A los que estén leyendo, quiero desearles unas felices fiestas y agradecer su apoyo a esta pendejada de historia. Me alegra mucho que la estén disfrutando, en verdad. Me hace felíz saber que les gusta esta historia, no duden que voy a continuarla.

Algo que notarán es que habrá situaciones que sean un poco o totalmente ilógicas. Esto es para darle más humor... desde lo que yo considero humorístico. Y es por eso que habrá un poco de humor negro... Y también notarán que suelo romper mucho la cuarta pared. Eso ya es común en mí.

Sin mucho que decir, vamos a empezar.


¿Qué diablos le ve?

Capítulo 4: Me las pagarás

¿Por qué?

¿Por qué simplemente no podía aceptar sus sentimientos y dejar de romper su corazón de esa manera? ¿No se daba cuenta de que la necesitaba en su vida?

Y es que Marinette no quiere aceptar esos sentimientos tan puros que le tiene por estar tan centrada en Adrien, por cosas increíblemente absurdas.

Frustrado, se apoyó en el barandal junto con sus amigas, en aquella plaza. Rose era la única que le prestaba atención, puesto que Juleka estaba concentrada en dibujarle una carita a una manzana.

Con esa expresión de aburrimiento tan típica en él, le arrebató a Juleka la manzana que estaba dibujando, la limpió en su chaqueta y se dispuso a comerla.

- ¡Oye, eso era mío! - Se quejó. Al ver que al pelirrojo no le importaba en lo absoluto, tomó otra manzana que tenía en su mochila, para dibujar una nueva carita.

- Me volví a acercar a ella, y nada. - Suspiró, ya estaba cansado.

- Eres persistente. Pero tienes que rendirte de una vez, ella jamás te hará caso. - Le dijo la pelinegra.

- Pero... -

- Juleka tiene razón. Solamente te harás más daño. -

- Rose, ¿No que tú eras la positiva? - Nath la miró directamente, a lo que ella suspiró.

- Sí, pero tengo que darle la razón a Juleka. No es bueno para ti que sigas con esto... tienes que ver la realidad de una vez. Esta obsesión que tienes con "Marinette" es tan fuerte como la obsesión de Juleka por las manzanas. -

- ¡Hey, yo no tengo ninguna obsesión con las manzanas! - Exclamó la pelinegra, recibiendo ciertas miradas de parte de sus amigos.

Nath le quitó la mochila a Juleka y la abrió, volteándola para que salga el contenido. Un sin fin de manzanas comenzaron a caer de la mochila hacia abajo, ¿Cómo es que cabía tanta fruta en una mochila tan pequeña?

Bajando las escaleras, un joven pasó distraído cuando las manzanas comenzaron a caer sobre él, extrañamente, formando una pirámide perfecta, pero quedando sepultado entre ellas como consecuencia. Pudo sacar un par de dedos por la punta, balbuceando palabras de ayuda, pero una última manzana cayó y lo sepultó por completo en esa perfecta pirámide.

Luego de presenciar tal cosa, ambos miraron a Juleka mal, mientra ella solamente soltaba risitas nerviosas.

- Ok... tal vez sí me gustan un poco las manzanas... Pero eso no me lleva a acosar a nadie. Como dije, deja a Marinette en paz y vuélvete gay, no sabes la cantidad de chicos que te pretenden dentro y fuera de la escuela, ¿Verdad, Rose? - Volteó a ver a su amiga, que tenía una tablet en sus manos con una gran cantidad de mensajes preguntando cuanto cobraba el pelirrojo.

Si lo miras atentamente, al pobre se le puede ver un tic en el ojo.

- ¿Qué tienen ustedes con mi sexualidad? Y vuelvo a aclarar, ¡Que sólo tengo ojos para Bridgette! -

. . .

Silencio incómodo...

- Nath, ¿De nuevo con eso? - Rose suspiró.

- ¡M-Marinette! ¡Yo quise decir Marinette! S-sólo... ¡Aish! - El pelirrojo se golpeó en el rostro, se maldice a él mismo y su torpeza.

Amabas chicas intercambiaron miradas, evitando decir algo respecto a ese tema que cada día era más preocupante.

- S-sólo hay que irnos... me siento incómodo con la pirámide de manzanas de abajo... -

Bajaron por las escaleras, en donde Juleka aprovechó en patear la pirámide para liberar al chico que había quedado atrapado... y llevarse sus manzanas.

Saliendo de la plaza, luego de unas calles iban a tomar cada uno su camino, hasta que...

- ¡Ay, ese gatito tiene la patita lastimada! - Exclamó la rubia al ver a un gatito con su patita bajo una piedra al otro lado de la calle.

- ¡Rose, no! - Exclamaron ambos adolescentes al ver las intenciones de su amiga de cruzar a lo pendejo por un gato.

Ambos se cubrieron los rostros y escucharon varios vehículos frenando de golpe, estruendos horribles, vidrios rotos, gritos de auxilio y maldiciones.

Cuando decidieron mirar, vieron que había muchos autos y camiones que habían chocado entre sí, o se habían salido de la pista y chocaron con algún local. Muchos muertos, demasiados heridos... pero Rose estaba del otro lado de la calle, intacta, con el gatito entre sus brazos. Al parecer no se había percatado de nada.

Nathanaël y Juleka intercambiaron miradas y decidieron ir con ella como si nada hubiese pasado, ignorando la escena que ahora había en las calles.


Otro día en la cárcel. O escuela. Depende de como la vean.

Nathanaël sólo podía verla como la oportunidad de ver a la amor de su vida todos los días. Bueno, él la consideraba así.

