4- And you laughed at my face when I told you how much it hurts

Respiro. Aun respiro. Ya no siento el frío, ni el calor de la sangre en mi herida. Ya no siento el duro suelo, y mi respiración es normal. Abro lentamente mis ojos, esperando la sensación de mareo que debería sentir por la perdida de sangre. Pero no llega. La luz solar se cuela por la ventana, calentando mi rostro. Asombrosamente, no hubo gritos ni pesadillas durante la noche; quizás hasta podría decir que tuve un sueño digno de llamarse paraiso.

Estaba recostado en un río, dejándome mecer por su corriente, acariciado por sus lenguas frescas, refrescando mi alma cansada, mi espíritu magullado. Era perfecto, hasta que la sensación de saberme soñando me despertó sobresaltado. Debería estar muerto pero no. Aun respiro.

Trato de incorporarme pero una sucesión de dolores me obliga a avanzar lentamente; siento un palpitante dolor de cabeza, y una tirantez en en mi costado izquierdo. Flashes de la noche pasada me apuñalan entre el dolor de cabeza. El ataque; los aurores, un hechizo, la retirada, desaparecerme, Granger.

¿Granger? ¿Qué demonios paso? ¿Por qué la recuerdo a ella observándome? ¿Qué está diciendo? ¿Qué a ella no le agrada qué? Y es entonces que me doy cuenta que ya no visto la túnica ni la camisa; y que un parche cubre la zona donde estaba herido.

Me levanto ignorando las palpitaciones, y me acerco al espejo de cuerpo entero que yace en el rincón. Con dedos tembloroso, retiro la cinta y las gasas del parche. El hechizo que me dio, ha debido de ser muy grande porque la cicatriz que dejo parece el tallo de una rosa espinosa, subiendo y abrazando la piel sobre el hueso de la cadera izquierda hasta mi ultima costilla. Es delgada y ramificada en varias partes; pero no tan desagradable como el resto de mis cicatrices. Esta, de hecho, hasta parece cuidadosamente hecha adrede.

No se si sentirme agradecido con Granger por curarme cuidadosamente, o maldecirla por no haberme dejado morir. Extrañamente estoy complacido, y mi educación me exige agradecerle.

Voy al armario, saco el uniforme que necesito para ese día, y voy al baño. Luego de bañarme y vestirme bajo a la sala común. Mi túnica esta en el suelo hecha un boyo en el suelo, con sangre seca en ella, evidentemente limpio el suelo con ella. Muy chistosa, Granger.

La levanto y con un movimiento de varita la desaparezco al igual que el charco. El reloj de la sala común marcan las 10 menos cuarto, así que el desayuno esta perdido y 2 clases también. La tercer clase es adivinación con Ravenclaw; prefiero saltearmela y y ocupar esas horas hasta el almuerzo en como agradecerle a Granger. Probablemente en la tarde me arrepienta, pero no es solo por agradecimiento, quizás un poco de arrepentimiento también este involucrado; de otro modo no me explico esta necesidad de realizar un gesto "bondadoso" en pos de otra persona. Y menos si esa persona es ella.

Recuerdo mi infancia en la mansión; los inviernos jugando solo en mi habitación, y los veranos volando solo por los jardines en mi escoba. Las cenas con mis padres, que no eran mas que meras fachadas; comidas carentes de sentimiento, hechas por los elfos, pulcras y elegantes, pero jamas "hogareñas". Recuerdo también, que la biblioteca familiar era mi otro refugio en la enorme mansión. A veces tenerlo todo, no significa realmente que poseemos algo. A veces tener mucho dinero no es realmente ser feliz; yo no era ni se lo que es ser feliz. Nunca vi a mis padres felices, y recibir algo luego de un capricho no me hacia realmente feliz. Pero supongo que un gesto de agradecimiento debe hacer feliz a la persona que lo reciba.

Por esto se que un simple gracias no va a ser ni bien recibido, ni tomado sinceramente. Y no la culpo. Años ganándome su odio a pulso, tampoco es que de anoche a mañana vamos a ser súper mejores amigos; Merlin no lo permita.

He regalado rosas, chocolates y bombones; joyas caras, túnicas de la más rica seda. ¿Pero que se le regala a una persona que te odia; para agradecerle que te prolongo la existencia? ¿Un perfume? ¿Un conjunto de aretes? ¿Un ramo de orquídeas? ¿Una mandrágora chillona? ¿Un libro? ¡Eso! Un libro seria perfecto, a ella le gusta leer; pero ¿Qué libro?

Debe conocer de literatura tanto muggle como mágica; es buena en todas las asignaturas, así que un libro de magia o hechizos seria una mala idea. Quizás... Quizás deba mandarle una lechuza a mi madre; para que me envíe uno de los libros de la biblioteca familiar. Quizás alguno de esos tomos que la biblioteca de Hogwarts no tiene.

Mi madre fue mas rápida de lo que esperaba; y en cuestión de minutos ya tenia en mis manos un pesado libro de tapas oscuras. Escribí una breve nota en un pergamino, y lo coloque en la primera página del tomo. Lo deje sobre su cama, mi idea principal fue dejárselo en la puerta de su habitación; pero esta al estar sin ningún hechizo me permitió pasar a su alcoba y dejarlo sobre su cama.

Me detengo un momento observando la intimidad de su habitación; el rojo y el dorado se mezclan, hay fotos y libros desparramados por todas las superficies. Extraño; mi alcoba esta vacía a excepción de la cama y el armario con mi ropa. Los colores de la mía son impersonales, no hay nada que me identifique con ella. Somos totalmente opuestos.

Algo oprime mi pecho, como si esa revelación que por demás era obvia; me angustie. Echo un ultimo vistazo y salgo; no asistiré a ninguna clase hoy. Me quedare en mi habitación a esperarla.

Escucho sus pasos subir las escaleras hasta su habitación; pase el día leyendo en distintas posiciones, desde cómodamente acostado hasta estar como ahora semi recostado contra mi puerta; inconscientemente quiero escuchar su sorpresa al ver mi "gesto de agradecimiento". La escucho detenerse en seco en el umbral de su alcoba. Da pasos lentos, evaluando su entorno en busca quizás del responsable del paquete que yace en su cama. La escucho suspirar, y desenvolver el paquete. Silencio. Silencio. Y nada más que silencio.

Abandone mi libro en el suelo, y me dispuse a prestar atención a lo que ocurría. A la espera de su reacción. Pero jamás, ni mil crucios me hubieran preparado para escuchar lo que escuche. Al principio sonó a un hipido, mas luego se transformo en una sonora carcajada. Una carcajada cargada de muchas cosas, dolor, alegría, burla, histeria. Pero la burla en su risa fue lo que me enfurecio.

Porque con ese gesto le dije lo que sentía, le demostré mi gratitud y mi arrepentimiento y ella se rió de mi.