Debido a problemas técnicos tardé mucho en actualizar.

Disclaimer: Cazadores de sombras y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Cassandra Clare. Esta obra es ficticia, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Basado en la canción Troublemaker - Olly Murs


"Cuarta"

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Había una lagartija tratando de subir a la banqueta; el bicho asomaba la cabeza y volvía a bajarla sin decidirse a escalar los pocos centímetros que le quedaban.

Magnus detestaba las lagartijas, al igual que a la mayoría de los insectos; y justo en ese lugar había demasiados insectos. Ya había visto un par de hormigas, un ciempiés, tres lagartijas y demasiadas abejas para su gusto. Detestaba que su amigo viviera en un lugar con demasiados insectos.

La lagartija pareció notar su odio con solo una mirada que le dirigió. Volteó la cabeza y se fue arrastrándose lo más rápido que pudo. Magnus sintió un escalofrió recorrerle la columna ante ese acto.

Su celular comenzó a vibrar y casi al instante metió las manos a los bolsillos del pantalón para poder sacarlo, dondequiera que estuviera ese infernal aparato; lo primero que vio cuando lo tuvo entre sus manos era el nombre de contacto que le había puesto a su amigo, desplazó el dedo por la pantalla y se llevó el teléfono al oído.

– ¿Cuánto más me harás esperar?

Una risa le llegó desde el otro lado de la línea.

No seas desesperado, ¿Dónde estás?

–Donde me pediste que esperara –gruñó en respuesta. Dio una mirada alrededor tratando de ver si el auto de su amigo estaba cerca– ¿Dónde demonios estas tu?

Escuchó una nueva risa, esta vez era una risa femenina.

Catarina se tardó en elegir su ropa de hoy.

Magnus soltó un nuevo bufido mientras se removía inquieto en su lugar. No podía reclamarle a Catarina el hecho de tardarse por elegir su vestimenta ya que el muchas veces hacia exactamente lo mismo. Sabía lo que era tardarse horas eligiendo algo.

– ¿Cuánto se van a tardar?

Unos cinco minutos, pero deberías ir caminando hacia Park Slope.

Soltó un suspiro y terminó la llamada en ese instante. Metió el celular a los bolsillos de su pantalón para después torcer la boca en una clara señal de disgusto. Pudo haberse quedado a observar más tiempo al chico Lightwood y sus desastres pero tenía que llegar a tiempo con sus amigos, los cuales debían haber aparecido hace dos horas; y ahora tenía que caminar de regreso para encontrarse con ellos. Realmente iba a matarlos en cuanto estuvieran frente a frente.

Aún contra su voluntad sus pies comenzaron a moverse en la dirección indicada por su amigo. Unos metros lejos del punto inicial una abeja empezó a zumbar cerca de su cabeza, y sus deseos de querer ahorcar a sus amigos solo crecieron con cada paso que daba.

Bastaron un par de minutos para que su molestia pasara a segundo plano, era una de las cosas que le molestaban sobre sus amigos, siempre terminaba perdonándolos, aunque fueran unos malditos y lo hicieran caminar más de lo necesario. Siguió caminando a la vez que le daba unas cuantas miradas a las plantas que había a su alrededor, en especial a las flores de colores llamativos. Por un momento no le molestó el hecho de tener que caminar de regreso, incluso podría decirse que estaba olvidando el hecho de haber esperado dos horas por la aparición de sus amigos.

Fue cuando dio vuelta en la calle siguiente que realmente olvidó todo su enojo. Pensó, por unos segundos, que si tuviera a Ragnor y Catarina frente a él probablemente los besaría en agradecimiento a su excelente idea de hacerlo caminar de regreso.

A dos calles de distancia estaba el chico Lightwood.

¿Qué tan probable era volver a verlo dos horas después de su último desastre?

Y Magnus casi sintió que su mandíbula se quejaba por el hecho de sonreír tan extensamente en menos de dos segundos. Sin necesidad de saber algo más volvió a retomar su camino, y era absurda la forma en que parecía que uno iba al encuentro del otro cuando en realidad solo estaban caminando para ir a lugares diferentes.

Unos segundos después Magnus notó que su contrario estaba caminando a la vez que movía la cabeza y el cuerpo ligeramente, como aquella vez en la tienda de discos. Sus ojos vagaron por el cuerpo ajeno hasta que dio con el cable de los audífonos, los cuales no eran de diadema, esta vez eran unos audífonos comunes y discretos, pero aún así el chico parecía completamente perdido en su mundo musical, ajeno a las cosas que pasaban a su alrededor. Seguramente era una forma de alejar su mente de su más reciente despido, porque era obvio que después de la matanza de maniquís iba a quedar despedido.

No estuvo realmente consciente de cuando fue que la distancia entre ellos se había reducido a la mitad, lo único que su mente realmente procesó fue la forma en que una de las manos de su contrario subía hasta su cabeza y se arreglaba ligeramente el cabello, un momento después esa mano bajó y se unió a la otra en las solapas de la chaqueta de su dueño. El chico Lightwood movió la cabeza al mismo ritmo que movía sus hombros. Magnus se preguntó si estaba realmente consciente de que estaba en la calle a la vista de todos, específicamente de él.

