Disclaimer:
Ningún personaje, así como la serie One Piece me pertenece, todo es autoría de Oda Eiichiro.
Este Fanfic es YAOI y explicito, además tratara temas que pueden herir la sensibilidad de las personas. Si este género no es de su agrado, por favor, les pido amablemente que se retiren.
La historia se sitúa en un universo alterno, por lo que no seguirá ninguno de los eventos ocurridos en el manga.
En algunos casos se puede presentar un leve OOC debido a algunas circunstancias.
Parejas:
KiddxLaw como la principal. Las parejas secundarias son: IceburgxFranky, MarcoxAce, MihawkxZoro, ShanksxLuffy y SanjixNami.
Capítulo 4: Recuerdos
"Te amo, te odio, no puedo estar cerca de ti
Te respiro, te saboreo, no puedo vivir sin ti
Simplemente no puedo aguantar más,
esta vida de soledad
Siempre... Siempre... Siempre..."
Always – Saliva
Raftel, Mariejois – Hospital Drum.
Después de aburrirse de las preguntas de su amiga Nico Robin, el carismático doctor Trafalgar Law se dirigió al segundo subterráneo del Hospital Drum, para ser más precisos, al antiguo depósito de cadáveres decidido a buscar la compañía de alguien que lo escuchara sin interrumpirlo cada dos segundos.
—Debí venir aquí en primer lugar —Law cerró la puerta con llave, quitándose su bata blanca y dejándola caer al suelo quedando vestido sólo con camiseta y pantalón de algodón de color azul. Se subió a una de las desgastadas camillas que habían sido olvidadas en la sala, acostándose a lo largo de esta. —Sabes, el señor Eustass sabía bastante bien.
—…. —su interlocutor guardó silencio.
—¿Cómo habría sido besarle como era debido? —se estremeció. Aún podía sentir el gusto a sangre y peligro que había probado en los labios de Kid.
—… —otra vez no obtuvo respuesta.
—La puerta está cerrada... no habrá inconveniente ¿verdad? —con lentitud introdujó su mano derecha bajo sus pantalones y acarició su zona intima mientras que con la izquierda tocaba sus labios.
—… —no hubo objeción.
Law comenzó a aumentar el ritmo de las caricias al mismo tiempo que cerraba sus ojos con fuerza y tal como esperaba, lo vio.
—Eustass... —frente a él y con la misma mirada cargada de odio que había visto en la sala de espera, estaba el pelirrojo, quien avanzó con seguridad hasta quedar al borde de la camilla.
—No eres real —lo sabía. Pero aun siendo una fantasía en su retorcida cabeza, sintió la presión en su cuerpo cuando Kid se subió sobre él hasta quedar a horcajadas, dejando que el calor que el otro irradiaba lo inundara. —No estás aquí —irremediablemente se perdió dentro de aquel ensueño.
En ese momento la realidad dejó de funcionar para él siendo consumido por el miedo y la excitación al sentir claramente el contacto brusco de la mano derecha de Kid sobre su cuello envolviéndolo con sus grandes dedos. La intención del pelirrojo no era ahorcarlo, sólo quería ejercer control.
Law rápidamente soltó su miembro y usó ambas manos para evitar que el otro lo lastimara, pero al final no logró mover al pelirrojo ni un centímetro y eso que éste usaba una sola mano.
—No eres más que una puta —le encaró Kid. —¿Así te gusta verdad? —Law no respondió, ya que ahora el pelirrojo había dejado de apretar su cuello para meter algunos de sus dedos en la boca del moreno. —Ahí tienes, chupa todo lo que quieras.
—Mmmm... - claro que lo hizo, eso y más. Con glotonería lamió los juguetones dedos para después morder con fuerza la piel. Quería volver a sentir el sabor de la sangre y cuando lo consiguió chupó con más ahínco aquellos intrusos que profanaban su boca con brusquedad. —¡Agghh!
Utilizando su mano libre, Kid había apretado con fuerza los testículos de Law ¿Cuándo el cantante se había colado bajo su pantalón? Pero le agrado. Aquel toque brusco y demandante lo estaba volviendo loco. Ya podía sentir el clímax.
—¿Quieres más?
—¿Ah? —de repente la voz de Kid había sonado distinta porque ya no era él con quien estaba. Quien acariciaba su cuerpo era aquel hombre que tanto aborrecía, tanto como a él mismo.
—Siempre te portas bien Law —susurró aquella voz. —Mereces un premio ¡Es tu dulce favorito!
—Mierda —Law abrió los ojos, rompiendo su fantasía transformada en sueño y finalizada en una pesadilla. No estaba Kid ni tampoco aquel hombre. Lo único que quedaba era una molesta erección, y el desbocado latir de su corazón. —Soy patético ¿Verdad?
—… —su reservado compañero seguía sin decir una palabra.
—Realmente... —reanudó el trato que había estado dando a su entrepierna antes de ponerse a fantasear con el salvaje chico. —Soy… —se acarició desesperadamente. —…patético —hasta que sintió su tibia esencia llenar su mano y frías lágrimas caer por su rostro. —hmmm … ahhhh.
—… —todo quedó en silencio por parte de ambos ocupantes.
El joven doctor se sentó en la mesa y esperó a que la sensación de hormigueo abandonara sus muslos y su respiración se calmara. Luego, se quitó el pantalón que había quedado con una clara evidencia incriminatoria y se dirigió a lavarse las manos y su zona intima en el baño que estaba en el fondo de la habitación. Finalmente cambió la prenda arruinada y volvió a colocarse su bata blanca. Si mal no recordaba, tenía que hacer una ronda dentro de poco.
—Bueno, sabes que confió en ti, así que ni una palabra de esto a nadie —hablo el pelinegro a su silencioso acompañante. —Señor Brook.
