Capitulo IV

Furia.

Aoshi recupero finalmente la conciencia, el cuerpo le dolía pero al menos sentía un alivio; el haber dejado la fiebre atrás. Extrañamente calmo, fuera lo que fuera que le hubieran dado a beber, no había sido veneno.

Observó a su alrededor y vio a una niña de unos once años dormida en un rincón de la habitación, el lugar hedía a humedad y encierro. Quiso ir al ventanal pero al tratar de levantarse, toda la habitación giró y se vino bruscamente al suelo, despertando a la niña; esta se desesperezo y le sonrió con gesto inocente para luego colocarse de pie y salir de la habitación presurosa. Por lo que Aoshi notó aún nevaba, aunque no con fuerza, aquello le indicó que tal vez no llevaba tanto tiempo inconsciente ¿Necesitarían aún su ayuda?

Pronto todo el grupo familiar que residía en aquella cabaña vino a verle. Un anciano y dos mujeres que parecían ser, su esposa e hija, más un chico de unos quince años y la niña que había resguardado su sueño.

— Nobuo-san — dijo el anciano adentrándose en la habitación — ¿Cómo se siente?

— ¿Nobuo? — repitió Aoshi, todos asintieron, recordó entonces su sueño — ¿Cuánto he dormido? — preguntó finalmente, el anciano se adelantó hacia él.

— Dos días — Aoshi sacó automáticamente la cuenta, entonces una densa desesperación; la de verse tan retrasado, obró inmediatamente en él. La sola idea de que ya era demasiado tarde le hacía reprocharse una y otra vez el haber salido de Kyoto, quiso con rapidez buscar su ropa bajo la atenta mirada de todos, pero nuevamente cayó al suelo. Al ver aquello, todos acudieron a ayudarle, mas el anciano lo evitó, señalándole a todos que se retiraran de la habitación, menos al muchacho, Aoshi se apoyó en este mientras el anciano le alcanzaba la ropa.

— Deberías descansar señor… — le dijo

— No puedo… — contestó Aoshi secamente

— Aún estás débil…

— Lo sé… — Aoshi no le miró, pero el anciano hizo un mohín de preocupación

— En el estado en que se encuentra poco y nada lograra hacer, si es que puede llegar a su destino — solo entonces Shinomori reparó en él, tenía a la amarga verdad de su parte, pero no podía esperar más, ya era demasiado el tiempo que había perdido — Al menos coma algo, le servirá para recuperar sus fuerzas — no era mala idea, ya se había golpeado dos veces por solo tratar de colocarse de pie y llevaba todos esos días sin comer, miró al viejo y solo dijo

— Muchas gracias

ŒΩŒ

La batalla entre Ichikawa y la mujer se extendió tanto que este muchas veces dudo que fuera una mujer quién se encontraba frente a él. Ahora entendía como es que había escapado, si la mitad de los hombres que le siguieran eran como ella, dudó que el grupo de Kaneshiro – enviado de Kaede y a quién él obedecía- fuera capaz de hacer algo, aquella idea se vio reforzada por el barrido que la mujer le propinó, trató de caer suavemente, pero luego se vio golpeado contra el suelo, cuando un peso, imagino que ella, le azotó con fuerza estrellándole contra el suelo. La mujer dio un salto hacia atrás y sin miramiento alguno, aprovechando que el muchacho se encontraba de espaldas, lanzó su wakizaki, dispuesta a matarle, mas nuevamente vio todo interrumpido, dos barras metálicas golpearon con fuerza, a ella y a la espada. Rápidamente Midori, se llevó una mano a la frente, farfullo al notar que manaba el líquido rojo, se incorporo rápidamente y miró al anciano, su atacante.

