(Otra vez un título idiota XD Cómo me gusta esto de escribir a mis anchas :D)
He tardado en volver, abajo doy la explicación, aquí sería espoiler. Espero que os guste tanto como a mí y lo disfrutéis. ¡Un saludo!
Capítulo 4: Tengo trabajo: ¡no me jodas!
El resto de clases se le hicieron eternas. Suerte que eran sólo dos, pero le dio tiempo a repasar una y otra vez todos los puntos de la conversación en el patio, sobretodo la parte en que él aceptaba ir. ¿Qué demonios tenía en la cabeza? Era realmente idiota por haberse dejado convencer sólo porque viniera Nami, pero al mismo tiempo ponía todas sus fuerzas en auto excusarse, diciéndose a sí mismo lo importante que era proteger a las damas en momentos de peligro.
Y también recordó... la sonrisa de Zoro. Una y otra vez... Algo iba mal con él, pero que muy mal. ¿Cómo es que le estaba afectando tanto? Estaba de los nervios y con el corazón continuamente excitado por su culpa. ¿Qué sería lo que le pasaba?
Al terminar por fin, salió rápidamente del instituto, con la esperanza de que Zoro le perdiera de vista y se marchara en otra dirección, aunque sin éxito. Sin embargo, al alcanzar la salida el peliverde se fue hacia el gimnasio (¡en línea recta!) y Sanji se quedó un rato contemplando la puerta por la que había desaparecido, con el ceño fruncido. Se preguntaba qué habría ido a hacer allí, pero debía marcharse al trabajo si no quería que Zeff volviera a echarle una de sus broncas monumentales. Le quitó el candado a la bici, pensando que con suerte, Zoro se pasaría la noche entera buscando su casa y no tendría que soportarlo durante un buen rato.
Claro que no se esperaba encontrarse con él...
Nada más llegar al umbral de la verja y traspasarlo, una figura conocida apareció de la nada y se colocó delante de su bicicleta, haciéndole perder el equilibrio y casi cayendo al suelo, pero unas fuertes manos le sujetaron y lo enderezaron rápidamente.
- ¿Estás bien? - preguntó, sin borrar la sonrisa de su cara. Odiaba que ambos hermanos tuvieran el mismo sello distintivo.
- Sí. - masculló Sanji, apartando las manos del pecoso chico y volviéndose hacia la bici tirada en el suelo, recogiéndola y subiéndose de nuevo en ella.
- Bueno, también me refiero en general. - aclaró Ace, apoyándose en el muro que rodeaba todo el instituto. - Hacía mucho que no nos veíamos.
- Lo sé... - suspiró él, mirándole a los ojos. - Todo va bien, ¿algo más? - preguntó en tono mecánico, cansado.
- Sí. - dijo, poniéndose serio de repente. - Caminemos juntos hasta tu trabajo, quiero hablar contigo.
Sanji volvió a suspirar, apretando el manillar con fuerza hasta ver sus nudillos volverse blancos. Hacía mucho que no se veían, y que no hablaban. Y eso que Ace había sido su primer y mejor amigo. De hecho, seguía considerándolo muy especial para él. Su primera persona importante en la vida, claro que después de Zeff, a pesar de todo lo que le hiciera rabiar.
Comenzó a caminar, sujetando el vehículo a un lado suyo por el manillar y con Ace a su lado, con sus manos en los bolsillos y caminando despreocupadamente. Llevaba una ropa bastante informal, unos vaqueros piratas negros, sandalias y una camiseta sin mangas amarilla. Casualmente, ese sombrero de cowboy naranja tan extravagante que solía llevar colgado al cuello, le quedaba bastante bien con todo aquel conjunto.
Sanji se sacó un cigarrillo del bolsillo de los pantalones y se lo colocó en los labios, pero antes de que lo encendiera, Ace ya lo había hecho, recibiendo en "agradecimiento" una furibunda mirada del rubio.
- Ya te dije que no me gusta que hagas eso. - masculló. Las confianzas, aunque fueran amigos, mínimas.
