Capitulo 2

Quince minutos más tarde estaba de camino a casa cuando sonó mi teléfono. Recuperándolo de mi bolso, comprobé el identificador de llamadas. Número privado. De ninguna manera, amigo. Lo ignoré y lo arrojé de vuelta en mi bolso. Sin embargo, el idiota era persistente y volvió a sonar. Lo ignoré una vez más, pero después de tres rondas más de esto, estaba cabreada.

Apuñalé el teléfono para responder y espeté:

—Más vale que esto sea bueno.

—Lucy, es Ren. Tengo algunas noticias para ti que no te van a gustar mucho.

Mierda. Ren era un miembro de Storm, el club de motociclistas en el que mi papá era presidente, y mi hermano, Rufus, era vicepresidente. Crecí en el club; era mi familia. Había ensuciado mis manos por el club, pero hace dos años me alejé de esa vida. Storm estaba radicado en Brisbane y me había mudado a Coffs Harbour para poner distancia entre nosotros. Ahora dedicaba mi tiempo en un trabajo honesto y trataba de mantener mi nariz fuera de los asuntos del club. Mi familia había apoyado mi decisión hace dos años, pero ahora querían que volviera a casa. Rufus llamaba a menudo y me visitaba intentando convencerme, pero nunca cedí. Cuando me fui, había sido un desastre, y todavía estaba intentando recuperarme. Volver a casa sería ir hacia atrás en lo que a mí respecta.

Suspiré.

—¿Qué pasa, Ren?

—Rufus quiere que regreses. Hay alguna mierda pasando con los Black Deeds y no te quiere sola en caso de que tomen represalias yendo tras de ti.

El CM Black Deeds era un club desagradable con el que Storm a menudo tenía problemas, así que no podía ver que esto fuera diferente.

—Ren, estoy bien, y puedes decirle a Rufus que no voy a volver.

—Es una mierda mala, nena. Es mejor que vuelvas a casa.

—La respuesta es no. No sucederá. —Me estaba poniendo impaciente con esta conversación.

Hubo una pausa larga mientras él asimilaba lo que había dicho.

Probablemente odiaba esta parte del trabajo. Tratar conmigo. Yo lo haría.

—De acuerdo. Se lo diré a Rufus —respondió, y luego colgó.

Me quedé mirando el teléfono. Se rindió demasiado fácil y eso me hacía sospechar. Tenían que tener un plan secreto y me preguntaba cuál sería el siguiente paso si me negaba.

Storm no aceptaba un no por respuesta. Nunca. Y no tendían a involucrarse en cosas tan malas. Derribaban a través de cualquier cosa que se interpusiera en su camino. Tenían fama de ser un club fuerte y despiadado de modo que ahora solo había una pregunta en mi mente. ¿En qué mierda se habían metido que estaba haciendo que se sientan amenazados?

—Hola, dulzura, estoy en casa —grité cuando entré por la puerta principal.

—Estoy en la cocina, chica —fue la respuesta, y me dirigí hacia la voz.

La escena que me recibió en la cocina me sorprendió. Mi mejor amiga y compañera de piso, Yukino, había llenado la cocina con magdalenas. Eran más de la medianoche y allí estaba ella con alrededor de cincuenta magdalenas dispersas desde un extremo de la cocina al otro. Su cabello, cara y ropa estaban cubiertos de harina, y había ingredientes y utensilios de cocina por todas partes. Mi mejor amiga no era una diosa doméstica, eso era seguro.

—¿A qué se debe toda esta comida? —pregunté, porque tenía que ser por una razón. Yukino no solía hornear.

—Mi madre —dijo simplemente. Y eso lo dijo todo. La madre de Yukino era una mujer dominante y cuando ella decía salta, tenías que responder qué tan alto.

—Ah, ¿otra de sus asignaciones de caridad? —pregunté. Su madre siempre estaba haciendo cosas para obras de caridad, así que supuse que esto era solo otra de esas. Aunque, por lo general, no ponía a Yukino a hornear, porque seamos sinceros, todos sabemos que sus habilidades en este departamento son un poco deficientes.

Yukino asintió.

—Sí, y al paso que voy, dudo que alguna vez más me pida cocinar para ella. Me reí.

—¿Quieres un poco de ayuda, cariño? Ella me dedicó una enorme sonrisa.

—Pensé que nunca lo preguntarías.

Pasamos la siguiente hora ordenando, empaquetando y alistando las magdalenas para entregarlas a su madre ese mismo día. Como a las dos de la mañana me metí en la cama, exhausta después de un largo día, pero el sueño me eludió. Pensamientos de Storm y mi vida antes de alejarme me asaltaron, y por mucho que intenté evitarlos, simplemente no podía.