— Te habías demorado... — dijo ella con gesto de contenida furia

— Estaba arreglando el desastre que has traído… ¿Qué haces acá? — preguntó Okina enojado

— ¿Que no es obvio? Vengo por Aoshi

— El jamás se unirá a tu grupo de traidores…

— No deberías de hablar por él…— dijo ella aguzando la vista — no te interpongas Okina…

— No me dejas otra opción…

— Te estás arriesgando mucho…

— ¿Qué piensas hacer? Matarme como lo hiciste con Okotsu — aquello pareció encender a la mujer quién hasta ese momento se había mantenido calma, atacó sin previo aviso a gran velocidad, Okina antepuso una de sus barras y esta chocó con la kunai que la mujer esgrimía.

— Tal vez… no sería una mala idea

— ¿Por qué lo hiciste? — preguntó, nuevamente, Okina con extraño tono

— Yo no lo hice — contesto fríamente ella – Dime de una vez Nenji ¿Donde esta Aoshi? O arrasaré con todo y tu grupo de guardianes

— Tenemos la orden de detenerte — la mujer miró al chico, y dejó de forcejar con el anciano

— No lo intentes…

— Aún tienes tiempo para redimirte... ¿Mataste a Okotsu? — un silencio tenso, se hizo palpable, Okina se sentía presionado, no solo por este enfrentamiento si no por la batalla en general, entonces Kaneshi, emitió un grueso sonido de molestia.

— ¿Qué es esto Okina –sama?.. ¡Sus ordenes ya fueron dichas, debe detenerla, ya es tarde para redimirla!.. ¡Esta mujer fue acusada de asesinato y debe pagar por ello!

— Silencio muchacho — ordenó el anciano al notar que la mujer fijaba la vista en Kaneshi

— No tengo tiempo para esto — dijo ella, enfriando su gesto y a la vez las ganas de partirle la cara al chico — si no me das una respuesta…

— ¡No te temo Midori! — exclamo Okina - ¡No puedes amenazarme como si fuera cualquier niño!

— ¡Tienes que pensarle mejor viejo, tienes a mucha gente dependiendo de ti! — retó la mujer al anciano. Okina volteó la vista y miró a Misao inconsciente.

— ¿Qué estás haciendo? — preguntó finalmente él, guardando el tono y empuñando con fuerza sus armas — Te estás perdiendo Midori…

Misao pestañeo, recuperando la conciencia, miró la escena y vio a Okina y Kaneshi, no podía creer que esa bruja hubiera sido tan efectiva al anularla, la batalla en el Aoya continuaba pero había perdido fuerza, así como el fuego parecía haber sido controlado. Misao la maldijo nuevamente cuando supuso que eso se debía a las bajas en los soldados de ambos bandos. La mujer continuaba erguida, Kaneshi, lucía cansado y Okina muy apesumbrado.

— No necesito tus consejos ahora, si no piensas detenerme entonces me ayudaras…

— ¡¿Mataste a Okotsu o no? — gritó Okina finalmente, todo cesó en aquél momento. Y solo entonces Midori pareció reaccionar, era como si le hubieran llamado la atención a un niño, al menos así lo vio Misao, ya atrapada no pudo menos que bajar su guardia y contestar.

— Yo no lo maté… fue Kaede… — bajo entonces la vista y cerró los ojos con pesar —… ese cerdo….

— ¿Y por que te esta buscando a ti? — continuó Okina

— Okotsu iba a deshacerse de él… Kaede, estaba vendiendo a los jóvenes espías al gobierno… Okotsu lo supo...

— ¡Eso es mentira! — gritó Kaneshi — Kaede- sama, era la mano derecha de Okotsu- sama, él jamás nos traicionaría… ¡No solo te deleitas en separarnos si no que ahora ofendes al señor Kaede! —

— ¡Silencio niño! — contestó ella — no sabes nada… no sabes lo que he visto… — la mujer miró entonces a Okina, él único que parecía escuchar su verdad y continuó – Estuve en Inglaterra; Seichi y Naota murieron ejecutados por el gobierno local, al ser abandonados por este gobierno, estaban cumpliendo una misión que Kaede les encomendó y los abandonaron, no fueron los únicos… los están preparando como mercenarios para apoyar a un gobierno que los desprecia…

Kaneshi escuchaba todo tan atónito como enfurecido, quizás no era el más hábil ni fuerte de los miembros del Oniwabanshu, pero conocía el honor de estos, además Kaede había sido su maestro, le conocía y moriría por él si era necesario, no podía permitir que esta víbora envenenara al resto en contra de su maestro, Okina le había decepcionado, el que solo confiara en una palabra de lo que ella le decía hablaba muy mal de él, tendría que eliminarlos a todos. No podía dejar rastro de esta traición.