- Perdona. - se disculpó juntando sus manos delante de su rostro, sin dejar de sonreír. - Es que me encanta tener excusa para usar mis poderes. - "Aunque NO por Luffy." pensó, y aunque seguía sonriente, una venita se hinchó en su frente. - Luffy me contó que tienes trabajo. - empezó a decir Ace, como casualmente. - ¿Qué haces?
- Pues... - Sanji le miró de reojo. - Estoy trabajando en el negocio de Zeff. Soy ayudante de cocina, aunque soy mejor que muchos de los imbéciles que hay allí. Pero me ha dicho que hasta que no termine el bachiller no me reconocerá como cocinero.
- Oh, trabajas con tu viejo. - exclamó el chico. - Me alegro. ¿Y no tuviste problemas en el insti?
- No, ya conoces a Ray, es bastante buen hombre y entendió la situación.
- Mmm...
Un día, hace doce años, los padres de Sanji desaparecieron. Nunca se supo qué ocurrió con ellos a ciencia cierta, si murieron o tuvieron un accidente o se marcharon del país, nadie los encontró nunca. Así que Sanji tuvo que arreglárselas para vivir sólo, ya que no quería depender de sus muy lejanos parientes, con los que apenas había tenido nunca contacto. Su excusa era que no quería ser un estorbo para ellos, y silenciosamente, ellos se lo agradecieron.
Sin embargo, el marido viudo de alguna prima de su madre fue el único que se opuso a la situación que se había autoimpuesto y se ocupó de él a pesar de sus protestas. Aunque no tuvieran lazos de sangre reales, a él le dio igual, y se puso tozudo con que se ocuparía de él, hasta tal punto que no podían evitar pasarse el día entre discusiones absurdas. Pero al final acabó aceptando la situación, y se convirtió en su "tutor" y "padre adoptivo".
- No hay problema en que trabaje en el curro del viejo de mierda... - masculló, mirando el suelo. Realmente le seguía molestando tener que depender de él, sabía que había sido siempre una molestia, y por eso se había ido a vivir solo en cuanto tuvo su permiso. Aunque claro, con lo poco que le pasaba al mes, la mayor parte de los gastos aún se los pagaba él, y decidió trabajar con él para compensárselo.
- Sanji. - le llamó de repente, captando su atención, y Ace aprovechó para acorralarlo entre la pared y su bicicleta. - ¿Cómo tienes el ojo?
- Cállate. - le ordenó, notando como se ponía furioso, empujándolo ligeramente para pasar una de sus piernas por encima de su vehículo y subirse. - A ti no te incumbe.
- Sí que me incumbe. - dijo en tono cortante, decidido. - Y me preocupa. No nos hablamos desde que...
- ¡Estoy bien! - gritó, poniendo sus pies en los pedales y comenzando a darle con todas sus fuerzas, para huir lo más rápido de allí.
Pero el moreno se subió con agilidad a la parte trasera de la bici, haciéndole perder de nuevo el equilibrio, y se tiró a un lado, cogiendo al rubio antes de que se estrellara, aprisionándolo con fuerza entre sus brazos, no dispuesto a soltarlo.
- ¡¡Suéltame!! ¡¡No me toques!! - pataleó, forcejeando para deshacerse de él, pero Ace le clavó sus tranquilos y decididos ojos en los suyos... Y Sanji se calmó por fin.
- Lo dejé. - susurró. - Y te quise pedir disculpas, pero no me cogías el teléfono, y encima te cambiaste de casa. No quería decirle nada a Luffy porque no quiero que sepa lo que ocurrió... sé que no te gustaría que lo supiera.
- Exactamente. - concedió en un suspiro. - Pero de todas formas, estar cerca de ti no me tranquiliza. Y menos por culpa suya... ¿Tú qué sabes si en realidad te está siguiendo y viene a por mi en cuanto esté solo?
- No creo que pase eso. - aseguró Ace, con una misteriosa sonrisa en sus labios. - Se podría decir que pagó caro lo que te hizo.
Sanji se quedó sin palabras. ¿Qué habría hecho? No conocía lo suficiente al pecoso como para llegar a imaginárselo, pero su mente ya había acudido a su archivo de imágenes más escabrosas, recorriéndole un escalofrío por el espinazo.
