No he podido revisarlo bien, así que perdón si hay alguna falta. Gracias por el gran acogimiento del fic, de verdad, me encanta que os guste y me lo hagáis saber. Aviso que en el próximo habrá un pequeño salto en el tiempo, aunque lo dejaré bastante claro, pero no quiero que se estanque en cierto periodo de tiempo y no avance, de ahí todo. Comentad lo que queráis, bueno, malo, dudas o lo que sea, siempre lo leo y me encanta.
Espero que os guste el nuevo rumbo de la relación y que sepáis que aunque parece que vaya rápido es algo muy común en personas que se gustan y que no quieren tener nada pero al mismo tiempo sí. Vamos, este fic es un puro rollo, morbo, excitación y demás. Así que aunque parezca que quieren estar juntos, y luego puedan liarse, no lo estarán. Bueno, ya lo veréis, solo quería que lo supieseis. Besos!:*
Capítulo 4. "Ex vecinos y otros problemas."
Rick echó un vistazo al interior del portal. Era la tercera vez en quince minutos que controlaba quién bajaba o subía las escaleras, esperando ver a su vecina pasar delante del mostrador adjudicado al portero en busca de una explicación para la puerta que tenían en común. Esa mañana se había despertado antes de que su despertador comenzase a sonar, por lo que era demasiado pronto para hacer algo y al mismo tiempo era ideal para meditar en silencio, con sus pensamientos frente al gran ventanal de su salón. Se había sentado en un puff que había colocado estratégicamente el día anterior justo en la esquina que delimitaba el cristal y mirando al horizonte, dónde se distinguían los límites de la ciudad, su cabeza no había dejado de recapitular las últimas horas al lado de Kate.
El impacto de sus emociones al verla en su puerta, encantada con su presencia, (aunque luego ya no le hubiese hecho tanta gracia), y el peso de los recuerdos que compartían y de los que ella no terminaba de acordarse. La última vez que se habían visto él tenía tan solo doce años, mientras que ella vivía sus seis con toda la felicidad del mundo. Y, sin embargo, no había dudado sobre su identidad en cuanto ella había fijado sus ojos verdosos en los suyos.
Siempre había pensado que ella sería una mujer preciosa cuando creciese, se hiciese mayor y su cuerpo se desarrollase, algo en lo que no había fallado en absoluto. Era increíblemente preciosa. Desde cualquier ángulo, en cualquier momento. Se veía atrapado en su halo, incapaz de escapar. Tenía un pelo largo y ondulado maravilloso, de un color castaño claro que solo le separaba una línea fina del rubio y el cual desprendía un olor a frutas obnubilante. Un cuerpo de diosa trabajado, con unos perfectos pechos redondos que solo había podido admirar desde fuera y un culo respingón con el que siempre soñaba tocar.
No sabía con exactitud qué clase de sentimientos se removían en su interior, pero si de algo estaba seguro era de que nunca antes se había sentido de esa forma con ninguna mujer. Aunque no supiese qué podía ser o qué intereses llegarían a tener, él se sentía atraído por ella, quería hacerla suya.
Y por eso descansaba tranquilo contra la pared, al lado de la puerta. Dondequiera que ella fuese a ir para hablar sobre la puerta del edificio, él la acompañaría como segundo afectado de toda esa situación. A pesar de que no le molestaba tener la oportunidad de que ella estuviese solo a la distancia de una puerta, o mejor, a la abertura de esta. Dio un sorbo a su cappuccino recién hecho del Starbucks que había a un par de calles y el cual llevaba grabado su nombre con una caligrafía femenina sobre el papel que usaba a la hora de sostenerlo. De esa forma no corría peligro de quemarse la yema de los dedos.
El sabor a café de moca mezclado con chocolate estalló en su boca, haciéndole cerrar los ojos unos segundos para saborear semejante delicia. El calor del líquido podría hacerle entrar en calor en esa mañana fría que además se había presentado nublada. Arriba, el cielo permanecía encapotado y vacilante. Las probabilidades de que lloviese a lo largo del día eran elevadas, y al mismo tiempo también podía no hacerlo. Él apostaba por ello, ya que no había mejor día de inspiración que en el que explotaban rayos en el cielo y el agua caía con fuerza sobre la ciudad. En esos días encontraba las palabras perfectas para escribir, y sus musas salían a la luz para ayudarle.
Mientras tanto, en su otra mano descansaba un segundo café. En ese no estaba escrito su nombre, sino el de Kate, también con unas letras enlazadas y preciosas, al igual que el suyo. No sabía qué tipo de café podía gustarle, o si siquiera le gustaba alguno, por lo que había elegido algo fácil. Leche semidesnatada, así no se quejaría si la quería desnatada u entera, se quedaba en algo intermedio; un terrón de azúcar para que endulzase el agrio sabor del café mezclado con la leche y un poco de extracto de vainilla por el sabor. Era una manera de decirle que sentía haber sido un idiota con ella el primer día y al mismo tiempo que seguía interesado en tener una cita con ella.
Aunque él fuese alguien libre en cuanto a su sexualidad, y le gustase conocer a más de una mujer, Kate tenía algo que necesitaba probar. Su filosofía de la vida era seguir lo que sus impulsos dictasen, sin comprometerse mientras fuese joven, disfrutar todo lo posible y abrir los ojos ante el mundo antes de que una mujer fuese capaz de enamorarle. Porque en ese caso se centraría solo en ella, y hasta el momento, no había aparecido una mujer capaz de ello.
-Hombre, vecina.-Rick ladeó la cabeza, todavía pegada a la pared exterior para mirar a Kate.- ¿Dónde vas a estas horas?
Ella rodó los ojos al escucharle, y ni tan solo se esforzó en alzar la cabeza de su móvil a la hora de responderle. Le había escuchado salir de casa antes que ella esa misma mañana y algo en su interior le había asegurado de que a lo largo del día seguramente tuviese un encontronazo con él. Solo que no esperaba que sucediese tan pronto.