— Te mataré… — susurró de manera casi imperceptible — ¡Perra! — gritó, al momento que se lanzó contra ambos, sin que Okina o Misao pudieran detenerle, en aquél lapso fue capaz de coger la wakizaki de Midori, golpeó primero con la derecha, pero ella retrocedió y esquivo, luego giró la espada, preparándose para atravesarla por el estómago, rasgo el Obi de la mujer y lo aprisionó contra la pared junto a ella. Midori prefirió perder la prenda al momento en que una intensa furia la carcomía, para Misao y Okina fue como ver nuevamente a Aoshi cegado por el rencor, el gesto de sus ojos se había vuelto frío, era el síntoma de los asesinos "redimidos" aunque en el caso de Midori ella aún no abandonaba su "oficio". Cogió la espada con rapidez, apuntando el mango hacia el cuello del muchacho, la sacó de la pared con fuerza golpeándolo y dejándole sin aire, el segundo movimiento iba a cortarle la cabeza, pero nuevamente Okina interrumpió.

— Aún es muy joven Midori — dijo con tono suave cerca de su oído, la respiración de esta era agitada y solo pareció enfriarse cuando el anciano le contuvo

— No me da muchas opciones — Misao notó todo aquello, si Okina era capaz de calmarla de esa manera significaba que existía algo más entre ellos, ¿Qué sería? Ichikawa se quedó en el suelo, tratando de recuperar la respiración.

— Traidores… — dijo para si, nuevamente de manera casi imperceptible. Misao procedió a colocarse de pie aún bastante mareada, alzó la vista y ahí continuaban Okina con la mujer.

— ¿Dónde esta Aoshi? — preguntó nuevamente

— Con todo lo que ha ocurrido, sabes muy bien que no te lo puedo decir…

— Te estás equivocando viejo, con todo lo ocurrido es posible que estén más cerca de matarlo — aún dichas estas palabras, que impresionaron tanto al anciano como a Misao. Okina no se atrevió a soltarla, la experiencia le decía que en cualquier momento podrían perder al muchacho.

— Creo que olvidas que hablas de Aoshi... — dijo él

— Olvidas que es el Oniwabanshu… — Okina cerró los ojos rogando por que él estuviera bien.

— ¿Qué ocurrió Midori? — preguntó finalmente el anciano, pareció todo calmarse nuevamente, ella dejó de ejercer presión contra Okina y este le soltó, entonces bajo la vista y dijo:

— Kaede nos ha traicionado, mató a Nibuya y abandono a nuestros hombres para cedérselos al gobierno — Okina frunció el ceño asustado y molesto

— Eso… eso no puede ser...— Midori alzó la vista para fijarla en el anciano una vez más, Misao lo notó y de la nada un abismo gigantesco apareció entre los dos soldados que eran ella y Kaneshi, al lado de lo que era Okina y aquella mujer, sus ojos solo hablaban de un rencor frío y endurecido por la decepción y la ira, continuó Matsuzawa entonces — Kaede irá tras Aoshi para matarlo, hizo lo mismo con Kenta y Souji, ahora esta detrás de mi y lo más probable si no cooperas, es que te mate a ti y a los tuyos — miró nuevamente, por sobre el hombro del anciano al muchacho — puedes tratar de detenerme… pero corres el mismo riesgo— entonces Okina le soltó.

Pensando más que nada en los sucesos relatados por la mujer, su amenaza de momento no le intimidaba, todo aquello tomaba un ribete tan pernicioso como nocivo; la revuelta, la traición de Kaede o de Midori, el que se cedieran hombres por dinero, que se les abandonara, que se beneficiaran de ello, con el permiso de los propios jefes. Nadie lo hubiera tolerado nunca, entonces todas esas ideas fueron arrebatadas de la nada cuando escucho.

