Disclaimer's incluidos.
Hola mi gente ¿cómo vamos? espero que bien, si la verdad he desaparecido por todas partes. O sea ya ni en Facebook me ven se imaginan como me he desconectado de mundo...la verdad es que me mude y dificilmente me abre de manera legal hahah. Aunque lo prometido es deuda y pues aquí les comparto el capítulo número 4, ojalá sea de su agrado.
GRACIAS a mi Beta reader: Just-Hatsumi. Por su tiempo y apoyo resolviendo inquitudes y analizando las propuestas, para traer una historia novedosa. Soportándome, créanme no debe ser fácil soy bastante molesta por momentos (?)
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-Contrastes del dolor-
Capítulo 4. Opuestos.
"Un acto de justicia permite cerrar un capítulo; un acto de venganza escribe uno nuevo."— Marilyn Savant
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Tokio, 2012
Desde hace siglos, el hombre ha presentado una atracción sumamente peligrosa por aquellas cosas ilícitas que destruyen, condenan; y que además dan pie a una persecución sin fin. Seguramente, es la adrenalina que recorre cada parte de su cuerpo en el acto, preguntándose por momentos cuál será el siguiente paso, si son apresados. Así, se convierte en uno de los mayores catalizadores para incitar el inicio de la partida.
No obstante, aquellas partidas se asemejan al gato y al ratón; esperando pacientemente los resultados de una carrera llena de emociones y observando quién será el más astuto en esta ocasión. Hacen regocijar a los que, desde lo alto, analizan con detenimiento la situación de sus peones. Sin embargo, por momentos se ven obligados a entrar en una partida y son capaces de arrasar con todos para obtener su beneficio. ¿Estarán realmente preparados para enfrentarles?
Seguramente no. Pero los que no arriesgan, no ganan. O bueno eso menciona la conocida frase, y la mayoría de personas han atravesado situaciones similares, jugándosela toda para triunfar o morir en el intento. Y eso era algo que Sakura Haruno tuvo sumamente claro cuando aceptó con gusto la misión que aquel día comenzaba.
Mientras el imponente edificio de las empresas Uchiha se levantaba sobre ella, no pudo resistir dejar escapar una sonrisa ante lo que se venía. Tomando con fuerza su bolso, alisó la falda negra y se acomodó la chaqueta del mismo color que habían proporcionado en su semana de inducción.
—Buen día—saludó a las dos mujeres de cabello oscuro en la recepción, antes de seguir su camino hacia los ascensores que la llevarían a su nuevo puesto. Pasó frente a un hermoso cuadro de Carpas* con líneas ondulantes y en espiral, con la firma de Hokusai* en la parte inferior. Se detuvo unos minutos contemplando la magnífica obra que decoraba el lugar, dándole un toque de tranquilidad y armonía con la modernidad que se levantaba sobre ella.
Se distrajo tanto en su análisis del cuadro, que se sobresalto al escuchar el timbre que anunciaba la llegada del ascensor. Pestañó varias veces seguidas y caminó más rápido de lo normal para poder entrar a su conector con el nuevo puesto. Miró por encima del hombro; y sus ojos se toparon con un cuadro instalado al lado de la otra cabina, que representaba un grupo de mujeres laborando los respectivos deberes domésticos. Chocó de casualidad con el hombre que había llamado el elevador previamente. Dejando salir una pequeña maldición, contuvo la respiración antes de agacharse a recoger el bolso y las pertenencias que habían caído de éste.
—Lo lamento—susurró con vergüenza, antes de erguirse nuevamente para presionar el botón del último piso.
—No se preocupe, señorita-
—Nagano. Sakura Nagano—se presentó girando un poco su cuerpo para encontrarse con los ojos azules eléctricos, que parecían llenos de diversión ante el descubrimiento.
—Ya veo…La nueva secretaria de Sasuke. Con razón te me haces un poco familiar—rio abiertamente, negando con la cabeza ante un chiste que aún no había sido contado y parecía ser conocido sólo por él.