- ¿Qué te estás imaginando? - cuestionó divertido el chico, al ver las extrañas caras de horror que ponía su amigo, que sólo le lanzó una mirada de total desconcierto al no saber cuál de sus propias versiones mentales creer.
Ace rió feliz ante su reacción, sintiendo un placentero sentimiento invadirle el pecho, pero al mismo tiempo, clavándose como una estaca en su corazón. Aún le amaba demasiado...
Pero Sanji ya había bajado de nuevo a la realidad, y al ver la expresión del moreno, se removió, liberándose por fin de sus brazos y poniéndose en pie. La gente que pasaba a su alrededor les miraba con curiosidad, murmurando cosas entre ellos, cosa que lo enrojeció visiblemente.
- ¿Podemos volver a vernos? - preguntó con inocencia el de pecas, al estar de pie a su lado, ayudándole a incorporar la maltrecha bicicleta, y Sanji tragó saliva. - Como amigos.
- Ace. - le detuvo él, antes de que dijera nada más. - Sabes que no siento lo que tú sientes por mí. - masculló entrecortadamente. - Y no soportaría que te hicieras ilusiones... Bastante me cuesta confiar en lo hombres después de lo que pasó...
- Por eso he dicho como amigos. - recalcó de nuevo. - Estoy saliendo con otra persona ya, no te preocupes que no te acecharé como si fueras el único hombre de la tierra. - dijo con alegría, agitando los brazos ampliamente y sin dejar de sonreír. - Sólo quiero que volvamos a ser los amigos que éramos, ¿o no te gustaba ni siquiera eso?
- Sí que me gustaba... - reconoció, con los ojos clavados en el suelo. - Perdona... - susurró de manera que casi no fue posible oírlo.
Ace volvió a sonreír.
- No te preocupes. Sólo vuelve a confiar en mí, por favor.
Asintió, dándose cuenta de que habían terminado llegando al restaurante de Zeff, observando el viejo cartel de madera vieja con las palabras "Restaurante Baratie" escritas en relieve.
- Nos vemos pronto, entonces. - exclamó sonriente, y antes de que Sanji pudiera contestarle, el moreno le plantó un beso en su mejilla, que enrojecieron como si Ace le hubiera contagiado su constante calor. - ¡Hasta pronto! - se despidió, alzando una mano, ya lejos de él.
Sanji tenía una mano sobre donde le había besado, aún sorprendido de que hubiera hecho eso en plena calle.
- Me cago en él... - maldijo, entrando rápidamente en el local, después de atar de cualquier manera la bici al pequeño parking.
Mientras, Ace, caminando de vuelta a su casa, suspiró, llevándose las manos detrás de la nuca y contemplando el casi totalmente despejado cielo azul, salvo por unas pocas algodonosas nubes blancas que navegaban en el ancho firmamento.
"Me pregunto por qué le mentí..." pensó, con una triste sonrisa ahora en sus labios. "Si yo no tengo pareja...". Dejó escapar una suave risa como un soplido por su nariz. Y es que con tal de volver a tener la relación de antes, estaba dispuesto a sacrificarse de cualquier modo.
Todo para que volviera a confiar en él.
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
- Quiero trabajar aquí.
Ese fue su "saludo" nada más llegar, haciendo que todos los chicos y chicas ahí presentes detuvieran su fútil entrenamiento para dedicarle una mirada de admiración y sorpresa.
- ¡¡¡Senpai!!! - exclamaron dos chicos, lanzándose hacia él con los brazos abiertos, con intención de abrazarle.
Pero Zoro les respondió esquivándoles con una facilidad prodigiosa y propinándoles un par de capones, dejándolos tumbados en el suelo.
- ¿Qué? ¿Puedo ser vuestro profesor? - cuestionó con mirada arrogante, aunque podía permitírsela. Sólo existía una persona en el mundo capaz de derrotarle, y no se encontraba ahí dentro.
