Capítulo 4. Presentación en Sociedad.

Sus tacones no dejaban de resonar sobre el suelo con fuerza, andaba de un lugar a otro, dando vueltas por toda su alcoba. Sayori a su lado, la observó preocupada.

-Tranquila Yuuki, todo va a salir bien, no es como si fueras a provocar un escándalo cuando pises la pista de baile- Contestó la joven con tranquilidad.

-¿Pero es que acaso no oíste a mis tíos? Su Alteza Real y el príncipe Kuran van a estar en mi debut en sociedad, ¡junto con toda la corte! ¿Tienes idea de lo que eso significa?- Soltó exasperada, mientras su corazón se encogía más en su pecho y unas mariposas empezaban a revolotear nerviosas en su estomago.

Sayori se acercó a ella, la sujetó de los hombros y la zarandeó con suavidad.

-Yuuki, tienes todos los conocimientos necesarios sobre la familia real, te he enseñado todas las normas de etiqueta y protocolo, conoces las técnicas de baile y sabes emplearlas a la práctica y eres toda una artista tocando el violín. Estas preparada para salir allí y demostrarle a esa panda de pretenciosos con vestidos y trajes caros que una mujer de campo puede ser el ejemplo de la dama londinense perfecta. ¡Así que deja de preocuparte!- Le gritó, cansada de las constantes quejas de la menor.

Yuuki la miró sorprendida, Sayori Wakaba nunca, NUNCA, perdía los nervios con nadie, quizás ella fuera un caso especial. La señorita Cross asintió y le sonrió a su institutriz, la cual oficialmente se acababa de convertir en su dama de compañía.

-Está bien Yori- Se sonrojó.- Solo espero que mi familia se sienta orgullosa, no quisiera pifiarla delante de Su Alteza.

Sayori la abrazó y le sonrió con sinceridad.

-De Su Alteza no tienes que preocuparte, he oído que últimamente prefiere los juegos y las mujeres a presentarse en sitios como estos.

-Vaya señorita Wakaba, no esperaba eso de usted- Una tercera voz proveniente de la puerta de la habitación de la joven se escuchó en la lejanía.

-¡Zero!

Yuuki giró emocionada, topándose con la imagen de una esbelta figura masculina de cabellos blancos y ojos purpura en un traje azul.

Corrió hacia él como una niña pequeña y le abrazó depositando un beso en su mejilla.

-¿Azul marino?- Preguntó encarando una ceja.

-María me pidió que me vistiera así, para ir a juego con el vestido que ella llevará.

Yuuki sonrió y relajó los hombros, un vago recuerdo de una sonrisa inocente y unos cabellos tan blancos como la nieve le llegó a su mente. María Kurenai, la prometida de su primo. Una muchacha de su misma edad, con un cuerpo menudo y atractivo y un rostro que irradiaba inocencia. Si, Zero se la había presentado una vez que la trajo a la mansión de los Kiryu a cenar.

Sin duda alguna, podía leerse a leguas que aquella fémina estaba perdidamente enamorada del heredero de los Kiryu. María tenía un año más que ella, y cuando la conoció le pareció una mujer demasiado reservada, ella sabía que amaba a Zero, y que su primo –el cual se había convertido en un hermano para ella- la adoraba. Sin embargo la señorita Kurenai no le transmitía ningún sentimiento de calidez como lo hacían Sayori o Zero e Ichiru. Sonrió enternecida. Los gemelos se habían empeñado en hacerla sentir como en casa des de que llegó, aun que le costó bastante acercarse al mayor, Zero también podía ser muy reservado. Torció el gesto, ahora que lo pensaba, Zero y María eran tal para cual.

-Yuuki- La voz de su primo la trajo en sí de nuevo.

-Perdona, ¿decías?- Preguntó con una hermosa sonrisa.

-Ya es la hora- Y la sonrisa se disolvió y su cuerpo se quedó rígido a la vez que empalidecía.

Zero rió y le ofreció el brazo a su prima. Yuuki, hecha un manojo de nervios se agarró a su brazo y empezó a andar, con Sayori a su izquierda mientras caminaban hacia el salón de baile, donde toda la nobleza les esperaba junto con la corte el rey y el príncipe. ¿Aun se puede dar marcha atrás?

Aspiró con fuerza delante de la puerta. Que sea lo que Dios quiera. Y entró.

OOO

Los ojos del príncipe captaron la figura más hermosa que hubiese visto en toda su vida.

Delante de la puerta principal se hallaba su viejo amigo y compañero Zero Kiryu, el cual agarraba a una joven de belleza singular.

Las orbes borgoña repasaron la figura femenina, la cual parecía sacada de un cuadro de lo hermosa que se veía. Unos ojos castaños como las hojas de otoño, una piel pálida y suave y unos cabellos marrones perfectamente recogidos en un peinado simple pero bello, por no decir de aquellos labios cincelados y pintados de un tono rojizo que provocaban ser besados. La inocencia, palpable en aquella joven, además de la belleza, remarcaba todos y cada uno de los perfectos rasgos de una dama.

