Lazos de Odio 2: El Reencuentro
Personajes Katekyo Hitman Reborn © Akira Amano
¡Ciao a todos! Lol es increíble la cantidad de lecturas de las historias en total y cada uno de sus comentarios; A todos muchas gracias por estar con esta lectura y que por cierto han llegado a esta segunda parte para ver el Haru Tsuna aunque tendré que pensar en la familia Vongola independientemente de todo lo que sucede con mi pareja favorita de Katekyo, aun así estoy orgullosa de ver cuantos más se unen a esta historia…
¡Bueno a leer se dijo!
Capítulo 4:
–Entonces es cierto, ¿No? –Comento Tsunayoshi mientras se dejaba caer en el sillón frente a Yamamoto quien lo miraba impasible, aun con el leve hilo de sangre emanando de sus labios después del golpe en su boca–Dime… ¿Porque?
Los ojos entrecerrados de Yamamoto junto a su tranquilidad lo dejaban aún más inmovilizado y enojado. No habia dicho nada desde que habia entrado y le habia invitado a tomar asiento frente a su escritorio, mientras él tomaba una copa de coñac desde que habia visto los datos…
Habia pedido que viniera urgente, que no le interrumpiesen y ¿Para qué? Para solo verlo allí delante suyo con su rostro serio mientras lanzaba una por una las pruebas de su dolor, de su traición y solo verle sin un leve atisbo de sorpresa…Eso aún lo enojo más ¿acaso sabia porque lo habia llamado?
Le golpeo el rostro y dejando ahora una rojiza mancha sobre su mejilla, Yamamoto sostuvo su otra mano para que no siguiera. Yamamoto de pie frente a él, solo lo miro con un terrible dolor e ira que provoco sorpresa en él. ¿Porque? ¿Acaso el ofendido no era él?
– ¡Dime, Entonces! ¡¿Porque?! –exclamo Tsunayoshi, ahora llevándose las manos a la cabeza y lágrimas atenazando su rostro mientras el pelinegro sentado ahora lo miraba mientras acariciaba su mentón.
Se escuchaba la respiración de Yamamoto en el silencio y este se levantó de su asiento.
–Ella me lo pidió así–comento el pelinegro sacándolo de su silencio, mirándolo fijamente mientras su rostro se tornaba cruel y despiadado a los ojos de Tsuna– ¿Crees que ella no merecía saber la verdad?
Tsuna lo miro con los ojos abiertos de par en par. Ahora Yamamoto frente a él, lleno de ira una que nunca habia visto a excepción de una vez y eso habia sido consecuente a la muerte de su esposa.
–Tsuna, ella estaba triste y crees que al ver a su padre junto a su esposo hablando de un chantaje a costa de quien, ¿De ella? ¿De su matrimonio? –replico–No, era su vida, sus recuerdos con los que ustedes jugaban. Acepte que la mantuvieras en la ignorancia desde el principio y fue un grave error, porque después al recordar todo supo entonces cuanto la habías hecho sufrir…
El silencio lleno la estancia y un suspiro salió del pelinegro.
– ¿Acaso cuando Reborn te decía que te esperaba en Mafialandia durante tus vacaciones, imagino que le fallarías? –Comento mientras se pasaba una mano por el cabello negro–Bien he tenido que verte aquí, siendo implacable contra todos y contra todo, ¿No tenías acaso sed de venganza por ella? Y, ¿Creíste que te la entregaría en bandeja de plata para hacerle daño? ¡Jesús! No digo más porque no podría, Tsuna. Y bien sabe Dios porque lo hice, pero has tenido las oportunidades para verle y las has desperdiciado…
Se colocó de pie, y dirigiéndose a la puerta un brazo atenazo su salida.
– ¿Y no tenía derecho a saberlo? ¿Era acaso merecedor de tal ignorancia?–Comento en un hilo de voz–Tú sabes lo que he vivido al cerrar mi corazón, ¡Tu más que nadie!
–Lo sé, Tsuna–comento llevando su mano al hombro tranquilo–Pero ella ha estado esperándote y nunca llegaste, puedes verla ¿No? Después de todo sé que Fuuta es un excelente investigador…por ahora dejémoslo así.