-A ti que te importa.-frunció el ceño mientras calculaba en el GPS la distancia que habría desde Tribeca hasta Brooklyn. Gracias al portero sabía que su antiguo vecino, el señor Sanders, vivía ahora en Dean Street en el barrio vecino. Él era el único que sabría explicarle qué demonios hacía una puerta en medio de dos pisos pertenecientes a dos personas distintas. Y también tendría que darle una buena explicación sobre por qué no había sido avisada al comprar su apartamento.
-Te recuerdo que compartimos puerta.-Rick intentó no trabarse con las palabras. Continuaba boquiabierto, sin poder apartar la mirada de su cuerpo o del modelito que había elegido para ese día. El cual, dudaba que hubiese sido casual. Se mordió el labio inferior con fuerza, sintiendo cómo la testosterona de su cuerpo se sacudía en dirección a su entrepierna y no le permitía pensar con claridad.
-¿Y?-la vio pasarse la lengua por el labio inferior. Parecía concentrada con lo que fuera que estuviese haciendo con su iPhone, así que no supo decir si lo había hecho a propósito porque sabía que él la estaba mirando o porque era algo propio en ella.
-Pues que es un asunto que te guste o no, nos incumbe a los dos.
Se despegó del muro de piedra con elegancia. El café de la chica se movió en su mano, fruto de la poca concentración que estaba poniendo en sus movimientos, al mismo tiempo que volvía a beber del suyo. Kate se pasó la mano por el pelo, y el escritor deseó ser él quién deslizase los dedos por sus mechones suaves y cuidados que caían completamente lisos sobre sus hombros hasta sus pechos. Si recordaba bien, el día anterior su pelo había sido un revuelo de tirabuzones perfectos, al igual que la tarde que la había conocido. Cosa que le llevaba a pensar por qué ese día había decidido planchárselo.
La rodeó en silencio, esperando a que ella terminase con su móvil y le dijese qué era lo que pretendía hacer. Aprovechando esto, inspeccionó más a fondo su cuerpo con el amparo de la espera cubriéndole las espaldas. Llevaba unos botines negros de tacón fino y plataforma, con los que no entendía que pudiese caminar y que le causaban una gran sensación de excitación. Dichos tacones estilizaban unas piernas de infarto cubiertas por unos vaqueros azules marinos prietos un poco rotos por la zona de las rodillas. Kate tenía una piel bronceada propia de un lugar como California, no Nueva York. No era una piel afectada por una cabina bronceadora, sino más bien natural, nada manipulada. Podía verse a través de las roturas, y en comparación con la suya, su piel era más bien blanca como la nieve.
-Tú y yo no tenemos nada que ver.-Kate guardó el iPhone, con el tiempo de treinta y un minutos exactos grabados en su cabeza y la ruta que debía seguir a través del Puente de Brooklyn y Atlantic Avenue.
-Bueno, o eso es lo que tú crees.-respondió él alzando la mirada de su perfecto trasero marcado por los vaqueros y sonriéndole una vez ella se hubo dignado a girar la cabeza para mirarle.
-Estos humos de gallito se debe a lo de anoche, ¿verdad?-Kate entornó la mirada. Habían pasado varias horas desde que él la había hecho dudar incluso de su memoria, además de volverla loca pensando en cómo podía saber él algo así, cuando a ella le había supuesto un esfuerzo recordarlo.
Reparó en que su barba incipiente, que había considerado sexy desde el primer momento, continuaba allí, intacta y haciéndole pensar cosas raras. Su gabardina desprendía un olor masculino tan fuerte, que incluso a una distancia prudencial estaba dejándola mareada.
-Eso suena a un polvo.
-No hagas el imbécil.-le miró de arriba abajo, fijándose más de la cuenta en los vaqueros negros que se ceñían a unas piernas duras y fuertes, y un poco más encima una considerable entrepierna.- ¿Esta es tu manera de dejarme claro que no eres un acosador? ¿Insinuando cosas que no son?-se cruzó de brazos y la tela de su cazadora de cuero rechinó.
-No, eso no lo voy a cambiar.-se encogió de hombros con una sonrisita.-Pero sí que tengo esto.-extendió el brazo que sujetaba el café de la chica y le guiñó un ojo. Kate ladeó la cabeza, confundida, puesto que lo último que esperaba era que hubiese tenido el detalle de comprarle un café y de esperar a que bajase para dárselo.
Ella dudó al cogerlo, pero terminó haciéndolo. Olía muy bien como para dejarlo en sus manos, y tampoco estaría bien por su parte rechazarlo si se trataba de un detalle con intenciones de tregua. Conocía suficientemente bien Starbucks, no era la primera vez que compraba allí y no solo un café, sino muffins, tartas de queso con arándanos y galletas deliciosas. Pero el inconveniente de la franquicia era el precio, ya que los productos solían ser bastante caros. Sin embargo, a Rick parecía no importarle.
-Gracias.-respondió ella escondiéndose detrás del cartón para poder sonreír sin que él pudiese apreciarlo. Dedicó unos segundos a degustar el olor del café recién hecho mezclado con el aroma dulzón de la leche caliente y acto seguido le dio un trago para saber qué habría decidido pedirle.
Sus gustos en cuanto al café eran muy especiales. Tanto, que ni siquiera su madre acertaba la mayoría de veces al preparárselo ella misma o al comprárselo en cualquier puesto ambulante o tienda como lo era la de Starbucks. En cambio, se sorprendió mucho al descubrir que sí que le gustaba y que no era nada desagradable como había previsto.
