¡Hola mis amores! ¿Cómo os están yendo las vacaciones? Yo estoy genial aquí en Alemania, mucho frio y lluvia :3

No sé si he tardado demasiado esta vez XD pero por fin tengo el capi de este fic, bueno… realmente no tengo mucho que decir sobre él así que…. ¡Disfrutadlo!


"Are you okay now?"
"Just a little more, I'll see something soon...
I'm going to hold my breath, for now."

One more time, one more time
"I will roll today too"
The girl says, the girl says
Playing her words with a smile!

"Are you alright now? It's okay... You are getting tired, right?"
I want to stop breathing…
Now.

Rolling Girl_Hatsume Miku


Aquella mañana hacía un sol resplandeciente, un día de los que levantan el ánimo a cualquiera solo con mirar el cielo despejado y azul, pero para Syo aquel no era para nada un buen día, de echo, casi podía asegurar que era el peor día que había tenido. Desde que se había encontrado con Natsuki aquella mañana se había tornado un día horrible. Verle cara a cara no había resultado un problema como él pudo haber pensado en un principio, de echo le tranquilizó, pero la esquiva mirada de su amigo había calado profundamente en él, removiendo nuevamente todas aquellas dudas que albergaba en su mente.
¿Qué era lo que podía haber pasado para que el rubio lo evitase de aquella manera? Él nunca se enfadaba y después de todo, la huida de ayer no había sido gran cosa, no tenía sentido aquella actitud.
Por más que pensaba, por más que se rebanase y estrujase los sesos buscando una explicación lógica, nada tenía sentido para él. Necesitaba hablar con Natsuki, aclarar aquella ridícula situación, estaba dispuesto a admitirlo y disculparse… con los dos, si fuese necesario.

Entre tanto pensamiento y deducción sobre las posibles respuestas para lo que había pasado, las clases acabaron casi en un suspiro y la campana para la hora de almorzar sonó, aunque Syo ni se inmutó, puesto que seguía profundamente inmerso en sus pensamientos.
Una mano zarandeó levemente su hombro, arrancándolo a la fuerza de su profundo mundo interior.

—Ochibi-chan, ¿Piensas pasarte la hora del almuerzo aquí?

El nombrado se giró abruptamente, encontrándose con la sonrisa burlona de Ren, que lo miraba desde las alturas.

— ¡Claro que no! Solo estaba pensando y me despisté un poco.

—Eso si que es una novedad…

—Mejor salgamos, por que estás ganando puntos para una buena paliza…—. Levantaba el puño amenazadoramente mientras se ponía en pie.

—Oh, vamos, no te pongas de mal humor solo por eso.

El mayor daba unas amistosas palmadas en su espalda mientras empezaban a andar.

Ren tenía razón, por muy poco que le gustase admitirlo, estaba de un humor pésimo y sabía exactamente por qué. El pequeño encontronazo con Natsuki iba a obsesionarlo hasta que consiguiesen hablar y poner algo en claro.

Caminó por el pasillo que los llevaba hasta el comedor con Ren, que permanecía en silencio, como si comprendiese que ahora el pequeño no estaba para mantener conversaciones y que lo único que hacía era darle vueltas a la cabeza.
Entraron a la gran sala donde se reunían todos los estudiantes, preocupándose de conseguir algo de comer antes de sentarse con los demás.
Se acomodaron en la mesa donde solían sentarse, junto al resto de sus amigos, que iban llegando poco a poco.
Syo aprovechó entonces para, con mucho disimulo, dar una mirada rápida a su alrededor, buscando a su amigo de ojos verdes. Nada, ni rastro de él.

—Otoya.

El nombrado, que estaba hablando animadamente con Haruka, se dio la vuelta rápidamente al escuchar su nombre, fijando su atención en el pequeño. La chica también lo miro, con cara incomodidad e inquietud por lo pasado la noche anterior.

— ¿Si? ¿Qué pasa Syo?

—Em… Bueno, por casualidad… ¿Sabes dónde está Natsuki?

El pelirrojo pestañeó varias veces, aparentemente sorprendido por aquella pregunta.

—Verás… No ha venido a clase, por lo que todos creímos que estaba enfermo y se había quedado en vuestra habitación.

¿Enfermo? ¡Pero si lo había visto perfectamente por la mañana! Ese pedazo de idiota… ¿Qué demonios estaba haciendo y… Dónde?
Syo se levantó de la silla con total preocupación, dejando de lado la comida que aún quedaba en su plato.

