Rose se miraba en el espejo sin llegar a verse a sí misma. Lily ya se había ido aquella mañana y se había quedado sola en aquel apartamento en el que aún no se sentía a gusto.
Con todo lo que había pasado en las Vegas aún no había iniciado la mudanza a su propio apartamento.
Después de intentar adecentar sus rizos salió del baño. Había quedado con su tía Audrey y debería estar abajo en el portal para aligerar las cosas. Rose nunca podría haberse alegrado tanto de que su tía fuera abogada matrimonialista, una de las mejores, si podía ser sincera.
En la mesa del salón estaba el desayuno a medio comer. Tenía un nudo en el estómago y ni siquiera había podido probar un sorbo del té que le había preparado Lily.
Tomó su bolso y casi como si el destino se burlara de ella, allí estaba una de las tantas revistas sensacionalistas que se habían hecho eco del enlace entre Scorpius y ella.
Rose sacudió la cabeza y fue hasta la puerta. Se puso sus tacones favoritos y se puso la chaqueta del traje. Aquella mañana hacía buen día, al menos había algo positivo. Salió al pasillo y tocó el botón del ascensor mientras cerraba la puerta de casa.
Rose estaba segura de lo que quería. El premio que habían ganado, incluso si tan solo recibía la mitad, podría permitirle vivir tranquilamente durante una buena temporada. Había hablado tanto del tema con su tía que estaba segura de que podía recitar la propuesta de memoria. Cuando salió fuera del edificio, pudo ver el coche gris metalizado de su tía.
Rose caminó a paso ligero hasta el coche. Al sentarse en el asiento del copiloto su tía la saludó con un beso en cada mejilla. Rose intentó ponerse el cinturón pero sus manos temblaban.
—No estés nerviosa, Rosie. Ya sabes que un abogado puede oler el miedo y a ti te quiero ver fuerte.
—Sí, lo sé tía. Pero estoy muy nerviosa. Mamá aún no me ha perdonado por haberme casado.
—Oh cariño, por eso no te preocupes. Todos cometemos tonterías alguna vez en la vida. Tú por ejemplo, decidiste casarte.
—Ya, pero eso mi madre no lo entiende. Sé que no está tan enfadada pero no ha estado a mi lado tanto como me gustaría.
—Bueno, si ves que tu madre vuelve a recriminarte por tu matrimonio con Scorpius Malfoy dile que recuerde lo que pasó en Escocia.
Audrey sonrió y Rose supo que no quería saber lo que había pasado en Escocia nunca. Se acomodó en el asiento del copiloto jugando con la tira de su bolso. Tenía que tomarse todo con filosofía, tenía a su tía a su lado, por lo que no tendría porque pasar nada malo.
Después de lo que parecía un viaje eterno hasta llegar al distrito financiero, el edificio donde se encontraba Malfoy Inc, apareció ante sus ojos como un gigante de cristal y metal de color oscuro. Rose suspiró, había llegado la hora de reencontrarse con su marido.
Rose podía escuchar como aquel reloj de pared marcaba cada uno de los segundos que pasaban. Los teléfonos no dejaban de sonar y de vez en cuando pasaban mensajeros con grandes sobres de los que desconocía el destinatario.
Su tía estaba hablando con una de las secretarias que se encontraban en el mostrador principal de Malfoy Inc. Ella no había estado nunca en la sala de juntas de la empresa puesto que siempre había ido Lucas quien había presentado las ideas que a ella se le habían ocurrido.
Rose respiró una vez más, expulsando todo el aire que sus pulmones habían podido acaparar. La sonrisa de su tía Audrey mientras esperaba a que aquella chica que parecía un maniquí volviera la consolaba bastante pero no sabía a qué podría atenerse en cuanto cruzase la puerta de aquella sala de juntas.
El hecho de no saber si se encontraría cara a cara con Scorpius Malfoy la tenía al borde de un ataque de nervios. Quizás, con un poco de suerte, Theo Nott estaría allí también.