Sus ingredientes ideales eran simple y llanamente leche desnatada, sin azúcar y con toque de sabor a vainilla. Y, a pesar de que ese café estaba más dulce de lo que estaba acostumbrada a beber, reconoció el gusto a vainilla y la diferencia que había entre la leche desnatada y la semidesnatada. Se repasó el labio superior con la punta de la lengua, limpiando la espuma que se formaba en la superficie del líquido marrón. Rick enarcó una ceja, sonriente y la imitó, solo que él sí que terminó todo el contenido de su vaso de cartón a diferencia de ella que apenas había empezado.
-No estaba seguro de qué podía gustarte.-el escritor rozó su espalda intencionadamente al pasar detrás de ella en dirección a la papelera más cercana. Hubiese preferido tocar una zona más baja, también por la parte trasera, pero sabía que eso supondría un buen puñetazo en su cara, y a decir verdad, prefería no arriesgarse.-Así que elegí lo más normal.-añadió tras regresar.
En realidad, se había acordado de lo mucho que le gustaba el sabor a vainilla cuando era pequeña y la cantidad de veces que había escuchado pedirle a su madre que le comprase helados de ese sabor. Helados que incluso había compartido con él. Era increíble cómo el tiempo había transcurrido entre los dos de la misma manera y al mismo tiempo, la forma en la que él lo recordaba y cómo ella ni siquiera había asociado su nombre a su pasado, aunque se hubiese cambiado de apellido. Sus dos ojos verdosos se clavaron en los suyos, mirándolo con cierta curiosidad detrás de la tapa de plástico oscura, y por una vez sintió que las cosas habían salido bien entre los dos por primera vez en esas cuarenta y ocho horas.
-Me gusta desnatado y con dos terrones de vainilla sin azúcar.
-Ups, casi.-Rick sonrió para sus adentros, complacido de saber que su memoria no corría peligro y que todavía seguía añadiéndole ese característico sabor a todo lo que podía. Esperó a que Kate diese dos tragos más al café y de nuevo volvió a hablar:-¿Tregua entonces?
La chica se encogió de hombros. Quisiera aceptarlo o no, él estaba dispuesto a conseguir algo más que una simple relación vecinal, y no le veía capaz de asumir sus negativas y marcharse por dónde había venido. Al contrario, la seguridad brillaba en sus acciones, en su constancia a la hora de hablar con ella, de interesarse en hacerle detalles que pudiese hacer caer sus firmes barreras en cuanto a las personas. Y, bueno, era un hombre guapo e interesante. Demasiado quizá, porque su curiosidad era saber qué tenía qué ver él en sus recuerdos.
-Dime cómo sabías eso.-respondió después de unos segundos en silencio.
Rick chasqueó la lengua, frustrado, pero siempre con una preciosa sonrisa sobre los labios. Sonrisa exclusiva para la chica del café de vainilla. Si de algo le servía ser un manitas a la hora de construir historias firmes de la nada, era para conseguirse una coartada o una excusa creíble sin tener que enseñar sus cartas antes de tiempo. Así que eso fue lo que hizo. Alzó la mano con precaución para que viese que su única intención era pura, y deslizó el dedo índice sobre la vieja cicatriz que se difuminaba sobre su ceja.
-Una brecha.-los dos se miraron intensamente al ser conscientes de la poca distancia que separaba un rostro de otro. Rick un tanto más arriba, ya que era más alto, pero Kate tampoco se quedaba muy atrás. Carraspeó al notar la oleada de calor ardiendo en la curvatura de su cuello y comenzando a ascender hasta una de sus mejillas.-Eso significa un buen golpe. Es profunda y fina, por lo que deduzco que fue a través del pico de algo que se arrastró sobre la piel hasta crear la herida. Sangró mucho, ¿verdad?-la cabeza de ella se movió bajo su dedo cuando asintió completamente muda. Esto le recordó al novelista que aún no había apartado el dedo, así que bajó la mano de nuevo y prosiguió su explicación inventada.-Y bueno, porque a mi prima pequeña le pasó eso hace poco y tiene la misma cicatriz.
Rick le dedicó una risita graciosa bastante cerca de sus labios, y Kate le dio un pequeño empujón con la mano justo en el estómago para apartarlo de su cuerpo. Había sido atrevido hacerlo, y aún más notar el tacto duro de éste durante unos segundos. Ella ya lo había visto sin camiseta, sabía que no tenía unos abdominales definidos pero sí unos músculos bien desarrollados. No era porque le pareciese que estaba invadiendo su espacio, como la última vez, ni tampoco le molestaba en absoluto la cercanía tan excitante, al igual que la forma en la que sus terminales nerviosas habían reaccionado erizando su piel, sino porque le había gustado.
-No me lo creo.-vio el poco café que quedaba en el envase de cartón gracias a la transparencia de la tapa y se apremió a terminar el último tramo, situado en el culo del envase.
-Bueno, eso no es mi problema.
-En realidad sí.-a Kate no le hizo falta acercarse a la papelera para tirarlo, sino que giró parte de su cuerpo hacia un lado y sin ninguna dificultad lo lanzó desde dónde estaba.-Canasta.-susurró al ver cómo el cartón con su nombre desaparecía dentro de la bolsa negra.
-Buen tiro.
-Gracias.-ella le miró de arriba abajo con actitud socarrona.- ¿Vas a venir entonces?
Por mucho que intentase disuadirle de acompañarla, encontraría el modo de descubrir la ruta y se presentaría allí incluso antes que ella.
-¿Dónde se supone que hay que ir?
-A Brooklyn.
Rick frunció el ceño cuando ella comenzó a andar delante de él, justo al lado contrario de la parada de autobús, de metro o del estacionamiento de taxis. En lugar de ello caminó a lo largo de la calle, pasando de los coches estacionados a sus pies y dirigiéndose a algo en concreto. Hizo una mueca sin saber exactamente qué se proponía y se dispuso a seguirla.