— ¿Disculpe?—preguntó con algo de enojo en su voz ante la falta del respeto. No obstante parecía más fuera de lugar expresarse con dureza frente a un hombre que por sus ropas aseguraba tenía algo que ver con Sasuke Uchiha.
—Mi nombre es: Naruto Uzumaki. Disculpe mi falta de modales. Estuve ayudando en su selección y soy el segundo al mando—se presentó con cordialidad, haciendo una leve reverencia mientras ella le respondía el gesto.
— ¿Nos dirigimos al mismo piso?—cuestionó con una leve sonrisa al percatarse de que éste no había marcado ningún nivel.
—Sí. Mi oficina está al lado de Sasuke—informó con sencillez dejando que las puertas de aluminio se abrieran de par en par, mostrando un largo pasillo de color crema y ventanales repartidos estratégicamente para iluminar de manera natural el lugar.
Estirando su brazo derecho para darle paso, salió de la cabina contemplando con excitación otro cuadro de Hokusai. La gran ola de Kanagawa* adornaba su lugar de trabajo. Dejó con delicadeza el bolso sobre el mueble, observando la hermosa pintura que la acompañaría desde ese aquel momento. Detalló con suma modestia cada rincón, olvidándose completamente del Uzumaki y formando una sonrisa, la cual quedo oculta ante esos ojos azules que le miraban con detenimiento a unos dos metros..
Pensó con emoción cuán interesante sería esa nueva misión, y los enemigos a enfrentar. Eran demasiado inteligentes y sabía que debía ir con cuidado. Utilizar obras de arte tan reconocidas del período Edo, demostraba que conocían lo que hacían y además de eso, aceptaban que nunca olvidarían de donde venían: descendientes de federaciones donde encontraban apostadores y comerciantes callejeros en el Japón antiguo, los cuales fueron posteriormente desplazados y obligados a realizar otro tipo de tareas para poder sobrevivir. Y podría jurar que de ahí venía su naturaleza salvaje y calculadora, dispuestos a realizar cualquier tarea que beneficiara de alguna manera sus objetivos. Apretó su mano derecha formando un puño, ante la rabia que parecía surgir con cada segundo que seguía pensando en esos criminales y sus orígenes, que obraban sin importarles cómo resultaría para la vida de otros y rendían honor sólo a su familia y aliados.
—Señorita Nagano—llamó Naruto, tocando levemente su hombro derecho para que reaccionara.
— ¿Sí?—preguntó girando sobre su cuerpo, encontrándose con unos ojos negros que le miraban con burla. Ahí estaban nuevamente enfrentados, una última partida que apenas comenzaba y estaba más que segura que ganaría con creces.
—Le presento a Sasuke Uchiha, director ejecutivo de esta compañía—dijo Naruto señalando al hombre de porte elegante y traje oscuro junto a él. Haciendo una pequeña reverencia en forma de respeto que no le tenía.
—Gracias por la oportunidad-
—Estoy seguro que hará bien su trabajo, señorita—cortó previniendo cualquier discurso acerca de que tan agradecida estaba por un trabajo y demás derivados. Caminando con seguridad hasta su despacho seguido del rubio, se detuvo en la puerta con el pomo en la mano para darle una última información—Naruto es el secretario general*-
— ¡Maldición, Sasuke! Te dije que odio ese maldito título-
—Cállate, Naruto—siseó frunciendo el ceño por la interrupción sin sentido, antes de continuar—. El señor Uzumaki es el secretario general de la empresa. Cualquier inconveniente que presente frente a las cuentas o información que solicite, él puede ayudarle libremente. Además de eso, debo advertirle que las personas que suban hasta este nivel buscándome; se reúnen con él, no conmigo. Sólo en caso de ser estrictamente necesario, ¿entendió?
—Totalmente.
—Bien. Por último, necesito que realice una reservación en: L'Atelier de Joël Robuchon*para cinco personas, a la una y media de la tarde—ordenó entrando a la oficina junto a un rubio que no paraba de protestar por el nombre oficial de su cargo. Estaba casi segura que le golpearía al azabache en cualquier momento.