- ¿Profesor? - preguntó recelosa una chica de pelo rosa, que estaba comiendo despreocupadamente un enorme bocadillo dentro del gimnasio. - Como mucho podrás ser nuestro senpai, con tu edad no puedes trabajar de eso. - concluyó, alzándose de hombros.
- ¿Que no? - inquirió, sin bajársele aún los humos. - ¿Quién es el que se ocupa del club?
- Yo. - contestó la misma chica, poniéndose en pie, sacudiéndose las migas que tenía sobre el pecho de su camisa. - Soy la manager, la que se ocupa de conseguir encuentros para el club.
Zoro desvió la mirada, suspirando audiblemente.
- Normal que no tengáis profesor aún, si eres tú la que se encarga de todo esto... - pero antes de que la chica pudiera lanzarse para matarlo, propuso: - Ya visteis cómo derroté a vuestro mejor espadachín el otro día. ¿Vosotros qué pensáis?
¿Que qué pensaban? Pues... que después de derrotarle sólo con un fuerte movimiento de brazos, sin ni siquiera tocarle... Zoro era el luchador más impresionante que habían visto nunca en persona.
- Hablemos con los profesores. - propuso el que fue derrotado, un silencioso chico con una coleta en lo más alto de su cabeza, con una tranquila y decidida mirada en sus profundos ojos negros. - Seguro que algo se puede hacer.
- ¡¡Pero Ryûma!! - exclamó la de pelo rosa, enojada todavía por la forma en que Zoro se había comportado con ella. - ¡Él no puede ser nuestro sensei, los profes se nos van a merendar sólo de sugerírselo!
- Bonnie, el no ya lo tenemos. Vamos a por el sí. - le contestó con tranquilidad, pasando por delante de ellos y saliendo del gimnasio, seguido por sus compañeros, todos excitados y nerviosos por la expectativa de ir un poco contra las normas.
El peliverde le dirigió una sonrisa socarrona a la pelirrosa, que le miró ceñuda.
- Aunque acepten, no te creas que te haré el más mínimo caso.
- Eso lo podrás decir el día que me derrotes. - zanjó el asunto, saliendo también de allí.
- Pero si yo no lucho, palurdo... - bufó, con los brazos cruzados bajo sus enormes pechos.
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
Poco después, la sala de profesores estaba vacía.
Después de soltarles que Zoro quería ser el ansiado profesor de kendo, siendo todavía estudiante, todos habían acudido hasta el despacho del director, aunque se habían quedado fuera y escuchaban a hurtadillas lo que decía el gran jefe.
- ... - el director le estudió lárgamente con la mirada tras sus gafas de montura redonda. El gesto de Zoro se mantuvo impasible, con los brazos relajados colgando a sus costados, esperando la decisión del hombre, que se atusó la barba un par de veces. - ¿Dices que ganaste los tres últimos campeonatos de kendo nacionales, y también tienes dos premios internacionales?
- Sí. - asintió solemnemente.
El director apartó su mirada de él para concentrarse en su portátil sobre la mesa, tecleando el nombre completo del chico en el google. Al darle al enter, salieron un buen surtido de páginas, incluso algunas fotografías que demostraban irrefutablemente que era quien decía. Pero aparte de esos cinco premios nombrados, tenía unos seis empates con una chica prodigiosa también, llamada Kuina. Y una veintena de premios de campeonatos menores, habiendo derrotado a personas mucho más mayores que él, o con muchos más años de experiencia.
"Será un don natural..." pensó, cerrando la tapa del ordenador, y volviendo a centrar su atención en él, pero al ver la decisión en su mirada se desdijo. Alguien con un talento natural no le miraría de aquella manera. Había ganado porque se lo había trabajado, por eso no había nombrado todos sus premios y victorias, sólo las más importantes eran las que contaban para él y no quería hacer alarde de las demás.
- Hace muy pocos días que has llegado aquí. ¿Me puedes explicar el motivo?
Zoro negó con la cabeza.
- No es algo que haga falta que cuente.
El hombre sonrió, con su callosa mano apoyando su barbilla.
- Sí, hace falta. Normalmente pregunto sobre la vida de los que van a formar parte de mi plantilla de profesores.