-Estamos yendo en dirección contraria.-se apresuró a decir el escritor. Kate andaba rápido, con un garbo firme y a la vez femenino, pero sobre todo, meneaba la cintura hacia un lado y hacia otro inconscientemente. No era un contoneo excesivo, así como otras chicas lo provocaban. Era sencillo y sensual, algo que hacía que sus hormonas se alterasen.
-No.-fue lo único que dijo ella riendo entre dientes.
Introdujo la mano en uno de los bolsillos de su cazadora de cuero, sacando de ella unas relucientes llaves. Eran varias, de distintos tamaños cada una. Según a qué perteneciese el tamaño variaba, al igual que el color o la forma. Exactamente eran cinco. La primera, la que encabezaba el manojo, era redondeada por arriba y por abajo varias puntas delineaban los dientes. Su color no era plata, sino un verde moco chillón que le servía para diferenciarla de la siguiente. No era muy grande ni tampoco muy pequeña. Después, otra mucho más larga e irregular, en una forma que solo podría definirse como T, precedía a la primera. A continuación venía la más pequeña, de un negro metálico y también muy parecida a la verde, solo que en lugar de ser redonda, era más bien cuadrada. Con solo mirarla se sabía que pertenecía a un buzón o una taquilla, sin dar lugar a dudas. Y por último, otra del tamaño de su dedo índice, cubierta de una goma negra hasta casi la mitad y con una abertura cilíndrica.
Cogió esa entre sus dedos y aminoró el paso. Rick intentaba seguirle el ritmo, por lo que el hecho de ir más despacio supuso un alivio para él. Se fijó de reojo en la gabardina abierta que llevaba, y mucho más en la camisa blanca de debajo, la cual se ceñía a su pecho y su estómago cada vez que daba un paso. Lo que estaba sucediéndole era inexplicable. Cierto era que desde el primer momento había existido entre los dos una extraña tensión sexual, sin embargo, en ese instante parecía ser algo más que una atracción física. Más de lo que ella pudiese fantasear con su cuerpo o de lo que él pudiese hacerlo, ya que sabía que lo hacía. Se parecía a una vieja amistad floreciendo poco a poco, con su correspondiente complicidad. Y no sabía a qué podía deberse, de ahí a que estuviese confundida.
Rick se paralizó al borde de la acera. Notó sus articulaciones endurecerse bajo su piel, y el ritmo de su corazón a la hora de bombear sangre acelerándose a cada latido. Durante la publicación de su libro había aprendido ciertas claves respecto a la psicología, por eso sabía que lo que estaba experimentando en ese momento era un recuerdo demasiado real respecto a su mayor miedo, sobre su trauma. Un sudor extremadamente frío nació en su nuca y fue acariciando con suavidad el resto de su columna vertebral.
-Richard.-Kate cambió la expresión tras ver el puro pánico al que estaba sucumbiendo el escritor. Si piel de por sí era pálida, pero esa vez su rostro estaba compuesto por un color blanco mortecino y una mueca de terror.-se bajó de su moto, a la que acababa de subirse y ni siquiera había puesto la llave en el contacto, para acercarse a él.-Rick, ¿estás bien?-le sujetó el brazo temiendo que pudiese desplomarse en cuestión de segundos. Después, le palmeó la mejilla con suavidad y esperó a que reaccionase.
-Eh…-tragó saliva, una tarea difícil teniendo en cuenta de que tenía la boca seca y los labios pastosos, pero lo hizo.-Sí.-mintió.
No obstante sus ojos continuaban clavados en la Harley Davidson negra de Kate, aparcada a unos metros de él. Era preciosa, brillante y feroz. Un tipo de moto del que nunca había sido un gran admirador, pero de la cual no podía decir nada malo. Supuso que la habría limpiado hacía muy poco, porque el pulido todavía duraba en la carrocería. Por no hablar de lo limpias que estaban las ruedas.
-¿Te dan miedo las motos?
En otras circunstancias probablemente se habría reído de él, o habría hecho una broma al respecto, sin embargo solo de recordar su expresión horrorizada o el estado de shock en el que parecía haberse sumido, las ganas se esfumaban. Ella no lo conocía. Tal vez podía haber tenido una mala experiencia o algo así.
-¿Qué? No.-volvió a mentir, esta vez sacudiendo la cabeza a ambos lados para desentumecerse de ese trance extraño. Así su palidez se disolvería y él podría volver a su color natural, no de enfermo.-Creo que ha sido un pequeño bajón de tensión.
No era momento de hablar sobre sus miedos, sus traumas o lo que fuera que tuviese en contra de todas las motos en general. Tampoco era momento de parecer débil delante de ella, ni tampoco quería sentirse él mismo de esa forma ante un simple trozo de metal y tubos.
-¿Seguro que estás bien?
-Sí, tranquila.
Evitó su mirada inquisitiva y centró sus ojos azules en sus labios pintados de un tono marrón mate. Definitivamente no podía estar más perfecta. Si no hubiera sido porque ella, tras comprobar que estaba bien y podía caminar solo, hubo regresado al asiento de la moto, tal vez no se hubiera resistido a besarla.
-Si no te ves capaz, coge un taxi. Te doy la dirección y nos vemos ahí.-dijo la chica no muy convencida de la respuesta que le había dado antes. Abrió el asiento, sacando de él dos cascos impolutos y dudó a la hora de alargarle uno. Se fijó en cómo sus piernas parecieron gelatina en los tres primeros pasos que dio y solo hizo que se confirmase su mentira.
El escritor negó, restándole importancia a lo que acababa de suceder. Cogió un casco de la mano de la chica sin preguntar, uno simple de color plateado y que refulgía cuando le daba un poco el sol, mientras que Kate se enfundó el suyo en la cabeza. Al contrario del de Rick, ese era completamente negro, con una visera de cristal cosa que poseía también el otro y por dentro estaba acolchado para mayor comodidad.
