Capitulo 4
Un nuevo día. Los rayos de luz se filtraban por la ventana de la habitación sin embargo no había dejos de tranquilidad, una acalorada discusión acontecía en aquella mansión francesa.
El hombre de edad avanzada contemplaba a su hija con cierta ironía, sabía que ella estaba sumamente molesta con su decisión. Teyaki Uchiha, era dueño de una de las grandes empresas de Paris manufactureras de metales. Recientemente su corazón sentía un anhelo que sólo alguien podía curar.
—Papá eres un inconsciente, cómo puedes decir tantas estupideces— Gritaba Mikoto, hija mayor de Teyaki. El rostro de la mujer era pétreo y sus ojos chispeaban.
—Tranquilízate hija. Es algo que tarde o temprano sucedería. De hecho tarde más tiempo del necesario en tomar cartas en el asunto— Un episodio de tos le dificultó el habla al anciano.
—Es que eres tan tonto padre. Mi hermana pisoteó el apellido como quiso y aun así quieres ayudar a la ramera de tu nieta, ella está cortada con la misma tijera que mi hermana. No olvides la traición que le hizo a Sasuke, estaban por casarse padre. — alegó nuevamente la mujer y de manera más furiosa mientras una mano acusadora señalaba la fotografía de una hermosa niña de ojos claros que sonreía sin malicia.
Al lado de la histérica mujer se encontraba un joven de aspecto imponente, hombros anchos y musculosos. Lo que más impactaba de él eran el par de ojos color ónix que miraban fríamente aquella escena. —Tranquila madre, aún no he dicho que aceptaré que vivan aquí— Intervino aquel hombre ante la rotunda agresividad de su madre.
Mikoto se apoyó en el brazo de su hijo y con una sonrisa interna agradeció su apoyo.
—¿Qué estás diciendo niño?, ¿Cómo te atreves a cuestionar mis decisiones?— El hombre mayor le miró duramente. Su rostro senil perdió color y se hundió entre las almohadas. El anciano no continuó alegando.
—¿Abuelo?, Teyaki despierta, no trates de chantajearme. No te funcionará— La aflicción se apoderó de sus entrañas. Tras la dura pérdida de su padre en el trágico accidente automovilístico su abuelo había sido la única figura fraternal en la que podía encontrar apoyo.
—No es posible que el viejo muera antes de heredarte todo, no ha querido hacer el testamento sin hablar con la malnacida de tu prima. — soltó agriamente Mikoto.
—Madre, ¿cómo puedes decir esas cosas?.— Sacó de su bolsillo el celular y tecleo rápidamente a al servicio médico. —Estarán aquí en 5 minutos. — Mikoto giro sobre si y salió de la recamara de su padre.
Francia no era el único lugar donde había problemas, el aviso de desalojo por fin había caído a las puertas de Manor Hills, en menos de un par de días la casa sería subastada al mejor postor para poder costear el pago de impuestos a la alcaldía. Hinata se sentía perdida, Sasuke había prometido volver y no lo hizo. La ojiperla pensó que aquella era la respuesta. El abuelo había decidido no perdonarla y dejar que su calvario continuase.
Se sentía tan tonta, todo lo que tenía que hacer era decir la verdad y de esa manera obtendría el perdón inmediato de Teyaki Uchiha y de Sasuke. Sin embargo había mucho más en juego que un simple capricho infantil de justicia.
—Hina, no te preocupes. Déjame ayudarte. Todo saldrá bien. — Habló la rubia para calmar la tensión
—No lo sé Ino, es que puedo aceptar tu ayuda pero no puedo vivir contigo para siempre, además; no sólo soy yo. Está Hanabi. —
—Hinata, yo quiero a la niña cómo si fuese mía. Tan sólo déjanos ayudarte— Intervino el chico de cabello revoltoso. —Si no quieres molestar a Ino, ven a la mía. Está la recámara vacía—
—Kiba tiene razón, es momento que hagas algo. Por lo visto tus familiares te echaron de sus vidas para siempre. Sabia que no debías confiar en ellos desde un principio—
La ojiperla ahogó una risa —Ahora dices eso Ino, ¿recuerdas que estabas indignada por no haberlos buscado antes?— le reprocho la Hyuga. —Acepto tu propuesta Kiba, perdona mi atrevimiento pero no tengo más opción— Finalizó ella con vergüenza.