Detrás de la puerta se escucharon gritos de júbilo, y de repente la puerta se abrió, cayendo algunas personas al suelo, seguramente por haberse apoyado demasiado sobre la puerta entreabierta.
- ¡¡Felicidades, sensei!! - exclamaron aquellos pesados chicos que tanto le querían abrazar, ahora no era una excepción. - ¡¡Yo me llamo Johnny, y él es Yosaku!!
Después de ellos, el resto entró, dándole la enhorabuena a Zoro, que les agradecía con una mueca de pasar de ellos y con ganas de terminar con todo cuanto antes cincelada en su rostro.
- ¡Ray-san! - exclamó Shanks, uno de los profes que se habían unido al corro con toda la alegría del mundo. - Esto es fantástico, vamos a tener a un profesional que les enseñe.
- ¡Auuu! - chilló Franky, llorando a moco tendido. - Esto es súper emotivo, es la primera vez que le dan trabajo aquí a un estudiante, es tan bonito. ¡Pero no estoy llorando, idiotas!
Sin embargo el director se mantuvo en silencio, esperando a que todos terminaran de parlotear, felicitar, estrechar manos... Hasta que todos se dieron cuenta de la posición seria que mantenía y todos se quedaron rígidos.
- ¿Quién os ha dado permiso para entrar aquí? - inquirió en tono tranquilo e inocente.
Tragaron saliva, un poco pálidos. Era un buen director, normalmente simpático y permisivo, pero también tenía su temperamento si le tocaban las pelotas, hablando finamente. Y no soportaba que le espiaran cuando estaba haciendo negocios.
- P-perdónenos, Rayleigh-kôchô... - se disculparon todos a la vez, haciendo una profunda reverencia y saliendo rápidamente de la habitación sin importunarles más.
Cuando salió el último y cerraron la puerta, esta vez del todo, Zoro dejó escapar un suspiro de aprobación, con los brazos en jarra.
- Bien, sigamos con lo que estábamos hablando. - propuso el canoso director, sacando algunos papeles de su escritorio y levantándose para ir a buscar algunos más dentro de unos enormes archivadores en su pared. Los dejó sobre la mesa, mostrando el impreso que había tenido que rellenar el peliverde cuando llegó. - Es normal que alguien se interese en trabajar en algo que se le da bien, y que al enterarte de que aquí no teníamos profesor de kendo lo propusieras. Pero sigues siendo un menor de edad que aún no ha terminado sus estudios, y estás pidiendo trabajo en tu propio instituto. ¿No es algo extraño? ¿Por qué lo haces? Además, tampoco nos explicaste por qué solicitaste plaza después de unos meses de que hubiéramos empezado... - ojeó algunas hojas, viendo el libro de escolarización y comprobando sus notas. - ¿Puedes explicarme un poco sobre cómo es tu vida para que hagas estas cosas?
Zoro dudó unos momentos, clavando sus ojos en el suelo, sopesando la idea.
- Quería independizarme. - explicó en un susurro. - Tenía algo ahorrado y me fui. Pagué la matrícula y el alquiler del primer mes de mi apartamento. Pero ya no me queda dinero. - concluyó alzándose de hombros despreocupadamente. - Así que me enteré que aquí podría conseguir algo, y lo intenté.
Rayleigh se quedó pensativo unos instantes, y luego le alargó el contrato al chico, junto con un boli para que firmara.
- No me has explicado demasiado, pero todos tenemos nuestros secretos, supongo. Si algún día quieres explicármelo todo porque necesites ayuda, no dudes en hacerlo, Roronoa-sensei.
El peliverde asintió, con una media sonrisa, mientras estampaba su desgarbada firma en el papel y le devolvía el impreso.
- Lo tendré en cuenta, Rayleigh-san. Y gracias. - se llevó las manos a los bolsillos, cuando de repente se dio cuenta de algo muy importante. - Por cierto... ¿puede adelantarme la paga de este mes?
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
- ¡Ah! ¡Qué cansado estoy!
Pasaron unos segundos de silencio. Tenso silencio. Claro, aquello había sonado al mismo tiempo por dos bocas distintas.
