El contrato

Capitulo 4. Encuentros furtivos

«…Sesshomaru… ella es Rin la recuerdas…Ella es hija de los Asakura…»

«… ¿y ?»

«…No seas insensible hijo, acaba de perder trágicamente a sus padres, dale el pésame, ella te aprecia mucho…»

«…»

El desplome de Inuyasha los tomó por sorpresa a todos, Sesshomaru lo vio en cámara lenta y como era de esperarse no se involucró, dejando que su "única sangre" se estrellara en el frio piso.

Miroku por un momento se arrepintió y preocupó, había caído tan fácil que dudó de su propia fuerza, imaginaba que no se defendería, pero habían ido juntos a la academia de lucha de la universidad, su amigo era de todo menos débil. Sin embargo, recordó la canallada de su mejor amigo-casi hermano, y por inercia levantó la frente en señal de justicia.

Rin por su parte; en esa oficina, fue la única que abogó por el hombre abatido, el verlo en el suelo la horrorizó más de lo que debería haber demostrado, Sesshomaru; antes de su intervención, había sido el único que reparó en su presencia en aquella habitación, odiaba reconocerse que la detallaría en cualquier lugar y rodeada de quien fuera, ella tenía ese algo "extraño-especial" que la hacía resaltar ante sus ojos, mas no le gustó lo que vio, ella corría en auxilio del caído, y él… todavía merecía una explicación.

Ella sutilmente se arrodillo junto a Inuyasha; al ver su estado deseo gritarles, mandar su promesa de secreto al demonio y que se arrepintieran de sus actos, su mejor amigo y su hermano; ninguno tuvo compasión ¿Cómo podían? Su mandíbula se tensó tragando cada una de las palabras que no podía dejar salir, intentó guardar la compostura, respiró profundo y poco a poco se calmó, el trato estaba recién empezando, ella no podía fallar.

Observó fijo a su amigo, intentando detallar algún problema fuera del labio reventado, solo su mirada perdida parecía fuera de lugar, buscó con éxito lo que llamaba su atención, una gota de sangre extendida en el suelo a su lado, pequeña, insignificante, pero con un peso tan grande que llamaba toda la atención de su antiguo portador.

—Hielo… por favor, señor Jacken. —pidió la mujer desconociendo su propia tranquilidad, pero agradeciéndola.

El pequeño hombre salió de la oficina en busca del encargo sin siquiera mirar a su jefe, sentía lastima por el hombre abatido, y el tono de Rin; aunque serio, no pudo ocultar su extraña inquietud.

Miroku quiso hablar pero no encontraba las palabras, justo cuando más lo necesitaba; el extenso vocabulario que lo hacía famoso; lo había abandonado, si él castigaba a su amigo por traicionar a la mujer que amaba, ¿porque el mal sabor de boca?, ¿porque la sensación de haberse equivocado?

Rin lo notó, por eso, removió suavemente a Inuyasha para que reaccionara, apretó la mandíbula cuando el primero comenzó a hablar, si ella decía las cosas como eran…

—Cómo pudiste Inuyasha… ¿acaso Kagome no significaba tu amor, tu vida?

Rin iba a contestar; pero Jacken colocando la mano en su hombro; le entregó el hielo instándola a callar, ese problema no era de su incumbencia.

—Ella estará bien —Dijo Inuyasha intentado ponerse de pie —y si no hubiera estado mal parado no podrías haberme derribado, tuviste suerte.

— ¡Fui tu padrino de Bodas!—prosiguió el hombre omitiendo el sin sentido de su comentario—, cuando Sesshomaru le dijo abiertamente a Kagome que se arrepentiría, yo estuve ahí y te di todo mi apoyo y confianza, ¿así me pagas?

—Pues deberías darte cuanta de algo… este maldito siempre tiene la razón.

