Espero que disfruten de éste episodio tanto como yo al escribirlo, sin duda fue uno de los más tiernos que escribí pero no les voy a contar de qué trata, sólo les diré que lo lean y suban esos ánimos, cualquiera... que esté pasando por un mal episodio, cualquiera que tenga un mal día, sepan que siempre hay alguien para ustedes. Y si no tienen nadie, ni perro que les ladre ;) fuCk todos los que no los aprecian, tienen una amiga conmigo.
¡Sonrían! Yo los apoyo.
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Nota IMPORTANTE: NO al PLAGIO por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
La Práctica hace al Maestro
El dilema de Shino
Por Clarisce
Capítulo 4: " ¡Sonríe, yo te apoyo! "
- Va a llover –dijo Naruto mientras cerraba por completo su chaqueta.
Se perdió entre sus pensamientos, su quebradiza voz indicaba lo decepcionado que estaba de la vida, la tensión de sus manos apretando las monedas que le dieron de cambio en Ichiraku Ramen demostraba su preocupación.
Ese día… ese día en que los vio juntos, a Sai y Sakura, volvió aquél deseo incontenible y paciente, al mismo tiempo, que sentía por la kunoichi de pelo rosa, más que todo su rabia por no ser capaz de ser amado por ella.
- "¿Qué tiene él… que no tenga yo?" –pensó mientras fruncía el ceño y caminaba cabizbajo entre tanta gente en la calle.
Es inocente, es amable con los demás, simpático, de buen físico, fuerte, con una capacidad de amar inmensa y con un valor que nadie más tendría, era un chico maravilloso, pero Sakura… era una joven virtuosa y simpática a la que rara vez le llamó la atención alguien que no fuera "Sasuke" y ahora que tenía un nuevo compañero era su rival, ya no ninja sino amoroso.
- ¡Naruto-kun! –dijo con fuerza Hinata al verlo doblar la esquina.
De inmediato el rubio levantó la mirada y dejó el ceño fruncido para dirigirse a Hinata, la muchacha a la que pensó que en algún momento le había hecho daño.
- ¿Cómo te va? –dijo Naruto acercándose más a ella, la misma dio un paso atrás como reflejo natural de su timidez.
- B-bien, pasaba por aquí para comprar unas cosas –dijo bajando la mirada.
- "Hinata…" –pensó enternecido ofreciéndole una sonrisa- ¿Te acompaño? –preguntó Naruto.
- Eh… es que… -tartamudeó la Hyuga.
- ¡Vamos! Ya de paso te invito a tomar un té caliente –agregó Naruto obligándola casi a caminar junto a él.
- Gracias –contestó la joven.
Había pasado tiempo desde la última vez que la vio, parecía estar más atractiva, quizá lo sonrosadas de sus mejillas y esos enormes ojos de color perla creaban un conjunto angelical en ella, quizá era eso.
- ¿Qué pasó con Shino y Kiba? –preguntó Naruto.
- Mmh hoy entrenaremos, nos encontraremos más tarde, además quiero comprar algo para el dolor de cabeza que Kiba tendrá… -decía la Hyuga tranquilamente- "…eso es seguro" –pensó.
- Vaya –se quedó pensativo- yo quería disculparme contigo por la manera en que te traté, me puse nervioso –emitió una sonrisa.
- Uhm –dijo como en tono de afirmación Hinata- "Lo único que le molestó fue imaginar que… nosotros… ahhh… que tonta soy" –volvió a pensar tristemente.
- El pensar que… yo pude hacerte daño, revolvió todo en mí –dijo Naruto deteniéndose y Hinata con él mientras lo veía- … eres la chica más especial que conozco, no podría perdonarme si te hiciera daño –agregó con ternura mientras el rostro de la Hyuga se sonrojaba aún más.
- "Le… le… intereso" –pensó la Hyuga sin dejar de observar al ninja.
- ¡Ah! ¿Dije algo malo? –agregó Naruto preocupado.
No, no… todo esta bien –continuó con su paso lento mientras bajaba la mirada- "él… no merece que yo le haga algo así, si me hubiera contenido en ese momento, si tan sólo hubiera sido menos egoísta; es que… quería sentir lo que es ser amada por una vez en mi vida y yo me rendí entre sus manos a pesar de que LO SABIA, sabía que él no era consciente de lo que hacía y yo… ahora… no puedo, no puedo dejar que cargue con esta responsabilidad" –filosofaba consigo misma, tratando de dejar de lado sus sentimientos y anteponer la seguridad de quien amaba por encima de todo.