Hinata regresó a Manor Hills, fue a su habitación y tomó a Hanabi entre sus brazos y la sostuvo tiernamente.
—¿Que tienes mami?, otra vez estás triste, ¿verdad? — dijo la niña preocupada.
—No nena, todo está bien, visitaremos a tu tío Kiba por unos días así que empacaremos algunas cosas. — Su voz aun dejaba un hilo de tristeza.
—Está bien— contestó Hanabi confundida.
Ya había transcurrido una semana viviendo en casa de Kiba, las tareas eran equitativas así como el cuidado de Hanabi. Realmente parecían sobrellevarlo de manera excelente.
Su vida continuaba y pero aun así la joven mujer seguía sumida en su ensimismamiento. Estaba concentrada en lo que hacía cuando alguien le habló secamente. —Hinata, te buscan— En la entrada apareció su implacable primo con porte impenetrable vistiendo un traje de diseñador. —Hyuga, necesitamos hablar. Es urgente— Espetó él.
Kiba quien estaba fileteando un atún decidió interferir.
— Ella no te necesita, déjanos en paz Uchiha— amenazó él castaño.
—Ya sé que te sientes con derechos sobre Hinata, pero esto no te incumbe. Son asuntos familiares así que no te entrometas y mejor cállate— declaró el azabache hoscamente.
—Desgraciado, tú eres el que terminaras con la boca cerrada— Avanzó unos paso cuando un par de manos le sujetaron.
—Tranquilo Kiba, necesitamos el empleo y esto no vale la pena—
—Claro que lo necesita, el alquiler de una casa de interés social con el salario mínimo debe ser complicado—Repuso Sasuke con desdén y sarcasmo.
—Basta Sasuke— Hinata lo tomó del brazo y se adentro con él a una de las bodegas.
—¿Tanto me extrañaste que no te puedes esperar a estar a solas conmigo?— hablo con sorna.
—Déjate de tonterías. ¿Qué es lo que quieres ahora?. Daba por hecho que no nos veríamos más—
—El abuelo ha decidido hablar contigo. Debes llevar a tu ilegitima a Mountain, él la quiere conocer por ser su única bisnieta; duda que yo le dé alguno por la fama. No se me da la fidelidad y soy sumamente precavido por lo que no quiero hijos. — Sasuke sonrió y posó sus negros ojos en los de ella.
Aquella confesión le cayó como un balde de agua fría, claro que ella lo sabía. Era uno de los herederos más cotizados y las revistas sociales que siempre odió se encargaban de mantenerla informada en todo momento de los últimos romances.
—Te prohíbo que vuelvas a referirte de esa manera de Hanabi, tú mejor que nadie deberías saber lo que un estereotipo conlleva, ¿o no Uchiha? Contesta, ¿Qué es peor?, ¿un hijo legitimo falso o un bastardo?. — Hinata la defendió colérica.
—Cállate, no vuelvas a decir tonterías.— una oleada de furor le hacía hervir la sangre. —Mañana a las 6:30 am te veo en la entrada del Waldorf. Tú decides si vienes, no habrá segundas oportunidades. Partiremos a Paris a las 8:00 am.— Sasuke abandonó el lugar colérico y como de costumbre sin despedirse.
Hinata lamentó ese comentario tan desagradable que había hecho, sólo su primo había logrado sacar lo peor de ella. Ya recostada en la cama el insomnio le hizo frente esa noche, no lograba conciliar el sueño y en su mente solo estaban aquellas dudas que hacían eco en su conciencia. ¿Cuál sería la finalidad de ir?, ¿realmente sería capaz de arreglar los cosas con su familia?.
Todo ese remolino de conjeturas se convertía en su peor enemigo. Por primera vez en su vida tenía una razón más importante que su dignidad, tenía que cuidar el futuro de la pequeña que dormía plácidamente a su lado. Lo había decidido en un impulso, ¿por qué no probar un poco al destino?.
Se levantó de la cama con flojedad y empacó algunas cosas en una valija mediana. Tomó una ducha y secó su cabello con una toalla. Dejó programado el despertador y se recostó nuevamente dispuesta a dormitar un par de horas antes de partir destino a Francia.
En la mañana podría hablar con Kiba y explicar sus motivos del repentino cambio de planes.