Y ese día, como todos los días, no perdía la oportunidad de retratarla en el una de las tantas hojas de su carpeta durante el receso. Por ese día, decidió darse la oportunidad de descansar de acosar a Adrien con tal de apreciar a esa chica tan perfecta.

Y justo una mano se posó en su hombro, que lo apretaba con algo de fuerza. Sea quién sea, debe estar enfadado.

- Tú lo sabías. - Era el mismísimo Adrien. Obviamente, Nath no perdería la oportunidad de molestarlo un poco.

- No sé de que me hablas. -

- No te hagas. Tú ya sabías que ella es alérgica a los tulipanes. - Cada vez se veía más enfadado, mientras que el pelirrojo hacía un gran esfuerzo por aguantar la risa.

- ¿Quién? ¿Yo? Te juro que no sabía nada sobre una alergia a los tulipanes. Sólo lo dije porque los tulipanes son hermosos. -

- ¿Cuándo vas a dejar de hacerte el desentendido? -

- . . . Está bien, lo admito. Yo maté a ese taxista. - Por dentro, Nathanaël estaba llorando de risa.

-. . . ¿Qué? ¡No me refiero a eso! . . . ¿Matar a quién? -

- No maté a nadie, estúpido. -

- Como sea... ¿Por qué lo haces? - Adrien parecía querer asesinar a Nathanaël con la mirada, pero éste no se dejaría vencer.

- Porque no permitiré que me quites al amor de mi vida, sólo por ser una cara bonita. - Dijo por fin poniéndose serio.

- ¿Quitártela? Ni que fuera tuya. Jamás lo fue... ¿Por qué ella querría estar con alguien cómo tú? - Le dijo en un tono algo burlón. - Ella es fantástica, increíble, es maravillosa... ella es perfecta. Y tengo la suerte de estar a su lado todos los días... no cómo tú. - Le miró de pies a cabeza, y con su rostro pudo confirmar que llegó a tocar cierto punto débil en él. Eso lo hizo sonreír.

- Algún día, ella se dará cuenta de lo que realmente le conviene, yo me encargaré de ello. - Quitó la mano del más alto de su hombro, con una expresión de asco. - Que te quede claro que esta es la guerra, Agreste... -

Ambos parecían querer matarse con las miradas, se podía ver el odio desprendiendo de ellas. El ambiente entre ellos era muy tenso...

Hasta que una manzana golpeó la cabeza de Nath.

- ¡La puta madre! ¡JULEKA! - La mencionada como Adrien estallaron en risas, mientras que el pelirrojo se ponía... bueno, ¿Modo tomate: ON?

- El punto es que me las vas a pagar, Nathanaël... -

- Ya quiero ver eso... -


Nuevamente, el pelirrojo despertó llorando en silencio. Simplemente no se podía sacar ese día de la cabeza, le dolía pensarlo.

Una vez que se calmó, miró hacia la ventana. Llovía, y eso lo deprimía aún más. No iba a tener ganas de nada ese mismo día. Suerte que era sábado.

Tocaron a su puerta, y Nath se levantó de mala gana para ir a abrirla. Eran sus amigas... ¿Por qué estaban ahí?

- Por si preguntas, ya son las dos de la tarde. - Dijo Rose al ver que Nath abrió la boca para hablar.

Nathanaël simplemente se acercó al barandal de las escaleras, viendo a su madre desde allí.

- ¡Mamá! ¿Por qué las dejas entrar? -

- Son sólo tus amiguitas, no tiene nada de malo. - Dijo alegre, a lo que Nath rodó los ojos. - Y hay alguien más que vino a verte. -

¿Alguien más?

- No sé como lo hiciste, Nathanaël... - Dijo Sophia, saliendo de su cuarto. - Si te la pasas tan idiota todo el día... -

¿Hacer qué?

Bajó las escaleras hacia el comedor, en donde se encontró con quien menos quería ver...

Adrien.

- ¡¿Qué hace él aquí?! -

- Yo sólo vine a visitarte... amigo. - Rió Adrien, obviamente sólo fue a molestarlo.

¿Cómo supo dónde vivía? Nath no lo acosó el día que discutieron, por lo que pudo aprovechar para seguirlo a su casa como Chat Noir y pensar en como molestarlo. ¿Qué mejor manera de molestarlo que con su presencia?

- . . . ¡Mamá! ¡¿Por qué lo dejaste entrar?! - Exclamó molesto, bueno, Adrien logró su objetivo.

- Es un compañerito de la escuela, no tiene nada de malo. -

El pelirrojo miró al más alto con cara de pocos amigos, a lo que éste solamente podía reír. Se le hacía realmente divertido.

- Mira, hijo de perra... - Comenzó Nath, pero luego su madre golpeó su cabeza con un periódico.

- ¿Qué te dije del vocabulario, muchacho? -

- ¡Mamá! -

Y mientras discutían, Juleka, Rose y Sophia miraban divertidas la escena desde el piso de arriba.

- ¿Él ha vuelto a mencionarla? - Preguntó esta vez más preocupada la mayor de las tres.

Ambas adolescentes se miraron, a lo que Rose habló.

- Parece que no piensa sacársela de la cabeza...-


Y pues nada, aquí termina este capítulo. Siento que no fue como los anteriores, pero es que más adelante se verá el por qué Nath se confunde y menciona a Bridgette en lugar de Marinette. Y también que es lo que sueña y por qué despierta llorando.

Espero que haya sido de su agrado, y nos vemos en la próxima actualización.~