—… —aquel llamado Brook siguió sin responder. Después de todo, solamente era el viejo esqueleto que Shirohige había traído de la universidad donde había dictado cátedra hace tantos años atrás.
Raftel, Mariejois –Hospital Drum.
En otro lugar del Hospital Drum, Marco se encontraba esperando afuera del quirófano donde su padre atendía a su viejo y querido amigo Thatch. Deseaba estar ahí adentro, pero apenas había puesto un pie en el recinto escuchó la autoritaria voz de su padre exigiéndole que se retirara.
—¿Por qué? —no lo entendía. Había estado ahí con él y no pudo reconocerlo. Se sentía fatal y los recuerdos que atormentaban su mente no ayudaban para nada.
~FlashBack~
—¡Hola! —saludó amistosamente un niño de unos once años, cabello castaño arreglado hacia atrás y con una radiante sonrisa. —Somos compañeros de salón, mi nombre es Thatch.
—Buenas —respondió un chico de su misma edad, de cabello rubio y curioso peinado que lo asemejaba a una piña. —Yo soy Marco, me mude a esta ciudad hace poco.
—Por eso no te había visto antes —aquel llamado Thatch miraba fijamente al chico nuevo. —Mmmm... me gusta tu peinado, es super raro.
—Gracias... creo.
—¡Jajajaja! Oye, seamos amigos ¿sí?
—Está bien.
—Genial... a todo esto ¿Tienes dinero que me prestes?
—… —Marco se quedó mudo y con expresión dubitativa.
—Vamos, te lo devolveré —le prometió con gesto solemne. —si no es ahora, será cuando estemos más grande, para ese entonces seré millonario.
—Si tú lo dices.
~Fin del FlashBack~
Marco sonrió. Al final, Thatch sólo cumplió la parte en la que sería millonario, porque el dinero prestado nunca más lo vio, y no sólo lo que le dio aquella vez, fue algo que se siguió repitiendo. Pero no se arrepentía de nada, pues siempre lo habían pasado bien.
~FlashBack~
—¡Estoy muerto! —se quejó casi sin aliento un muchacho de unos dieciséis años con cabello castaño en tupe tirado en la fría cancha de baloncesto mientras miraba embobado el cielo nocturno. —Ya es tarde.
—Cielos Thatch —Marco se dejó caer a su lado mientras se secaba el sudor de la frente con la parte baja de su camiseta. —Fuiste tú el que insistió en jugar.
—Si... pero creo que jugar en toda la cancha fue mala idea.
—Ni que lo digas.
—Pero fue divertido, ni siquiera note que ya era de noche.
—Te lo dije varias veces.
—¿En serio? No te escuche.
—Si, te lo dije cada vez que te anote puntos y teniendo en cuenta que te aplaste fueron varias veces.
—Restregarme tu victoria es cruel.
—Si no te pusieras a lucirte cada vez que una de esas chicas pasaba corriendo me hubieras alcanzado.
—Tal vez… oye ¿Puedo quedarme en tu casa? No quiero irme apestando en el autobús.
—No cambies el tema —suspiró con resignación. —Pero no hay problema.
—Genial, me gusta ir a tu casa, tu padre me cae bien.
—También le agradas a él.
—Porque somos como hermanos ¡Abrázame!
—¡No! —fue muy tarde, Thatch se le había tirado encima. —¡Estas pegajoso!
—No seas tímido querido Marco, yo también te amo.
- ¡Quítate!
~Fin del FlashBack~
Con la cantidad de veces que Thatch se había ido a quedar a su casa, Marco optó por habilitar una habitación permanente para él con la aprobación de su padre el cual estaba encantado. Después de todo, no era muy difícil tomarle cariño al castaño. Aunque varias veces se vio tentado a darle un buen puñetazo en toda la cara.
~FlashBack~
—¿Qué estamos haciendo aquí? —Marco estaba incómodo, no sólo su tono de voz lo demostraba, su rostro daba claras señales de sentirse fuera de lugar.
—Celebramos —Thatch que ahora lucia una cuidada barba le alcanzó una botella de cerveza.
—No hay motivos para celebrar ¡Reprobé una materia!
—¿Y eso qué importa?
—Claro que importa.
—¿De verdad creías que siempre aprobarías todos tus ramos en la universidad?
—Mi padre lo hizo.
—Pero tu papá es otro cuento, además él dijo que está bien.
—Para mí no lo está.
—Marco, sé que es difícil, pero hombre, relájate.
—Lo haré quedar mal.
—Bueno, si te interesa mi opinión, yo no lo creo —el castaño se llevó su botella a la boca y terminó de un solo trago el contenido. —Tú eres su orgullo.
—Lo sé —imitando a su amigo, el rubio tomó un trago. —Pero...
—¡Vamos! Tú podrías salir a bailar desnudo en televisión y él seguirá orgulloso de ti.
—¡Mohahahaha! —no pudo evitarlo. Thatch siempre lograba sacarle una sonrisa. —Si tú me acompañas puede que lo piense.
—¿De verdad lo harías? —eso sí que le había hecho ilusión a su amigo, el brillo de sus ojos lo delataban.
—… —Marco sonrió y volvió a tomar un trago. —No.
~Fin del FlashBack~
No negaría que se había sorprendido al escuchar de su padre que Thatch lo había ido a ver en busca de un especialista en oftalmología. Tampoco ocultaría el miedo que sintió cuando volvieron a hablar por teléfono, pero en todos esos años Thatch no había cambiado en nada. Seguía siendo un hombre sincero y alegre, algo desubicado en algunas ocasiones, como comprobó cuando le habló con lujos de detalle de su relación con un lindo muchacho que derretía su corazón.
Pero aún era una persona única y sobre todo buena. Al contrario de él, que, al entrar a estudiar medicina, se enfocó sólo en eso. Las veces que podía ver a su amigo fueron pocas y cuando comenzó a trabajar dejaron de verse. Si no fuera por las pocas llamadas, postales, mails y noticias que escuchaba de su padre no hubiera sabido nunca que el castaño había triunfado en el mundo de los negocios hasta tener su propio banco.
