Capítulo IV

Sasuke esperaba en la puerta; sabía que el dobe no iría el día anterior y es que su travesura no hubiese quedado sin castigo, pero de eso ya había pasado y era el tercer día. Fugaku miró a su segundo hijo y salió a acompañarlo.

–¿Aún no viene?

–No.

–Escuche que lo hicieron lavar las caras de los Hokages, seguro que está cansado.

Sasuke frunció el ceño sabiendo que era muy probable lo que decía su padre y que por eso el rubio no se hubiese aparecido temprano ese día, sin embargo el ir hasta la casa de este en su silla, era algo que nunca había hecho y que a decir verdad le causaba molestia, pues las miradas de los aldeanos se incrementaban y uno que otro tenía la osadía de ofrecerse a ayudarlo a empujar la silla. Fugaku observó a Sasuke y comentó:

–Debo ir a ver al Tercero, puedo acercarte a la casa de Naruto ¿si quieres?

–… –Sasuke lo dudó un poco, pero pudieron más sus ganas de ver a su rubio amigo– Si… por favor.

El moreno menor no estaba muy a gusto con eso, pues la relación con su padre no era la más amorosa y raíz de lo sucedido él mismo se había auto exiliado del lado de Fugaku, temiendo que este le echara en cara su situación. Padre e hijo salieron de su casa y media hora más tarde estaban frente al complejo de departamentos en los que vivía el rubio.

–¿Te dejo o espero?

–No, yo llamo al dobe y seguro que baja.

–Bien.

Fugaku dejó al niño y se fue por lo menos a donde este no notara que lo vigilaba. Sasuke llamó al rubio:

–¡Naruto!

Gritó varias veces, hasta que una melena despeinada y una cara de sueño aparecieron por el barandal

–¡Sasuke! –El rubio despertó en cuanto vio a su amigo que lo esperaba.– Ya bajo, espérame.

–No tardes dobe.

Naruto se vistió y azotó la puerta de su hogar para cerrarla. Salió feliz de ver que Sasuke hubiese ido a buscarlo, pues eso significaba que a su amigo le interesaba lo suficiente. Aunque también se preocupó por qué este parecía estar solo y eso no estaba bien.

Sasuke esperó y vio bajar a su amigo corriendo por las escaleras.

–Hola dobe.

–Hola teme.

–¿Ya desayunaste?

–No, pero…

–Olvídalo vamos a casa y luego si quieres vamos a entrenar.

El rubio asintió y empujó a su amigo hasta el barrio Uchiha. Luego de que Mikoto les sirviera el desayuno, ellos lo acabaron de inmediato para irse a entrenar. Mikoto los vio partir; casi al mismo tiempo su esposo llegó:

–Sarutobi no parece querer ceder.

–¿No hay otra solución?

–No. Trato de hacer las cosa bien para mi clan. No quiero ver a mi hijo ser más marginado, lo será por ser un Uchiha y también por lo de su salud ¡no puedo permitirlo! sin en mis manos está solucionar eso.

–Lo sé. –cedió Mikoto.

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Los shuriken iban más veloces, sin embargo el rubio los esquivaba. Hubo uno que no pudo evitar y cortó su mejilla.

–¡Naruto!

–Está bien Sasuke no te asustes.

Y era cierto la mejilla del niño rubio no tenía señal de haber sido herida. Sasuke llegó hasta su amigo y tomó el rostro de este entre sus manos para revisarlo.

–No hay nada y yo vi cómo te herías.

–Y lo sentí ttebayo, pero…

Los niños se quedaron quietos y se encogieron de hombros.

–Pues a seguir que aún nos falta las técnicas que aniki te mostró.

–No lo sé y si entreno el de Kage Bunshin.

–Eso estaría bien, pero es mejor esperar a que Itachi esté pendiente de ti, que tal si te caes de cansancio y yo no puedo ayudarte.

–…

–Mejor veamos cómo está tu taijutsu, yo te puedo ayudar.

–Pero…

–No seas tonto, a pesar de estar así, aún puedo apalearte.

El rubio se rio y asintió feliz. Los golpes de Naruto eran desviados por las manos de Sasuke, por desgracia para el rubio el moreno tuvo razón y las habilidades de este no habían mermado por no usar sus extremidades inferiores.

Caía la tarde cuando Sasuke acompañaba al rubio a la academia.

–Si ti le dices a Iruka-sensei que te estuve ayudando él no me castigara por faltar.

–¿Y en que se supone me ayudaste?