¿Era justo hacerle pagar por algo de lo que no era consciente? Hinata, de algún modo, sentía haber sido quien propició esta desgracia, estar embarazada y tener que atarlo a ella por esos medios… ¡era repugnante! No, no era como quería las cosas. Tener a un hombre a tu lado por deber debía ser el peor sentimiento para una mujer que amaba en verdad. Conocía muy bien la naturaleza de Naruto, se haría cargo, se enfrentaría a su familia, se casarían… pero ésa no era su visión de felicidad en el futuro. Él estaría con ella sin amarla y aún cuando la quisiera un poco, no era lo suficiente para casarse.
Una pareja estable debía comenzar bien, al principio dos personas se gustan y son como una pequeña semilla, los detalles, el tiempo y las caricias serán las que alimentaban ese amor y lo hacían crecer, establecerse y madurar.
- ¿Hinata? –preguntó Naruto tratando de posar su mano sobre su hombro.
- Eh, lo siento Naruto-kun –dijo y se volteó a él para despedirse con una sonrisa- debo encontrar a Kiba-kun y Shino-kun, no tengo mucho tiempo. Adiós –le dijo y se fue corriendo.
- Ah… parece que no es mi día –dijo el rubio volviendo a su rumbo para ir directo a su hogar, sin Hinata era inútil tomar té solo.
El proceso largo… desde que una es pequeña y al llegar a ser una mujer se presentan tantos problemas, tantas decisiones que nos hacen ser nosotras mismas, ser mujer es un problema diario, emociones… aquellas cosquillas que vienen desde el estomago, el temblor que nos produce el estar con alguien a quién queremos, el sabor de los besos que uno a uno se guardan en la memoria y palabras que pueden hundirnos o levantarnos como pilares familiares.
- Es real… -agregó Kurenai fijando su mirada al cielo desde su ventana.
Aún creía escuchar su voz en el viento, por las noches en sus sueños y cuando se acostaba a pensar… sentía que era él quien acariciaba su cintura, pero no. Ella lo cree… es real, su recuerdo es tan real como el aire.
Su pequeño hijo llamó su atención llorando un poco, ella se apartó de la ventana para ir a consolarlo… ironía de la vida, tenía que consolar a alguien que llenaba su vida y que en realidad era él quien la consolaba en esta vida tan ingrata.
- Ya… ya… -susurró Kurenai.
Lo abrazó y lo puso con cuidado sobre su hombro mientras le daba palmaditas en su espalda. El bebé eructó y ella sonrió divertida.
- Parece que alguien la esta pasando muy bien –dijo cerrando sus ojos disfrutando de su pequeño entre sus brazos.
Era fuerte, lo suficiente para hacerse a la idea de que no estaba sola, aceptar que sus pecados fueron no hacer mucho más y culparse exageradamente por no adivinar los designios del futuro.
- Asuma… -pensó en vos alta mientras algo la interrumpía en su pensamiento.
Alguien golpeaba la puerta, dejó a su pequeño acostado en su cuna, se sacudió un poco la ropa y salió al encuentro de quien la buscara.
- ¿Quién? –preguntó Kurenai, escuchó de inmediato un llanto conocido, era más bien un gimoteo que no aguantaba más para echarse a llorar, no lo pensó más y abrió la puerta- Hinata…
- Sensei… ¿puedo hablar con usted? –preguntó la joven sin moverse del marco de la puerta.
- ¡Claro! Pasa –dijo Kurenai rodeando a Hinata con su brazo- ¿qué te sucede? ¿estas bien?
- Es… que…
Era joven, sensible y hasta podría considerarla la persona más correcta que ha conocido, le admiraba sus habilidades de raciocinio en batalla y en la vida, pero ahora Hinata mostraba su rostro lleno de lágrimas e inseguridad.
- ¿Cómo pasó eso? –preguntó Kurenai llena de asombro.
- Yo…
- Debes decirme, ¿por qué no hablaste conmigo antes?
- Tenía miedo, estoy segura de que cuando se enteren todos van a… -aseguraba la Hyuga tensamente.