Se sentía como en uno de sus libros, en un jardín lleno de flores silvestres, de diversas formas y colores, donde solo habitaba una flor distinguida esperando a ser cortada, y aquella muchacha era la flor más pura de aquel lugar.

Como dictaba la etiqueta, los primeros en conocer a la joven dama debían ser los del título nobiliario más alto, y como no él y su tío debían ser los primeros en recibir a la joven lady.

Desvió su mirada para encontrarse a su tío mirando a la fémina muy descaradamente, reconoció aquella mirada hambrienta, el más fiero y descontrolado deseo. Torció el gesto muy disimuladamente. ¡Solo le faltaba eso! que su lujurioso tío quisiera poseer a una lady, la cual por cierto, era la sobrina de uno de sus candidatos a primer ministro y uno de sus más fieles aliados.

Miró a Zero, el cual tenía una posición estoica y no cambiaba su apariencia seria delante de Su Alteza. Había que decirlo, el hombre tenía huevos, no por eso era de sus personas de confianza fuera del circulo que inmiscuía a su tío. Sin embargo nada servía para parar al rey, y eso Kaname lo tenía muy claro.

El príncipe y el heredero de los Kiryu intercambiaron miradas, era un aviso, una señal que indicaba peligro, los ojos de Kaname le advirtieron de las intenciones de su tío, y Zero horrorizado –aun sin demostrarlo- asintió en respuesta.

Zero se tensó, y Yuuki pudo percibirlo. El gemelo mayor miró al rey, para después volver a mirar a Kaname. No, aquello no podía estar pasando, su prima no, cualquiera menos ella…

Yuuki percibía la incomodidad de su primo a cada paso que daban Su Alteza Real y su Majestad, algo le inquietaba, y a juzgar por cómo miraba al rey, tenía algo que ver con él.

-Lord Kiryu- Apuntó Rido, saludando a Dallas.

-Su Alteza- Asintió. –Es un honor tenerle aquí, me alegra que haya podido aplazar sus quehaceres para venir al debut en sociedad de mi querida sobrina.

Rido sonrió, una sonrisa torcida y arrogante que compartió con Lord Kiryu.

-No tiene porque preocuparse, nunca me perdería una fiesta en la cual el anfitrión es uno de mis ministros, mucho menos de una joven tan hermosa.

Y fue allí cuando Zero temió lo peor.

Su padre era capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el título de primer ministro, y cuando decía cualquier cosa, significaba cualquier cosa, y como se creyera capaz de prostituir a su dulce y benévola prima con Su Alteza Real, ya podría darse por muerto, porque se encargaría personalmente de llevar a ese hombre a la tumba si era necesario, con tal de proteger la pureza de su cariñosa Yuuki.

Miró a Kaname con temor, suplicando silenciosamente que parase aquello que él no podía por su titulo e inmadurez, o que al menos lo aplazara hasta que tuviera un plan para evitar la locura que estaba pasando por la mente de su padre y de Su Alteza.

Kaname reaccionó ante la suplica de su amigo. Se acercó con cautela y le sonrió a la lady, presentándose oficialmente.

-Es un placer conocerla al fin lady Yuuki, sentía curiosidad por saber si la belleza de la familia era hereditaria, y ahora me siento complacido de ver que así es.

Doble jugada. Acababa de ganarse una sonrisa por parte de lady Kiryu y un hermoso rubor por parte de aquella joven tan hermosa, que sin querer aceptarlo, había logrado que su corazón palpitara más rápido de lo usual.

Tomó la delicada muñeca de Yuuki y se la acercó a los labios, pero cuál fue su sorpresa al sentir la suave y delicada piel bajo estos, lo que originó una sensación de comodidad a su corazón. Se apartó de ella con delicadeza, mirando fijamente aquellas dos lagunas castañas, siendo hipnotizado por la belleza de aquella joven y la calidez que desprendieron sus ojos durante una decima de segundo en la que ambos encontraron miradas.

Yuuki enrojeció por segunda vez, tenía la visión más hermosa que sus ojos hubiesen podido ver jamás, allí, delante de ella, y aquel hombre tan apuesto solo tenía la mirada puesta en ella. Oleadas de recelo y envidia se captaban a través de las miradas de las jóvenes que se encontraban por toda la sala. Sin embargo a ella no le importó, la música empezó a sonar tras haberse presentado cordialmente al príncipe y agradecerle el halago, y sin ella darse cuenta ya había comenzado a bailar con su tío en frente de toda la corte. Tan ensimismada en sus pensamientos que no captó la mirada hambrienta de Su Alteza, solo podía pensar en un color que no paraba de ir y venir a su mente. Borgoña, como los ojos del príncipe.