–No lo sé…

–Bien le diré que me acompañaste a venir por algunas cosas que necesitaba para mí y como aniki no está, solo contaba contigo.

–¡Eres el mejor Sasuke!

–No exageres.

Los dos niños llegaron hasta la academia y buscaron al sensei de coleta. Este se encontraba en su aula revisando algunos pergaminos y al ver entrar al rubio se cruzó de brazos enojado… pero detrás de este Sasuke entró. Iruka descruzó los brazos y vio con curiosidad como el niño Uchiha entraba, más que nada porque solo había recibido negativas por parte de la familia de Sasuke acerca del regreso de este a la academia. Naruto se acercó al maestro y preparó su excusa:

-Iruka-sensei no vine hoy por que acompañe a Sasu….

–Está bien Naruto, entiendo y no hay problema, pero para otra ocasión avísame.

Sasuke escuchó el intercambio de palabras de esos dos y notando que su amigo no tendría problemas se dispuso a observar el aula con cierto grado de nostalgia. El jinchūriki se rascó la nuca y se giró hacia su amigo.

–Vamos Sasuke.

–Espera Naruto, quiero conversar un momento con Sasuke ¿si me lo permite?

El niño moreno miró al maestro y asintió.

–Me preguntaba si no habría manera de convencerte para regresar a estudiar, no veo por qué detener al conocimiento.

–La teoría no es una materia que me agrade y si no puedo hacer clases prácticas, es inútil que venga.

–Pero la teoría nos ayuda mucho, si no como aprenderíamos los movimientos para los sellos y cada uno de los pasos de los jutsus se aprenden primero sobre el pergamino.

–¿Para que aprender algo que no voy a poder hacer?

–¿Puedes pensarlo?

Sasuke se encogió de hombros.

– Nos vemos otro día. –concluyó Iruka.

Los niños salieron e iban conversando a Naruto le parecía que Sasuke aprendería mucho más rápido que muchos de sus compañeros y por ese motivo se aventuró a opinar.

–Podrías venir.

–No creo dobe.

–Yo quiero que estemos juntos en clase.

Sasuke torció la boca, y es que ese rubio loco lo tenía en la palma de su mano, aunque eso nadie a excepción de él lo supieran.

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Ciertamente Danzō no le inspiraba confianza y más que a este se le notaban las ganas de poseer sus ojos, sin embargo a Shisui lo que le llevaba a reunirse con el líder de Raíz no era otra cosa que evitar una guerra en Konoha, que si bien el Tercero ya había tomado cartas en el asuntó, algo le decía al Uchiha que su amigo Itachi no aceptaría tal tarea, tal vez antes de lo que sucedido con Sasuke el genio Uchiha no hubiese puesto tantas trabas, pero en esos momentos no se atrevería a quitarle algo más a su adorado hermano menor. Por ese y motivos superiores se convencía el Uchiha de estar aceptando una asociación con Danzō.

–Sarutobi le está permitiendo a Itachi que escoja y como se desarrollan las cosas esa ya no es una opción.

–Lo sé.

–Entiendo.

– ¿Podrás hacerlo?

–Tengo que.

–Yo hablaré con los del consejo y explicare tu situación.

–¿Y después?

–Sabes que no podrás quedarte en Konoha.

–Supongo que me enviaran a otra misión.

–Si.

–Itachi no se conformara y me buscara.

–Es un genio ¿no es lo que afirman? Entonces sabrá que no había otra alternativa.

El de ojos negros no respondió solo desapareció en una bola de humo. Danzō lo vio irse y llamó a uno de sus soldados.

–Sai quiero que te acerques al niño Uchiha a Sasuke Uchiha, debemos controlar a Itachi y tener a su otouto de nuestro lado, nos facilitaría las cosas.

El niño no respondió desde que tenía usa de razón sabía que era una herramienta y que debía obedecer y hacer el trabajo que se le pedía.

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Itachi se sobó el hombro, pues estaba un poco lastimado y el cansancio solo aumentaba el malestar. Caminaba por las calles del barrio Uchiha, de noche se veían tranquilas ¿Quién diría que todos ellos planeaban un golpe de estado? Se dijo el moreno. Llegó hasta su casa y entró encontrando a sus padres aún despiertos y despidiéndose de algunos de sus parientes. Itachi se quedó en el dintel de la puerta esperando a que las visitas se fueran para hablar con sus progenitores que al parecer seguían con su necedad y el plan que solo los llevaría a su destrucción. El último visitante se fue y el Uchiha menor se acercó a Fugaku, encarándolo:

–¿No desistirás?

