Disclaimer: Ni la historia de Inuyasha ni sus personajes me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Este fanfic está hecho sin ánimo de lucro.


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Capítulo IV

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- ¿Has averiguado lo que te pedí? – Inuyasha estaba en el salón principal con Matsuko. Quería saberlo todo sobre cómo había vuelto Kagome, así que había pedido a Matsuko que fuera a echar un vistazo al Pozo.

- Sí, jefe – contestó el demonio – Como usted dijo, el Pozo estaba totalmente impregnado por el olor de la chica. Pero... – se interrumpió.

- ¿Pero qué? ¿Has descubierto algo más?

- Verá, jefe., no sé si esto le va a gustar. Fui yo solo, como usted me dijo, pero me encontré con algo realmente extraño.

- ¿Algo extraño? Matsuko, creo que sabes bastante bien que mi paciencia es más bien limitada. ¿Quieres decirme de una maldita vez que fue lo que viste? – inquirió impaciente.

- El Pozo... el pozo estaba totalmente destruido. Eso es lo extraño, porque cuando pasamos por allí la última vez, estaba en perfecto estado. Y que yo sepa, no ha habido ningún terremoto.

- ¿Destruido? ¿Cómo que destruido? – preguntó Inuyasha contrariado – Tiene que haber alguna forma de reconstruirlo... – dijo desesperado.

- Me temo que no, jefe. El que lo hizo, lo hizo a conciencia. Derrumbaron los fuertes que contenía la tierra de alrededor. Lo han tapado tan bien, que parece que allí jamás ha habido un agujero – explicó Matsuko.

- O sea, que es imposible – "Genial, adiós a mi idea de mandar a Kagome por dónde ha venido" pensó frustrado. Pero entonces se dio cuenta de algo – Espera, ¿crees que ha sido intencionado?

- Eso me temo, jefe, pero no tengo la menor idea de quién podría hacer algo así. Aunque tal vez ayude saber qué tiene que ver la chica con el Pozo – argumentó un poco temeroso.

- Ya te dije que no es asunto tuyo. Gracias por haber hecho lo que te pedí con discreción. Ahora puedes marcharte – despidió molesto. "Entonces tendré que pasar al plan B" pensó, mientras veía como se iba Matsuko.

A pesar de toda la felicidad que lo había embargado al ver a Kagome de nuevo, sabía que no se podía quedar con ella. Era peligroso para ella quedarse en esta época de guerras entre demonios, todo era incluso más peligroso que en tiempos de Naraku y la Esfera de los Cuatro Espíritus, e Inuyasha no quería que Kagome viera el ser despreciable en que se había convertido. Por eso había mandado investigar el Pozo Devorahuesos, para mandarla de nuevo a su época de dónde nunca debió haber salido, pero con las nuevas noticias ya no entendía nada. ¿Quién querría destruir el Pozo? ¿Con qué propósito? Y la pregunta que más le aterraba: ¿Sabía el que lo había hecho qué tenía que ver Kagome con ese Pozo? Así que tendría que pasar al plan B que, aunque no le gustaba ni la mitad de lo que le gustaba el plan A, no se le ocurría nada mejor que hacer. Lo único que tenía claro era que Kagome no se podía quedar con él.

- ¿Señor Inuyasha? – llamó una voz, sacándolo de sus pensamientos.

- ¿Qué pasa, Katsuko?

- Mi señor Kohtaro quiere verle, señor – contestó el demonio.

"¿Qué querrá ahora?" – Bien, ya voy – "Después de todo no puedo evitarle eternamente" pensó molesto.

***************

Unos momentos después, Inuyasha se presentó en aquella habitación que tanto odiaba. Por primera vez, el gran señor Kohtaro no estaba sentado en su sillón, sino que estaba esperándolo de pie, y parecía bastante impaciente. Kohtaro era también un demonio perro, pero era el más viejo que conocía. Debía de tener unos 500 años y le recordaba a una versión envejecida de Sesshomaru. Con el largo cabello plateado, las orejas puntiagudas y aquellas rayas en la cara, pero tenía los ojos rojos en vez de dorados y no tenía la media luna en la frente, Inuyasha suponía que esos rasgos solo pertenecían a la familia Taisho, aunque él no tuviera la media luna. Había conocido a Kohtaro poco después de la destrucción de Naraku y de la marcha de Kagome, y le había dicho que había sido un gran amigo de su padre. Se había acercado a él con la intención de saber un poco más de su padre y había acabado metido en esa guerra hasta las orejas. La próxima vez se lo pensaría dos veces antes de aceptar caramelos de un extraño.