Tsuna le soltó y mientras Yamamoto sonrío se alejó en dirección a la puerta.
–Yamamoto–comento Tsuna colocándose de pie– ¿Puedo hablar con ella?
–Ten–comento lanzando un juego de llaves desde el bolsillo de su saco negro– ¿Recuerdas tu antiguo hogar en Namimori?
Tsunayoshi asintió, el pelinegro sonrío mirándole de soslayo mientras salía de la oficina. ¿Qué habia sido eso? Pensó Tsunayoshi al ver aquella sonrisa tranquila de su amigo, a pesar de todos los reclamos y el golpe aun lo consideraba… ¿Porque?
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– ¿Listo, Caro?–comento Haru mientras Giotto bajaba por las escaleras mientras llevaba a un lado la mochila negra y acercándose a ella–Afuera está esperándote, Reborn.
–Bien, mama–comento el mientras la estrechaba entre sus brazos y la miraba con sus ojos castaño–Y tú, ¿vendrás con nosotros?
–No, debo trabajar un poco–contesto Haru mientras le besaba en la mejilla, y luego le entregaba una caja de Ben-To a él y a Uigetsu que se acercó al igual que su hijo a despedirse, dándole un abrazo–Y, sé que con Reborn no debo preocuparme por ti.
–Claro, no es por mi bien sino por el tuyo–comento sonriente, con sus ojos fijos en su madre que era un poco más alta que él. mientras ella lo miraba dulcemente
–Oye, No se les olvide a ambos llamarme esta noche–rogo ella mientras ellos asentían y se colocaban los zapatos–Espero no hagan alguna locura ¿Bene?
–Bien, Mama–comento Uigetsu sonriente, mientras Giotto asintió con el rostro–Lo cuidare como el pequeño hermano que es.
–Te traeremos un recordatorio–comento Reborn desde atrás y oculto debajo de su sombrero–, Ya es hora de irnos.
Los chicos se despidieron y salieron al auto negro que los esperaba afuera. Reborn hizo una leve inclinación cortes con la cabeza a Haru, como todo caballero italiano.
–El vendrá hoy a Namimori ¿Lo sabes? –comento Reborn mientras salía por la puerta y la miraba de soslayo– ¿Qué harás?
Ella sonrío.
–Esperarlo, Reborn. Nada más–comento mientras se calzaba los zapatos y agradecía la mano que le extendía Reborn–Por ahora, solo me despediré de mis hijos y luego prepararme para lo que viene.
–Bene, Haru–comento el hombre de traje negro y sombrero fedora–Buona sorte, a presto.
–A presto, Reborn–comento mientras el ingresaba en el auto y se alejaba por la vía alterna en dirección al aeropuerto privado, desapareciendo de su visión–Hasta pronto, hijos.
Haru atravesó rápidamente la puerta de su casa cerrando tras sí, la puerta. Habia llegado a su habitación y llevándose al oído el teléfono privado llamo a un conocido…Yamamoto.
–Él está en camino, Haru–comento la voz masculina desde el otro lado de la bocina–No fue fácil enfrentarse a él, lo siento de verdad.
–No es tu culpa, ¿Te hizo daño?
–No, solo fue una charla muy amistosa–comento con burla–Pero fue difícil verle sufrir, después de todo al igual que tu es mi amigo.
–Lo sé, gracias–comento ella en un susurro mientras observaba la ventana, el cielo se extendía azul aquel domingo sobre Japón– ¿A qué hora vendrá?
–No lo sé, simplemente se fue a su casa y no lo he visto desde ayer en la noche–comento y Haru imagino que se encogía de hombros con una sonrisa que le hizo soltar una carcajada– ¿Qué es gracioso?
–Pues verte encogerte de hombros, Yamamoto. Aun después de tu encuentro con Tsuna–comento ella aun tratando de contener la risa mientras del otro lado de la bocina sonaba la confusión–Es gracioso, que me digas que solo fue una charla "Amistosa "nada más.
– ¿Ahora te causo gracia mi charla con Tsuna? –Sonrió y soltó una carcajada–De verdad, eres imprevisible amiga mía. Por cierto estará entrando a tu casa con mis llaves, ¿Te molesta?