—¿Por qué? —era lo único que podía decir. Los sentimientos que se agolpaban en su pecho lo mareaban. Quería que su amigo viviera, pero el médico en él le decía que eso no ocurriría. —Mierda —el pitido de su beeper lo había vuelto a la realidad. Cuando vio el mensaje recordó algo que se había perdido en los rincones de su memoria. Su cita con el especialista al cual había dejado plantado en el Baratie, y que por lo visto se encontraba molesto y venía en camino.
Raftel, Mariejois – Hospital Drum.
Caminando con cara de pocos amigos y mascullando algunos insultos, Eustass Kid avanzaba hacia el interior del hospital tras haber estado buscando durante casi una hora por el recinto y sus alrededores a cierto pelinegro y si no fuera por la llamada de Killer avisándole que iba a ser necesaria su presencia en la habitación de la chica accidentada seguiría dando vueltas por ahí.
—Esta me la pagas —estaba que no se aguantaba ni él mismo. ¡Había dejado que un hombre lo besara! Y además se quedó congelado como un grandísimo idiota sin poder reaccionar a tiempo y cobrárselas. Lo único que quería era golpear al causante de su rabia hasta cansarse, pero sobre todo hasta borrarle la maldita sonrisa. —Puto médico.
—Eso es imposible señor Eustass, tu magnetismo es demasiado poderoso – Aquellas palabras taladraban su cabeza una y otra vez produciendo un cosquilleo en sus labios al recordar lo que había acontecido después de escuchar semejante estupidez.
—Magnetismo y una mierda – llegó a uno de los elevadores y presionó el botón para subir al tercer piso. Tan concentrado iba en su mundo que no notó la mirada curiosa de Nico Robin, la jefa del área de psicología. Tampoco notó los susurros de Keimi quien iba repasando con concentración la ficha de su próxima paciente y menos los sollozos ahogados de la otra persona que se encontraba entre ellos, el cual era un muchacho de piel bronceada, cabello negro y rizado atado en una coleta, labios gruesos y una larga nariz.
—Tercer piso —anunció una voz mecánica mientras las puertas se abrían. —Urgencias.
Nico Robin fue la primera en salir, seguida de Keimi y Eustass Kid. El único que quedó en el ascensor fue el narizón, que una vez se vio solo comenzó a llorar.
—Pobrecillo —pensó la pelinegra, ya que no sólo había estado atenta al pelirrojo, también estuvo al tanto del sufrimiento del otro chico, pero ahora lo importante era la chica de la habitación 3306. Robin abrió la puerta dejando que los otros dos entraran, y cerrándola al final.
—Gracias por venir a pesar de que no es su responsabilidad, señor Eustass —habló con sinceridad la pelinegra mientras que se colocaba frente a la cama de Nami junto a Keimi al mismo tiempo que Kid se sentaba en una silla al lado de un sombrío Killer, el cual había estado esperando junto a la inconsciente chica desde hace un rato. —Soy la doctora Nico Robin, encargada del caso de Dorobo Nami, junto al doctor Trafalgar Law... al cual tengo entendido ya conoció.
—Si —el tono que ocupó la mujer para decir lo último le molesto, especialmente por su expresión divertida. Apretó los puños y trató de mantener la calma. —Vaya al grano, doctora.
—Está bien —Nico Robin cambió su sonrisa por un semblante más serio. —Como ya sabe, debido al traumatismo craneoencefálico que sufrió esta joven ahora sufre amnesia retrograda, por lo que sus recuerdos de los últimos años están suprimidos y en este momento ella cree tener quince años.
—Eso ya me lo explicaron, lo que quiero saber es porque se me dijo que yo sería su responsable.
—Bueno, eso en parte es mi culpa —confesó Robin ganándose una mala mirada de parte de Kid. —Yo asumí que usted era su pariente y dado a que la joven parece recordarlo de alguna manera, lo recomendé a usted para que cuide de ella mientras pasa esta crisis.
—Yo a ella no la conozco.
—Le creo, pero los recuerdos de esta chica están algo confusos —Robin tomó la ficha que Keimi sostenía. —no solo ha olvidado los últimos años de su vida, también ha construido una nueva realidad en torno a usted.
—Ya le dije que yo nunca la había visto —Kid habló con un tono más alto de lo normal, sin gritar, pero dando claros signos molestia. —Lo que dice usted no tiene sentido.
—En realidad si lo tiene —lo interrumpió Killer, el cual había estado callado desde que habían llegado, llamando la atención de los presentes por primera vez. —Después de todo eres una figura pública y además yo si conozco a esta chica.
—¿Qué dijiste? —preguntó amenazadoramente el pelirrojo.
—Es compañera de cuarto de una prima —el rubio estaba incomodo, pues ya veía venir una de las rabietas de su amigo y eso que no sabía el gran problema en el que se había metido. —Para mi cumpleaños pasado Sadi la trajo ¿No te acuerdas?
—Entonces es tu problema —Kid se levantó de la silla dispuesto a irse, pero Robin lo detuvo.
—Entiendo que no quiera cargar con una responsabilidad como esta, la señorita Nami de verdad lo necesita y solamente será por unas semanas.
—Aunque sea por unos días, mi respuesta seguirá siendo no.
—Tendrás que hacerlo – insistió esta vez Killer.
—He dicho que no.
—¿No hay nada que lo haga cambiar de opinión? —Robin no lo dejaría ir fácilmente, aún tenía formas para obligarlo, pero quería que el hombre cooperara voluntariamente. —Lo único que le pido es que venga a verla durante toda esta semana, por favor.
—No soy una persona caritativa.