- ¿Pensabas evitarme para siempre, Inuyasha? Llevo cinco días intentando hablar contigo, ¿sabes? – le espetó molesto.

- ¡Feh! Déjate de preguntas estúpidas, viejo, y dime para qué querías verme.

- Esa actitud tuya no te va a llevar a ninguna parte, creo habértelo dicho antes – Inuyasha solo contestó a esto con una mirada molesta – En fin... Dime ¿qué es lo que te ha mantenido tan ocupado estos días? No habrá sido esa chica que trajeron Matsuko y los suyos, ¿verdad?

- ¿Qué sabes tú de Kagome? – preguntó sorprendido.

- Kagome... ¿Ése es su nombre? – inquirió Kohtaro pensativo - ¿Quién es esa chica, Inuyasha? No será la sacerdotisa que te ayudó a recolectar los fragmentos de la Esfera de los Cuatro Espíritus y a acabar con el mal nacido de Naraku, ¿no?

- ¿Por qué te interesa? – preguntó molesto, y un poco asustado. "No puedo permitir que sepa quién es Kagome. A saber qué quiere de ella este viejo loco" pensó Inuyasha.

- Bueno... Tengo entendido que era una sacerdotisa muy poderosa, que incluso llegó a superar los poderes de la sacerdotisa Kikyo. Sería de gran ayuda para nuestros propósitos, ¿no crees?

- Te equivocas de chica – mintió – Kagome es una simple humana que conocí en uno de mis viajes y no deberías preocuparte por ella, voy a mandarla a su casa hoy mismo. Y ya te conté que aquella sacerdotisa no era de este mundo y, hasta donde sé, desde que destruyó la Esfera, no ha vuelto a poner un pie aquí.

- ¿Y qué hay de su extraña ropa y de la flecha sagrada que mató a uno de los nuestros? Inuyasha, no me gusta que me mientan, eso ya deberías saberlo – dijo Kohtaro muy serio, entonces su expresión se suavizó – Venga, Inuyasha. Soy yo... Kohtaro. He cuidado de ti en los últimos tiempos. ¿Por qué esa repentina desconfianza hacia mi persona? Sabes que te quiero como si fueras mi hijo... Oh, ya sé lo que te pasa... Sigues enamorado de esa chica y piensas protegerla por encima de todo, incluso por encima de mí. Si es así, deberías saber que yo nunca le haría daño – le dijo con voz decepcionada.

Durante todo este discurso, Inuyasha solo lo miró con desconfianza. – Kohtaro, me importa muy poco lo que pienses. Ya te he dicho que voy a mandarla lejos, así que te pido que la dejes en paz y que te olvides de ella.

- Pero, Inuyasha, no hace falta que la mandes a ningún sitio, a mí no me molesta que se quede en el castillo todo el tiempo que quiera. Sobre todo sabiendo que a ti te hace feliz tenerla cerca.

- Es una decisión tomada. Kagome se va y punto – exclamó empezando a enfadarse de verdad.

- Muy bien. Como quieras – respondió Kohtaro con desilusión.

- ¿Era esto para lo que me querías? Porque si es así, me voy – dijo Inuyasha volviéndose hacia la puerta.

- Inuyasha, ¿qué hay del clan de los lobos? – esa pregunta lo detuvo.

- No hay nada, ya lo sabes. Ellos no han hecho ningún movimiento y yo no tengo intención de mandar un ataque por el momento. Esta paz se podría mantener si llegáramos a algún tipo de acuerdo...

- Quiero a esos lobos aniquilados, Inuyasha – interrumpió Kohtaro – Son nuestro enemigo más fuerte y los quiero fuera de nuestro camino.

- No estoy de acuerdo con eso...