Sanji se levantó y le pegó un patadón dirigido a las costillas del que se había echado a su lado en su futón. ¡Como si fueran amigos de toda la vida! ¡¿Pero qué se ha creído ese Roronoa Zoro, que aparece y desaparece cuando le da la gana, y cuando es cuestión de estar, siempre jode?!
- ¡¿Se puede saber qué haces en mi casa, alga errante?!
Zoro alzó la almohada del rubio, usándola de escudo, haciendo que dejara de querer pegarle de frente y escurriera sus pies bajo su cuerpo y lo pellizcara con los dedos.
- ¡Au! ¡Para, desgraciado! - se quejó, tratando de sujetar el pie escurridizo del chico, recibiendo una mortífera técnica: agarrar la nariz de Zoro con el pulgar e índice de su otro pie descalzo.
- A mi no me des órdenes, maldito gatazo verde, te has metido en mi casa sin permiso y tengo derecho a tirarte por la ventana si lo creo conveniente. - murmuró rápidamente, con los labios retorcidos en una sonrisa maníaca.
"¿De verdad tiene derecho a tirarme?" pensó el peliverde, que a cada segundo que pasaba se iba poniendo más azul por la falta de aire, ya que también le había tapado la boca con la planta del pie, y prefirió que le arrancara la nariz de una vez para que le soltara.
Sin embargo pegó un fuerte tirón de sus pantalones, que de improvisto se bajaron, mostrando unos hermosos calzoncillos con estampado de cuchillos y tenedores. Eso le valió para que le soltara de una vez, no sin antes chafar por completo su nariz, sacarle algunos dientes, y dejarle morado un ojo.
Sanji se subió rápidamente los pantalones, azorado porque le hubiera visto su infantil ropa interior, quedándose de espaldas a él mientras hacía lo posible para que le desaparecieran los colores de la cara.
- ¿Por qué coño me sigues todo el rato? Y no me sueltes el rollo de la lealtad y la amistad. Nosotros no somos amigos ni nada por el estilo, maldito marimo de mie...
- A ti te ha pasado algo hoy, ¿no? - le cortó Zoro, recuperado totalmente de la patada de antes, y otra vez con todos sus dientes (seguramente pegados con súper glue mientras la autora centraba la atención en Sanji).
- ¿Y qué importa si me ha pasado algo? - cuestionó exasperado el rubio, con las manos alzadas de desesperación y moviendo nerviosamente sus dedos como si fueran las patas de una araña panza arriba.
- Ya sé. - exclamó el peliverde, golpeando su palma al creer haber dado con la respuesta. - ¡Te ha venido la regla!
Sanji estalló, lanzándose sobre él y zurrándole como nunca había pegado a nadie en su vida.
- ¡¡A ti te voy a dar reglas!! ¡¡Y escuadras y cartabones, capullo subnormal!! ¡¡¿Cómo coño voy a tener yo la regla, retrasado, anormal, bestia estúpida, cavernícola, homo no sapiens!! (etc, etc...)
Cinco minutos más tarde, Sanji había dejado tumbado a su oponente, con una puntuación en el combate de más de diez mil millones de puntos a su favor. Zoro a duras penas era una ameba...
Sanji contempló su obra y comenzó a plantearse dónde iba a enterrar el cadáver, cuando el "muerto" se levantó, rascándose la cabeza.
- Creo que me dormí un rato... - bostezó sonoramente, sin molestarse a taparse la boca.
"Este tío es realmente exasperante..." pensó, rindiéndose a poderle hacer realmente algo.
- Bueno, Ahoronoa-kun. - comenzó a decir, con una sonrisa forzada y un intento de tono de voz normalizado. - ¿Se puede saber de una vez por todas qué hacías en mi piso a estas horas?
Zoro se quedó meditabundo unos instantes, que se convirtieron en minutos, y que proporcionalmente, a más tiempo que tardaba, más se hinchaba la vena en la frente de Sanji.
- Se me había ido de la cabeza. - se disculpó sonriente. - He encontrado trabajo. Así que quería decírtelo.
El rubio se quedó en silencio, esperando que dijera algo más, pero al ver que no hacía ademán de ello, inquirió.