–No puedo; hoy más que nunca necesitamos el control para que Sasuke tenga un futuro.

–No lo uses a él como excusa, no creo que desee una guerra solo para tener un trabajo honorable.

–Si no estás de acuerdo eres nuestro enemigo.

–¡Fugaku! –detuvo Mikoto las amenazas de su esposo a su hijo.

–No interfieras Itachi, si no quieres que te trate como a un enemigo. –amenazó Fugaku que le dolía tratara a su primogenito de ese modo, pero que sabía debía hacerlo para que este no interfiriera.

–Lo siento hijo.

Dijo Mikoto y siguió a su esposo que se había retirado a la habitación que compartían. Itachi vio alejarse a sus padres, a pesar de todos los errores no podría seguir las órdenes del Tercero. El chico caminó por los pasillos de la casa y llegó a la habitación de su otouto, abrió entró y se acercó al niño que dormía plácidamente, acarició las hebras negras y besó la frente:

–No te preocupes, yo no te dejare.

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Estaba nervioso aunque no lo aceptara, y que su aniki revisara cada detalle de su mochila y silla no ayudaba a calmarlo. La puerta se escuchó e Itachi salió a abrir; la tromba rubia saludó efusivamente al mayor y luego entró:

–Buenos días teme.

–Buenos días dobe.

–Pues, vamos.

Invitó el rubio y los dos niños iniciaron su recorrido a la academia a donde por fin el rubio había convencido al otro para asistir; alegando que sin él se sentía muy solo en ese lugar donde no tenía amigos y Sasuke culpó –a esa extraña debilidad que sentía por el rubio– por aceptar y algo reticente se dignó a regresar a la academia shinobi. Itachi por su parte estaba rebosante de felicidad al saber que su otouto cada vez se abría más a realizar cosas sin que el detalle de sus piernas se lo impidiera. Por eso ahora iba acompañándolos hasta su escuela. Los dejó en la entrada del lugar e Iruka los recibió:

–Bienvenidos.

Los niños sonrieron y pasaron. Iruka se dirigió al mayor:

–Estarán bien.

–Vendré por ellos a la salida.

–Sería mejor que no.

–¡¿Por qué?!

–Naruto es independiente y Sasuke lo era también.

–Él no…

–No lo encasilles como un niño que no puede hacer las cosas por sí solo.

–Pero…

–No seas aprensivo, Itachi... Si te hace sentir mejor puedes vigilarlos, pero de lejos.

El Uchiha no estaba muy conforme, más aceptó el consejo de Iruka.

Mientras los dos menores ya estaban entrando en el salón. Las miradas curiosas de sus compañeros siguieron al dúo, sin embargo Naruto desvió la atención de Sasuke con una charla sencilla, de ese modo evitó que su amigo notara las miradas de los otros. Las niñas que conformaban el grupo de admiradoras de Sasuke cuchichearon y miraron conmiserativamente al moreno, pero Naruto giró a verlas y les enseñó la lengua con gesto grosero.

Dobe –susurró el moreno sonriendo.

Sasuke apreciaba esos pequeños gestos de protección de Naruto que no molestaban su orgullo. Naruto se acercó a ayudar a Sasuke, pero Sakura y su amiga Ino no había tomado bien el gesto de la lengua y pasando cerca empujaron al rubio que sin poder detenerse quedó sobre su amigo y con los labios de ambos tocándose. El silenció se apoderó del salón, sin embargo al separarse de inmediato los dos niños, una mirada oscura y furiosa, evitó alguna broma o comentario mal intencionado y luego Sasuke se giró hacia el rubio:

–No pasa nada dobe, solo fue un accidente.

–¡Si ttebayo! –aceptó el rubio.

Iruka entró en ese momento y mandó a sentar a todos.

–Buenos días niños –escuchó la respuesta y prosiguió– Hoy es un día muy especial, pues como pudieron notar Sasuke Uchiha se reintegró a nuestro curso y tenemos un compañero de reciente ingreso. Sai entra.

Un niño pálido y con una sonrisa algo extraña, entró y saludó cortés. El profesor lo mandó a un lugar desocupado e inició con la clase.

La teoría no era tan aburrida si le ponías atención y buscabas los beneficios de esta y para Sasuke sería su nuevo interés, pues esperaba aprender todo y buscar mejorar esas técnicas con ayuda practica de su rubio conejillo de indias, después de todo este dormitaba confiado en que después se lo enseñarían todo Sasuke e Itachi con palabras más sencillas y que para el rubio eran fáciles de aprender.