— ¡Estás mintiendo perra!

— ¡No! — gritó Misao o eso alcanzó a escuchar Okina, antes de ser empujado al suelo con fuerza.

ŒΩŒ

Los llantos de la niña, salieron trepidando por todas las aberturas de la habitación, era cierto que Nanaka le había dicho que no entrara a la habitación, que le esperara fuera, pero la urgencia de esos grititos no ayudaban a su obediencia, por alguna razón se le imagino Ujio, sufriendo y aquello solo le apresuró más en atravesar la gruesa puerta y ver que era lo que los provocaba. Nanaka demoraría algunos minutos más en volver, ¿Qué malo podría pasar?

Dos horas después los azotes impartidos en sus pequeños brazos, por el mismo Nobuo, le ardían con una fuerza extraña, que le carcomía el corazón. Llevaba mucho rato en aquello posición y lo más probable es que estuviera hasta la noche así. Desde ahí vio pasar al cortejo fúnebre de la mujer y su hijo, de momento habiendo sido victima de semejante injusticia poco y nada le importaba lo que ocurriera con la familia de Nariaki-sama, hasta el podía morirse si quería, vio entonces a uno de sus hijos, él que había sobrevivido al ataque y sus dos hijos. Noriyuki, se llamaba con el que se había peleado, Natsuko ella, ambos sujetos a cada mano, él no le miró mientras que ella, trataba escondiendo el rostro de desviar la vista hacia él ¿Qué edad tendrían? Era cierto que Noriyuki debía de tener uno o dos años más, Natsuko era menor que él, de eso estaba seguro.

De todas maneras a esas alturas Aoshi estaba tan enfadado que difícilmente pensó en la pena que debían de estar sintiendo. Habiéndose criados sin padres, no quería ni le interesaba nada más que su propio dolor, el haber sido golpeado tan duramente por Nobuo-san le hizo sentir una pena que no conocía, no era el dolor físico, a su gusto era más parecido a una traición, Nobuo-san era más leal a esa familia que a él.

Cuando comenzó a oscurecer Nanaka le trajo comida

Nobuo –san esta muy enfadado contigo Aoshi no contestó también lo estoy yo Aoshi solo guardó silencio

¿No tienes nada que decir? espetó ella, solo entonces el chico le miró

¿Cómo esta Ujio-Chan? Nanaka bajó la vista, molesta y al mismo tiempo alegre, dio un suspiro y contestó

Bien, baja eso le ayudó con los baldes de agua, Aoshi resintió los hombros, pero no dijo nada, bebió y comió en silencio, Nanaka se acercó a él y le limpio el rostroBuena paliza ¿no? El chico nuevamente guardo silencio si quieres puedo hablar con Nobuo-san para que minimice el castigo… Aoshi la observó fijamente, cogió los dos baldes con agua y nuevamente los alzó

Gracias dijo despidiéndose y se volteó dándole la espalda a la mujer

¿Estás cansado? aquellas palabras le despertaron como si hubiera sonado un juicio en su contra, no solo no había visto a la niña acercarse, si no que fue sorprendido con la "guardia baja", apoyado contra el pilar de madera, con los brazos caídos y los ojos cerrados ¡Durmiendo! Frente a él estaba Natsuko-sama, nieta de Nariaki- sama, el miembro más joven del Mito de la familia Tokugawa, sobrina del Shogun y la niña que defendiera en la mañana, por la cual se había trabado a golpes con Noriyuki- sama, nieto de Nariaki – sama, el varón más joven del Mito de la familia Tokugawa, sobrino del Shogun.