Sinceramente, no sería la única persona con esas intenciones. Había resultado ser un idiota total, diciendo lo que debían y no hacer, además de grosero. Se creía un dios, cuya palabra era la ley…Aunque para ser sinceros, no estaba demasiado lejos de la realidad. Ser uno de los yakuzas más importantes en todo Japón entregaba ciertos aires de grandeza y superioridad. Rió un poco ante el hecho de que el nombre de la empresa resultara precisamente una de esas criaturas mitológicas. Susanoo: dios del mar, las tormentas y batallas. Ahora sólo restaba esperar y observar que tan similar era el Uchiha con él. ¿Sería sólo una fachada o la reencarnación de un mito? Una difícil pelea estaba a punto de iniciar y no se percataría de los golpes realizados, antes de aquel que lo dejara un poco mareado por los asuntos. De eso se aseguraría personalmente. Apretando sus manos y dejando los nudillos blancos en cada una, sintió los recuerdos de su pasado azotar con violencia. Le recordaron la razón de su trabajo e invitaron a seguir, para que nadie sufriera nuevamente la vida tan horrible que se vio obligada a soportar. Pensó con emoción cuán interesante sería esa nueva misión, y los enemigos a enfrentar. Eran demasiado inteligentes y sabía que debía ir con cuidado. Utilizar obras de arte tan reconocidas del período Edo, demostraba que conocían lo que hacían y además de eso, aceptaban que nunca olvidarían de donde venían: descendientes de federaciones donde encontraban apostadores y comerciantes callejeros en el Japón antiguo, los cuales fueron posteriormente desplazados y obligados a realizar otro tipo de tareas para poder sobrevivir.
Moviendo un poco su cabeza para alejar sus recuerdos, comenzó a teclear y buscar en carpetas de la red, que conectaba a todo el sistema de la empresa. Algo debía encontrar en los demás ordenadores de ese lugar. Preparando lentamente su plan de acción; copió, leyó y guardó en una pequeña memoria la información extraída en ese lapso. Al escuchar las voces del despacho más fuertes a cada momento, cerró todas las ventanas que no correspondían a su cargo y ubicó un cuaderno delante de ella, organizando un horario del cuál su equipo recibiría un duplicado.
Sonrió forzadamente, despidiéndose con una amabilidad que no sentía, dejando que se marcharan por el largo pasillo que conducía al elevador, escuchando la llegada de éste y minutos después, nuevamente el silencio total anunciando que se encontraba sola en lugar. Analizando las paredes en busca de alguna cámara, agrandó lo ojos riéndose de su suerte. Increíble, pensó. Y no sabía si pensar que tal vez eran demasiado estúpidos o confiados, aunque en ese momento agradecía no tener que hacer movidas extras para ubicar los micrófonos en su lugar.
Acomodando su cabello rosa, se levantó de su lugar y tomó la pila de documentos que le habían dejado previamente sobre el escritorio. Tendría que revisarlos y clasificarlos según su orden alfabético, para luego dejarlos en la oficina de su nuevo jefe. Oportunidad más que perfecta para comenzar a instalar los micrófonos. La misión terminaría mucho antes de lo previsto.
Escondiendo la pequeña caja en donde estaban los instrumentos, entró a la oficina y cerró la puerta tras de sí. Para asegurarse de no encontrar un delator de su tarea, revisó por segunda vez el interior del lugar. Dejando los documentos a un lado, abrió el estuche y sacó con sumo cuidado los pequeños aparatos dentro de ésta. Caminó con lentitud hasta el escritorio y se inclinó acomodando con precisión el micrófono debajo de la superficie, cerca de una de las esquinas del cajón derecho. Repitió la acción en lugares estratégicos de toda la oficina: bordes de los muebles, una pequeña maceta y el marco de otra puerta que daba entrada a un pequeño archivador conectado con la oficina del rubio.
Reduciendo los últimos pasos que separaban las dos habitaciones, intentó girar el pomo sin éxito alguno. Murmurando una maldición por lo bajo, giró sobre sus pies dispuesta a salir de ese lugar y evitar cualquier sospecha si ingresaba alguien a la planta y no conociera lo planes del Uchiha. Arreglándose un poco la ropa arrugada y sacudiendo el polvo, abrió la puerta principal de la oficina.
