Hola! ¿Como estan? realmente espero que me perdonen, se que me tarde como nadie, pero estoy muy atareada con mis examene de lapso. Jeje. La verdad pienso que eto es tortura, trabajo hora sin escano armando proyectos, trabajos, maquetas, desvelandome y llegando a dormir, realmente los profesore no recuerdan su infancia, joder. Es sencillamente inhumano.
Mas alla de lo ocupada que estoy, me saue un tiempecito para corregir y publicar.
Dedicado a layill, Rukia-CC y maribelteka, gracias chicas.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
Capitulo III
Celos, ternura y calidez.
Era mi hora de descanso, y me dirigí a las gradas con un vaso plástico desechable lleno de café humeante descansando en mi mano izquierda y unos cuantos papeles, archivos y exámenes por corregir en mi otra mano. Me senté sin mucha ceremonia en la simple barra de metal que servia de asiento. Como no tenía nada más que hacer observe el campo de juego adornado por dos porterías y un prístino césped aun ornamentado por las gotas del rocío y que milagrosamente había logrado sobrevivir al crudo invierno que acechaba en Konoha.
Los leves rayos del sol daban de lleno contra mi rostro, contagiándome de algo de su calidez, cerré los ojos apreciando la brisa que acariciaba con suavidad mi rostro.
Observe hacia debajo de las gradas encontrándome con mi pequeña alumna oculta, mientras que una tierna y sincera sonrisa se dibujaba en su rostro y sus orbes luna se iluminaban como los de una niña pequeña y frágil a la espera de un dulce o algo muy querido. Parecía ilusionada, o tal vez, emocionada.
Aquello hizo que mi corazón diera un brinco, latiendo fuertemente y una extraña calidez invadiera mi corazón.
Después de que empezara mi tutoría; hacia un mes, había comprobado que era inocente llegando a ser tierna y no había podido evitar, por mucho que me había empeñado a ello, cogerle cierto cariño, que muchos tachaban de preferencia. Había comprobado que tenia una facilidad innata para sonreír de aquella manera sincera y calida, y que emanaba un aura de felicidad que hacia que yo mismo quisiera acompañar su alegría.
Ella era sincera, tierna, e infantil, una combinación que me pareció, a su modo, extremadamente encantadora. Sobre todo infantil, pensé recordando la manía que tenia de inflar los cachetes cada vez que algo se le hacia difícil o se enojaba, algo que mas que amenazador se me antojaba adorable.
Además era callada y tímida. Pero defendía bien sus puntos e ideales, y no me molestaba con cosas inútiles y sin sentido, sólo hablaba en extremo lo necesario. No gritaba o chillaba y la verdad aquello hacia que ese trabajo tan denigrante fuera un poco mas agradable y llevadero. Ella era una de las pocas, quizás la única estudiante con la que me llevaba relativamente bien, y con la que había tenido cierta familiaridad.
De todos modos, casi todo mi tiempo libre y los fines de semana los pasaba con ella, en aquella vieja y espaciosa habitación, respirando el mismo aire que ella y observándola mientras que ella trabajaba, se contentaba con saber tan sólo lo necesario de mí, y soportaba mi compañía con una agradable y calida sonrisa.
Contemple otra vez su rostro; notando el intenso carmín que coloreaba sus mejillas de porcelana y siguiendo la dirección de su mirada encontré a aquel chico rubio-dobe —como yo mismo le había apodado— practicando futbol de manera incansable.
Sin saber muy bien el motivo sentí una extraña ira recorriéndome y apoderándose de mi, suspire, tomando un pequeño sorbo de café para intentar serenarme y aun sin entender muy bien el motivo, ver como se emocionaba y miraba con ilusión al rubio simplemente basto para que aquella ira irracional aumentara y estúpidamente apretara el vaso de café hasta que este reventara, dejándome empapado.
—¡Maldición!, joder, el traje era nuevo —Deje escapar la queja sintiendo arder un poco mi pecho y en un tono un poco lastimero. Demonios.
Agradecí que el timbre hubiese llegado en mi rescate y me prepare mentalmente para el montón de mocosos gritones de primer año. Demonios, joder, es que podía escuchar sus gritos aun sin verlos.
Aunque mas allá de lo estúpido de mi acción y de cuanto me quejara; el motivo me parecía extraño.