—V-voy a buscarlo…

— ¿Qué dices? Aún no has acabado de comer, no te va a dar tiempo a buscarlo y volver aquí para comer.

Ren trató de detenerlo, pero él ya había empezado a marcharse.

—Discúlpame ante el profesor, lo siento.

El mayor hizo ademán de detenerlo, pero ya era demasiado tarde, el pequeño ya estaba travesado la puerta de salida.

Aquél asunto estaba empezando a ponerse demasiado raro, vale que Natsuki hubiese estado nervioso al verle esa mañana, pero su ausencia en las clases ya era demasiado, no creía que el asunto tuviese tal importancia.
Se apresuró todo lo que pudo a llegar hasta su habitación y abrió la puerta sin ningún cuidado, esperando encontrarse con su compañero durmiendo, o algo por el estilo. La sorpresa fue cuando se topó con que su habitación estaba completamente vacía. Entró lentamente, con cuidado, como si fuese un intruso allí.
Caminó hasta el centro de la sala, mirando a su alrededor, buscando hasta las ínfima señal de donde podría haber ido Natsuki. Dio un paso y notó como algo crujía bajo la suela de sus botas, bajó la mirada, encontrándose con algunos pedazos de cristal repartidos por el suelo, a su parecer debían ser los restos de un vaso. Miró por los alrededores y comprobó que no era la única cosa tirada de cualquier manera, había varios libros esparcidos por el suelo, sin ningún cuidado y algunos cojines también.

Syo estaba empezando a preocuparse muy seriamente, ¿Puede que aquello fuese obra de Natsuki? Sacudió la cabeza negando, aquello no tenía importancia, lo que realmente importaba en ese momento era encontrar a Natsuki y saber qué demonios estaba pasando esa mañana.

Salió de la habitación, cerrando la puerta cuidadosamente. Se quedó quieto en el pasillo, meditando unos instantes antes de emprender su marcha. ¿Dónde podía haber ido Natsuki? La academia era demasiado grande como para ponerse a buscar por todos lados sin ton ni son, tenía que pensar cuidadosamente en los lugares a los que solía ir Natsuki, de esa forma sería todo más sencillo.

Una vez hubo decidido dónde ir, emprendió nuevamente su búsqueda. Se movía rápido por los pasillos vacíos, deseando no encontrarse a ningún profesor que lo mandase de vuelta a clase.

Dirigió sus pasos de forma firme y segura hacía donde creía que podía estar su amigo. Había tomado una decisión muy fácilmente, pero a cada paso que daba, su corazón latía más y más fuerte, parecía como si fuese a salir por su boca.
A lo lejos empezó a divisar lo que estaba buscando y ralentizó un poco su marcha, temeroso de encontrar realmente allí a Natsuki. Aunque esa fuese su intención al ir hasta allí, ahora estaba completamente nervioso e inquieto, sin saber que decir exactamente en el caso de que consiguiese encontrarle.

Respiró profundamente y empezó a andar hacia la puerta del estudio de grabación. Era una sala completamente insonorizada dónde ellos solían ir cuando tenían que hacer algún ejercicio vocal donde era preciso gravar sus voces, pero Natsuki muchas veces lo usaba para ensayar con la viola, ya que allí no molestaba a nadie.
Asió el pomo con firmeza y tiró de la puerta hacia fuera, entrando en la sala.
Se decepcionó un poco al encontrársela vacía y en penumbra, al parecer no había ni rastro de que Natsuki hubiese estado allí. Suspiró con resignación, dispuesto a salir para continuar buscando. Fue entonces cuando fijó su mirada en la sala contigua, que estaba vacía a excepción de dos micrófonos que colgaban del techo, tenía que entrecerrar los ojos para poder distinguir algo en la oscuridad a través del cristal que separaba las habitaciones, pero aún así le pareció ver algo. Se detuvo y volvió sobre sus pasos, entrando al cuarto de grabación.

—Así que aquí estabas…

Era difícil verlo entre toda aquella oscuridad, pero sentado, encogido en un rincón, podía distinguirse la silueta de alguien. Syo supuso que no podía ser otro que Natsuki.

—Al parecer Syo-chan me conoce demasiado bien—. Se escuchó una pequeña risa desganada.—Pensaba que aquí nadie me buscaría.