"Mierda, mierda, mierda"

Ya era de noche ¿Qué hacia ella ahí? Aoshi le miró con extrañeza a la vez que reverencia y miedo, finalmente por su causa había recibido aquella paliza y castigo, la chica agachó la cabeza y dijo:

Gomen… por lo de Noriyuki-san, él nunca hace esas cosas… aquello si que le pareció inaudito, no solo se cometían injusticias e impartían castigos en nombre de aquél chico si no que también se daban disculpas, si tan solo el tuviera aquél poder…pensó con rencor. Aún así en lo que había visto, resultaban ser niños muy crueles, Nanaka, Nobuo-san ni Ujio-Chan serían felices si él fuera así, entonces desechó la idea de querer ser como ellos. Nuevamente guardó silencio y no dijo nada, pues fuera del resentimiento, entendía que no debía de involucrarse con los niños del castillo, miró nuevamente la luna, estaba alta, al menos era verano, en invierno no hubiera soportado aquél castigo, miró a la niña y dijo:

Es muy tarde para que este levantada Natsuko-sama la chica también fijó su vista en la luna

Lo sé contestó

Si la encuentran acá le regañaran

¿Tienes miedo a que te castiguen de nuevo? Aoshi sintió una punzada en su orgullo, jamás en el tiempo que llevaba en el castillo se había quejado, no lo hizo al recibir aquél castigo aún cuando fuera una injusticia ¡Y esta niña venía a llamarle miedoso! Hizo un gesto de disgusto y desvió la vista, ofendido.

No contestó secamente.

Gomen se disculpó nuevamente la niña te traje esto agregó, dejando a los pies del chico un tazón de arroz, pan y agua. Aoshi se sintió aún más herido en su orgullo, desvío nuevamente la vista frunciendo el ceñoSé que tienes hambre — afirmó ella.

No es necesario, no lo necesito

Claro que sí, te estuve observando todo el día, solo comiste en la tarde

Gracias a ustedes contestó por primera vez con tono enojado, entonces la muchacha reacciono de manera inesperada, sonrió cabizbaja y en un extraño gesto de disculpa extendió los brazos con sus obsequios hacia él. Lo siguiente lo desarmó de una extraña manera y se vio impedido a negarse

Por favor suplicó ella con tono entre inocente y somnoliento ¿Me perdonas Aoshi-san? la chica sabía su nombre y no solo eso, le trataba como a un igual, además le resultó grato, ver aquella figura recogida en un tranquilo gesto de culpabilidad para reclamar su perdón, llevaba un pijama blanco y con el cabello oscuro, le recordó a las muñecas que pululaban la habitación en la cual les habían encerrado en la mañana, además de un extraño brillo en los ojos que llamó su atención. Agradeció que fuera de noche, así no se notaria el rubor que le cubría las mejillas, mas debía de mantener la compostura, no fuera una trampa, como la de la mañana.

No es necesario Natusko-sama dijo ya más tranquilo, la chica hizo un puchero de decepción.

Al menos coge lo que te he traído... Aoshi dio un suspiro

Esta bien inmediatamente una sonrisa iluminó el rostro de la niña, Aoshi dejo los baldes en el suelo y se sentó a comer, no quería admitirlo pero el hambre le rompía el estómago, así que devoró hasta el último grano atragantándose en el clásico sabor del gohan y el líquido que le trajeran para refrescarse.

Cuando terminó, ella le observaba absorta, como si nunca antes hubiera visto a un niño comer, Aoshi le miró algo avergonzado.

¿Quieres más? preguntó ella, él negó con la cabeza, no es que estuviera satisfecho, pero supuso que seria un grave error el pedir más, se colocó de pie y solemnemente dijo

Es hora de que se marche

Oh... Si, lo siento Aoshi cogió nuevamente los baldes con agua y volvió a su posición, la niña camino unos pasos y luego se detuvo volteándose Tengo otro obsequio – dijo, Aoshi negó con la cabeza

No es necesario, Natsuko-sama ya ha hecho… el frío cálido le recorrió desde los pies hasta la cabeza, quedo absorto y sorprendido, inmovilizado completamente, sintió como las piernas obligadas por los nervios comenzaban a temblar.

Yo arreglaré todo esto dijo ella, pero Aoshi no le escuchó, todos esos segundos desaparecieron de su vida cuando reaccionó debió dejar los baldes en el suelo, ella, en tanto, ya había desaparecido.