–No, eso era inevitable–comento ella ahora sobre la cama mirando hacia el techo–Por ahora solo queda esperar y si salió podría estar llegando esta noche… ¿Sabes que es en la casa de su madre?
–Sí.
–Bueno entonces, hablamos después–corto la llamada y dejo el teléfono sobre la mesa de noche, habia llegado a la habitación de su hijo y ahora pensaba en lo que sería cuando viniera…Estaba preparada para cualquier cosa, y se defendería como pudiera después de todo se habia preparado en muchas artes no solo por ella sino también por su hijo.
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–Señores pasajeros–comento la voz desde el altavoz que conducía a la cabina del piloto, una azafata–Estaremos pronto para aterrizar en Japón, esperamos que hayan disfrutado de su viaje. Que tengan, buen día.
Comenzaba a atardecer sobre el aeropuerto de Tokio, Tsuna salió de su ensoñación al despertarle una azafata. Habia viajado desde Italia después de salir de su oficina sin que nadie lo supiera, habia tomado un vuelo anónimo a Japón cerca de las cuatro de la mañana.
Habia llegado, por fin.
Estaba en Tokio quien pensaría que llegaría por el vuelo a Namimori y en unas cuantas horas podría arrinconarla, estaba tan cerca de verle, de concluir todo aquello que habían dejado hace tanto tiempo. Pero debía desconcertar a quien estuviera vigilándole y si es que habia informantes les dirían que habia tomado un vuelo a Tokyo.
Tomo un taxi, lejos de algún curioso mientras nadie le viera o reconociera podría hacer su viaje. Se apartó un poco la chaqueta y lejos de allí sus pensamientos vagaron por los recuerdos de su juventud, aquel día que habia marcado su noviazgo…y el final de su amor con Haru.
Era mediado de septiembre y habia salido de clases, estaba en tercer año y llevaba año y medio de conocer a Haru. aunque siempre le atrajo Kyoko Sasagawa habia decidido que era un simple capricho suyo y debía superarlo pues ella ahora estaba con Enma, después de intentarlo con Mochida.
Caminaba de regreso a casa, el viento soplo frio anunciando el otoño que se acercaba y que raramente comenzó a formarse unos nubarrones de lluvia sobre el cielo. Suspiro, sabía que no tenía como cubrirse por la lluvia y continuo sin pensar rara vez en su madre y en los sonrientes labios de Haru…
Sonrío.
Era lo único que habia transformado su miseria, y aunque la habia conocido en un accidente podía decirse que habia sido un encuentro casual. Pero después de salir del agua y darle respiración boca a boca tratando de darle aire, cuando ella hubo abierto sus ojos negros y sus mejillas sonrosadas; que poso en él, haciéndole sonrojar.
Que hermosa criatura, tierna y mojada.
–G-Gracias…–comento entrecortado la joven mientras tosía agua a un lado y el la cubría con una leve toalla de su bolso– ¿Quién eres?
–Sawada Tsunayoshi, mucho gusto y ¿Usted es?
–Miura Haru… gracias Sawada-san.
mientras ella le extendía una toalla de su morral y el la miraba sorprendido levemente por su amabilidad. Ella sonrió, mientras se levantaban ambos.
– ¿Cómo es que terminaste en el rio?
–Estaba un poco mareada, creo–comento con su dulce voz–No habia podido dormir, supongo que la falta de sueño y no haber comido pudo producirme tal desmayo…de todos modos, muchas gracias.
Se inclinó levemente, mientras el miraba la joven delante suyo. Era bonita, por supuesto y no le habia dejado de hablar a pesar de que tal vez le conociera a él y a su madre.
Después de ello, vinieron muchas visitas por su parte para agradecerle y luego su amistad se hizo más estrecha al igual que con sus nuevos amigos de escuela cuando llego un extraño hombre vestido de traje junto a un joven, y un hombre muy anciano…Su abuelo.
Ese día comenzó a caer la llovizna y unos pasos rápidos que se escucharon fuertes desde atrás, unas manos se enlazo en su brazo haciéndole detener.
Era Kyoko Sasagawa, la rubia hermana de su amigo Ryohei.