—Nunca he pensado eso, pero entienda que usted ya está involucrado con ella, tiene que hacerse responsable.
—¿Responsable?
—¿No se ha enterado? —Robin lo miró con incredulidad. —Un reportaje completo sobre el accidente salió en el noticiero de esta mañana.
—Pero yo no fui el responsable ni tampoco la lastimé a ella.
—Ese no es el problema —Killer miro fijamente a Kid. —Alguien tomó fotos del momento en el que tratabas de sacar a la chica de su auto, también de cuando te subiste a la ambulancia para acompañarla hasta acá y para empeorar, hay fotos y un vídeo de tu pelea con el chico que dijo ser su novio ¿Entiendes ahora? La gente pensara que es tu amante y ni hablar del hecho de que te expusiste a un escándalo como este ¿Sabes cuantas veces me llamó Crocodile? Está furioso, sabes que odia este tipo de cosas. —el rubio sacó el celular de Kid, con el que se había quedado después de quitárselo antes del accidente con el novio de Nami. —También tienes llamadas perdidas de tu abuelo.
—… —milagrosamente Kid guardó silencio. Entendía el enfado de su manager, pues a él tampoco le gustaba hacer noticia por ese tipo de cosas, pero con toda la franqueza del mundo, le importaba muy poco que Crocodile estuviera cabreado con él, no era ni sería la primera vez. Su problema era su abuelo, porque entre todas las personas del mundo, no le hacía gracia tenerlo enojado. —No fue mi culpa.
—Nadie lo está culpando señor Eustass, pero en el estado de la paciente no es aconsejable que este expuesta a estas situaciones.
—¿Y cree que viniendo a verla todos los días no es lo mismo? La gente hablara de ella de todas formas.
—Entiendo lo que quiere decir, pero lo importante ahora es su estabilidad mental y emocional, en la cual usted es pieza clave. Yo me comprometo a hablar con su manager y con quien haga falta para solucionar esto. Sólo venga a verla por unas semanas, no pido nada más.
—Vamos señor Eustass, vea el lado positivo, así me puedes ver más seguido —Kid gruño ¿Por qué tenía que recordar eso ahora?
—Sólo por dos semanas.
—Trato hecho —Robin sonrió triunfal y le entregó unos documentos en el que se estipulaba que él aceptaba ser el tutor de Nami mientras estuviera amnésica. Sólo quedaba que el pelirrojo lo firmara.
Raftel, Mariejois – Hospital Drum.
Después de haber sido abandonado por Marco en el pasillo, Luffy había dejado el tercer piso del hospital y tras casi una hora de aventura, ahora se encontraba en el primer piso, aun cuando lo más lógico hubiera sido estar con Ace en esos momentos decidió dar una vuelta por el lugar, necesitaba despejarse y no estar pensando constantemente en que su hermano estaba debatiéndose entre la vida y la muerte, así como tampoco recordar cosas que le hacían sentirse como el peor de los hermanos.
~FlashBack~
—¡Luffy! —Ace buscaba a su hermano por el departamento siendo el comedor su última parada, totalmente extrañado de no encontrarlo pues el menor jamás salía solo y había visto a Chouchou en su cama durmiendo. —¿Dónde te metiste?
—Aquí —escuchó la voz, pero no supo de dónde venía.
—¿Dónde estás? —por más que miraba no podía encontrarlo. —¡Ah! —gritó asustado cuando sintió un agarre en su pierna. —¿qué...?
—Estoy aquí —el brazo de su hermano salía por debajo de la mesa que era cubierta por un mantel que lo ocultaba. —Lo siento, no quise asustarte
—¿Qué haces ahí abajo? —El pecoso se agachó hasta poder ver a Luffy que estaba sentado con las piernas cruzadas y lo miraba entre divertido y culpable.
—Mmm nada, solo quería esta un rato solo.
—Tienes una habitación para eso ¡no me asustes! —el mayor le dio un suave golpe en la cabeza en modo de regaño, hubiera sido más fuerte, pero creía saber porque su hermano menor estaba triste —¿Estas molesto?
—No, es que... bueno, da lo mismo donde este, todo se ve igual.
—Entiendo —claramente estaba molesto, lo estaba desde hace uno días cuando recibió la respuesta de una prestigiosa escuela de gastronomía, la cual rechazaba la solicitud de ingreso del menor por sus limitaciones. —Habrá otras.
—Pero yo quería ir ahí —suspiró con resignación. —Tal vez deba buscar otra cosa.
—¿No querías estudiar gastronomía? No te rindas.
—Sólo quería porque me gusta la comida.
—No es sólo eso, eres bueno cocinando. Tienes buen olfato y un gusto único ¿recuerdas lo que Bon-chan dijo?
—Es nuestra "tía", así que no cuenta. Además, no importa que tenga buen gusto u olfato, ni que se me ocurran buenos platos, mientras no vea bien no me dejarán entrar, y cada vez estoy peor.
- ¿Y si te curas?
- No hay cura.
- ¿Y si la hubiera?
- Ace, cuando algo se rompe ya no tiene solución.
~Fin del FlashBack~
Se arrepentía de haber dicho eso. Pero aun cuando lo seguía creyendo, no quería que se aplicara a su hermano. Ace no podía estar roto. Daría lo que fuera porque eso no ocurriera, pero los doctores habían dicho que solamente quedaba esperar.
—Si Chouchou estuviera aquí esto sería más fácil —se quejó el moreno mientras usaba sus manos para guiarse por una pared. Había intentado caminar por el centro del pasillo, pero chocó con varias personas en su búsqueda de la salida del hospital. —Disculpe, señor ¿me puede decir dónde queda la salida?
—¿Señor? —contestó molesta una voz. —¿Es que me estas tomando el pelo? ¡Señorita para ti!
—S-señorita —Luffy trató de enfocar su vista, pero era inútil. Lo poco que podía distinguir de la persona a la que había preguntado le recordaba más a un hombre que a una mujer. —¿Puede decirme donde está la salida?
