Love me (or love me not)
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«'Cause you're all I have, when the world comes down on me
You're the one I love, and I'm begging you to see.»
4.– Do you like it? (Or do you like me?)
La bufanda alrededor de su cuello bailaba mecida por el frío aire de finales de invierno, mientras los primeros brotes verdes de la adelantada primavera luchaban por salir a la luz del día. Porque ese día había amanecido soleado, más cálido, apacible y catorce. Sí, sobre todo porque ese día había amanecido catorce de febrero, por eso estaba allí a esas horas aún.
Cansada de esperar, se desliza y se deja caer hacia abajo por la rugosa madera del árbol y se sienta a esperar. No es posible, simplemente no puede imaginarse que Mike le ha dicho de quedar allí, después de clase, los dos solos. Se avergüenza de ella misma solo por pensar en aquello.
Pierde la noción del tiempo y sin darse cuenta, siente repentinamente unos pasos tras ella, que la hacen despertar de su ensueño y fantasías. Todos los músculos de su cuerpo se tensan y un sudor frío amenaza con recorrerle la frente. Sabe quien es, pero prefiere no girarse. Si estuviera de pie le temblarían las rodillas.
Mike –porque sabe que es Mike– pone sus grandes manos sobre los ojos y le tapa la visión.
—¿Quién soy?
—Oh, vamos, ¡no seas infantil! —bromea ella, intentando quitarse los nervios de encima.
—Ah, ah —dice el meneando la cabeza—, respuesta incorrecta.
—Esta bien. Eres Mike, ¿me equivoco?
Entonces él le destapa los ojos y se planta delante de ella, escondiendo una de sus manos tras la espalda y ofreciéndole la otra.
—No. Soy el chico de tus sueños, para ti sola. Haré y diré todo lo que tu me digas. Si tu quieres, claro.
Jessica agarra su mano y se pone en pie, a su altura, quedado casi frente con frente. Ahora sí siente que le tiemblan las rodillas y que se caerá hacia atrás en cualquier momento como Mike siga diciendo cosas así.
—Quiero darte algo —dice Mike, mirando por encima de su hombro, comprobando que aquello que llevaba escondido siguiera allí—. Es para ti, toma —y le entrega una pequeña bolsa de fieltro azul, atada con una cinta blanca con flores rojas estampadas.
—Oh, Mike, no tenías porqué.
—Vamos, ábrelo.
Jessica tira de un extremo de la bonita cinta, abre la bolsita y vuelva su contenido en la palma de su mano: un precioso collar plateado, del que colgaba la silueta de un hermoso corazón con pequeñas perlas azules.
—¿Te gusta? —pregunta ansioso Mike.
Ella no sabe si reír, llorar, besar o pegarle un tortazo a Mike de la emoción. Se abalanza sobre él y le abraza con fuerza, con cuidado de no romper el collar. Mike le devuelve el abrazo y se tiran así un buen rato, abrazados bajo la sombra del atardecer que el gran árbol proyecta sobre ellos. Finalmente, Mike la separa con dulzura y le besa la frente.
—Anda, déjame que te lo ponga —le susurra Mike.
Una vez colocado, Jessica le sonríe y él siente no podría ser más feliz.
—Ahora que tu lo llevas puesto, el collar se ve el doble de bonito.
Jessica no puede resistirse más y se inclina con cuidado sobre él y le roza suavemente lo labios, presionándolos y moviéndolos suavemente contra los suyos.
Su primer beso, con tan solo trece años. Y no podía haber sido más perfecto.
¿?