¿Por qué había hecho algo semejante?
¿Por qué me había enfurecido ver a Hinata sonriendo para ese dobe?
La respuesta llego rápida y confusa y a la vez aterradora, haciendo que me planteará aquella pregunta que me perseguiría por el resto de aquella semana.
¿Yo... estaba celoso?
Y lo deseche tan rápido como lo pensé, tachándolo de absurdo. Ella era mi alumna, sólo sentía cariño fraternal por ella; eso era todo. Sin embargo, una parte de mí opinaba lo contario...
Hinata suspiro, acomodándose mejor en su asiento y sin querer se sonrojo cuando fue pescada por el profesor al mirarlo fijamente, de nuevo.
El ruido del salón era casi insoportable, las quejas se resonaban por el salón y la gran mayoría de los alumnos estaban descontentos; Sasuke les había mandado una montaña de ejercicios, como siempre.
No pudo mas que molestarse cuando él, una tarde de estudio le confeso que le divertía mucho ver a sus alumnos quejarse, al recordar ese momento se sintió extraña y su molestia volvió, ¡Por que era tan cruel!
Se olvido de ello momentáneamente. Le gustaba Naruto y además por fin tenía su atención, pensó viéndole de reojo y sintiéndose complacida cuando él le sonrío de vuelta.
Había sido un encuentro casual, tan simple como que los habían puesto en el mismo grupo y tan rápido como él había empezado a hablar ella se había prestado a escucharlo y a mirarlo atentamente, maravillándose porque le hablara y que fuese tan amable. El tono de su voz era suave y entusiasmado, sus gesticulaciones exageradas, alegres.
Él había quedado contento con su compañía y al final cuando ella esperaba su despedida se había volteado y había deslizado un papelito con su número de teléfono en su cuaderno y había preguntado, "¿quieres ser mi amiga?"
Ese día sintió ganas de gritar que Uzumaki Naruto por fin se había percatado de presencia; y lo hubiera hecho, pero estaba segura de que se moriría de la pena después.
—¿Me ayudarías con matemáticas? —Se acerco a ella mirándola como un perro degollado, con ambas manos juntas, rogándole, de seguro Sasuke se había negado ayudarlo, de ahí el grito que había resonado segundos antes. Si lo pensaba el sensei era un poco cruel con Naruto— No me dejarías morir ¿O sí?
—No soy muy buena, lo más probable es que me líe yo también. —Aseguro con una sonrisa, lamentando no poder ayudarlo. La voz le temblaba y se sintió estremecer.
—Joder. —Musito él, viendo aquellos ejercicios con lo que juro era desden.
—Aunque... puedo intentarlo. —Titubeo, viendo su ojos azules desesperanzados; su mueca de dolor completamente fingida y sintiendo la necesidad de ayudarlo.
Sentía el roce de su cabello rubio en su hombro haciéndole cosquillas y la suave caricia de su respiración causándole escalofríos. En realidad los ejercicios no eran tan complicados y en pocos minutos, con Naruto asomado a su hombro y halagándola, mientras ella explicaba con voz temblorosa y tartamudeando a la de dos por tres habían podido terminarlos. Naruto le dedico una sonrisa brillante y sincera que se asemejaba al sol mismo; esas que a ella le cautivaban y contemplo sus ojos azules, perdiéndose en la inmensidad de ese mar zafiro inquietante y profundo, en eso labios rosados incitantes y en esa piel morena que ansiaba tocar con sus torpes dedos.
Sintiendo sus mejillas arder desvío la mirada perlada hacia la ventana; posándola en el hermoso día de afuera.
Algunas hojas de los árboles cercanos se desprendieron, volando cerca de la ventana guiadas por las corrientes de aire invisible a sus ojos. El día era fresco y agradable; no llovía como había estado haciendo la última semana y en cambio, el sol refulgía con ligereza iluminando el día y emitiendo un poco de calor. Aun algunas hojas anaranjadas quedaban en los árboles y las pocas verdes que quedaban se estaban tiñendo poco a poco, el césped verdoso y poblado de flores blancas, rojas, y amarillas que adornaba el patio estaba comenzando a menguar siendo reemplazada por el invierno, que tenia una encantadora y enigmática belleza.