—¿Ni siquiera vas a pedirme perdón? —se quejó dolida la misteriosa mujer.
—Lo siento, ahora, ¿Dónde queda la salida?
—¡Eres idiota! —realmente parecía enojada. —¡Está ahí!
Y pudo distinguirla. Frente a él, un sector se encontraba más iluminado que el resto del lugar, lo cual era debido a la luz natural que provenía del exterior.
—Gracias señorita —Luffy no esperó respuesta, simplemente se alejó de la mujer de cabello anaranjado y frondoso, labios gruesos y ojos pequeños, la jefa de las enfermeras del Hospital Drum; Curly Dadan. —Al fin —se sentía orgulloso de sí mismo. Era la primera vez desde que su ceguera había progresado tanto que lograba desplazarse en un lugar nuevo sin tanto problema, lástima que había celebrado antes de tiempo, ignorando olímpicamente las escaleras que estaban a unos pasos de donde él se encontraba. —¡Ahh!
El vuelco que sintió en su estómago al perder el piso donde caminaba lo asusto, suerte que no alcanzo a rodar por las escaleras, pues en ese preciso momento una firme mano lo agarró de su brazo izquierdo evitando ese penoso accidente.
—Debes fijarte por donde caminas —le regaño un hombre vestido de traje oscuro, sin corbata, con los primeros botones de su camisa blanca desabrochados y lentes de sol negros, los cuales hacían resaltar su brillante cabello rojo. Aunque para Luffy todos esos detalles solo eran una gran sombra borrosa.
—Lo siento —el moreno se soltó del agarre y como pudo trató de buscar la baranda para bajar por la escalera.
—No puedes ver ¿verdad? —el pelirrojo se quitó los lentes dejando ver tres cicatrices en su ojo izquierdo.
—¿He? —el chico se detuvo ante esas palabras. —¿Cómo lo sabes?
—Porque se nota ¿Eres paciente de este hospital?
—No, vine a ver a mi hermano que está aquí desde ayer.
—Entonces no deberías estar solo en un lugar que no conoces.
—No me gustan los hospitales.
—Eso no importa, lo que haces es peligroso —el hombre volvió a tomar su brazo. —Ven conmigo.
—No debo ir con desconocidos.
—Tienes un punto, pero soy médico y no puedo dejarte dando vueltas solo.
—Estaré bien, ya me memoricé los tres primeros pisos del edificio.
—¿Todos?
—Si, sólo me queda la parte de afuera —intentó soltarse nuevamente, pero no lo consiguió. —¡Suéltame!
—No —la forma en que lo dijo fue suficiente para que Luffy no pudiera replicar. —¿En qué piso está tu hermano?
—En el tercero —después de decir eso, el menor se vio arrastrado por el otro hombre. —Espera.
Todos los pedidos por detenerse fueron ignorados y el pelinegro lo hizo regresar por donde había venido, lo cual realmente lo molesto ya que en menos de cinco minutos lo que a él le demoro casi una hora en avanzar se fue a la basura.
—¿Cuál es la habitación? —le cuestionó el mayor después de haber entrado en el elevador.
—No lo sé —él había seguido a Otohime cuando entraron a ver a Ace, por lo que no se interesó en saber eso. —Pero sé cuánto tengo que caminar y por donde para llegar
—¿De verdad lo memorizaste todo?
—Ya te dije que sí, yo no miento.
—Entonces guíame —las puertas del ascensor se abrieron y Luffy estuvo a punto de salir hasta que la voz que anunciaba los pisos informó el correspondiente.
—Segundo Piso —con lentitud se giró para enfrentar a su acompañante. —Quirófanos - Partos.
—¡Dahahahahaha! —el sujeto comenzó a reír a carcajadas tras ver al pelinegro con la cara roja y las mejillas hinchadas quien como pudo retrocedió hasta el fondo del elevador. —Por poco.
—¡Eso es trampa!
—Lo siento —realmente no parecía sentirlo, pues seguía riendo. —Pero te vez muy gracioso.
—¿Akagami? —el pelirrojo levantó la cabeza encontrándose con Marco, el cual lucia pálido y ojeroso.
—Hasta que te encuentro —su tono de voz dejaba ver cierto enfado. —Te estuve esperando tres horas ¡Tres horas!
—Olvide llamarte —Marco entró al ascensor con une expresión de cansancio y presionó el botón para el quinto piso. —¿Luffy? ¿Qué hace aquí? —el rubio se sorprendió cuando noto al menor justo en el momento en que las puertas se cerraron.
—Voy de vuelta a la habitación de Ace —respondió el pelinegro.
—¿Se conocen? —preguntó Akagami.
—Es el hermano de uno de mis pacientes —el pelirrojo miró con atención al chico, como si ahora fuera lo más interesante del mundo.
—¿Has sabido algo de Thatch? —el ascensor de detuvo avisando el piso correspondiente.
—Si... hace unos momentos su operación terminó.
—¿Cómo está? ¿Puedo verlo?
—Aún no se encuentra estable, está en cuidados intensivos y por ahora es mejor que vuelvas con tu hermano —Marco colocó su mano en el borde de la compuerta, evitando que se cerrará. —Vamos, te acompañare.
—Está bien.
—Yo llevaré a Luffy de vuelta, tú espérame en mi consulta.
—Oye Marco ¿Estás bien? No tienes muy buena cara, digo, peor del careto que siempre traes.
—No molestes, sólo estoy cansado —fue lo último que escuchó de su compañero, quien se bajó junto al chico, dejando solo al pelirrojo con rumbo al quinto piso.
—Cansado… ni siquiera sabes mentir —Shanks supo que preguntar estaba de más. Lo comprendió rápidamente incluso cuando el otro aparentaba que todo estaba bien. Akagami pudo notar que Marco se estaba desmoronando, pero eso no parecía detenerlo ya que el rubio siguió avanzando.
