III: Planes y Secretos
A Estados Unidos y al resto le tomó cerca de cinco horas recorrer toda la ciudad para comprobar que no había absolutamente nadie en ésta. Lo extraño era que las edificaciones y medios de transporte seguían intactos, como si nada hubiera pasado. Sólo los humanos y los animales parecían haberse esfumado de la faz del planeta, dando la sensación que la Tierra se los hubiera tragado o algo parecido… excepto por el detalle que no había ningún agujero en el suelo que así lo indicara. De modo que la situación quedaba en un hecho paranormal, el cual ninguno de ellos podía explicar.
No obstante, a pesar que los países convocados a la junta de ese día se habían ofrecido a registrar la ciudad con la esperanza de encontrar a alguien, o hallar alguna pista que señalara que se trataba de una broma adelantada del Día de los Inocentes, sus esfuerzos no dieron resultado y ya estaban cansados, no así Alfred, quien no se daba por vencido y seguía en su búsqueda desesperada por encontrar a alguno de sus habitantes a salvo. Los demás ya le observaban compadecidos, permaneciendo quietos en una esquina de las calles principales de Washington, donde se encontraban los monumentos de la capital estadounidense y sin saber qué hacer para calmar al representante de Norteamérica. Alfred ya no parecía el valiente héroe que figuraba al principio, sino una nación asustada ante la posible pérdida de una parte de su población.
Inglaterra, sin poder soportar más ver a su antigua colonia en esas condiciones, se acercó con cautela hacia él esperando no alterarlo más de lo que ya estaba.
—Oye… America… —pronunció dubitativo, anteponiendo una mano para tocar el hombro del rubio de lentes con fin de que se detuviera, pero no fue necesario, ya que éste paró su búsqueda deteniéndose a mirar fijamente a las otras naciones con un gesto de reproche y sorpresa.
—¿Qué pasa? ¡¿Por qué se detienen?! ¡Sigan buscando!
—Amérique, es inútil —se adelantó a responder Francis con tono compasivo, acercándosele de la misma forma que el británico—. Hemos buscado por todas partes y no hay rastro de nadie más que no sea de nosotros. Si no hemos logrado nada hasta ahora… no hay más que podamos hacer.
—No… —negó éste perturbado, agachando su cabeza y moviéndola hacia los lados—. ¡No! ¡No podemos darnos por vencidos! ¡Debe haber algún rastro o pista que nos indique a donde se fueron! ¡Si desistimos ahora…!
—Amerika-san, por favor… Le suplico que se calme —le interrumpió Kiku, preocupado, esperando que el mencionado se tranquilizara, pero en cambio sólo recibió una mirada fulminante por parte de éste y sulfurar aún más su estado de ánimo.
—¡¿Qué me calme?! Dude! ¡Todos los habitantes de mi capital andan desaparecidos y puede que mi jefe también! ¡Ha ocurrido un terremoto y no hay nadie que me diga qué pasó! ¡¿Cómo me pides que me calme?!
—¡Ya basta, America! —le levantó la voz Arthur, tomando al menor por ambos hombros y sacudiéndolo violentamente, logrando así que se callara—. ¡Entiende que es inútil! ¡Seguir dando vueltas en una ciudad desierta no nos llevará a ningún lado, compréndelo!
Alfred quedó paralizado mirando a su antiguo mentor, y entonces la desesperación a la que había estado sometido desapareció, dando lugar a un largo silencio que se acentuó de manera incómoda y culposa en el británico, quien no tardó en expresar su pesar.
—Siento hablarte así… —dijo en un tono y expresión más suaves—. Pero te necesitamos en tus cinco sentidos si queremos llegar a una solución acerca de esta situación tan descabellada.
—Está bien… Era lo que necesitaba —murmuró, levantando una mirada firme al mismo tiempo que se acomodaba sus lentes—. Llegó la hora de actuar.
Seguido de eso, el estadounidense se dirigió a paso rápido y seguro hacia la Casa Blanca, la cual no estaba muy lejos de allí, ante la mirada confusa y curiosa de los demás países que fueron tras él.
—E-espera, America… ¿A dónde crees que vas? ¿Y qué se supone que piensas hacer? —le preguntó el representante del Reino Unido un tanto inquieto mientras intentaba caminar a la par del susodicho.