Se detuvo en cuanto la calle por la que andaba se terminó, al igual que la de su contrario. Y ahora lo único que los separaba eran los tres metros de la avenida, por la cual no pasaba ningún coche en ese momento. Se quedó estático en su lugar, esperando ver la decisión del otro, pero este no pareció darse cuenta que la banqueta se había terminado, siguió andando con la cabeza baja y los hombros moviéndose ligeramente.

Lo único que Magnus pudo pensar fue que el chico Lightwood solo estaba buscando problemas al cruzar de esa manera.

Estaba a punto de reír por la suerte que el pelinegro tenía al cruzar cuando no había autos cercanos, hasta que algo captó su atención, una calle a su izquierda un auto apareció, de color verde obscuro, compacto y limpio; el auto de su amigo. Volteó la cabeza de nuevo para saber si el otro ya se encontraba más cerca pero iba a media calle apenas. Y lo único que le preocupó en ese instante era que el chico Lightwood estaba lejos de la seguridad de una banqueta y que su amigo Ragnor era un verdadero peligro frente a un volante.

Y fue una verdadera estupidez pero avanzó los metros que faltaban para llegar al chico Lightwood, le tomó ambas manos y lo jaló hasta quedar lejos de la zona de riesgo. El chico se tensó casi al instante en que Magnus tomó sus manos y Magnus pensó que recibiría un puñetazo en el rostro, rogaba porque eso no pasara.

Fue apenas un instante para que ambos se miraran a los ojos y se reconocieran casi enseguida. El ojiazul enarcó una ceja antes de ser el primero en hablar.

– ¿Tú qué haces aquí?

Magnus sonrió. Una de sus manos dejó de apresar la de su contrario y se elevó para señalar el auto de su amigo.

–Salvándote, Lightwood.

El chico torció el cuello para ver el coche que ahora se hallaba estacionado detrás de él.

–Oh.

Magnus soltó una risa a causa de la simplicidad con que el otro tomaba su casi muerte.

–Ni siquiera te diste cuenta ¿Verdad?

–Bueno… –comenzó, sus mejillas ligeramente sonrosadas. Pero su ceño se frunció unos segundos después– ¿Cómo demonios sabes mi apellido?

Fue el momento de Magnus para sentirse ligeramente avergonzado, pero solo ligeramente porque, bueno, él era Magnus Bane, no se avergonzaba por cualquier cosa.

–La tienda de discos.

El ceño fruncido fue opacado de nueva cuenta por el creciente sonrojo en las pálidas mejillas; y que el infierno se congelara si había algo mucho más atrayente que ese chico sonrojado.

Parecía que ambos iban a decir algo más pero el pitido de un claxon arruinó cualquier intento de plática que ellos pudieran tener. Magnus dirigió su vista al auto y las ganas de ahorcar a su amigo retornaron con más fuerza que nunca.

– ¡Se nos hace tarde! –gritó Ragnor asomando la cabeza por la ventana.

Magnus casi soltó un gruñido, si se les hacia tarde no era su culpa.

–Chico Lightwood –dijo Magnus atrayendo al instante la atención de su contrario– Yo debo irme.

–Gracias por ayudarme, supongo –dijo con tono de voz lo suficientemente alta como para que se escuchara por sobre los pitidos del claxon– Y es Alec.

– ¿Alec?

–Alec –confirmó.

El ojiazul miró con el ceño fruncido el automóvil detrás de él, Magnus solo necesitó un par de segundos para entender el significado de lo que acababan de decirle.

–Magnus –exclamó a modo de presentación.

–Magnus –repitió el chico, como si de esa forma lo confirmara y lo guardara en algún lugar seguro en su mente.

O tal vez solo tenía alguna manía sobre tener la última palabra.

Se sonrieron mutuamente. Alec terminó de cruzar la calle y Magnus se acercó al automóvil, ambos se dieron una pequeña y última mirada, Alec comenzó a caminar sin mirar atrás y Magnus se subió al coche.

El auto comenzó su marcha en cuanto él cerró la puerta. Catarina se acomodó de tal forma que la mitad de su cuerpo estuviera girado hacia él, tenía una sonrisa en los labios que detonaba curiosidad.

–Así que… ¿Nueva conquista?

Magnus sonrió.

–Aún no lo sé.

Ragnor soltó una risa burlona, como si sus intentos de conquista fueran realmente patéticos. Pero qué más daba, a diferencia de su amigo él ya tenía el nombre y apellido de su chico problemático, y que el mundo dejara de girar si eso no era razón suficiente para sonreír como un idiota.


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Ahí está, faltan dos capítulos más así que, no sé, disfruten mientras puedan(?)

Dudas, aclaraciones o simples felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review me harán muy feliz.

¡Muchas gracias por leer!