El chico siempre se había mostrado distante, incluso cuando estaban juntos en la universidad, pero había algo en su carácter que resultaba realmente reconfortante. También podría ocurrir que dada la situación en la que se encontraban el chico tampoco podría involucrarse más puesto que le debía lealtad a Malfoy Inc.
Escuchó como su tía se acercaba de nuevo acompañada de aquella secretaría con cara de mal humor. La chica, que parecía ser de su misma edad, la miró con desdén.
—Rose, ya podemos pasar. Esta amable señorita nos llevará a la sala de juntas.
Rose no pudo evitar sonreír levemente al notar el ligero tono de burla que había empleado. Caminaron en silencio detrás de la envidiable figura de la chica que parecía moverse como una modelo por la pasarela.
Llegaron a una puerta minimalista de color negro. La chica tocó a la puerta entrando ella primero dejándolas a ella y a su tía fuera en el pasillo. Miró a su tía, que únicamente puso los ojos en blanco.
—Tú tranquila, todo saldrá bien.
—¿Estás segura?
—Confía en mí, separar el amor de los negocios es lo que mejor se me da. Incluso mejor que ser madre.
La chica volvió a salir y con la amabilidad que la caracterizaba, con un gesto de cabeza les indicó que ya podían pasar.
Rose pasó primero y por un momento creyó que se desmayaba. En el lado contrario de la mesa se encontraba Draco Malfoy sentado al lado de su abogado hablando con Scorpius. Parecía que se estaban peleando sin levantar la voz. Detrás de ellos, estaba Theo de pie apoyado contra la pared. El chico hizo una mueca que Rose no sabía si se trataba de una sonrisa o de molestia por lo incómodo de la situación.
Draco miró una última vez a Scorpius para girarse y darle una sonrisa de la que Rose no se fió mucho. Tragó en seco.
—Buenos días, me alegro de que hayan llegado sin problemas. Por favor, tomad asiento. Cuanto antes empecemos, antes acabaremos con esto.
Rose dejó que su tía se sentara primero. Estaba más nerviosa de lo que creía y sabía que si hablaba probablemente su voz saldría entrecortada.
—Buenos días, Señor Malfoy. Gracias por recibirnos, sé que a ninguno de los que estamos aquí nos gusta perder el tiempo, por lo que por parte de mi representada podemos aligerar el proceso.
Rose se quedó sorprendida al escuchar hablar a su tía con tanta frialdad pero intentó disimularlo. Su mirada pasó de su tía al señor Malfoy. Era bastante irónico que la segunda vez que volvía a encontrarse delante de una de las personas que más admiraba a nivel profesional fuera para tratar el divorcio de su hijo como resultado de un matrimonio producto del alcohol.
No pudo evitar notar que Scorpius únicamente la miraba a ella con bastante intensidad. Rose frunció el ceño. La situación ya era bastante incómoda como para sumarle ese intenso intercambio de miradas.
Escuchó como su tía volvía a hablar con el abogado de los Malfoy y Rose apartó su mirada. El ambiente parecía cada vez estar más relajado aunque Rose no quería bajar la guardia.
—Supongo que usted también ha recibido la información desde nuestro bufete de abogados. El principal problema en este divorcio es el hecho que ninguno de los dos implicados resida en Nevada. El señor Malfoy, a pesar de vivir allí, se encontraba de manera temporal por motivos de trabajo por lo que no se puede aplicar la ley.
—Sí, soy consciente de la situación. Me he puesto en contacto con la agencia donde se produjo el enlace y han decidido tomar unas medidas que me parecen bastante acertadas.
Rose miró a su tía con seguridad. Después de leer las condiciones impuestas por la agencia desde los Estados Unidos habían estado pensando que podían hacer y la idea de su tía, aunque desconociera qué resultado tendría, le parecía la más acertada. Ella quería ese dinero que había ganado al casino a pesar de la poca probabilidad de que aquello ocurriera.