- Me da igual que no estés de acuerdo. Aquí se hace lo que yo digo – volvió a interrumpir molesto - ¿He de recordarte lo que eres, Inuyasha? Eres un simple medio demonio escondido en un castillo lleno de demonios puros y completos. Por muy fuerte que seas, ¿crees que podrías aguantar? Atente a las consecuencias, si desobedeces mis órdenes.

- Sí, señor – dijo Inuyasha conteniendo su furia.

- Inuyasha, sabes que estas escenas se pueden evitar – dijo afablemente – No te enfades.

- Si no desea nada más, señor, me retiro – y diciendo esto, salió de la habitación hecho una furia.

***************

Cinco días. Llevaba cinco días en ese maldito castillo atestado de demonios y todavía no había podido volver a ver a Inuyasha. Y lo peor de todo era que sabía que estaba evitándola. Kagome estaba muy, muy enfadada. La iba a oír en cuanto lo viera. Se iba a enterar ése de quien era Kagome Higurashi. Iba a coger una de sus monísimas orejas de perro y lo iba a arrastrar de ella por todo el castillo. "Un momento. ¿Llevará todavía el rosario colgado al cuello? Porque yo no se lo quité antes de irme" pensó mientras se le formaba una sonrisa maligna en la cara.

- Me encantaría saber en qué estás pensando para que se te haya puesto esa cara aterradora – le dijo una voz.

- ¿Qué? – contestó mientras volvía a la realidad. Enfrente de ella estaba sentada la anciana Saki tomando el té. Había conocido a la anciana al día siguiente de llegar al castillo. Por lo que le contó, ella estaba encargada de curarle la herida de la cabeza. La verdad era que se habían caído bien desde que se habían conocido y ahora venía a tomar el té con ella todas las tardes para que no se aburriera, además de que Saki era el único ser humano que había visto desde que había vuelto a la era Sengoku – Oh, estaba pensando en Inuyasha – le contestó.

- Por esa mirada, creo que el pobre no lo va a pasar muy bien la próxima vez que os veáis – comentó la anciana.

- ¿Pobre, dices? Llevo cinco días aquí y solo le he visto una vez. Y cuando iba a preguntarle todo lo que quería saber, el muy estúpido me dejó tirada con la estúpida excusa de que debía descansar por la estúpida herida. Pues bien, eso es lo que he hecho. Descansar. Y ahora que me he recuperado, me evita como si fuera la peste. No aparece por ningún lado, y cuando aparece, está siempre demasiado ocupado como para hablar. ¿No crees que me merezco que el muy idiota me dé una explicación? – después de este monólogo, Kagome tuvo que coger aire, cosa que aprovechó Saki.

- Kagome, deberías darle un poco de margen. Para él también ha sido un shock volver a verte. Además, él no lo ha pasado muy bien en estos últimos años.

- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó frunciendo el ceño. La verdad era que no solo estaba molesta con Inuyasha. También lo estaba con la anciana porque era la única que parecía saber algo y no quería decírselo.

- Eso deberías preguntárselo a él, ¿no crees? – contestó la anciana con cara de póquer.

- ¿Has escuchado algo de lo que he dicho? Ya lo he intentado, pero Inuyasha no quiere verme.

- Oh, está bien, te ayudaré. Te diré dónde está su habitación. Esta noche vas allí, y le pillas con la guardia baja. Cantará como un pajarito.

Kagome no creía que Inuyasha tuviera la guardia baja nunca, pero de todas formas le regaló una gran sonrisa y un gran abrazo a Saki – ¡Gracias, anciana Saki!

***************

- ¿Me ha mandado llamar, señor? – preguntó Katsuko entrando en la habitación de Inuyasha.

- Sí. Quiero que lleves esta nota a la aldea dónde se encuentran los demonios lobo, y que se la des al monje que vive con ellos – contestó Inuyasha sin perder el tiempo.

- ¿Qué? – exclamó Katsuko asustado – Pero, señor, si voy allí, me matarán antes de que pueda explicar el motivo de mi visita.