- No esta permitido que nazcan hijos fuera del matrimonio, creo saber lo que pasará. Pero… -tomó las manos de Hinata- debes elegir, solamente tú.
- Quiero abortar… -dijo Hinata en medio de su llanto.
Kurenai abrió los ojos conmocionada, se alejó de ella y la abofeteó con tal fuerza que dejó marcada su mejilla. ¿Cómo podía ser que dijera eso? Temía que tanto entrenamiento le hubiera afectado, tomar decisiones cortantes que aunque duelan no prolongarían los problemas, pero ahora… era casi irreal escuchar palabras así de una niña.
- ¿Cómo te atreves a decir eso? –Kurenai frunció el ceño mientras la mente se le revolvía todo.
- ¡Kurenai-sensei, yo no puedo tener un hijo, de todos modos mi padre va a acabar con mi embarazo cuando se entere! Usted sabe lo que me harán, usted… no puede hacer algo más que… ayudarme a deshacerme de esto.
- ¡"ESTO"! –levantó la voz furiosa- NO ES UNA CUESTIÓN DE "ALGO", NO ES UN OBJETO, ES UN SER VIVO… ESTA EN TI. ¿¡CÓMO PUEDES CREER QUE ESE NIÑO DEBE PAGAR POR EL PLACER QUE VIVISTE?! TODO FUE POR ESO, ¿VERDAD? TE DEJASTE LLEVAR POR TU CORAZÓN Y QUIEN PARTICIPÓ DEBE HACERSE CARGO –la levantó por la ropa- ¿QUIÉN ES? –preguntó preocupada y enojada al mismo tiempo.
- No lo sé… -afirmó Hinata ocultando su rostro y echándose a llorar con más fuerza.
- No… no… no… no –dijo más preocupada que antes- no hagas algo de lo que te puedas arrepentir –dijo Kurenai mientras la abrazaba.
De lo único que estaba segura era de que jamás le diría a nadie el nombre de Naruto, de ningún modo apuntaría con su dedo al hombre que ama. Es una miserable forma de proteger a alguien que no era consciente de lo que hizo, el precio del placer era algo que no podría pagar, no.
Cómo se ahogan las palabras llenas a más no poder de sentimientos o cómo vivimos sin sentir, tener o no tener sentimientos… causan lo mismo, no tenerlos te dejan consciente de lo poco que eres sin alguien a tu lado y tenerlos te llenan hasta el punto que no puedes mantenerlos dentro de ti… se quedan en tu garganta… y duelen tanto.
- La gente ya no tiene consciencia del tiempo –dijo para sí mismo Shino viendo su reloj.
Era casi las seis, a lo lejos el sol se escondía y dejaba en las montañas un maravilloso brillo naranja. Claro que todo eso le importaba muy poco al Aburame quien tenía el pie sobre un tronco y lo pateaba con suavidad, un poco de calentamiento.
- Al fin –dijo Shino en tono seco.
- Disculpa –contestó Hinata juntando sus manos.
- No me digas que el molesto e ingrato Kiba te dijo que me dijeras que no estaba bien –siguió conversando el Aburame aún con aquél pie sobre ese tronco, lo pateaba constantemente.
- Pasé un momento a verlo –dijo en voz baja la joven de cabello azulado para luego bajar la mirada.
- ¿Me dirás por qué quieres irte tú también? –preguntó Shino.
- Es sólo que… no me siento bien –apretó sus manos y las dirigió a su vientre con disimulo.
Después de escucharla Shino pateó, por última vez, con más fuerza y se retiró de ahí para caminar cerca de su compañera.
- Como quieras, vete.
Se echó al piso y decidió que trataría de tener un entrenamiento productivo aún sin sus irresponsables compañeros, era molesto y desagradable verse como el único que se pone en forma. Kiba era un nudo en la línea, siempre dando un mal ejemplo, llegando tarde a los entrenamientos, sugiriendo salidas poco productivas y marcando territorio como un animal, Shino estaba totalmente cansado, la actitud de sus compañeros lo cansaba.
- ¿No te vas? –preguntó a los pocos segundos.
- No quiero llegar temprano a casa –añadió la Hyuga- ¿puedo quedarme?
- Mientras no interrumpas –dijo con mal humor mientras se quitaba la gabardina y volvía a su entrenamiento, algunas flexiones para comenzar.