A pesar de llevar con esa moto cuatro años, nunca le había dado problemas ni el motor ni nada por el estilo. Ni tampoco se había comprado un casco nuevo desde entonces. Le gustaba ese. Pasó una pierna sobre el asiento de cuero hasta dejarla apoyada al otro lado de la moto, se sentó y contempló a su acompañante de ese día. Rick intentaba colocarse mejor el casco, de modo que no le hiciese daño, pero continuaba mirándola fijamente.
El escritor estaba embobado con la imagen de la chica subida en semejante moto, con la cazadora medio subida por su cintura y la camiseta de debajo a punto de alzarse también y con los tacones bien acomodados al suelo. Aunque todavía le excitó más que se inclinase un poco hacia adelante, agarrase los mangos, pusiese los respectivos dedos en los frenos y sacudiese la cabeza. Sus tirabuzones castaños ondearon a favor de la brisa mañanera, ofreciéndole a Rick un rico aroma a cerezas y frutas silvestres cuando dicha brisa azotó su rostro.
-¿Sabes conducir esto bien?-habló más alto de lo normal, puesto que no sabía si el cristal del casco le impediría que se escuchase. La respuesta de Kate fue una carcajada irónica. Hizo girar la llave dentro del contacto y poco después el tubo de escape rugió escupiendo humo negro mientras ella le daba al acelerador con fuerza.
-Desde los dieciocho.-la escuchó decir justo cuando él terminaba de sentarse detrás de ella. Las manos le temblaban, y por suerte, ya había conseguido situar los pies a ambos lados para sujetarse. Por una parte le daba miedo rodearla con los brazos por si consideraba que se estaba aprovechando, pero toda preocupación desapareció al ver cómo ella se encargaba de eso y sin mirarle le agarraba las manos y las echaba hacia adelante, en dirección a su cintura. Rick, queriendo resultar lo menos molesto posible las movió con la intención de colocarlas sin su ayuda, pero terminó más arriba de lo previsto. Se dio cuenta de que no era el lugar apropiado tras notar dos redondeces firmes que llenaban las dos palmas de sus manos y que al apretar, se volvieron mucho más blandas.
Kate se sobresaltó ligeramente por la sensación eléctrica que explotó en sus nervios y que provocó que pegase su espalda al pecho de él. Apretó la parte interna de su labio inferior con los dientes, sofocando un jadeo que amenazaba con escapar de su boca. Dios, un calor sofocante inundaba su cuerpo y no podía hacer nada para controlarlo. Suerte que él bajó al instante las manos, dejándolas en el medio de su tripa mientras que se arrepentía una y otra vez.
-Perdón, o sea, lo siento. De verdad, no ha sido mi intención.-Rick bufó nervioso.-Joder qué mal.
"Joder qué bien." Repitió Kate mentalmente. Nunca, en todos los años que llevaba experimentando con chicos, le había apretado u tocado de esa forma los pechos. Y todavía era más sorprendente que la hubiese encendido tanto cuando había sido un malentendido. De ahí a que su cabeza imaginase qué podría hacerle si no se tratase de un accidente.
-Tranquilo.-consiguió decir en una voz bastante ronca. Carraspeó.-Le puede pasar a cualquiera.-cerró los ojos con fuerza, queriendo controlarse antes de arrancar y ponerse en marcha, o al menos que su respiración fuese algo regular. No obstante, al inclinarse de nuevo hacia adelante y acelerar, su trasero se deslizó un tanto hacia atrás por pura inercia, topándose de lleno con algo medianamente duro.-Joder.-masculló.
Rick abrió mucho los ojos. El efecto de las nalgas de Kate rozando su paquete por encima del vaquero, además del hecho de haber apretado sus tetas unos segundos, había provocado una creciente erección en sus calzoncillos. Erección que ella había notado y la había dejado petrificada. A
-Arranca ya, Kate. Por favor.-le pidió en un tono de voz muy bajo.
-Eh, oh sí, perdón.
La aspirante a policía inspiró aire por la nariz con fuerza, olvidando que tenía el miembro viril de su vecino medio erecto presionando su trasero y se dedicó a acelerar por Varick Street hasta que llegase al puente de Brooklyn, dónde ya tomaría una nueva dirección.
Hasta el momento, ninguno había mencionado nada relacionado al pequeño percance producido al subir a la moto. Ni tampoco al bajar de ella. Rick le había entregado el casco con la cabeza gacha, incapaz de mirarle a la cara después de haberse excitado contra su trasero durante la mayor parte del trayecto. Incluso se hubo pasado la mano por el vaquero cuando ella no miraba con tal de cerciorarse de que aquello había vuelto a su sitio y no le incomodaba como antes. Kate, sin embargo, se había mordido la parte interna de la mejilla a la hora de volver a guardar su casco junto al que había usado el escritor, de nuevo en el hueco bajo el asiento. No estaba molesta, ni tampoco pensaba recriminarle nada al respecto puesto que no tenía nada de lo que quejarse. Además, bastante mal lo estaba pasando ya él.
-Pensaba que sería una casa más…Simple.-dijo Rick echando un vistazo a la fachada que tenía enfrente. Kate le había explicado que el portero del edificio le había proporcionado la nueva dirección de su antiguo vecino, y que él sería quién les explicaría las opciones que tenían a la hora de actuar. También que al parecer, el señor Sanders había alegado problemas de salud a la hora de irse, cosa que le extrañó teniendo en cuenta que cuando él firmó el contrato de venta, el hombre no parecía en absoluto enfermo.
-¿Por qué esto es Brooklyn y no Manhattan?-respondió la chica enarcando la ceja.
Quitó las llaves del contacto y se aseguró de que había aparcado bien. Tanto detrás como delante de su moto descansaban varios coches en silencio, al igual que el resto de la calle. Era pronto, y probablemente pocas personas se habían despertado, así que lo único que se escuchaban eran los cantos de los pájaros madrugadores y algún que otro televisor hablando por encima de alguna ventana cercana.
