por mi típico recorrido diario: mi camino de regreso a casa.
Estaba totalmente confundida, no sabía que hacer, quería que Edward rompiese el silencio con alguna de sus bromas o siquiera, quería poder ser capaz de articular alguna palabra para despedirme de él pero no había forma de que lo hiciera. Y, lo más gracioso era que él, me seguía sin siquiera preguntarse donde diablos lo estaba llevando. Una loca idea cruzó por mi cabeza en aquél instante.
"Y, ¿Dónde me llevas pequeña psicópata? ¿Me pretendes conducir a tu guarida secreta para torturarme y atentar contra mi… virilidad?"
No sabía que era lo que más me había molestado; Edward llevando a una oración mi loco pensamiento, Edward insinuando que era una psicópata que quería hacer… 'cosas' con él o simplemente era el hecho de que me había tratado de pequeña. ¡Oh bingo! Si, era eso, no podía soportar que me tratasen como una niña, yo ya no lo era, ya era totalmente capaz de cuidarme por mi misma pero, en mi fuero interno conocía que, esa no era la principal razón por la que me molestaba que Edward me tratase de pequeña. No claro que no, si hubiese sido otra persona no te hubiese importando tanto Isabella Swan, esto era diferente. Te molestaba que él pensase que eras pequeña. ¡Maldita conciencia!
"¿Con quién crees que estás tratando?" le dije indignada. "Yo solo… solo estoy yendo a casa, tu… deberías hacer lo mismo." Le dije un poco insegura. Y no sabía de qué o por qué.
"¿Me estás pidiendo que me vaya?" Preguntó incrédulo.
"No te lo pido, te lo ordeno. Acepto que fue una gran tarde pero… las niñas buenas a esta hora ya estamos en casa." Le comenté a la vez que sacaba de mi bolso mi celular, comprobando lo tarde que era. ¡Cuán rápido se me había pasado el tiempo junto a Edward!
"Entonces quizás nos encontramos ante una mala niña" Murmuró en una voz divertida y susurrada. No sabía cuales eran sus intenciones al provocarme pero claramente lo lograba y de que manera.
"¡Te he oído, Edward!" Le reproché apuntándole con el dedo índice.
"Bien, esa era la idea." Contestó estallando en risas. Si el creía que yo sería su bufón personal estaba bastante equivocado.
"Ugh"
"¡Bella! ¿Dónde vas?" Gritó tras mi espalda después de haberle pasado caminando rápido. No tenía intenciones de discutir con nadie. Menos con él.
"¡A casa!" Respondí reprimiendo un gruñido. ¿No podía quedarme callada y ya? ¿Por qué rayos, seguía respondiéndole?
"Hey, espera." Pidió volviendo a interponerse en mi camino, tal como lo había hecho en la tarde en la exposición. "No te vayas así. Lo hemos pasado muy bien para que ahora terminemos… de esta manera." Suspiré derrotada.
"Estoy de acuerdo." Sonrió perturbadoramente. "Ha sido una muy linda tarde, fue un gusto conocerte y adiós. Ahora, ¿me permites seguir caminando por favor?" Agachó la cabeza y luego de meditar un poco se apartó. Y en vez de sentir lo que debería haber sentido –que era alivio- me sentí un poco desilusionada, pensaba que quizás solo quizás…
Volví a rearmar mi interrumpido rumbo a casa sacudiendo la cabeza. Podía sentirlo, el seguía allí deslizándose suavemente detrás de mí algo así como un guardaespaldas. Se sentía bien, demasiado para mi gusto.
"¿Por cuánto tiempo mas continuarás siguiendo mis pasos, Edward?" Le desafié sin siquiera mirar atrás al hablarle, solo manteniendo mi flojo andar.
"No te sigo, solo camino." Se defendió sonando un poco infantil, hecho que me hizo reír levemente. Sonaba como un tierno niño de seis años.
"Hmm, de acuerdo." Mascullé fingiendo desinterés. Entonces, le oí bufar y detenerse.
"Esta bien, lo admito; si te sigo" Me detuve y me volteé a el riendo y con una ceja levantada, de la misma manera que la alzaba él. Claro está, que el se veía mil veces mejor. Su expresión me pareció de lo más divertida, aún mantenía ese tono infantil impregnado en su voz, situación que sumada a sus manos alzadas en señal de rendición me hicieron reír a mas no poder. "Esto debe ser el karma. Así que Alice…"
"¿Karma?"
"Oh, borra eso de tu memoria". Sonreí. "Lo que estaba diciendo es que, lo acepto, si te sigo." Asentí. "Pero, no lo hago por ser un loco psicópata es que…"
"Es que, qué." Le apremié al no escuchar la continuación de la frase.
"Esta ya muy oscuro, es muy tarde y… no me gustaría que te pasase algo malo."