—¿Qué no es obvio? —respondió él sin molestarse en voltear o cambiar su expresión—. Voy a tomar medidas de emergencia con las cuales poner fin a esta amenaza siniestra que ha osado atentar en mi contra.
—¿Acaso vas a emplear tu brillante plan del que nos hablaste en medio de la reunión? —preguntó Rusia con su habitual sonrisa, pero empleando un tono malicioso de voz.
—¡Aiyah! ¡Este no es momento para que los dos empiecen con sus provocaciones, aru! —le recriminó el chino, frunciendo su ceño.
—Deja que se burle —comentó el estadounidense de lo más tranquilo—. Ya veremos quién ríe al último cuando sea el hero quien salve al mundo.
Apenas concluyó su sentencia, Alfred se detuvo frente a la Casa Blanca mostrando una sonrisa confiada al voltear hacia los demás, quienes a su vez también habían detenido su marcha y observaban con intriga al rubio de lentes y al lugar a donde los había guiado.
—¿Por qué nos trajiste a casa de tu jefe, America? —preguntó Veneciano con un gesto de duda en su expresión.
—Aquí tengo mi base de operaciones ultra-secreta para combatir todo mal que me amenace a mí o al planeta. Lo que básicamente es lo mismo. Desarrollando concienzudamente planes contra invasiones alienígenas hasta guerras nucleares, todo por la seguridad del mundo —explicó entusiasmado y con sus ojos brillantes por la emoción mientras el resto sólo figuraban expresiones incómodas. Luego, hizo una pausa para señalarlos con su dedo y soltar lleno de determinación—: ¡Y ustedes me ayudarán en esta heroica misión!
—¡¿Ehhh?!
La cara de las demás naciones no cabían en su asombro, pero cuando terminaron de asimilar las palabras de su anfitrión, sus reacciones no se hicieron de esperar.
—¡¿Pero qué tonterías estás diciendo, America-idiota?! —le recriminó el inglés, exasperado.
—O-oye, America… ¿sabes que Rusia sólo estaba tomándote el pelo hace un momento, verdad, aru? —le preguntó Yao con una sonrisa nerviosa, tratando así de quitar alguna idea loca de la cabeza del americano.
—Amerika-san, es admirable su entusiasmo… pero no debería precipitarse cuando nisiquiera sabemos a qué nos enfrentamos —opinó Kiku, contradiciendo a éste como pocas veces en la vida.
—No me digan que mis asistentes tienen miedo —expresó, un tanto arrogante—. Descuiden, yo: el hero me haré cargo de todo. Si en el remoto caso llegara a necesitar de su ayuda ustedes estarán ahí como simple apoyo.
Alfred concluyó con su característica risa en tanto los demás países volvían a poner caras de fastidio.
—Parece que el shock si te volvió loco después de todo —comentó divertido Ivan.
—De cualquier modo lo mejor será resguardarnos —sugirió Ludwig, tornándose serio—. Casi anochece y no sería prudente que estuviéramos rondando en estas calles desiertas, sobretodo si existe la posibilidad que un nuevo sismo vuelva a ocurrir.
—¡Oh, no, no quiero! —gritó asustado el italiano, aferrándose nuevamente al brazo de su compañero alemán.
—Tranquilícese, Italia-san, sólo es una posibilidad remota, pero si vendrán algunas replicas de magnitud menor de las que no hay que preocuparse —le consoló el japonés, tocando uno de sus hombros.
—Ustedes tranquilos, que conmigo al mando no hay nada que temer —volvió a tomar la palabra Estados Unidos, manteniendo su tono seguro y su sonrisa confianzuda—. Así que todos adentro. Una vez estemos en el interior de mi base les daré las indicaciones pertinentes de cómo proceder.
Soltando un suspiro de resignación, los siete países restantes acompañaron al estadounidense al interior de la Casa Blanca sin más opción.
—¿Crees que nuestro hermano pequeño esté bien? —le preguntó Francia en voz baja al británico mientras se preparaban para entrar al recinto.
—Al menos vuelve a ser él mismo —musitó éste con cierto alivio—. Aunque no sé si esto sea para bien o para mal.
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Cuando las ocho naciones ingresaron a la Casa Blanca, todo estaba a oscuras, pero enseguida Alfred activó las luces de reserva que tenía ésta en casos de emergencia. Una vez iluminado, pudieron apreciar bien el entorno.