- ¿Eso es todo?
- Sep. - asintió Zoro.
- ¿Y para eso vienes a joderme? - volvió a preguntar con ese tono neutral.
- Pues sí.
- Ah, vale.
Sanji se levantó, abrió la ventana, y cogiendo a Zoro del cuello, lo tiró fuera. Se escuchó un sonoro "¡plam!" al impactar el cuerpo de su compañero y amigo en el suelo, pero lejos de preocuparse, se sentó en su pequeña mesa brasero, poniéndose a hacer los deberes de matemáticas que les había puesto Shanks y decidido a no irse a dormir hasta que la lección de historia fuera lo único que quedara dentro de su cabeza.
Mientras, Zoro, en lugar de meterse dentro del edificio y buscar su habitación como una persona normal, escaló la pared del bloque de apartamentos como si fuera la versión en verde de Spiderman, en línea recta hasta llegar a su habitación, pasando primero por delante de la ventana del rubio.
Sanji se había quedado cabizbajo, con las manos sujetándose la cabeza fuertemente, y al final, llevándose una de ellas a su ojo tapado. Al ver su pelo retirado, Zoro supuso que algo tenía ahí, pero como le estaba dando la espalda, no podía ver absolutamente nada.
"Sí que le pasa algo. Por mucho que me odie, no es normal que me tire por la ventana de esa manera..." pensó acertadamente el peliverde.
Pero no le tenía rencor. Ya había tenido que aguantar muchos años de malos rollos, de ser la sombra de su rival, de que burlaran de él por no ser capaz de ganarle ni un combate, que le buscaran para pegarle, pero siempre siendo él el que salía victorioso en todas aquellas ocasiones.
Había decidido hacer borrón y cuenta nueva, comenzar de cero. No fiarse por la primera impresión, menos aún por las habladurías que corrieran de nadie. No quería tenerle odio a nadie, y aunque a su pesar aún seguía siendo un poco reticente con las personas nuevas, por suerte no era el caso de Sanji, con el que sentía que pasaría algo muy especial.
Terminó de subir hasta su habitación, abriendo la ventana y escurriéndose como una serpiente. Se fue a encender la luz y abrió la pequeña nevera, ahora un poco más llena, porque por fin había podido completarla con algo más que aquellos onigiris que le había ofrecido a Sanji el día anterior.
Se tumbó en el suelo, mirando el techo, mientras comía y se quedó pensativo. También era cierto que si hubiera conocido a Sanji en Hyôgo en vez de allí, o si simplemente no se lo hubiera topado tantas veces desde que llegó, habría pasado de él también, o se habría comportado como solía hacer con todos: de forma borde y arrogante.
Pero era imposible...
Sacó el dinero que había mantenido guardado en el bolsillo de su pantalón, depositándolo a su lado en el suelo, a la altura de sus ojos.
"Mañana sí que le invitaré a algo..."
Y segundos más tarde, estaba dormido.
OMAKE
El orgulloso dueño del bloque de apartamentos salió temprano a barrer la entrada de su preciada propiedad, con su buen humor de siempre. Hasta que descubrió la siniestra línea de sangre que subía en vertical por parte del edificio.
Esa mañana, y durante una semana estuvo ingresado en el hospital por ataque cardíaco.
Las palabras que murmuraba entre sueños eran: "Un zombi... hay un zombi en mi casa..."
TSUZUKU
Un final penoso, lo sé. Me hubiera gustado hacerlo mucho más cómico, pero supongo que no sirvo para esas cosas
Por otro lado, no he podido contener más algunos misterios, pero es que si no, este capítulo no hubiera tenido nada que contar Ya el siguiente será la esperada noche perdidos en el instituto *se pone a bailar de la emoción*. Espero que os guste, y aunque algunas personas crean saber lo que ocurrirá, pensad que yo soy Roronoa Yuria, y que me he autoapodado dentro de mi fuero interno como "la revolucionaria" (basta con que leáis algunos de mis fics para que se vea claro). Así que... kukuku, ya lo veréis.