Observó con detenimiento la planta, sus oídos enfocados en cualquier sonido que pudiera preverle una situación complicada. Dando dos pasos, se instaló delante de su lugar estirando su brazo derecho para alcanzar un juego de guantes color negro. No podía dejar ninguna huella dactilar en los archivos que con tanto ahínco guardaba el Uchiha en la pequeña habitación de su oficina en conexión con uno de sus posibles socios, Uzumaki.
Entró nuevamente a la oficina, caminando con prisa hacia uno de los estantes. Tomó un pequeño archivador marcado con la letra "U", esperando encontrar algo que brindara un poco más de datos acerca de posibles familiares. Leyendo con rapidez los documentos, encontró solo firmas y acuerdos con otras empresas más pequeñas. Éstas estaban destinadas a la exportación e importación de diversos productos, además de derechos pesqueros. No era realmente algo novedoso: conocían como se movían por la ciudad y apoderarse de uno de los mayores ingresos económicos era sólo parte del juego para demostrar que su dinero, era totalmente legal.
Siguió pasando las hojas, hasta leer "Madara Uchiha"al final de un contrato, como miembro de una corporación hermana. Sin embargo, no especificaban el tipo de trabajo a realizar. Tomó una foto con la cámara que tenía escondida entre sus ropas, pues luego la analizaría directamente desde el ordenador de su departamento. Debo buscar información correspondiente a este sujeto, pensó con seguridad antes de pasar de página.
No obstante, el sonido que hacía el ascensor anunciando su llegada provocó que abriera los ojos por la sorpresa. Dejando todo en su lugar, tomó el pomo de la puerta que daba a la oficina de Naruto. Deslizó dos pinzas que sujetaban su cabello y las maniobró delicadamente para abrir la puerta. Comprobando la falta de cámara, salió con rapidez. Se quitó los guantes negros y volvió a abrir la puerta para llegar a su lugar. Al fondo del pasillo, vio a un hombre de cabellos rojos y traje oscuro caminar hacia su puesto.
Murmurando un par de maldiciones–pues se percató que el hombre ya había visto el lugar vacío–optó por caer sobre sus rodillas y gatear hacia su sitio, tirando el lapicero de su blusa para recrear una situación.
— ¡Aquí está!—dijo expresando una alegría demás, levantándose del suelo y mirando con curiosidad al sujeto que ahora estaba delante de ella. Cabellos rojizos y ojos escarlatas, que le miraban con un poco de desprecio y recalcaban su superioridad. Iban en juego con ese traje negro y camisa blanca perfectamente acomodados, demostrando soberbia.
—Busco a Sasuke Uchiha—anunció sin más, caminando hacia la puerta que daba entrada a la oficina del mencionado.
—Lo lamento, no se encuentra en este momento—murmuró obstruyendo el paso del recién llegado, quien la tomó sin delicadeza de la muñeca para apartarle.
— ¿Sabe quién soy?
—No. Pero de todas formas, debo impedir que siga señor. De lo contrario, me veré en la necesidad de llamar a seguridad-
—Soy el contador de Sasuke Uchiha—interrumpió soltándola de manera violenta, sacudiendo un poco su cuerpo como reacción.
—Entonces me imagino que tiene una cita en su agenda.
—No debo darle explicaciones. Limítese a realizar su trabajo. Sólo infórmele que lo necesito de carácter urgente—.Escupió con enojo, otorgándole una mirada de desprecio antes de voltear y caminar nuevamente hacía los ascensores.
Había sido el momento más corto con otra persona en toda su vida. Restándole importancia a la situación, sería una nueva víctima para la investigación. Después de todo, un contador no era precisamente desprestigio si recordaban el negocio que tenía Sasuke Uchiha. A lo mejor, también marcaba conexiones y posibles convenios con demás familias yakuza.
