Un muchacho de catorce años se enrollaba unas telas en sus antebrazos. Se encontraba en su habitación, junto al ropero estaba su armadura de Plata de Cefeo. Ya hacia unos meses cuando se lo ganó y recuerda lo contento que se puso. Salió de su habitación y fue directo a la puerta de entrada cuando su madre le agarró de los hombros y lo hizo girar para verlo a la cara, mojó sus cabellos verdes y empezó a peinarlo.
— ¡Mamá! Iré a entrenar, no hay caso que me peines— dijo Shan, el muchacho alejaba su cabeza. June, la madre del muchacho, lo miró con dulzura.
— Ahora si estás listo— dijo June mientras Shun tomaba su te matutino, mirando la escena de su esposa, June ex amazona de bronce de Camaleón y su hijo, el flamante caballero de Plata de Cefeo
— Iré a ver a mis amigos— dijo Shan abriendo la puerta.
— No te olvides de tu emparedado— June le guardaba un emparedado en una bolsita y se lo daba a su hijo, que tenia los ojos de su madre pero el cabello, tan verde y de la misma forma de su padre. Shan agarró la bolsita y se coloca en su cinturón.
— Nos vemos después— dijo Shan despidiéndose de sus padres y empezó a correr rumbo al santuario. Sus amigos son pocos pero muy unidos, especialmente con Shoryu. El hijo de Shiryu y él crecieron juntos, tal así que se consideraban hermanos. Sus otros dos amigos son Kouki, que esa misma mañana iba ser su ultima prueba para llevarse la armadura de Bronce de Pegaso, la misma que portó el legendario caballero Seiya y el otro es un muchacho de Ucrania, Vlad. No se encontraba en Grecia desde hace un año, puesto que su maestro, Hyoga se lo había llevado a Siberia para completar su entrenamiento como candidato a la armadura de Bronce de Cisne.
Llegó a un terraplén, se trepó con audacia y empezó a caminar. En el camino se encontró con su amigo Shoryu.
— ¡Shoryu! ¿Hace cuando acabas de llegar?— dijo Shan, muy sorprendido. Shoryu se giró, el chico también contaba con catorce años y era la viva imagen de su padre, con la diferencia que su cabello le llegaba a los hombros.
— Ayer, cuando el sol apenas iba a ocultarse— dijo Shoryu abrazando a su amigo— ¿Sabes una cosa? Ya soy un caballero de Bronce de Dragón, hace casi una semana. Nos demoramos porque mi mamá quiso pasar unos días más en China.
— Me alegro por ti, Shoryu— dijo Shan, emocionado. — Hoy Kouki tiene una lucha con otro aspirante a la armadura de Bronce, ahí en el coliseo. Vayamos a animarlo— dijo Shan y junto con su amigo, emprendieron una carrera hacia el coliseo, donde Kouki pelearía contra otro para llevarse la armadura de Pegaso.
Llegaron al lugar, había un número considerable de gente, la mayoría eran tan jóvenes como ellos, que también tenia sus duelos para las otras armaduras. Shoryu empezó a buscar con la mirada de su amigo y señaló a Shan donde se encontraba Kouki. Estaba muy alejado de sus dos amigos, tenia cabello de color caoba rojizo, ojos marrones, un año menor que sus amigos y estaba sentado escuchando los consejos de su maestra, Marin de Águila.
— ¿Vlad aún no llega?— dijo Shoryu a Shan y éste negó con la cabeza.
Ahí, en lo alto se había formado un estrado donde el Patriarca estaba sentado en su sillon, al costado estaba nada menos que la caja que contenía la armadura de Pegaso y a lado de ella, había otras cajas. Kiki de Aries acompañaba al Patriarca, atrás del mismo. Su armadura de oro relucía bajo la luz del sol.
Shan estaba muy impresionado por la armadura del santo de Aries. Nunca había visto un caballero de oro portando su traje. Sólo Shoryu había visto a su padre con la armadura de Libra, así que no estaba tan impresionado como su amigo de la infancia.
Empezó la jornada, Kouki se dirigió a la arena, sin nervios y miró a su oponente, más alto que él pero de contextura delgada y también un año mayor que Kouki. Se oyó un sonido y el chico alto se dirigió con violencia a Kouki, que no pudo evadir y cayó a la arena. Marin confiaba en su alumno, no se inmutó cuando lo vio caer. Kouki se levantó y esquivó justo a tiempo un puñetazo. El chico alto iba hacia él con dando puños al aire y Kouki da un buen salto y le propina un codazo en la espalda, el chico se gira con un gesto de dolor. Kouki se coloca en una posición defensiva, el chico se vuelve a lanzarse y Kouki se va a un lado y no contaba que el muchacho rival rodase por el suelo y le metiese una zancadilla, Kouki cae al suelo y el muchacho le pone el pie en el abdomen y lo aplasta. Kouki siente perder aire pero no se rinde, acumula su cosmos en su mano izquierda y juntados sus cinco dedos de dicha mano, en un movimiento horizontal, le golpea la pantorrilla, haciendo que el chico caiga con un gran dolor. Kouki se levanta, masajeándose la barriga. El chico se levanta a duras penas y se lanza con el puño en alto, Kouki se da media vuelta y le da una patada voladora, el chico cae a la arena, inconsciente.