Oh, y allí estaba otra vez, ese sentimiento que había vislumbrado en su mirar cuando me ofreció gentilmente su chaqueta; preocupación. Sin haber algún motivo en especial o concreto, yo, Bella, le preocupaba a Edward y eso, eso era algo totalmente… lindo.
"¿Yo te preocupo?" Hablé. Incrédula.
"Eh… si." Asintió afirmando sus susurradas palabras.
"Oh, Dios. Pero eso es ilógico. Tan solo nos conocemos hace un par de horas."
"Lo sé. Yo no escojo de quién preocuparme, Bella. Solo… lo hago y ya."
"¡Vaya!"
"Vaya…" Suspiró con alguna extraña emoción en sus verdes ojos. Fue recién allí cuando me percaté de la diferencia entre sus verdes ojos y los cientos de ojos verdes que vi en mi vida. No había visto ojos más hermosos, y era hora de aceptar que tampoco había visto un chico más hermoso en mi joven vida.
"Hmm, pues bien. Agradezco tu gesto pero no es necesario que-"
"No puedes decir que no, Bella. Acaso no es una tentadora oferta ir acompañada hasta casa de un lindo y talentoso chico, eh?" Me carcajeé.
"¿No crees que la recomendación viene de muy cerca?"
"Tonterías, ¡por supuesto que no! Además, debes aceptar, no puedes dejarme solo aquí, eres la única persona que no me ha agobiado en todo el día con preguntas extravagantes, eres mi única amiga en Seattle, pequeña cascarrabias. No te dejaré ir así como así."
Bufé molesta una vez más por el 'pequeña' pero decidí no tomarlo más en cuenta.
"Eres todo un caso, Cullen."
…
Fue un divertido camino a casa.
Este bien, eso se quedaba corto. Fue algo grandioso. No paré ningún momento de reírme y si alguna vez lo hice fue, simplemente, para poder respirar. ¿Dónde se había metido Edward todo este tiempo?
Hmmm… talvez estaba metido en su trabajo o interesado en su linda novia.
Novia. ¡Maldita sea! Había pasado toda la maldita tarde tratando de negar lo atractivo que encontraba a Edward –y en todo el sentido de la palabra- y cuando finalmente asumía que así era, me vine a topar con aquel detalle.
Novia. ¡Que chica mas afortunada debe ser! Si, afortunada y hermosa. ¿Por qué todo lo bueno ya había sido encontrado por otra persona? Bendita mi suerte.
"¿Qué sucede?" Preguntó la aterciopelada voz. Alcé mi mirada para encontrarme con la del chico deslumbrante.
"No es nada." Me detuve y el también lo hizo.
"¿Nada? Nadie se pone así por nada" Me indicó deslizando suavemente su mano por mi brazo derecho. Algo en mi, se encendió con su tacto.
"Así ¿Cómo?" Hablé tratando de no pensar en su mano subiendo y bajando por mi brazo.
"Así, triste como tu lo estás."
"No sabía que eras leedor de emociones."
"No los soy. Pero tu eres demasiado transparente, eres una niña muy pura ¿sabías?"
Niña. Si, una niña. Ya lo tenía claro.
"Claro." Suspiré y miré hacia mi lado, evitando su mirada. "Ya hemos llegado, tan solo falta una cuadra para llegar a mi casa. Creo que desde aquí ya puedo sola." Sonreí lo más natural que pude. Traté de hacerlo. "En la otra esquina hay una cabina telefónica para que pidas un taxi, así no tienes que volverte solo a tu Hotel o donde sea que te hospedes. Fue un gusto conocerte, Edward. Lo digo enserio"
"Si, por supuesto." Suspiró. "¿Algún día te volveré a ver, pequeña conocida?"
"Quien sabe. El destino lo dirá." Cerré mis ojos para concentrarme en lo que venía. Sabía muy bien que no existían muchas posibilidades de volver a verlo así que… decidí que si no lo hacía ahora, no lo haría nunca.
Abrí mis ojos lentamente y para cuando lo hice tenía a Edward, demasiado cerca. Bien, eso era perfecto. Con agilidad, me paré en la punta de mis pies y sumamente lento me acerqué a su rostro para hacer, lo que nunca me creería capaz. Lo besé.
Un suave, corto, amigable y cálido beso en los labios más dulces de la historia de los labios dulces. Y aunque no había tenido una experiencia previa, lo sabía.
Lo besé castamente, no insinuando nada más que, eso. Un beso, una despedida. Edward estaba completamente helado y no lo culpaba. No era algo que se esperase, de hecho, yo no lo esperaba. Pero de todos modos lo hice. Y no me arrepiento, en lo absoluto.
Me separé de él suave, para ver sus ojos grandes y brillosos, estaba pasmado y se veía adorable. Sonreí triunfante, y alzando mi mentón, le dije:
"Que te quede claro Edward, yo, una niña… no soy."
Una historia se alimenta de opiniones... ¿Me regalarías la tuya? La distancia es corta; solo un click en el botón con letras verdes :}