También, quería aclarar que este capi ha tardado tanto en salir por culpa de... ¡Ace! Es verdad, porque yo en realidad... ¡no aguanto el AcexSanji! Sé que es cruel, y que me podría guardar eso, y que hay fans de esa pareja a la vuelta de la esquina (por si acaso no la doblaré...). Pero a pesar de todo, me he autoflagelado y la he metido. Soy masoca, de eso estoy segura, pero quería darle otra oportunidad a esta pareja y... ver qué ocurría entre ellos. Por ahora sólo digo que es amor en un único sentido, al menos hasta el momento, quién sabe si luego ocurre algo más. Sólo Ace ama a Sanji, porque Sanji no se fía lo suficiente de los hombres.
Pero la parte mona es Zoro al final X3 No, todo el capi, qué mono, que ricura de chico X3 Preocupándose por Sanji y queriéndole invitar a cenar, aunque sin éxito X3 Ufff... me he vuelto a enamorar, pero lo dejamos aquí.
Nos leemos pronto, si las neuronas y el sueño me lo permiten. ¡Cuidaos tods y un abrazo!
Y ahora, si no os interesa, podéis pasar olímpicamente de este trozo inservible, donde voy a explicar algunas cuestiones que se quedaron flojas:
Finalmente, y tal como debería haber consultado desde buen principio, he buscado información acerca de la enseñanza japonesa.
Lo poco que sabía estaba correcto, salvo el colosal error que ya mencioné de que ni Sanji ni Zoro, teniendo 19 años, pueden estar todavía en el instituto, a no ser que repitieran un curso. Y tal como dije, tampoco me importa demasiado, e incluso se puede rebajar un año de edad a todos los personajes y concordaría igual. Lo dejo a vuestra elección.
También está lo de juntar la secundaria (instituto medio) con el bachiller (instituto superior). No he podido esclarecer este punto, pero parece que no es compatible, a no ser que sea un tipo de institución privada como la que sale en "Horitsuba" (omake de las CLAMP, que juntan sus personajes de xxxHOLiC y Tsubasa Chronicles en una misma historia, dentro del imponente centro que da título a esta mini serie en una realidad paralela. Allí hay desde guardería hasta universidad, pero no sé si realmente existirá algo así en la vida real). De nuevo, esto es una historia de ficción, y aunque me gusta hacer las cosas realistas, si hay que salirse del guión, se sale.
Por el resto, a diferencia que en España, las clases comienzan en abril, primavera, por lo que si estamos hablando de alrededor de la "mitad" del curso (que es un término muy relativo), podríamos estar sobre julio o septiembre (agosto entero son las vacaciones de verano). Como me gusta bastante el calorcito, y creo que se puede sacar algo aprovechable de ahí, situaré la fecha actual a mediados-finales de junio, cuando empieza a hacer buena temperatura pero no es del todo agobiante. Sé que eso no es exactamente la mitad, pero no importa demasiado, ¿verdad? Sin embargo, no estoy segura si el romance habrá comenzado antes o después de las vacaciones de agosto :P Ni si la historia terminará antes o al final del curso o continuará después de este.
Sobre las actividades que realizan los alumnos normales japoneses, tan famosas como el festival cultural, el festival de deporte, o el viaje de estudios, es posible que sean incluidos. Es lo más probable, pero se verá según cómo avance la historia: si tengo que describir día a día lo que ocurre, el tiempo será más lento y el romance llegará antes que el verano
Por otro lado están los trabajos de Sanji y Zoro y su relación con sus tutores. Por parte de Sanji, como la mayoría de edad no se cumple hasta los 20, sigue bajo la tutela de Zeff, que a pesar de eso le permite vivir a su aire en su propio piso y también que trabaje en su restaurante para pagarle los gastos. Por parte de Zoro, más de lo mismo, aunque él es reacio a recibir dinero de nadie, y menos de su sensei, que es su tutor. El trabajo como entrenador del club de kendô en realidad no debería ser pagado ni permitido, pero gracias a sus títulos cobra y puede ejercer lo que mejor se le da.
Esos son todos los puntos técnicos que quedaban por esclarecer.