Miroku sintió deseos de golpearlo nuevamente, pero la mujer de pie en el medio evito su reacción, Inuyasha se aferraba del delgado brazo disimuladamente, intentando lo más probable, recuperar el equilibrio.

Sesshomaru en silencio seguía cada movimiento de la escena, y no era que las palabras dichas fueran a contar la verdad, eso no le interesaba. Los gestos, el lenguaje corporal eran lo suyo y lo sabía leer bien, había detallado más del problema con tan solo mirarlos.

—A mi oficina —las únicas palabras del presidente ignorado, llevo de vuelta a todos a la realidad, él, Sesshomaru; estaba ahí, y se dirigía a una persona, aquella que justamente no debía estar.

Las personas una a una comenzaron a salir de la oficina para retomar sus labores, Inuyasha le recrimino con la mirada a Rin su ayuda, ella no debía estar ahí y menos ser tan evidente, si alguien se enteraba de su condición…

—Creo que ese "a mi oficina" fue para mi —Rin interrumpió sus pensamientos y su tono pálido distrajo a Inuyasha de cualquier otra preocupación, Rin sentía miedo.

—Eres una tonta, si no quieres verlo ¿porque vienes para acá? —Tomó asiento frente a su escritorio como si nada hubiera sucedido.

De reojo alcanzó a ver la espalda de Miroku abandonando la habitación tras su medio hermano, de seguro le daría una explicación por su falta, él no, si todo salía bien, algún día le contaría a su mejor amigo; los pesares que guardaba su alma, por el momento era su secreto, de él y de Rin.

—Rin— la llamó pero la joven parecía ida—, Que haces aquí, anoche te acostaste con él ¿y ya lo buscas de nuevo? —sin ningún tacto hizo el desagradable comentario.

—Cállate idiota —Presionó con fuerza la bolsa de hielo sobre su labio —Vine por si querías que almorzáramos juntos…. —dejo la bolsa de hielo en su mano y camino hacia la puerta.

— ¿Por eso la gorra y los lentes?

—…— lo miró desconcertada, los había olvidado— Ando de incognito— Respondió.

—Pues no te resultó, Sesshomaru huele a kilometro a las mujeres tontas…por cierto, es a ti a quien espera, que flores te gustan… para tu funeral.

—No te libraras de mi tan fácil —se acercó a su oído para amenazarlo—, se que te gusta mi departamento, pero no te lo daré —La broma sacó una pequeña sonrisa del reventado labio del hombre, ella siempre hacia eso, siempre lo animaba.

—Ve, y si intenta matarte, grita…—aconsejó.

***SXR***

Kagome llevaba 15 minutos sentada en su vehículo, y este no prendía con una orden mental, lo confirmó. Quería llorar, gritar, golpear algo, ¿y qué hacia? Se sentaba ahí como una psicópata; esperando reunir valor para reaccionar, al acecho parecía, desecha se sentía.

Cuando el vehículo partió, merito rotundo de las llaves en el contacto, salió del estacionamiento de las empresas Taisho; sin rumbo. ¿Qué lugar no le recordaba a él?

Un par de calles recorridas y la sensación de asfixia aumentaba. El semáforo en rojo indico detenerse y ella obedeció, ¿Por qué? Porque debía. Pero cuando el semáforo cambio a verde no se movió, ¿Por qué? ¡Porque ella no estaba para que otros le dijeran que hacer!

— ¡Estúpido semáforo, si crees que puedes controlarme estas muy equivocado! —Gritó golpeando el volante con los puños cerrados, las bocinas comenzaron a sonar, pero ella no se movería…

«Soy una tonta, siempre supe que era la segunda y lo acepte…»

Su vista se nubló con las lágrimas que comenzaron a brotar junto con la rabia y la impotencia, las bocinas retumbaban en su cabeza bloqueando su lógica y su razón, desaparecer, eso quería, despertar de esa pesadilla.