El pequeño se acercó sigilosamente hacia donde se encontraba su amigo y se apoyó contra la pared, deslizándose hasta quedar sentado en el suelo, al lado de Natsuki.

—Supusiste mal, ya que no me ha costado nada encontrarte.

Syo apoyó su cabeza sobre el hombro del otro, manteniendo su mirada fija en aquella total oscuridad.

—Supongo que nunca podría ocultarte nada—. Dejó ir una risita.

La voz de Natsuki se le antojaba cansada y sin fuerza, como si se estuviese forzando a si mismo a hablar.

—No pareces muy enfermo, ¿Qué es lo que pasa?

No hubo respuesta de su amigo y aunque Syo se volteó para mirarle, era imposible distinguir algo con toda aquella oscuridad a su alrededor.

—… Como sea… Me parece que te debo una disculpa… Verás yo…

—Syo-chan, no tienes que disculparte por nada, no es necesario.

— ¡Pero quiero hacerlo! No me gusta dejar asuntos pendientes, no quiero dejar esto sin resolver.

Natsuki suspiró pesadamente, como haciendo acopio de fuerzas ates de poder decir algo.

—Syo… escucha, yo… Lamento mucho ser como soy, de veras lo siento.

— ¿De qué rayos estas hablando?

—Verás… de verdad lo siento, tendría que haberme dado cuenta de esto mucho antes, siento haber estado perjudicándote de esta manera.

Al pequeño se le aceleró el corazón, ¿A qué se refería Natsuki? ¿Quizás había descubierto que estaba enamorado de él? No, era imposible, no lo sabía nadie, solo Ren y su amigo no era de los que desvelaba los secretos que se le confiaban.

—N-no sé de que me estás hablando.

—Soy un tonto, lo sé, pero créeme, le pondré remedio, no volveré a ser una carga para ti.

— ¡¿Cómo? ¿De que estás hablando?

Ahora si que no entendía que pretendía su amigo con todo aquello que le estaba diciendo.

—Quiero que seas feliz, de verdad que lo quiero… por eso… dejaré de ser tan egoísta de ahora en adelante.

Notó como Natsuki se incorporaba, dispuesto a ponerse en pie para irse. La cosa no iba a quedar así, no lo iba a dejar huir tan fácilmente, no sin que antes le aclarase toda aquella sarta de tonterías que acababa de decirle.

— ¡Espera un momento Natsuki!—.El pequeño alargó el brazo, alcanzando a agarrar a su amigo por el cuello de la camisa.— ¿Crees que te voy a dejar ir después de todo lo que acabas de decirme? ¡Explícamelo todo ahora mismo!

—No hay nada que explicar Syo-chan, ya te he dicho todo lo que tenía que decir…

— ¡No huyas de mi!

Syo seguía empeñado en estirar de Natsuki hacia atrás, reteniéndolo, mientras que el otro intentaba por todos los medios zafarse de él para poder marcharse. Entre tanto forcejeo, Syo acabó cayendo de espaldas y Natsuki sobre él. El pequeño no podía verlo pero sabía perfectamente lo cerca que se encontraba su amigo, podía sentir el calor y el peso de su cuerpo sobre el suyo, además de su aliento que chocaba, tembloroso, sobre su rostro.

Se encontraba inquieto ante tal cercanía entre ellos. Todo y que compartían habitación, se habían abrazado incontables veces (o mejor dicho, Natsuki lo había abrazado a la fuerza), a pesar de que habían llegado a dormir en la misma cama, aquello era totalmente diferente. Todo su cuerpo se estremecía ante aquel accidental contacto, erizándole el bello. Quizás el hecho de estar a oscuras estuviese acentuando las sensaciones que percibía.
Alzó su mano con temor. Quería tocar su rostro, sentir que estaba allí, palpar y reconocer esas perfectas facciones, gravándolas en su memoria. Se detuvo abruptamente cuando sintió algo caer sobre su rostro

¿Lágrimas? ¿Natsuki estaba llorando? Tenía que estarlo, puesto que notaba perfectamente como chocaban contra su piel, cálidas, para después bajar rodando por su rostro, mojándolo.

— ¿N-Natsuki?

— Syo-chan… Lo siento…

Notó la mano de Natsuki rozando su mejilla delicadamente, como si estuviese tocando algo que pudiese romperse en mil pedazos si ejercía la más mínima presión.
Cerró los ojos, entregándose a aquella caricia, sintiendo como su bello se erizaba y un escalofrío le recorría la espalda.

