Este está un poquito fuera de trama, pues trata de la familia Sanada, que aparece en los especiales donde Seigaku forma una familia (mamá, papá, abuelos, etc..) Y así como en Seigaku se grea una familia, también en Rikkai Dai se forma otra.

Lo sabran ya, pues Kirihara aparece en varias escenas, así como sus padres, que son Sanada y Yukimura.

En fin, los dejo con el Drabble.

Fantasia.

No podía hacer otra cosa más que mirar silenciosamente, recargada en el marco de la puerta, intentando ser discreta.

Era una visión por demás encantadora, tanto, que su respiración se detuvó para poder sonreír encantadoramente, como era normal en ella.

Su esposo, el bruto mal encarado que pareciera estar siempre de mal humor, cargaba entre sus brazos a su pequeño pedacito de cielo, intentando arrullarlo sin lograrlo. Luego fruncía el ceño, aún más de lo que ya lo tenía. Porque su expresión seguía siendo seria. Como siempre, sus facciones parecían de cartón corrugado y, aunque siempre le había burlado de ello, aceptaba que había caído enamorada por eso mismo.

La sonrisa se hizo más amplia, ocultándose mejor tras de la puerta sin hacer el menor ruido. Como una sombra. Un demonio que reía con divinidad.

El hombre ya se había desesperado, y la criatura, como buen hijo de su padre, también.

Ahora se miraban mutuamente, como si se desafiaran. Con su pequeño ceño fruncido, y una mirada que no era propia en un bebé.

Había que reconocer entonces que había nacido también con algo de ella.

Las miradas siguieron y ella, escondida todavía, seguía sin respirar. El hacerlo tan de improviso rompería esa pequeña cúpula que enceraba a esa silla donde los dos tesoros de su vida permanecían. Exhalar sería como romper el hechizo que permitiría que lo irreal de esa fantasía, se esfumara como bruma.

Y le gustaba ese pequeño cuento de hadas, donde su esposo, siempre renuente a cargar al pequeño, lo hacía por cuenta propia y a escondidas.

Era la perfecta ilusión. O eso pensó hasta que su propia sonrisa se le atoró en la garganta.

En ese momento, fuera de los desafíos de mirada, los ceños fruncidos y las caras acartonadas. Su pequeño hijo y el amor de su vida se sonreían mutuamente, mientras el hombre, sin pena ni miedo, acercaba un dedo que el pequeño Kirihara tomaba entre sus manitas.

Y aunque su boca quería decir Genichirou con voz aterciopelada, decidió salir con el mismo sigilo con el que había permanecido allí, dejando en secreto esa escena.

Pensando una sola cosa: Las fantasías siempre pueden ser mejores.


Cómo siempre, este va a dedicado a FalseMoon. Ya lo habías leido hace mucho, lo sé, pero de todas formas lo pongo al fin xDD. Algun día tendré un esposo como Sanada, un hijo como Kirihara y seré toda una Yukimura. Y tu estarás ahí, serás mi hija, o estaras barriendo el patio, pero ahí.

Dejen review