—Ne, Hina-chan, eres muy lista y muy amable, no como el energúmeno de Sasuke-sensei. —Se volvió hacia Naruto, encontrándole con una sonrisa y al oír sus palabras no pudo evitar estremecerse y que su cara se convirtiera en la envidia de un tomate maduro, las descargas eléctricas le recorrieron y sintió la mariposas revolotear en su estomago.
—Ehm... Arigato
—Eh, Hina-chan estas muy roja ¿Tienes fiebre? —No contesto, en cambio sintió sus mejillas arder con mas fuerza al sentir una de sus mano grandes en su frente, y su mirada zafiro preocupada sobre su persona.
—No yo... estoy perfectamente, no hace falta que te preocupes. —Se separo de él, como si su contacto quemara dejando escapar una risita nerviosa y moviendo ambas manos en signo de negación. — El día esta muy hermoso ¿No crees?
¿En serio, esa era su mejor idea?
¿Estaba tan desesperada?
Tierra, trágame
Había sido su pensamiento al enterarse de lo que había dicho.
Recurrir al clima para distraerlo no había sido la mejor idea, venga, habiendo tantos temas tan diversos, tan interesante, había tenido la desfachatez para elegir el del clima, se hubiese golpeado la cabeza contra el pupitre por torpe pero temía asustarlo aun mas, oh, y hacerse un chichón.
La risa de él resonó musicalmente en sus oídos.
—Eres rara, pero me agradas. Oh demonios, voy tarde, te llamo luego, ¿vale?, adiós. —Y hablando atropelladamente mientras consultaba su reloj de pulsera de marcho tan rápido que no le dio tiempo de contestar.
Aunque, aun teniendo el tiempo, no podría hacerlo, estaba sumida en sus pensamientos, mas bien dicho, en su felicidad.
¡Él había dicho que le agradaba!
Sonrío y finalmente se marcho, bajo la atenta mirada de Sasuke, quien con el seño fruncido maldecía a Naruto, sin entender a ciencia cierta el motivo.
—¡Oe, oe, Hinata! —Era Kiba que le sacudía el hombro con delicadeza.
—¿Eh?
—Tu siempre andas en las nubes. Te decía que la clase de matemáticas fue fatal; Umm al menos explica bien pero ¿A quién se le ocurre poner veinte ejercicios?, no voy a tener tiempo libre hoy. —Musito con fastidio y cierta tristeza mientras un ligero y tierno puchero adornando su rostro bronceado.
—Él no es tan malo, Kiba-kun. —Sin poder evitarlo la voz le tembló un poco, él le miro con extrañeza, casi como si hubiera aterrizado directo en frente de él desde una nave extraterrestre.
¿Había dicho algo malo?
Se pregunto a sí misma mientra observaba a su amigo con detenimiento. Este seguía en esa suerte de estado de shock y le miraba con una cara que le haca desear tener una cámara a la mano.
—¡¿Qué mosco te pico?, tu odiabas matemáticas, ¿Quién eres y qué hiciste con Hinata? —Exclamo con exagerado dramatismo, acusándole y señalándola con el dedo índice.
—No soy nadie y nadie hizo nada conmigo, es solo que ahora que entiendo matemáticas no parece ser tan mala, hasta diría que vamos mejorando. —Se río y después de recuperar el aire perdido había dicho aquello.
Sólo con Kiba, a quien le tenia mayor confianza podía habla sin tartamudear una pizca, aunque su voz salía débil y temblorosa, se conocían desde el jardín de niños y eran inseparables, ambos habían compartido juegos, risas, secretos y toda su confianza. Lo consideraba su mejor amigo, ese que estaba ahí en la buena y las malas.
Se despidió de él después de recibir una llamada de su padre, explicándole que el chofer la esperaba fuera; aquello era común, su padre jamás había ido a buscarla, no al menos que recordara. Habian vagado hata etar en el primer piso, donde estaban l casileros y varios salones; se acerco a su locker y guardo algunos libros allí, sacando otros tantos que necesitaría mas tarde, el chofer le espero paciente y gentilmente le invito a subirse al carro, abriéndole la puerta.