–Tsu-kun, ¿Te importa si vamos juntos? –comento ella sonriente, era la mejor amiga de Haru y por supuesto hermana de su amigo. ¿Qué podría suceder? Pensó pero lo que no esperaba después fue lo que sucedió cuando ambos llegaron cerca de un café de camino a su casa, donde se encontraría con Haru.
–Sí, quieres podemos tomar un café Tsuna ¿Te parece? –comento ella mientras los cubría con su sombrilla rosa bajo la lluvia–Mientras esperamos, podemos calentarnos un poco.
–Porque no, es una buena idea Kyoko-chan–comento mientras ambos ingresaban al establecimiento y pedían un par de tazas una de té y otra de chocolate.
Tsuna podía darse ese pequeño gusto, después de todo habia ahorrado para ayudar a su madre y le habia sobrado algo que distribuía para toda la semana. Era modesto pero era algo que podía tomar, por suerte la amiga de su novia estaba con él.
Sentados ahora en la mesa, vio como la rubia soplaba su taza y le miraba fijamente. Algo era raro en ella, por supuesto no sospechaba que tuviese intenciones ajenas a la de su relación con Enma y anterior a ella con Mochida-senpai graduado hace ya un año al ser la ídolo del instituto Namimori.
–Tsu-kun… ¿amas a Haru? –comento inocentemente la rubia, dejo la taza con elegancia en la mesa y se volvió sus ojos miel a él. Mientras le hacía intimidar un poco, sabía que era un don que las mujeres tenían– ¿La amas de verdad?
El asintió mientras dejaba a un lado la taza de té humeante, entrelazo sus dedos. Inquieto la miro, viendo sus ojos tan inocentes y puros, sabia porque le atraía.
–Tsu-kun…Yo siempre…–comento mientras se acercaba a él y miraba en sus ojos un brillo inusual que siempre veía en el sol que una vez fue para él, sentía latir su corazón alocadamente viendo como su fantasía se hacía realidad, una fantasía que extrañamente aspiraba ver antes y ahora la veía como una película de terror más que una fantasía–Te he visto…y…pensaba en que…tal vez…tu y yo…
Sintió su aliento en su mejilla, mientras ella acercaba sus labios a los suyos y aun sentía sus sueños agitar su corazón haciéndole ansiar aquel mana dulce que podría significar algo mejor…
Su beso era dulce y casto, era como siempre lo habia imaginado. Ella envolvió sus brazos en su cuello y aun así en aquella nube de fantasías pareció escuchar algún grito ahogado en la oscuridad de la lluvia, que no pudo distinguir entre la realidad y el sueño.
¿Pero a que venía eso? Sintió sus labios sobre los suyos y dejándose llevar aspiro el aroma de aquella rosa venenosa cuyas espinas podrían lastimarle, pero lo anhelaba ¿A costa de qué? ¿Traicionar a su amigo y a su novia? Escucho en la sombras algunos sollozos y…
Un rayo resonó en el horizonte con fuerza, iluminando la oscuridad de la calle en la que pudo vislumbrar una silueta.
La aparto, despertando de aquel siniestro beso y sabiendo que ella lo miraba atónita pero con el conocimiento de que le afecto alguna vez, dándole poder sobre él. Ella observo en sus ojos la poca confusión que quedaba mezclada con una ira contra ella y contra el mismo, y eso le hizo enfadar.
Tratando de mantener la poca dignidad que le quedaba se cruzó de brazos.
– ¿Por qué lo hiciste, Kyoko? –pregunto indignado con ella y fijando su visión en el vidrio que dirigía a la calle– ¿Acaso no estas con Enma?
Ella sonrío cínicamente.
–Tsu-kun, he visto lo fuerte que eres y que siempre estuviste allí, Esperándome…
Tsunayoshi pudo ver cómo era realmente la "tierna" Kyoko que comenzó a halagar sus cursis y sin ningún sentido sus "Cualidades" le pareció repugnantemente hipócrita, salían palabras tan irrisibles y la habia besado…se estaba arrepintiendo de haber siquiera cedido a su invitación.
¡Estupidos halagos, Eso es lo que era!