Con calma caminó hasta el mismo árbol que Shino había pateado, aún parecía tener la marca de un pie, Hinata se sentó a la sombra del árbol, la luz que se disipaba entre las montañas poco a poco dejaba de iluminar el sitio de entrenamiento.
Más tarde… no había nada, solamente la brillante luna plateada sobre el cielo, alumbrándolos, Hinata aún observaba.
- Ciento ochenta y uno… arfhh…. –exhalaba como un animal- ciento ochenta y dos… arrfffh…
Shino tenía la vida más sencilla, pensó Hinata, era hombre, estaba soltero y no necesitaba de nadie para sentirse especial, no era como ella… a él no se le iba la respiración de sólo pensar en quién le había quitado el sueño por tantos años, a él…
- Despierta –dijo con seriedad Shino levantándose del suelo y sacudiendo un poco su pantalón.
- ¿Si? –Hinata despertaba de aquél espacio de pensamientos.
- Vamos a probar la agilidad de mis insectos en respuesta a tus ataques –dijo Shino y llamó a Hinata para que estuviera frente a ella.
- Es que... no creo que sea una buena idea –se excusó quedándose quieta.
El Aburame frunció el ceño más enojado que antes, avanzó hasta estar frente a ella, parecía que la acorralaba, era Shino o el tronco tras ella, respondió a tal invasión de espacio personal extendiendo sus manos para que él no se acercara más.
- Hazlo –ordenó Shino con voz fuerte.
- Es que… es que… -siguió con las excusas, siendo totalmente expresa en su decisión de no participar en el entrenamiento cuerpo a cuerpo.
- Voy a hacerte algo que no olvidarás –volvió a decir con voz seria.
- ¡Nooooo! –gritó Hinata con susto mientras chocaba su espalda contra el árbol.
- Si, lo haré y no me contendré como Kiba –volvió a amenazar.
La tomó por los brazos impidiendo que ella se moviera, los puso contra el tronco mientras algunos insectos se movían por todas partes hacia Hinata.
- Nooooooooo… -se oyó un grito fuerte que espantó a todas las aves de la zona.
Minutos después…
- Jajaja… Jajaja Jajaja… Jajaja… -Hinata no paraba de reír mientras los insectos caminaban por todo su cuerpo además Shino la había soltado y le hacía cosquillas con sus propias manos, en los costados, en el cuello, en los muslos y finalmente en el estomago- Jajaja… Jajaja Jajaja Jajaja… NO…. NO MÁS POR FAVOR… -decía la joven pidiendo clemencia.
Al sentir que las lágrimas salían de los ojos de Hinata la dejó, hacerla llorar de tanto reír era su objetivo aunque se sobrepasó un poco, la soltó y en su rostro apareció una sonrisa.
- Eso te pasa por no obedecer –añadió tratando de ser serio.
El muchacho con lentes oscuros le dio la espalda.
- Eso fue injusto… -decía Hinata reponiéndose del dolor de estomago que le dieron tantas risas alocadas.
- Lo que es injusto es que tengas esa cara de cordero degollado y te la pases llorando por todo, no deberías ponerte así –se volteó a verla- sabiendo que hay gente que se preocupa por ti.
Acercó su mano a ella y la puso sobre su cabeza.
- Tienes los ojos hinchados, sea lo que sea por lo que estés pasando… piensa en… Kiba –quizá en algún momento pensó en decir "nosotros" señalando a él mismo y Kiba, pero prefería mantenerse distante- si descubre que has estado llorando va a ponerse insoportable tratando de averiguar por qué estas así. Tampoco es justo que ocultes lo que te molesta o preocupa para que nosotros estemos tranquilos –decía Shino de manera comprensiva y le acariciaba la cabeza- sonríe un poco –bajó la mano hasta su vientre y posó su palma ahí- si quieres hablar, soy bueno oyendo.
Se alejó de ella y girando sobre sus propios talones caminó en dirección contraria a su compañera, pasando cerca de su gabardina que yacía en el piso, la levantó y se la puso sobre su hombro mientras iba desapareciendo en el bosque.
- Shino… gracias –y por primera vez en tanto tiempo Hinata emitió una sonrisa de felicidad, su rostro tenía un poco de paz…
...un poco antes de la tormenta.
Fin de Episodio 4