—También nos ha llegado esa información a nosotros. El Señor Malfoy querría añadir una cláusula a esa propuesta de nulidad matrimonial.
—Mi clienta no quiere la nulidad matrimonial. Recuerde que existe una suma de dinero que actualmente se encuentra congelada. Dicha suma que se consideran gananciales debido a que no existe un acuerdo prematrimonial. A efectos prácticos, tengo esta propuesta que me gustaría que leyera.
Su tía deslizó una fina carpeta por encima de la mesa que el hombre atrapó con facilidad. El abogado comenzó a leer lo que fuera que estuviera dentro de aquel portafolios, compartiendo su opinión al oído de Draco Malfoy.
El tiempo pareció congelarse para Rose. Volvió a mirar a Scorpius, que estaba jugueteando con una pluma como si fuera lo más interesante del mundo. El abogado volvió a hablar.
—¿Su clienta únicamente quiere eso?
—Únicamente eso, nada más. Dada la situación, consideramos que es un buen trato. Respeta las mismas bases de la agencia por lo que no tendríamos problemas por parte de ellos.
—Mi cliente quiere estudiar más la idea pero nos pondremos en contacto enseguida con usted.
Rose vio como su tía entrecerraba los ojos sintiéndose victoriosa. Rose no quiso alegrarse aún, todavía quedaba que el que era su marido aceptase el trato.
Scorpius Malfoy se tiró en el sofá del despacho de su padre con toda la intención de que se rompiera en dos. No podía creerse lo que su padre le estaba diciendo. Ni tampoco entendía por qué el que consideraba su mejor amigo no le apoyaba. Scorpius golpeó uno de los cojines del sofá de cuero negro.
—¡No me puedo creer que me hagas aceptar ese contrato!
—Scorpius, no te comportes como un niño caprichoso. Es lo mejor que podemos hacer. Ya has escuchado al abogado, la chica Weasley tiene todo el derecho del mundo a reclamar ese dinero.
—Pues como todas las demás. No sé como no lo vi venir antes. ¿Cuánto dinero de mi herencia quiere llevarse?
—Nada. Únicamente quiere la mitad de lo que ganasteis en el casino, impuestos aplicados. Sorprendentemente, no quiere tu dinero así que no sé que la llevó a casarse contigo.
—El vodka, Señor Malfoy.
—¡Theo, si no vas a ayudarme, quédate callado!
—Me mantengo callado no porque tú me lo digas. Rose Weasley hasta donde recuerdo era una chica agradable con una sonrisa para todo el mundo. No creo que te mueras por vivir un año con ella.
Scorpius gruñó. No quería escuchar a nadie. No quería quedarse en Londres. Y menos aún compartir su apartamento con la extraña con la que se había casado. El pecho comenzó a picarle allí donde estaba el tatuaje que le servía de recordatorio todas las mañanas.
—Papá, ¿qué pretendes conseguir haciendo que siga casado con Rose? ¿Tanto rencor me tienes como para castigarme así?
Draco dio un golpe encima de la mesa, a pesar del violento gesto, Scorpius no se amedentró.
—Scorpius, estoy harto de esta actitud que tienes hacia mí. Sé que tenemos problemas, sé que no quieres estar aquí pero por favor, pon de tu parte. Solo es un año, antes de que te des cuenta, ya estarás fuera de aquí gastando el dinero que tanto me ha costado conseguir. ¡Todos ganamos algo!
—Señor Malfoy, creo que lo mejor será que Scorpius y yo nos vayamos antes de decir algo de lo que nos arrepentiremos más tarde. Quedará en mi mano preparar el apartamento para la llegada de Rose.
—Me parece perfecto, Theo. Muchas gracias. Si necesitas tomarte algún día libre, llámame y no hará falta que hagas más.
Theo asintió. Se acercó al sofá donde estaba tumbado Scorpius y con un tirón le levantó. Sabía que su amigo estaba enfadado. Theo tomó aire. Los próximos días serían realmente interesantes.