El interior de la Casa Blanca era una vista digna de admirar. Todo perfectamente pulido y decorado. Los largos pasillos ostentaban cuadros y estatuas de los presidentes norteamericanos y otras figuras emblemáticas. De no ser porque el recinto estaba vacío y sumado a que era de noche, habría resultado una visita agradable, pero en vista de lo acontecido el ambiente provocaba algo de temor.
—Oye, America, ¿cuánto tiempo más pretendes que esperemos para que nos digas lo que piensas hacer? —preguntó de repente el representante del reino Unido, esbozando una mueca de fastidio.
—¡Hey, calma! Les dije que esperaran hasta que estuviéramos en mi base, así que a callar —respondió el estadounidense un tanto molesto de que no le hubieran puesto atención antes de entrar a casa de su jefe.
El británico suspiró y bajó un poco la cabeza, dándose por vencido sobre seguir insistiéndole a su ex protegido con el tema, sólo que lo cabreaba un poco que éste siguiera con su juego ridículo de bases secretas y planes sobre invasiones extraterrestres, como si fuera algún súper agente o un superhéroe sacado de historieta. Sabía lo mucho que a él le gustaba ese tipo de cosas, pero no era el momento para andarse con esos juegos cuando acaba de pasar algo tan anormal y misterioso.
Por supuesto que para America no se trataba de ningún juego, y al llegar a la oficina de su jefe se dirigió inmediatamente hacia el cuadro donde se ostentaba la imagen de éste, ubicado en el centro de una pared.
—Bien, escuchen… —inició Alfred muy serio, mirando a los demás—. Por lo general no los traería aquí, pero en vista que nos enfrentamos a una amenaza desconocida y que después de la invasión noppera demostramos trabajar mejor en equipo, he decidido obviar la presencia de Rusia y Alemania, que pese a ser villanos ahora nos enfrentamos a un enemigo misterioso. Sí… a veces los enemigos deben trabajar juntos para el bien común —dijo esto último con aire solemne.
—Vaya… Danke —refunfuñó sarcástico el alemán, evidentemente fastidiado por su comentario.
—Dependiendo de cuales sean las intenciones de ese misterioso bando enemigo para contigo puede que me la piense si me uno a ellos, kolkolkolkol —agregó el ruso con una aura amenazante.
—¡Ya basta, America! —estalló Arthur, sin poder soportar más todo el rodeo con el que se iba el representante americano—. ¡¿Por qué no nos dices de una vez por todas tus planes, o nos llevas a tu dichosa "base secreta" en lugar de hacernos perder más tiempo?!
Al instante, y para sorpresa de todos, el rubio de lentes se limitó a figurar una sonrisa pretenciosa mientras activaba un dispositivo oculto detrás del cuadro de su jefe y se abría un compartimiento secreto bajo una plataforma de acero, escondido en el piso de la sala.
Los demás, atónitos ante este hecho, se quedaron observando desde el marco de la puerta hasta que el compartimiento se terminó de abrir por completo, dejando ver un ascensor subterráneo, en el cual se podía descender por una pequeña escalera situada a un lado de éste mismo.
—What? ¿Piensan quedarse ahí parados? Creí que tenían prisa —expresó con una sonrisa de victoria—. Andando, que no han visto nada aún.
Al tiempo que Alfred ingresaba dentro del ascensor subterráneo, las otras naciones tardaron en reaccionar, pues seguían con sus rostros llenos de pasmo hasta que poco a poco recuperaron la entereza para dirigirse a aquel compartimiento secreto y entrar uno a uno en él.
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Pasaron varios minutos mientras el ascensor seguía descendiendo. El resto de aliados, salvo Alfred, y los países del eje empezaron a preguntarse a donde los llevaría esa cosa y cuanto más tardarían en llegar. China empezaba a creer que el dichoso aparato lo llevaría hasta su casa en caso de seguir descendiendo. Los demás sólo querían salir pronto y empezaron a mostrar su impaciencia, sumado a que todavía se encontraban bastante consternados por la revelación de dicha base secreta, pero fue cuestión de esperar unos segundos más para que el compartimiento se detuviera y abriera sus puertas, dejando ver un panorama que dejó boquiabiertos a la mayoría.