- Katsuko, no te mandaría a ti si supiera que vas a correr algún peligro. No te harán daño si vas tú solo – dijo Inuyasha seguro – Quiero que le des al monje esa nota en mano, sin intermediarios. Después vuelves inmediatamente, no hace falta que esperes a que la lea ni a que te dé una respuesta. Cuando vuelvas, me avisas, ¿entendido?

- Sí, señor.

- Bien, vete inmediatamente.

Pero cuando Katsuko abrió la puerta, se encontró con unos profundos ojos del color del chocolate muy enfadados.

- Quiero ver a Inuyasha. ¡Ahora! – demandó Kagome.

- Lo siento, señorita, pero el señor Inuyasha... – empezó a contestar Katsuko.

- Déjala pasar, Katsuko – interrumpió Inuyasha desde dentro – Y haz lo que he dicho.

- Sí, señor – contestó el demonio dejando pasar a Kagome y yéndose con prisa.

Kagome entró a la habitación bastante molesta, pero cuando observó a Inuyasha, preguntó algo que no tenía planeado preguntar.

- ¿Qué le ha pasado a tu traje de la Rata de Fuego?

- He cambiado mi estilo, ¿vale? – contestó Inuyasha con su habitual arrogancia.

- Me gustabas más antes – dijo sinceramente. No parecía él con aquel traje de general y la armadura. Como si él la necesitara. Parecía una versión más joven de Sesshomaru, excepto por las orejas. Y... ¿llevaba zapatos? ¿Desde cuándo Inuyasha lleva zapatos? Estaba claro que las cosas habían cambiado mucho. Demasiado para su gusto.

- ¿Y a ti qué te importa cómo me vista, si no has estado aquí los últimos tres años para verme?

- Bueno, pero ahora estoy aquí y te estoy viendo. Y te estoy dando mi más sincera opinión.

- ¡Feh! Yo podría preguntar lo mismo. ¿Dónde está aquel extraño kimono que solías llevar, eh? – preguntó Inuyasha, en un intento por distraerla de lo que realmente quería saber.

- Por enésima vez, no era un kimono. Era el uniforme de la escuela. Y ahora que llevo un kimono de verdad, ¿no me vas a decir cómo me queda? – preguntó con una sonrisa adorable.

- Horrible. Estás horrible con lo que te pongas – dijo tranquilamente. Mentira. Era una gran mentira. Llevaba un sencillo kimono azul pálido, pero a pesar de lo sencillo que era, estaba preciosa. Pero eso no pensaba decírselo, no recordaba lo que se divertía haciéndola enfadar.

- ¿Qué? – esa sonrisa adorable se convirtió en una mueca enfadada, pero entonces se dio cuenta de algo - ¡Siéntate! – exclamó con todas sus fuerzas. Y vio con satisfacción como Inuyasha besaba el suelo.

- Ka... go... me. Mal... dita – consiguió murmurar. Cuando pudo levantarse del suelo, descubrió que Kagome se reía con todas sus fuerzas - ¿Pero de qué te ríes, maldita bruja? – le gritó.

- Bueno... No te enfades, Inuyasha – dijo Kagome calmándose – No sé... es solo que... me ha hecho pensar... que llevamos tres años sin vernos y aquí estamos, peleándonos como el primer día. Pero... me alegro de volver a verte. Te he echado de menos, ¿sabes? – entonces su mirada se volvió triste – He estado en la aldea. O en lo que queda de ella. ¿Qué pasó? ¿Dónde están Sango, Miroku, Shippo... todos? – preguntó mirándole a los ojos, a lo que Inuyasha solo pudo bajar la mirada.

- Deberías irte, Kagome. Aquí corres peligro. Mandé a investigar el Pozo pero ahora está destruido – le dijo sin contestar su pregunta.

- ¿Destruido? – "¿Estoy atrapada en esta época... para siempre?" se preguntó. Pero entonces volvió a mirar a los ojos a Inuyasha – No me importa.

- ¿Qué? – exclamó el medio demonio.

- No me importa – dijo más segura de sí misma – Lo único que he deseado desde que me fui, ha sido poder volver a verte. No me importa quedarme aquí para siempre, si con eso puedo estar contigo.

- ¿Estás loca? Ahí está el problema, Kagome. No puedes quedarte conmigo. Yo ya no soy el medio demonio que conociste. He cambiado. Ahora soy peligroso.