Cansado y algo adolorido, cae sentado en la arena, Marin estaba muy feliz bajo su máscara. El Patriarca se levantó de su sillón y Kouki se levanta a duras penas para dirigirse donde está el Patriarca. Kouki pasa una mano sobre la caja plateada, feliz y cansado, da una leve inclinación de respeto al Gran Patriarca, se lleva su armadura.
Shoryu y Shan aplaudían felices por su compañero.
Mientras en Siberia, Vlad, el aspirante a la armadura de Bronce de Cisne caminaba bajo el inclemente frio del lugar. Hyoga se detuvo al igual que su alumno. Vlad miró con atención a su maestro, santo dorado de Acuario. Vlad es originario de Ucrania, igual de rubio como su maestro.
— Esta es la ultima etapa de tu entrenamiento. Ahí en esa cueva, esta tu armadura pero el camino hay obstáculos que debes evitar. Si lo logras, habrás demostrado que eres digno de portar la armadura de bronce de Cisne. — Dijo Hyoga señalando la cueva, muy cerca donde estaban. Vlad, de catorce años, respiró profundamente pero luego se arrepiente de hacerlo puesto que sintió como sus pulmones se congelaban. Caminó con paso decidido, Hyoga se cruzó de brazos.
La cueva se veía muy oscura, Vlad puso los ojos como platos para intentar ver sin éxito la oscuridad, avanzó lentamente, con todos los sentidos al máximo para evitarse sorpresas. Corriente helada es lo que sentía además de humedad, luego ve una luz azul y se dirige hacia ella. Al llegar se queda en el umbral y ve un lugar amplio, el piso era agua congelada y el techo colgaban las estalactitas, se veía un hueco donde se filtraba la luz lo cual iluminaba la estancia de un color azul claro. Vlad se quedó boquiabierto de la belleza de la cueva congelado y algo cayó muy cerca de él, era una estalactita y dio un respingo hacia atrás, un centímetro más y era hombre muerto. Avanzó apresuradamente hacia el agua congelada. Avanzó unos diez pasos cuando su pie hundió un trozo de hielo congelado y cayó al agua. Sintió que el frío congeló sus huesos. Entró en pánico, dentro del agua, no encontraba el hueco de donde se cayó, sabiendo que en cuestión de minutos iba a terminar muerto, se calmó, con un puño acumuló su cosmos e hizo otro agujero lo suficiente grande, con agilidad y terriblemente congelado, logró salir. Tembloroso y con el corazón latiéndole a mil por hora, avanzó a gatas hasta llegar al otro lado, donde se tiró a la tierra seca y jadeó. Contó hasta veinte y se levantó para continuar con su camino.
Llegó a otro lugar, solo había tierra húmeda y piedras puntiagudas. En una pared de hielo, estaba la armadura de Cisne. Avanzó lentamente; golpeó la pared con su puño y lo único que pasó fue hacerse daño. Agarró una piedra tan grande que no cabía en su palma, lo lanzó y lo único que logró fue un rasguño en la pared.
Se quedó mirando, pensativo hasta que extendió sus brazos a los costados, ladeó el brazo derecho luego el izquierdo y se paró en una pierna, luego lanzó puños al techo.
— ¡Polvo de diamantes!— gritó Vlad, resonando su voz por la cueva.
El ataque congelado hizo efecto, abrió una buena brecha en la pared. Contento volvió a ejecutar su ataque, reduciendo en añicos la pared de hielo. La caja donde estaba guarecida la armadura de Cisne, tembló y se abrió con una luz blanca y la armadura ensamblada se posó delante de Vlad, sorprendido y contento. Finalmente vistió la armadura de Bronce de Cisne.
Hyoga estaba sentado en un pedrusco, muy cerca de la cueva hasta que sintió un cosmos muy conocido, se levantó y se plata de frente a la cueva. Su alumno se aparece caminando, vistiendo la armadura de Cisne.
— Bien hecho, Vlad. Eres digno de portar la armadura de Bronce de Cisne y de proteger a nuestra Diosa Atena.— dijo Hyoga poniendo una mano en el hombro del muchacho.
— Es un honor portar la armadura que una vez lo portó, maestro. Y también es un honor proteger a Atena.
Hyoga le sonrió.
— Vayamos a tomar algo caliente. Debes estar calado hasta los huesos— dijo el caballero dorado de Acuario.