—Natsuki, tengo que decirte algo…—. Hizo una pequeña pausa, tomando fuerzas para lo que estaba a punto de decir. Tenía miedo, y mucho, pero si no decía aquello ahora jamás lo diría.

Trago saliva pesadamente y respiró profundamente.

—Puede que no te hayas dado cuenta aún… eres un cabeza hueca después de todo—.Rió levemente ante eso.— Pero desde hace mucho tiempo que me he dado cuenta de algo… y ya no puedo seguir ocultándolo… Natsuki… yo…yo te quiero…

Se hizo un silencio que para Syo duró una eternidad. Durante todo ese tiempo contuvo la respiración, aguardando por la reacción de Natsuki, que seguía sumido en total silencio, sin emitir ningún sonido.
El pequeño ya no cabía en su desesperación, necesitaba saber que pensaba de aquello, puesto que en aquella maldita oscuridad no podía contemplar la reacción en el rostro del otro. Alargó su brazo, intentando acariciar su rostro.
Cuando sus pieles hicieron contacto Syo sonrió y notó como Natsuki movía los labios lentamente, con clara intención de hablar, él simplemente aguardó ante aquello.

—Que mal…

La sangre de todo su cuerpo se congeló ante el sonido de su voz.

—Parece que esta vez si que la has fastidiado a base de bien… has hecho llorar a Natsuki… pobre Natsuki…

— ¿S-Satsuki?

—Chico listo.

No podía ser, no había escuchado el sonido de las gafas al caer y juraría que cuando había tocado el rostro de su amigo había alcanzado a notarlas. Estiró su mano con intención de corroborar aquello, pero las manos del otro aprisionaron sus muñecas contra el suelo.

—Estate quietecito… creí haberte dejado claro que tuvieses mucho cuidado de no lastimar a mi querido Natsuki… ahora me va a tocar hacerte llorar a ti.

Sintió el pavor extenderse por todo su pequeño cuerpo, inundándolo de terror ante la figura de su atacante, que no podía ver, solo oír y sentir, cosa que lo hacía aún más terrible.

—S-Satsuki… estás equivocado… yo no he echo nada a Natsu…

No pudo acabar la frase, puesto que fue golpeado en el rostro, haciéndolo callar al instante.

—Las advertencias se han acabado para ti, es hora de ponernos serios.

Mientras era sujetado con una fuerza casi sobrehumana sus ropas iban siendo retiradas. El pequeño al principio trató de resistirse, al poco se rindió, puesto que sabía que si Satsuki pretendía de verdad hacer aquello iba a conseguirlo se resistiese o no, la diferencia estaba en que sería menos doloroso para él.

— ¿Qué es esto? ¿No te resistes? ¿Ha acabado por gustarte?

—Si tienes intención de hacerlo te va a dar igual que me resista.

—Pequeño mocoso engreído…

Satsuki continuó con su tarea, una que Syo ya conocía muy bien, puesta que ya la había experimentado. Esta vez era diferente, no había miedo, no había dolor, no había nada, su mente solo estaba ocupada por la imagen de su mejor amigo, que daba más y más vueltas dentro de su cabeza. Una y otra vez, la imagen de la sonrisa de Natsuki aparecía en su imaginación, ¿Cuándo fue la ultima vez que la contempló? Ahora no podía recordarla, volviéndose cada vez más y más borrosa para él.

Una vez más, solo una vez más, quería volver a intentarlo todo una vez más, hacer como si todo aquello jamás hubiese pasado, como si nunca se hubiese enamorado de su mejor amigo, llevándolos a ambos hasta aquellos límites.

Sentía las manos de Satsuki por su cuerpo, pero para el solo eran algo lejano que intentaba alejarlo de sus pensamientos.
Alzó sus brazos lenta y temblorosamente, con temor.

—Lo siento…

—No me vengas con esas ahora, ya es demasiado tarde para eso.

Sintió como el otro se introducía en su cuerpo acompañado de un dolor desgarrador en aquella zona. Ya no importaba, si eso era aquello lo que se merecía por hacer sufrir a Natsuki por culpa de su confusión y sentimientos, lo aceptaría sin rechistar. Pero no podía alejarse de él, no podía dejarlo solo, aunque ambos saliesen heridos de aquello, aunque fuese lo más doloroso que jamás hubiese experimentado, ya era demasiado tarde para dejar de amarlo y quererlo. Ya no había vuelta de hoja.