-No.-Rick se giró para encararla.-Aunque sea Brooklyn hay buenas casas, y esta no está tan mal.
Vio por el rabillo del ojo cómo ella asentía, curvando las comisuras de la boca un poco hacia abajo y colocaba sus brazos en jarras para admirar lo mismo que él. Todo lo que componía la fachada exterior estaba cubierto por una serie de ladrillos rojos alineados unos con otros de forma irregular. Dos amplias ventanas, una encima de la otra a mano derecha y debajo de éstas una puerta ancha destinada al garaje propio. La estructura era estrecha, alargada y se apretaba contra las otras dos casas colindantes. Daba la sensación de ser algo propio de un soltero, puesto que los dos dudaban que una familia cupiese allí dentro.
A mano izquierda se abría una verja pequeña, la cual conducía unos dos metros más adelante a la puerta principal. Dicha puerta era negra carbón, de un material similar a la madera y sobre ella reposaba otra ventana, esta vez menos grande.
Rick había imaginado que se encontraría una casa digna de ser llamada chabola, pero al parecer se equivocaba. Siguió a Kate a través del minúsculo patio delantero formado por cemento y en menos de lo que hubiese pensado, se encontraba sentado en uno de los sofás del comedor, contemplando un extraño cuadro que no supo adivinar mientras su vecina le reprochaba la situación al señor Sanders.
-Verá, señor.-Kate se mostró indiferente ante la mirada lasciva que le dedicaba el hombre que hacía solo unas pocas semanas, había sido su vecino y también el responsable de que existiese una puerta entre su loft y el de Rick.-Tanto yo como el señor Castle, hemos tenido un percance tras haber remodelado uno de los dos pisos. Hemos descubierto una puerta robusta que conecta tanto mi salón como el suyo y de la que solo usted debe saber de su existencia.
-Sí, soy consciente de ello.
Kate agradeció en su fuero interno que al menos fuese sincero y le dedicó una rápida mirada a Rick. El escritor parecía incómodo sentado allí, alejado de los dos, mientras que mataba el tiempo echando un vistazo a la estancia. Lo que no sabía era qué miraba, si todo podía rodearse solo mirando una vez. Parecían tres sardinas enlatadas, ya que la casa por dentro era todavía más estrecha de lo que parecía por fuera.
-¿Y no sabe que se considera una violación de la intimidad el hecho de compartir una puerta con una persona ajena a sus intenciones y que se puede usar sin ninguna dificultad?-Kate sacó a relucir su tono más intimidatorio al ver que él hombre ni siquiera se inmutaba. Al contrario, no hacía más que intentar esconder una risa divertida detrás de la comisura de su boca.
-La vecina estaba avisada.-se encogió de un hombro.
-No, no lo estaba.-Rick elevó el tono de voz, a pesar de que no hacía mucha falta en un entorno tan pequeño y se ganó dos miradas distintas. Primero la de Kate, que parecía confusa, y después la del dueño del sofá dónde estaba sentado, que más bien era frustrada.
-No hablaba de ella.-Rick sonrió a la nada al ver cómo el señor Sanders le hablaba de manera arrogante, incluso adelantando un pie hacia él. Kate le había pedido antes de entrar que la dejase a ella exponer los argumentos y que no intercediese mucho. Había aceptado, ya que ella parecía mucho más peligrosa, además de poseer una buena labia para defenderse. Pero no podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo no solo tenía la cara de repasarla de arriba abajo sin ningún reparo o de lanzarle miradas perturbadoras, sino que sus aires con ella se alzaban. Por Dios, tenía cuarenta y muchos, era un hombre hecho y derecho que podía ser su padre. ¿Qué demonios hacía comportándose de esa forma con una chica de veintidós años?
-Pues deberías.
-El caso es que podría denunciarle por algo así.-Kate se vio obligada a intervenir, aún confusa con la intromisión de su vecino. ¿Acaso había tratado de defenderla? Le lanzó una de sus miradas por encima del hombro de Sanders y él se resignó a apartar el rostro y tensar la mandíbula.-Tengo dos padres que son abogados profesiones-eso produjo una pequeña descomposición en el rostro del hombre-y yo aspirante a policía. Así que más le vale decirme qué cojones se trae entre manos.
Rick parpadeó confuso. ¿Policía? ¿Eso era? ¿Su amiga de la infancia y ahora vecina iba a ser policía de Nueva York? No sabía si sentirse orgulloso, excitado u sorprendido.
-Verá, señorita Beckett.-el señor Sanders vaciló antes de empezar a hablar, dando la sensación de que no sabía por dónde comenzar.-Cuando usted llegó al edificio y se instaló, esa puerta llevaba ahí alrededor de dos años. En ningún momento la utilicé para espiarla, para robarle o para cualquier otra cosa. Es más, decidí tapiarla dentro de lo posible con un enorme armario e intenté olvidarme de ella la mayor parte del tiempo. La mujer que le vendió el piso estaba casada, no sé si lo recuerda.
-No, la verdad.-Kate negó con la cabeza, atenta a las palabras del hombre.
-Pues ella estaba casada con un hombre llamado Henry. Henry Winters. Ellos compartían piso desde hacía tiempo e incluso lo habían pagado a medias antes de tomar la decisión de casarse. Yo por aquel entonces, cuando ellos decidieron mudarse, ni siquiera tenía pareja estable. Nada que me atase a nadie, ni tampoco tenía intención de hacerlo. Pero ella simplemente apareció en mi vida y yo no pude hacer nada para evitarlo.
Kate no necesitó que siguiese hablando. Solo con esa pequeña porción de explicación pudo adivinar a qué se debía tanto secretismo, y la verdad, si todo seguía como su intuición estaba guiándole, Sanders fue precavido haciendo eso.