El lugar al que los había llevado America estaba rodeado de monitores y computadoras de alta tecnología, distribuidos en unos puestos de comando que se encontraban en el centro de la amplia sala. La pantalla principal era gigante y ocupaba casi toda una pared, estando ubicada frente al ascensor de donde habían salido las naciones, quienes seguian asombrados viendo aquel sitio, cuyas instalaciones se les hacían parecidas a una especie de cuarteles SHIELD(*) mezclada con la Bat-cueva(**)
—¿Qué tal? ¿Les gusta? ¿Verdad que es sensacional? —preguntaba entusiasmado el estadounidense, sonriendo y agitando las manos como si fuera un niño pequeño que acababa de mostrarles a sus amigos un mundo mágico.
—Sacré Bleu! ¡Así que era cierto!
—¡Claro que era cierto! ¿Acaso pensaron que estaba bromeando? —espetó éste, un tanto molesto—. Y eso que todavía no han visto la sala de máquinas, o donde guardo mi arsenal de armas súper avanzadas y mi laboratorio ¡Todo se encuentra aquí! La base se compone de esos cuatro sectores, más este que es la sala principal donde superviso las capitales de todo el mundo... bueno, casi todas —finalizó un poco desalentado al venírsele cierto país conflictivo a su mente.
—O-oye, America... ¿D-desde cuándo tienes un lugar así aquí? —preguntó Arthur, aún sin poder salir de su sorpresa.
—Oh, desde hace un tiempo —respondió despreocupado y encogiéndose de hombros para volver a tomar un aire entusiasta—. Cuba tuvo la suerte de ver un prototipo ubicado en otro de mis estados, pero después de lo que pasó hace un año... Ya saben, el tema prohibido ese —explicó arrugando un poco su expresión y simulando un entre comillas con los dedos—, decidí completar el proyecto y tener mi base de operaciones en mi capital para así enfrentar cualquier irregularidad que vea en otros lados —finalizó echándose a reír con su risa característica y victoriosa.
—Aiyah, pues yo me siento un poco invadido con eso de que "supervisas" nuestras capitales —opinó Yao con el cejo fruncido mientras se cruzaba de brazos.
—Oh, vamos... No pongan esas caras —sonrió un poco intranquilo al ver que los demás le dirigían la misma mirada de reproche—. Sólo es un puesto de vigilancia inofensivo. No tengo acceso a sus bases militares. "Todavía". O a sus redes privadas de comunicación. "Excepto por el microchip escondido en sus teléfonos móviles que usé para rastrearlos hace un año". O ver qué traman con sus jefes para tomar alguna represalia "A menos que sospeche que conspiren contra mí". Venga, les mostraré.
Sin perder más tiempo, el rubio de lentes se aproximó al centro de computadoras y activó el sistema, que de inmediato hizo encender todos los monitores y computadoras que estaban a su alrededor, incluida la pantalla gigante, la cual mostraba el mapa del mundo. Entonces, al presionar un interrumptor en una de las computadoras, la imagen se dividió en ocho partes mostrando las distintas capitales de los países presentes, quienes reaccionaron sobresaltados al notar que éstas también estaban vacías.
America por su parte, aún no se daba cuenta de ello, ya que estaba de espaldas frente a la pantalla.
—¿Lo ven? No es más de lo que vimos cuando tuvimos el problema de los noppera. Nada de qué preocupars...
Nada más el representante de Norteamérica tuvo que voltear para percatarse de lo que había dejado transtornados a sus invitados. Entonces, preso por la desesperación, se sentó en el centro de computadoras para monitoraer sus demás ciudades.
—¿Q-qué demonios...? ¿Por qué Londres está vacía? —preguntó impactado el británico luego de recuperar el habla.
—¡París también! —exclamó horrorizado Francis llevándose las manos a su cara—. ¡No puede ser que en mi ciudad de luces y romance no haya nadie!
—Entonces no sólo era aquí —meditó Ludwig con una expresión tensa y un tono grave—. Me temo que el malestar que sentimos fue debido a la desaparición de nuestros habitantes.
—P-pero, ¿cómo pudo ser? —preguntó consternado Kiku, volteando interrogativo hacia él—. ¿A dónde púdieron haber ido todos?
—¡Esa es una buena pregunta, aru! ¡No pudieron haber desaparecido así sin más, tiene que haber una explicación! —agregó el chino, evidentemente alterado de la situación.