Trataba, sin éxito, de acallar el latido de su corazón, que resonaba insistentemente en sus oídos al recordar su conversación con Naruto, y se sonrojaba, su chofer le dirigió una mirada y con un gesto caballeresco le abrió la puerta para dejarla pasar. Sonrío y agradeció silenciosamente mientras tomaba asiento en el asiento de tela negra del lujoso automóvil.
Tendría apenas un par de horas para que su tutor llegara.
Al llegar comería junto con su padre, como siempre en un silencio desolador que le desagradaba y que hacia que el almuerzo se convirtiera en algo que preferiría a bien evitar. La idea de estar siquiera durante treinta minutos bajo su escrutinio le causaba una sensación desagradable en la boca del estomago. Él era un hombre duro, cuyo ojos luna tan similares y a la vez tan distintos a los suyos podían provocar en ella el mas insano terror con tan sólo dirigirle la mirada.
Y dolía.
Porque su padre era una figura distante y alejada, que no estaba dispuesto a dejar su frialdad de lado, que no estaba dispuesto a verle con ojos cariñosos como hacia antes. Para él, ella era un recordatorio constante de su amada y difunta esposa y eso a ella no le era indiferente y le causaba angustia y tristeza.
Los recuerdos felices de su padre eran escasos y se confundían en la nebulosa de su memoria temprana, siendo estos reemplazados por su dureza.
Después de la muerte de su madre, pocas habían ido la veces que había visto a aquel hombre amable y cariñoso que recordaba. No obstante, no lo odiaba, o al menos eso era lo que quería creer.
Aunque, pese a esto, lo que la acaba de su nube de tristeza era que Sasuke iria a enseñarle.
No pudo evitar pensar que eso era extraño. Su tutor debía de ser su pesadilla, no debería de agradarle tanto.
La palabra emoción junto con Hinata y matemáticas no solían escucharse juntas muya menudo, a menos que fuera una negación.
Contemple su rostro, apacible, y sus labios ligeramente abiertos. Ella estaba dormida cómodamente en el amplio mueble de cuero, lejos del gran ventanal con vista al patio. Tranquila y emitiendo tanta paz que me dio hasta un poco de lastima despertarla; se veía como una niña, inocente, tranquila y completamente indefensa a mis ojos.
Me había ido un segundo, en busca de unos papeles que por error había dejado en el living y había terminado por perderme en la gran casona, Pase horas vagando sin rumbo fijo, hasta que pude encontrar una pintura cuyos matices se me hacían conocidos y pude orientarme finalmente. Le contemple unos segundos embelesado por aquel rostro de porcelana en el que lucia una hermosa sonrisa que hacia ver su labios carmines por naturaleza un poco mas apetecibles y a la vez tan inocentes.
La acomode mejor, y notando el ligero temblor de su cuerpo causado por el frío me quite la chaqueta y la puse sobre su cuerpo, cobijándola del frío cruel de la noche. La mire con ternura un instante ante de estirar mi mano y cobijarla mejor, ella se refugio en la calidez que le proporcionaba mi chaqueta.
Ella era una inocente chiquilla, calida, tierna. Pero simplemente no podía evitar preguntarme por qué a veces la sombra y el dolor inundaban sus ojos, en un mundo justo ella no tendría que sufrir. Sin embargo, me recordé, el mundo era una completa mierda y en sí no era más que un montón de mentiras acumuladas y de injusticias que nadie se encargaba de arreglar.
Sin embargo... en ese lugar se respiraba con tanta paz, que era difícil recordarlo.
Y me quede allí un momento, tan sólo viendo como dormía; no era que fuese la primera vez que veía a alguien dormir, pero ella me inspiraba sensaciones extrañas, distintas.
Me inspiraba tanta quietud y ternura, hechizándome con su imagen y orillándome al vago hecho de sólo verla, sintiendo la suave caricia de su respiración acompasada sobre mi mano que se hallaba cerca de su rostro, causándome un ligero escalofrío.
Después de segundos que me parecieron interminables y deliciosos la poca cordura que había conseguido acumular se planto en frente y simplemente me fui, dejando mi chaqueta con ella.
Sí, pasaría frío, pero seria por una buena causa...
Espero que les halla gustado y la verdad, este capitulo fue un reto ineresante, porque queria ejemplificar todo de una manera que pareciera viable; espero haberlo logrado.
Cuidense
¿Merece un review?
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