Mantuvo sus brazos alzados unos instantes, después rodeó el cuerpo del otro con fuerza, en un abrazo desesperado.

— ¿Qué diablos estas planeando?

Syo no lo escuchaba, o no quería hacerlo.

—Lo siento… t-te quiero Natsuki… te quiero.

—Basta, no sigas.

— ¡Te quiero Natsuki! ¡Te quiero!

El pequeño continuó repitiendo esas palabras prohibidas para él, una y otra vez, mientras se aferraba con todas sus fuerzas al otro. A cada palabra, a cada silaba que sus pequeños labios emitían, la furia de Satsuki crecía, arremetiendo contra el otro.

—Te quiero…

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Cuando recuperó la consciencia no sabía donde se encontraba, ni que hora era, estaba totalmente desubicado.
Se incorporó dolorosamente, sintiendo todo su cuerpo quejarse ante el esfuerzo. Satsuki se había encargado de golpearlo todo lo fuerte que había podido.
Trató de ponerse en pie y las piernas le fallaron, obligándolo a sentarse nuevamente en el suelo.
Se sentía impotente ante aquello, Satsuki había vuelto a hacer aquello y él no había podido hacer nada por evitarlo. No le quedaba otra que aceptarlo, después de todo, Satsuki era parte del propio Natsuki pero, ¿Hasta que punto? ¿Eran de verdad dos personas diferentes en un mismo cuerpo? Aquella vez tenía serias dudas sobre lo que había pasado. No había notado que a su amigo le cayesen las gafas en ningún momento, pero jamás Satsuki había salido antes sin que Natsuki las perdiese.

Sintió una punzada de dolor en su cabeza, seguida de nauseas. Llevaba demasiado tiempo sumido en la oscuridad, tenía que salir y sentir el aire fresco en la cara.
Consiguió levantarse y apoyándose en la pared consiguió guiarse hasta la salida. Abrió la puerta con dificultad, puesto que sus brazos estaban doloridos y cuando la luz de fuera incidió contra su rostro tuvo que hacer un esfuerzo para adaptar su visión.
Lo primero que hizo fue revisar su ropa, aunque al parecer habían vuelto a vestirlo cuidadosamente, cosa que le extrañó.
Caminó torpemente por el pasillo hasta dar con una ventana, donde pudo contemplar la patética imagen que ofrecía. Además, por la puesta de sol que podía observar, deducía que era bastante tarde.
Su cabello estaba todo revuelto y desordenado, mientras su cara mostraba claras marcas de golpes, no esperaba que todo aquello fuese a pasar desapercibido por nadie. Suspiró con resignación y continuó caminando en dirección a su cuarto. Solo tenía ganas de volver a aquella alza tranquilidad, a esas cuatro paredes donde sentía que nada andaba mal.

En su camino de retorno consiguió dar con un reloj, donde por fin pudo comprobar que hora era. Las seis de la tarde, maldición, había estado más tiempo allí metido con Satsuki del que le había parecido, las clases ya habían acabado y ahora todo el mundo estaría en su cuarto por suerte.

A duras penas llegaba al pasillo que lo llevaría directo a su habitación, sintiendo un poco de tranquilidad por no haberse encontrado a nadie. Odiaría tener que dar explicaciones sobre aquello.
Al parecer cantó victoria demasiado pronto, por que al pasar cerca de la habitación de Ren, se topó con Masato de frente, que abrió los ojos con sorpresa al verlo.

— ¡Kurusu-san! Dios mío, ¿Qué te ha pasado?

—N-no es nada, me he caído.

Masato lo miró con desconfianza, obviamente nadie se creería una mentira tan descarada como aquella.

— ¿Te ha intimidado alguien?

—No, de verdad que no es nada, solo tengo que volver a mi cuarto…

— ¡De ninguna manera! Tenemos que ir a que te vea eso la enfermera, podría ser más grave de lo que aparenta.

El más alto lo agarró del brazo, tratando de arrastrarlo en dirección a la enfermería, pero el otro se zafó del agarre.

— ¡He dicho que estoy bien! ¡Diablos! Dejad de meteros todos en mis asuntos, estoy bien…

Masato se lo quedó mirado seriamente ante aquella respuesta y Syo tuvo que apartar la mirada, avergonzado por su reacción.

—Yo solo trataba de ayudar.

Antes de que el rubio pudiese contestar, la puerta de su habitación se abrió y Ren salió de su interior.