Hablaba como los hipócritas que querían acercarse en sus victorias, jamas en una derrota. A excepción de unos cuantos que de verdad eran sus amigos y que valia la pena escuchar de ellos un halago, una reclamación, eran sinceros…a pesar de todo.
–Te amo, Tsu-kun. Y, aunque se que le hare daño a Enma-kun he decidido que…
–Basta–espeto irrumpiéndole con la mano levantada y bruscamente se levanto de su asiento sacando de uno de sus bolsillos el dinero, lanzándolo sobre la mesa. Sus ojos llameantes se fijaron en ella–Esto jamas debió pasar y no estoy para aceptar tus caprichos, buenas noches Sasagawa-san.
Se dirigió a la salida, sabiendo que los ojos color miel lo observaban con una mezcla de odio y sorpresa, fijo sus ojos en la lluvia que caia y un relámpago ilumino el cielo, la calle donde un suave viento arrastro una sombrilla cerca de el, la lluvia aun recia caía sobre la ciudad.
Tomo la sombrilla de color azul y la levanto para cubrirse, avistando entonces unas inscripciones en ella HYT. Ella lo habia visto y habia estado alli.
Recordó después los vanos intentos por verla y las excusas que siempre sacaba su suegro por no dejarle verla. Hasta el instante en que ella se habia ido lejos con su madre y no la volveria a ver de nuevo. Airado y enojado, uno por no haber tenido la oportunidad de siquiera explicarse y dos por no haber confiado en el.
Acepto la proposición de su abuelo y se alejó de Japón comenzando una nueva vida en Italia mas exactamente en Sicilia.
–Hemos llegado a Namimori–comento el taxista sacándolo de sus recuerdos y pasando por el vidrio un papel con la dirección, continuo observando las montañas en la lejanía, el templo imponente en la soledad al final de la ciudad y el rio que pasaba por ella junto a las tenues casas blancas grises y de colores claros tan familiares que no habían cambiado mucho.
Observo las luces de la ciudad, bajo la luz de la luna y las brillantes estrellas sobre el cielo mientras escuchaba los vanos intentos de conversación a los que respondio con monosílabos si y no. Cruzaron por una calle a la izquierda y luego a la derecha, cuando estuvo en la esquina cerca de la casa detuvo al taxi y entregándole el dinero despidió al auto.
Pudo ver que aun la casa estaba igual a excepción del local al lado, el resto estaba igual que cuando era joven, su madre habia estado frecuentemente alli y no confiaba en el ¿Porque?
La luz que salía del local, junto al olor de un delicioso postre italiano como la musaka que conocía perfectamente desde joven. Luego escucho algunas risas en el silencio de la noche.
–¡Adios, Sawada-san! –exclamo una joven de cabellos negros laceos y ojos grises con un morral a medio lado, con el uniforme de Namomori Gakuen–¡Gracias por todo, buenas noches!
Corrió en dirección norte, mientras Tsuna la observaba alejarse. Comenzó a sentir el desfase horario, tambaleándose camino hacia el local y dudando espero un poco mas mientras escuchaba el movimiento de las sillas y algunos trastos ¿acaso no podria estar mas en peligro? Enojado se dirigio hacia la casa después de escuchar como se cerraba el local.
Era tiempo de ajustar cuentas.
Haru habia hablado con Giotto poco antes de que se fuera yuuma su ayudante, se habia despedido de el pues era tarde y debía dormir, aunque siempre sonaba tan feliz desde el otro lado de la bocina con respecto a su viaje, que en si era mas una excursión y un entrenamiento que una fiesta…siempre tan tranquilo y serio.
Yuuma se habia ido poco después de terminar y cerrando el local se dirigio a la casa, mientras entraba a la casa con la puerta abierta tomo la llave del local cerrando con seguro y luego regresando a la casa escucho una voz.
–¿aun están atendiendo? –comento la voz extranjera de acento japonés.
–No, ya cerramos. pero si quiere mañana…–comento ella volviéndose a verle para solo ver una silueta enojada delante de su puerta cerca a ella en el interior de su casa, sintió su corazón latir con fuerza pudo ver en aquellos ojos castaños la ira y el dolor relucientes en un brillo dorado–Tsuna…