La hora de descanso llegó y Naruto esperó a que Sasuke terminara de guardar sus cosas. Esperaba, pues los otros ni notaban su presencia. Por eso el moreno era su único amigo ¿o no?

–¿Puedo comer con ustedes? –preguntó el nuevo niño.

Sasuke lo miró de arriba abajo y luego lo ignoró, en cambio Naruto sonrió y asintió. La experiencia del rubio lo hacía más sensible y empático. El rubio salió detrás de Sasuke y Sai iba a su lado.

–¿Y qué trajiste de comer? –cuestionó el rubio.

–Oh algo de pan de melón y leche ¿Y tú? –preguntó Sai.

El rubio no dijo nada, pues esa mañana había salido demasiado emocionado de pasar por Sasuke a su casa y hasta de comer ramen se había olvidado.

–Naruto y yo traemos bento. –respondió Sasuke entregándole las cajas envueltas al rubio.–Vamos debajo del árbol.

El niño de ojos azules llegó hasta el árbol y esperó a los dos morenos. Sasuke con ayuda del Naruto acomodó la silla.

Dobe ayúdame, quiero sentarme en el pasto.

Naruto le ayudó y de ese modo quedaron todos sentados en el pasto, degustando su almuerzo.

–¡Esto está delicioso ttebayo!

–Lo hizo Itachi.

–¡¿Itachi?! Vaya, él de verdad es un genio.

–No exageres dobe.

Sai siguió el intercambio de frases entre los dos niños.

–¿Ustedes no son amigos?

–¡Por supuesto!

Aseguró el rubio, Sasuke no agregó nada y siguió comiendo.

Dobe ¿quieres el huevo? no me agrada muy cocido.

–¡Claro ttebayo!

Los tres niños terminaron de comer y regresaron al salón. Al concluir las clases Sai se había acercado un poco a lo que sería su objetivo: Sasuke Uchiha, por medio de Naruto.

Itachi desde un tejado cercano vio a los dos niños que se despedían de un tercero. Naruto y Sasuke regresaron al barrio Uchiha y aprovechando que tenían deberes, Naruto se quedó a pasar la noche en la casa.

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Itachi se acercó a Shisui que miraba la aldea desde las montañas de los Hokages.

–¿Fuiste con el tercero?

–Si.

–Itachi, saldré en una misión y no nos veremos en mucho tiempo.

–Bien. No puede decirme nada supongo.

–Por supuesto.

Itachi dejó al otro Uchiha a quien consideraba más que su amigo. Shisui lo vio partir y sonrió con melancolía; después de esa noche Itachi no querría verlo de nuevo, por lo menos no con vida.

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Itachi llegó hasta su casa y entró a la habitación de su hermano al abrir notó que tenía de nuevo de visita al rubio hiperactivo que brincaba feliz en la cama de Sasuke.

–¡Itachi!

–Hola Naruto ¿Qué hacen despiertos tan tarde?

–Repasando la tarea ¡¿lo puedes creer que Sasuke insista en eso?! –se quejó melodramáticamente el de ojos azules.

–Que horror –bromeó el mayor– Dejen eso ya es hora de dormir, no le preguntó como les fue en la academia.

–¡Muy bien! ¡Sai preguntó si somos amigos! ¡Yo le dije que si!

–Ay dobe, ni siquiera habla más de dos palabras juntas.

–Por eso es un amigo, pues es muy parecido a ti teme.

El mayor de los Uchiha no se entrometió en cambio preguntó:

–¿Y nuestros padres Sasuke?

–No están, dijeron que tú llegarías pronto y como el dobe se iba a quedar, consideraron que podíamos estar solos por un rato.

El mayor acomodó a los niños y les dio las buenas noche luego fue hasta su habitación y esperó a que sus padres llegaran o… dudaba que lo hicieran.

Sarutobi casualmente ya no le había mencionado esa desagradable misión y ese quería decir que habían encontrado otra solución o que otro tomó su lugar como verdugo; en cualquiera de los casos, Itachi rogaba porque sus padres se arrepintieran; era mejor verlos presos que muertos. Podía ir con ellos, pero eso significaba que también caería en lo que los otros Uchiha les sucedería, no era un insensible, por supuesto que amaba a sus padres con todos su defectos y deseaba que estos hubiesen recapacitado, pero si no lo habían hecho, Sasuke solo lo tendría a él y por su hermano debía quedarse ahí en su casa… a salvo.