— ¿Se puede saber a que viene tanto escandalo?

Los dos chicos se giraron en esa dirección, mirando al nuevo llegado. Ren por su parte abrió los ojos como platos al ver la cara del pequeño, caminando rápidamente hasta él y tomando su brazo, examinando las marcas que había en él.

—Ahora mismo me estás diciendo quien ha hecho esto.

—No es nada, estoy bien, ya le he dicho a Masato que no hay nada por lo que preocuparse.

— ¡Dímelo ahora mismo!

La cara de Ren era el vivo retrato de la cólera, sus ojos desmesuradamente abiertos e inyectados en sangre asustaron a Syo, que retrocedió un poco.

—No ha sido nadie…

El mayor se lo quedó mirando fijamente mientras soltaba su brazo. Suspiró, tratando de calmarse, sin conseguirlo.

— ¿Ha sido él?

Syo lo miró con sorpresa, desviando la mirada en el acto.

—No…

—Voy a matarlo.

Ren giró sobre sus talones, poniendo marcha hacía la habitación que Syo compartía con Natsuki. El pequeño se abalanzó sobre él, tratando de retenerlo a duras penas.

— ¡No! ¡Ren basta! ¡Te he dicho que no es eso!

Masato, al ver que la fuerza de Syo no era suficiente decidió ayudarlo, sujetado al furioso Ren que trataba de zafarse de ellos.

—Jinguuji, ¡Cálmate de una vez! Piensa un poco antes de actuar.

El mayor no hacía caso a las palabras de los otros dos, que trataban de pararlo, en su mente solo se encontraba la idea de partirle la cara a Natsuki.

— ¡Ren! Déjalo ¡Si le haces algo jamás te voy a perdonar!

Ante la acusación de Syo, el mayor se detuvo, relajando sus músculos en el acto.

— ¿Tanto estas dispuesto a sufrir?

— ¿Cómo?

— ¡¿Tanto vale la pena él? ¿Estas dispuesto a sufrir de esa manera? ¡Piénsalo un segundo! Si mirases más allá…

Ren parecía realmente enfadado, Syo tuvo que desviar la mirada, sintiéndose culpable por toda aquella situación.

—Yo… si, lo siento…

El pequeño salió de allí como pudo, tan rápido como le permitía su dañado cuerpo, teniendo que aferrarse a las paredes, deseando llegar de una maldita vez a su cuarto.
Ren se quedó observando como se marchaba su amigo, sintiendo una mezcla de emociones en su interior que no alcanzaba a descifrar. Llevó una de sus manos a su rostro, cubriéndolo, para después pasarlo por su cabello, apartándolo de su cara, como si le molestase cualquier cosa que lo tocase.

—Duele sentirse así por una persona que no te corresponde.

El rubio se giró, encontrándose con la mirada de su compañero, que lo observaba con sus afilados ojos azules.
Sonrió melancólicamente y sin ganas.

—No creo que puedas llegar a imaginártelo Hijirikawa.

—No me hace falta imaginármelo Ren.

Se quedó mirando al menor con semblante serio y se acercó a él hasta quedar a escasos centímetros. La expresión en el rostro de Masato no cambió ni un ápice.

—Eres un completo idiota.

Se dejó caer contra él levemente, apoyando su frente contra el hombro del otro, escondiendo su rostro ahí, Masato se limitó pasar su mano por la espalda del mayor, reconfortándolo.

—No eres el más indicado para hablar.

—Lo sé… soy un idiota, pero solo por ahora, déjame estar así unos segundos.

—Puedes llorar si tienes ganas—. Pasó sus pálidos dedos entre las hebras doradas del otro.—No se lo diré a nadie.

Ren rió socarronamente contra su hombro.

—Como si fuese a llorar delante de ti, no seas tan arrogante.

Masato no tardó demasiado en notar como la tela de su jersey se mojaba, se limitó a abrazar a Ren sin decir ni una sola palabra.


:O! ¿Qué ha pasado? ¿A Natsuki se le cayeron las gafas o no? ¿Qué pasa entre Syo y Natsuki? ¿Y entre Ren y Masato? ¿Qué hará Ren con respecto a Syo? ¡CHAN CHAN CHAN!
Todo esto y mucho más en el próximo capi.

*Huye a otro país*

P.D: La canción que puse es una de Hatsume Miku, que creo que describe muy bien la situación de Syo, aunque claro, la canción la canta una chica jajaja