Dormir
A fuera llueve. Llueve, truena, los relámpagos iluminan el cielo, y los ruidos de los animales se cuelan por la ventana, como el frío.
Fred se mueve, inquieto, pero no se despierta, aunque sí habla en voz alta. Lo suficientemente alto para que le oiga su hermano, que está justo debajo de él, en una litera con los bordes metálicos oxidados y unos muelles que parecen tener un montón de años.
George se asoma, agarrándose al borde de la litera de arriba, consigue vislumbrar a su hermano entre las sábanas.
La frente de Fred tiene arrugas, como las de tía Muriel cuando se enfada, está bañada de sudor y se mueve, en compás con su agitada respiración. George le observa, dudando qué hacer.
Puede llamar a mamá y a papá, pero no quiere molestar a nadie; también puede buscar a Percy pero sabe que a Percy no le gustan las tormentas; puede hablar con Bill que siempre sabe qué hacer, pero le da miedo acercarse hasta allí, donde está el fantasma; y con Charlie no puede, porque ya ha llegado a Hogwarts.
Pero Fred sigue pasándolo mal y George al final se decide a bajar. Con las manos frías y temblorosas se agarra a la escalera que han soldado a los barrotes y desciende por ella. Se acerca hasta la cabecera de su hermano y le toca la cara, que está helada, para tranquilizarle. El contacto entre los dos, le despierta y Fred le mira, extrañado.
-¿Estás bien?- duda George, pues Fred no para de mirarle con los ojos abiertos como platos.
-¡Estás aquí!- susurra, incrédulo, Fred.
George asiente, sin saber qué pensar. Se da la vuelta y se acerca hasta el armario, donde coge dos túnicas pequeñas, y raídas, de invierno. Se envuelve con una de ellas mientras le pasa la otra a Fred.
Los dos se levantan y sentados en la cama de abajo miran por la ventana.
A fuera llueve. Llueve, truena, los relámpagos iluminan el cielo y los ruidos de los animales se cuelan por la ventana.
Pero ya no hay frío, ni pesadillas. Solo están Fred y George, juntos, sintiéndose protegidos por la simple presencia del otro. Y solo así, se pueden volver a dormir, con las manos dadas, exactamente igual que les encuentra Molly cuando va a despertarles.