Dejando escapar un sonoro suspiro, miró su reloj de muñeca que marcaba un cuarto para las dos. Era hora de almorzar y socializar un poco con sus nuevos compañeros de trabajo. Además, sería uno de los mejores ambientes para encontrar un poco de información clave de su objetivo. Bajó a la primera planta después de esperar pacientemente durante cinco minutos el ascensor, saludando a medida que se detenía en cada piso por los demás trabajadores. Respondió preguntas respecto a su nuevo trabajo y otorgo puntos de vista superficiales, frente a la actitud de Sasuke.
No obstante, nunca esperó escuchar tantas opiniones positivas del Uchiha. Su trato con los empleados y buena compresión con su excelente manera de toma de decisiones para que no afectara de una manera tan directa a sus empleados. Teniendo en cuenta la situación económica que atravesaba Japón en ese momento. La ausencia de un recorte de personal dentro de Susanoo, se le hacía sospechoso, pero no tanto como el aumento de sucursales-otro dato que debía investigar- junto a la financiación de ellas.
Almorzó entre risas y anécdotas, convencida de que seguramente sus allegados conocían tan bien como todos, que su jefe era parte de la familia Yakuza. Pero al verse beneficiados conservando su trabajo, dejaban en el olvido sus actividades ilícitas. Y lo confirmó con una simple pregunta:
— ¿No les resulta extraño que todo el mundo se encuentra en una crisis económica, y aún así él pueda hacer tantas sucursales nuevas, generar empleo a millones…?Últimamente he oído que se rumorea formaba parte de los Ya-
—Cállate—interrumpió uno de sus acompañantes, mirándola fijamente a través de sus lentes. El miedo se reflejaba claramente en sus orbes café.
— ¿Perdón? No creí que-
—Eres nueva, pero nunca olvides quién te alimenta—cortó levantándose de la mesa, seguido por los demás que la miraban con un poco de pánico.
No podían hablar de más, nadie lo haría. Estaban condenados a un silencio absoluto respecto a posibles trabajos ilegales que realizaba Sasuke Uchiha. Tenían miedo de que algo pasara por decir más de lo debido.
"Idiotas" pensó luego de unos minutos de verlos marcharse, tomando los últimos bocados de su comida. Subió a la oficina, para terminar de arreglar papeles y horarios. Tomando su móvil y con ayuda de un cable USB, guardó los archivos más importantes qué había encontrado en la base de datos, junto a una copia de la agenda de Uchiha y perfiles de posibles socios de la organización. Si seguía así, todo terminaría antes de lo previsto.
— ¿Llegó?—preguntó contestando la llamada entrante.
—Archivos, cuentas, agenda y perfiles. Buen trabajo, Haruno.
—Como siempre, Gaara. ¿Has podido ingresar a sus computadoras?—cuestionó levantándose de su lugar, arreglando un poco el espacio. Tomó su bolso y comenzó a caminar hacía los ascensores.
—Trabajo en eso—respondió dejando un silencio entre los dos, antes de cortar la comunicación. Guardando el dispositivo precavidamente, sacó otro celular desde el fondo de su bolso. No había porqué arriesgarse más..
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Continuará.
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Antes de cualquier otra cosa, vamonos al rincón de las palabras...un diccionario, o algo parecido. La verdad si he aprendido bastante mientras escribo y espero que ustedes también algo.
Carpas: Conocidas como Koi en Japones, que significa también "amor" o "afecto" son muy utilizadas ornamentalmente, además de que se cree traen Buena suerte.
Hokusai: Fue un pintor y grabador japonés reconocido del periodo Edo.
Secretario general: En organizaciones como ONU son las autoridades máximas, sin embargo en empresas, se le llama al cargo inferior del presidente (director ejecutivo) de dicha entidad.
La gran ola de Kanagawa: Es la obra más conocida de Hokusai, donde se representa una enorme ola a punto de romper sobre una barca de marineros. Y en su fondo se encuentra la montaña Fuji.
L'Atelier de Joël Robuchon: Es un reconocido restaurant francés de alta cocina, que tiene sede en diversas partes del mundo.
Ahora si, ¡terminamos! Espero que les haya gustado, nos seguimos leyendo por ahí espero poder conectamerme más seguido a Facebook de alguna manera.
Gracias por leer, estaré esperando ansiosas sus opiniones de esté capítulo.
Cuídense