—¿Es amigo tuyo? —cuestionó Luffy una vez las puertas del ascensor se hubieran cerrado y caminaban hacia la sala de espera. —¿Es doctor?
—Desgraciadamente… y si, es doctor —por un instante el mayor pareció recapacitar. —Olvida lo primero que dije —no tenía caso hablar de eso con un extraño. —A todo esto, ¿Por qué estabas con él?
—Lo encontré abajo, en la salida del hospital.
—¿Qué hacías ahí?
—No me gusta este lugar y necesitaba respirar otro aire, es difícil ver a Ace así.
—Si, pero es peligroso —Marco abrió la puerta que conectaba la sala de espera con el pasillo donde estaban ingresados los pacientes. —Por aquí.
—Gracias —Luffy pasó a través de la puerta. —Eso ya me lo dijeron —era cansador escuchar el mismo cuento. Él no era un niño pequeño y había logrado llegar sin problema. —¡Auch! —aunque el chocar con personas y cosas era algo común para él. —¿Qué sucede? —se llevó una mano a la nariz, la cual le dolía un poco tras colisionar con la amplia espalda de Marco.
—No te muevas de aquí, vuelvo en seguida.
—¿Es Ace? ¿Doctor? - suspiró. Otra vez lo había dejado solo.
Marco se dirigía a ver a una de las internas, Keimi, que estaba sentada en el piso del pasillo con una bolsa de gel helado en su mejilla.
—¿Qué te sucedió?
—Es mi culpa —respondió ella tratando de ocultar las lágrimas.
—¿Qué cosa?
~FlashBack~
—¿Es usted pariente de Roronoa Zoro?
—No, soy Ichimonji Koushiro, el padre de la chica que acompañaba a este joven —el hombre que hablaba llevaba puesto un kimono verde, era alto, usaba anteojos redondos y su cabello era canoso. Pero lo más característico era una sonrisa que demostraba serenidad.
—Entiendo —apenas había podido articular dicha palabra. Desde el primer año de medicina en la universidad, los habían preparado para dar este tipo de noticias, pero en práctica las cosas eran distintas.
—Doctora, no tienes que preocuparse, ya hable con el doctor Dracule Mihawk —eso la sorprendió. No sólo porque su superior le hubiera quitado ese penoso momento, sino también por la actitud del hombre frente a ella, que aun cuando se notaba que había llorado, le había entregado una sonrisa llena de amabilidad. —¿Puedo pasar a ver a Zoro?
—Si, él esta sedado en este momento, pero no hay problema.
—Muchas gracias doctora —el hombre entró en la habitación del peliverde y tal como había dicho la mujer junto a él, éste se encontraba plácidamente dormido. Koushiro se colocó a los pies de la cama mientras que la doctora se acercó al paciente para controlar sus signos nuevamente. —¿Sabe él lo que ocurrió?
—No, el doctor Mihawk ordenó que lo sedarán tras un cuadro de angustia y...
—¿Qué es lo que debo saber doctora? —la voz de Zoro interrumpió el relato de la chica, la cual se congeló.
—Debes calmarte —habló el hombre mayor con el mismo gesto sereno.
—Maestro... ¿Dónde está Kuina? —cuando el chico volvió a hablar, dirigió su vista hacia la mujer que estaba a su lado. —Contésteme doctora.
—Zoro, escúchame —el anciano se aproximó y colocó su mano en el hombro del joven. —Debes ser fuerte... Kuina... ya no está con nosotros.
Zoro empalideció más de lo que ya estaba. Se negaba a creerlo, aun cuando sabía que su maestro no le mentiría en algo así le fue imposible aceptar esa realidad abrumadora. Kuina significaba mucho para él y el sólo pensar que ya no estaría le hizo derramar las lágrimas que estaba conteniendo.
—¿Por qué no me lo dijeron? —su voz tembló. —Ese hombre dijo que usted la buscaría.
—Lo siento mucho señor —la doctora hablaba con la verdad, pero no había nada que ella pudiera hacer. Habían sido ordenes de Mihawk.
—¿Usted lo sabía?
—S-si —con culpa cerro los ojos. —Yo decreté la hora de su fallecimiento.
—¡Detente Zoro! —el grito del anciano fue lo último que escuchó la chica antes de sentir un fuerte golpe en su rostro que la hizo retroceder unos pasos. Al abrir los ojos notó como su mejilla ardía tras recibir una bofetada del joven que se encontraba en cama.
—¡Largate! —la orden denotaba odio, y la chica no necesito escucharla una segunda vez para salir de ahí.
~Fin del FlashBack~
—No fue tu culpa —la consoló Marco. —Debías seguir ordenes, y en su estado no tenías otra opción.
—Lo sé, pero no puedo evitar sentirme culpable.
—Doctor —le llamó Luffy desde atrás. —¿Podemos ir donde Ace?
—Está bien, doctora, con su permiso.
—No se preocupe doctor y gracias por escucharme —los dos hombres se alejaron de la mujer con rumbo a la habitación de Ace.
—Estoy sorprendido —comentó Luffy.
—¿Sorprendido?
—No pensé que los doctores llorarán.
—¿Por qué no? Somos personas después de todo.
—Pero es la primera vez que oigo llorar a uno. Cuando mis hermanos y yo íbamos a ver a un médico éramos nosotros los que llorábamos.
—Bueno, la mayoría respetamos un código, pero hay veces en que las situaciones nos superan.
—¿Usted lo respeta siempre?
—Siempre —lo dijo con seguridad y orgullo.
—¡Doctor Marco! —el grito de Otohime los alerto. —Venga rápido.
Quedaban pocos pasos para llegar a la habitación de Ace, lo que le permitió estar ahí en unos segundos, pasando al lado Shirahoshi y su madre, hasta llegar al lado de Kaya.