-Henry viajaba mucho y yo cada vez estaba más y más enamorado de ella. A veces les escuchaba discutir. Él era un hijo de puta, y la que se quedaba en casa llorando era Emily. Si no era porque no se veían, era porque discutían y así constantemente.-Rick, quién había cambiado su postura frustrada y la había convertido en curiosa, estaba acariciándose la barba de su mentón con los dedos. Algo en su interior se retorcía a medida que hablaba, como si estuviese de acuerdo con lo que decía, pero al mismo tiempo no. Y por sorprendente que pareciese, Kate se sentía igual. Se miraron entre sí unos segundos y volvieron a apartar la mirada, tímidos.-Un día no pude aguantar y cuando él se fue, tras una nueva discusión más fuerte, llamé a su puerta. Solo quería consolarla.-miró a la chica buscando sentirse comprendido y ella solo vio la tristeza en sus ojos pardos.-Una cosa llevó a la otra y terminamos besándonos.-en ese momento una extraña sonrisa se dibujó en sus labios.-Al parecer yo no era el único que estaba interesado en el otro. Me dijo que me quería, que no soportaba más todo eso, pero que tampoco era el momento de dar un paso en falso.
-¿Y por qué construyó esa puerta?-Kate comprendió que estaba más intrigada por el final de esa preciosa historia de amor, que por el origen de su puerta.
-Porque así podría verla sin que nadie nos viese por las cámaras o por el pasillo.-la joven cayó en la cuenta de las cámaras de vigilancia, pegadas en todos los pasillos del edificio, en las esquinas superiores y que proporcionaban cualquier información de lo que sucediese al portero de abajo.-Nos veíamos las veces que queríamos, a escondidas y solo lo sabíamos nosotros. Ella ocultaba siempre la puerta con una especie de esterilla para que su marido no sospechase, cuando estaba en casa, claro y a mí no me hacía falta.
-¿Y el portero no se sorprendió al ver obreros subiendo y bajando?
El hombre se encogió de hombros con una sonrisa y negó.
-Es lo que tiene tener un hermano albañil. Él venía con sus materiales, echaba la pared abajo, colocaba todo y gracias a lo gruesas que eran las paredes el ruido no se escuchaba mucho.-hizo un gesto con la mano restándole importancia.-Además, ponía la música muy alta a propósito.
-Sin parecer muy desconsiderada, señor. ¿Por qué no la quitó cuando ella se fue?
Lo vio suspirar en profundidad, pensativo y al final respondió.
-Porque cuando se fueron, ella había cambiado la idea respecto a todo. Su marido decía haber cambiado tras descubrir que tenía una aventura con alguien. Al parecer hablaron, él le pidió una nueva oportunidad y ella se la dio. Nunca supo que el motivo de sus cuernos era yo, el vecino. Al lado de su puta puerta.-Rick miró a Kate con los ojos muy abiertos, queriéndole decir solo con la mirada que Sanders parecía muy resentido a pesar del tiempo que había transcurrido, pero eso Kate ya lo había notado.-Decidí quedarme hasta que terminase de pagar el piso. No dije nada porque tendría que dar muchas explicaciones a muchas personas, y confié en que no descubrieses nada en esos dos años, al menos hasta que me hubiese ido. Mi plazo de pagó terminó hace unas semanas, para entonces yo ya había mirado esta casa.-alzó dos brazos fornidos y señaló el espacio al que él llamaba salón.-Me ahorré mucho dinero. La vida no es igual aquí que allí, así que estaría alejado de todos los recuerdos que ese loft no dejaba de repetirme y también alejado de la posibilidad de verla por Manhattan, cuando menos lo esperase.
Tanto el escritor como la aspirante a policía se sintieron mal al saber el final de lo que ellos pensaba que sería, una buena historia de amor. Tenía la trama perfecta, y todo había resultado ser una historia trágica con el final contado desde el corazón roto de un hombre afligido. Hubiesen preferido un final alternativo, como en los contenidos extras de los DVD's.
-¿Y cómo se supone que debemos afrontar esto?-Kate volvió a fruncir el ceño.
Esperó a que Sanders recobrara las fuerzas que había perdido mientras hablaba de la que podía ser la experiencia más dura de su vida, y de paso echó un vistazo a Rick. Éste había estado en silencio esos últimos minutos, algo que consideraba imposible dado a su historial y ahora se apoyaba sobre el talón de la mano sin perderse nada de lo que su ex vecino tuviese que decir.
-Yo no puedo hacer nada.
-¿No se puede hacer nada?-Kate intentó que su voz no sonase más alto de lo debido respecto a la educación que poseía y que no podía perder ahí.-Tengo una puerta en medio de mi apartamento que comunica con la de mi vecino y que es fácil de abrir. Eso invade cualquier derecho a la privacidad, ¿y usted me dice que no es posible hacer nada?
-No. He dicho que yo no podía hacer nada. Lo único que podría hacer usted es pedir la solicitud de reformas de la vivienda para que dicha puerta fuese derribada y después sellada, pero tendría que ir al ayuntamiento y el proceso tardaría varios meses. Mientras tanto le aconsejaría llamar a un cerrajero para que instalase una cerradura que le permitiese mantener alejado a su vecino.-Rick hizo una mueca de disgusto detrás de ella al escucharle hablar de él como si se tratase de un criminal peligroso o algo por el estilo, no obstante siguió al margen de la conversación.-Por lo demás no puedo serle de más ayuda. Al no ser que busque otro tipo de cosas.-le guiñó el ojo intentando ser seductor, y lo hubiese conseguido si Kate hubiese estado interesada en él.
Pero no era el caso. Era alguien atractivo, no lo negaba, sin embargo no terminaba de ser su tipo, ni tampoco quería nada serio en ese momento. Tenía bastante con los exámenes para policía y con estudiar a fondo todo. Y bueno, con tener a Rick a su lado molestándola todo el día.
-¿Está intentando tirarme los tejos?-Kate se rio sin compasión en sus narices.-No me haga reír.