- No te creo. Tú no eres así, te conozco. Puedes ser peligroso, pero no para mí. Confiaba en ti más que en mí misma. Me juraste que me protegerías con tu vida.

- Un año, Kagome. Pasamos juntos un año ¿y con eso ya crees conocerme?

- No creo conocerte. Te conozco – Inuyasha, al ver que así no iban a ningún lado, decidió cambiar de táctica.

- La aldea de Kaede, ¿recuerdas? ¿Quieres saber lo que pasó? Fui yo el que la destruyó, el que mató a toda esa gente inocente – dijo poniendo su mirada más amenazadora mientras veía como Kagome abría los ojos desmesuradamente - ¿Y bien, Kagome? ¿Qué pasaría si te dijera que yo soy el malo de esta historia? ¿Si te dijera que yo soy el bastardo con el que hay que acabar?

- No te creo – susurró Kagome entrecortadamente. Entonces oyó que alguien tocaba la puerta pero ella estaba en su propio mundo. No podía creer lo que Inuyasha estaba diciéndole. No podía.

- Pues deberías creerme – contestó Inuyasha mientras abría la puerta. Allí estaban, como dos perros guardianes, Matsuko y Katsuko - ¿Has hecho lo que te dije? – le preguntó a Katsuko.

- Sí, señor – le contestó éste.

- Muy bien. Matsuko, procede – le ordenó con una sonrisa escalofriante al otro demonio.

- Encantado, jefe – dijo Matsuko acercándose a Kagome.

- Inuyasha, ¿qué significa todo esto? – preguntó la chica empezando a asustarse.

- Te voy a mandar a un lugar mucho mejor que éste. Te agradecería, Kagome, que no armaras ninguna escena – contestó Inuyasha tranquilamente.

Aunque hubiera querido, Kagome no pudo oponer mucha resistencia mientras Matsuko la ataba de pies y manos, la amordazaba e incluso le vendaba los ojos. Estaba estupefacta por su conversación con Inuyasha. No podía creerle, pero, a la misma vez, lo poco que él le había dicho encajaba. Y así, con los ojos vendados para que luego no supiera volver al castillo, se la llevaron a un lugar desconocido para ella, sin haber logrado encontrar las respuestas que buscaba.

***************

Se la llevaron en un carruaje tirado por caballos, con el único alivio de saber que la anciana Saki la acompañaba, aunque ella tampoco le dijo adónde la llevaban. De repente el carruaje paró. Matsuko se acercó a ella y le quitó las ataduras, la venda y la mordaza. Pudo ver, a pesar de que era noche cerrada, que habían parado delante de una cabaña. Cuando vio que la anciana bajaba y se metía dentro, se dio cuenta de que era la casa de la que tanto le había hablado Saki. En ese momento, también descubrió que no estaban solos. Matsuko la bajó del carruaje, la miró y le dijo:

- Ahora camina, gatita – pero Kagome no le quitó la vista de encima.

- Dile a tu jefe que esto no se va a acabar así – y dicho esto giró su mirada al frente y vio quienes eran.

Miroku y Sango subidos encima de Kirara surcaban el cielo. Por tierra iban Kouga y su clan de demonios lobo al completo. Cuando llegó hasta ellos, Sango ya se había bajado de Kirara y se dirigía corriendo hacia ella. Pero Kagome ni siquiera saludó. La miró fríamente y dijo:

- Quiero que me lo expliquéis todo ahora.


¡¡¡Hola a todos!!!

Ya he acabado mis exámenes, y con motivo de este feliz acontecimiento (al menos para mí) aquí dejo el cuarto capítulo. Este es un poquito más largo que los demás, pero la verdad es que no puedo decir como van a ser de largos los siguientes. He estado pensando en los capítulos que me va a ocupar este fic, y aunque no tengo la menor idea de cuántos van a ser, creo que no van a ser muchos.

Bueno, como siempre agradecer por vuestros comentarios a Crystal Butterfly 92, NUURI, virginia260, Beautiful-Veela y Karenxita-chan. Me alegro de que os esté gustando mi historia.

En fin, nada más.

¡¡Hasta la próxima!!