—O-oigan ¿Y-y esto sólo será a nosotros, o mi fratello y a otras naciones les habrá pasado lo mismo? —preguntó temeroso Feliciano por aquella posibilidad, a lo que no tardó en reaccionar preocupado el resto.
—¡Aiyah! ¡Es cierto, aru! —dijo el milenario representante de Asia, dirigiéndose de inmediato donde Alfred—. Oye, America, enfoca la ciudad de mis hermanos y... ¡Y de Corea, aru! —casi gritó sin poder contener más su preocupación hacia su familia, en especial hacia el surcoreano, al que por una extraña razón no dejaba de añorar ese día—. ¡Necesito saber si se encuentran bien!
—¡Hey, no te adelantes, China! —le dijo Arthur, haciéndolo a un lado un poco brusco para poder estar bien ubicado detrás del estadounidense—. Yo también tengo hermanos y me urge saber si están bien.
—¡Aguarden! No olviden que yo, hermano Francia también tengo que velar por los que alguna vez fueron mis protegidos —se acercó a recriminarles el francés, que a su vez trababa de quitar en medio a su rival inglés.
No tardó en producirse una discusión más o menos violenta en que China, Francia e Inglaterra trataban de apartarse entre sí, alegando que querían saber de los suyos. Pronto se les unieron Alemania e Italia causando aún más alboroto, ya que también querían saber de sus hermanos, dejando de esa forma solos al país del sol naciente y Rusia que habían preferido mantenerse alejados de aquel conflicto sin sentido.
—Se-señores, por favor, mantengan la cal... —Japón se detuvo, soltando un suspiro lleno de resignación, puesto que pedirles a los demás se calmaran sería tan inútil como pedirle a Italia que dejara de comer pasta. De modo que sólo desvió su atención hacia el ruso, que se encontraba a su lado y parecía de lo más relajado con su sonrisa, mirando al resto—. Rusia-san ¿Y usted no piensa ir allá para saber de sus hermanas?
—Nyet. No por el momento. Es más divertido ver sus caras de desesperación —respondió siniestro mientras un aura oscura le rodeaba.
Por su lado, Alfred no pudo soportar más el escándalo montado a sus espaldas, así que se puso de pie y giró con una mirada fulminante hacia Inglaterra y compañía, logrando que se callaran y le observaran, pasmados.
—Holy shit! ¡¿Podrían quitarse todos de encima y parar de una vez todo este alboroto?! —gritó exasperado—. ¡Acabo de comprobar que mis cincuenta estados están vacíos! ¡Vacíos! Damn it! ¡No queda nadie en mi casa y no hay rastro de ninguna señal que indique lo que pasó!
Justo en ese momento, empezó a brillar una luz roja en todas las computadoras causando una nueva conmoción en el representante americano, que giró a mirar sorprendido hacia éstas, mientras que los demás permanecían confusos ante este hecho.
—Ve ¿Qué es eso?
—¡Una señal! ¡Estoy recibiendo una señal! —celebró el americano, formándose una nueva sonrisa llena de optimismo. Quizás las esperanzas no estaban del todo perdidas.
(*) Cuarteles SHIELD, sede central del equipo de Los Vengadores, comandado por Nick Fury.
(**) Bat-cueva, guarida secreta de Batman, la cual contiene todo su armamento.
Notas Finales: Sí, ya sé que me deben querer golpear, porque dije que aparecería México y posiblemente NorCorea, pero me di cuenta que el capítulo quedaba demasiado largo, y yo la perezosa lo volví a cortar xP ¡No me maten! Pero creo que era importante abarcar más la situación de los chicos (America y cia) Sin contar que gracias a la "Alfred-cueva" se resolverán algunas dudas de los misteriosos visitantes que podrían tener algo que ver con lo que está pasando xD Definitivamente tendremos a México y a otros países en el siguiente capítulo, además así me da oportunidad de profundizarlos más ;) Oh, y puede que cierto norcoreano se aparezca también xD
chica del cosmo: Para mí también es un placer recibir tus comentarios, linda n.n Ya verás que Italia tendrá razones para tener ataques de histeria(?) porque la cosa se pondrá fea. Jjejej, algunas de las respuestas a tus preguntas vendrán en el siguiente capítulo ;) Besitos.
Billones de gracias a todas por sus comentarios y favoritos. Y ya saben: amenazas, versos de amor, declaraciones de guerra y demás a un review de distancia xD