Había estado viviendo un infierno la mayor parte del año antes de salir de Brisbane. En realidad, para ser honesta, había comenzado antes de eso. Todo había comenzado después que Dan me atacó y eso pasó casi dos años antes de marcharme. Antes, cuando estaba saliendo con S, el chico del que había estado segura iba a ser mi para siempre.

Verás, S matando a Dan después que me atacó había jodido mi relación con él y nunca habíamos sido capaces de que volviera a funcionar. S se culpó por el ataque y yo me culpé por S matándolo.

Esa noche había comenzado como cualquier otra para mí. Había ido a trabajar a Hyde, el bar en que había trabajado durante un par de años. Dan trabajaba conmigo como camarero y habíamos tenido una noche divertida con todos los clientes habituales. Sin embargo, después del cierre, mientras estaba esperando a que S me recoja, Dan se había girado hacia mí y trató de violarme en el estacionamiento fuera del bar. A S se le había hecho tarde para recogerme y llegó en medio del ataque, justo cuando Dan había sacado un cuchillo y cortó mi brazo. Cinco minutos más tarde, Dan estaba muerto después que S le disparara y así comenzara nuestro descenso al infierno.

S y yo habíamos estado juntos durante poco más de dos años en ese momento. Habíamos sido grandes amigos durante mucho más tiempo que eso. Se había unido a Storm cuando tenía diecinueve años. Había sido una colegiala de diecisiete años en ese entonces y me había enamorado de él. Sin embargo, nada más que un coqueteo pasó entre nosotros durante seis años, y durante ese tiempo, habíamos construido una amistad sólida. Nuestra relación como pareja había sido ardiente. No podíamos conseguir lo suficiente el uno del otro, pero al mismo tiempo, discutíamos constantemente. Nuestro problema principal se derivaba del club. S no me involucraba en los asuntos del club y eso me molestaba. Quería ser parte de todos los aspectos de su vida y cuando se negaba a hablar del club conmigo, me sentía aislada. Ello dio lugar a muchas discusiones.

Sin embargo, al final, lo que nos desgarró fue nuestra incapacidad para hacer frente a las consecuencias de la muerte de Rob. Después del intento de violación, S intentó envolverme en algodón. Supervisaba constantemente mi paradero e intentaba dictar a dónde podía ir y lo que podía hacer. No era una mujer capaz de hacer frente a ese estilo de relación. Además de eso, había comenzado a beber en exceso. Sintiéndome responsable de la muerte de Dan y no poder trabajar a través de mis sentimientos asociados con eso, había recurrido a apagar todo con el alcohol. Había empezado como una pequeña diversión, pero se había disparado rápidamente en una adicción que no pude mantener bajo control. S había vivido con un padre alcohólico y no tenía ninguna tolerancia hacia la bebida excesiva. Había intentado ayudarme desesperadamente, pero había bloqueado todos sus intentos. Esto se había prolongado durante casi un año y el último clavo en el ataúd había sido Angel, una puta del club con la que S supuestamente me había engañado. Había creído los rumores, o tal vez había querido hacerlo, simplemente para tener una excusa para alejarme de lo que se había convertido nuestra relación.

El año después que dejé a S había sido el punto más bajo de mi vida. Mi alcoholismo había empeorado, había alejado a mi familia y amigos, y me había enredado con un motociclista violento y controlador del club rival de Storm, Black Deeds. Cobra era el vicepresidente de Black Deeds e involucrarme con él había enfurecido a mi padre, hermano y S. Esta había sido una buena razón para continuar con la relación ya que para entonces estaban todos cabreados conmigo y se sentía bien devolver el gesto. Un par de meses de relación, descubrí que S no me había engañado. Me apenó haber arrojado nuestra relación a la basura por esto, y fui a disculparme por no creer en él. Ese había sido un punto de inflexión para mí porque nos había permitido retomar nuestra amistad y él trató de ayudarme a poner mi vida en orden una vez más. El problema era que Cobra no estaba a favor de darse por vencido tan fácilmente. A pesar de que solo habíamos estado juntos por un tiempo muy corto, estaba muy comprometido a mantenernos juntos. No le gustaba mi amistad con S y, finalmente, se dio cuenta que aún estaba enamorada de S. El día que lo descubrió fue el día que me golpeó casi hasta la muerte. Y ese fue el día en que cambió mi vida en una nueva dirección y me llevó a donde estaba ahora.

No había hablado a S en más de dos años. Tampoco había tenido ni una gota de alcohol en ese tiempo. Alejarme de Storm había salvado mi vida. El problema era que, me sentía muerta por dentro. Era una mujer soltera de veinte y nueve años que solo pasaba por los movimientos de la vida automáticamente. Claro, tenía un trabajo, buenos amigos, y una gran vida social. Por fuera, mi vida parecía divertida. Pero no era real. Y no sabía cómo hacerlo mejor.