Con los ojos fuertemente cerrados intento ahuyentar el mundo a su alrededor, para su suerte, una mano la empujó del hombro hasta el asiento del copiloto, desenganchó el auto y manejó hasta un estacionamiento seguro.

— ¿Estas bien, Kagome? ¡Kagome!—Ella no estaba bien, todo se puso negro y de pronto se desmayó.

Estaba asustada pero lo comprobó; no paralizada del miedo sus pies se movían y se dirigían a su destino, no a la salida, se repetía "que no tenía que temer" el asesinato estaba penalizado, no importaba si lo ejecutaba un cualquiera o Sesshomaru Taisho, ambos lo sabían y si no; se lo haría saber…

Miró la puerta un par de minutos; no quería entrar, en su escritorio a unos metros de la oficina del presidente; a Jacken lo tenía histérico, ya había sido malo el espectáculo de Inuyasha, como para que ella hiciera esperar a su jefe.

—Sácate esas cosas ¡y entra de una maldita vez! —Con el regaño Rin reaccionó, lanzó lejos la gorra, los lentes, se peino un poco y llamó a su puerta. Él no contestó.

Un par de pasos atravesando el marco y ya estaba en la oficina del presidente, un par de pasos más y ya se encontraba a mitad de camino hacia el escritorio; a la altura de la mesa de centro, frente a sus ojos voló un objeto que cayó justamente en la mesa a su lado.

« La carpeta» reconoció.

—La mía está guardada —tranquilamente tomó el documento y lo ojeó—, Yo no la dejaría a la vista si fuera tú, tiene algunos detalles "escandalosos" que no me gustaría compartir —Cruzando las piernas se sentó en el sofá principal, a una distancia suficiente para escapar.

—Explícate —mando Sesshomaru notando como ella se relajaba, Rin quizás era la única persona que no le temía, cosa que debía cambiar.

—Bueno—comento con un dejo de pudor—, hay juguetes que no creí que existieran, pero tu insististe…—El golpe en el escritorio la hizo saltar, entendiendo el mensaje, decidió no jugar con él. Aspirando el máximo de aire para llenarse de valor; prosiguió de forma seria —Es simple, quieres mi cobre, yo quiero un hijo tuyo, ambos obtenemos lo que queremos.

—No es un juego Rin, no me pides una muñeca, me pides un hijo y yo no deseo ser padre —hablo Sesshomaru con cansancio, ¿como no entendía ella la magnitud de su petición?

—No deseo que seas padre, dame mi hijo y yo asumo completa la responsabilidad.

—…—Sesshomaru se mantuvo en silencio luego de esa revelación.

—Estoy consciente Sesshomaru que lo que pido no es fácil pero…— Caminó hacia el escritorio buscando en el hombre una pisca de compresión, obviamente no la encontró. — Este negocio nos favorece a los dos ¿Por qué no lees el contrato y…?

—No lo haré, lo anularas. Ahora…

—No —fue tajante—, tu accediste, no me importa si lo recuerdas o no.

Chispazos de una vaga conversación invadieron su pupila, ¿por qué diablos no lo recordaba?

—Rin, nunca he querido lastimarte, pero puedo cambiar de opinión… —La joven sintió un enojo distinto contenido en su voz; causándole ciertas dudas.

—No te tengo miedo, si aceptaste fue por algo—ignoró las amenazas y su propio instinto, había demasiado en juego—, siempre obtengo lo que quiero, no serás precisamente tú el primero que me detenga —y con un valor inimaginado, dio media vuelta y se retiró.

Sesshomaru inconscientemente apretó sus puños al momento en que la puerta se cerró, Rin lo desafiaba abiertamente y eso lo preocupaba; al punto de confundir aquella sensación entre excitación y exasperación, un peligroso placer.

Una minúscula sonrisa se asomo en la coyuntura de sus labios; imaginando a Rin desplomada tras la puerta, las agallas poco servían contra él y de la forma difícil se lo haría saber a la "extravagante huerfanita"