-No, si ya veo que mi puerta le está sirviendo de ayuda con aquel.-señaló a Rick con la cabeza, sin ser consciente de que el escritor ya estaba al lado de Kate, con una mirada turbia.
-Pero quién te crees que eres, eh.-a pesar de que Sanders le había dado pena al principio, ahora tenía ganas de pegarle más de un buen golpe que le dejase bien dormido en el suelo. El hombre le miró como si fuese insignificante, un poco desde abajo, puesto que Rick era más alto y se pasó la mano por el rostro, divertido.
-No, quién te crees que eres tú, haciéndote el gallito delante de ella.-Kate permaneció en silencio.-Que yo sepa solo te ha definido como su vecino, independientemente de en qué cama durmáis.
-Esto es increíble.-Rick se adelantó un paso hacia él, olvidándose de que a sus espaldas su vieja amiga no sabía cómo reaccionar ante una situación así. En la que un desconocido actuaba de esa forma por ella.-Cierra la boca antes de que te la parta.
-Tú y cuantos más.
Dado el final que siempre seguía a esa famosa frase, Kate se metió entre los dos antes de que alguno terminase sangrando y la policía tuviese que arrestarlos. Por mucho que detestase a Rick, no podía dejar que pasase un día en una celda solo por querer defenderla, aunque no supiese por qué.
Apoyó una mano en el pecho de Rick, alejándolo con suavidad del señor Sanders y colocándolo detrás de su espalda. Sintió una extraña conexión, al igual que esa misma mañana, sin embargo no dijo nada.
-Podría pegarte una paliza con la mano atada a la espalda, pero no me apetece dejar tullido a una persona mayor.-Kate le propinó un golpe bajo en sentido psicológico, directo a su orgullo varonil. Aunque sabía que de poco le serviría.-Así que no juegues con fuego, que no solo te denuncio, sino que te llevas un regalo.
-Venga, fuera de mi casa.-Sanders miró a la pareja de vecinos con desprecio y con un gesto rápido señaló la puerta principal.
Rick masculló algo que comparaba el sustantivo de "casa" con cubo de basura antes de salir por dicha puerta y dar un sonoro portazo que hizo retumbar la gran parte de la estructura. Había perdido los nervios ahí dentro, y al igual que le sucedía siempre con Kate, desde el primer momento que se habían vuelto a ver, no había podido controlarse. Gracias a eso no refunfuñó cuando ella le golpeó el pecho con el dedo índice y comenzó con su regañina.
-¿Qué coño te pasa?-Rick tuvo que concentrarse para no perderse en la venita cargada de frustración que latía en su frente. Se había dado cuenta de que cuanto más se enfadaba ella, más se excitaba él.
-¿A mí?
-Sí. ¿Cómo te pones así con él?
-Porque estaba siendo un gilipollas, Kate.-respondió el escritor como si fuese algo obvio, abriendo la boca y señalando la casa de atrás con el pulgar.
-Pero no eres nadie para ponerte a defenderme, así porque sí.-Rick endureció el semblante.-Yo sola puedo defenderme sin que tenga que venir un hombre a dar la cara por mí. Por dios, Rick, si puedo pegarte a ti si quiero.
-No soy partidario de las personas así, ¿vale? Ni voy a dejar que te hablen de esa manera porque me dan asco. Tal vez no seamos amigos, eso es cierto. Pero eres mi vecina.
Kate sonrió enternecida por su respuesta y por el agobio que inundaba su rostro. Algo estaba claro allí, Rick estaba ganándose a pulso parte de sus sentimientos y cada vez se resistía menos.
-¿Vecinos?-la chica enarcó una ceja.
-Hombre, si no accedes a más.-Rick curvó una de sus comisuras. Le miró a través de las pestañas y encogió el hombro a juego con la sonrisa.
-¿Y qué quieres?
-Amigos.-respondió a la velocidad de la luz.-Ya tendré tiempo de seducirte.
-Tú no te cansas, ¿verdad?
Kate sabía que debía sentirse enfadada o algo similar, pero simplemente no podía. Era la esencia de Rick lo que le impedía molestarse con él, añadiendo esa sonrisa suya estaba segura de que no era la única que no sabía qué hacer. No obstante, no se lo pondría nada fácil.
-Depende del día.
-¿Y hoy?
Rick dejó que su instinto actuase por él, con precaución claro y se inclinó un poco hacia adelante. Esperaba que Kate se apartase al instante, golpeándole de paso, pero no lo hizo. En lugar de eso le miró con suficiencia.
-Hoy me apetece dar guerra.-rozó sus labios muy cerca de la boca de Kate, creando entre los dos una burbuja de excitación y calor en medio de una mañana tan fría.
-Qué malo eres ligando, de verdad.-le estrujó la mejilla con cariño, cosa que después no creía que hubiese hecho. Lo dejó plantado allí con cara de confusión total mientras que ella se subía a su moto de nuevo y se ponía el casco.-¿Prefieres coger un taxi? Lo digo porque allí no vas a tener ningún problema para saber dónde tocar y dónde no.
Rick maldijo en voz baja la estúpida moto.
-Sabes, mejor me doy una vuelta por aquí y luego cojo un taxi. No vaya a ser que te pongas muy cachonda y nos estrelles a los dos.
Recibió un sonoro pitido como respuesta por parte de Kate, pero para entonces él ya había echado a andar con una sonrisa victoriosa refulgiendo en su boca.
En el próximo capítulo:
"-Acordamos que solo utilizaríamos la puerta en casos de emergencias, Rick.-gritó Kate desde arriba. Estaba apoyada en la barandilla que separaba las habitaciones del vacío y la que protegía a todo el que subía de una buena caída.
-Quería hacer creeps y se me ha olvidado la harina.-respondió el aludido en el mismo tono de voz.-Eso es una emergencia."