—¿Qué sucedió? —Marco miraba el monitor que producía un pitido insistentemente alertando la irregularidad de los latidos del moreno.
—Su presión ha bajado y está sufriendo arritmia —la chica había iniciado las compresiones cardíacas.
—Déjame a mí —el rubio tomó su lugar y comenzó a presionar con ambas manos en el centro del tórax, sobre el esternón de Ace. —Trae el desfibrilador y llama a Vista.
—En seguida —la chica despareció de la habitación y por un segundo casi choca con Luffy quien se encontraba en la puerta.
—Luffy —la mayor de las mujeres tomó la mano del muchacho.
—¿Qué sucede Otohime? —estaba aterrado, se escuchaba claramente en su voz.
—No debes temer, Ace estará bien.
—Marco —el doctor Vista había regresado junto con la rubia que traía el desfibrilador. —Kaya, dame las paletas —ordenó el recién llegado a la chica. —Tú sigue con las compresiones —le indicó a su amigo. —Carga a 300.
—Listo.
—Uno, dos, tres ¡despejen!
—Nada —Marco siguió ejerciendo presión.
—Vuelve a cargar.
—Vamos chic, tienes que volver —el rubio no estaba dispuesto a dejar ir al pecoso tan fácilmente. —No vas a irte ¿Me oyes?
Era demasiado lento. El tiempo para Luffy se volvió pesado, los segundos pasaban lentamente y él no era capaz de expresar palabra alguna. Jamás se había sentido así y le costaba respirar. Quería creer en lo que Marco le había dicho, que su hermano estaría bien.
—Listo.
—Uno, dos, tres ¡despejen!
El sonido del pitido cambio a uno más tranquilo, y todos dejaron escapar el aire que habían estado conteniendo.
—Está estable —anunció el rubio mirando a Luffy.
—Pensé... que lo perdía.
—Luffy, mi mamá tenía razón, Ace es fuerte —Shirahoshi tomó la mano libre del menor como una muestra de apoyo. —Estoy segura de que él y el señor Thatch saldrán de esta.
—Tu amiga tiene razón —Marco suspiró, eso había estado cerca.
—Doctor Newgate, puede venir conmigo un momento —Vista ni tiempo de responder le dio. —Doctora Kaya, este atenta.
—¡Si! —la chica respondió con fuerza.
—Creí que se me detendría el corazón —habló con nerviosismo la pelirosa una vez que los médicos dejaron la sala.
—Shirahoshi no digas esas cosas —le regañó su madre, aunque debía reconocer que por poco le había pasado lo mismo.
—Quiero que despierte ya ¿Lo hará? —con cuidado se acercó a la silla al lado de la cama de su hermano, necesitaba sentarse o se desplomaría ahí mismo.
—Sin duda, este hospital cuenta con buenos especialista y como la joven dijo, se nota que Ace es una persona fuerte.
Lo era, tanto Ace como Thatch eran fuertes, eso Luffy lo sabía. Ahora solo faltaba esperar a que despertaran, se irían a casa y él podría seguir molestando a su hermano. Su vida debía volver a ser como antes.
—Luffy.
—Doctor Marco —se volteó para enfrentar al recién llegado. —Muchas gracias.
—No necesitas dármelas —la voz del rubio sonaba extraña. —Necesito hablar con ustedes sobre algo.
—¿Ocurre algo malo con mi hermano?
—Él está bien ahora, de quien tengo que hablarles es de Milo Thatch.
—¿Despertó?
—No.… hace unos momentos debieron ingresarlo nuevamente al quirófano debido a un derrame cerebral.
—¿Pero está bien?
—Al parecer la operación se complicó.
—¿Como esta?
—Lamento comunicarles que el señor Thatch... falleció hace unos momentos —Marco no quería decir esas palabras. Se negó a creerlo cuando Vista se lo comunicó, pero él lo había dicho, el código debía respetarse siempre, y no podía desmoronarse ahora.
Raftel, Mariejois – Estacionamiento - Hospital Drum.
Estaba cansado. No había dormido en casi toda la noche, y como si fuera poco ya le habían fastidiado dos veces en lo que iba del día y en ambas ocasiones los culpables habían sido doctores y en parte Killer y su estúpida hermana. Pero aún faltaba lo peor, y ya no podía evitarlo, por lo que una vez llegó al estacionamiento sacó su celular y devolvió una de las tantas llamadas perdidas.
—Hola —rápidamente alejó el aparato de su oreja para evitar escuchar el gruñido de su abuelo. —No grites —era tal como lo había pensado, el anciano estaba molesto. —Si, estoy bien —pero sentía que su cabeza explotaría en cualquier momento. —… lo siento, no escuche las llamadas… no se me ocurrió llamarte, lo siento... ¡Ya te dije que lo siento! —Kid alzó un poco la voz, pero en la inmensidad del estacionamiento vacío parecía que gritaba. —Ya hablé con Crocodile —su abuelo lo estaba cansando —¡No me importa! —ahora si había gritado. —Olvídalo, te llamaré después.
La había jodido. No sólo le gritó al único hombre al que le tenía algo de respeto, también le había colgado cuando él aún hablaba. Pero estaba tan agotado que no le importaba y se dejó caer en uno de los peldaños que estaban cerca de la entrada del hospital. No le haría mal dormir ahí por unos momentos, nadie lo molestaría. Necesitaba unos minutos y ya estaba por quedarse dormido cuando recibió un pequeño azote en la nuca.
—¡Mierda! -—se giró para enfrentar a quien hubiera osado molestarlo, pero a penas lo hizo sintió un nudo en el estómago.
—Deberías irte a tu casa señor Eustass —uno de los causantes de sus males se encontraba a su espalda y en su mano derecha sostenía un guante quirúrgico con el cual lo había golpeado. —¿Quieres que te lleve?