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Shisui llegó al punto de reunión donde los Uchiha estarían preparándose para el ataque. Buscó un lugar a propósito para esconderse y uno a uno fue cazándolos a los que no había detenido en sus casas. Mikoto y Fugaku fueron los últimos.

Un solo hombre no hubiese podido abatir a todos los del Sharingan, por eso Shisui recibió ayuda de otros shinobis de Raíz.

Cuando la misión concluyó, el Uchiha tuvo que ser ayudado, pues no podía mantenerse en pie, no después de haber acabado con sus parientes y amigos.

–Solo faltaron dos. –opinó uno de los shinobis.

–Ellos son intocables lo prometieron. –reclamó Shisui.

–Tal vez el invalido, pero el otro es un gran peligro. –agregó el mismo tipo.

–No, Itachi no buscar venganza. –defendió el Uchiha.

–¿Y cómo estás tan seguro?

–Lo sé.

–Pero…

–Eso no te incumbe, tú solo eres un peón yo ya me entendí con tus jefes. –cortó molesto Shisui.

–Defiendes mucho a ese prodigio, no será que tienes algo con él.

–Cállate ya si no quieres que te cierre la puta boca para siempre. –amenazó el Uchiha.

Los otros shinobis que escuchaban, jalaron a su compañero. Shisui se fue con ellos, pues aún debía recibir órdenes del Tercero con respecto a unirse a Akatsuki.

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Itachi esperó toda la noche y luego buscó a sus padres iniciando con las casas vecinas. El espectáculo fue aterrador y… algo que ya esperaba. Llegó hasta el lugar de reunión y encontró los cuerpos de sus padres cerca uno del otro. Itachi llegó hasta ellos y los abrazó, los amaba, sin embargo le dolía que por su necio orgullo no hubiesen sabido retirarse y detener eso a tiempo, antes de dejarlos a Sasuke y a él.

Pidió ayuda en la torre del Hokage para juntar los cuerpos. Con eso listo, regresó a su casa y armándose de valor entró en ella buscando a su hermano menor, este jugaba con Naruto y es que aún era temprano para ir a la academia.

Otouto

Sasuke dejó los muñecos y miró a Itachi, era raro verlo tan serio estando los dos solos. Naruto también sintió que era algo importante y se sentó cerca de Sasuke.

–Nuestros padres murieron…

Itachi se preguntó si debía decirle parte de la verdad a su hermano o contarle una bonita mentira de una misión fallida y sabiendo que nada del golpe de estado saldría de los altos mandos, se decidió por la segunda opción.

–Ellos fueron a una misión y… los emboscaron… eran demasiados y…

El relato tomó forma de heroicidad y de ese modo las lágrimas del moreno menor fueron partes iguales de tristeza y orgullo. Naruto abrazó al moreno menor y este se dejó consolar, mientras el rubito se giró al mayor y le dijo:

–Lo siento Itachi, sé lo que es ser huérfano y duele mucho a pesar de que eres mayor.

Itachi se permitió llorar y acercarse a esos dos niños que lo habían salvado de convertirse en el verdugo de su propia familia.

Naruto no se despegó de Sasuke en lo que duraron los servicios fúnebres y después de eso, el moreno no hablaba mucho, pero el de marquitas sabía que lo quería a su lado cada vez que este lo buscaba con la mirada. El jinchūriki deseó hacer más por Itachi, pero este siendo mayor debía hacerse cargo de todo antes de dejarse consolar.

La tarde del entierro y cuando Sasuke se quedó dormido. Naruto lo dejó solo y fue hasta la habitación del mayor de lo Uchiha y sin tocar entró para ver a este. Itachi no se movió de la ventana. Poco después sintió el pequeño cuerpo que se acercaba a él y que lo abrazaba, se hincó y suspiró; ese niño era un sol en la vida de Sasuke y él.

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Shisui fue observado y evaluado. Pain lo aceptó después de todo un Sharingan siempre sería bienvenido en su grupo. Orochimaru desde su lugar junto a Sasori, sonrió «si un Sharingan siempre era bienvenido en Akatsuki» se dijo.

Muchas gracias a:

narusempai, kaoryciel94, Alba marina, zilfyks, Goten Trunks5, Niniux, Moon-9215, Lunatica Dark, Zussi, Zanzamaru, Sky Rocker Angel y harunablakrose.