¡Hola!
¿Qué tal?
Nuevo capítulo, espero que os guste :3
— LA VERDADERA FELICIDAD —
4
Je t'aime, Chat Noir
Las frase no se iba de su cabeza. Su cuerpo no compartía la idea de marcharse de su lado.
Je t'aime, Chat Noir
Los labios le picaban, suplicando por más de ese beso que, cabe destacar, él mismo había comenzado.
Lo siento... no puedo amarte
Tenía ganas de golpearse por haber dicho eso, infrigirse daño como estaba haciendo hace un buen cuarto de hora, cuando jamás creyó que eso pasaría.
Se detuvo en un tejado cualquiera y se miro los brazos. El cuero negro de su traje tapaba completamente las cortadas de sus brazos, pero estaba seguro que el cuchillo que usó para ello todavía seguía tirado en el suelo, con manchas de sangre. Si no es que Félix no lo hubiera limpiado ya.
Félix
Un doloroso estrujó atacó su corazón. ¿Como, cómo, cómo? ¡¿Cómo pasó esto?! El viento se levantó en la ciudad, moviendo su larga cabellera rubia hacía delante, casi impidiéndole la visión.
Una de las cosas buenas que le había traído tener un cuerpo independiente de Félix fue la subida de nivel de sus poderes. Su vista se había intensificado a un nivel que ni tan siquiera un gato real tiene, a pesar de que la noche que encontró a su contraparte tirado en el suelo esta no había sido distinta a la de un humano, de alguna forma sus poderes ya se habían acostumbrado a existir las 24 horas del día, con Plagg o no. Ya no había humanidad alguna dentro de sí que los frenase.
La noche de París se extendía ante sus ojos rasgados con un envolvente brillo verde que los ojos humanos solo podrían haber vislumbrado si el sol hubiese sido de color verde en un día sin nubes en el cielo.
Ahí estaba, la razón que le invitaba a seguir respirando. ¿Qué tenía París que fuera diferente del resto de ciudades del mundo? No mucho, todas eran un montón de edificios arrejuntados. Pero Chat Noir sabía bien que esos edificios arrejuntados seguían ahí gracias a Ladybug y él.
Se encontró a si mismo pensando, con el corazón roto y por primera vez, que eso le dava igual. Las lágrimas seguían en su ojos, pero en algún momento dejaron de caer para acumularse en sus ojos, borrándole la vista de lo único que lo hacía sentirse al menos un poco útil.
— ¿Qué hice? —le susurró al viento mientras enterraba sus garras oscuras en sus cabellos rubios— Soy idiota.
¡París te necesita! ¡YO te necesito!
¿Estaria mal mirar por si mismo en vez de por Ladybug, al menos una vez en la vida? ¿Qué tal si volvía con Félix y le contaba? Debería comprenderle, ya una vez tuvieron un mismo corazón y las mismas dudas. ¿Querria escucharle siquiera? Después de darle plantón en un momento tan íntimo... tan perfecto.
La imagen de Ladybug volvió a invadir su mente. Como un derechazo de un contrincante, que no esperaba.
Él lo había hecho todo por ella, le había dedicado la vida entera a ella y a su seguridad, por una simple y fácil ecuación. Si Ladybug estaba segura, París lo estaba, sí Ladybug era feliz, los parisinos también lo estaban. ¿Y qué hay de él? Si se había ganado el sobrenombre de gato más amado de París, era por sus sonrisas plásticas, tontas y en exceso innecesarias. Si la mitad de la población femenina de París le dedicaba esas miradas lascivas que fingía no notar u entender no era por el físico que había nacido fruto de incontables batallas, era por la presa linda y muy fácil que representaba. El pobre ya habría sido violado en un callejón oscuro varias veces si Ladybug no fuera tan buena lanzando miradas venenosas de advertencia. Si se fijaban en él durante las batallas contra los akumas, no era por su Cataclysm o su habilidad de combate (la cual era casi nula), era por la forma tan tierna que tenía de gritar "¡LADYBUG, SÁLVAME!" cada vez que provocaba a los enemigos con sus malos chistes disfrazados de inocentes, pero en realidad muy ofensivos.
Sabía perfectamente que en la mente de muchos parisinos, si no todos, el nombre de Chat Noir iba asociado a "torpe ayudante de la grandiosa Ladybug, no muy digno de mención".
Amor, solo necesitaba eso para sobrellevar existir a la sombra de la heroína principal de París. Pero Ladybug era el ser más frío y calculador que había conocido con respecto a sentimientos. Podría dedicarle algún cariño a veces, señales esporádicas de que se preocupaba por él. Normal, eran amigos que llevaban una vida de hermanos. El Maestro Fu, gracias a Dios, no tenía favoritismos entre él y sus compañera de batallas, y le quería y le guiaba como un padre haría con su hijo. Y es que, hipotéticamente hablando, él era su padre. Era bueno tener una familia con la que contar. Mejor era no hablar de Plagg, siempre le estaba bejando y echándole en cara que prefería mil veces su queso antes que a él. Bridgette, en cambio, era una buena amiga que le sacaba una sonrisa sincera en cualquier situación con sus locuras, cuando no era el objetivo de sus acosos. Pero, oh no, la otaku también gustaba mucho de Félix. Así que no podría animarle está vez. Y Félix...
Je t'aime, Chat Noir
El viento cambió de dirección, hacía la mansión Agreste. Su corazón latía rápidamente.
— Je t'aime aussi, Félix.
Le amaba tanto, que le era imposible no hundirse así cuando le faltaba.
Pero ¿qué era peor? ¿Qué él se hundiera así... o que lo hiciera Ladybug?
Ahora entendía porque todos lo que se veían en un triángulo amoroso en los libros que Félix leía no eran felices a pesar de estar enamorados. ¿Cómo serlo?
¡Mierda! Esto sería mucho más fácil solo si ese beso nunca hubiera ocurrido.
Unos llantos ajenos interrumpieron sus negros pensamientos. Tal pareciera que él no era el único derramando lágrimas en la noche de París. Rápido se enjugó las propias, sacó su dulce y tranquilizadora sonrisa plástica. A saltos se dirigió en la dirección de la que venía el llanto, dispuesto a dejar por un momento sus problemas atrás.
— ¡No llores más, Chat Noir va en tu ayuda ciudadano~! Nya~~
¿Quién más llora? ¿Podran él/ella y Chat Noir animarse mutuamente?
¡Nos vemos!