—¿Tú? —en el rostro de Kid se formó una mueca de asco.
—¿Esperabas a alguien más? —Law tiró el guante al basurero que estaba cerca de la puerta tras él. —Siento decepcionarte.
—A decir verdad... si quería verte —Kid se levantó del suelo y se acercó amenazadoramente hacía el pelinegro.
—No digas esas cosas o pensaré que soy importante.
—Además de maricón tenías que ser arrogante.
—Tengo motivos para serlo, si gustas te los muestro.
—No me toques los cojones —esta vez no se le escaparía, no le daría oportunidad. Fue limpió y directo. El puñetazo que acertó en el rostro de Law produjo un eco que hizo estremecer a Kid. —Aún tengo ganas de romperte la cara como es debido.
El doctor se sorprendió. Esperaba un golpe más fuerte, aun cuando tuvo la suficiente potencia para tirarlo al suelo y romperle el labio. No pudo evitar reír.
—¿Qué es tan gracioso bastardo asqueroso?
—¿Esto es todo? ¿No harás nada más? —su acompañante no respondió, simplemente paso de largo dispuesto a largarse. —Entonces mi beso no te desagrado tanto ¿Quieres que lo repita?
—Te dije que no me jodas —tenía que calmarse. No iba a caer en un nuevo escándalo y menos por culpa del estúpido doctorcito.
—¿Tienes miedo de qué te guste?
—¡Vete al diablo! —debía salir de ahí ahora mismo antes de cometer una locura.
—Prefiero quedarme contigo.
Kid se detuvo. Sabía que estaba mal caer en la provocación del moreno, pero todo su cuerpo le gritaba que le diera su merecido ¡Pero no podía!
—Búscate a otro idiota para tus juegos.
—Pero yo te quiero a ti —el pelirrojo no supo en que momento el otro se había levantado, y menos cuando se acercó hasta llegar frente a él. —Tienes algo... no sé qué es, pero me gustas mucho.
—¡Me das asco!
—No me mientas, si de verdad te diera asco, no estarías aquí —Law colocó suavemente su mano sobre el pecho de Kid. —¿Por qué esa expresión?
—Aléjate —estaba tenso. El toque del moreno era débil, pero no pudo evitar estremecerse. —Me repugnas.
—Insiste todo lo que quieras —su mano ejerció más presión, lo que le permitió sentir los latidos que cada vez se aceleraban más. —Al contrario de ti, yo no tengo miedo de decirlo.
—Estas enfermo.
—La homosexualidad no es una enfermedad, señor Eustass —Law se lamió los labios limpiando un rastro de sangre. —Ese es un pensamiento algo antiguo ¿No crees?
—No es eso de lo que hablo. Es de tu estupidez de andar jodiendo a los demás —la situación estaba saliéndose de control.
—Pero yo no quiero joder a nadie —el hombre de los tatuajes acortó la distancia hasta que su cuerpo quedo pegado al del más alto. —¿Qué te hace pensar eso?
—El que actúes como una perra en celo cuando sabes que me molesta me da la razón ¡Esos juegos no me interesan!
—¿Prefieres a una mujer? —Law puso su pierna izquierda entre las de Kid. —¿Eso te hace sentir más hombre?
—Tú no sabes nada de ser hombre.
—… Claro que lo sé y por eso mismo se cómo debo de tratar a los de tu tipo —sonó molesto. Al parecer el pelirrojo había tocado una fibra sensible al fin. Y por si quedaban dudas, el rodillazo que le dio en los testículos terminó de convencerlo.
—¡Ahhhg! —en un vano intento por calmar su dolor, Kid se había llevado la mano derecha a su entrepierna y uso la izquierda para tomar el brazo de Law y no venirse abajo. —¿Pero qué mierda? —eso había dolido. No sólo porque el otro había usado toda su fuerza para el golpe, sino también porque, aunque no quisiera admitirlo, el juego de Law lo había excitado un poco
—El que me gustes no significaba que me deje pasar a llevar por ti, señor Eustass.
—Hijo de puta —Kid no resistió más y se arrodilló frente al moreno, pues el dolor le supero.
—Cuidado con lo que dices, porque puedo golpearte otra vez y no creo que sea bueno para tu hombría —dicha frase sólo quedo como una amenaza al aire, pues el pelirrojo uso lo que le quedaba de fuerza para tirar a doctor al suelo y quedar sobre él.
—¿Crees que es suficiente para dejarme fuera de juego? —no negaría que le dolía. Es más, sentía que su entrepierna latía y ardía con fuerza lo cual no le gustaba. —Al diablo con todo ¡Está me la pagas!
—Kid —habló con profunda voz un hombre con traje, de aspecto corpulento, de cuidado cabello peinado hacia atrás y que llevaba un puro en su boca... el cual los miraba con curiosidad. —¿Qué estás haciendo?
¿Es que no podía tener un día tranquilo? ¿Cómo le iba a explicar a su manager que todo era un malentendido? Por muy comprometedora que fuera la escena, él tenía que creerle.
—Acaso no es obvio —contestó Law con voz juguetona para acto seguido besar a Kid sin pudor alguno, importándole muy poco el gesto de terror del hombre sobre él así como la molestia del recién llegado.
Aclaraciones:
- La canción del principio es "Always" de Saliva, y como siempre, todo el crédito va a los autores.
Notas Finales:
De alguna manera tenía que salir Brook, y ya verán que esta no será su única puesta en escena, lamento si les pareció algo morboso, pero espero que ayude a entender un poco el como piensa y actúa Law.
Originalmente Crocodile no iba a aparecer en el fic, pero aquí está y aclaro que no saldrá mucho.
Me costó escribir este capitulo, no se si las escenas quedaron bien, especialmente por la sobre utilización de flashbacks.
Atte. Lacrimosa Azul.
